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Revista Literaria AZUL@RTE

Carlos Contreras Elvira

Carlos Contreras Elvira

  

"Excelsos desdoblamientos de una escritura habitada - sobre y desde Mansión Artaud, de Manuel Lozano"  

*

Tras haber asimilado en buena medida las últimas proclamaciones arrojadas por la poesía de nuestro tiempo, acabo de leer con gozo una selección de poemas del libro del escritor argentino Manuel Lozano, y más que nunca me asevero en mis antiguas creencias.

Estoy acompañado ahora mismo de los ejemplos dadaístas de Tristán Tzara, manifiestos surrealistas y los míos propios. Como en mi anterior ensayo, he de repetir aquello de que todos coincidimos en lo mismo, un amor a la poesía y un notable desprecio de la realidad. Para el autor de estos textos la realidad es la poesía y la poesía suma inagotable de realidades, la verdad del arte empieza allí donde termina la realidad de la vida.  

Aclaremos que el surrealismo que podemos observar en Manuel Lozano no es un automatismo psíquico como propone la tesis de Louis Aragon, según tuve ocasión de saber por el propio autor, cuando le comenté este punto de vista o mostración de lo indescriptible y negó tajantemente su creencia en el primero, punto en el que hoy coincidimos. Manuel Lozano sigue los pasos marcados en la arena del sendero por el que paseó aquel Ricardo Güiraldes narrador de Don segundo sombra, obra fundacional de la literatura argentina, aquel que nos dejara la ulterior "me fui como quien se desangra" con la que tanto se identifica el autor de Mansión Artaud (Cf. primer verso del fragmento del poema Dudante o el jardín amurallado, abajo mencionado), dejándonos claro que cuando cree terminar un texto -pues un escritor desconoce cuándo éste parece concluir - la sensación que le queda es la de "palabra y sangre fundidas en un crisol fúlgido y avieso".  

También chorrea de los respaldos mamposteros de esta fuente de pensamiento que se encuentra en el Jardín de la Mansión (al que pocos pueden llegar por su localización oscura y recóndita) y que tiene por escultor a "un verdadero animal literario" como dijera Fernando Beltrán (Madrid, 1993), el influjo filosófico empirista de autores ingleses como Locke, Berkeley y David Hume, de quienes recolecta los frutos de su noción de percepción subjetiva de realidad, la "desobjetivación" del mundo, el costal del "esse est percipi" que vacía continuamente en su obra.  

Pero aunque no se produzca este automatismo psíquico en la Mansión Artaud, he de decir que hay una afirmación rotunda del pensar como ejercicio de supervivencia básico o necesario. El pensar no sólo es discurrir acerca de temas positivamente eruditos ni es discutir sobre el sentido de la vida; el pensar es también sentir, imaginar, palpar, amar pasionalmente -y esto a veces nos impide ver con claridad y juicio, luego nos impide reflexionar lejos del objeto con nitidez, y sin embargo pensamos, ya que pensar no es un cuerpo simple sino compuesto-.  

¿Creen ustedes que es posible fragmentar, dividir alguno de sus componentes?¿Creen ustedes que podrían ponerme delante algún poema parido por ese automatismo psíquico puro? ¿Creen que la razón no lleva a cabo su examen, siquiera su crítica? ¿Pueden asegurarme que la apariencia o facha de estas cosas de apariencia espontánea no llegan a la pluma ya destiladas y con el desfile de ideas horrorosamente oficial de un juicio anterior (tal vez lejano temporalmente) en el justo momento del nacimiento de la obra? Con esto, ustedes sólo han podido simplificar un problema que es mucho más complejo.

Desde que Manuel se sentó en su silla lápiz en mano para regalarnos estos textos, es notoria su voluntad de producir por lo que el automatismo desaparece, más que nada por lo involuntario y maquinal del mismo. Desde el momento en que el autor se preparó para escribir esta Mansión Artaud y guiarnos por sus oscuras pero encandiladas salas, el pensamiento surge examinado y bello "como un canto de pelícano". Son por tanto ustedes víctimas de una apariencia de espontaneidad ("trampa de simulacros", según el autor).

Como ejemplo de lo que digo, anoto este fragmento: 

"Cuando el río sube con sus desperdicios

(en la difunta alegría de lo que ha sido revelado),

la mujer abre la jaula.

Una fotografía de impaciencia dirá ser su verdugo,

pero es otra la tormenta entre bambúes;

hubiera sido preciso desterrarse

hasta el no-castigo, hasta la parálisis

de quienes moran la noche

con forma de camelia y maneras de pelícano." 

*Comienzo del poema El claro regreso que el autor dedicara, según sus propias palabras, al "Canto del Cisne" en septiembre de 2002.  

*

El filósofo italiano Vico decía en su Sciencia Nuova, publicada en Nápoles en 1725, que "mientras más débil es el razonar más robusta habrá de ser la fantasía". Sin irnos tan lejos tenemos también el ejemplo de Henri Bergson, quien escribiera que "el sueño es la vida mental completa". Por su parte, Platón decía del poeta "no cantará nunca sin cierto transporte divino, sin cierto suave furor. Lejos de él la fría razón, desde que quiere obedecerle, se acaban los versos, se acaban los oráculos." 

Pero hay otra razón aparte de la fría de que nos habla Platón, otra que no es sino caliente, la que mientras el poeta trabaja se halla al unísono con el calor de su alma. ¿Para qué dar tanta importancia a esa semi personalidad (pues el automatismo sólo existe en los centros corticales inferiores), no dándosela a nuestra personalidad total y verdadera? ¿De verdad creen que ese hombre que duerme es menos hombre o menos atrayente que uno despabilado?. Los actos automáticos existen, pero son precisamente los más vulgares o habituales, no el acto poético. 

La manera automática de escribir consistente en dejar correr la pluma bajo el impulso de un dictado aparencialmente espontáneo que brota del sueño, les quita al poeta y a la poesía toda la fuerza de su delirio natural (natural en los poetas), les arrebata el misterio propio de su origen departiéndonos desde el territorio de la tribu indivisa del mundo, de una representación quizá de indeliberado cuerpo: voz de desdoblamientos anacrónica, inactual. 

Y de su realización, el juego completo del ensamble de las palabras, todo un mecanismo de travesura de sonajas a percusión, juego consciente (aún en medio de la fiebre), juego del mayor lirismo, que es lo único que apasiona al poeta: esto se revela en Mansión Artaud y la levanta como coloso literario. 

"Con una máscara de hueso proteges al gusano", dice el autor en su poema Estandarte de Ur, para dejarnos claro que a él no le han arrebatado el misterio genealógico de su particular origen y realización. 

Si a Manuel le robaran el instante de la producción, el momento maravilloso de la mirada abierta desmesuradamente hasta llenar el universo y absorberlo como una bomba, el instante apasionante de ese juego consistente en reunir en el papel los varios elementos, de esa partida de ajedrez contra el infinito, el único momento que le hace olvidar la realidad cotidiana, el se suicidaría. 

"Ya las manos son agua de sangre

de la noche de quien golpea harapos.

¿Y los ríos donde perder

el amarre de tus cercos de sombra

hacia el festejo de las pesadillas?

Dijiste que despertar era increíble,

entre jirones y metamorfosis." 

* Fragmento de Dudante o el jardín amurallado.  

*

El estado de superconciencia de que nos habla Huidobro está presente en el poeta de La Mansión Artaud, estado que, según Vicente, sólo pertenece a los poetas. Abomino, al igual que el susodicho autor creacionista, del refrán "de poeta y de loco todos tenemos un poco" por su radical falsedad. 

En el delirio en el que se sumerge Manuel Lozano –que es hermosísimo, mucho más que el ensueño-, sigue estando controlada la razón, examen que no existe en el sueño oriundo. El delirio es una especie de convergencia intensiva de todo nuestro entresijo intelectual hacia un deseo sobrehumano, hacia un impulso enamoradizo de infinito, es irreal en la vida pero realidad para quien lo produce y para los que alcanzan a impregnarse en su atmósfera. Es la facultad que tienen algunas personas de excitarse naturalmente hasta el transporte, de poseer un mecanismo cerebral tan sensible que los hechos del mundo exterior pueden ponerlos en dicho estado de fiebre y alta frecuencia mnemónica. La razón le sigue, le ayuda a organizarse en la creación del hecho nuevo que está produciendo. 

"¿Cómo me diste tanta soledad si estaba lleno?

Las piedras urden lo que graba tu piel en los baldíos.

¿Cómo es entonces el camino?

Estás a punto de trizar el bloque de hielo que te encierra

en viejas, atroces migraciones al silencio

revelando ciudades partidas por un ala.

Canta, lastimada mía.

En la negrura del mar rozo mi cuerpo, mi fardo de preguntas,

esta fotografía salvada para siempre del naufragio.

Canta, lastimada mía.

La voluptuosa canta de blanco sobre un fondo rojo.

Canta en las cuevas masticando ayeres desde su porvenir milenario.

Canta, lastimada mía.

Canta ahora.Y despréndete." 

*Final del poderoso poema "Canta, lastimada mía"   

*

En definitiva, en la selección de textos de Mansión Artaud vive la tradición, conviven la cultura, la civilización y la tribu: los tres orangutanes delirantes que se columpian en el cordón umbilical de la humanidad. ¡Paso al progreso! ¡Paso al espectáculo grandioso! ¡Y viva la vida! grita el sepulturero interior de Don Manuel Lozano, y vivan las bestias necrófilas que se inflan el vientre.  

Y cuando los peluqueros entre sus adminículos amontonados y alpacas de cabello bruno pregunten angustiados ¿hacia donde nos dirigimos?, sólo un eco saltarín y zalamero responderá: a la nada. 

"El sudario ofrece llagas

para un dios que está ciego.

¿Cómo pronunciar frente a la piel

su historia de tenues vejaciones a la luz?

¿Por qué no pronunciarme desnudez

en este dilatado país de un ardor tan fulmíneo?

De un zarpazo llegarás a la casa.

¿Cómo debo mirar ahora

la devastación y las puertas?

Tenebroso, imantado o quemante,

el revés de tu sexo muerde piedad

cuando me viertes."

* Final de Tatuaje en fuga de dos cuerpos.  

*

Su poesía sigue orientándonos visualmente por las diferentes habitaciones de esta Gran Mansión con un lujo prodigioso, como una catarata de mármol cortante y oscuro: 

"¿Por qué asesinaste a la madre?

¿Por qué volcaron pus sobre tu vientre blanco?

¿Por qué te asesinaban?"

**Final de Retrato de familia.  

*

Es por tanto una selección de textos que ejercen sobre el lector un extraño poder taumatúrgico similar al de la quimera, que lo lleva más allá de lo racional, mas siempre guiado por los espléndidos recovecos del pensamiento, sabiamente guiado y muy bien referenciado. 

Corría el año 1988 cuando Silvina Ocampo, célebre escritora argentina sobre la que el autor ha realizado diferentes estudios como "El enigma Silvina Ocampo" (siendo reconocido como uno de los estudiosos más importantes que acerca de la obra de esta autora se conocen), manifestara la fascinación que le producía la lectura de los poemas y relatos de Manuel, y el tiempo que había estado esperando algo que creía perdido, con estas palabras intemporales:  

"Los poemas y relatos de Manuel Lozano, prodigiosamente escritos, me transportan a los infiernos del cielo, a Paraísos que creí perdidos para siempre...Me fascinan... ¡Lo esperé durante tanto tiempo!" 

También otro importantísimo autor como Jorge Luis Borges, ha tenido palabras de admiración hacia el autor de Mansión Artaud, así mismo recordemos que Manuel es uno de los estudiosos más reconocidos sobre la obra de Borges, encontrando recompensa a su continuo trabajo y dedicación. Borges le escribía, en 1984, estas lúcidas palabras: 

"Nos deslumbra con páginas memorables. Descubro que tiene el hábito de frecuentar el universo, de traducirlo en misteriosas y afortunadas invenciones" 

Después de esto sólo me queda desear larga vida a los jardines y muros de esta Mansión, a los espléndidos mosaicos esmeralda del paraninfo donde resuenan las notas de la música extremada de Fray Luis de León, que Don Manuel Lozano ha levantado como uno de los arquitectos literarios más notables de nuestro tiempo. 

*

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