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Revista Literaria AZUL@RTE

TyCol/Terror & Cultura on line

TyCol/Terror & Cultura on line

 

TERROR & CULTURA ON LINE 

No somos movimiento, ni participación, ni religión - No somos anarquía - No somos manifiesto - No somos garantía, más que honestidad a ultranza - No somos individuos, tampoco colectivos - No somos terroristas, aunque a nos gustaría (en condicional permanente) - No somos cultos ni avanzados, pero masticamos nuestra propia carne - No somos activistas, mucho menos pacifistas - No somos hippies, ni punkyes, ni electrónicos - No somos virus, ni bacterias - No somos historiadores, ni filósofos, ni sociólogos, ni artistas de ninguna especie - No somos nada (en los funerales nos da tristeza y alegría) - No somos diferentes a los demás - No queremos sorprender - No queremos agradar - No queremos desagradar - No queremos cambiar el mundo - No proponemos nada nuevo, y ésta es nuestra disyuntiva principal, sin embargo seremos un aporte

Somos ideologizados, porque no hay manera de escaparle y porque nos gusta - Somos vagos, ebrios y drogadictos; por lo mismo, somos educados, brillantes, genios - Somos absoluta y rigurosamente anónimos - Amamos y buscamos la contradicción, mas no la incoherencia - Renegamos de naciones tan bastardas como Artile y Chile, Pturoa, Argentina, México y Bolivia, en donde recae el vicio de la impronta y la desidia, una y otra vez.
Nuestra pobre ironía es resuelta en detrimento, real-directa a veces, contraria-difusa otras - Queremos desplegar las alas de la libertad por lo que nos hemos visto obligados a ingresar en tu listado, en tu hogar, en tu cama y en tu cocina - Somos terrorismo cultural, como una arepa sólida, un taco sin relleno, o un comino indeseable dentro de un ceviche - Somos hambrientos y sedientos Somos una mierda.  

Somos TyCol *

E-mail : terroryculturaonline@yahoo.com

Blog personal : http://terroryculturaonline.blogspot.com/

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"La carta de Lord Chandos", por Hugo Von Hofmannsthal

Carta que Philip, lord Chandos, hijo menor del conde de Bach, escribió a Francis Bacon para disculparse ante este amigo por su renuncia total a la actividad literaria.

Es usted muy benévolo, mi apreciado amigo, en pasar por alto mi silencio de dos años y escribirme de este modo. Es más que benévolo al dar su preocupación por mí, a su extrañeza por el entumecimiento mental en que cree que estoy cayendo, la expresión de la ligereza y la broma que sólo dominan a los grandes hombres que están persuadidos de la peligrosidad de la vida, y sin embargo no se desaniman.

Concluye usted con el aforismo de Hipócrates: Qui gravi morbo correpti dolores non sentiunt, iis mens aeggrotat (Quienes no sienten que una grave enfermedad les aqueja están mentalmente enfermos), y opina que necesito la medicina no sólo para dominar mi mal, sino más aun para aguzar mi mente para el estado de mi interior. Quisiera contestarle como le merece de mí, quisiera abrirme del todo a usted y no sé cómo proceder. (...) ¡Quién es el hombre para hacer planes!


Yo también jugué con otros planes. Su benévola carta también los resucita. Hinchados con una gota de mi sangre, revolotean todos ante mí como mosquitos tristes junto a un muro sombrío sobre el que ya no cae el sol luminoso de los días felices.


Quería descifrar como jeroglíficos de una sabiduría inagotable y secreta, cuyo hálito creía percibir a veces como detrás de un velo, las fábulas, los relatos míticos que nos han legado los antiguos y por los que sienten un gusto infinito e irreflexivo los pintores y escultores.


Recuerdo aquel proyecto. Se basaba en no sé qué placer sensual y espiritual: así como el ciervo acosado ansía sumergirse en el agua, ansiaba yo sumergirme en esos cuerpos rutilantes, desnudos, en esas sirenas y dríadas, en esos Narcisos y Proteos, Perseos y Acteones: desaparecer quería en ellos y hablar desde ellos con el don de las lenguas. Yo quería eso. Yo quería muchas cosas más. Pensaba reunir una colección de apotegmas, como la que recopiló Julio Cesar; usted recuerda la cita en una carta de Cicerón. Allí pensaba recoger las frases más curiosas que hubiese conseguido juntar en mis viajes a través del trato con los hombres sabios y las mujeres ingeniosas de nuestro tiempo o con gentes excepcionales del pueblo o personas cultas y notables; a ellas quería añadir hermosas sentencias y reflexiones de las obras de los antiguos y de los italianos, y todas las joyas intelectuales que encontrase en libros, manuscritos o conversaciones; además, la clasificación de fiestas y procesiones de especial belleza, crímenes y casos de demencia curiosos, la descripción de los edificios más grandes y singulares de los Países Bajos, Francia e Italia, y muchas cosas más. La obra entera se titularía Nosce te ipsum.


En pocas palabras: sumido en una especie de embriaguez, toda la existencia se me aparecía en aquella época como una gran unidad: entre el mundo espiritual y el mundo físico no veía ninguna contradicción, como tampoco entre la naturaleza cortesana y animal, el arte y la carencia de arte, la soledad y la compañía; en todo sentía la naturaleza, en las aberraciones de la locura tanto como en el refinamiento extremo del ceremonial español; en las torpezas de unos jóvenes campesinos no menos que en las dulces alegorías; en toda la naturaleza me sentía a mí mismo; cuando en mi cabaña de caza bebía de un cuenco de madera la leche espumeante y tibia que una mujeruca greñuda ordeñaba de las ubres de una hermosa vaca de ojos tiernos, aquello no era distinto cuando, sentado en el banco de la ventana de mi estudio, bebía de un infolio el alimento dulce y espumeante del espíritu. Una experiencia era como la otra; ninguna era inferior, ni en naturaleza sobrenatural y fantástica, ni en fuerza material, y eso se repetía a todo lo ancho de la vida, a un lado y a otro; por todas parte estaba yo justo en medio y jamás percibí en ello una mera apariencia; o intuía que todo era una metáfora y cada criatura una llave de la otra y sentía que sería afortunado quien fuese capaz de empuñar unas tras otras y abrir con ellas tantas de las otras como pudiese abrir. Hasta aquí se explica el título que pensaba dar a aquel libro enciclopédico.


Es posible que quien esté abierto a tales puntos de vista, crea que se debe al plan bien trazado de una providencia divina el hecho de que mi espíritu tuviese que caer desde una arrogancia tan hinchada a este extremo de pusilanimidad e impotencia que es ahora el estado permanente de mi interior. Pero tales apreciaciones religiosas no tienen ningún poder sobre mí; pertenecen a las telarañas por las que mis pensamientos pasan raudos al vacío, mientras tantos compañeros suyos se quedan atrapados allí y encuentran un descanso. Los misterios de la fe se me han condensado en una alegoría sublime que se tiende sobre los campos de mi vida como un arco iris, en una lejanía constante, siempre dispuesto a retroceder si se me ocurriese correr hacia él para envolverme en el borde de su manto.

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Francis BACON


Sin embargo, mi estimado amigo, también los conceptos terrenales se me escapan de la misma manera. ¿Cómo tratar de describirle esos extraños tormentos del espíritu, ese brusco retirarse de las ramas cargadas de frutos que cuelgan sobre mis manos extendidas, ese retroceder ante el agua murmurante que fluye ante mis labios sedientos? Mi caso es, en resumen, el siguiente: he perdido por completo la capacidad de pensar o hablar coherentemente sobre ninguna cosa.

Al principio se me iba haciendo imposible comentar un tema profundo, o general, y emplear sin vacilar esas palabras de las que suelen servirse habitualmente todas las personas. Sentía un incomprensible malestar a la hora de pronunciar siquiera las palabras "espíritu", "alma", o "cuerpo". En mi fuero interno me resultaba imposible emitir un juicio sobre los asuntos de la corte, los acontecimientos del parlamento o lo que usted quiera. Y no por escrúpulos de ningún género, pues usted conoce mi franqueza rayana en la imprudencia, sino más bien porque las palabras abstractas, de las que conforme a la naturaleza se tiene que servir la lengua para manifestar cualquier opinión, se me desintegraban en la boca como saetas mohosas. Me ocurrió que por una mentira infantil, de la que se había hecho culpable mi hija de cuatro años Katharina Pompilia, quise reprenderla y guiarla hacia la necesidad de ser siempre sincera y, al hacerlo, los conceptos que afluyeron a mis labios adquirieron de pronto un color tan cambiante y se confundieron de tal modo que, balbuciendo, terminé la frase lo mejor que pude como si me sintiese indispuesto y, de hecho, con la cara pálida y una violenta presión en la frente, dejé sola a la niña, cerré de golpe la puerta detrás de mí y no me repuse suficientemente hasta que di a caballo una buena galopada por el prado solitario.


Sin embargo, poco a poco se fue extendiendo esa tribulación como la herrumbre que corroe todo lo que tiene alrededor. Hasta en la conversación familiar y cotidiana se me volvieron dudosos todos los juicios que suelen emitirse con ligereza y seguridad sonámbula, que tuve que dejar de participar en tales conversaciones. Una ira inexplicable, que a duras penas podía ocultar, me invadía cuando escuchaba frases como: este asunto ha terminado bien o mal para tal y tal; el sheriff N. es una mala persona, el predicador T. es un buen hombre; el aparcero M. es digno de compasión, sus hijos son un derrochadores; otro es digno de envidia porque sus hijas son hacendosas; una familia está prosperando, otra decayendo. Todo esto me parecía sumamente indemostrable, falso e inconsistente. Mi espíritu me obligaba a ver con una proximidad inquietante todas las cosas que aparecían en tales conversaciones: igual que en una ocasión había visto a través de un cristal de aumento un trozo de piel de mi dedo meñique que semejaba una llanura con surcos y cuevas, me ocurría ahora con las personas y sus actos. Ya no lograba aprehenderlas con la mirada simplificadora de la costumbre. Todo se me desintegraba en partes, las partes otra vez en partes, y nada se dejaba ya abarcar en un concepto. Las palabras aisladas flotaban alrededor de mí; cuajaban en ojos que me miraban fijamente y de los que no puedo apartar la vista: son remolinos a los que me da vértigo asomarme, que giran sin Cesar y a través de los cuales se llega al vacío.


Hice un esfuerzo por liberarme de ese estado refugiándome en el mundo espiritual de los antiguos. Evité a Platón; pues me aterraban los peligros de su vuelo metafórico. Sobre todo pensé en guiarme por los textos de Séneca y Cicerón. Esperaba curarme con esa armonía de conceptos limitados y ordenados. Pero no podía llegar hasta ellos. Comprendía esos conceptos: veía ascender ante mí su maravilloso juego con bolas doradas. Podía moverme a su alrededor y ver cómo jugaban entre sí; pero sólo se ocupaban de ellos mismos, y lo más profundo, lo personal de mi pensamiento quedaba excluido de su corro. Entre ellos me invadió una sensación terrible de soledad; me sentía como alguien que estuviese encerrado en un jardín lleno de estatuas sin ojos; huí de nuevo al exterior.


Desde entonces llevo una existencia que transcurre tan trivial e irreflexiva que usted, me temo, apenas podrá comprenderla; una existencia que, desde luego, apenas se diferencia de la de mis vecinos, mis parientes y la mayoría de los nobles terratenientes de este reino y que no está del todo exenta de momentos dichosos y estimulantes. No me resulta fácil explicarle a grandes rasgos en qué consisten esos buenos momentos; las palabras me vuelven a faltar. Pues es algo completamente innominado y probablemente apenas nominable lo que se me anuncia en tales momentos, llenando como un recipiente cualquier aparición de mi entorno cotidiano con un caudal desbordante de vida superior. No puedo esperar que me comprenda sin un ejemplo y debo pedirle indulgencia por la ridiculez de mis ejemplos. Una regadera, un rastrillo abandonado en el campo, un perro tumbado al sol, un cementerio pobre, un lisiado, una granja pequeña, todo eso puede convertirse en el recipiente de mi revelación. Cada uno de esos objetos, y los otros mil similares sobre los que suele vagar un ojo con natural indiferencia, puede de pronto adoptar para mí en cualquier momento, que de ningún modo soy capaz de propiciar, una singularidad sublime y conmovedora; para expresarla todas las palabras me aparecen demasiado pobres. Es más, también puede ser la idea determinada de un objeto ausente, a la que se depara la increíble opción de ser llenada hasta el borde con aquel caudal de sentimiento divino que crece suave y súbitamente. Así había dado yo recientemente la orden de echar abundante veneno a las ratas que había en los sótanos de una mis granjas. Partí a caballo hacia el atardecer y no pensé más en el asunto, como bien puede usted imaginar. Entonces, cuando voy cabalgando al paso por la profunda tierra arada, sin nada más grave a mi alrededor que una cría de codorniz espantada y a lo lejos, sobre los campos ondulados, el gran sol poniente, se abre de pronto a mi interior ese sótano lleno de la agonía de esa manada de ratas.
  Todo estaba dentro de mí: el aire fresco y lóbrego del sótano, saturado de olor fuerte y dulzón del veneno, y el eco de los chillidos de muerte que se estrellaban contra los muros enmohecidos; esas convulsiones apelotonadas de impotencia, de desesperaciones frenéticas; la búsqueda enloquecida de las salidas; la mirada fría de la cólera cuando coinciden dos ante la rendija taponada. Pero ¿por qué intento emplear de nuevo unas palabras de las que he renegado? ¿Recuerda, amigo mío, en Livio el maravilloso relato de Alba Longa? Cómo vagan sus habitantes por las calles que no han de volver a ver...cómo se despiden de las piedras del suelo! Le digo, amigo mío, que yo llevaba eso dentro de mí y, al mismo tiempo, Cartago en llamas; pero era más, era más divino, más animal; y era presente, el presente más pleno y sublime. ¡Allí estaba una madre que tenía alrededor a sus crías moribundas y temblorosas, y que dirigía sus miradas no a los muros implacables, sino al aire vacío o, a través del aire, al infinito, y que acompañaba esas miradas con un rechinar de dientes! Si un esclavo que servía se encontró lleno de horror impotente cerca de la Niobe petrificada, debió sufrir lo que yo sufrí cuando, dentro de mí, el alma de aquel animal enseñaba los dientes al atroz destino.
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Platon

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Perdóneme esta descripción, pero no piense que era compasión lo que me llenaba. No debe pensarlo de ningún modo: si no, habría elegido mi ejemplo muy torpemente. Era mucho y mucho menos que compasión; una enorme participación, un transfundirse en aquellas criaturas o un sentimiento de que un fluido de la vida y la muerte, del sueño y la vigilia había pasado por un instante a ella... pero ¿de dónde? Puesto que tiene que ver con la compasión, con una asociación de ideas humanas comprensible, si otro atardecer encuentro bajo un nogal una regadera medio llena que ha olvidado allí un jardinero, y si esa regadera, y el agua dentro de ella, obscurecida por la sombra del árbol, y un ditisco que rema en la superficie de esa agua de una obscura orilla a la otra, si esa combinación de nimiedades me estremece con tal presencia de lo infinito, me estremece desde las raíces de los pelos hasta los tuétanos del talón de tal manera que desearía prorrumpir en palabras de las que sé que, si las encontrase, subyugarían a esos querubines en los que no creo; y que luego me aparte en silencio de aquel lugar y al cabo de las semanas, cuando divise ese nogal, pase de largo con una esquiva mirada, porque no quiero ahuyentar la postrera sensación de lo maravilloso que flota allí alrededor del tronco, porque no quiero expulsar lo más que terrenales escalofríos que todavía siguen vibrando cerca de allí, alrededor de los arbustos. En esos momentos, una criatura insignificante, un perro, una rata, un escarabajo, un manzano raquítico, un camino de carros que serpentea por la colina, una piedra cubierta de musgos, se convierte en más de lo que haya podido ser jamás la amada más apasionada y hermosa de la noche más feliz. Esas criaturas mudas y a veces animadas se alzan hacia mí con tal abundancia, con tal presencia de amor, que mi mirada dichosa no es capaz de caer sobre ningún lugar muerto alrededor de mí. Todo, todo lo que existe, todo lo que recuerdo, todo lo que tocan mis pensamientos más confusos, me parece ser algo. También mí propia pesadez, el restante embotamiento de mi cerebro, se me aparece como algo; siento en mí y alrededor de mí una equivalencia maravillosa, absolutamente infinita y entre las materias que juegan contraponiéndose no hay ninguna en la que yo no pudiese transfundirme. Entonces es como si mi cuerpo estuviese compuesto de claves que me lo revelasen todo. O como si pudiésemos establecer una nueva y premonitoria relación con toda la existencia, si empezásemos a pensar con el corazón. Pero cuando me abandona ese extraño embelesamiento, no sé decir nada sobre ello; y entonces no podría describir con palabras razonables en qué había consistido esa armonía que me invade a mí y al mundo entero no como se me había hecho perceptible, como tampoco podría decir algo concreto sobre los movimientos internos de mis entrañas o los estancamientos de mi sangre.

Aparte de estas curiosas casualidades, que, por cierto, no sé si debo atribuir al espíritu o al cuerpo, vivo una vida de un vacío apenas imaginable y me cuesta ocultar ante mi mujer el entumecimiento de mi interior o ante mis gentes la indiferencia que me infunden los asuntos de la propiedad. La buena y severa educación que debo a mi difunto padre y el haberme habituado tempranamente a no dejar desocupada ninguna hora del día, es, así me parece, lo único que, hacia afuera, sigue dando a mi vida una consistencia suficiente y una apariencia adecuada a mi condición y a mi persona.


Estoy reformando un ala de mi casa y de cuando en cuando logro departir con el arquitecto sobre los progresos de su trabajo; administro mis fincas, y mis aparceros y empleados me encontrarán probablemente más parco en palabras, pero no menos amable que antes. Ninguno de los que están con la gorra quitada delante de la puerta de su casa, cuando paso cabalgando al atardecer, se imaginara que mi mirada, que están acostumbrados a acoger respetuosamente, vaga con callada añoranza sobre los tablones podridos, bajo los cuales suelen buscar los gusanos para pescar; que se sumerge a través de la estrecha ventana enrejada en el lúgubre cuarto donde, en un rincón, la cama baja con sábanas multicolores parece esperar siempre a alguien que quiere morir o a alguien que debe nacer; que mi ojo se detiene largamente en los feos perros jóvenes o en el gato que se desliza elástico entre macetas; y que, entre todos los objetos pobres y toscos de una vida campesina, busca aquello cuya forma insignificante, cuyo estar tumbado o apoyado no advertido por nadie, cuya muda esencia se puede convertir en fuente de aquel enigmático, mudo y desenfrenado embelesamiento. Pues mi dichoso e innominado sentimiento surgirá para mí antes de un solitario y lejano fuego de pastores que de la visión del cielo estrellado; antes del canto de un último grillo próximo a la muerte cuando el viento de otoño arrastra nubes invernales sobre los campos desiertos, que del majestuoso fragor del órgano. Y a veces me comparo en pensamiento con aquel Craso, el Orador, del que cuentan que tomo un cariño tan extraordinario a una morena mansa de su estanque, un pez opaco, mudo, de ojos rojos, que se convirtió en tema de conversación de la ciudad; y cuando en cierta ocasión, Domiciano, queriendo tacharle de chiflado, le reprocho en el senado haber vertido lágrimas por la muerte de aquel pez, Craso le contestó: "De ese manera hice yo a la muerte de mi pez lo que vos no hicisteis al morir vuestra primera, ni vuestra segunda mujer".


No sé cuantas veces ese Craso con su morena me viene a la cabeza como un reflejo de mi propio yo, arrojado sobre mí por encima del abismo de los siglos. Pero no por la respuesta que dio a Domiciano. La respuesta puso a los reidores de su lado, de manera que el asunto se disolvió en una broma. Pero a mí el asunto me afecta, el asunto, que habría seguido siendo el mismo, aunque Domiciano hubiese vertido por sus mujeres lágrimas de sangre del más sincero dolor. En tal caso, Craso aún seguiría estando enfrente de él con sus lágrimas por su morena. Y sobre esa figura, cuya ridiculez y abyección salta tanto a la vista en medio de un senado que dominaba el mundo, que debatía las cuestiones más sublimes, sobre esa figura, un algo innombrable me obliga a pensar de una manera que me parece completamente insensata en el momento en que trato de expresarla con palabras.


La imagen de Craso está a veces en mi cerebro como una astilla alrededor de la que todo supura, pulsa y hierve. Entonces siento como si yo mismo entrase en fermentación, formase pompas, bullese y reluciese. Y el conjunto es una especie de pensar febril, pero un pensar con un material que es más directo, líquido y ardiente que las palabras. Son también remolinos, pero no parecen conducir, como los remolinos del lenguaje, a un fondo sin límite sino, de algún modo, a mí mismo y al más profundo seno de la paz.


Le he molestado en demasía, mi querido amigo, con esta extendida descripción de un estado inexplicable que normalmente permanece encerrado en mí.


Fue usted muy benévolo al manifestar su descontento por el hecho de que ya no llegue a usted ningún libro escrito por mí "que le resarza de verse privado de mi trato". Yo sentí en ese momento, con una certeza que no estaba del todo exenta de un sentimiento doloroso, que tampoco el año que viene, ni el otro, ni en todos los años de mi vida escribiré un libro en inglés ni en latín; y eso por un solo motivo cuya rareza, para mí embarazosa, dejo a la discreción de su infinita superioridad mental el ordenarla, con mirada no cegada, en el reino de los fenómenos espirituales y corpóreos extendido armónicamente ante usted: es decir, porque la lengua, en que tal vez me estaría dado no sólo escribir sino también pensar, no es ni el latín, ni el inglés, ni el italiano, ni el español, sino una lengua de cuyas palabras no conozco ni un sola, una lengua en la que me hablan las cosas mudas y en la que quizá un día, en la tumba, rendiré cuentas ante un juez desconocido.


Quisiera que me fuera dado comprimir en las últimas palabras de esta probablemente última carta que escribo a Francis Bacon, todo el amor y agradecimiento, toda la inmensa admiración que por el benefactor de mi espíritu, por el primer inglés de mi época, llevo en mi corazón y llevaré en él hasta que la muerte lo haga estallar.

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Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/ 

Juan CALLE

Juan CALLE

 

MINKA NEWS

(Altopilar)

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JUAN CALLE: Poeta Peruano. Presidente de la Casa del Poeta Peruano de Londres y miembro de la William Blake Society. Ha publicado sus poemas en diferentes antologías poéticas en Londres. Ha participado en recitales, obras de teatro y festivales de poesía en el Reino Unido. Su ultimo libro ‘Ecos de un Alma Perdida’ (Forward Press -2003) es un poemario de ensueños e imaginaciones que se concentran en sus vivencias en el viejo mundo.    

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Comunidad  Latina  rindió  homenaje  a  Chito  Faró

por Juan Calle  

La Comunidad latina se dio cita el pasado Domingo 20 de Agosto en el teatro ‘White Bear’ en Kennington Park Rd, para rendir homenaje al gran compositor, cantante y poeta chileno Chito Faró.

Este evento fue organizado por la Señora Elena Abarca viuda de Chito Faró, Walter Castro y los diferentes artistas latinoamericanos que se dieron cita en esta gran velada poético-musical. Chito Faró es autor de la canción ‘Si vas para Chile…’, hecha internacionalmente famosa en el mundial de fútbol del 62.

Fue un trovador chileno que supo asimilar a su manera los diferentes ritmos continentales, tales como el tango, la cumbia y los boleros mexicanos de ritmos populares, impregnando en las letras de sus canciones ese espíritu rebelde que siempre le acompañó. Y es que Chito no solo le cantó al amor, sino que también encontramos en sus canciones un gran contenido social, producto quizás del gran drama del artista en busca de constante trabajo en bares, restaurantes, cabarets y teatros para poder sobrevivir dentro y fuera de su país. ‘No me gusta el dinero de ignorantes y necios, prefiero yo la pobreza con hambre e inteligencia... .’ nos dice Chito Faró en su canción ‘A mi perro’.

Y es que Chito fue un artista del pueblo, de humilde extracción, que también vivió en el exilio por un tiempo al igual que muchos artistas latinos que actualmente están repartidos por el mundo lejos de la amada patria. Este gran trovador chileno nos ha dejado una herencia poético-musical que ha sido recopilada en un libro titulado: Chito Faró ‘Trovador del Pueblo’, que fué anunciado en la velada cultural del domingo pasado y que contiene sus poemas y canciones inéditas El Conocido poeta chileno Alfredo Cordal quien escribió el prólogo de este libro nos dice al final del mismo: ‘Chito Faró es un rápsoda que canta la historia, no a la historia, es el último trovador criollo que preserva en su poesía y canción la memoria olvidada de un pueblo, el centinela que canta a los pies de la Cruz del Sur, el errante viajero del tiempo que sigue con su canto llamándonos desde el futuro…’ Dentro de esta celebración también se hizo un hincapié para rendir homenaje al gran poeta español Federico García Lorca a los setenta años de su muerte durante la Guerra Civil española a manos del franquismo.

Este  genio de la poesía y dramaturgia nos ha dejado un legado de nuevas posibilidades dentro de las formas del lenguaje y la tradición dramática moderna.  

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Chito  Faró  

Lejos de la Patria, Si Vas para Chile estremece de emoción a los ausentes. Y fue en la distancia donde nació esa exquisita melodía que canta a las virtudes de un pueblo sencillo y acogedor. En Buenos Aires, en el año 42, en un hotel de la calle Sarmiento, Chito Faró -impregnado de nostalgia y recordando una visita a una casita azul y blanca de Lo Barnechea- compone la canción que nos identifica universalmente.

Nacido como Enrique Motto Arenas en el Cerro Alegre de Valparaíso, en 1915, Chito Faró conoce la pobreza desde la infancia. Su padre fue el almacenero italiano Juan Motto y su madre, una hermosa dama porteña, Marcelina Arenas Osses. A poco andar, y ya trasladados a Santiago, doña Marcelina quedó viuda con diez hijos (seis mujeres y cuatro hombres, el menor de los cuales fue el futuro compositor) y por falta de medios debe trasladarse a vivir a un conventillo. El pequeño Enrique empieza a trabajar en cualquier cosa como mocito, mandadero y otros oficios, lo que le impide asistir a la escuela. A los 14 años aparece en él, su verdadera ocasión y comienza a cantar en bares y cafetines de las calles San Diego, San Pablo, Plaza Almagro, Franklin, acompañado de su guitarra. Demuestra innatas facultades de músico y poeta, tal vez heredadas de su abuelo paterno, el violinista Gaetano Motto Massarelli.


Sus primeras composiciones las hace con el maestro Angel Capriolo, quien lo bautiza con el seudónimo que lo hizo famoso. Su primer éxito fue en el año 35, a los 20 años, cuando canta por primera vez acompañado de una orquesta en el cabaret Chantecler (San Diego con Avda. Matta). Luego realiza innumerables giras por el país y Sudamérica, integrando compañías de sainetes y revistas. En una de ellas, enamorado de Bueno Aires, se radica en la capital argentina por 15 años. Allí nace
Si Vas Para Chile que estrena en Brasil con atuendos típicos de huaso.

De regreso a Chile, en 1953, es aclamado por sus compatriotas en el famoso restaurant "El Pollo Dorado". A través de su extensa trayectoria, recibe innumerables honores: Tres Laureles de Oro, dos Discos de Oro IRT, condecoraciones, galvanos, pero tal vez el homenaje más significativo a nivel internacional es el que se le otorga en 1977, cuando el Congreso de Autores y Compositores Latinoamericanos reunidos en Buenos Aires lo manda a buscar especialmente para honrarlo y premiarlo.


Aborda un sinnúmero de géneros musicales: -cuecas, tangos, vals, rumba, fox, boleros, guarachas, rancheras, milongas, corridos, tonadas,etc.- y entre sus composiciones más conocidas, figuran: Noche Austral, Santiago, Viejo San Diego, Muñeca de Papel, Enséñame a Olvidar, Mentira, El Ultimo Poeta, Los Héroes Olvidados, Yo Era Bueno, Atardecer Campesino, Cuando La Tarde Se Va, Recuerdos Ariqueños, Chango López, Cachimbo para Atacama, El Gallo y la Gallina.

Su vida tuvo mucho de los tangos que él tanto gustaba interpretar. No le faltaron halagos y honores en los buenos tiempos -desarrolló una amistad, incluso, con el ex-presidente Carlos Ibáñez del Campo-, pero sufrió una cruel enfermedad (hemiplejia) y sus correrías bohemias le provocaron muchos reveses de fortuna y le hicieron volver a sufrir la pobreza de la que escapó en su infancia tras el camino del éxito.   

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SI VAS PARA CHILE 

Si vas para Chile te ruego que pases
por donde vive mi amada,
es una casita muy linda y chiquita
que está en la falda de un cerro enclavada.
La adornan las parras, la cruza un estero
y al frente hay un sauce que llora, que llora,
porque yo la quiero.
Si vas para Chile, te ruego viajero,
le digas a ella que de amor me muero.

El pueblito se llama Las Condes
y está junto a los cerros y al cielo
y si miras de lo alto hacia el valle
lo verás que lo cruza un estero.
Campesinos y gente del pueblo
te saldrán al encuentro viajero
y verás como quieren en Chile
al amigo cuando es forastero.
    

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Musica de Chile : http://www.musicadechile.com/  

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Juan CALLE

Juan CALLE

   

MINKA NEWS

(Altopilar)

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Homenaje a García Lorca: asesinado el 19 de Agosto de 1936   

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García Lorca por Isaac Bigio  

Hace 70 años fue fusilado el poeta y dramaturgo español más célebre del siglo XX. Federico García Lorca fue el primer gran intelectual asesinado por Franco. Pese a que su vida se interrumpió el 19 de Agosto de 1936, cuando áun solo tenía 38 años, él apuntaba a ser el Shakespeare de la lengua de Cervantes 

Sus obras de teatro como Bodas de Sangre, Yema o La Casa de Bernarda Alva están entre las más difundidas, representadas y traducidas de la hispanidad.Un documental sobre su vida que se estrena muy pronto sostiene que su última obra pudo haberle costado la vida. Al burlarse de Bernarda Alva, una matriarca que dominaba a su familia como una tiranía, algunos parientes se habrían sentido ofendidos uniéndose a los falangistas para matarle. 

Lorca cayó en el primero de los 33 meses que duró la guerra civil española, la cual costó 500,000 vidas. Su asesino Franco murió en el poder casi 40 años después. Lorca, en cambio, cada vez sigue más vivo pues sus obras aparecen cada vez más en más libros, países, idiomas y teatros de todo el mundo.  Publicado el 22 de Agosto en Correo del Perú   

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Un afiche con los colore de la España...

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ALFREDO CORDAL:Sus poemas han sido publicados en varias antologías desde la década de los años ochenta. Gran declamador muy querido por la comunidad latina en Londres. Como dramaturgo ha producido muchas obras que han sido puestas en escena en los distintos teatros de Londres. Es autor de la Obra ‘Una noche de Mil años’, ganadora del premio de la Fárrago Poetry Society , por la mejor obra teatral en idioma español en el 2004. De nacionalidad chilena. Poeta chileno laureado en 2001, 2003 y 2005 como el mejor poeta declamador del Reino Unido en inglés o lenguas extranjeras por la Farrago Society 

Federico o el destino ciego

Por Alfredo Cordal

  

(El poeta aparece con gafas negras y se las saca cuando habla Federico. Se las vuelve a poner cuando habla el destino).  

Federico García decía siempre: 

‘Nadie mata a los poetas. Los poetas no servimos para nada …Y si somos inmortales es porque nos gusta matar el tiempo en los cementerios y torear a las moscas…’ 

Cuidado, Federico … los poetas pueden ser símbolos extremadamente peligrosos … 

‘Símbolos ….? De qué símbolos me hablan …? Si me matan me darán la oportunidad de convertirme en hierva de primavera, en caca de pájaro para denigrar las estatuas de los falsos héroes, en una manzana con una mariposa adentro, qué maravilla!

Me podré convertir en un espantapájaro crucificado en la colina, e incluso en los zapatos de Buster Keaton para corrercon los niños que quieran hacer novillos…’ 

Cuidado, Federico … basta ya de bromas ..! En Chile mataron a Víctor Jara! A Daniel Viglietti le quebraron los dedos en Montevideo…!Vallejo murió olvidado en París con aguacero…!A Neruda lo ahogaron en un valle de lágrimas …!John Lennon cayó asesinado en Nueva York …! 

‘En Nueva York …? Pero si yo estuve en Nueva York en el años 1929 cuando estudiaba el ingles en las películas mudas de la “Columbia Pictures University” y la gente se tiraba del octavo piso de los edificios con una bolsa de valores atada al cuello. Pero, qué tiempos corren?’ 

‘1936, Federico. Seis años han pasado. La Sexta luna ya ha salido! Un destacamente de las Camisas Negras viene a buscarte para llevarte lejos....!’ 

‘Lejos ..? Y si me llevan lejos, muy lejos … dejadme el balcón abiertopara seguir respirando en otros planetas …’ Y Federico fue llevado junto a Granada y fusilado antes del alba junto a un modesto maestro de provincia y un pobre aprendiz de torero … Ay, Federico …

Qué destino ciego. Tu cuerpo nunca fue encontrado!  ‘Qué nunca fue encontrado …? Pues, ya sabía yo que nadie mata a los poetas. Por lo menos no hay prueba de ello todavía …!’ …. Exclamó Federico … todavía sonriendo.  

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Federico GARCÍA LORCA

Federico GARCÍA LORCA

  

Federico García Lorca
(España, 1898-1936)
 

*

Poeta y dramaturgo español; es el escritor de esta nacionalidad más famoso del siglo XX y uno de sus artistas supremos. Su asesinato durante los primeros días de la Guerra Civil española hizo de él una víctima especialmente notable del franquismo, lo que contribuyó a que se conociera su obra. Sin embargo, sesenta años después del crimen, su valoración y su prestigio universal permanecen inalterados. Nació en Fuente Vaqueros (Granada), en el seno de una familia de posición económica desahogada. Estudió bachillerato y música en su ciudad natal y, entre 1919 y 1928, vivió en la Residencia de Estudiantes, de Madrid, un centro importante de intercambios culturales donde se hizo amigo del pintor Salvador Dalí, el cineasta Luis Buñuel y el también poeta Rafael Alberti, entre otros, a quienes cautivó con sus múltiples talentos. Viajó a Nueva York y Cuba en 1929-30. Volvió a España y escribió obras teatrales que le hicieron muy famoso. Fue director del teatro universitario La Barraca, conferenciante, compositor de canciones y tuvo mucho éxito en Argentina y Uruguay, países a los que viajó en 1933-34.   

*

DANZA DE LA MUERTE

«Un pájaro de papel en el pecho dice que el tiempo de los besos no ha llegado.» VICENTE ALEIXANDRE 

El Mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Cómo viene del África a New York!

Se fueron los árboles de la pimienta,
los pequeños botones de fósforo.
Se fueron los camellos de carne desgarrada
y los valles de luz que el cisne levantaba con el pico.

Era el momento de las cosas secas,
de la espiga en el ojo y el gato laminado,
del óxido de hierro de los grandes puentes
y el definitivo silencio del corcho.

Era la gran reunión de los animales muertos,
traspasados por las espadas de la luz;
la alegría eterna del hipopótamo con las pezuñas de ceniza
y de la gacela con una siempreviva en la garganta.

En la marchita soledad sin honda
el abollado mascarón danzaba.
Medio lado del mundo era de arena,
mercurio y sol dormido el otro medio.

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Arena, caimán y miedo sobre Nueva York!

***

Desfiladeros de cal aprisionaban un cielo vacío
donde sonaban las voces de los que mueren bajo el guano.
Un cielo mondado y puro, idéntico a sí mismo,
con el bozo y lirio agudo de sus montañas invisibles,

acabó con los más leves tallitos del canto
y se fue al diluvio empaquetado de la savia,
a través del descanso de los últimos desfiles,
levantando con el rabo pedazos de espejo.

Cuando el chino lloraba en el tejado
sin encontrar el desnudo de su mujer
y el director del banco observaba el manómetro
que mide el cruel silencio de la moneda,
el mascarón llegaba al Wall Street.

No es extraño para la danza
este columbario que pone los ojos amarillos.
De la esfinge a la caja de caudales hay un hilo tenso
que atraviesa el corazón de todos los niños pobres.
El ímpetu primitivo baila con el ímpetu mecánico,
ignorantes en su frenesí de la luz original.

Porque si la rueda olvida su fórmula,
ya puede cantar desnuda con las manadas de caballos;
y si una llama quema los helados proyectos,
el cielo tendrá que huir ante el tumulto de las ventanas.
No es extraño este sitio para la danza, yo lo digo.

El mascarón bailará entre columnas de sangre y de números,
entre huracanes de oro y gemidos de obreros parados
que aullarán, noche oscura, por tu tiempo sin luces,
¡oh salvaje Norteamérica! ¡oh impúdica! ¡oh salvaje,
tendida en la frontera de la nieve!

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Qué ola de fango y luciérnaga sobre Nueva York! 
 

***

Yo estaba en la terraza luchando con la luna.
Enjambres de ventanas acribillaban un muslo de la noche.
En mis ojos bebían las dulces vacas de los cielos.
Y las brisas de largos remos
golpeaban los cenicientos cristales de Broadway.

La gota de sangre buscaba la luz de la yema del astro
para fingir una muerta semilla de manzana.
El aire de la llanura, empujado por los pastores,
temblaba con un miedo de molusco sin concha.

Pero no son los muertos los que bailan,
estoy seguro.
Los muertos están embebidos, devorando sus propias manos.
Son los otros los que bailan con el mascarón y su vihuela;
son los otros, los borrachos de plata, los hombres fríos,
los que crecen en el cruce de los muslos y llamas duras,
los que buscan la lombriz en el paisaje de las escaleras,
los que beben en el banco lágrimas de niña muerta
o los que comen por las esquinas diminutas pirámides del alba.

¡Que no baile el Papa!
¡No, que no baile el Papa!
Ni el Rey,
ni el millonario de dientes azules,
ni las bailarinas secas de las catedrales,
ni construcciones, ni esmeraldas, ni locos, ni sodomitas.
Sólo este mascarón,
este mascarón de vieja escarlatina,
¡sólo este mascarón!

Que ya las cobras silbarán por los últimos pisos,
que ya las ortigas estremecerán patios y terrazas,
que ya la Bolsa será una pirámide de musgo,
que ya vendrán lianas después de los fusiles
y muy pronto, muy pronto, muy pronto.
¡Ay, Wall Street!

El mascarón. ¡Mirad el mascarón!
¡Cómo escupe veneno de bosque
por la angustia imperfecta de Nueva York!
  

*

Libro de F.G. LORCA

*

CASIDA DE LA MUCHACHA DORADA

La muchacha dorada
se bañaba en el agua
y el agua se doraba.

Las algas y las ramas
en sombra la asombraban
y el ruiseñor cantaba
por la muchacha blanca.

Vino la noche clara,
turbia de plata mata,
con peladas montañas
bajo la brisa parda.

La muchacha mojada
era blanca en el agua,
y el agua, llamarada.

Vino el alba sin mancha,
con mil caras de vaca,
yerta y amortajada
con heladas guirnaldas.

La muchacha de lágrimas
se bañaba entre llamas,
y el ruiseñor lloraba
con las alas quemadas.

La muchacha dorada
era una blanca garza
y el agua la doraba.
 

*

 

Imagen de Lorca en Italia

*

SEVILLA

Sevilla es una torre
llena de arqueros finos.

Sevilla para herir.
Córdoba para morir.

Una ciudad que acecha
largos ritmos,
y los enrosca
como laberintos.
Como tallos de parra
encendidos.

¡Sevilla para herir! Bajo el arco del cielo,
sobre su llano limpio,
dispara la constante
saeta de su río.

¡Córdoba para morir! Y loca de horizonte,
mezcla en su vino
lo amargo de Don Juan
y lo perfecto de Dioniso.

Sevilla para herir.
¡Siempre Sevilla para herir!
 

*

CRUCIFIXIÓN

La luna pudo detenerse al fin por la curva blanquísima de los caballos.
Un rayo de luz violenta que se escapaba de la herida
proyectó en el cielo el instante de la circuncisión de un niño muerto.

La sangre bajaba por el monte y los ángeles la buscaban,
pero los cálices eran de viento y al fin llenaba los zapatos.
Cojos perros fumaban sus pipas y un olor de cuero caliente
ponía grises los labios redondos de los que vomitaban en las esquinas.
Y llegaban largos alaridos por el Sur de la noche seca.
Era que la luna quemaba con sus bujías el falo de los caballos.
Un sastre especialista en púrpura
había encerrado a tres santas mujeres
y les enseñaba una calavera por los vidrios de la ventana.
Las tres en el arrabal rodeaban a un camello blanco,
que lloraba porque al alba
tenía que pasar sin remedio por el ojo de una aguja.
¡Oh cruz! ¡Oh clavos! ¡Oh espina!
¡Oh espina clavada en el hueso hasta que se oxíden los planetas!
Como nadie volvía la cabeza, el cielo pudo desnudarse.
Entonces se oyó la gran voz y los fariseos dijeron:
Esa maldita vaca tiene las tetas llenas de leche.
La muchedumbre cerraba las puertas
y la lluvia bajaba por las calles decidida a mojar el corazón
mientras la tarde se puso turbia de latidos y leñadores
y la oscura ciudad agonizaba bajo el martillo de los carpinteros.

Esa maldita vaca
tiene las tetas llenas de perdigones,
dijeron los fariseos.
Pero la sangre mojó sus pies y los espíritus inmundos
estrellaban ampollas de laguna sobre las paredes del templo.
Se supo el momento preciso de la salvación de nuestra vida.
Porque la luna lavó con agua
las quemaduras de los caballos
y no la niña viva que callaron en la arena.
Entonces salieron los fríos cantando sus canciones
y las ranas encendieron sus lumbres en la doble orilla del rio.
Esa maldita vaca, maldita, maldita, maldita
no nos dejará dormir, dijeron los fariseos,
y se alejaron a sus casas por el tumulto de la calle
dando empujones a los borrachos y escupiendo sal de los sacrificios
mientras la sangre los seguía con un balido de cordero.

Fue entonces
y la tierra despertó arrojando temblorosos ríos de polilla.
  

*

Leer más :

http://home.tiscali.be/ericlaermans/cultural/fglorca.html

http://www.garcia-lorca.org/http://jaserrano.com/glorca/

http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1953

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Carlos Contreras Elvira

Carlos Contreras Elvira

  

"Excelsos desdoblamientos de una escritura habitada - sobre y desde Mansión Artaud, de Manuel Lozano"  

*

Tras haber asimilado en buena medida las últimas proclamaciones arrojadas por la poesía de nuestro tiempo, acabo de leer con gozo una selección de poemas del libro del escritor argentino Manuel Lozano, y más que nunca me asevero en mis antiguas creencias.

Estoy acompañado ahora mismo de los ejemplos dadaístas de Tristán Tzara, manifiestos surrealistas y los míos propios. Como en mi anterior ensayo, he de repetir aquello de que todos coincidimos en lo mismo, un amor a la poesía y un notable desprecio de la realidad. Para el autor de estos textos la realidad es la poesía y la poesía suma inagotable de realidades, la verdad del arte empieza allí donde termina la realidad de la vida.  

Aclaremos que el surrealismo que podemos observar en Manuel Lozano no es un automatismo psíquico como propone la tesis de Louis Aragon, según tuve ocasión de saber por el propio autor, cuando le comenté este punto de vista o mostración de lo indescriptible y negó tajantemente su creencia en el primero, punto en el que hoy coincidimos. Manuel Lozano sigue los pasos marcados en la arena del sendero por el que paseó aquel Ricardo Güiraldes narrador de Don segundo sombra, obra fundacional de la literatura argentina, aquel que nos dejara la ulterior "me fui como quien se desangra" con la que tanto se identifica el autor de Mansión Artaud (Cf. primer verso del fragmento del poema Dudante o el jardín amurallado, abajo mencionado), dejándonos claro que cuando cree terminar un texto -pues un escritor desconoce cuándo éste parece concluir - la sensación que le queda es la de "palabra y sangre fundidas en un crisol fúlgido y avieso".  

También chorrea de los respaldos mamposteros de esta fuente de pensamiento que se encuentra en el Jardín de la Mansión (al que pocos pueden llegar por su localización oscura y recóndita) y que tiene por escultor a "un verdadero animal literario" como dijera Fernando Beltrán (Madrid, 1993), el influjo filosófico empirista de autores ingleses como Locke, Berkeley y David Hume, de quienes recolecta los frutos de su noción de percepción subjetiva de realidad, la "desobjetivación" del mundo, el costal del "esse est percipi" que vacía continuamente en su obra.  

Pero aunque no se produzca este automatismo psíquico en la Mansión Artaud, he de decir que hay una afirmación rotunda del pensar como ejercicio de supervivencia básico o necesario. El pensar no sólo es discurrir acerca de temas positivamente eruditos ni es discutir sobre el sentido de la vida; el pensar es también sentir, imaginar, palpar, amar pasionalmente -y esto a veces nos impide ver con claridad y juicio, luego nos impide reflexionar lejos del objeto con nitidez, y sin embargo pensamos, ya que pensar no es un cuerpo simple sino compuesto-.  

¿Creen ustedes que es posible fragmentar, dividir alguno de sus componentes?¿Creen ustedes que podrían ponerme delante algún poema parido por ese automatismo psíquico puro? ¿Creen que la razón no lleva a cabo su examen, siquiera su crítica? ¿Pueden asegurarme que la apariencia o facha de estas cosas de apariencia espontánea no llegan a la pluma ya destiladas y con el desfile de ideas horrorosamente oficial de un juicio anterior (tal vez lejano temporalmente) en el justo momento del nacimiento de la obra? Con esto, ustedes sólo han podido simplificar un problema que es mucho más complejo.

Desde que Manuel se sentó en su silla lápiz en mano para regalarnos estos textos, es notoria su voluntad de producir por lo que el automatismo desaparece, más que nada por lo involuntario y maquinal del mismo. Desde el momento en que el autor se preparó para escribir esta Mansión Artaud y guiarnos por sus oscuras pero encandiladas salas, el pensamiento surge examinado y bello "como un canto de pelícano". Son por tanto ustedes víctimas de una apariencia de espontaneidad ("trampa de simulacros", según el autor).

Como ejemplo de lo que digo, anoto este fragmento: 

"Cuando el río sube con sus desperdicios

(en la difunta alegría de lo que ha sido revelado),

la mujer abre la jaula.

Una fotografía de impaciencia dirá ser su verdugo,

pero es otra la tormenta entre bambúes;

hubiera sido preciso desterrarse

hasta el no-castigo, hasta la parálisis

de quienes moran la noche

con forma de camelia y maneras de pelícano." 

*Comienzo del poema El claro regreso que el autor dedicara, según sus propias palabras, al "Canto del Cisne" en septiembre de 2002.  

*

El filósofo italiano Vico decía en su Sciencia Nuova, publicada en Nápoles en 1725, que "mientras más débil es el razonar más robusta habrá de ser la fantasía". Sin irnos tan lejos tenemos también el ejemplo de Henri Bergson, quien escribiera que "el sueño es la vida mental completa". Por su parte, Platón decía del poeta "no cantará nunca sin cierto transporte divino, sin cierto suave furor. Lejos de él la fría razón, desde que quiere obedecerle, se acaban los versos, se acaban los oráculos." 

Pero hay otra razón aparte de la fría de que nos habla Platón, otra que no es sino caliente, la que mientras el poeta trabaja se halla al unísono con el calor de su alma. ¿Para qué dar tanta importancia a esa semi personalidad (pues el automatismo sólo existe en los centros corticales inferiores), no dándosela a nuestra personalidad total y verdadera? ¿De verdad creen que ese hombre que duerme es menos hombre o menos atrayente que uno despabilado?. Los actos automáticos existen, pero son precisamente los más vulgares o habituales, no el acto poético. 

La manera automática de escribir consistente en dejar correr la pluma bajo el impulso de un dictado aparencialmente espontáneo que brota del sueño, les quita al poeta y a la poesía toda la fuerza de su delirio natural (natural en los poetas), les arrebata el misterio propio de su origen departiéndonos desde el territorio de la tribu indivisa del mundo, de una representación quizá de indeliberado cuerpo: voz de desdoblamientos anacrónica, inactual. 

Y de su realización, el juego completo del ensamble de las palabras, todo un mecanismo de travesura de sonajas a percusión, juego consciente (aún en medio de la fiebre), juego del mayor lirismo, que es lo único que apasiona al poeta: esto se revela en Mansión Artaud y la levanta como coloso literario. 

"Con una máscara de hueso proteges al gusano", dice el autor en su poema Estandarte de Ur, para dejarnos claro que a él no le han arrebatado el misterio genealógico de su particular origen y realización. 

Si a Manuel le robaran el instante de la producción, el momento maravilloso de la mirada abierta desmesuradamente hasta llenar el universo y absorberlo como una bomba, el instante apasionante de ese juego consistente en reunir en el papel los varios elementos, de esa partida de ajedrez contra el infinito, el único momento que le hace olvidar la realidad cotidiana, el se suicidaría. 

"Ya las manos son agua de sangre

de la noche de quien golpea harapos.

¿Y los ríos donde perder

el amarre de tus cercos de sombra

hacia el festejo de las pesadillas?

Dijiste que despertar era increíble,

entre jirones y metamorfosis." 

* Fragmento de Dudante o el jardín amurallado.  

*

El estado de superconciencia de que nos habla Huidobro está presente en el poeta de La Mansión Artaud, estado que, según Vicente, sólo pertenece a los poetas. Abomino, al igual que el susodicho autor creacionista, del refrán "de poeta y de loco todos tenemos un poco" por su radical falsedad. 

En el delirio en el que se sumerge Manuel Lozano –que es hermosísimo, mucho más que el ensueño-, sigue estando controlada la razón, examen que no existe en el sueño oriundo. El delirio es una especie de convergencia intensiva de todo nuestro entresijo intelectual hacia un deseo sobrehumano, hacia un impulso enamoradizo de infinito, es irreal en la vida pero realidad para quien lo produce y para los que alcanzan a impregnarse en su atmósfera. Es la facultad que tienen algunas personas de excitarse naturalmente hasta el transporte, de poseer un mecanismo cerebral tan sensible que los hechos del mundo exterior pueden ponerlos en dicho estado de fiebre y alta frecuencia mnemónica. La razón le sigue, le ayuda a organizarse en la creación del hecho nuevo que está produciendo. 

"¿Cómo me diste tanta soledad si estaba lleno?

Las piedras urden lo que graba tu piel en los baldíos.

¿Cómo es entonces el camino?

Estás a punto de trizar el bloque de hielo que te encierra

en viejas, atroces migraciones al silencio

revelando ciudades partidas por un ala.

Canta, lastimada mía.

En la negrura del mar rozo mi cuerpo, mi fardo de preguntas,

esta fotografía salvada para siempre del naufragio.

Canta, lastimada mía.

La voluptuosa canta de blanco sobre un fondo rojo.

Canta en las cuevas masticando ayeres desde su porvenir milenario.

Canta, lastimada mía.

Canta ahora.Y despréndete." 

*Final del poderoso poema "Canta, lastimada mía"   

*

En definitiva, en la selección de textos de Mansión Artaud vive la tradición, conviven la cultura, la civilización y la tribu: los tres orangutanes delirantes que se columpian en el cordón umbilical de la humanidad. ¡Paso al progreso! ¡Paso al espectáculo grandioso! ¡Y viva la vida! grita el sepulturero interior de Don Manuel Lozano, y vivan las bestias necrófilas que se inflan el vientre.  

Y cuando los peluqueros entre sus adminículos amontonados y alpacas de cabello bruno pregunten angustiados ¿hacia donde nos dirigimos?, sólo un eco saltarín y zalamero responderá: a la nada. 

"El sudario ofrece llagas

para un dios que está ciego.

¿Cómo pronunciar frente a la piel

su historia de tenues vejaciones a la luz?

¿Por qué no pronunciarme desnudez

en este dilatado país de un ardor tan fulmíneo?

De un zarpazo llegarás a la casa.

¿Cómo debo mirar ahora

la devastación y las puertas?

Tenebroso, imantado o quemante,

el revés de tu sexo muerde piedad

cuando me viertes."

* Final de Tatuaje en fuga de dos cuerpos.  

*

Su poesía sigue orientándonos visualmente por las diferentes habitaciones de esta Gran Mansión con un lujo prodigioso, como una catarata de mármol cortante y oscuro: 

"¿Por qué asesinaste a la madre?

¿Por qué volcaron pus sobre tu vientre blanco?

¿Por qué te asesinaban?"

**Final de Retrato de familia.  

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Es por tanto una selección de textos que ejercen sobre el lector un extraño poder taumatúrgico similar al de la quimera, que lo lleva más allá de lo racional, mas siempre guiado por los espléndidos recovecos del pensamiento, sabiamente guiado y muy bien referenciado. 

Corría el año 1988 cuando Silvina Ocampo, célebre escritora argentina sobre la que el autor ha realizado diferentes estudios como "El enigma Silvina Ocampo" (siendo reconocido como uno de los estudiosos más importantes que acerca de la obra de esta autora se conocen), manifestara la fascinación que le producía la lectura de los poemas y relatos de Manuel, y el tiempo que había estado esperando algo que creía perdido, con estas palabras intemporales:  

"Los poemas y relatos de Manuel Lozano, prodigiosamente escritos, me transportan a los infiernos del cielo, a Paraísos que creí perdidos para siempre...Me fascinan... ¡Lo esperé durante tanto tiempo!" 

También otro importantísimo autor como Jorge Luis Borges, ha tenido palabras de admiración hacia el autor de Mansión Artaud, así mismo recordemos que Manuel es uno de los estudiosos más reconocidos sobre la obra de Borges, encontrando recompensa a su continuo trabajo y dedicación. Borges le escribía, en 1984, estas lúcidas palabras: 

"Nos deslumbra con páginas memorables. Descubro que tiene el hábito de frecuentar el universo, de traducirlo en misteriosas y afortunadas invenciones" 

Después de esto sólo me queda desear larga vida a los jardines y muros de esta Mansión, a los espléndidos mosaicos esmeralda del paraninfo donde resuenan las notas de la música extremada de Fray Luis de León, que Don Manuel Lozano ha levantado como uno de los arquitectos literarios más notables de nuestro tiempo. 

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Charles JULIET/Samuel BECKETT

Charles JULIET/Samuel BECKETT

Samuel Beckett nació en Foxrock, cerca de Dublín, en 1906. Hijo de padres protestantes de clase media, estudió en el Trinity College de Dublín. En 1933, después de una estadía infructuosa en Londres, emigró a París. Allí conoció al escritor James Joyce (Ulises, Dublineses) otro dublines renegado, quien ejerce gran influencia en la obra de Beckett. Durante este período escribe Murphy (1938), la cual comienza con la célebre frase "El sol brilló, al no tener otra alternativa, sobre lo nada nuevo". En 1940 Beckett se unió a la Resistencia Francesa y en 1942 huye a la Francia Libre perseguido por la Gestapo. En los años cincuenta comienza su período más prolífico con una trilogía de novelas: Molloy (1951), Malone meurt (1952) La Innommable (1953). El 5 de enero se estrenó en París En Attendant Godot causando un impacto rotundo, sensacional y fulgurante hasta tal punto que el resto de su obra ha quedado en relegado a segundo término. Además de la ya mencionada trilogía, escribe las piezas teatrales Krapp's Last Tape (1959), Play (1964), además de otras piezas y textos varios para radio, televisión y cine. En 1961 le otorgan el premio Prix Formentor por su contribución a la literatura mundial y en 1969 gana el premio Nobel de Literatura. 

Sitios sobre Beckett:

http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1451

http://maruska.soria.org/beckett.htm 

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Beckett, el inconsolable 

A 100 años del nacimiento de este autor, editorial Siruela publica "Encuentros con Samuel Beckett", volumen que recoge las conversaciones, hasta ahora inéditas en castellano, que mantuvo con el periodista francés Charles Juliet. El libro llega a comienzos de septiembre.

Charles JULIET

*
Llamo al interfón. Me invita a subir. Cuando salgo del ascensor casi me tropiezo con él. Me estaba esperando en el descanso. Entramos en su despacho. Me instalo en un canapé frente a su mesa de trabajo y él se sienta en un taburete, en línea oblicua respecto a mí. Ya ha adoptado la postura habitual en él cuando está sentado sin hacer nada: una pierna enroscada sobre la otra, la barbilla apoyada en la mano, la espalda inclinada, la mirada baja.

El silencio se ha apoderado de nosotros y sé que no va a ser fácil romperlo. Curiosa idea, pensé, interrogar a alguien que no es sino pregunta. (...) He aquí que estoy ante un hombre cuya obra tanto me ha aportado y con quien, en mi soledad, he mantenido interminables diálogos. (...) Durante esta entrevista me va a costar mucho trabajo coordinar esos datos tan agresivamente contrarios. (...)

Sé que durante estos últimos meses ha estado gravemente enfermo. Ésa ha sido precisamente la razón por la que este primer encuentro, que se había fijado para el 3 de mayo, no pudo llevarse a cabo. El día anterior había estado en la inauguración de la exposición de Hayden y por la noche se puso enfermo. La señora Beckett, que me recibió, pronunció la palabra gripe y decidimos no anular el encuentro previsto sino simplemente retrasarlo unos días. Sin embargo estuve esperando en vano una llamada telefónica.

Cuatro meses después supe que había tenido un absceso en el pulmón, y en seguida pensé en si no habría sido una tardía consecuencia de aquel día de preguerra cuando, una noche, en la calle y sin motivo alguno, lo apuñaló un mendigo.
*

Samuel Beckett a Paris

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Le pregunto por su salud y me habla de ella. Después la conversación gira en torno a la vejez.

- Siempre he deseado tener una vejez tensa, activa...

El ser que no deja Le hago más preguntas. Pero no recuerda bien. O a lo mejor no quiere recordar aquella época. Me habla del túnel, del crepúsculo mental.

Después:

- Siempre he tenido la impresión de que dentro de mí había un ser asesinado. Asesinado antes de mi nacimiento. Tenía que encontrar a ese ser asesinado. Intentar devolverle la vida... Un día fui a escuchar una conferencia de Jung...

Habló de una de sus pacientes, una chica jovencísima... Al final, mientras la gente se iba marchando, se quedó callado. Y como hablándose a sí mismo, asombrado por el descubrimiento que estaba haciendo, dijo:

- En el fondo no había nacido nunca.Siempre he tenido la impresión de que yo tampoco había nacido nunca. (...)

En 1945, Beckett volvió a Irlanda para visitar a su madre, a la que llevaba sin ver desde que empezó la guerra. Después volvió a visitarla en 1946, y durante esa estancia tuvo la repentina revelación de lo que debía hacer.

- Comprendí que aquello no podía seguir así. Entonces me contó lo que ocurrió aquella noche, en Dublín, al final del muelle, en medio de una fuerte tempestad. Y lo que me dijo es lo mismo que refiere el pasaje de "La última cinta" (de Krapp):

"Espiritualmente fue un año negro y pobre a más no poder hasta aquella memorable noche de marzo cuando, al final del muelle, en plena tormenta, no lo olvidaré nunca, todo se me aclaró. Por fin tuve la visión. Lo que vi de pronto era que la creencia que había guiado toda mi vida, a saber... grandes rocas de granito y la espuma que surgía a la luz del faro y el anemómetro que giraba como una hélice..., claro para mí por fin, que la oscuridad que siempre me había ensañado en reprimir es en realidad mi mejor... indestructible asociación hasta el último suspiro de la tempestad y de la noche con la luz del entendimiento y el fuego".

- Había que tirar todos los venenos... (con esta expresión se refiere sin duda a la decencia intelectual, al saber, a las certidumbres que uno mismo se impone, al deseo de dominar la vida...), encontrar el lenguaje apropiado... Cuando escribí la primera frase de Molloy no sabía a dónde me dirigía. Y cuando terminé la primera parte, ignoraba cómo iba a continuar. Todo ha ido viniendo solo. Sin tachar nada. No había preparado nada. No había elaborado nada.

Se levanta, saca de un cajón un cuaderno bastante grueso con la cubierta algo desgastada y me lo da. Es el manuscrito de Esperando a Godot. Es un cuaderno con las hojas cuadriculadas, con papel de la época de la guerra, gris, áspero, de mala calidad. Las únicas páginas escritas son las de la derecha, cubiertas de una escritura difícilmente legible. Lo hojeo con emoción. En la última parte ha escrito también en la izquierda, pero para leer hay que dar la vuelta al cuaderno. Efectivamente, el texto no tiene ningún retoque. Mientras yo intento descifrar algunas réplicas, él musita:

- Todo ocurría entre la mano y la página. No, no ha leído a los filósofos y pensadores orientales.- Proponen una salida y yo sentía que no la había. La solución es la muerte.

Le pregunto si escribe, si todavía puede escribir:

- El trabajo anterior prohíbe cualquier continuación de ese trabajo. Por supuesto, puedo escribir textos como los de Têtes-mortes. Pero no quiero. Acabo de tirar a la papelera una obrita de teatro. Cada vez hay que dar un paso adelante.

Largo silencio.

- La escritura me ha llevado al silencio. (...)

- Sin embargo tengo que continuar... Estoy frente a un acantilado y tengo que seguir adelante. Es imposible, verdad. Sin embargo, se puede avanzar. Ganar unos cuantos miserables milímetros...

Pero el médico le ha fijado normas estrictas. Es hora de que tome algunas medicinas y se disculpa por tener que interrumpir un momento nuestra entrevista. (...)

Mientras se levanta para coger uno de sus libros y lo coloca sobre la mesa para dedicármelo, dejo que mi mirada se posé largamente sobre él.Su belleza. Su seriedad. Su concentración. Su sorprendente timidez; la densidad de sus silencios. La intensidad con la que hace existir lo invisible.

Pienso que, si resulta tan impresionante, evidentemente es debido a que se nota que lo es, pero también, y sobre todo, a su absoluta sencillez. Una sencillez de comportamiento, de pensamiento, de expresión. Seguramente, alguien muy diferente. Un hombre superior. Quiero decir: un hombre humilde, sujeto a la intimidad de una permanente pregunta sobre lo fundamental. De pronto, esta evidencia: Beckett, el inconsolable...

En la escalera seguimos hablando un buen rato. Me explica que todavía está muy cansado y se disculpa por no poder invitarme a cenar. Pero nos hemos citado para la primavera siguiente y me asegura que entonces cenaremos juntos.Me pregunta con interés en qué voy a emplear mi estancia. Le respondo que no tengo ningún proyecto y que si he venido a París es exclusivamente para verlo.

- Pero no, no. No tenía usted que haber venido desde Lyon sólo para verme.


(24 de octubre de 1968) 

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Esteban A. ESPINOZA

Esteban A. ESPINOZA

 

Esteban Andrés ESPINOZA, también conocido como Sarkas alias Sarcástico nació en 1959 en Santiago de Chile. Sale al exilio a Nueva Zelandia, donde vive hoy rodeado de ballenas naufragadas y antiguos ritos maories.  Comenzó a escribir a los 15 años y publico su primer libro en 1989 «Elegy to Hope» en NZ. También ha sido publicado en antologías neozelandesas y australianas. Aun escribe en castellano poesía antipoética y trabaja como asistente social y dirige a su vez una fundación de ayuda a los inmigrantes y refugiados. 

Esteban Espinoza sarcastiko@hotmail.com

Sitio :  http://www.casalatinanz.com/ 

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James K. Baxter,El Profeta Maldito de Jerusalén 

Cuando James K. Baxter tenia 11 años escribió en la cubierta de un cuaderno escolar las siguientes palabras proféticas: «Libro 1- Poesía original – J.K. Baxter, nació el 29 junio 1926 y morirá cuando él y la naturaleza lo decidan.»Así, J.K. Baxter, quien era profundamente católico y altamente contradictorio, se convertiría en vida en el poeta maldito de Nueva Zelandia, es también uno de los poetas más importantes de la lengua inglesa del siglo XX.Toda su vida se mantuvo leal con la poesía y con misma suerte de todos los poetas verdaderos, al igual que Neruda y Breton, se involucro profundamente en la situación política, social y cultural de su país. También recibió de su padres importantes lecciones: su padre, era descendiente de pionero escoceses, quien consecuente con su convicción pacifista, antibélica, rehusó participar en la Primera Guerra Mundial, opción que le causo castigo y sufrimiento, en una sociedad conservadora estrechamente ligada a los destinos del imperio británico. Su madre era graduada de la Universidad de Cambridge en Lenguas Modernas, algo poco común en esa época para una mujer intelectual. Pero es el pacifismo del padre que marca al poeta, quien revela una permanente convulsión interna en respecto a los aspectos deshumanizadores de la cultura contemporánea y de los sistemas políticos limitantes de la libertad individual.

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En el poema «A Mi Padre»dice:
“Te compararé aun arco doblado
Y yo, a una flecha lanzada al aire resonante vacío
Y debo irme a su tiempo, mi amigo, 
Donde no puedes seguirme
No es amor el que me mantiene joven,
La flecha oxidada y el arco sin usar.
Tenemos una sola meta; liberar a los hombres
Del miedo, la costumbre y de la muerte incesante
Del sí contra sí mismo, de ciudad contra ciudad

Así entenderán la paz para la que nacieron.”  

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El tejido de estas circunstancias ha producido en Nueva Zelandia (Aotearoa en la lengua Maori) sus propios mitos contemporáneos y una poesía nueva que nos llega hasta hoy con esta voz desafiante y única. La voz de J.K. Baxter hay que leerla con la perspectiva histórica y social en la que maduró y expresó a si misma y al mundo que la rodeó. El poeta recibió la burla y el desprecio, fue seguido por los abandonados de este mundo y fue perseguido por un sistema añejo y conservador de la época, que fue implacable e con su crítica. J.K. Baxter recibió esto con contradicciones enormes, donde se debatió su interpretación de su fe y el mundo.  

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*Al lado de la tumba de Teseo

Las zarzas y gramales se enredan
Sobre el túmulo de huesos gigantescos
Este rey despreció el amor materno
Subyugó el caos taurino, levantó
Un acueducto, un cenotafio.
Sus huesos se pudren como todos los demás
El odio humano, la culpa humana
Mueven la máquina del estado.
El mendigo cojo que en la puerta espera
Tiene libertad todavía para reír o escupir.
Aquellas enredadas ramas se germinan
Sobre huesos que nunca conocieron el amor. 

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Desde su posición humanista y profundamente cristiana, no pudo sino estar cerca del pueblo maori (tangata whenua), quien desposeído de tierra y de una cultura que luchaba con sobrevivir. Las contradicciones dialécticas se hicieron transparentes en su vida, llevando la denuncia social, al igual como la había hacho, los antiguos profetas. Hemi como mas adelante lo bautizarían los maories, se enfrento a ello como un cordero abandonado, dejando el secreto de su poesía hasta días.

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El Jesucristo Maori
Vi al Jesucristo maori
Caminando por el puerto de Wellington
Llevaba pantalones azules de algodón
Sus cabellos y su barba eran largos
Su aliento era de mejillones y paraos
Cuando sonreía era como el amanecer
Cuando soltaba un flato los pececillos se asustaban
Cuando fruncía el ceño la tierra se sacudía
Cuando reía todos se emborrachaban.
El Jesucristo maori pasó a tierra firme
Y eligió a los doce apóstoles
Uno aseaba los servicios de la estación de tren

Tenía las manos rojas de frotarlas
Tratando de sacarse la mierda de los poros.
Otro era una prostituta que iba gratis
Otra era un ama de casa que se olvidó la píldora
Y que echo la tele a la basura
Otro era un pequeño oficinista
Que quiso prenderles fuego a las oficinas del Gobierno
Sí, y había algunos otros
Otro era una triste y vieja mujerzuela
Otro era un cura borracho que se volvía
Lentamente loco en una parroquia respetable.
El Jesucristo maori dijo,-hombre,
De hoy en adelante va a brillar el sol.
No obró ningún milagro;
Se puso en el suelo a tocar la guitarra.
 
Al primer día lo detuvieron
Por no tener medios visibles de manutención
Al segundo día lo golpeó la policía
Por decirle a un detective que su casa no estaba en orden
Al tercer día lo acusaron de ser maorí
Y lo condenaron a Monte Crawford por un mes
Al cuarto día lo mandaron a Porirua
Por haberle dicho al guardia que el sol dejaría de salir.
El quinto día duró siete años
Los que trabajó en la lavandería del asilo
Al sexto día le dijo al jefe médico
-Soy La luz en el Vacío
Soy quien soy.
Al séptimo día lo lobotomizaron
Partiendo en dos la mente del Señor.
Al octavo día no salió el sol
Ni salió al día siguiente
El Señor no estaba ni vivo ni muerto
La oscuridad del Vacío
Montañosa, profunda, oscuridad civilizada
Se posó sobre la tierra de allí en adelante.  

*

 

Por 1958, y habiéndose unido a Alcohólicos Anónimos, comienza a tomar forma su última conversión y la que marca su vida hasta el final. En ese año gana una beca UNESCO que lo lleva a la India y a Japón donde es estremecido y provocado por la situación de los pobres y la miseria. Siguiendo un llamando en un sueño, como así lo relatara el mismo, una voz le había ordenado “ir a Jerusalén”, un pequeño caserío maori, a las orillas del río Wanganui. Allí, donde llegaría más tarde, solo con un cambio de ropas y una Biblia, formaría una comunidad de trasgresores del sistema, convirtiéndose en su profeta fatal y entrando así en la historia de Aotearoa, Nueva Zelandia.

* 

“Aquí en esta mañana no está el Vice Quad
Para mantenerme a tientas, me persigno una vez
Digo salud santa reina y me voy
A hablarle a Morgan”
La casa está sucia
Mr Baxter! esa no es la manera
De mejorar al nadie”
-“Mire, Mr Morgan
Esto es un  Marae Pakeha
Solo soy su habitante-
Puede ver que la droga
 
Han estado usando alcohol”- El oficial no dice nada
Pero da sus vueltas como un toro español
Mientras los niños salen de la cama. 
Creo que le gusta el lugar
Se siente en casa- pero son las 9 AM
Allí estoy yo, los pájaros y las hermanas Aquinas
 *
J.K. BAXTER
 
Golpeando la puerta con un plato de frijoles 
enanos - Poema 33 Sonetos de Jerusalén

Su madurez de hombre y de poeta lo ha convertido en el poeta de mayor significado en la sociedad neozelandesa a la cual, crítico severamente por su olvido de los más pobres. Como si poesía y profecía, la verdadera expresión poética, se auto confundieran, esta contradicción fue encarnada en la vida y la poesía de Hemi Baxter. Hoy, muchos neozelandeses y maories tienen alguna anécdota con aquel poeta descalzo cuya presencia esta casi tibia en los senderos de estas tierras. Su figura oscura y profética nos habla de un tiempo de sueños honestos donde quienes vivieron esa esperanza la llevaban en su corazón como un regalo maravilloso. 

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“La oscuridad de si mismo vuelve
Ahora que la casa está vacía
Un presentimiento de peligro en la pieza oscurecida
A media luz vista a través de un marco cuadrado
Redonduelas pegajosas dejadas en la mesa
La oscuridad, el aleteo de una polilla 

*

  

En Jerusalén, a las orillas del rio Wanganui, Hemi, profeta, vagabundo y descalzo, formo una pequena comunidad acompanado de hippies y perdidos a quienes rescataba de las calles y de la soledad. Alli escribio «Sonetos de Jerusalén» que se pueden leer como un todo o en una secuencia de poemas. El poeta, se convirtió en una espina clavada en la conciencia del mundo neozelandés de esa época.  

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“Hermanos, las nueces verdes están hinchándose
En los árboles debajo de los cerros
Redondos y duros, el tamaño de un escroto humano
Y después se caen en el césped
Para nosotros y la gente del pa: 
Me siento en la oficina del transporte esta mañana
De otoño, con el sol brillando.
No hay una sola nube.
Ria, Toro Poutini, hablan de sus muchos nietos
Y les digo 
Que donde crecí en la Isla del Sur
Había una roca donde mi padre pescaba
Algunas veces tiraba su red en el canal 
Para pescar
- El mar es una cosa que extraño
Arriba en el río me dice Poutini
Tienes el mar como tienes el río “
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Poema de James Keir Baxter
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Poema 8 Testamento de Otoño 

 

Cuando la naturaleza lo llevara a su último viaje, su alma de poeta semilló los montes y los bosques semi tropicales, dejando así, árboles de inmensas hojas y helechos gigantes, hermosos testigos de su poesía, la cual aún palpita en la sangre en la tierra de Maori.  

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Como despedida J.K .Hemi Baxter nos deja esta canción Song for Sakyamuni (1971)


Había un hombre que vivía en Jerusalén
Tenia un abrigo viejo, tenía las unas de sus pies largas.
Los periódicos inventaban historias sobre el
Para entretener a las dueñas de casa-porque no podría vivir
En el reino de la Ansiedad como todo otro hombre
He irse a su casa como cualquier conejo a su guarida?
Dios era su problema; Dios y el universo
Tenia-digamos-un problema de identidad-
Ahora, su vas al valle de Jerusalén
Encontraras que el silencio es como cualquier otro silencio
Encontraras que el río es como cualquier otro río
Encontraras que la lluvia es como cualquier otra lluvia,

Pero el viejo salio de la fotografía
Dejando el marco vacio.


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 Traducción de los poemas por E. Espinoza 

http://www.casalatinanz.com/histo_baxter.htm

 

Sitios sobre J.K. Baxter

http://www.bookcouncil.org.nz/writers/baxterjk.html

http://en.wikipedia.org/wiki/James_Keir_Baxter

   

Luis LOPEZ CRIOLLO

 

WWW.COMUNALATINA.COM

The Latin American People Magazine

E-mail :comunalatina@hotmail.com 

luis_lopez_criollo@yahoo.com  **

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Nicanor PARRA

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«El Pago de Chile» : la última propuesta artística

del antipoeta Nicanor Parra  

La Presidenta de Chile, Michelle Bachelet, encabezó la inauguración de la exposición “Obras Públicas” de Nicanor Parra.

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El evento se realizo en el Centro Cultural Palacio de La Moneda y contó con la presencia de la ministra Paulina Urrutia, la ministra subrogarte del Servicio Nacional de la Mujer, Carmen Andrade, el coordinador general (interino) del Centro Cultural, Ignacio Aliaga y cerca de 600 invitados. 

En la ocasión, y haciendo alusión a la galería de los ex Presidentes de la República expuesta en el recinto, titulada “El Pago de Chile”, la Presidenta Bachelet le preguntó al antipoeta “¿me agregará a ella cuando me vaya, don Nicanor ?”. Asimismo, hizo un llamado a los chilenos o no ponerse “paranoicos” con la exposición. “Esto es una instalación de arte, de poesía, o de antipoesía ciudadana. Debemos promover y aplaudir la libertad”, destacó. 

En la ocasión, la Mandataria se manifestó alegre de que esta exposición sea mostrada en un recinto abierto. “Me alegra mucho tenerlo aquí hoy día don Nicanor, que podamos compartir con todos los amigos esta magnífica exposición, la que tantos chilenos y chilenas podrán disfrutar en este espacio ciudadano, abierto, pluralista y diverso”, indicó. 

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La muestra estará presente en el Centro Cultural entre el 18 de agosto y el 6 de octubre, e incluye gigantografías, escritura sobre muros, objetos, videos e instalaciones visuales. Obras Públicas” muestra la producción inédita del antipoeta durante los últimos 20 años, marcada por el paso de la escritura a la grafica.

El montaje utilizará recursos visuales, audiovisuales y tridimensionales para acercar al público a la creación de quien ha sido considerado por muchos el poeta vivo más importante de Chile.  

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http://www.comunalatina.com/arteycultura.html