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Revista Literaria AZUL@RTE

María MILAGROS ROIBÓN

María MILAGROS ROIBÓN

 

La Inspiración: ¿Musas o Cadenas de Pensamientos?

Por María Milagros Roibón 

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Los escritores, especialmente, los noveles, nos enfrentamos a menudo con el síndrome de la hoja en blanco. Estas épocas de sequía se reconocen a simple vista por frases como "no logro algo que valga la pena" o "no se me ocurre nada". La capacidad inventiva se encuentra por el piso. La inspiración se vincula a una especial apertura o predisposición del espíritu que surge en "determinados momentos" por obra del destino, la casualidad o la magia. Sin embargo, este artículo pretende demostrar lo erróneo de esta concepción y abordarla desde otros enfoques. 

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Considero que la inspiración se halla en el individuo, no viene impuesta desde afuera ni es modelada por fuerzas sobrenaturales. Si bien, este fundamento puede parecer una obviedad, no lo será a medida que nos adentremos en el estudio de la cuestión pertinente. 

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 ¿Qué elementos impulsan el proceso creativo? Por lo general, una imagen, una palabra o alguna situación actúan como "disparadores" de la invención, los cuales pueden proceder o no del mundo exterior.  

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Piénsese en la inspiración como una añeja botella de vino tinto. El líquido, o sea, el material o contenido -pensamientos, recuerdos, ideas- almacenado en el cerebro, permanece fuera del alcance del paladar, es decir, de la conciencia. No obstante, está descansado, pero, a la expectativa de ser degustado o descubierto por el sujeto. Los disparadores se comportan como el sacacorchos del recipiente. Una vez destapado, el alcohol fluye a borbotones. Un mecanismo similar, aunque mental, sucede con los autores: cataratas de palabras salen a la luz ante determinadas locuciones, sensaciones o imágenes.  

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¿Cómo se explica que la inspiración alumbre un parto que comienza con un término o frase para convertirse, inmediatamente, en un aluvión "desordenado" y "anárquico" de reflexiones, personajes, metáforas y hechos? Muchos autores responderían: "libre asociación". Sin embargo, me aventuró a sostener que la misma no existe o, al menos, no es tal como la imaginamos.  

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La única explicación posible se halla en que archivamos toda la información bajo estructuras o cadenas de pensamientos, las cuales se extraen del subconsciente. "Aparentemente", no poseen ningún nexo o sentido entre ellas, pero, si lo tienen en el inconsciente. Por eso, aparecen en forma copiosa y abrupta, sin ningún esfuerzo previo.  

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En síntesis, el estado de inspiración desnuda las redes o estructuras de relaciones de información y/o contenido, que subyacen en las capas más profundas de la psiquis, a través de "disparadores" (significados, conceptos, recuerdos, palabras, sentimientos, impresiones, etc.) que se relacionan o forman parte de dichas redes. Esto condiciona, la gestación de tal o cual cadena de pensamientos y no otra.  

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La escritura libre y el trabajo diario develan las diferentes cadenas e interrelaciones, únicas e irrepetibles en cada persona. De esta manera, no sólo se pule y perfecciona el estilo, sino que la redacción alcanza mayor nitidez y verosimilitud. La literatura consistiría, en última instancia, en un acto de auto-revelación a pesar del tiempo y de uno mismo.  

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María Milagros Roibón es una poeta y escritora argentina y  una de las creadoras del portal literario Poetas en la Red. 

Articulo : http://elnuevocojo.com/  

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EL SEIS, el Padrote de la Muerte

EL SEIS, el Padrote de la Muerte

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  El Seis nació en la Perra Tapatía. Se inicia a escribir desde su primera Cópula, contaba con 14 años de maldad, la amante fue una hermosa dama llamada: "LA PROSTITUTA COSMICA". Sus estudios los ha realizado en la Universidad, como en las piernas calientes de la ciudad. 

Ha fundado un gran número de trípticos, dípticos, plaquettes, y revistas literarias, de las cuales sólo se mencionan: Tonsol, Pensamiento y Tequila. También ha participado en las más diversas publicaciones, pero la que más le agrada es la revista V.L. 2,000, de la cual fue cofundador.

Ha participado en lecturas en diversos foros; incluyendo la Casa de la Cultura, así como en silenciosos panteones y gloriosos bares. Actualmente distribuye su tiempo en escribir poesía y prosa, y en iluminarse en los Templos de Dionisos, y en arduas peregrinaciones mentales de opium. La mayoría de su obra está recopilada en Ediciones Capaverde, y en cientos de cuartillas olvidadas en las ínfimas cantinas. 

Ha publicado su Obra Literaria a lo largo de algunos estados de este país esquizofrénico, hasta llegar también a otros tantos países del globo terráqueo. Aunque esta cuestión en particular, tiene al autor sin ninguna importancia. Ya que él manifiesta: YO SOY EL ARTE. Para finalizar diremos que el escritor tiene una inclinación psicopatológica por las infantes hermosas de 15 años de pasión. Le gusta que tiemblen y giman cuando escuchen su desgarrada voz.  

E-mail: poetaelseis@yahoo.com.mx         

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LA PSICOLOGA 

« No hay nada mejor en esta vida que una bella dama.» 

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  Cuando la conocí, ella me consideraba un loco; hasta un “ser enfermizo”, depravado. Siempre me miraba con sus reservas, y en ningún momento, profundizaba su vista sobre mis ojos de  muerto. Me huía frecuentemente, argumentando, cualquier razón o sin razón; decía: debo buscar los silencios escalofriantes del universo. Estoy buscando el principio intrínseco de la vida. El poder del universo me aplasta y aniquila, cual una hormiga ebria. Se me quedaba observando con  mucha precaución y hasta cierto miedo. Yo, para ella, era sólo un poeta demente, iracundo y discípulo consumado de Dionisios. Suenan las campanas sus lamentos/Mientras los fieles enlutados se encaminan cual robots, hacia su creador/Los reverendos del metal esperan sus ovejas mecánicas, para aceitar sus cerebros/Alabado sea el Hierro/Bendita la maquina/Aleluya al aceite automotriz /Levantemos la batería al Señor del concreto/.

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   Ella, era la perfección de mujer. De piernas largas y bien torneadas. Ojos como cavernas obscuras y silenciosas. Sus caderas eran el movimiento mismo. Tenía un lunar pequeño en la mejilla izquierda, que la hacía verse más encamable. Estudiaba creo... Psicología, en la Universidad del Estado. Era introvertida, y un poco “altanera”, bueno... eso decían sus condiscípulos. Los ecos de Freud, taladran las consciencias/Mientras los hombres como autómatas se dirigen al pabellón de la locura/Sueñan los seres en símbolos dispersos y complicados, mientras el subconsciente se carcajea/Los dolores antiguos aparecen entre las nubes del pensamiento, y encadenan a los “sujetos urbanos”, y estos, con algunos “venenos espirituales”, alejan de sí, la cascada del sufrimiento.

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   Nunca el “destino” nos unió, ni las probabilidades nos acercaron jamás. Fue un día lluvioso, cuando me dije: voy por esa mujer de pelo ensortijado. Llegué en cuasi estado de ebriedad, más una píldora de esas que nos hacen olvidar que existimos, me dirigí a ella, la belleza. Me gusta tu lunar obsceno, creo que le dije. No me contestó, sólo se me quedo mirando. No me palpitaba el corazón, porque, creo que no tengo; sólo se escuchaba el sonido de una maquina recién prendida. Yo no era la perfección estándar del hombre guapo; más bien mi atractivo era mi mirada de “locura, de demencia”. Eres muy especial, y bellísimo, exclamó en tono sereno la dama. Mis ojos eran antorchas en la madrugada/Mis manos ramas de algún árbol, donde corre la savia, como una maldición/Y mi rostro era el terror mismo/Afuera, allá donde se termina lo posible, una luz azul, me envolvía con su tristísima belleza/Era el hombre más perfecto...

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   Te amo, me dijo. Yo no contesté nada. Sólo nos encaminamos por las calles torcidas de la ciudad, buscando un lugar privado, donde tocarnos el cuerpo, donde fundirnos en uno, donde pertenecernos, donde ser la unidad, donde... copular todo el día. Queríamos alejar el sentimiento de “angustia universal”, “aniquilar la soledad”, “dejar de temblar ante las vicisitudes del vivir”.   ¿Crees qué el sexo nos espante los demonios?   No lo sé.   ¿Me quieres?   No lo sé.   La vida, y todo lo que ésta implica se carcajeaba.  

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«Yo soy el Arte/Yo soy el Proxeneta de la Parca»

EL SEIS 

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Ilustración: Denis CHIASSON

http://www.webstergalleries.com/chiasson.htm

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Colectivo Lingua Quiltra

Colectivo Lingua Quiltra

E-mail: linguaquiltra@yahoo.es o NIHIL82@hotmail.com

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Mortinato

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 …Las mismas hermanas carnívoras viven en un establo rodeadas de miedo a los volcanes y al cielo El brillo es un color Para ellas eso es un estrago Andan como si fuera su rebaño con pensamientos de viaje Provisoriamente la intencio-nalidad es carnalidad… 
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 Héctor Hernández Montecinos,  Este libro se llama como el que yo una vez escribí 
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I. Introducción / Cronología primera en cinco ojos

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Corro, Corres, Corre, Corremos, Corren

Galopa, Galopas, Galopa, Galopamos, Galopan
                   Me gesto y me formo a través de mi padre
                              Esperas llegar a comprar un espejo
                              Es frágil y común en todos los hogares 
                   Vemos como se repiten las malas costumbres condenatorias
                            Las que cubren los sentidos de Daniel/David.  
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II. Flora y Fauna, aparecen las hermanas tristes 
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La mujer estaba condenada a parir sola, exiliada totalmente de su genealogía, obligada por ellos a ser la primera de todos, a volverse origen.
Partió con paso lento camino al bosque a encontrarse con su hijo. Las indicaciones eran simples: abrir las piernas y devolver el fruto a quien fuese responsable.
De pronto, un viento cálido irrumpe antes de que se geste el acto, un viento del norte. Se manifiestan ante la mujer unas hermanas atraídas por esta corriente cálida, todas de piel morena y cara gastada, de aspecto triste. / Entregan consejos al vientre / besan ombligo de la madre / susurran una bendición:
-Daniel/David, se llamará Daniel/David. 
Y luego parten / Parten rápido que deben llegar a partir a otro lugar, recogiendo en su camino a todo quien no quiera estar, invitando a querer irse.
- Quien desee disfrutar su tristeza, su pena, que se acerque y camine junto a nosotras. Susurraban al partir.
Mientras las siluetas de las hermanas tristes se pierden en el bosque, los labios comienzan a gritar, deslizándose entre ellos un cráneo limpio - albo el pequeñito- exigiendo su primer alimento.
En el pesebre los animales se inquietan, los números no coinciden, dos machos pretendiendo dar carne al pequeño angelito, dos troncos peleando la tuición.
Los machos respiran vapor sobre la nuca del pequeño, se le ofrecen. Comienzan a  machacarse el uno al otro para llegar a ser escogidos. Pero el pequeño se asusta, sólo quiere carne. El macho más dañado se le ofrece, le entrega su cuerpo para ser devorado por el recién nacido.
- Él es tu progenitor, balbucea la mujer, mientras el niño devora el cuerpo ofrecido en sacrificio, arrancado mordisco tras mordisco la vida del padre.
Cuando sólo quedan los huesos, se abalanza el otro macho sobre el pequeño, retirándolo bruscamente de los restos. Lo toma, lo mira.
- Yo le daré forma a este crío, él se convertirá en mi espejo, mi piel se reflejará en su carne. Anda, alcánzalas que te están dejando atrás mujer.    
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III. Augurio de tormenta sin lluvia 
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(La piedra observa tranquila el derrumbe)
 -     Ya
 -    soy la testigo de la condena, vi/veo/veré caer al hombre frágil. Lo conocí naciendo/surgiendo en tierra de manos/hierro, sentí como su carita se fue poniendo pálida. Escuché las enseñanzas que castran a cualquiera – ¿arrastra o no la bolsita del pan, está o no en edad de merecer? - Siempre supe que no pertenecía a estos lugares. Y me aterré cuando supe que no era el único.
(La piedra se pierde en la tormenta)   
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IV. Nunca jamás amor y juventud en la tierra del trabajo 
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  1. Si me pinchas el dedo con una aguja yo no siento nada.
  2. Si me quemas la mano con fuego no me da ni cosquillas.
  3. Si me muerdes el brazo te quiebras los dientes.

 -         ¿Qué más pretendes PADRE?

 -         ¿Crees que no voy/vamos a llegar nunca?

 -         ¿Crees que lo merezco/merecemos?

 -         Si mis/nuestras manos, aunque sean de mentira pueden hacerlo, te lo aseguro/amos. 

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(Daniel/David le cubre las orejas al PADRE que tiene frente a sí, éste repite el acto. Ambos se miran fijamente, se mantienen rectos, de pie, nada los perturba. Comienzan a bailar un Vals. La música está triste porque no la escuchan. Daniel/David se quiebra) 

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V. Se quiebra 

Hermana sobre Daniel: 
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- Corre niño Corre que no te entienden Arráncate que tu no eres de por acá Aprovecha que no se acuerdan para olvidarte Aprovecha que el mundo ya no es nuestro para escapar Tu eres florecita triste Amamantaste 
sangre y masticaste carne Alcánzame niño Que no soporto verte con pena 
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Hermana sobre David: 
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- Por qué manchaste tus manos pequeño Por qué las terminaste amarrando El alambre de púa no es para eso Así no vas a cantar más bonito Si te quiebras la mano izquierda la derecha no se hará más fuerte Deja de escupirte humo en los ojos No ves que te están llorando
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VI. En la casa de los locos 
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Acá existen hombres que atraviesan paredes por las noches, ellos se dedican a reír/llorar para asustarme/nos. En este lugar, los naranjos entregan diversas frutas, menos naranjas. El tabaco vuelve a ser piedra de trueque que genera y atrae amistades. Y todos saben, pero nadie lo dice, que afuera hay hombres que disfrutan de la carne humana y mujeres que roen las sobras.
Me encuentro solo, estoy siendo observado por la sangre que alguna vez derramé. Por su parte, la carne dejó de existir, ya no me quiere, me ha abandonado. Se dio cuenta de que para ser carne debería haberme dado charqui en vez de sólo sangre, esa que engullí en mi primera bocanada.  
Los locos también me miran. Hay uno que se hace llamar perdido, vive susurrándome palabras al oído, palabras que yo conozco/conocemos, recuerdos del origen.
¿Mundo perdido por qué me castigas?, ¿Por qué me remites a ese término nuevamente?
Perdido lo grita por las confusiones con el fin de atormentarme, todas las noches vuelve a gritarme esa maldita palabra y no hay quien lo calle:
- ¡QUISPE! – ¡QUISPE! – ¡QUISPE! – ¡QUISPE! – ¡QUISPE! … 
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VII. De la mano frente a la pregunta del destino 
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Daniel/David nació débil. Ni de acá ni de allá. No aceptó/aron ni comprendió/eron nunca la herotización del golpe. Nunca le/los atrajo masturbarse a patadas e insultos a través de sus símiles. Nunca quiso/quisieron violentarlas, jamás se sintió más.
Daniel/David nació frágil, impactando de frente ante la torpeza/rudeza de los hombres. Se perdió esperando frente al cielo, mirando esas tumbas invertidas que lloraban su partida. 
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Candela GODOY

Candela GODOY

 

Candela Godoy candelagodoy@gmail.com  

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Llamado a solidarizar con Mapuches prisioneros

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Dos presos políticos mapuches fueron trasladados de recintos. Uno de ellos se encuentra en Huelga de hambre.

Liberación: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=40042 

- El día martes 17 de octubre fue trasladado a Santiago, a la Cárcel de Alta Seguridad, el comunero mapuche Waikilaf Cadin Calfunao, hijo de la lonko de la Comunidad Juan Paillalef, Juana Calfunao. Cadin se encontraba en el Penal de Temuco desde el 16 de agosto de este año, imputado por los delitos de secuestro, hurto y Maltrato de Obra a Carabineros. Cadin fue detenido en el marco de las protestas que realizaba su comunidad en contra la expropiación de sus tierras y contra la tala de árboles que realizaba la empresa eléctrica FRONTEL en sus territorios.

En la misma semana la organización internacional Amnistía Internacional realizó un llamado urgente señalando su preocupación por la salud y por la vida del prisionero político. Cadin Calfunao había sido quemado, semanas atrás, con agua hirviendo por otros internos del penal y además se encontraba en Huelga de Hambre desde el 8 de octubre reciente.

Mientras su comunidad se reunía en la intendencia de Temuco con las autoridades regionales para dialogar sobre el conflicto que tienen con el Ministerio de Obras Públicas por un camino que atraviesa por sus territorios y que ha sido expropiado por el Estado, a sus espaldas, "estaban sacando a Waikilaf Cadin Calfunao, a viva fuerza, del  penal de Temuco golpeándolo con brutalidad encontrándose él en huelga de hambre".


Pero no solamente ocurrió esto. También fue traslado desde el Hospital de Temuco hasta el Penal de Victoria el prisionero político mapuche Patricio Marileo Saravia. El mismo día el Seremi de Justicia, Cristian Dulansky, se comprometía, frente a su familia y el lonko José Cariqueo, de trasladarlo al Centro de Estudio y Trabajo (CET) de Angol en el mes de diciembre. Sin embargo, como nos dice a Liberación la vocera de Cadin, Elizabeth Antilef, nuevamente "no respetaron su palabra y no respetaron a las autoridades mapuches".

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- ¿Cómo fue el traslado del prisionero Waikilaf Cadin? 

- Las condiciones de su traslado fueron inhumanas porque lo tiraron engrillado de manos y pies, amarrado, boca abajo sobre el piso del carro. Él vomitó por el movimiento del vehículo corriendo riesgo de ahogarse con su propio vomito. Dice que aceleraban el carro y que paraban bruscamente y que lo azotaban dentro del carro celular. Súmale a eso, la presión psicológica que ejercían. Hablaban fuerte y decían: "hasta aquí llego este huevon". 


- ¿Usted lo ha podido ver, actualmente?

- Yo pude verlo el miércoles a expreso pedido de su madre y del lonko José Cariqueo y lo visite en el CAS. Lo encontré sentado en una silla, que me causo ternura. Me di inmediatamente cuenta de su mal estado psicológico en que estaba. Lo encontré arrollado en la silla, en posición fetal, algo desorientado. Estaba muy demacrado. Me mostró su cuerpo, las huellas de los golpes. Sus pies estaban reventados por los grilletes que le dañaron los tobillos. Gendarmería, cuando llegó a Santiago no hizo constatación de lesiones como correspondía hacerlo. Si fuera otro miembro de la sociedad chilena, esto no estaría pasando. Anteriormente, lo  habían quemado con agua caliente en una riña que se armó entre los presos comunes. A Waiquilaf prácticamente lo tiraron a los leones y gendarmería no hizo nada para proteger la integridad física de él pese a que tiene la obligación de segregarlo por su condición de ser prisionero político. 

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- El diario El Gong señaló que Waiquilaf golpeo a dos Gendarmes…

- Eso es falso. Tú, al ver a este muchacho no puedes bajo ningún punto de vista, considerando sus condiciones físicas y de salud, pensar que él agredió a dos gendarmes, a dos hombres supuestamente preparados. Esa es una mentira del porte de un buque. Yo le pregunte al respecto a Waiquilaf sobre esta acusación y él se sorprendió porque no tenia idea, él no sabia nada de estas acusaciones. Se uso ese argumento para trasladarlo. Él, se entero por mí de esa acusación.


Quiero decir que aquí los medios de comunicación solamente hablan de la violencia de los mapuche, que se habla de la supuesta violencia de la lonko Juana Calfunao, de la violencia de su hijo pero tapan el verdadero motivo de todas estas cosas, de todas estas protestas, que es el tema de las comunidades y principalmente el atropello que hacen las transnacionales en las tierras ancestrales de los mapuche y cuando los mapuche defendimos lo nuestro nos tachan de terroristas. La prensa nada dice de todas las injusticias que hemos vivido el Pueblo Mapuche.

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- El gobierno tenía un compromiso de buscar una solución legal a la situación de los presos políticos mapuche…

- Han roto con ese compromiso. La Ley Navarro no se aprobó en el Senado principalmente por la falta de compromiso del gobierno y de la Concertación. Yo no sé como mapuche en quién ya puedo confiar. Ellos firmaron un documento, una carta en donde todos los senadores de Concertación se comprometían y que nunca cumplieron. Especialmente, Soledad Alvear, que quiere ser Presidenta de la República por favor, no cumplió su palabra. El gobierno se mostró débil frente a los chantajes de la DC y la derecha y no alineó a sus parlamentarios para que ese Proyecto de Ley fuera aprobado como era el compromiso que ellos tenían con nosotros. Si ellos no respetan su palabra en qué situación quedamos entonces los mapuches. El voto de confianza que le dimos los mapuches ha fracasado. Después que no digan que los mapuches no quieren dialogar, que no digan que los mapuche no quieren conversar, que no digan después que los mapuche somos cerrados. Esas traiciones, nos hacen perder la confianza. Por otro lado, la modificación a la Ley Antiterrorista duerme en el Senado. Definitivamente no hay voluntad política con las demandas de nuestro pueblo.

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- ¿Sientes que se esta acumulando mucha rabia en el Pueblo Mapuche?

- Absolutamente. Te esta hablando una mujer mapuche. Te estoy hablando yo desde la individualidad de mapuche discriminada y que hasta el día de hoy tengo rabia en mi piel por todos estos hechos. Me rebelo a tantas injusticias. Yo creo que mi sentimiento es el de muchos mapuches que sentimos una tremenda impotencia frente al estado opresor y represor. Hago un llamado urgente, desde mi alma, a los mapuches y no mapuches, a denunciar esta situación. Aquí en Chile hay un cerco comunicación al casi imposible de romper y que es avalado por la administración y los dueños de todo. Para ellos todo para nosotros nada. Hago un llamado a la sociedad conciente que tiene sueños. Nosotros también tenemos sueños, nosotros soñamos en vivir tranquilos en las comunidades. Soñamos en ser respetados y no discriminados. Ayúdennos a construir nuestros sueños.   

Amnistía Internacional – Chile - Equipo de Comunicaciones

www.amnistia.cl

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«Defendemos los Derechos Humanos en todo el mundo

si no desea recibir nuestros envíos, por favor devuélvanos el mensaje recibido.»

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Oscar PORTELA

Oscar PORTELA

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Oscar Portela, nacido en la provincia de Corrientes (República Argentina) el 5/13/50, es considerado hoy por las más importantes voces de la literatura de su país, como una de las más potentes voces de la poesía y el pensamiento latinoamericano. Administrador Cultural, ha ocupado importantes funciones en su provincia y ha integrado por dos periodos consecutivos la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritores de la Argentina, presidente de la misma entidad en su Provincia, Director de revistas como Tiempo y Signos, entre otras, es y a sido Asesor de Cultura de la Honorable Legislatura de la Provincia de Corrientes. Doce títulos de su obra poética editadas (Senderos en el Bosque, Los Nuevos Asilos, Memorial de Corrientes, La Memoria de Láquesis, etc), y obras ensayísticas en las que se ocupa preferentemente del pensamiento filosófico contemporáneo, (Nietzsche sonámbulo del día), le han valido la consideración de importantes pensadores de su país. Ha publicado en España, México, Venezuela, Paraguay, y casi todos los medios de prensa de la Argentina y dictado conferencias en España, Paraguay y provincias Argentinas. Asimismo es especialista en critica e historia del cine y es autor de letras de obras musicales en su mayoría inéditas.

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E-mail : portelao@hotmail.com 

Página personal : http://www.universoportela.com.ar/ 

Otra : http://www.arrakis.es/~joldan/oportela.htm   

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EL GENIO DE MILOSZ Y LA PLEGARIA DE LA POESÍA

por Oscar Portela


Distinguir con meridiana claridad la diferencia que separa lo que Heidegger denominaba "stimung" - suspensión de sentido que afecta lo ontológico, (del mero «estado de ánimo» psicológico), por lo que el filósofo alemán denominaba «temple de ánimo» ,«temple» como la temperatura a través de la cual los metales alcanzan sus estados ideales, resulta, entre muchísimos nudos gordiano, absolutamente necesario para enfrentarse a la obra poética, y contradictoria o paradojalmente, a la del vidente lituano Oscar Wladislas, conde de Lubicz Milosz.


Quién fue o qué fue en esencia Milosz, es pregunta que puede aún alzarnos y alcanzarnos como un rayo, cuando de clasificar o buscar genealogías de obras se trata. El mismísimo Adolfo de Obieta comete el error de enumerar una larga lista de espíritus afines por el hecho de compartir, aspectos parciales de cualidades como el esoterismo, la nigromancia, la videncia, el hermetismo, citando desde Pitágoras a Wroski, Novalis, Hölderlin (poetas), hasta Bach, Wagner (entre los músicos), Swedemborg, (entre los visionarios) (así clasifica Obieta la traducción de Lisandro Z. D. Galtier), como Blake, entre los pintores (aunque Blake haya sido mucho más que un pintor), Cyrano entre los utopistas ¡vaya exageración!, hasta Hesse entre los novelistas.
 
Estas genealogías son amalgamas, que antes de singularizar y poner entre comillas la obra de un creador y la creación en estado de skepsis (preguntar es la plegaria del pensamiento), escribe Heidegger en "Preguntas Fundamentales", confunden y, bajo la necesidad de presentar presuntas afinidades, amontonan y enturbian.


Comencemos pues admitiendo que Milosz fue un poeta de cabo a rabo en sus primeros poemas, en sus poemas cortos, y que la lúgubre letanía cercana a la de Poe, distinguió desde el principio, el duelo inacabable que se prolongó trágicamente en su búsqueda plotiniana del Uno Derrida que pudiera devolver al niño expósito, desposeído de las imágenes madres y del útero de los arquetipos, la condición deyecta - caída - del mortal, por no decir abyecta.


¿Basta decir que Milosz trató a Fulcanelli para creer que todas las contestaciones están al alcance de la mano? La genealogía de Milosz es tan antigua como moderna: me atrevería a decir que Milosz sería típicamente un poeta moderno si su lenguaje, si su ropaje estético, no lo arroparan de un peculiar expresionismo, que nos lo muestra embarcado en la búsqueda del Uno "ver y describir lo que ve". El poeta pánico, el poeta dionisiaco, convive con los Dioses, juega con éstos y es víctima de la crueldad de toda trasgresión que no permita "ver" aquello que no puede ni debe ser "objeto" del deseo mortal, como le sucede al Acteón de "El baño de Diana" de Klossowsky.


Pero el todo heracliteano está lleno de Dioses y el Uno para reencontrarnos con los inmóviles arquetipos parmenídeos a los cuales el hombre ha abandonado y por lo cual paga con la cárcel del tiempo, en la traducción de Diels de la frase de Anaximandro.


En verdad es el alma un extraño en la tierra y el hombre un "nonato" aún interpreta Heidegger a Trakl, y esta feroz nostalgia, igual que la de Rimbaud cuando afirma que aún no estamos aquí, que no es ésta la verdadera vida, claro en éstos poetas sin apelar a la trascendencia de un mundo inteligible, son fenómenos expresamente modernos.
 
De todos los creadores en los cuales la melancolía de un paraíso perdido hace carne, sólo Nietzsche mira hacia el futuro. Las naves han partido y no existe ni el arriba ni el abajo, ni puertos donde guarecerse de las tormentas, menos aun la sombra de los arquetipos de soles muertos, mientras los simulacros nos muestran que lo que Blanchot denomina fragmentación, dispara sobre el poeta moderno su salva de letales perdigones.


"Bienvenida seas, soledad, madre mía", escribe Milosz después de haber llevado a Miguel de Mañara (Don Juan Tenorio) al purgatorio del arrepentimiento y a confesar que existe un solo amor que es el amor de "aquel que no puede ni debe ser nombrado". Debemos reconocer que Milosz, si bien no las busca, aunque elementos de índole estética le sobran, encuentra en su camino de despojamiento estético algunas de las imágenes más bellas de la poesía contemporánea.


Su sentido de amor a la naturaleza (Y, en la noche fragante, la jauría de la melancolía ladra en sueños), resulta siempre vencido por el pavor: sin embargo el zumbido de la reina de estío, - la abeja - revolotea de vez en cuando por sus páginas.


La madre Lituania, la madre carnal, - pero solo simbólicamente, porque se trata de la madre que pare sin engendramiento - lo han expulsado de aquellos "¡Antiguos días, antiquísimos días, tan bellos, tan puros!". Pero el pavor, afirmábamos, el pánico, solamente comparable al de Poe, pueden con el poeta que necesita lo que algunos denominan el "camino ascensional" que lo llevará al encuentro de aquello que Platón no encontró: "el huevo solar". El centro luminoso del Universo en el cual se mece increado aún, la archiescritura de los arquetipos: el niño de los niños antes de su fecundación.


Milosz dice en su obra cumbre e inclasificable "El cántico del conocimiento": "
Yo he visitado los dos mundos. El amor condujome hasta lo más profundo del ser".


Lo que hasta el momento se ha llamado poesía, constituye para Milosz un llamado al desierto de los símbolos que son meros simulacros. La tierra es la tierra baldía, en la cual la antigua raza que añora, suprimía las dicotomías de noche y día, de movimiento y dinamismo - el devenir -, y lo que denomina el "lugar" - el "Das-Sein" diríamos hoy -, en una repulsa de lo temporal, en un tiempo anterior al tiempo, y en esa raza anterior a toda raza, que no sean la de los demueles servidores de Dios, donde se establece el "páramo" y la dinámica de la "separación".


Y también escribe: "Yo escribo lo que veo". Y también escribe: "
Yo he visto. Y quien ha visto cesa de pensar y de sentir. Solo sabe describir aquello que ha visto": ¿Y que ha visto el poeta vidente?:



Porque hay un país donde el ser esta solo/ frente a si mismo.
Allí él se ama, y se desposa
y se crea.
Allí se glorifica.
Y el sitio es denominado por tus semejantes:
Lugar
de la Conjunción,
de la Feminidad Eterna y de la
Vida.



Solo desde ese sitio universal es posible ver sin conturbarse y leer la grafía de la verdadera escritura (la archiescritura derridiana), en la que podemos volver a ponernos en contacto con el absoluto, todo ello antes de la "caída, la Línea Recta, la primera". Empero, si el absoluto es sólo el margen móvil de la temporalidad, ¿qué función cumple ya aquí el lenguaje que sólo constata, que ya no puede ni debe salmodiar lo incognoscible?

El hermetismo puede desconstruirse. La mística termina en el silencio de la noche oscura del alma. La locura abre puertas impensadas al lenguaje como queda explícito en la obra de Hölderlin. Milosz termina en el Ofertorio, en la Misa Sagrada, desde cuyo púlpito sólo se puede volver a dictar un nuevo canon moral: el dictare (la orden) de una palabra que abre el camino hacia una visión maniquea del mundo. La feroz lucha entre la luz y las sombras, la cual siempre puede escribirse - no lo hizo David - un nuevo manual de moral sobre lo cual caminan sólo los genios, porque de este modo, la humildísima poesía, puede perder su calor humano y terrestre, que es lo único que la justifica ante los ojos impíos de los hombres.


La obra de Milosz permanecería después de un siglo desconocida, tal como él lo hubiese dehesado, si Lizandro. Z. D. Galtier, el gran poeta argentino de Lumiere du pampa, fundador del Círculo Hermético "Les amis de Milosz" que llevaba en sus manos el anillo del legítimo rey de Lituania, junto a Jaluc y otros, no hubiera hecho culto de la belleza a la que supo dedicar su vida el humilde y luminoso poeta europeo.


En sus últimos años Galtier se empeño en llevar a las tablas algo que tal vez tenga que ver con esa tradición que va de Calderón a Hoffmansthal, y que parece tan lejana a nosotros ahora, pero no pudo sino desear algo que tal vez hubiera resultado anacrónico, cuando Godot, ya no esperaba nada de la palabra soplada ni del absoluto.
     

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Oscar Wladislas de Lubicz Milosz

El viejo día

El viejo día sin meta quiere que vivamos
Y que lloremos y nos empapemos con su lluvia y su viento.
¿Por qué no quiere dormir siempre en el albergue de las noches
El día que amenaza las horas con su palo de mendigo?

Tibia es la luz en los dormitorios del hospital de la vida;
Queridos pensamientos forman el paciente blancor de los muros.
Y la piedad que ve que la dicha se aburre
Hace nevar el cielo vacío sobre los pobres pájaros heridos.

No despiertes la lámpara, el crepúsculo es nuestro amigo,
Nunca viene sin traernos un poco de buen viejo tiempo.
Si lo echases de nuestra habitación, la lluvia y el viento
Se burlarían de su triste manto gris.

Por cierto, ah, si existe dulzura aquí abajo
Sólo puede estar en los viejos cementerios graves y buenos
Donde ya no dice sí la debilidad, donde el orgullo ya no dice no,
Donde la esperanza no atormenta más a los hombres cansados.

Por cierto, ah, allá, bajo las cruces, cerca del mar indiferente
Que sólo piensa en el tiempo pasado, los que buscan
Hallarán por fin sus almas de sonrisas ansiosas por la espera
Y los seguros consuelos de las noches mejores.

Echa al fuego este alcohol, cierra bien la puerta,
Hay en mí pecho seres abandonados que tiritan de frío.
Se diría realmente que toda la música está muerta
Y las horas son tan largas.

No, no quiero verte más como mi amiga:
Sólo debes ser algo, créeme, sumamente grato,
Humo en el techo de una choza, en el ocaso:
Tienes el rostro de la buena jornada de tu vida.

Posa tu dulce cabeza otoñal en mis rodillas, cuéntame
Que hay un gran navío, muy solo, muy solo, mar adentro;
No olvides decirme que sus luces tienen frío
Y que sus ropajes de tela le dan risa al invierno.

Háblame de los amigos muertos desde hace largo tiempo.
Duermen en tumbas que no veremos nunca jamás,
Allá muy lejos, en un país color de silencio y de tiempo.
Si volviesen, ¡cómo sabríamos amarlos!

En la taverna junto al río hay viejos huérfanos
Que cantan porque el silencio de sus almas les da miedo.
De pie en el umbral de oro de la casa de las horas
La sombra hace el signo de la cruz sobre el vino y el pan.
 

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Andrés Fabián VALDÉS

Andrés Fabián VALDÉS

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Bocetos… La Amada

Por Andrés Fabián Valdés 

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Estaba al salir por el patio de mi casa, cuando ella pasó montada en su bicicleta y despejada con la presencia de siempre; se le notaba joven, elegante, saludable y satisfecha. Llevaba un andar con movimientos serenos y fluidos. Airosa desfiló ante la esperanza de mi adoración, y jamás se percató de mi arrestada figura, de mi forma presa por sus atractivos; no desconcentró su vecinal paseo, ni por más que yo manifestase estridencia girando los goznes del viejo portón que resguardaba de la calle. Pasó ensimismada por delante de mis ojos suplicantes, que añoraban reflejar su sonrisa y su mirada. Tanto fue de ráfaga altanera, que inmediatamente de su fugaz actuación, el anhelo quedó abandonado en las ruinas de un monasterio construido en mi corazón; pero sin duda, a pesar de su desinterés por ser contemplada y admirada, era capaz de poner en funcionamiento la más agradable actuación donde ella era la principal protagonista de mis comedias y de mis dramas, ambos, escenarios cotidianos.

 

No quise prenderme del ingrávido suceso, y traté de no poseer una actitud pesimista ante los primeros pasos del día. Proseguí con  mi normal entusiasmo, que aunque modesto, me ayudaba a valorar el momento en el que me hallaba. Continué con lo predispuesto para la mañana, que en principio, era simplemente tomar un grato descanso en algún banco sombrío de la plaza. Preferentemente buscaba sentarme en una de las esquinas, para obtener una completa visión de la arboleda del lugar. Aunque… en realidad, no es mi deseo mentirles; la verdad no es otra que, siempre busco descansar en el primer banco libre al que accedo, generalmente ubicado en alguna esquina.

 

Un par de veces al mes comenzaba a sentir que les debía las horas de un paseo a los caminos del lugar donde fui niño, y donde luego, sin pretenderlo y sin notarlo, me hice extranjero. Dos veces al mes, mi filosofía deseaba formar parte de los códigos de un micro mundo concebido por inexpertos vecinos. Se me antojaban los sonidos y las brisas campestres de las calles donde crecí, donde en la juventud descubrí  el desencanto de ser alguien y donde con celo y resentimiento mordí los labios de una revolución nombrada adolescencia; dos veces cada unos treinta días aproximadamente, empezaba a sentir un inexplicable hambre por los cruces de sendas donde extravié la fe y donde me padecí puesto en prueba de inteligencia; un par de veces cada treinta noches, sentía una implacable sed por el aire fresco que asedaba en los extramuros de la ciudad y en cuyas esquinas donde avizoré el derrumbe de la mitad de mi orgullo y donde me sufrí fútil e impotente de conquistar el fin de mis nostalgias; existían dos días en el mes, en que se me antojaba pisar las piedras y el concreto de las calles donde aprendí la virtud de comprender, de perdonar y de ser paciente, y donde fui iluminado por el sol del amor, una y otra vez, entre apagones, eclipses y encierros ciegamente voluntariosos.

 

Ya faltaban escasas bocacalles para llegar a mi destino. Caminaba bordeando el cordón de una vereda, tanteándolo como a un barandal. Escuché gritos y risas, y advertí que a corta distancia un grupo de niños jugaban juntos; formaban un escandaloso rebaño de fieles arduamente traviesos. Entonces otra vez la encontré; allí estaba ella, siendo un pequeñuelo más que se entretenía fantásticamente, alardeando su chispa y entonando un cántico infantil. No sé si parecía una dulce mujer realizada niña o una precoz niña hecha una jovencita, pero se divertía con devoción y se esmeraba por recrear a sus pueriles colegas. Su voz, sus palabras y sus risas, eran gentiles que vagaban armoniosamente por un diminuto universo de espontaneidad, y su mirada de ensueño, era un ángel que alumbraba un sendero de felicidad infinita.

 

Pasé de largo frente a su dispersión y otra vez no se enteró de la franqueza de mi esperanza. De todas maneras, mi ánimo proseguía inflexible, aun teniendo la comparecencia de algún leve eco del recelo y de la soberbia.

 

Al llegar a la plaza donde descansaría bajo la sombra de la alameda, oí a un grupo de adolescentes, que acariciados por un aire con fresco aroma a hierba, tañían sus guitarras y alzaban sus voces. El tiempo matutino transcurría con agrado; la luz mañanera era sutil al igual que los transeúntes que se comportaban imperceptibles. Elevé la cabeza e imaginé un cielo de un color intransferible por donde atravesaban aves de diferentes especies. Entre la variedad de pájaros que desconocía, atendí el pasar melodioso de gorriones y jilgueros. Yo perseguía los distintos aleteos que oía y que me dejaban invadido por las ansias de tan salvaje libertad; una libertad que le devolvería la majestuosidad de la vida a cualquiera que esté degradado por la obligaciones de la más ingrata de las sociedades. Estaba por descender mi cabeza y sumergir la atención en la dulce fragancia a flores que la brisa hacía temblequear sobre la tierra, y entonces entre aleteos y graznidos, apareció ella, una vez más, la Amada, cantando a través de mis oídos como en un cuento fabuloso y flotando en el aire semejante a un rico perfume de primavera. Un brillo y una nitidez incomprensibles se cernieron ante el estupor de mis párpados. Se estremeció mi sed por la vida. Escuché mi nombre; aquel que desconozco. Quise mirar, ¿pero dónde?, ¿de qué manera? Mi corazón palpitó a un ritmo empeñoso. Yo caía dentro de algo. Respiraba profundamente. Me sentí extraño. ¡Ese algo se elevaba! Fui ajeno a este mundo. Estuve a gusto. Creí alejarme… Mis sentidos se desbordaron de una armonía con la que no alcancé fluir y ser uno en la chispa de segundo que es la eternidad. La experiencia me dejó más anhelante que nunca y tan alegre como fastuosamente serio. No sé si ella percibió mi cuerpo desgastado, mañoso, impostor y solitario, no sé si tomó conciencia de que la necesito, sin embargo, al cerrar mis ojos aún más, logré sentirme hondamente enamorado de ella… mi Amada.

 Aquel día, como tantos que le siguieron, no quise detenerme mucho tiempo en aquella plaza tan preferida, no deseaba estar inmóvil, por el contrario quería proseguir caminando e imaginando las cosas que apenas había visto cuando niño. Así que me alejé de allí escuchando el movimiento de la vida en mi alrededor y reconociendo el camino con el tanteo de mi bastón.

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 Ilustración: Denis CHIASSON

http://www.webstergalleries.com/chiasson.htm

                                                       

KARMASENSUAL 2

KARMASENSUAL 2

 

Karmasensual2 karmasensual2@friulinelweb.it

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Les hago conocer a los autores y relatos seleccionados para integrar el libro que editará gratuitamente "El Taller del Poeta" para fin de noviembre 2006. El libro este año se titulará: “Karma sensual2: Historias de pueblo” y se compondrá de los 16 (dieciséis) mejores relatos seleccionados por el jurado estable de “Karma sensual”, junto a datos de los autores.  Los textos ganadores, por orden de arribo al concurso, son: (avísenme por favor si cometí algún error al transcribir datos) 

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“El máximo error“- Cristina Validakis- Argentina.

“Ahora que remuevo el café”- Pedro Felix Novoa Castillo- Perú.

“El café no sabe igual“- Néstor Hernán Pedraza Hurtado- Colombia.

“Jamás te quites la venda“- Marcelo Brignole- Argentina.

“Amor a lo grande“- Susana Camilletti- Argentina.

“El papiro del deseo”- Carlos Gustavo Bellorín García-Miguel- Venezuela.

“Cristine“- Armando Aravena Arellano- Chile.

“Historias de mi pueblo“- Verónica Roxana Duffau- Argentina.

“Tiempo de juegos“- Carlos Pineda González- España

“Se movía, demonios, se movía“- Juan Ángel Laguna Edroso- España-Francia.

“El servicio“- Ana Inés Urrutia- México.

“101 días sin nieve“- Miguel Rodrigo Gonzalo- España.

“Con un antiguo gusto a limón“- Graciela Diana Pucci- Argentina.

“Bajo sus dedos“- Graciela Diana Pucci- Argentina.

“La cuadra“- Juan Carlos Perez Lopez- España

“Dame mi amor, la eternidad“- Paula Salmoiraghi- Argentina. 

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Felicitaciones a los ganadores y agradecemos a todos los participantes que confiaron en nosotros.

El Subtema del próximo año será: “Amor y humor”.Gracias de corazón.

Marta Roldán 

E-mail: fama@enterinformatica.com.ar
           fama@friulinelweb.it
Site: www.enterinformatica.com.ar/crearparaleer
        www.friulinelweb.it/unmododidire
Colaboradora externa de la Asociación Cultural Italiana "La Nueva Musa"
Colaboradora en la revista "La fuente de las 7 vírgenes".
grupo Crearpoesia: crearpoesia-subscribe@gruposyahoo.com.ar
Noticias literarias:
http://www.grupobuho.com/modules.php?name=Content&pa=showpage&pid=1     

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Ganador: Cristina Validakis - Argentina 

Reconocimiento para una escritora de Río Tercero 

Dos obras de la escritora riotercerense Cristina Validakis fueron recientemente seleccionadas para participar en la antología que editará el Centro de Promoción de las Artes y las Ciencias de Buenos Aires. Junto a trabajos de autores de todo el país se publicarán el cuento "El máximo error" y la poesía "Cada segundo", que se reproduce en esta página, pertenencientes a la escritora de Río Tercero. Ambos trabajos fueron seleccionados a través del concurso Latinoamericano "Contraluz". Además, la autora local junto a las también escritoras riotercerenses Armida Tagliasachi y María Cristina Mugas, fueron reconocidas por la Legislatura de Córdoba por su participación en las diferentes antologías que editará Nuevo Ser Editorial, de la ciudad de Buenos Aires.  

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Cada segundo 

De pronto, la imagen de mi lápida me diceque el tiempo, mis torpes decisiones apresura,y su faz de piedrase torna indefectible, y más segurapara apoyar la sien, y decidir,y sepultar vertiginosas dudas. 

Allí, donde otros creeránllorar la muerte de mis vivencias truncas...nace esta otra mujer,intrépida, indagante, aún más pura,la que sabe que en su lápidanadie sabrá jamás plasmarni los temores, ni la angustiaque la obligaron a elegir,que la impulsaron a vivirsus sueños y placeres con premura. 

Allí, donde otros pondrán florespremiando mis vivencias, con coronas,nace esta otra mujer, la que no duda,en abrazar cada segundo agradecida;y sale del dolor y los fracasosaún más enaltecida... 

De pronto... la imagen de mi lápida me grita,como si ya estuviera allícomo si viera el mármol fríoy lo sintiera en las venas,que mi andar es limitado, y el final,irrenunciable y sorpresivo. 

Y ver en ella, la efigie de nombre escritoaunque de mí, nada explicite, porque no habrá epitafio que contemplemis triunfos, mis caídas y mis luchas,lo que no me animé a hacer,por cobardía o dejadez,ni cuán valerosa o ardua fuecon mis días, cada cita. 

Porque no es solamente, vivir así de prisa,sino, que al abrir los ojos y vermeeternamente en la propia sepultura,entender que sólo es sabio si vivísin sentirme aletargada o vacía.Intensamente, capaz y más despiertacada segundo valioso de mi vida. 

Cristina Validakis   

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El máximo error

El que se publica a continuación es un cuento de la escritora riotercerense Cristina Validakis, inspirado en un hecho real, ocurrido en la ciudad de Río Tercero. La obra formará parte, con el nombre "El prisionero", del libro de novelas históricas breves de la autora, aún inédito, titulado "De raíces y huellas".Por Cristina Validakis 

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La galimatía de colores del atardecer, iba golpeando, perezosa, las cumbres serranas y derramándose en los espinillos del monte que me vieron crecer. Mis ojos, infantiles aún, observaron nuevamente el espectáculo cotidiano con una mezcla de asombro y expectación. ¡Cómo amaba esos paseos! Recibir el aire fresco en la cara y retozar ociosamente en el pasto. El mundo se vislumbraba maravilloso.

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Mi madre se hallaba recostada en el tronco de un árbol con los ojos entrecerrados. Bella y tranquila. Disfrutando del paisaje como todas las tardes otoñales. Pero ya se acercaba la hora de abandonar ese remanso. Entonces, ella se incorporó, se acercó gozosa, nos acarició por última vez en la cabeza y comenzó a andar con sus pasos majestuosos y suaves sobre el acolchado pastizal seco, casi sin hacer ruido, perdiéndose luego por el sendero entre el matorral de cañas. Mis hermanos corrieron entusiasmados tras ella, en una vocinglería feliz, mientras, recostado de espaldas y aún jugueteando con varias ramas, me entretuve un segundo. Sólo un segundo de solaz y distraído regocijo... extraño y fatal... Determinante. Ese segundo en el que cometemos el máximo error, el que nos cambia la vida.

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Entonces un estampido seco perturbó la impermeabilidad pacífica del crepúsculo. Llantos y gritos. Gruñidos extraños y roncos. Más estampidos... Y un silencio más impactante aún. Mortal y omnipresente. Silencio de aves del monte acobardadas, silencio de insectos intimidados. Vigilia total... Un manto de asimétrica negrura, fue ocultando lentamente el paisaje con su atuendo de sombras cada vez más atemorizantes. Mientras iniciaba la búsqueda inútil de mi madre, mis ojos se anegaron y lloré como jamás había tenido posibilidad de hacerlo. La soledad y la sombra, me acometieron de una manera desconocida, con su terrorífica y palpable autarquía.

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Durante toda la noche deambulé en forma azarosa entre matas espinosas y prados brillantes por la luna llena, sin saber hacia dónde ir. Sólo mi madre conocía el camino hacia el hogar. Y siempre había confiado en contar con ella. Ahora, casi paralizado del terror, aturdido de zozobra, debía hallarlo solo. Tal vez, cuando llegara allí estarían ellos, mi familia. Y todo volvería a ser como siempre. Mis músculos se movieron impulsados por una necesidad imperiosa de llegar hacia la tranquilizadora vida que acababa de serme injustamente arrebatada. Y mis pies se movieron, hasta que el sueño me alcanzó y recostado en busca de una protección inalcanzable, bajo un árbol de corteza dura y helada, me doblegué a las inevitables pesadillas que el sopor nocturno trajo.

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No sé cuánto tiempo duró mi adormecimiento, pero cuando desperté me esperaba una sorpresa más horrenda aún: algo o alguien, me había tomado prisionero y ahora, encerrado en una oscuridad más incomprensible que la del sueño me trasladaban en forma bamboleante. Intenté moverme y escapar, golpeando desesperado con mis manos, la inesperada y reclutoria cárcel de dimensiones tan estrechas. Pero nada conseguí. Ni siquiera me fue posible cambiar la incómoda posición decúbito dorsal en la que me hallaba. Y así continué durante mucho tiempo hasta que debo haberme adormecido nuevamente. Un golpe sobre mi espalda me obligó a abrir lo ojos, con la rara esperanza de haber estado soñando. Con la ilusión de ver nuevamente a los míos, y sentir el roce de sus suaves pieles y sus voces tranquilizadoras. Pero en cambio, me hallaba en un lugar de rara iluminación, tirado sobre una superficie tan lisa y deslumbrante a la que me costó acostumbrar mis ojos. Con una brusquedad angustiada intenté girar e incorporarme, pero resbalé y caí sobre ella. Lo intenté varias veces, y noté que mis pasos eran prácticamente imposibles, casi no me podía sostener. Entonces enormes sombras se elevaron a mi alrededor y me acorralaron. Al levantar la vista, unos seres extrañamente espantosos, que jamás había visto, me tomaron, me apretujaron y pasaron sobre mi piel sus extremidades lisas y gelatinosas de una manera imposible de describir, casi repugnante, impregnándome con el fétido olor de sus epidermis. Pero de alguna forma, luego de un rato comenzó a resultar agradable ese contacto cálido, y notoriamente carente de la violencia que había temido y que mi soledad angustiada necesitaba. Era un consuelo volver a sentir la tibieza de alguna piel cerca. Aunque no fuera la que conocía desde mi nacimiento.

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Pronto, mi olfato se impregnó de olores irreconocibles y confusos... acres... dulzones. Algunos misteriosamente apetitosos. En los momentos en que los curiosos seres me dejaban solo, y con un recelo instintivo, fui recorriendo lentamente lo que parecía iba a ser, por el momento, mi nuevo hogar. Y digo por el momento, porque si bien, no me hacían daño, me hallaba como víctima del destierro, en un enclaustramiento total ya que mantenían cerradas las posibles salidas del lugar. Sí, es cierto que me cuidaban. Me hallaba alimentado con productos que al principio me desagradaron y a los que con el paso de los días me acostumbré y hasta llegué a apreciar. Por la noche tenía abrigo y seguridad. Y sobre todo, nada, absolutamente nada qué hacer. Sólo en algunos momentos, en que los seres necesitaban tocarme, pasar sus pieles contra la mía, como acariciándose a sí mismos. Otras veces, corrían a mi alrededor. Y yo corría también con ellos. Eso parecía encantarles, porque estiraban sus bocas en lo que parecía una sonrisa y emitían bufidos y extraños chillidos. En algunos momentos me cansaban sus juegos y entonces les saltaba encima hasta hacerlos caer. Así, los que terminaban cansándose de la actividad eran ellos y me dejaban tranquilo.

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En realidad, con el tiempo, me empezó a agradar la compañía de mis inofensivos propietarios y, hasta podría decir, que los extrañaba cuando se marchaban. A pesar de ello, estaba seguro que ni bien tuviera la oportunidad, debía huir. Ni siquiera sabía hacia dónde, porque tampoco sabía dónde me hallaba, ni en qué clase de lugar me habían hecho prisionero. Más allá de las comodidades que me proporcionaban, no dejaba de ser una cárcel en la que había caído, quién sabe por qué. Por más que pensaba y pensaba, no lograba entender cuál era el motivo por el que me mantenían allí. No había razones posibles. No me hacían trabajar, no pretendían que aprendiera nada, a no ser que no ensuciara el piso, por lo que pusieron un tacho con tierra que supuestamente debía usar. Una vez que lo hice, nada más pretendieron. Y aparentemente, tampoco pensaban emplearme como alimento.

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El momento en que más extrañaba mi mundo, era por la noche. Cuando en ese rutilante salón de perfectos brillos, me llegaban los sonidos externos. Sonidos que me transportaban a otra época, otro lugar en el que nada me impedía elegir, ser libre. Y principalmente, era cuando más ansiaba ver un rostro como el mío y acariciar o ser acariciado por alguien como yo. Con mi piel, con mi olor, con mi voz y mi idioma. Y sentía en mi cuerpo una necesidad imposible de canalizar. Fruto de la indigencia de vivencias compartidas con los pares. Una urgencia incontenible de la carne. Y de expresión natural e instintiva de sentimientos.

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Cuando la monotonía de mis días y los nuevos hábitos impuestos, parecían haberse instalado en forma perpetua, una mañana, me cargaron en algo, no sé qué, jamás había visto una bestia o aparato semejante. Con gruñidos y aullidos desaforantes se movía a una velocidad que en mi mundo no podía igualarse. Nuevamente encerrado en un espacio pequeño y oscuro. Pero nada de eso ocurrió. Por un momento tuve la ilusión de que me devolvían con mis congéneres. En cambio, me encontré dentro de otro lugar similar al que había sido mi hogar durante tantos... ¿días, meses, años...? Ya me era imposible calcular el tiempo que llevaba en esa nueva vida. Sólo percibía que mi cuerpo había cambiado. Sí, había crecido. También lo había notado cuando me reflejaba en las superficies pulidas del piso o las paredes. Ya no era un niño. Indudablemente había pasado demasiado tiempo desde que me habían atrapado. Toda una vida. Y en esa vida había perdido todo. Mi identidad, mi naturaleza, mi idioma, mi familia... el universo que conocía. Y nada había adquirido a cambio. Sólo esta apremiante necesidad de salir. De huir. De dejar de ser el prisionero.

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Una noche, como tantas otras, desperté por un sonido proveniente de la puerta que, sabía, daba al exterior. Sorprendido esperé la entrada de uno de los seres por allí, pero nada pasó. O sí, algo insólito e inesperado. La entrada milagrosa de un rayo de luz que enseguida reconocí. La luz que en mi terruño, provenía de la luna llena. Sigilosamente me acerqué a la puerta. Con temor y expectativa logré llegar a ella y nuevamente mis sentidos se impregnaron de un aire maravillosamente fresco y en mis pupilas, se dibujó el increíble astro en plenilunio, de la noche de mi abandono. La noche en que empecé a ser un prisionero. Sí, allí estaba ella. Tan alta y redonda como siempre. Tan blanca y brillante como los pisos sobre los que acostumbraba a caminar. Y la tierra, ya no contenida en un tarro, sino interminable hacia adelante... hacia los pastos verdes. Y comprendí que hay cosas que jamás, un adoctrinamiento o domesticación extranjera pueden cambiar. Aquellas sensaciones que forman parte del reguero de reminiscencias de nuestra formación ancestral. Aquellos instintos que germinan de nuestra naturaleza más insondable. Mi cuerpo, mi mente, mis percepciones todas, volvieron a aquella fatídica noche. Entonces, corrí bajo la luna llena. Como hacía... meses, años... que no lo hacía. Y todas mis articulaciones y músculos anudados y deplorablemente sometidos al cautiverio, se desvelaron como despertando de una pesadilla. Nuevamente sobre la tierra, sobre el pasto... nuevamente bajo el cielo... con el aire penetrando a raudales en mis pulmones, extendiendo las aletas de mi nariz y percibiendo olores antiguos y originales. Un poco más allá una pared detuvo mi huida. Pero no, ahora nada impediría que volviera a mi hogar. Nada me detendría. Con un impulso invencible, soñando con los espacios abiertos que me esperaban, me proyecté en un salto sobre ella y caí del otro lado. Inmediatamente comprendí que no era lo que yo esperaba. Todo el lugar estaba cercado por edificaciones oscuras y brillantes, en las que la luz de esa luna tan similar a la de mi mundo, se multiplicaba indefinidamente. Las construcciones eran similares a la que me había mantenido preso. No obstante, seguí corriendo entre ellas, salté nuevos muros de diferentes tamaños. Pero siempre hallaba otro... y otro... Imposible contarlas, ni calcular el tiempo que corrí en ese laberinto. En esa desesperación alocada, salté otro muro y de golpe, me estampé contra una superficie translúcida que se partió en mil pedazos sobre mi cabeza. Y cerré los ojos vencido. Mucho tiempo después, la luminiscencia lunar fue reemplazada por unos tímidos rayos penetrando por una ventana alta. Había amanecido. Poco más tarde, se oyeron las sirenas, los gruñidos de animales, y ruidos de aparatos. Allí estaban. Venían a buscarme. Pero no pensaba salir. Si me querían, deberían entrar por mí. Sólo que ahora, no me atraparían vivo. Porque el encierro me había transformado en un ser desesperado, dispuesto a luchar por su vida, por su natural dignidad. Pronto, varios de ellos, intentaron acercarse y arrojarme un objeto, algo así como ramas enredadas entre sí, pero logré desplazarme a tiempo en el ínfimo reducto en el que me hallaba recluido, cayendo a mi lado. Finalmente se abstuvieron de acercarse y sólo me miraban por la alta ventana. El tiempo transcurrió lentamente, pero los ruidos del exterior, lejos de disminuir, fueron en aumento. Noté que trabajaban en la ventana, sin saber qué hacían allí. Cuando lo pude entrever, ya era demasiado tarde. Uno de ellos, introdujo un elemento desconocido, y cuando estaba por incorporarme para atacarlo, el intenso y sorpresivo dolor me inmovilizó. Poco a poco, mis miembros se endurecieron y mi visión se nubló. Así, totalmente paralizado pude ver, con una atemperada pavura, que se acercaban ante mi completa inmovilidad, que me tomaban entre sus extremidades, ante mi torturante impotencia. Y me sacaban del inútil refugio que, crédulo de su protección, había hallado. Nuevamente me encontré encerrado esta vez, en una jaula de rejas duras, pero a través de las cuales, pude ver cómo me cargaban. Y, a mi alrededor, todos ellos. Tantos, imposible de contarlos. Nunca hubiera imaginado cuántos eran. Al fin y al cabo, en mi encierro, sólo llegué a conocer a unos pocos.

-"No les haré daño". "Déjenme volver con los míos, a mi lugar"- quisiera gritarles.

Pero no comprenderían mi idioma. Y mucho menos, esta necesidad acuciante de libertad que me acongoja. O esta tenaz e insalubre inquietud que se ha instalado insaciable en mis pensamientos. Ni este instinto insatisfecho que requiere con porfía, una pronta complacencia.

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No puedo hablarles y sólo los miro. Con la esperanza de que alguno entienda. Con la ilusión de que al menos uno de ellos, intuya por simple identificación mi sufrimiento.

Mucho tiempo después, despierto en un lugar distinto. Por un momento la euforia me invade como un remolino al ver los árboles, el pasto, el sol. Y lo más increíble. A lo lejos alcanzo a divisar un ser que se me asemeja mucho, cerca de unas piedras. Entonces, cuando abren mi jaula salto, y corro sobre el césped húmedo a su encuentro. Libre al fin, devuelto a mi lugar. Entonces, al acercarme lo miro con asombro. Lo primero que noto son sus ojos, tan tristes de sometimiento, en una total apatía de emociones. Y luego su piel, de otro color. Y por último, las disimuladas rejas de la misma tonalidad de las plantas, que nos separan. Y que nos encierran. Atraído por un titilar rutilante de colores, levanto mi mirada. Y allí está el cartel. No entiendo lo que se ha escrito en él. Pero lo sé... mi instinto me lo dice. Y recuerdo, que alguna vez oí que las mascotas exóticas, cuando se tornan peligrosas, van al zoológico. Sí, ahora, puedo entender cuál fue mi verdadero error. Durante todo este tiempo, simplemente fui una mascota.

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Ególatras e ignorantes, que puedan pensar, por un instante, que me engañan con sus disfraces absurdos, vistiendo la jaula con árboles y pastizales y hasta un hilo de agua artificial y clorada, creídos en su necedad, haber logrado imitar burdamente un hogar natural imposible.

Ingenuos inmutables, en su vana creencia de haber anulado mágicamente mis instintos de lucha y mis deseos de huir.

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¿Qué argumento esgrimiré, ahora, que están convencidos, de haber hallado la mejor solución a mi molesta e inoportuna presencia? ¿ Cómo podré explicarles, que sólo han puesto ante mí un espejo de la vida que me quitaron y que aún, indeleble, con más fuerza sigue palpitando en mis venas? ¿Cómo seguir subsistiendo, entonces, en la falsaria creencia de ser libre, cuando nadie, absolutamente nadie, comprende que en el ornamentado hábitat de la reserva, sólo sigo siendo un prisionero...?Tontos, soberbios y petulantes que pueden dormir tranquilos, en la inútil convicción de que yo, un puma, felino carnívoro y predador, león americano, nacido en el monte serrano, pueda existir y ser feliz alguna vez, viviendo en cautiverio. 

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http://www.internetxaire.com.ar/tribuna/noticia.php?_edicion=241&id=10740 

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Grínor ROJO

Grínor  ROJO

Baudelaire, crítico de literatura

Por Grínor ROJO

Charles Baudelaire no sólo hacía literatura, sino también su crítica. El libro Crítica literaria (A. Machado, 1999) da muestras de su labor. 

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Para aquellos que quieran adiestrarse en el arte del denuesto a la crítica académica, nada más recomendable que hacerlo recurriendo al largo artículo que, hacia 1861 ó 1862, Charles Baudelaire dedicó a François Villemain, profesor de La Sorbona, ministro de Educación y par de Francia, y que por razones obvias jamás publicó. Escribe ahí: "Villemain representa la inutilidad rabiosa con aspecto atareado... Su frase rebosa vaciedades... Oscuridad resultante de la difusión y la profusión". No contento con eso, Baudelaire acusa a Villemain de "servilismo", de "citar por el placer de citar" y de otras lindezas parecidas. Todo ello por ser obra del "odio de un hombre mediocre". Y en cuanto a los reproches que el eminente profesor le ha hecho a Chateaubriand, debido a las conocidas debilidades de éste por el incesto, exclama: "¡Y qué me importa a mí la fuente si puedo gozar del genio!".

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Este Villemain, a quien Baudelaire trata así de mal, era nada menos que uno de los introductores de la práctica de la literatura en el repertorio de aquellos asuntos que constituyen el objeto de las disciplinas universitarias. Sin embargo, resulta claro que Baudelaire no lo puede tolerar. Hay algo en el proyecto de una crítica universitaria más que en el hombre que la encarna que a él le repugna absolutamente. Del otro lado, el mayor crítico público de su tiempo es, sin duda, Charles Augustine Sainte-Beuve. Y a ese sí Baudelaire lo menciona con respeto, reconociendo su talento y su legitimidad (aunque Flaubert lo contara entre sus más grandes enemigos).

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Crítico estético

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Pero, ¿quién era Charles Baudelaire, crítico de literatura? No obstante sus incursiones en detalles no siempre pertinentes y a veces incluso pintorescos, Baudelaire es, por sobre cualquier otra cosa, un crítico estético. La frase que reproduje en la que declara desdeñar la "fuente" de Chauteabriand en favor de su "genio" debe ser leída como una declaración de principios. A Baudelaire le interesan los resultados y no las causas; las obras literarias y no sus condiciones de posibilidad. Cuando se adentra en estas últimas, el tono suele ser irónico, dejando caer su sospecha de que se trata más bien de un material que él incluye para el consumo de los lectores masivos del periódico. Considerando que el empeño crítico se iba a mover en las décadas que siguen en dirección a un privilegio de las obras por sobre sus causas, Baudelaire acaba por ser, también en esto -en poesía, nadie ignora su estatura-, un adelantado.

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No basta con decir que Baudelaire es un crítico estético, hay que agregar de qué manera lo es. Sus trabajos más importantes, los que dedicó a Edgar Allan Poe y a Théofile Gautier, ofrecen la pista que buscamos. De Poe advierte que es un
"auténtico Robinson de la poesía, perdido, naufragado en ese vasto desierto humano" que son los Estados Unidos en los albores del capitalismo industrial. Ahí, Poe "soñaba despierto, pero con su dosis de opio puesto para estar seguro de tener al menos sueños auténticos, soñaba con mentiras decorosas, con irrealidades soportables". Y en lo que toca a Gautier, contrapone su narrativa "etérea" a la de los novelistas del realismo elogiando la brevedad y afirmando que Gautier, al contrario de los escritores realistas, "se preocupa bien poco -demasiado poco, según algunos- de cómo ocupa el día Don Fulano, o el Señor Zutano o Perico de los Palotes, y por si Doña Margarita prefiere las insinuaciones de su vecino el ujier o los regalitos del de la droguería de enfrente, que en su día fue bailarín del Tívoli".

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Ese plato fuerte realista no es el de Gautier, evidentemente, y tampoco es el de Baudelaire. Para éste, la tarea de la escritura literaria, cualquiera que ella sea, de creación o de crítica, consiste en la plasmación de lo Bello en el lenguaje, y en el entendido de que lo Bello es distinto de lo Verdadero y lo Bueno, tanto como de las vicisitudes que ha costado generarlo:
"Hay una infinidad de personas que se figuran que la finalidad de la poesía es enseñar, y que debe fortalecer la conciencia o perfeccionar las costumbres o bien demostrar alguna utilidad... La Poesía, a poco que aceptemos escudriñar al interior de nosotros mismos, interrogar a nuestra alma, revivir sus recuerdos de entusiasmo, no tiene más finalidad que Ella misma; no puede tener otra, y no habrá poema más grande, más noble que el escrito únicamente por el gusto de escribir un poema". Más aún: sus estudios sobre Poe insisten una y otra vez en la diferencia entre la vida literaria y la vida burguesa. En este sentido, Poe llama la atención y se gana el aplauso de Baudelaire por su marginalidad, por "bohemio, falto de temas morales y elevados, falto de ideas, de grandes creencias, de respetables certidumbres". Todo eso queda, a su juicio, para el quehacer de los científicos, que son los perseguidores de la verdad, y para el de los moralistas, que son los perseguidores de lo bueno. Poe, en cambio, es "el irresoluto que quiere saber y que anda siempre merodeando al límite de los dos mundos, el natural y el sobrenatural, alejándose de uno para llamar sin parar a la puerta del otro". 

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En otra parte

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Dos vidas, por lo tanto, y dos tipos de producto. Baudelaire instala definitivamente la imagen del escritor en la modernidad como uno que se pone a sí mismo (si es que no lo ponen) fuera del juego y de su producto como una especie única de objeto, que no requiere para su comprensión ni de la ciencia ni de la norma moral. El resultado es un crítico que puede haber sido arbitrario en ocasiones, incluso venal, como cuando escribe para alabar a sus amigos o cuando se doblega sonriendo ante lo que el periódico le impone, pero que sabía muy bien de qué se trataba su métier. No las rigideces de una crítica académica exteriorista y latera, en un lado, y no a las banalidades de una crítica pública sensacionalista, farandulera y torpe, en el opuesto. El deber de su práctica estaba para él en otra parte.
   

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Articulo: http://diario.elmercurio.com/

Ilustración: The Alcorn Gallery

http://www.alcorngallery.com/CelebratedAuthors/CA.php

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