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Revista Literaria AZUL@RTE

Oscar PORTELA

Oscar PORTELA

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Oscar Portela, nacido en la provincia de Corrientes (República Argentina) el 5/13/50, es considerado hoy por las más importantes voces de la literatura de su país, como una de las más potentes voces de la poesía y el pensamiento latinoamericano. Administrador Cultural, ha ocupado importantes funciones en su provincia y ha integrado por dos periodos consecutivos la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritores de la Argentina, presidente de la misma entidad en su Provincia, Director de revistas como Tiempo y Signos, entre otras, es y a sido Asesor de Cultura de la Honorable Legislatura de la Provincia de Corrientes. Doce títulos de su obra poética editadas (Senderos en el Bosque, Los Nuevos Asilos, Memorial de Corrientes, La Memoria de Láquesis, etc), y obras ensayísticas en las que se ocupa preferentemente del pensamiento filosófico contemporáneo, (Nietzsche sonámbulo del día), le han valido la consideración de importantes pensadores de su país. Ha publicado en España, México, Venezuela, Paraguay, y casi todos los medios de prensa de la Argentina y dictado conferencias en España, Paraguay y provincias Argentinas. Asimismo es especialista en critica e historia del cine y es autor de letras de obras musicales en su mayoría inéditas. *

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E-mail : portelao@hotmail.com

Página personal : http://www.universoportela.com.ar/ 

Otra : http://www.arrakis.es/~joldan/oportela.htm

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Diálogo ocluido
Maldito mayo

A Corina Antonia Palma


¡Gravoso diálogo con los antepasados!
Las pomas eran lenguas de espuma caídas
En los frescos del tiempo,
- el aire cálido temblaba en las hojas
- (recordad que en este continente la primavera es ilusión)
Y las rubias arenas, serenísimas,
Se entregaban graciosas a los pies del viandante:
Así entrábamos al tiempo de citrus amarillo
Como quien va al paraíso, y la nada se deslizaba
A nuestros ojos, pletóricos de imágenes,
Como la abeja que trabajaba el polen arduamente:
En nuestros castos oídos, zureos de palomas,
y en las bastas orillas de los grandes esteros
El grito de "chajá", o en el árbol cercano,
La invisible pero omnipresente alondra,
Como anuncio fatal de lo que va a venir!

- recordad también que la naturaleza bárbara
- no admite ingenierías ni estéticas de jardinería
Orficas; un continente bárbaro no se viste de joyas.

Las llanuras, espejismos del ojo,
Y la nada que crece, como el recuerdo que se acrece
Con el paso del tiempo: ¡maldito mayo, en nombre de la
Cizaña de mis sueños yo no te absuelvo
Y en vista de los que no vinieron y en el de los que se fueron,
Yo te maldigo y pregunto al oráculo,
Por qué, por qué en mayo, tan cercano a la nada!

Ah!, yo no dije me fui, Mariela Mioni,

Solo dije, "me iré", me iré sin molestar a los árboles-
en el tímpano tengo guardado
La voz de un solitario "guayabo"-, porque a pesar de todo,
aun estoy aquí, como el lobo en la estepa,
Amenazado por furtivas malicias, arrastrando diálogos
Y huellas con carcomas y sangres coaguladas,
-y aún saludo al viento, canto corales inaudibles,
Doy a mi voz el pentagrama de aquella muda sinfonía,
Y me estrecho en el lecho donde voy a morir
Más tarde o más temprano, preso de este maldito mayo!

Dónde, abuelo, sembraste la progenie
Para luego volar hacia las rías, sin pedirnos permiso?

Por qué, madre, en un maldito mayo,
Mientras crecen en mi desiertos de la nada,
Y se agiganta en mi alma, tu amor a lo sereno
Y la dulce ilusión de una calma de oro!

Hay!, y aún estoy aquí; para qué,
si nadie puede responderme?
Y agotadas mis fuerzas
aún pervivo y en mi corazón, tantas vences vencido,
aún canta la alondra, que me acunó de niño.
 

 

*guayabo: árbol regional de corrientes
*"chajá": ave regional de la zona

Oscar Portela- mayo 4 - 2005-05-05





Loreto (aire de milonga)
A Guillermo y Ana

Tanto silencio me tísna.
Me ahombra el alma.
Tanta morada vacía,

Tanto dintel escombrado,
Tanta puerta mutilada.
Eso es la vida señores.
Mientras nos vamos muriendo
En pos de esperanzas vanas,
Retornar es imposible

Las flores no dicen nada.
En el jardín un 'suindá'*
Se posa oscuro en las ramas.

Así somos despedidos,
Porque despedirse es canto,
Es camino de intemperie

Sin rebozo ni posada.
Como siempre estoy conmigo,
Dialogando y recordando.
 


*en idioma guarani, ave que emite un canto trsite y melancolico.

Oscar Portela - Loreto. Corrientes.
Mayo 15 de 2005







Fidelidad
a Susana Canevaro

Me has llamado, inaudible era entonces
el soplo de tu voz, mi nombre un arabesco
grabados sobre "pindoes" y "lapachos",
florecidos duraznos o moras y laureles
y yo acudí a tu encuentro, todo inocencia el
fatal destino, y desde entonces,
en cárceles oscuras y desiertos,
en radiantes salas, solo, oscuro,
volé hacia tí sin que nada ni nadie
se opusiese al encuentro. Deje todo por tí.

Más tú exhalabas en mi yerta boca
el aliento inmortal que no perece, y
que al final deste camino incierto,
en corona de espinas tranformado,
se hacen uno-conmigo!

Nada se opuso a la virginidad del verbo
que ha venido de celestes regiones,
se aposentó en mi oído, y en idos tiempos
cantaron ruiseñores!

¿ Ha llegado ya el tiempo de la ceniza y el vacío ?

¿ Que mas podría yo ofrecer questa carne
que mancillé en tu nombre y el deseo de Ser
Alma Inmortal, diciéndose los nombres
que tú dictabas, en sueños y vigilias ?

Todo está dicho ya. El cementerio de palomas
frente al tranquilo mar se extremece
y te nombra. Y no temo el final.

Sobre tormentas volé hacia tí. De sepulcros
volví por tí y el rito se ha cumplido.

¿ Que misteriosos hados pusieron en mi cuna
la flamigera espada, que hiere y que golpea?
Bien, la ténue despedida,
sin truenos ni relampagos, se cumplirá en silencio,
pues silencio eres tú, y silencio soy yo.

Sin despedidas, en nombre de los muertos
que cumplieron tus ordenes
y se entregaron sordos a tus dones y escarnios
yo te digo hasta pronto.

Tal vez, tal vez, ya descarnado el cuerpo
en aras de tus alas, vuelvas a mí otra vez
transfigurada. El tiempo a terminado.

Y si de nuevo me llamas por mi nombre
y me dictas endechas no cantadas aún,
el pasado engañoso, pueda ser revocado.

El momento de partir a llegado.
En nombre de tus fieles me despido de ti
y del carnal recinto que me asfixia.

Eterno es todo devenir. Y eso eres tú.
dador de mundos y de ángeles.
Poesía bellísima.
 


*pindó, lapachos, arboles de la región en lengua guaraní

Oscar Portela
10 de mayo del 2005





ELEGÍA
A Alicia Dujovne Ortíz, en la lejana Francia


Toma de mí lo que va a desaparecer,
tómame, vigílame como desapareciendo,
fiel vacío de un perfume extinguido,
pura ausencia abismada en lo innombrable,
¡oh! vacilante sombra en el crepúsculo,
vacíame en la memoria de mí,
en el abismo de mi propia locura.
Toma de mí lo que se dicta,
la profecía de un pasado que viene
de lo no acontecido y llama con la fuerza
del fuego, su pabilo entre ruinas,
los simulacros y fantasmas grabados
en lo profundo
de mi llagada lengua. Toma mi voz para
dejarme, los nombres que me dicto,
tu sombra enturbiándose entre
sombras, toma otra vez mi voz, mi cuerpo,
la fría mortaja de la memoria,
y levanta el líquido de las horas
para escanciarla en tu cansada boca,
luego olvídame, vacíame, escándeme.
Yo hice tu alma a imagen de mis dudas,
alma mortal, poesía.



COMO VELETAS


Solísimas, traídas y llevadas
Hacia ninguna parte, señalando
La Nada, la herrumbre, la Soledad,
El infinito viento de la tempestad
De un tiempo que todo rayo
Convierte en nada, nada, nada...
Así nuestra alma, chirríate, como una
Veleta solitaria, de una plaza
Insomne, abandonada, de un templo
Con voces apagadas y con umbrales
Pálidos y cirios consumidos,
Así las huellas marcando un ángulo
Dirigido como triste Veleta
Hacia el rumbo de vientos
Que abren preguntas acerca del
Destino, mientras Vosotras Veletas,
Como insomnes testigos, abandonadas ya
Como serán las huesos del mortal,
Custodiais las costumbres, las horridas
Horas de la vida, sus secretas penurias
Y el agua que, como a vosotras, solitarias
Veletas nos conducen
Hacia las últimas moradas, las soledades
Últimas que nos pondrán a salvo
De la feroz incuria del vivir.


Oscar Portela
"Descubríos Señores: Un Poeta". Marco Denevi.
 

Ilustración: Siegfreid WOLDHEK

http://www.woldhek.nl/index.asp

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Adriana GOÑI GODOY/Asunción ONTIVEROS YULQUILA

Adriana GOÑI GODOY/Asunción ONTIVEROS YULQUILA

  

Adriana Goñi adrianagoni@terra.cl  

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Asunción Ontiveros Yulquila es Licenciada en Comunicación Social e investigadora del mundo andino. Nació el 15 de agosto de 1949, en el paraje llamado Negra Muerta, Distrito Hipólito Irigoyen, Departamento de Humahuaca, Jujuy. Su madre se llama Matilde Yulquila, nació en 1920, en el territorio feudal de Robustiano Patrón Costas (Orán, Salta). Su padre se llamaba Bernabé Ontiveros, había nacido en 1921, en la finca feudal de Tesanos Pintos y Cia. (Yavi, Jujuy).

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Sus padres fueron, siendo jóvenes, siervos y/o esclavos “modernos” de los propietarios de los ingenios azucareros de San Martín del Tabacal (Salta) y de Ledesma (Jujuy). Sus abuelos y sus padres fueron expoliados en el brutal sistema feudal azucarero. Sus antiguos antecesores fueron esclavos de encomenderos católicos, apostólicos y romanos, paradójicamente reconocidos por la historia oficial como “evangelizadores” y “civilizadores”. Asunción es descendiente de los llamados indios kollas, se siente kolla, y su pueblo tiene relaciones genealógicas con los kollas de Bolivia, Chile y Perú.
 

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12 de octubre: ¿Descubrimiento o Invasión?
por Asunción Ontiveros Yulquila
 

"Hasta no hace mucho, el 12 de octubre era el Día de la Raza.
Pero, ¿acaso existe semejante cosa?
¿Qué es la raza, además de una mentira útil para
exprimir y exterminar al prójimo?"


Eduardo Galeano

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El artículo "12 de octubre de 1492: ¿Descubriento o Invasión? fue censurado el 8 de octubre de 1992, por la presión del obispo católico de la ciudad de San Salvador de Jujuy; la primera parte fue publicada el diario "Pregón", y la segunda parte fue víctima de la censura. Aquí va el texto completo y actualizado, para contribuir al debate sobre el tema.

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Tratado de Tordesillas:
“El tratado repartía generosamente las tierras ajenas en nombre de Dios, hizo exclamar al rey de Francia, Francisco I: ‘Que me demuestren la cláusula del testamento de Adán en donde diga que Francia está privada de lo que le corresponde en el Nuevo Mundo’. Mientras aparecía el testamento, Francisco impuso la doctrina según la cual los derechos de posesión debían ser determinados por la ocupación efectiva de los territorios y armó varias expediciones con patentes de corso hacia las muevas tierras. En poco tiempo comenzó la expansión europea. Francia sería seguida por Inglaterra y Holanda.” Felipe Pigna, Los mitos de la historia argentina, 2004.
Sin duda, para la mayoría de las personas que habitamos nuestro continente, las Américas y la región del Caribe, confundido por la historia “oficial universal”, que se imparte a través de las escuelas públicas (estatales y privadas) e incluso en las universidades, opinan sin convicción que Cristóbal Colón “descubrió América”; otros dogmáticamente afirman que hubo un “encuentro de dos mundos” o un “encuentro de dos culturas”.

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En el siglo XVI gregoriano, el arrepentido cristiano, fraile dominico Bartolomé de las Casas, fue uno de los primeros en denunciar ante Europa, a través de sus escritos, las atrocidades y atropellos que cometían contra los pueblos y civilizaciones “indias” los mentados “descubridores” y “encontradores” de mundos y culturas. Con acertada reivindicación histórica, a partir de mediados del siglo XX, las diversas organizaciones “indias” que se van gestando a nivel continental y mundial, denuncian al “12 de octubre” como el día del inicio de la invasión, genocidio y ecocidio sobre nuestra Madre Tierra.

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Por su parte el Vaticano, hoy pequeño pero rico y poderoso Estado Independiente desde el 11 de febrero de 1929, gobernado en la actualidad por el Cardenal polaco Karol Wotjla (Juan Pablo II), sostiene y celebra el 12 de octubre de 1492 como el “inicio de la evangelización en el nuevo mundo”. El poder del Sumo Pontífice romano, en los siglos XV y XVI, era supuestamente el máximo e “infalible”, en lo temporal y terrenal, para los reinos cristianos y fieles europeos. En la administración del Derecho Internacional del “mundo cristiano”, el Pontífice de turno, Calixto III, el 13 de mayo de 1456 había asignado mediante una Bula Intercaetera, exclusivamente al reino de Portugal, todas las islas y tierras firmes que
“navegando por las regiones orientales y meridionales del Mar Tenebroso (océano Atlántico), descubrieran y conquistaran (…) África, hasta los indios”. El pontífice romano era la única autoridad, en la Europa cristiana, para “donar” territorios de pueblos “infieles”, para incorporarlos al “rebaño de Jesucristo”.

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Los “indios” o las “indias orientales” eran la meta utópica de todo cristiano, desde el siglo I; teólogos y sabios opinaban que en el fin del Oriente se situaba el “auténtico paraíso de Adán y Eva”. Antes del periodo cristiano los griegos invadieron vastas regiones de las “indias orientales”; posteriormente Marco Polo visita dichos lugares hasta llegar a la China. “Las indias orientales” eran realidad y mito para los cristianos, al extremo tal que los germánicos se consideraban, hasta tiempos de Adolfo Hitler, como descendiente de los “arios” de la India.

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Para todo cristiano poderoso, las “indias” era la región de las especies, del oro y la plata, las perlas y las piedras preciosas. Clausurado el “oriente próximo” por el Imperio Turco Otomano, en 1453, a los europeos cristianos: España, Portugal y el Pontífice Romano estaban obligados a llegar a las “indias orientales” por otras rutas. Para esa época en el léxico del derecho internacional que administraba el Pontífice para los reinos cristianos, descubrir islas y tierras firmes significaba hallar una tierra antes ignorada por los cristianos fieles; ganar significaba conquistar esa misma tierra; también se sobre entendía que el descubrimiento es anterior a la ocupación y que ninguna cosa puede ser ganada sin haber sido antes descubierta. Para los pontífices romanos “
unas tierras habían sido ganadas a los infieles, mientras que otras permanecían aún insumisas, sin conquistar.”

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Por lo tanto, para los cristianos, el hecho que los “infieles” conozcan y defiendan sus territorios, no tenía ninguna validez en el Derecho Internacional establecido: de allí que sólo los europeos cristianos “descubren” y “ganan” islas y tierras firmes en el mundo. Atento a estas atribuciones cristianas, los reyes católicos (España) y Alfonso V (Portugal), suscriben el 4 de septiembre de 1479 el Tratado de Alcácovas para la sucesión de los reyes castellanos, reservándose Portugal el control absoluto de la navegación oceánica en la región de Guinea; España no tenía derecho a navegar desde las Islas Canarías hacía el Sur. Los portugueses estaban autorizados, mediante bulas papales, ratificadas en el Tratado de Alcácovas, para navegar y descubrir no sólo tierras, sino también los mares más allá de Guinea, “
hasta las indias, donde no llegó otra nación cristiana”.

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Cristóbal Colón, seguro de llegar a las “indias orientales”, navegando hacia la zona occidental del Mar Tenebroso (Océano Atlántico), logra convencer a los reyes católicos de España, para que financiaran o sean parte de la “empresa descubridora y ganadora”. Suponiendo dogmáticamente los castellanos que “
Dios creó la Tierra por obra de la naturaleza, era común a todos los hombres y podía en consecuencia, ser ocupado por cualquiera que la encontrase vacío de cristianos”, el 17 de abril de 1492, los reyes católicos suscriben con Cristóbal Colón la Capitulación de Santa Fe, concediendo a Colón el título de Don, el cargo de Almirante de “todas aquellas islas y tierras firmes que su mano e industria se descubrieran o ganaran en los mares y océanos”; además lo nombraron Virrey y Gobernador General de “todas las tierras firmes e islas que descubriera o ganara en lo mares”.
Desde el punto de vista comercial se le concedía a Cristóbal Colón el diezmo y el octavo de “
las mercaderías que descubrieran y ganaran dentro de los límites de su almirantazgo”, tales como perlas, piedras preciosas, oro, plata, especiería y cualquier otra cosa y mercaderías de cualquier especie, nombre y manera que sean, que se compraren, trocaren, fallaren, ganaren o hubieren”. En la edad media europea, las “indias” eran supuestas como riquísimas y eran codiciadas por todos los reyes y mercaderes. Colón ofreció llegar a ellas a través del océano por la vía de occidente y, por ello, en la Capitulación de Santa Fe los reyes católicos aceptan el señorío del Océano o Mar Tenebroso.

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LOS SUMOS PONTÍFICES Y LA DISTRIBUCIÓN DE LA TIERRA 

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El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón (con el cargo de Capitán Mayor de la Armada) desembarca en la Isla Guanahaní, en el archipiélago Las Bahamas; de acuerdo a su convicción y planes para descubrir las indias, Colón estaba seguro de haber llegado a las Isla Cipango (Japón) y que estaba muy próximo a encubrir “
El Gran Cathay, la tierra firme del Gran Khan, el rey de los reyes oriental”. El 19 de febrero de 1493, de regreso a España, Colón se presenta ante las autoridades portuguesas, en las Islas Azores, como “Almirante del Mar Océano y Virrey de las Indias que eran de los Reyes Católicos”. El 4 de marzo de 1493, Juan II, entendía, que por el Tratado de Alcácovas de 1479 suscripto entre los reyes católicos y él, la conquista de las indias le pertenecía.

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El 28 de mayo de 1493, en Barcelona, los reyes católicos confirman a Colón sus títulos, cargos, mercedes y derechos comerciales estipulados en la Capitulación de Santa Fe. Así daba inicio la invasión extra continental sobre la región del Caribe y las Américas.

Los reyes católicos, seguros de que Colón “
descubrió y ganó islas y tierras firmes de las indias”, se apresuran en conseguir una Bula del Sumo Pontífice romano, Alejandro VI, para evitar problemas con las pretensiones descubridoras de Portugal. La segunda Bula Inter Caetera, se emite el 4 de mayo de 1493, de acuerdo a las indicaciones de Cristóbal Colón, estableciéndose el famoso meridiano de demarcación, de donación demarcación, a cien leguas del Oeste de los archipiélagos de Azores y Cabo Verde, conocida como “la raya trazada por el Vicario de Cristo”, que se proyecta desde el polo Ártico al polo Antártico: Tratado de Tordesillas.

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Esa “donación” pontificia tiene por introducción: “
Nos por nuestra mera liberalidad y ciencia cierta y con la plenitud de la potestad apostólica os donamos, concedemos y asignamos todas las islas y tierras firmes, descubiertas y por descubrir, halladas y por hallar, hacia el occidente y medio día hacia la India y cualquier parte (…) que por otro rey o príncipe cristiano no estuviesen actualmente poseídas con anterioridad al día de Natividad de Nuestro Señor Jesucristo próximo pasado (…)”. Está perfectamente aclarado que los reinos cristianos, mediante bulas pontificias, primero se aseguraban “jurídicamente” la usurpación, luego invadían islas y tierras firmes, con acciones que llamaban descubrimiento y por último, la ocupación consolidada la llamaban ganancia.
Sin duda que la batalla diplomática, a través de bulas, entre Portugal y España, favorecía a los reyes católicos en la empresa de “descubrir las indias orientales”. Por ello, y sin pérdida de tiempo, autorizaron a Cristóbal Colón a realizar el viaje siguiendo el camino hacia Occidente y Mediodía, con el propósito de “descubrir” tierra firme de la India, antes que llegaran a ella los portugueses. El 25 de noviembre de 1493, Colón emprende su segundo viaje a las Indias para “descubrir y ganar todo”; regresa a España en 1496, afirmando haber “descubierto” la tierra firma de la India (Isla de Cuba).

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El 8 de junio, Vasco da Gama emprende desde Lisboa la expedición portuguesa, que los llevará a las puertas de la verdadera India Oriental; arriba a Cálicut bordeando las costas Atlántica e Índica de África, doblando por el cabo de la Nueva Esperanza. Da Gama regresa a Lisboa con la sensacional noticia el 29 de agosto de 1499; a partir del 28 de septiembre del mismo año, el rey Manuel I de Portugal envía noticias al Sumo Pontífice romano sobre el “descubrimiento” de Vasco da Gama, titulándose Señor de conquista, navegación y comercio de Inthiopía, Arabia, Persia e India.

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Catorce meses antes del arribo de Vasco da Gama a Lisboa, el 30 de mayo de 1498, Cristóbal Colón iniciaba su tercer viaje a “las Indias”, en seis navíos y acompañado de 330 personas, entre ello 40 escuderos, 100 peones de guerra y de trabajo, 20 lavadores de oro y 30 mujeres. Según las noticias de la época, “
Colón no llevaba ningún intérprete para comunicarse con los indios”. En este viaje, Colón creía haber “descubierto” Paria y el procedente del “auténtico paraíso de Adán y Eva”; había navegado por las costas de la actual Venezuela, “descubriendo las más hermosas tierras que haya visto y las más pobladas”, por la hermosura que percibía describía “jardines, donde había infinitas casas y gentes (…) había mucha gente vestida.”
El 18 de octubre de 1598 envía desde “las Indias” a España una flota de cinco carabelas cargadas de esclavos y perlas. El 21 de mayo de 1499, Cristóbal Colón fue destituido de sus cargos de Gobernador General y Virrey de “las Indias”. En 1501, Colón regresa a España cargado de cadenas por orden del Gobernador de “las Indias”, Francisco de Bobadilla, quien había llegado a la Española (Santo Domingo) en 1500. A partir de entonces se litigarán en la Corte española, Colón y sus hermanos versus los reyes católicos, sus derechos económicos y prerrogativas gubernamentales reconocidas a través de la Capitulación de Santa Fe.

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A pesar de los pleitos existentes y las noticias de que Vasco da Gama llegó a Cálicut, la India Oriental, Colón se atribuye el título de Virrey de Asia en 1502, porque estaba seguro que Paria (Sud América) “era la verdadera India de Ganjes”. Dado que en 1501 los portugueses habían emprendido la búsqueda de las islas de la especiería al mando de Vasco da Gama, los Reyes Católicos de España ordenaron a Cristóbal Colón emprender el cuarto viaje. El 11 de mayo de 1502, Cristóbal, su hermano Bartolomé y su hijo Hernando de 13 años se dirigen hacia la isla de la especiería y en busca de Asia; los reyes católicos, suponiendo que Colón se encontraría con Vasco da Gama, le entregaron una carta para el portugués, en la que solicitaban “trato de amigo con Cristóbal Colón.

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El 5 de diciembre de 1502, Cristóbal Colón decide abandonar la búsqueda de estrecho del mar que lo llevaría a las islas de la especiería; aún estaba convencido de que Cuba era “tierra firme de Asia” y que, las “tierras infinitésimas de Austro” (Sud América) constituían un “continente independiente”. En 1504, los Reyes Católicos, a través de las noticias de Rodrigo de Bastidas, quien durante 1499 había intentado encontrar el estrecho del mar, ya tenían información que Cuba era una isla. El 7 de noviembre de 1404, la familia Colón regresaba a España.

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El 7 de noviembre de 1504 muere la reina Isabel, quedando Fernando únicamente como Gobernador General; a pesar de ello, Cristóbal Colón envía a  su hijo Hernando y a su hermano Bartolomé con las manos vacías, sin oro, para que informen sobre el cuarto viaje; al respecto, Cristóbal Colón escribía que
“(…) no me pareció bien ni servicios a vuestras altezas de se le tomar (el oro) por vía de robo.”

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Colón reclama en la Corte sus derechos y privilegios. El 20 de mayo de 1506 fallece en Valladolid. En junio de 1506, Felipe el Hermoso y la mayoría de los nobles imponen la renuncia del rey Fernando. Felipe el Hermoso muere inesperadamente en septiembre de 1506.

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En 1507, Martín Waldsseemüller en su famoso mapamundi, indicaba que “de las tres partes que estaba dividido el mundo: Europa, África y Asia, parece lícito denominarla Tierra de América.” Américo Vespucio entre 1501 y 1502, en compañía de los portugueses había “descubierto” el carácter continental del “cuarto mundo” (Sud América). Waldsseemüller aclaraba que esa “
cuarta parte está aislada de las otras, las cuales en cambio, forman una sola masa de tierra firme.” En 1522, se confirma en España que Magallanes, en 1520, había “descubierto” el estrecho que lleva su nombre (en Sud América), y que, había “descubierto” el “error de Cristóbal Colón”, por cuanto las tierras “descubiertas” por él no eran las verdaderas indias.

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Entre 1537 y 1538, Hernando Colón no utilizaba el término “Indias” para defender los “descubrimientos” de su padre Cristóbal; afirmaba que su progenitor había prometido a los reyes católicos “descubrir islas y tierra firme en la parte de occidente”, eliminando todo motivo de polémica a los enemigos de su padre, dispuestos a airar “el grave error de Colón”. En esos tiempos los fiscales del rey de España, en los pleitos que sostuvieron con los herederos de Cristóbal Colón, nunca pudieron esgrimir en la Corte que Colónno descubrió las verdaderas indias” ofrecidas en la Capitulación de Santa Fe, de 1492, y que, por ello los soberanos no estaban obligados a mantener vivas las recompensas prometidas.

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Hernando Colón siempre sostuvo que su padre “
descubrió todas las tierras ofrecidas a doña Isabel y a don Fernando años atrás, a saber islas y tierra firme en el Mar Océano”. 

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EL TÉRMINO INDIO EN EL DERECHO INTERNACIONAL

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En 1524 se organiza el “Consejo de Indias” para administrar las riquezas y los asuntos de las colonias de España. Se iniciaba la consolidación de las invasiones sobre islas y tierras firmes ignoradas por los fieles cristianos, avaladas política y jurídicamente por las bulas emitidas por los sumos pontífices de Roma, en esos tiempos, “máximos infalibles” en el ejercicio de la autoridad del derecho internacional establecido dentro del mundo cristiano católico europeo.

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Está perfectamente aclarado que desde 1492 hasta 1898, en que Cuba logra su independencia de España, los términos: INDIO, INDIOS e INDIAS denuncian una región requerida por sus riquezas, por los europeos desde la Edad Media; también denuncian las atribuciones invasoras y conquistadoras dogmáticas del sistema cristiano católico europeo administrado por el Sumo Pontífice romano.

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Por lo tanto, el “error de Cristóbal Colón” no da ningún derecho que se sostenga solapadamente en el Derecho Internacional establecido actual, que los pueblos indios del “nuevo mundo” son “poblaciones indígenas”, sin derechos para reivindicar territorios y ejercer los derechos de la Libre Determinación. Ser “indígena”, lamentablemente significa estar incorporado dentro del “Derecho Romano”, dentro del “rebaño de Jesucristo”, y, dentro del derecho de la repúblicas herederas de derechos coloniales.
 En la cosmovisión o la utopía del mundo cristiano católico, durante los siglos X al XVIII, la palabra y la acción de la “invasión” se antepone siempre al término y la acción de “descubrimiento”, cuando un territorio estaba ocupado por pueblos y riquezas que no correspondían a su categorizaciones etnocéntricas y homocéntricas. Los españoles y los europeos en general, creían ser únicos portadores de la “verdad absoluta” sobre los “orígenes del mundo”.

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Fuentes:
MANZANO, Juan: Colón y su secreto, el Predescubrimiento. Ediciones de Cultura Hispánica. 2da Edición. Madrid. 1982. PIGNA, Felipe: Los mitos de la historia
Argentina. La construcción de un pasado como Justificación del presente. Grupo Editorial Norma. Buenos Aires. 2004.
Publicado por Indymedia Argentina
Agradecemos a Jorge Daffra por esta colaboración.

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Ilustración: Siegfreid WOLDHEK http://www.woldhek.nl/index.asp

Premios Bellas Artes de Literatura 2006

Premios Bellas Artes de Literatura 2006

 

Anuncian a ganadores de Premios Bellas Artes de Literatura 2006 

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Erma Cárdenas obtuvo la distinción en la categoría de novela con su obra “En blanco y negro” 

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Representantes de los Institutos de Cultura de los Estados, anunciaron a los 11 ganadores de los Premios Bellas Artes de Literatura 2006.

Erma Cárdenas, ganó el Premio Nacional de Novela José Rubén Romero del Estado de Michoacán con su obra “En blanco y negro”.

“Obra poética” Ciprián Cabrera Jasso fue galardonada con el Premio de Poesía Carlos Pellicer para Obra Publicada, de Tabasco.

Luis Ayhllón con su obra “El libro de Dante” obtuvo el Premio Obra de Teatro, de Baja California.

El Premio de Testimonio, de Chihuahua fue para Mauricio Carrera con “Vivir no es preciso”.

El Premio Obra de Teatro para Niños de San Luis Potosí y fue para “El vestido” de Amaranta Leyva.

El Premio Nacional de Narrativa Colima para obra publicada se otorgó a Daniel Sada con “Ritmo Delta”.

Malva Flores con su obra “El caso de los poetas intelectuales” obtuvo el Premio de Ensayo Literario “José Revueltas”.

El Premio de Cuento para niños Juan de la Cabada fue para Víctor Olguín Loza con su publicación “Cuentos contenidos”.

El Juan Rulfo para Primera Novela fue para Margarita y Laura Ruiz Velasco con el título “Calladita te ves más bonita”.

Y el Premio Nacional Luis Cardoza y Aragón para Crítica de Artes Pláticas fue declarado “desierto” por el jurado, por carecer de obras con características necesarias para este reconocimiento.

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Los premios a entregar, varían de 50 a 150 mil pesos para los ganadores, los cuales en su mayoría pertenecen a la Ciudad de México.

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Ilustración: Mohsen Nouri Najafi

http://www.irancartoon.com/100/illustration/najafi/index00.htm 

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Nicolás HIDROGO NAVARRO

Nicolás HIDROGO NAVARRO

 

CONGLOMERADO CULTURAL

Promoviendo integración de creadores

Lambayeque-Perú

conglomeradocultural2005@yahoo.es

Tfnos. (074) 283273  /  (074)9607442

Dirección: 8 de Octubre Nº 930-Lambayeque-Perú 

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“Noches de cuento y poesía”

El espacio Azul Norte Poético-Narrativo

Reconocido con Resolución Directoral

Nº 030-2005-INC/DL/25 de noviembre 2005

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Cuento:

LA DEL QUINCE

Por Nicolás Hidrogo Navarro

Al fondo se ven desparpajados unos cuerpos caricaturescos y borroneados en mi lente carnosígeno sobre una lluvia de faroles intermitentes y una muchedumbre escrutadora, como que juzga ganado. Es una covacha primitiva alumbrada por  rostros defec-tuosos,  empolvados y aceitosos, “los turistas” de esa jungla tropical pasan  husmeando carne perfumada y maquillada, ¡está buena! o ¡está raca!, es la resolución empírica, no es necesario haber ido a la universidad para ser buenos catadores y juzgadores y ni estar con el título de burdo fiscal o juez, eso se aprende allí con el apelativo de ficho o putero. Se confunden los olores de ruda nauseabundos, pichi y perfumes en el disparate más extravagante por atraer a más gente. Muchos ombligos y glúteos aparecen exhibiéndose, contor-neándose,  rumbeando en el dintel de las puertas, dibujando una sonrisa coqueta que quiere convencer y no convence, cara  que se deja hacer y hace de  todo, facilita, buenita,  atrayéndote, ¡ven papacito, marido mío!, te espero, entra hacemos de todo ¿te acuerdas?, te atiendo como mi rey, vanamente unas con el semblante más triste del mundo, que no excita sino da compasión; otras, seguras que el lenguaje de su juventud hable por ellas y ahorren desaires; siempre una sonrisa, las más baratas,  siempre puestas con la misma máscara de  alegría complaciente y contagiante, ora tristes las que lejanamente cantaron victoria y ahora quieren ocultarse de sus antiguos clientes a los que no convencen, ora desafiantes en mirada y precios las más- más del putanar.

Un motor asmático se atragantaba en su agonía traqueteante, estando habilitado para atender a una veintena de focos  le han puesto abusivamente en las ancas de sus caballos rocinantes  un medio centenar de focos psicodélicos para alegrar y transformar la lugubridad pestilente en  una noche sabatina, de lujuria y sordidez satisfecha.

Todas quieren ser charapitas, todas inventan su llegada de Iquitos, Tarapoto o Moyobamba, todas quieren ensayar el dejo sel-váa-ti-co  para convencer bacán, sólo así se asegurarían sus veinte pases esa noche, todas quieren ser unas locomotoras de amor para  arrastrar los vagones más inmundos y esperpénticos de la noche, olfateando el tufo de unos sobacos indomables y pezuñas rebeldes, con la mirada perdida en el techo y con el apuro eterno y salvador del “ya-ya-ya” perturbador que te baja los resortes a cero.

Es una noche más, pero el recorrido siempre es bueno para encontrar sorpresas – he allí la razón de ir aunque uno encuentre lo de siempre-  y salir de la monotonía de esa ruleta viciosa de ver siempre lo mismo. Empezamos por las Orquídeas majestuoso otrora, hoy nido del silencio fetal y mierda, saltamos a la Colonial acaso con nombre identificatorio y aleatorio a sus ocupantes, ingresamos a la Tropical llena de jovialidad y de reñida competencia, jovencitas con poca experiencia y mucha ingenuidad, como las prefieren los cochos y nos adentramos a las del Túnel sin nombre, de más bajo calibre, donde tu poder adquisitivo de un Sol vale por dos y hasta tres doblado por la mitad, luces rojas, violáceas que resaltan la blancura de tu ropa transformando los harapos en pasables, jadeos y grititos posiblemente fingidos, sacan la cabeza para llamar en un momento desesperado en que no ha caído nada desde la mañana, un bikini fucsia resalta, pero al acercarse es una cuarentona con varios lunares de fantasía y un cuerpo que se resiste a la gravedad del tiempo para hincarle la carne,  apagada ofrece unas caricias sensación y la pose multiespasmos, pero nadie se la cree, dicen que todo es pura finta, su rostro no la ayuda efectivamente, pasan, caen los novatos, el marketing falla por la mercadería misma no por la promoción. La novedad fue en El Túnel donde la luz de cada bombilla compite y pierde frente a la de un cerillo. Allí se ha formado una cola como para recibir donaciones, donaciones de amor robótico en raciones de a 10 minutos. El que va saliendo con sus recomendaciones y su sonrisa de oreja a oreja enciende y aviva la espera justificada e interminable, quién y cómo será, sólo sé que es la del cuarto asignado con el  quince, la nueva de la cuadra, al decir de mi compañero Gonzalo F.

La anémica e indecisa luz no permite sino divisar el rojo bermellón de su atuendo de torera incansable que aparece y luego desaparece arremetiendo muletazos a los energúmenos de irrefrenables deseos, antigalanes de putanar.

Eran las tres y cuarenta y dos minutos de la mañana del domingo y la cola se estaba agotando. Oteaba con el interés picado de espera de un cazador, un cuerpecillo frágil de gacela, una sonrisa, sonrisa ..., dentadura, creí conocida, pero no, esas son huevadas cuando uno está templado como que todas se nos figura en la amada, sí era una conocida manera de torcer los ojos y los labios, será posible que lo escrito pueda expresar mi emoción... ¡Tere...sa, Teresita Barboza!, no, no, imposible, ella no me reconocería en mi nueva facha,  me he dejado crecer las patillas a lo John Lennon, ¡mi corazón está que se me sale por la boca!, tengo en el estómago una lluvia de rayos que lo han endurecido, ingresa el penúltimo cliente, un jorobado de Notre Dame chiclayano, carajo me tiemblan las piernas y  estoy corriendo al baño, uf casi me saco la m antes de tiempo, con verrugas de Aniceto en la nariz, frotándose las manos en señal de “lo logré”, me comeré el mejor bocado, qué pasa: otra vez los celos enfermizos de antes, no puede ser, y él hay que sacarle filo a la herramienta, tú ¿y?,  yo, no esta parece que ya se fue la semana pasada, me gustaba remontarme siempre como el salmón en el basural de mis recuerdos y creó encontrar cosas interesantes idesechables por mí, sólo por el tiempo. Mientras tanto, pienso en las ruinas circulares de mi memoria y la de ese viejito pendejo y copetón Borges y en mi irrenunciable enfermedad de noctámbulo, buscador de una vida alegre, cuando para otros el día acababa para mí se encendía la gran lámpara de la noche cargada de emocionante soledad y quietud de las calles, manchado por el chocolate espeso de la noche, que brota como apéndice displicente y el ruido melancólico, silencioso del tic-tac de mi interminable Olma, de la misma edad de mi abuelo: viejo siempre viejo de mi vida.

¿Quién era Teresa para mí  y para toda mi promoción escolar? Mi trofeo, el trofeo más preciado en el colegio “Alonso de Alvarado” en Bagua Grande, el que era lubricado por el Utcubamba, gran mole serpenteante de agua, acaso el lugar con una gran jungla de estudiantes rebeldes, del que nunca llegué a serlo a pesar de mis vanos intentos hasta ahora. Tenía  lo que tienen todas las mujeres: no sé si el mismo tamaño, cantidad, proporción, casi lo mismo pero siempre jamás igual, pero todas las mujeres no tenían lo que ella tenía: el encanto de hechizar y abobar a cuanto cojudo se enamoraba de ella, el descollante don de despachar a todos sin herir  explicitándolo. No sería para nadie, moriría así, como una manzana silvestre detrás de un cristal prohibido: sabrosa y apetitosa para comerla, y todos nos contentábamos con verla invicta, sin mácula. Era su encanto y delicadeza de mujer intérprete, símbolo de las emanaciones féminas, su irrefutable don de saber decir las cosas exactas, pero sobre todo las ganas de hacer con ella una práctica de autopsia sexual sin pensarlo dos segundos. Su piel de peluche erotizador, sus desenfrenados y fieros labios de capullo abierto esta mañana con dos gotas diáfanas de rocío incólume, los desfiladeros perpetuos de sus pechos y su intangible, inimaginable e impronunciable secreto rosáceo. Qué no hubiéramos dado, en qué nos hubiéramos convertido por el tan sólo hecho de estar con ella. Escuchaba la persuasión y el halago más convincente, intentaba el más piedrón del colegio insinuarle sólo estar con ella, pero no y no, no había forma, tiempo ni nadie. No logré ni logramos estar con ella en todos los años desde que desapareció de mi vigilancia contumaz y mi atención irresoluta, aunque siempre en el velatorio de mi corazón  seguía prendida la vela del recuerdo de su imagen: Teresa Barboza, la Techi que nadie conquistó y a nadie quiso entregar el repujado inapreciable de su amor y cuanto pueda ser  tocado y alucinógeno.

La puerta se abrió, un destello violáceo encharcó mi rostro, el tipo que salía estaba sonriente como si hubiera cortado todas las orejas y los rabos en su noche taurolujuriosina.

¡!Techi Barboza!, grité para mis adentros y para mis recuerdos, ¿eres tú?”. Ella me recibió como a su príncipe (no me hago muchas ilusiones ahora después de saber que a todos los recibía así). Para probar, sin esperanza de recibir la verdad sino un seudónimo artístico, le pregunté por su nombre,¡imagínense su nombre artístico y su nombre real coincidían, era Techi Barboza!, para todos y para mí, pasajero anónimo y a mucha honra y me estaba contando haber decidido esa vida que siempre quiso ocultamente, esa misma noche después de 19 años de darse cuenta que nadie la amaba, después de un frustrado intento de decirle a un tal Nicolás que sentía un oculto e inobjetable amor, amor en silencio.

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Ilustración: The Alcorn Gallery

http://www.alcorngallery.com/CelebratedAuthors/CA.php

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Eric GRIFFITHS/William BURROUGHS

Eric GRIFFITHS/William BURROUGHS

 

William Burroughs: los atajos del placer 

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La vida de William Burroughs (1914-1997), el gurú de la generación beatnik, que presidió el panorama contracultural de la segunda mitad del siglo XX fue, como en su novela más celebrada, El almuerzo desnudo, un viaje por el mundo de la droga, en el que se mezclaron las alucinaciones y las metamorfosis, las pesadillas y los delirios poético-científicos, el erotismo y una amplia gama de perversiones. Este ensayo, que no hace concesiones a la leyenda, revisa la relación de Burroughs con las adicciones, bajo una luz que alumbra de modo inédito una obra cada vez menos leída y más comentada.

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Por Eric Griffiths

William Burroughs se sentía orgulloso de su cuerpo. En Interzona (1989) escribió sobre sí mismo en tercera persona: “Tenía el cuerpo esbelto de un adolescente. Bajó la mirada para ver su estómago, que dibujaba una curva plana desde el pecho. La heroína había esculpido su cuerpo hasta reducirlo a hueso y músculos.” En Tánger, las inyecciones de dihidroxy-codeina cada dos horas le producían un irse consumiendo que, incluso bajo sus propios estándares, era muy lento, y el protagonista de El almuerzo desnudo (1959) encuentra tiempo para preguntarse: “¿Sería posible aislar de la heroína la molécula que elimina la grasa?”.

A Burroughs le gustaba imaginar salvadoras o por lo menos lucrativas soluciones para sus debilidades, no importa cuán terminales fueran. En esto, como en tantas otras cosas, se mantenía fiel a las raíces que odiaba, al “grisáceo horror del suburbio del medio oeste”. Hijo de empresarios, mantenía, de un modo fantástico, el hábito familiar de la planeación financiera (hasta los cincuenta y un años vivió de la mesada que obtenía gracias a las regalías que generaba una máquina sumadora inventada por su abuelo).
Burroughs era a la vez una réplica del carácter distintivo que lo crió como un rebelde que se sublevaba contra él. De su vida y de su obra puede afirmarse exactamente lo mismo que él dijo sobre uno de sus recuerdos de juventud:
“No sé si es o no una parodia”.

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Hoy pueden parecer extrañas sus fantasías acerca de crear un nicho para la heroína en el mercado de las dietas milagrosas, pero en los años cincuenta miles de millones de personas consumían legalmente anfetaminas como un atajo libre de riesgos hacia la moderación y la esbeltez. (“Con Metedrina ella puede negarse felizmente”, rezaba la publicidad que aparecía en una revista de medicina, ilustrada con la caricatura de una dama que —complacida de sí misma— rechaza una rebanada de pastel.) Durante un par de décadas las drogas estimulantes se consideraron sanas. Los pilotos la consumían antes de efectuar sus vuelos contra las fuerzas de Hitler; ayudaron a Kennedy, atiborrado de dexedrina, a acabar de manera abrumadora con Nixon en los debates que se transmitieron por televisión; Auden era laureado por su espejismo de energía.


Mientras todos a su alrededor adelgazaron químicamente, Burroughs le tenía pavor a los Estados Unidos, a cebarse, según le escribió a Ginsberg:
“Cuando estaba en casa... algo espantoso me ocurría... Unos centímetros de horrenda carne blanda desfiguraba mi vientre plano, del que siempre me he sentido tan orgulloso.”

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Burroughs escribe acerca de ese brote de gordura como algo “que le ocurría”, y que en apariencia sucedía sin que él jugara algún papel en ello. La gordura, como la edad madura o la adicción, nos asalta en un descuido, pero pocos han nombrado su propia negligencia con una autonomía tan maligna como Burroughs, a veces logrando un efecto vívido en sus muchas historias sobre cómo se apoderó de él “un organismo autónomo adosado al sistema nervioso” (El tiquet que explotó, 1962), pero con frecuencia, debido a una mera incapacidad para reconocerse a sí mismo como agente de su propia vida tanto como una víctima de su modo de vivir. Los diarios de Interzona están cargados con una “sabiduría a chorros” como la que él admiraba en sí mismo:
“Siento que hay una horrenda fuerza que está desatada en el mundo y que avanza como una enfermedad, diseminándose como una plaga... El control, la burocracia, la reglamentación, éstos son apenas síntomas de una enfermedad más profunda que ningún programa político o económico puede tocar. ¿Qué es la enfermedad en sí misma?”

Burroughs jamás advirtió que dos párrafos atrás se había advertido a sí mismo: “Me estoy quedando sin dinero. Tengo que dejar el hábito”, y jamás se preguntó qué relación podría haber entre su aprehensión con respecto a la desazón del mundo y su propio estado drástico. El espectral titilar de sus historias, sus veloces cambios de escenas y sus dislocadas líneas temporales, su elenco de miles de seres intercambiables y fácilmente desechables, traducen la verdadera intermitencia de su preocupación por los otros y por el mundo de los otros en los estremecimientos y los vuelcos de un vodevil psíquico. Su vida y su estilo de vida eran uno solo.

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Algo que resulta triste acerca de escritores que, como Burroughs, se convierten en leyendas en vida, es que pocos leen sus libros y, en cambio, muchos admiran ciegamente sus vidas, aunque antes la palabra “leyenda” quería decir “material de lectura”. Estandartes y camisetas aún perpetúan sus rasgos siniestramente remilgados debido a que se le rinde culto por asociación con Ginsberg y con Kerouac, a quien se parece sólo en sus debilidades, y porque las obras y los desastres de admiradores tardíos como Patti Smith, David Cronenberg y Will Self, reemplazan su fascinación. En una tienda de autoservicios como Tesco, uno puede adquirir diecisiete de sus producciones pero sólo una de las de Samuel Beckett, aunque Burroughs consideraba que “uno de los mayores elogios que he recibido en mi vida” fue la respuesta de Beckett cuando le preguntaron qué pensaba de Burroughs: “Bueno, es un escritor”: un reclamo menor que “profeta junkie” y probablemente más duradero.

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Aquí una anotación sobre la química del cerebro puede ayudar a aclarar un error común. La adicción a los opiáceos le dio a Burroughs un tema frecuente y una de sus analogías favoritas, pero fue la marihuana y no la heroína la que coloreó su imaginación cuando escribía, como él mismo lo describió en El lugar de los caminos muertos (1984):
“El cannabis hacía que todo se volviera mucho más nítido... también hacía que él se volviera tonto y espectral de una manera un poco fantasmagórica”. Aunque hace mucho Walter Benjamin clamó por una “fisiología del estilo”, los estudios literarios no han avanzado mucho en esa dirección, y no digamos ya intentado una neurofisiología del estilo.

Quizá los prospectos explicativos no sean prometedores: el Marqués de Sade, por ejemplo, era adicto al chocolate, pero puede ser que no sea fácil relacionar la ingestión masiva de teobromina con el carácter de su obra. Sin embargo, en el caso de Burroughs él mismo se autodiagnosticaba con tal avidez que esto parece suficiente como para calibrar una gráfica de consumo contra rendimiento.
A menudo su escritura se halla en el peligroso borde entre la lascivia y la indignación.

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Cuando describe a sus anchas los orgasmos que le produce el ahorcarse, un lector puede no estar muy seguro de si el autor está criticando mordazmente la pena capital o si se está regodeando en la asfixofilia. Es probable que Burroughs haya compartido este suspenso de actitud cuando se encontraba bajo su estilo “intoxicado”, pues anotó en sus “Cartas de un adicto experto” que:
“una característica particularmente desconcertante de la intoxicación con marihuana es la perturbación de la orientación afectiva. Uno no sabe si alguien le cae bien o no, si una sensación es placentera o desagradable.”

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Foto de Burroughs

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Al someter las historias de Burroughs a observación a fin de detectar la presencia de efectos colaterales que nos den alguna indicación, caemos en su juego más que lograr explicarlas. En medio del desenfreno que conjuraba cuando estaba bajo los efectos de la marihuana, a menudo aparece la voz certera del escritor del Scientific American, reportando que algo “le ha ocurrido a este investigador”, añadiendo una idea lateral al registro etnológico: “El autor ha notado que el pene de los árabes tiende a ser ancho y en forma de cuña)”, o cuando insiste después de hacer una referencia a “las alas silenciosas del Anófeles” de que: “Ésta no es una forma retórica. Los mosquitos Anófeles no hacen ruido”. Burroughs estaba habituado a leer textos científicos desde los trece años y tachonó su prosa con distintivos de la práctica clínica: “proctitis”, “aureomicina, terramicina y algunos de los mohos más nuevos”.

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Cuando escribe como si fuera el capitán Ahab
: “Yo, William Seward, capitán de este lujurioso e intoxicado vagón, someteré al Monstruo del Lago Ness con rotenona y me montaré en la ballena blanca”, más vale que uno crea que, al igual que Melville, él sabía de qué alardeaba, ya que la rotenona es, en efecto, un pesticida lacustre (utilizado en las aguas de Oregon sólo unos años antes de que fueran a parar a El almuerzo desnudo). Burroughs era, y esto lo enorgullecía, un escritor menos inventivo de lo que sus seguidores de ojos más vidriados suponen. De modo que cuando en Ciudades de la noche roja (1981) menciona a “una doctora con título” que dispensa “cualquier cantidad de heroína, cocaína, o ambos”, la burlona extravagancia exagera un hecho sencillo: la doctora se llamaba Isabella Frankau, que expedía recetas desde su consultorio en la calle Wimpole a principios de los años sesenta, en la época en que Burroughs vivía en Londres.

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Las salpicaduras de vocabulario técnico son comunes en la ficción gótica; entre mayor sea la ignorancia de una ciencia, más encrespada se vuelve la curiosidad léxica que genera. La ciencia no sólo proveyó el sustento de algunos de los cuentos de Burroughs, sino que justificó modos de escribir que él consideraba como un método científico, aduciendo que su técnica de “cortar”, “
puede conducir a una ciencia precisa de las palabras y a descubrir la forma en que ciertas combinaciones de palabras producen ciertos efectos en el sistema nervioso humano.” La precisión viene de la revisión, y Burroughs era determinadamente antirrevisionista.

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En este caso, él no revisó los términos que él mismo utilizó para referirse a premisas que no examinó, como la superstición positivista de que las palabras operan sobre el “sistema nervioso” de una manera casi farmacéutica. Nada en las obras de la imaginación corresponde al objetivo del científico de poner a prueba una hipótesis y de aislar factores significativos de causalidad mediante la repetición con control de variables. Sin embargo, cuando en 1963 apareció en The Times Literary Supplement una reseña adversa a Burroughs, vanguardistas como John Calder y Michael Moorcock se lanzaron en su defensa, chirriando que “investigaba sobre líneas que T.S. Eliot había advertido por primera vez”, y que su obra era “tanto un experimento literario como científico”. Este tipo de trapacería es la compañera constante de la ciencia, y Burroughs la parodiaba y la practicaba con igual agudeza. En muchas ocasiones él era su víctima. Cuando, al inicio de su carrera, escribía textos publicitarios para Cascade, un producto para limpiar el colon, es probable que no se haya creído sus propias peroratas, y sin embargo, esos refranes publicitarios sentaron el tono de gran parte de lo que escribiría después:
“Los desperdicios acumulados durante años simplemente desaparecen sin dejar rastro. Sentirá que vuelve a nacer.”

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Para Burroughs resultaba difícil rechazar cualquier ofrecimiento de limpieza integral, ya fuera asegurada por la narcosis, la insurrección o la terapia. Impresionado por el modelo mohoso y filamentoso de la memoria como bodega de experiencias, elaboró una base de esperanza irracional que puede esbozarse así: memoria=experiencias pasadas almacenadas en el cerebro; grabadoras=máquinas para almacenar sonidos pasados; de este modo, la memoria es una especie de grabación; por lo tanto, las grabadoras que permiten borrar y volver a grabar encima pueden liberar del sometimiento a los recuerdos dolorosos:
“Entre más escuchemos las cintas y más las editemos, menor será su poder”. No es de extrañar que durante un tiempo Burroughs perteneciera a la Iglesia de la Cienciología, misma que, según declaró, podía “hacer más en diez horas que el psicoanálisis en diez años” (quizá sea cierto sin que por ello la cienciología sea la acolada por la que él la tomó). Pero ninguna técnica disponible de auto-mejoramiento era suficientemente segura para sus anhelos. Él creía que la fuerza y la producción en masa eran necesarias para “condicionar a las personas en una línea de ensamblaje de control de ondas cerebrales y procesos corporales... Es tiempo de dedicarse a la bio-electrónica del mecanismo del cerebro para sintonizarlo y expulsar el conflicto”. Fatuas como pueden ser estas nociones, no se trataba de idiosincracias de Burroughs sino de deseos vivos que eran prácticamente normales entre los iluminados de su día: Bertrand Russell, por mencionar a uno, también creía que la agresión podía sacarse a pellizcos del cuerpo humano, como si se tratara de un repulsivo pelo en la nariz, con pocas molestias aparte de un recular momentáneo. La fe religiosa se esfuma, pero deja tras de sí esperanzas religiosas que se estancan, y luego quienes pretenden llenar esa vacante que tiene forma de Dios, las mantienen resollando con varios cultos de experiencia y satisfacción garantizada. Si los seres humanos no pueden ser salvados, porque no hay ningún Dios que los salve, dejemos que por lo menos resuelvan sus conflictos. En Puerto de santos (1973), una vez más por fin Burroughs se prometió a sí mismo un futuro libre del pasado: “Reescribiremos todos los males de la Historia”. Evidentemente, reescribir los males requiere menos esfuerzo que enmendarlos, de ahí la inclinación que existe entre los regímenes de todo tipo de remendar los libros de texto de Historia. Burroughs compartió con otros nigromantes, ya sea esgrimidores de fetiches o con Stalin, una dolorosísima alta estima por la eficacia de las palabras, y aquí también él aparece como una figura tradicional en muchas culturas: el hombre que identifica el conocimiento con el poder, el escritor que engrandece su propia profesión, el curandero.

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Coleridge consideraba su propia adicción al opio como un gran error, ocurrido en parte “
por la más perniciosa forma de ignorancia: saber de medicina a medias.” Todo conocimiento médico es un conocimiento a medias, pero las personas ávidas de encontrar una cura, prefieren visiones más expansivas y crédulas que aquello que sabe y receta el doctor. En muchas ocasiones la confianza en la caligrafía de los doctores ha llevado a una adicción iatrogénica (en la época en que Burroughs nació la mayoría de los morfinómanos eran víctimas urbanas de recetas mal escritas); el opio era el Prozac del siglo diecinueve, recetado para muchos males, desde la malaria hasta el temor a las luces brillantes, la masturbación y el “hipo violento”. En 1898 The Lancet aconsejaba a los médicos generales que la heroína carecía de los “desagradables efectos colaterales de la morfina” y, por lo tanto, podía “administrarse... en dosis comparativamente grandes”; Parke Davies incluso llegó a poner a la venta una heroína cubierta de chocolate. Cuando Freud intentó quitarle a un amigo la adicción a la morfina introduciéndolo a la cocaína, sólo hizo estúpidamente lo que los mercachifles de las “curas” para las adicciones hacían de un modo bribonesco, porque preparaciones como “Denarco” u “Opacura” típicamente contenían como ingrediente activo la droga de la cual clamaban liberarlo a uno.

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La adicción es un desorden de aprendizaje del que los propios doctores aprenden lentamente. Conforme nuevas drogas entraron al mercado en el siglo veinte,
“los médicos repitieron el ciclo de: entusiasmo inicial, administración liberal, dependencia concomitante y revaloración crítica que había caracterizado a la administración hipodérmica de la morfina en el siglo XIX” (David T. Courtwright, Dark Paradise: A History of Opiate Addiction in America). Uno de los motivos para la existencia de este ciclo está en la presión para resolverle la vida a los pacientes para los cuales trabaja el médico. La solución también tiende a estar presente en nuestra imaginación como algo técnico, como si pudiera y debiera de haber una solución rápida para la adicción. Así, Tom Carnwath e Ian Smith, en su lúcido volúmen Heroin Century observan que: “Procesos mentales similares subyacen a todas las adicciones… estos procesos están íntimamente conectados con los mecanismos del aprendizaje y de la formación de hábitos”. La química de estos “mecanismos” es “compleja y todavía se le comprende pobremente”, pero “los investigadores se concentran cada día más en los mecanismos que resultan comunes a los diferentes drogas que causan adicción y que son comunes tanto a los procesos de adicción como a los del conocimiento”. La palabra “mecanismo” tiene un tono alegre: evoca algo fácilmente desmantelable y que puede componerse. Pero aunque pueden existir mecanismos bioquímicos que “subyacen” o que están “íntimamente conectados con” el aprendizaje y la formación de hábitos, el aprendizaje y la formación de hábitos no deben identificarse con estos mecanismos, ni tampoco deben persuadirnos locuciones familiares como “subyacen” para hacernos pensar que estas vagas metáforas apuntan el camino hacia un conocimiento preciso de la relación que existe entre los estados mentales y las realidades socioculturales del aprendizaje y de los hábitos; un conocimiento preciso que pronto nos permitirá manejarnos a nosotros mismos y a las dificultades del ser. El cuidadoso y trillado lenguaje de Carnwath y Smith cuando dicen “íntimamente conectado”, etcétera, pronto se diluye para convertirse en formulaciones más mordaces: “El cerebro recuerda los atajos químicos del placer… La adicción es crónica y hace que el cerebro recaiga en la enfermedad” (Cartwright: Forces of Habit).

Pero el cerebro nada recuerda, sólo las personas recuerdan, como sólo una persona experimenta placer, que el cerebro jamás siente. Si la adicción es una enfermedad, es una “memoria” cortical y química de atajos, entonces, en principio, debería existir un remedio farmacéutico para curarla. Debería de haber una droga que dispare la ingestión regular de perspectivas a largo plazo y renuncie a un placer inmediato para alcanzar lo que es mejor para nosotros. Algún día esta droga se comercializará bajo el nombre “Paciencia” y tendrá una garantía de que no produce efectos colaterales indeseables como la adicción.

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En contraste, San Pedro entendía la adicción desde dentro:
“Realmente, mi proceder no lo comprendo; pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco. Y, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo con la Ley en que es buena; en realidad, ya no soy yo quien obra, sino el pecado que habita en mí. Pues bien sé yo que nada bueno habita en mí, es decir, en mi carne; en efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero... pero advierto otra ley en mis miembros que lucha contra la ley de mi razón y me esclaviza a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte?” (Romanos 7:15, 19. 23-4).

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Foto de Burroughs en las manos de Ginsberg 

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El pecado es al deseo lo que la adicción al hábito: una hipertrofia que termina en atrofia; y el potencial para el pecado como para la adicción es intrínseco al deseo humano y a la formación de hábitos tal y como los conocemos. El auto-extrañamiento del adicto —captado de manera tan vívida en el desaire mutuo de las frases de San Pedro— se siente como la gota de agua que no podemos sacarnos del oído: como una canción que “sencillamente no podemos dejar de canturrear”, como si el cuerpo del adicto tuviera una mente propia. Pero las descripciones en términos de violación ajena resultan desconcertantes (desconcertaron gravemente a Burroughs), pues lo que confronta y confunde al adicto sobre su propia conducta es ni más (ni menos) que un ritmo adquirido irreflexivamente y que se arraiga profundamente, como una habilidad que se posee pero de la cual hemos olvidado las innumerables horas de práctica que nos tomó aprenderla. Para un individuo, una adicción es una destreza que ya no se quiere tener y, a nivel de la comunidad, es una Némesis de ese reemplazo de prácticas que llamamos “aculturación” y, como tal, necesita ser considerada como un fenómeno transpersonal, no sólo como el parloteo bioquímico de grupos individuales de nervios. John Yerbury Dent, cuyo tratamiento con apomorfina mantuvo a Burroughs alejado de las drogas durante mucho tiempo, pensaba que la adicción era sólo
“una forma especial de ansiedad”; un aferrarse con pánico a lo ya conocido, aún si lo conocido resulta detestable o injurioso: “Si protegemos a cualquier organismo vivo… o al organismo completo como si se tratara de un niño consentido, entonces cada vez necesitará más y más protección. Se volverá adicto a la protección”.

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Burroughs resultaba un paciente ideal para Dent porque nada añoraba más que sentirse a salvo, ya fuera “en la seguridad de la heroína” (1958) o en un loft de Nueva York que “te da la sensación de estar a salvo, como en Suiza” (1981), o mejor aún, en su “idea del cielo” que era “sentirse más seguro” (1983). La idolatría que Burroughs sentía por la seguridad era algo completamente estadounidense, y su adicción podría incluso verse como un sacrificio patriótico ante el cuerpo político, ya que, durante sus años de formación y mucho tiempo después, “
la lucha antinarcóticos era esencialmente una función de seguridad nacional” (Douglas Valentine, The Strenght of the Wolf). Durante décadas, la información falsa, con tintes políticos, generada por la CIA y por el Buró Federal Antinarcóticos señaló a la China comunista como la principal fuente de opio, a la vez que ocultaba el involucramiento de los agentes de inteligencia estadounidenses con los barones anticomunistas de la droga así como la cosecha anual —en las tribus de las colinas del Triángulo Dorado— de niños reclutados como soldados para los ejércitos privados que sostenían “la alianza entre el gobierno y los gángsters” (Alfred W. Mc Coy, The Politics of Heroin). Este mundo de agentes turbios, niños ferales y fraude transcontinental es, justamente, el de los cuentos de Burroughs, en cuyas páginas a nadie sorprende toparse con espeluznantes animaciones de atracción diabólica como el príncipe Sopsaisana, el coronel Boris Pash, Joe Adonis, Levi G. Nutt y Santo Traficante.

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En lo que a temas médicos se refiere, casi nunca me equivoco”, subrayó Burroughs a Ginsberg cuando le envió “Una teoría general de la adicción”, pero sin duda estaba equivocado en considerar que la adicción es apenas un tema “médico”, y permaneció ciego ante la posibilidad de que la medicina en sí y su mito de panacea, pudiera ser adictivo, como podría serlo también la imagen inversa de las ideas fantásticas acerca de la curación, la fantasmagoría de una plaga. Ya en 1894 William James escribió una carta a The Nation protestando contra los anuncios de medicinas de patente que insistían en los daños a la salud “hasta que el mundo se asome a nuestra imaginación en una especie de vapor catarral, o en una neblina hemorróidica.” La mayoría de los cuentos de Burroughs se desarrollan en medio de ese tipo de efluvios mefíticos. Cuando un lector escudriña —con la fascinación de quien se dedica a buscar costras— la amenaza de “una espantosa enfermedad parecida al cáncer que invade tu cuerpo… y ha enterrado sus repugnantes tentáculos en tus órganos vitales. Un detestable carroñero que lenta e inexorablemente te va consumiendo vida”, la prosa no suena a Burroughs, pero el temor al cáncer y el parasitismo sí (las oraciones son contemporáneas a la escritura de El almuerzo desnudo y provienen del primer libro de Harry M. Hoxsey que, ambiciosamente, se titula No tienes que morir, 1956).

Burroughs creció en medio del apogeo de la teoría de los gérmenes, cuando
“los ciudadanos temían una ubicuidad viral de la cual era imposible escapar” (cito la obra fundamental de Harvey Young, American Health Quackery).

Las coloridas tramas de Burroughs, a partir de El tiquet que explotó en adelante, en los cuales un virus global, y quizás intergaláctico, conspira para someternos a todos, reciclan la pseudociencia de su niñez. Sus años de adolescencia coincidieron con la pretensión de conocimiento experto que tenían los eugenistas, quienes lanzaron la advertencia de que organismos invasores y alienígenas “
lenta, insidiosa e irresistiblemente están devorando el corazón mismo de los Estados Unidos” (Herny Pratt Fairchild, The Melting Pot Mistake); Burroughs pudo haber leído, mientras desayunaba Corn Flakes, los anuncios de la Fundación para el Mejoramiento de la Raza de la familia Kelloggs y su objetivo de producir “Humanos de Raza Pura”. Evocó el feroz conformismo de sus años de secundaria cuando “cualquiera que expresara dudas sobre la forma en que tratamos a los indios, la pena capital, la inferioridad natural de los negros, la abominación de ser homosexual o drogadicto, habría causado que sus compañeros de clase le rehuyeran por considerarlo un radical peligroso” (The Adding Machine, 1985). Sin embargo, Burroughs era un reaccionario peligroso: reflejaba aquello que repudiaba. Trató de alejar a sus lectores del cristianismo por considerarlo “un virulento veneno espiritual”, al estilo de Charles Davenport que conminó a la Asociación de Criadores Estadounidenses a “aniquilar la repugnante serpiente del protoplasma irremediablemente inmoral”. Burroughs alcanzó la conciencia adulta escuchando a despreciables ejecutores de fraudes —que esperaban descargarse en la incurable ilusión de los dulces de la tía Fanny, las plantillas eléctricas, o la Combinación Suave para el Tratamiento del Cáncer del doctor Johnson—, y al alcance de mercachifles similares que cometieron fraudes aún más grandes imponiendo la Prohibición para asegurar la higiene moral y la calma cívica, a la vez que, por otro lado, promovieron la salud mental de los ciudadanos a base de una dieta de sustos y de estadísticas cocinadas. No es de sorprender que Burroughs tuviera poco tiempo para dedicarle a la democracia: “La democracia es cancerosa y las oficinas son su cáncer”. Y todavía extraña menos el que incluso este aborrecimiento emergiera en un supuesto diagnóstico de una Enfermedad Mortal, ya que la visión que tenía Burroughs de un gurú verdaderamente liberador incluía una bata blanca: “…esa rareza: un doctor que piensa. Puede advertir qué está mal en cualquier situación, ya sea en el cuerpo humano o en una estructura social.”.

Ahora las computadoras figuran como ayudantes sin ambigüedades para lograr avances en el bienestar colectivo e individual. Jugaron este papel desde la juventud de Burroughs y hasta los años sesenta en la radio, quizá debido a una sospecha retorcida de que los radios tenían algo que ver con la radioterapia. Hubo una pequeña estafa que tenía forma del “Instrumento de Radio Terapéutico” del doctor Ruth B. Drown; hubo ofertas propagandísticas por parte de eruditos como Marshall McLuhan: “
El sistema nervioso humano puede reprogramarse biológicamente con tanta facilidad como cualquier cadena de radio que quiera alterar su programación.” Este es un mundo donde los extraños transmisores y receptores que aparecen en esa novela de Burroughs que se llama La máquina blanda (1961) —“el equipo de emisión de calor que era un radio viviente con partes de insectos”— parecen de lo más normales. La radio también se oculta en una broma escalofriante cuando en El almuerzo desnudo imagina a un adicto ciego llamado Willy the Disk, “tratando de tocar la silenciosa frecuencia de la heroína”. Los “instrumentos como cajas” eran la pasión del escritor, desde sus escapadas con acumuladores hasta cofres todavía más talismánicos, como la “caja de plata” con un “intrincado arreglo de alambres de cobre, plata y oro, que formaban un revestimiento entrecruzado”, como una antigua radiofascia, en la que se le aconseja al personaje de Tierras del Occidente que deposite su fe: “Si no confías de manera absoluta en esta caja, la caja es absolutamente inútil”. Confiaba en enclaves de todo tipo —“el grueso capullo del comfort”— que hallaba en la heroína, las fortalezas de proscritos que aparecen en sus cuentos posteriores, las fortalezas de asesinos de Alamout. En Crime Zone el coronel Gerard Richarson, jefe de la CID en Tánger en la época en que Burroughs empezó a escribir allá, lo recordaba como “Morphine Minnie”. Burroughs mandó a hacer una caja grande con hoyos en los lados.

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A veces convencía a algún joven para que se metiera a la caja y se acostara...

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Después de que, al parecer de Burroughs, el joven había permanecido ahí suficiente tiempo, volvía a abrir la caja, dejaba salir al muchacho y lo encaminaba. Luego él mismo se metía a la caja y se recostaba. Cuando reemergía, supuestamente lo hacía rejuvenecido.
Para cualquier homosexual que se respete, el joven habría sido el centro de toda su atención, y sin embargo, para Burroughs el centro de atención era la caja.


La caja más resistente de todas fue el País de Nunca Jamás de su adolescencia, al cual volvía con frecuencia en su escritura, a veces en torrentes de evocación desorientada: “El fragmentado punto de origen, las revistas de músculos de San Luis Misuri que están encima de la florería, jadea una vieja y triste telenovela”, y a veces haciendo alusión a los clásicos que había leído en casa y en Harvard, donde obtuvo un título en Literatura Inglesa. Se imaginaba a sí mismo como médico, atendiendo a “un niñito pelirrojo de trece años” y “poniéndole un vendaje en la pierna con una dulce, renuente y amorosa demora”. Por un momento, en la memoria del comportamiento de Eva en el Libro Cuatro del Paraíso Perdido, sale a la luz que tentar al joven podría compararse con la frescura erótica de la primera hora de la Creación, pero Burroughs no suele más que coquetear con las implicaciones que podría tener la alusión. Sus versos favoritos, como los que pronuncia Próspero: “Y se diluyen para volverse aire”, derivan de manera semirelevante a lo largo de su escritura, como un cambio de humor sin causa u objetivo definido: “Dos malditos hijos de puta, se diluyen para volverse aire y polvo”; “leí un libro titulado Thin Air acerca de un proyecto ultra secreto de la marina para hacer que un buque de batalla y todos sus marineros desaparezcan”. Cita libremente a T.S. Eliot, otro nativo de San Luis, llevándolo a él también hasta la estrecha órbita de sus preocupaciones, como cuando Prufrock se reprocha a sí mismo: “He medido mi vida en cucharadas de café” y se consume en el repudio que siente Yonky del libre albedrío: “He visto que la vida se mide en gotas de solución de morfina.” Algunos escritores, cuando hacen alusión a algo, abren su trabajo a formas de pensar que de otro modo no se les habrían ocurrido: su escritura se reorienta, como si se le amonestara desde otro mundo; pero Burroughs más bien absorbe al colega que cita y lo incorpora a su guetto de actitudes, de acuerdo con su programa para un “retiro de individuos que piensan de manera similar en comunidades separadas.” 

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Retrato de Burroughs por Avedon

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Withdrawal (“abstención”) es una palabra que temen la mayoría de los adictos, pero Burroughs no, pues fue cuando se abstuvo de consumir drogas que más confiablemente ideó hallar al joven que él fue, allá en San Luis: “
Sentí una aguda nostalgia del silbido de los trenes, del sonido de la música del piano en una calle, de las hojas quemándose. Un grado medio de malestar por la heroína siempre me recordó la magia de la infancia. ‘Nunca falla’, pensé.Burroughs sabía por sus adorados libros de consulta médica que esta magia la ejercía el proceso fisiológico de la homeostasis, donde los sistemas que antes estuvieron deprimidos por una droga rebotan en una actividad sin ningún tipo de amortiguamiento. Sin embargo, el saberlo no le restó encanto a los “orgasmos espontáneos” que eran “una de las pocas características agradables de los síntomas de abstinencia”. “Con ardor adolescente, uno puede seguir y tener tres o cuatro orgasmos”, le alardeó juvenilmente a Kerouac.

Aquellos silbatos de los trenes de los años veinte resuenan a través de sus libros. Convirtió ese repetirse a sí mismo en una carrera, o más bien, en un credo, tal y como lo observó en una de sus bromas más alertas cuando en Tierras del Occidente contempla a un escritor incapaz de escribir: “‘
El sol frío sobre un muchachito delgado con pecas’, repite Burroughs durante mil años”. Quizá no mil años, pero por lo menos a partir de La máquina blanda (1961): “El sol frío sobre un muchachito delgado con pecas, me conoces desde hace mucho, señor dame-dinero-para-cigarros.”.

Estas repeticiones podrían clasificarse como síntomas desconsoladores de un ritual adictivo, o considerarse —al igual que Burroughs lo hizo a veces— como herramientas de una autopurgación terapéutica, pero también deben reconocerse como rutinas cómicas. En su aguda respuesta a Burroughs, Mary McCarthy señaló que estos elementos pertenecen a un tipo de humor muy estadounidense, y son a la vez explícitos y furtivos. Es el humor de un comediante frente a la cortina de asbesto. Surgen las mismas bromas, ligeramente retocadas para adaptarse a las circunstancias, tal y como un artista de vodevil cambiaba la ubicación de sus chistes según la ciudad en la que se presentara.


Con frecuencia Burroughs se quejaba de que algunos de sus seguidores lo tomaban con demasiada solemnidad. (“Sólo me burlo un poquito. Estoy tan harto de que me sometan a algo pesadísimo cuando lo único que hago es una bromita”), y ciertamente ni los comentaristas académicos ni quienes lo consideran un diagnosticador cultural han señalado sus innumerables chistes, como, por ejemplo, el de “la rata que se condicionó para ser reina” y que lamentó: “el mío es un amor que no se atreve a chillar su nombre”. El chiste es insensible acerca del sufrimiento de los animales de laboratorio, pero enérgico en darle crédito a la víctima-roedor ridiculizando a Lord Alfred Douglas. Muchos de los animales que aparecen en dibujos animados muestran esta simultaneidad de abyección y adaptabilidad, y Burroughs era un caricaturista con sus “
personas en un departamento de duela, estilizados como figuritas de plomo en un galería de tiro al blanco.

La caricatura es un arte demacrante, pues sus figuras quedan drenadas de dimensión y, sin embargo, adquieren un perfil más sensacional, con la segmentación de sus acciones, cuadro a cuadro, a lo largo de un cinturón de cajas transportadoras. Este tipo de arte era algo natural para Burroughs, como también lo era la matanza esquemática y el moralismo adolescente. Calmaba sus gastados nervios porque su resplandor alucinante siempre insiste tácitamente en que “esto no puede estar sucediendo”. Es por esto que afirmó que era adicto a la escritura. Cuando adopta una “galería de tiro al blanco” como emblema de su propio estilo, se burla del sentido de las palabras en el argot de los drogadictos de los años cincuenta, tal y como la revista Life tan sobriamente lo definió:
“un establecimiento que no sólo vende droga al adicto sino que también le proporciona las agujas.” En semejante galería, la pistola (que en el lenguaje de los adictos significa una jeringa) apunta y mitiga a la vez; se ejerce la violencia y entonces, al mismo tiempo, llega un suspiro analgésico de que no hay ningún daño. Esta es la esencia de la comedia burda —el fuerte de Burroughs—, y también la realidad geopolítica de la extensa colaboración entre las agencias de inteligencia y el negocio de la estupefacción. Su comedia saca a relucir estas terribles verdades pero les notifica una respuesta que no es más sustancial que la fragilidad de la risa que, como Bergson escribió, le confiere “una anestesia momentánea al corazón”. Burroughs hizo de ese alivio fugitivo el hábito de toda una vida.

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Si sólo hubiera sido incapaz de registrar su propio infortunio, su caso habría sido triste, pero no serio. Pero, como a menudo sucede con la vida de los adictos, no sólo se devastó a sí mismo, sino que era tan profundamente auto compasivo que omitió sentir compasión por los demás. En 1952, le escribió a Ginsberg:
“Estoy enganchado de nuevo. Y todo gracias a mi dealer y a mi propia estupidez. No entiendo cómo un hombre que vive alimentándose de sus congéneres puede mirar su imagen en el espejo para afeitarse.”

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Manuscrito de Burroughs

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Unos años después, en El almuerzo desnudo, un par de homosexuales muy afeminados pasan por Tánger, anunciando a los árabes: “
Hemos venido a alimentarnos de su subdesarrollo... En palabras del Bardo Inmortal, a cebarnos con estos moros.” La deformación que se le da a las palabras de Hamlet es refinada, pero el susurro no debe volvernos sordos al hecho de que Burroughs era un turista sexual que explotaba adolescentes paupérrimos desde México hasta África. Cuando se le preguntó cómo era la vida sexual en Tánger, contestó: “Terriblemente sencilla. Los muchachos son pobres.” Burroughs no tuvo ninguna dificultad para mirarse al espejo y afeitarse. Para él el Tercer Mundo era un vasto adolescente cuya “dulce inocencia masculina” y su “inocente y tosco culo” canturreaba, y cuyos servicios él aseguraba, por lo general mediante una tarifa de cincuenta centavos al día, más alimentos. Y, sin embargo, en Interzona deplora a un bailarín árabe de catorce años cuyos “impulsos codiciosos y sexuales están completamente fusionados... Hay en él una absoluta falta de juventud, de toda la dulzura y la falta de certeza y timidez de la juventud.”

Y cuando Burroughs advirtió que El almuerzo desnudo se “convertía en una saga de la inocencia perdida”, fue sólo su propia pérdida la que lloró. Todos tenemos puntos débiles, sin duda, e incluso los cultivamos cuando necesitamos tamizar nuestros apetitos con una pantalla de decencia. Sin embargo, Burroughs proclamó para sí mismo una claridad experta a la vez que se burlaba de semejantes afirmaciones. Definió el “almuerzo desnudo” de su obra más celebrada como “un momento congelado en el que todos ven qué hay en el otro extremo del tenedor”, pero fue miope en cuanto a las verdaderas razones y resultados de su propia destrucción. No veía ningún obstáculo para que las amapolas no se sembraran fácilmente en los Estados Unidos, “a lo largo y ancho de las Montañas Rocallosas, digamos, de mayo a septiembre”.

Eso habría sido maravilloso, pero “como el opio se recolecta en pequeñas cantidades y a mano, y los resultados que rinde cada trabajador apenas se miden en onzas, esta labor debe ser barata a la vez que debe ejecutarse con cuidado. Los recolectores turcos de principios del siglo veinte ganaban entre treinta y cincuenta centavos por un día de catorce horas de trabajo” (La fuerza de la costumbre), que es la cantidad aproximada que Burroughs le pagaba a sus jóvenes acompañantes. En la tierra de la libertad esta tarifa habría resultado inaceptable. El suyo era un almuerzo desnudo en el que jamás se fijó en los meseros, no digamos ya en los cargadores de la cocina, que se necesitaban para servirlo, como Chardin notó sobre los recolectores de opio en la Persia del siglo diecisiete: “son como muertos extraídos de sus tumbas, lívidos, enjutos y temblorosos como si tuvieran parálisis.”

Estos sufrientes no pudieron haber captado la mirada errante de Burroughs, porque su entusiasmo por lo médico no se extendía al tratamiento de los afectados: “los enfermos me desquician”. Viajaba no por la aventura o por curiosidad, sino de acuerdo a las leyes de la oferta y la demanda, conforme lo guiaran sus antojos. La atracción del subdesarrollo consistía en que le permitía regresar al hogar de su pasado, una y otra vez. En La máquina blanda observó de camino a México: “
Entre más al Sur nos dirigíamos más fácil era anotarse un tanto, como si hubiéramos llevado los años veinte con nosotros.” Adondequiera que iba, llevaba a los Estados Unidos con él, aunque rechazaba a su país con desdén llamándolo “viejo y sucio y maligno antes de los colonos, antes de los indios”, porque él era un bohemio en remisión, sensibilizado a los tipos de cambio, que se regocijaba cuando veía al dólar “elevarse como un ave hermosa”. Su amigo Alan Ansen lo llamó una “personalidad completamente anónima”, pero se requiere de más que un ingreso autónomo para asegurar la independencia de pensamiento, por no mencionar la condición más deseable que es la independencia reconocida.

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Otro de sus amigos, Jack Kerouac, nos pidió que viéramos a Burroughs como “
el más grande satirista desde Jonathan Swift”. De hecho, se parecía más a Gulliver; era más una parábola viviente acerca de la sátira y su confianza en sí mismo que en el satirista en sí. Gulliver estaba seguro de que el mundo podía reformarse en un lapso de “siete meses” siguiendo lineamientos “fácilmente deducibles de los preceptos desarrollados en mi libro”. Burroughs prometió “algunas respuestas a la pregunta del origen de la Palabra”, si le dábamos “diez años y mil millones de dólares para la investigación.” El orgullo que siente Gulliver de la forma en que detesta el “vicio absurdo” del orgullo está igualado por Burroughs, que había protestado en contra de la “absurda condición llamada auto-respeto”, pero quien terminó echándose porras en su diario con el pensamiento de que a través de “la propia medicina de Dios” (la morfina) él había alcanzado el “auto-respeto y, al hacerlo, el respeto de los demás”. Gulliver se retiró a su propiedad para conversar con sus caballos de piedra y así evadir a su hedionda esposa, como si los yahoo (los brutos con forma humana) no hubieran tenido nada que ver en la historia de Equus caballus. Burroughs regresó al Medio Oeste, rehuyendo casi siempre al “animal malo: el Hombre” y siendo más feliz entre sus múltiples gatos: “Sí, adoro a los animales, en detrimento de los animales humanos que pueden, en muchos casos, desafortunadamente, HABLAR” (Las últimas palabras de Dutch Schultz, 1969), aunque fue mediante sus conversaciones con gatos —entre otros métodos— que el hombre trajo al Felis domesticus a la existencia. Es más difícil huír de los seres humanos de lo que uno podría pensar o esperar. Por otro lado, Gulliver pasó cuatro años ficticios y a la vez reales, como aprendiz de cirujano, mientras que Burroughs fraguó su disfraz de pericia a partir de sus lecturas en revistas y de un semestre en la escuela de Medicina, en Viena, justo antes del Anschluss. Se salió de la carrera porque “no quería atiborrar mi mente con todos esos datos”. Pero Burroughs y Gulliver son hermanos en el arte de recomponer el mundo fracturado y hacer el bien, y ambos se deleitan en el juego de jugar al doctor con las otras criaturas, aunque ninguno de los dos tiene estómago para el más arduo de todos los procedimientos que es detectar el haz en la propia mirada y luego extraerlo. 

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Griffiths. Catedrático del Trinnity College de Cambridge.

Autor de Dante in English (Penguin Classics, 2005).

© The Times Litterary Supplement, 22 de julio de 2005

Traducción de Emma Palacios.

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Andres BIANQUE

Andres BIANQUE

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andres bianque andresbianque@hotmail.com   

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Belisario Velasco, el Hombre detrás de la Máscara. 

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Desde la ventana los observó fijamente, los vio alejarse y perderse entre las sombras. Y allí, sólo en su soledad cerró las persianas y las cortinas, apagó la luz y se dejo devorar por la oscuridad.  

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Creyó escuchar el olor del perfume de Lucia, creyó oler su nombre de entre los muebles.La imagen de Lucia escribiendo atenta sus cartas, sus pensamientos, sus miedos, sus ambiciones. Más que taquígrafa, sus dedos arrancaban una extraña música de aquella vieja máquina de escribir, convirtiendo el aparato en un piano que tañía acordes convertidos en palabras o palabras convertidas en acordes. Todo era casi hermoso, casi romántico, casi perfecto. Sino fuera por Augusto, ése que la venía a buscar todas las tardes. Ése que él permitía que atendiera el teléfono y ayudara mientras Lucía se arreglaba el cabello en el baño. Belisario era un simple “paisa” un silvestre civil que no estaba, ni estaría a la altura militar de un insigne militar como Augusto Pinochet y mucho menos de su primogénita Lucía Pinochet. Ni siquiera su alto cargo de Gerente lo elevaría a la altura marcial que la familia exigía. Mordisqueando la suela dura del desprecio se dio a la tarea de avocarse más a sus actividades políticas en la Democracia Cristiana y tratar de olvidar ese amor prohibido, platónico y paramilitar… 

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Cabe mencionar que las contradicciones en su cuerpo juvenil le crucificaban su alma cristiana. Por un lado, su lozanía se convertía en rebeldía, destacándose en el ala “chascona” del partido Demócrata Cristiano. Pero por otro lado, el poder lo seducía como un péndulo que oscilaba entre lo humano y lo divino…entre obediente y obsecuente. Frente al Gobierno de Salvador Allende sentía molestia, pero quizás, más por la toxina y un par de dólares sembrados por sus mentores, los Frei, los Aylwin, los Zaldivar, que por iniciativa propia. (Argumento que escribo en contra de aquellos que aseguran que Belisario nació Siniestro). Fue en este escenario que asistió a una demostración en contra del Gobierno de la Unidad Popular. Y aquí, o allí, mejor dicho, su vida daría un cambio brutalmente brusco… Quizás fue el viento, quizás fue la fuerza de empuje, quizás fue la inquina, pudieron haber sido tantas cosas. Pero lo cierto es que Belisario estaba en el lugar equivocado a la hora equivocada. Una mano imperialista o anti-imperialista arrojó con bronca una insignificante tapita de un envase de coca-cola con tal mala suerte que fue a dar al ojo de Velasco.… 

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Las uvas de sus ojos se tiñeron de un vino tinto ensangrentado, la humilde tapita le transformó una de sus uvas en yerta pasa añeja e inservible. La niña de sus ojos había muerto… El destino se ensañó con el Chayo (Belisario), se encarnizó con este joven, callado y retraído Mozuelo. Luego, vino el golpe militar que tanto ansiaba y profesaba la Democracia Cristiana. Pero, y pero nuevamente, porque hay que ser enfático,  nuestro hombre firmó una carta en la cual rechazaba el golpe militar de su casi suegro. ¿Razones? Aún el paladar de sus sentidos saboreaba el sabor amargo del desdén militar. Era joven y rebelde, ¿Por qué sumarse a una bola de nieve arrojada por un montón de viejos? Además, ya en ese tiempo prorrumpía lo que es su manera de ser…

 ¿Para qué cortarle el pie a un esclavo,cuando basta con cortarle el dedo gordo e inmovilizarlo? 

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En la esperanza de que su vida no se transformara en un bolero eterno o en tango negro de esquina maldecida, se casó. No con la mujer de su vida, pero se casó. Marilú. Marilú Velasco, la primera esposa del dirigente de la DC,  Juan Hamilton, me dicen. Sin embargo, Mar y Luz, cuentan las malas lenguas, se dio a la bebida y a la yerba, pero no la mate. Hechizada por el ejemplo de Janis Joplin, lo dejó, lo abandonó, lo dejó plantado lleno de hijos… Hasta no hace poco al parecer el nombre de Marilú habría emergido desde lo hondo de una plantación de cannabis en un diarucho de alta circulación en Chile. 

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Padre soltero, tuerto, relegado un par de veces por su suegro, incomprendido, mustio, lloraba por las noches como un cíclope herido, rechazado, desterrado y olvidado… Sin embargo, no tuvo que lavar ropa ajena para criar a sus críos. Proveniente de una familia bien, además de sus cargos varios le ayudaron en esa travesía rocosa que fue encumbrar a sus hijos en algún sitial de prestigio. 

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Y se hizo de acero, herido monóculo cristiano, con un solo ojo, se transformó en aguja de acero, en lesna de zapato fino y sofisticado. De ahí en adelante no daría puntada sin hilo, ni hilo sin puntada. Y eso a pesar de que ni los más cercanos saben que especialidad tiene, o título o master o post-grado o Licenciatura. A pesar que no aparezca en ningún libro, ni página, ni folleto algo más acabado de su vida. Su biografía es breve al igual que incontables políticos de la concertación; precaria, escasa y monótona. Su vida, su carrera política es resumida en dos líneas, aún teniendo 50 años de vida para ese entonces.1973-1976 Gerente de radio Balmaceda.1983-1986  Presidente del directorio de la revista Análisis. 

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Dicen los que saben que estuvo a cargo de una tal radio llamada Balmaceda, radio creada, financiada y ocupada completamente por el Partido Demócrata Cristiano. Belisario, experto en despechos y desaires las emprende a nombre de su partido en contra de sus antiguos socios. La Honorable Junta Militar. Enemistados los antiguos compadres, censuran una y otra vez a la emisora y esto le cuesta Al Chayo ser relegado a la Comunidad Nortina de Putre, de ahí el apodo más conocido que tiene; Belisario, el Hijo de Putre. La revista Análisis no pasó más allá de ser un folleto de denuncia y de cero construcción popular o social, fue una herramienta usada por “ciertos sectores” para presionar y denunciar los abusos de la Dictadura Pinochetista. Cumplido su aporte y  su cometido, fue desmantelada temiendo que fuese un cuchillo de doble filo en contra de sus propios patrocinadores que también harían de las suyas en algún momento. Al parecer a algunos periodistas les quedó gustando el hecho de desenmascarar rarezas y otras malezas políticas que sabrían que vendrían. En el año 1979 su rostro perennemente acongojado tiene una pausa. Conoce a la Suiza-belga-chilena Christiane de Beauffort.    

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Distinguida dama de la Sociedad Chilena avecinada  en el país hace un par de años, tantos años que contrajo nupcias con un hombre 20 años mayor que ella. Se trata nada menos que de Raúl Fabres, play-boy latino, Dandy Chileno, Latin Lover Internacional y otros motes más o menos en la misma onda. La Señora Christiane de Bufón después de casarse con este galán de cine en Washington DC, de pasar los veranos en castillos en Suiza, Austria y toda Europa, esquiar en los Pirineos, broncearse por las costas de España,  se cansa, se aburre de la superficialidad de ese mundillo (Otros dicen que fue al Irresistible Raúl Fabres que se le acabaron algunos dotes y no sólo en lo económico) como sea, ella acuestas con su hijo Nicolás y él con su cuarteto de hijos conforman un matrimonio que lleva casi 30 años juntos. Pero, y no es que a uno le guste el cotilleo y las habladurías, pero. No están casados. Yo no estoy para escribirlo, ni usted para leerlo, pero al parecer ella nunca pudo disolver en el ácido muriático del divorcio legal, la sombra de esa estrella apagada llamada Raúl 

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Lo cierto es que  Christiane de Beauffort, tiene sus dotes también, por ejemplo, adorna por un poco más de 30 mil pesos semanales, (el sueldo mensual de un obrero en chile) con delicadas y elegantes flores y adornos la casa de los Velasco-Beauffort. Bueno, personalmente, personalmente no, pero ella es la que llama a la Florería Anémona y hace el pedido. La infinidad de muebles antiguos y la pintura que está en la entrada es también obra de esta conspicua dama. 

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Es en 1990 cuando Belisario es lanzado al estrellato, recibe de manos militares el manojo de llaves ensangrentadas que abrían la casa de gobierno. Es elegido Cancerbero de la democracia, sin título, pero elegido. Se transforma ahora en una guadaña metálica que pretende desmalezar cualquier chispa incendiaria contra la estabilidad de la aún llaga abierta que es la Transición Chilena. Y más que guadaña alimaña se convierte en pinza y cada extremo de ella, cada punta, cada lado, es una fracción de luz civil y otra, fracción oscura militar. Por fin sus contradicciones, disyuntivas, bipolaridades, ambigüedades, dilemas, dualidades podrán vivir a plenitud en su pecho cristiano. Recibe listas con nombres interminables, borra los de su conveniencia, destaca otros, subraya los peligrosos, observa direcciones de casas, teléfonos, contactos, células, aparatos… Se entera de un sin fin de infidencias no sólo a nivel político o económico sino también a otros niveles (Como del nivel de la cintura para abajo, para los que no captan)Y es ahí que mi compadre, o sea que el Chayo empieza a cosechar amistades, e influencias. Cuentan por ahí que le dijo a un connotado político “Deberías tratarme con más respeto sino quieres que la prensa se entere de ciertas fotos.” 

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El murmullo zalamero le fue inflando el pecho hasta convertirlo en un Coloso del Nepotismo, arreglines, chanchullos, en Titán del tráfico de influencias. En ajedrecista aficionado enviando peones al campo de batalla mientras él, degustaba uno de sus tantos lujosos vinos. Y lo que le faltó de ojo le sobró de brazo, tan largo que llegó hasta Cuba, allí instaló a su pequeñín en rubros varios, hoteleros y otros. Hasta tiene una foto con Fidel Castro (aunque a esta altura habría que hacer una lista de quién no tiene una foto con el Compañero Fidel) 

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Bueno, volviendo a Chile, Belisario y la media se las ingenian para que este hombre yin-yang tiña su lado lóbrego oscuro en personaje público transparente. Hombres de todos los colores se arrodillan y besan el anillo encarcelado sobre su mano. El poder le recorre el cuerpo como en un espasmo de esos que no conoce, el poder lo seduce y está vez, está vez, no será él el despechado. La policía Política de Pinochet, la CNI, le hace entrega de cientos de fojas y manuales para actuar. Junto a otros, crea, la temida y odiada entidad ilegal llamada “la Oficina” nombre breve y de rápido aprendizaje, siguiendo el estilo de bautismo creado por los Militares. Desde allí, se encarga de enviar a infiltrar, engañar y asesinar a aquellos que no quieren aceptar la democracia impuesta por Estados Unidos para Chile. 

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Su primera víctima es el Joven Revolucionario líder del Movimiento Juvenil Lautaro, Marco Ariel Antonioletti. Es asesinado a sangre fría por un escuadrón de sicarios pagados con el erario público. 

Belisario en sus propias palabras nos explica su modo de actuar. 

“Yo como subsecretario del Interior No estoy para pedir Por favor las Cosas; yo simplemente Digo que se Hagan” 

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Este asesinato le valió subir otro peldaño en su ascenso político, gano altura a costa de situar sus zapatos sobre el cuerpo muerto de un Joven estudiante. Se transformo en imán y atrajo no sólo el acero militar, sino dólares, rublos, plata, oro y sobretodo cobre. De Belisario Velasco pasó a ser el detective Columbo o un simple matón con licencia pública y comunicacional para matar. 

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Dentro de su obra magna o magma se encuentra como número uno el haber sabido capaz de trasvasijar cuanto renacuajo verde civil había en época dictatorial y mezclarlo con guari-sapos de todos los colores manteniendo y renovando las instituciones represivas de antaño. El accionar de los aparatos policíacos en la actualidad da fe que el elixir tósigo de la dictadura está aún intacto y recorre campante las venas y arterias públicas y administrativas de la sociedad chilena. Seguimientos, campañas mediáticas, criminalización de las organizaciones populares, satanización de cualquier movimiento o protesta contra el Gobierno. Infiltraciones, detenciones, matones, sicarios, sayones, mercenarios y todo lo que valga en contra de cualquier demanda popular. 

Bueno, después de llevar a buen puerto el barco de la Transición a costa de “el todo vale”. Se ganó definitivamente un sitial en el olimpo cristiano del partido demócrata cristiano. (PDC) del gran empresariado, la derecha, trasnacionales y todo el enjambre de chupópteros del pueblo. 

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Recordemos que Belisario fue el Subsecretario del Interior de su mentor, gurú, guía espiritual y otras pomadas, del primer presidente después de Pinochet, el excelentísimo Patricio Aylwin Azúcar, (otro instigador y adulador del saneamiento militar en contra del caos moral y el cáncer comunista) Aylwin premió a su pequeño saltamontes  regalándole un alto y bien pagado puesto de gobierno a la hija de Belisario, Maria Velasco, la instalaron como Jefa de Prensa de la Presidencia de la república. Hija que en la actualidad comanda la compañía de comunicaciones Extend Comunicaciones, la misma encargada de lavarle la cara a la Minera Barrick Gold, la que pretende desmembrar Pascua lama y sus 3 glaciares. Y siguiendo el rubro de las comunicaciones, Uno de sus hijos es el cuñado de Cristián Bofil, Director del diario de derecha, La 3ra… 

Lo demás, lo que sabemos de Belisario Velasco es lo que sabemos hoy en día desde que fue elegido como el cancerbero del palacio presidencial de la Moneda. Dentro de toda la niebla prefabricada que arrojan sobre la figura de este hombre tenemos claro que es un maestro. (Exacto, ese tipo de Maestro) Se me olvidaba que debido a favores concedidos, arduo trabajo (alrededor de 70 veces como Ministro del Interior Subrogante, plus otros cargos)  y otros asuntos, le fueron otorgadas vacaciones pagadas por cuatro años como embajador de Chile en Portugal. 

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Hasta hace poco, Marzo del 2006, era el Presidente del Consejo de Televisión Nacional de Chile. (TVN) antes de ser  nombrado Ministro del Interior, Julio del 2006. Como es de conocimiento intergaláctico, TVN entrega un programa casi bueno por 200 malos, súmese a esto el control y manipulación Hitleriana que se hace de su Noticiario. Sin embargo, ante comentarios acerca de la excesiva vulgaridad de los programas transmitidos, la repetitiva pauta de la mujer como objeto sexual,  el marcado acento prosaico de otros, lo chabacano de sus conductores, lo ordinario de algunos espacios, El Chayo Velasco respondió; “No me escandaliza la Grosería en Televisión” De esto emana que si usted le adosa algún epíteto de corte un tanto procaz no se molestará en lo más mínimo. Siguiendo con sus opiniones televisivas puntualizó; “Si a alguien no le gusta lo que ve, simplemente tiene que apagar el aparato o cambiar de canal” 

Pero poco duró a cargo de la Televisión. Ante la mediocridad de otro democristiano como Ministro del Interior, fue llamado a reemplazarlo rápidamente. Ante las protestas estudiantiles del año en curso se necesitaba un Hombre de cualidades profusas y profesas. Con una amplia utilería de tramoyistas, más un staff itinerante de principios (rojos, rayados o verdes) que estuvieran a su servicio cuando éste los necesitara. El gran empresariado, el imperialismo, la derecha y un gobierno de la concertación empeñado en mantener su almacén político administrativo de compra y venta de prebendas visualizaron a un hombre con un “ojo” clínico contra desmanes, desmadres y demasíes. Con la soltura de contar con impunidad política, jurídica y económica no escatimó recursos y esfuerzos en aplastar cualquier intento de rebeldía. 

¿Recuerdan la Marcha de Carabineros de Chile acompañada de una movilización de los profesores? (Aunque se suponía que la marcha era convocada por el Gremio de los profesores) (En fin…)

Todo el ecosistema paleolítico-político  aplaudió a rabiar a Belisario ante semejante sabia decisión. El 10 de septiembre pasado, una bomba molotov fue la excusa perfecta para montar todo el entramado policial y comunicacional a su alcance. Al mejor estilo Yankee. Desvirtuar, denostar y degradar cualquier descontento social. Toda la media ayudando enormemente a tan noble misión. Ninguna protesta o paro o movilización es buena. Después infiltrar, acosar, espiar, seguir y detener. Los medios  de comunicación aran y siembran el terreno, después vienen los enviados del Gobierno y recogen la cosecha a punta de palos, lacrimógenas y arrestos. 

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Belisario no es el Cardenal de Richelieu que le hace cosquillas en el cuello a la presidenta cada vez que le aconseja algún asuntillo. Como tampoco es Rasputín.  A pesar de que otros insisten en que Maquiavelo le pediría consejos a él si estuviera vivo. Belisario es un hombre probo, recto, ínclito ser humano que no ha actuado jamás en contra de los buenos preceptos y costumbres. Es un hombre quitado de bulla, lacónico, poeta privado, reposado, mesurado y muy generoso, especialmente para con los suyos. (De ello puede dar fe su Nuera, a la cual instaló como responsable comunicacional de la Cartera del Interior)   

En sus días de asueto, cuando no está bronceándose en el Balneario de Zapallar, se hunde en el sótano de su casa y allí contempla extasiado sus cientos de vinos de colección y se entretiene en abrirlos con su sacacorchos de oro y plata. Su vino preferido es el “Casillero del Diablo” quién sabe porque razones. Es más, si desconfía de su buena estampa, puede ir a verlo a la Exclusiva, distinguida Comuna de las Condes, en el Barrio el Golf, en la calle San Gabriel 3265 (patio Grande, entrada empastada, estacionamiento de piedra, terraza ad-hoc para disfrutar de alguna amena conversación). Si vive en regiones o fuera del país y no puede corroborar lo amable que es el Chayo en persona, no dude un momento en llamarlo a su casa, sus teléfonos son: 4535863 o al 458 29 16 allí podrá comprobar que  es un tipo de lo más majo que pueda haber. (Anteponga el 2 si llama desde regiones y 56 si lo hace desde fuera del país) El celular no lo doy porque no me gusta meterme en la vida personal de nadie. (Además que es más cara la llamada)  

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Entonces, a todos esos que le han puesto precio o piden la cabeza de Belisario Velasco, realmente no comprendo tamaña ridiculez, semejante estupidez. ¿Quién en su sano juicio querría tener  una cabeza de esas características adornando o colgando de la pared del living o la sala de una casa?  Quiero agradecer infinitamente a todas las personas que me ayudaron en la elaboración de este humilde esbozo de Belisario Velasco. Especialmente a… del ministerio del Interior por la gran cantidad de datos suministrados sólo por una módica suma… La segunda parte si es que ve la luz, (Los datos son caros) será del Belisario más íntimo, más personal, más humano, no del hombre detrás de la máscara, ni de las cámaras.  

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Andrés Bianque

Octubre, del 2006.

Ilustración: Mohsen Nouri Najafi

http://www.irancartoon.com/

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Orhan PAMUK, Nobel de Literatura 2006

Orhan PAMUK, Nobel de Literatura 2006

 

Otorgan a turco Orhan Pamuk el Nobel de Literatura  

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El escritor turco, Orhan Pamuk, es el ganador del Premio Nobel de Literatura 2006, comunicó hoy la Academia Sueca de la Lengua.

Aunque su carrera como escritor se inició a finales de los años setenta, y su primera novela se publicó en 1982, su obra comenzó a tener repercusión internacional con la novela El astrólogo y el sultán y alcanzó su consagración con Me llamo Rojo, una novela que combina la narración de misterio, la historia de amor y la reflexión filosófica, ambientada en el Estambul del siglo XVI, bajo el reinado del sultán Murad III.

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Pamuk, de 54 años, recibirá el galardón como escritor que “en búsqueda del alma melancólica de su ciudad natal ha encontrado nuevos símbolos para reflejar el choque y la interconexión de las culturas”, según la explicación del veredicto. El escritor turco sonaba como uno de las más firmes candidatos al Nobel y, en esta ocasión, la Academia Sueca ha confirmado estos pronósticos. El Nobel de Literatura 2005 fue el dramaturgo británico Harold Pinter, mientras que en 2004 el galardón fue para la austriaca Elfriede Jelinek, lo que en esa ocasión sí fue un premio contra todo pronóstico.

El anuncio del premio de Literatura es el penúltimo de la “ronda de los Nobel”, que se cerrará mañana con el de la Paz, que se dará a conocer desde Oslo. Los galardones del año en Medicina, Física, Química y Economía fueron a parar exclusivamente a investigadores estadounidenses.

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Abrió la ronda el de Medicina, el lunes de la semana pasada, que fue compartido entre Andrew Z. Fire y Craig C. Mello, por sus trabajos en el campo de la genética. Siguió el de Física, al día siguiente, otorgado a los también estadounidenses Johan C. Mather y George F. Smoot, por sus investigaciones sobre el eco del “ big bang ” . El de Química, el miércoles, fue para su compatriota Roger D. Kornberg por sus estudios sobre la base molecular de la transcripción eucariótica. El de Economía, finalmente, este lunes, fue para Edmund S. Phelps, por sus análisis en política macroeconómica. El Nobel de Literatura está dotado con 10 millones de coronas suecas (1.1 millones de euros) y se entrega el 10 de diciembre, aniversario de la muerte de Alfred Nobel, fundador de los premios. 

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Perfil de Orhan Pamuk, Nobel de Literatura 2006 

El escritor turco, Orhan Pamuk, ganador del Premio Nobel de Literatura 2006, es uno de los principales nombres de la nueva literatura turca y su obra ha sido traducida a una treintena de idiomas. Nacido el 7 de junio de 1952 en Estambul, donde ha pasado toda su vida, excepto tres años que residió en Nueva York (EU) y cortas estancias en Alemania, estudió en la Universidad Técnica de Arquitectura y de Periodismo en la capital turca y, a partir de 1974, comenzó a publicar sus primeras novelas.

Se estrenó como escritor con Cevdet y sus hijos (1982) , que fue Premio Orhan Kemal de Novela en 1983, y a la que siguió La casa del silencio (1983) , que obtuvo el Premio Madarali (1984) y cuya traducción al francés recibió en 1991 el Premio del Descubrimiento Europeo.

Pamuk, situado por la crítica entre grandes autores del siglo XX como el argentino Jorge Luis Borges o el italiano Italo Calvino, se dio a conocer internacionalmente a principios de los años noventa gracias a dos obras: El libro negro (1990) y El astrólogo y el sultán, Oriente y Occidente en el imperio otomano (1991) , muy elogiadas por el escritor estadounidense John Updike.

En la primera de ellas, llevada al cine por su compatriota Omer Kavur como El rostro secreto (1991) , el propio novelista hizo el guión de la cinta. Sus libros impactan por el fuerte compromiso social del autor, que aborda con frecuencia los antagonismos entre el Este y el Oeste, la tradición y la modernidad.

Durante la entrega del Premio de la Paz de los Libreros Alemanes (2005) , se refirió a la adhesión turca a la UE y también criticó la actitud de algunos estados miembros por una reticencia que Pamuk, considera, va más allá de la deficiencia democrática de su país, desacreditando la cultura y el pueblo turcos.

Este intelectual, incómodo para Turquía por su voz independiente frente a la presión militar e islamista, fue acusado de traición por unas declaraciones de febrero de 2005 a la prensa suiza en las que responsabilizó directamente a Turquía de la masacre de un millón de armenios y 30 mil kurdos en 1915.

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El caso provocó tanto estupor internacional que escritores de gran peso firmaron una declaración de apoyo a Pamuk acusando al Gobierno turco de no respetar los derechos humanos. El juicio al escritor fue aplazado y en enero de 2006 el Ministerio de Justicia turco promovió el archivo definitivo de la causa.

Aparte de las novelas citadas, Pamuk ha publicado La vida nueva (1994) , Me llamo Rojo (2002) y Nieve (2004) .

Su última obra, un libro sobre Estambul, ha terminado siendo una autobiografía, con lo que ha cumplido su “destino incuestionable”: escribir sobre la ciudad donde vive desde que nació, añadiendo una buena dosis de memoria, pensamiento y filosofía para que diera como resultado Estambul. Ciudad y recuerdos.

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Como reconoció el pasado septiembre en un encuentro con periodistas españoles “lo que me ha determinado ha sido permanecer ligado a la misma casa, a la misma calle, al mismo paisaje, a la misma ciudad. Es lo que ha formado mi carácter”. Entre los reconocimientos que ha recibido, figuran los Premios al Mejor Libro Extranjero en Francia (2002) , Grinzane Cavour en Italia (2002) , Internacional IMPAC de Dublín (2003) , Médicis de Francia (2005) a la mejor novela extranjera por Nieve, Ricarda Huch de Alemania (2005) y el de la Paz de los Libreros Alemanes (2005) . 

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Una década de Nobel literario

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De los diez últimos ganadores, siete son europeos y ninguno de ellos es de habla hispana. Este año el honor llegó a Turquía
Este año el turco Orhan Pamuk recibió el premio Nobel de Literatura. Así el galardón recayó en un escritor que bien podría llamarse asiático, pero también europeo, pues una el territorio de Turquía está justo a medio camino entre estos dos continentes. En los últimos diez años, los europeos han predominado en este reconocimiento con siete ganadores, pero en esta década, también hemos tenido un Nobel en Asia, otro en África y uno más en América. Bueno, Vidiadhar Surajprasad Naipaul es de Trinidad (la mayor de las islas de Trinidad y Tobago), pero es de padres hindúes y formación británica así que América parece ser el continente con menor presencia literaria en el galardón durante la última década.

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Recuento literario

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2005 Harold Pinter (inglés)
2004 Elfriede Jelinek (austriaca)
2003 John Maxwell Coetzee (sudafricano)
2002 Imre Kertész (húngaro)
2001 Vidiadhar Surajprasad Naipaul (trinitario)
2000 Gao Xingjian (chino nacionalizado francés)
1999 Günter Grass (alemán)
1998 José Saramago (portugués)
1997 Darío Fo (italiano)
1996 Wislawa Szymborska (polaca)
 
 

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¿Qué pasa con los latinos?

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Durante el siglo XX sólo diez de los 100 escritores que fueron premiados por "haber producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección correcta" eran de habla hispana:

1904 José Echegaray y Eizaguirre (español)
1922 Jacinto Benavente (español)
1945 Gabriela Mistral (chilena)
1965 Juan Ramón Jiménez (español)
1967 Miguel Ángel Asturias (guatemalteco)
1971 Pablo Neruda (chileno)
1977 Vicente Aleixandre (español)
1982 Gabriel García Márquez (colombiano)
1989 Camilo José Cela (español)
1990 Octavio Paz (mexicano)
 
 

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Articulos:

http://estadis.eluniversal.com.mx/cultura/index.html

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Luciano DIAZ

Luciano DIAZ

Luciano P. Díaz, es poeta, prosista y editor. Sus poemarios incluyen Las Estaciones De Un Tren Fantástico/The Stops Of A Phantom Train (Ottawa: Girol Books, 1990) y The Thin Man And Me (Ottawa: Split Quotation, 1994). También ha editado Symbiosis: An Intercultural Anthology Of Poetry (Ottawa: Girol Books, 1992) y Symbiosis In Prose: An Anthology Of Short Fiction (Ottawa: Split Quotation, 1995). En el otoño de 1995 fue editor invitado de la revista ARC, una de las publicaciones mas importantes para la poesía en Canadá, en una edición completa dedicada a la poesía chileno-canadiense. Dirige junto con Jorge Etchverry la revista Alter Vox. En la actualidad prepara su próximo libro Nómadas a publicarse posiblemente este año en un formato bilingüe (Español - Inglés).

E-mail :lucdiaz@rogers.com 

Paginas web:

http://www.letras.s5.com/archivolucianodiaz.htm 

http://www.escritores.cl/suplementos/canada/luciano1.htm 

http://www.poesia-sexo-marihuana.com/diaz_entrevistas_fragmento.html 

http://www.eldorado-boreal.ca/Latinoamericanosencanada.htm   

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Mala leche


Lo crudo y lo podrido
mala leche
el comentario a mansalva y la puñalada ídem
mala leche
cuando leemos y una mosca nos jode la paciencia
mala leche
la envidia, la odiosidad nuestra de cada día
mala leche
el disfraz que hace evidente nuestra falsedad
mala leche
cuando algunos dicen el mundo es ancho y ajeno
y los que hacen poesía y la literatura son nada más que un puñado (todos tienen derecho, eso está claro)
mala leche
cuando impostamos la voz y pretendemos
mala leche

Male leche a diestra y siniestra
sátrapas (quizá deba decir déspotas) por todos lados
espacios hacinados y pestilentes
mala leche
maquinaciones sórdidas y mala onda
mala leche
cuando la palabra se transforma en un lugar común
mala leche
cuando ríen satisfechos de sus maldades
mala leche
cuando tiran la molotov y esconden la cara
mala leche.

Mala leche arriba y abajo
hinchapelotas por miles
lugares atestados de garras y monos-alfa
mala leche
cuando nos quieren implosionar
mala leche
cuando nos quieren hacer caer por cualquier medio y para cualquier fin
mala leche
cuando se fagocita el verbo y se vuelven mudos
mala leche

Mala leche al centro
mala leche en el corazón
mala leche en sus actos
mala leche sus alientos
mala leche en sus tumbas
Pareciera que estamos en medio de una tormenta de mierda.
 

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Mi entrañable Señor Don Quijote
Luciano Díaz
Eco Latino de Ottawa, abril de 2005

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Por el cielo
atraviesan raudas algunas aves,
me acuerdo de Tagore.
Nos juntamos en un Pub a conversar y beber
las lecturas siguen
la poesía y la literatura son nuestros paraguas...

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Una vez escuché decir que para hablar acerca de El Quijote había que ser un soñador y si esto fuera difícil, entonces habría que ser un académico. La verdad es que no pertenezco a ningún estamento académico, pero claro, como a muchos me gusta soñar. Se sabe que no hay mucho prestigio en esto, pero no por este detalle vamos a dejar de rendir un homenaje quizás al más grande y más ilustre escritor de la lengua castellana, Miguel de Cervantes y Saavedra. Sin duda poseedor de un conocimiento y una imaginación admirables, que vivió una vida bastante azarosa y según se dice, le gustaba soñar.

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Por mi parte como lector y poeta, trataré de seguir ligando los sueños con la poesía. Precisamente sobre esto, hace algunos años pensaba en la relación que suele darse dentro de la poesía, entre la dicotomía de los opuestos como son los sueños y la realidad. Ensimismado y creyendo que estaba solo en el Café donde se efectúan las sesiones de El Dorado dije, creo que en voz alta, "Luciano Díaz es un loco que se cree Luciano Díaz," un amigo a quien no había visto y que también se encontraba allí escuchó lo que dije, me corrigió y exclamó: "No!, Dios es un loco que se cree Luciano Díaz." Creo que entendí lo que trató de decirme, pero a decir verdad después de aquello al llegar a casa, tomé mi libro preferido y en sus páginas me di cuenta que cualquier cosa que yo me hubiera estado creyendo, ya hubo un maestro que ensayó una realidad paralela, o mejor dicho, su realidad paralela a la perfección.

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Ahora, parafraseando el título de un discurso (en inglés) pronunciado por el gran maestro Jorge Luis Borges en los años sesenta en la universidad de Austin, Texas y que él llamó Mi entrañable señor Cervantes, se deben mencionar los homenajes que se vienen haciendo desde hace un tiempo y que de seguro seguirán hasta fin de año a los cuatrocientos años de la publicación de la monumental obra de Miguel de Cervantes, El Ingeniosos Hidalgo Don Quijote de la Mancha. La verdad es que no resulta nada de fácil decir algo nuevo sobre el Quijote cuando existen bibliotecas enteras en varios idiomas, de trabajos realizados sobre este libro paradigmático de la lengua castellana y que fue publicado por vez primera en 1605. Sin embargo podemos empezar diciendo sin temor a equivocarnos (aunque esto ya se sabe) que dicho libro es indispensable en cualquier casa donde se hable el español y por que no decirlo, cualquiera otra lengua. Muchos creen que este después de la Biblia, es el libro más leído y más vendido en la historia de las lenguas escritas. No es aventurado asegurar tampoco que éste es también una Biblia para todo aquel que se precie de escritor o simplemente, de desocupado lector.

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No es un libro que se lea una sola vez y que luego se deje por ahí en alguna biblioteca juntando polvo. Para entender lo mejor posible a Don Quijote y en cierta manera a nosotros mismos, hay que leerlo por lo menos unas cuantas veces. José Donoso dijo alguna vez a modo de ilustración que este libro, por lo menos los escritores, deberían leerlo religiosamente una vez al año. La verdad sea dicha, mi opinión es que Don Quijote debe comenzar a leerse desde la juventud e ir releyéndose a medida que uno va haciéndose mas maduro, mas viejo. Del libro se puede decir que de alguna manera, a diferencia de muchísimos otros, contribuye a hacer del mundo un lugar mejor.

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Ahora, en cuanto al personaje, poco a poco nuestro Don Quijote se convertirá en un amigo que ya nunca nos dejará como así también su contraparte, el socarrón y amigable Sancho. Como dice Borges, hay muchísimos libros que junto con sus protagonistas se convertirán en nuestros favoritos, a quienes siempre les creemos lo que nos cuentan en sus páginas. Como no recordar a Gregorio Samsa por ejemplo, a Sherlock Holmes, a Tom Sawyer y Huckleberry Finn. Por cierto no podemos olvidar tampoco la familia Buendía ni a Pedro Páramo. No podemos dejar de acordarnos de Olivera ni Funes. Recientemente también han aparecido sobre los campos de la literatura personajes como Arturo Belano y Ulises Lima, a los cuales será difícil dejar de reconocer en el espejo cada mañana. Podemos, como en mi caso, sentir a todos estos personajes bien cercanos a nosotros, sin embargo a Don Quijote lo sentiremos como un amigo entrañable a quien es imposible dejar de lado. La razón, creo es entendida por todos los que han leído sus páginas.

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Resulta también sorprendente darnos cuenta y maravillarnos de la maestría y sabiduría de Cervantes en lograr que su novela y su personaje principal, se convirtieran en parte central de la literatura universal. Los diálogos entre don Quijote y Sancho, que son bastante lúdicos, nos van situando en un escenario en el cual a nosotros también nos gustaría tomar parte (hablo por mí mismo.) Participar de esas brillantes discusiones que van ensanchando el corazón del interlocutor de Don Quijote, de seguro sería un ejercicio magnífico. Sin embargo, dentro de nosotros también se opera una transformación que nos hace ir queriendo a Don Quijote a medida que su periplo por La Mancha avanza. A medida que uno lee, de pronto se pregunta por ejemplo, ¿a qué persona no le gustaría crear su propio mundo y vivirlo? Seguir los dictados del corazón y la imaginación, soñar despierto e ir detrás de esos sueños por supuesto es una aventura que todos alguna vez intentan.

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El mundo está lleno de soñadores. El hombre es un genio cuando está soñando, dijo alguna vez el desaparecido director de cine Akira Kurosawa y podríamos agregar que es una cobardía vivir la vida sin tener sueños. Don Quijote encarna en su personaje a la realidad y el sueño, que en él se hacen uno. Tratando de comprender por qué la sabiduría de Cervantes nos hace encariñarnos y querer a Don Quijote, nos damos cuenta cómo nos hubiera gustado a nosotros inventar un personaje como este que nos lleva por los caminos de la imaginación a la misma vez que por aquellos de España.

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Los humanos "normales" somos susceptibles a la imaginación, a soñar, a hacer planes para nuestras vidas. Muchas veces las metas que nos ponemos por delante son inalcanzables, pero Don Quijote, aunque no sea la intención de Cervantes (quizá sí), nos enseña a que por lo menos no hay que darse por vencidos. Don Quijote aparte de ser un hombre profundamente honesto, es poseedor de una fe inquebrantable. No hay nada que lo haga salirse o renunciar a su misión, ni siquiera el imperativo de la razón.

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Cervantes dice que el motivo de componer su Don Quijote es desprestigiar o desautorizar las novelas de caballería. Sabemos que este es sólo un artificio, pues él construye un personaje que es un espejo de las aspiraciones del hombre, uno que quiere mejorar un mundo que no funciona como debería. Algo que cuatro siglos después, aún podemos cerciorarnos que desgraciadamente sigue así. Ahí las guerras sobre el petróleo (disfrazadas con otras causas poco creíbles) en estos último años por ejemplo y las consecuencias que nuestro estado "normal" arrojan sobre nuestra realidad. Por otro lado, las novelas de caballería que se mencionan en Don Quijote y a las que se pretende desprestigiar, Amadís de Gaula por ejemplo, quizá nadie las conocería si no es por Don Quijote y la burla que Cervantes hace acerca de ellas, como afirmaba Borges.

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Habrá mucho más que hablar de Don Quijote en años venideros, pero creo que Cervantes produce el milagro, cuando leemos Don Quijote, de mirarnos a nosotros mismos e identificarnos con el Ingenioso Hidalgo de la Mancha y su concepción del mundo. Una vez terminado el último capítulo de la novela, será muy difícil dejar de lado la afición por este y otros libros. Hay que tener cuidado eso si en estos días que no nos ocurra lo mismo que al Caballero de la triste figura, hay que leer y creerles a los personajes de nuestras lecturas aunque no mucho, a menos que se parezcan a Don Quijote. Nos podemos involucrar en situaciones hoy día muy peligrosas.

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La tarea que tenemos por delante los que hablamos la lengua castellana, es hacer que de alguna manera nuestros hijos y los juventud en general, no dejen de leer esta novela tan importante y que nos ha deparado momentos felices dentro del entorno y espacio en que vivimos.

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Estoy seguro que tal como la Iliada y Hamlet, Don Quijote se prepara para seguir sus aventuras en los próximos mil años.

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Siga cabalgando en nuestras mentes por muchísimos años mas, mi entrañable Señor Don Quijote.
  

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Articulo: http://www.letras.s5.com/ld060504.htm 

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