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Revista Literaria AZUL@RTE

Ronald CASTILLO FLORIAN

Ronald CASTILLO FLORIAN

Ronald Castillo Florian, Nació en Cañete-Lima, 26 de marzo de 1979 bachiller en educación: Lengua y Literatura: Cursa estudios de maestría en la UNE Enrique Guzmán y Valle en la mención: Didáctica de la comunicación. Es poeta y místico, próximo a publicar un poemario cuyo título es: DEMIURGO EN AGONÍA. Además de otras obras por editar. 

E-mail : trakl@hotmail.com  

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EN LAS GRIETAS DE TU ESPALDA

Una lectura del Poemario del Poeta: Leoncio Luque. 

Por Ronald Castillo Florián 

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La poseía es la máxima expresión del yo interior, de aquel misterioso sentimiento que quiere mostrarse y sensibilizar a los demás. Ésta llega cuando menos la imaginamos, o cuando más la necesitamos. No se trata de un simple movimiento pueril de sentarse y escribir lo que venga, sino de plasmar aquello que nos interpela ya que no puede ser contenida por más tiempo. Al igual que las lágrimas, necesitan nacer, ver la luz para reverenciar el sentido de vivir permitiendo así observar aquello que otros no pueden ver. Es por tanto un otear desde otro monte, desde otra avenida, desde otra dimensión; otear, respirar y vivir, ello es lo que motiva a sangrar en cada papel y expresar lo más puro y hermoso del mundo: la poesía. 

Leer el poemario de mi amigo Leoncio, ha sido una experiencia extraordinaria, no sólo por la emotividad contenida en cada verso, sino por las innumerables verdades que ésta me fue mostrando, verdades que sirven de asideros para descubrir lo  que es vivir y morir  en vida cuando alguien nos deja. 

Es la experiencia del ser humano que delante de la muerte queda atónito, indeciso y con innumerables preguntas, ¿sólo esto, para la ventana?/ ¿sólo esto, cubriendo la noche,/ con grandes brazadas de mástiles tu partida? Preguntas necesarias en la vida que no necesitan respuesta, pero sí formularlas ante la inexplicable desaparición de alguien que quisimos y que no tuvimos tiempo de decirle: te quiero. 

La muerte es tan natural en nuestro ambiente, que a pesar de ello no logramos entender qué es o qué la motiva, la conocemos como un hecho pero la mayoría se rehúsa experimentar. Sentimos al ser que partió y su recuerdo nos visita cada noche ¿cuál es el nombre de guerrero /que adoptaste ahora / Y te acercas en mis sueños? Visita bienvenida y esperada, lo consideramos un guerrero porque batalló ante aquella niebla que insistía en desaparecerlo.

El ser humano vive de recuerdos y esperanzas, pero más aún de sueños porque éstos nos permiten evocar momentos con la persona que, ha pesar de habernos dejado, no nos abandona. 

Y los hombres más valientes lloran/ Mientras los niños sólo / Van al cielo; verdad existencial, porque para la muerte no hay rodillas que impidan su visita, llega, se apodera y se marcha. Ese es el destino. Cruel para algunos, bendito para otros. Es en esa circunstancia cuando sentimos que La tarde se incinera,/ La noche se calma SIEMPRE, y en ese murmullo nocturno desciframos que  no hay marcha atrás para aquel proceso, que tiene que ser vivido y aceptado, que forma parte de nuestra condición mortal y por lo tanto debe remitirnos a una búsqueda conciente de su aceptación, no como un hecho circunstancial, sí como un paso importante para seguir viviendo en plenitud en “ese algo” que nos espera. Por ello la muerte, así como lo expresa nuestro poeta, no es sólo ese concepto, es más, mucho más, es un grabado para siempre en las retina, en la memoria, en el universo, tanto así que cada adiós deja una marca indeleble en el alma, El día en que te cubría  Las cenizas/ La muerte grabó en la roca/ Tu nombre, Martín. Es interesante, que a pesar de experimentar distintas muertes a lo largo de nuestra vida, a pesar de ser concientes de ello, a pesar de entenderlo, siempre nos queda ese granito de desconsuelo y de lucha en contra de lo inevitable. Siempre hemos sido así y siempre lo seremos. Nunca nos faltan los famosos “y si hubiese hecho esto, y si hubiese hecho aquello”, palabras presentes ante la vivencia de un acontecimiento, y el poeta, en toda manifestación de humanidad no deja de decirlo, a pesar de haber  leído versos donde la muerte era aceptada, Si hubieras aprendido/ El útil manejo de la espada,/ Estarías vivo, al fin y al cabo formulas efímeras porque hasta al más diestro le llega el tiempo de la derrota, hasta al más ser humano le toca morir. Hasta a la más hermosa flor le toca sufrir. 

Después de vivir ese largo proceso de duelo y melancolía, llega la aceptación, pues lo inevitable es así. Y es donde nos vamos dando cuenta que aquella experiencia nos abre un camino nuevo, nos da enseñanzas jamás antes recibidas, nos ilustra  el concepto de nuestra propia vida, sobre todo nos prepara para aquello que un día, queramos o no, vamos a asumir en carne propia. Pero aquella enseñanza nos ubica en otro lado del mundo, nos eleva y nos permite vislumbrar nuevas emociones, nos cambia el cristal ocular para permitirnos mirar con nuevas perspectivas la vida; enseñanza dolorosa pero que es una paso imprescindible para el ser humano, lección que jamás imaginamos tener pero que se hace importante cuando la vivimos. Es por ello que un adiós no es un adiós, la muerte no es la muerte, la ausencia no es ausencia, es en esos momentos que todo ello se hace compañía, aquel ser mortal que nos ha dejado se convierte desde ese momento en bendición  de cada paso, en manifestación de alegría, a pesar de habernos robado lágrimas, se vuelve ave que nos permitir surcar nuevos cielos y que nos lleva a  tierras extrañas para decir que Desde un monte,/ observo las estrellas,/ Desde donde puede perdonar/ A los hombres, siempre. Duele aprender, pero aquella enseñanza nos bendice y permite bendecir a todos; porque todos, un día, estaremos en la misma situación. Y cuando nosotros mismos, por esas experiencias hayamos entendido lo frágil que es la existencia, y aprendido lo bello que es morir-vivir, podremos decir como Martín, en el lecho de nuestra bendición: Siento que la muerte ha sido/ Justa conmigo. 

En las grietas de tu espalda es más que un poemario, siento que es el espejo principal de la vida, donde al vernos reflejados percibimos ese crepúsculo otoñal de la humanidad, donde el dolor no es ajeno, que nos introduce a un nuevo concepto de vida. Sólo que a veces no tenemos tiempo de manifestar nuestros sentimientos o no lo creemos necesario porque pensamos que somos eternos. Leoncio Luque nos muestra los derroteros de la existencia, nos enseña lo doloroso que es escribir con una pena, nos encamina ante ese  amor que no ha sido manifiesto y que por necesidad del corazón debemos pronunciar para que después no sea tarde, que el adiós es hasta luego; y una vez en el eterno,  al volver a encontrar la miradas, reconociendo al que estaba lejos, entendamos  que la lección está aprendida y que antes de marcharse nos dijo: así es como tú podrás reconocer mi cuerpo*    

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*Verso final del poemario, donde ha sido cambiado: así, es como los hombres/ podrían reconocer mi cuerpo.

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Homenaje a el Taller 99

Homenaje a el Taller 99

50 años del Taller 99

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El principal laboratorio de grabados que conoce nuestro país cumple medio siglo de vida. Se trata del Taller 99, fundado por Nemesio Antúnez en 1956, cuyas cincuentena será celebrada en grande desde miércoles 23 de agosto.

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Ese día se inaugura en la galería La Sala una muestra con algunas de las principales obras que han surgido del taller, entre las que se encuentran las de artistas de sus inicios, como Delia del Carril, Roser Bru, Florencia de Amesti, Inge Schoenemann, Luz Donoso Puelma, Ricardo Yrarrázaval y Dinora Doudchitzky, además de los grabados de nuevos discípulos, como Santos Chávez, Eduardo Vilches, Mario Toral, Gonzalo Cienfuegos, Carmen Valbuena o Juan Downey.

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Las celebraciones continuarán en el museo de Bellas Artes a partir : 
 

Del 8 de septiembre hasta el 25 de noviembre

Dónde: Galería Cultural Codelco.

Huérfanos 1270, Santiago Centro.

Cuánto: Entrada Liberada.  

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A leer:

http://www.emol.com/noticias/todas/detalle/detallenoticias.asp?idnoticia=229164

http://www.minmineria.cl/pagina.php?seccion_id=94&sub_id=250&cont_id=2517   

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TALLER 99 DE GRABADO 

Taller 99, 1956

Creado en 1956 por
Nemesio Antúnez, a su regreso de los Estados Unidos, donde había realizado una maestría en Arquitectura en la Universidad de Columbia y estudiado grabado en el atelier de William Hayter. Funcionó en su casa de Providencia, ubicada en la calle Guardia Vieja 99. Su intención era enseñar el oficio de grabador y explorar sus posibilidades técicas a artistas ya formados. La iniciativa significó una revaloración de la disciplina y un gran avance en el desarrollo de las técnicas del grabado en Chile.

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Los primeros artistas que integraron el taller fueron
Delia del Carril, Roser Bru, Florencia de Amesti, Inge Schoenemann, Luz Donoso Puelma, Ricardo Yrarrázaval y Dinora Doudchitzky.

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En sus inicios el taller siguió la pauta del taller de Hayter, dedicado en forma exclusiva a las técnicas en metal, pero conforme a que artistas de distintos intereses se fueron incorporando, la enseñanza se amplió a otras técnicas como fue el caso de
Eduardo Vilches y Santos Chávez quienes se dedicaron a la xilografía y Pedro Millar a la litografía. Luego se incorporaron artistas profesionales de otras áreas como María Rosa Commineti y los arquitectos Juan Downey y Juan Bernal Ponce .

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Los artistas fundadores expusieron en las salas del Ministerio de Educación en 1956.

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El taller se trasladó a la Casa Central de la Universidad Católica en 1958, por invitación de la institución y se realizó la segunda exposición de sus 25 integrantes, a los anteriores se agregaron:
Ida González, Gilda Hernández, Fernando Krahn, Magdalena Lozano, Luis Mandiola, Carmen Marambio, Manuela Noguera, Rodolfo Opazo, Monserrat Palmer, Maria Peyrelongue, Rebeca Sáez, Eliana Wachholtz, Paulina Waugh y Ludwig Zeller.

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En 1962 el taller se trasladó nuevamente al Campus Lo Contador de la Universidad Católica y algunos de sus miembros comenzaron a desempeñarse como profesores de la Facultad de Artes de esa casa de estudios.

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En 1964 Nemesio Antúnez fue designado Agregado Cultural de Chile en los Estados Unidos y el artista
Mario Toral lo reemplaza en la dirección del taller.

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En 1968 se realizó la Tercera Bienal de Grabado dentro de la cual se conmemoraron los 10 años de creación del Taller 99 con una muestra en la Galería Carmen Waugh donde figuran los trabajos de nuevos integrantes:
Simone Chambelland, Jaime Cruz, Carmen García, Lea Kleiner, Mireya Larenas, Rufina Mendicute y Natacha Moreno.

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El taller fue cerrado por el golpe militar de 1973. La última muestra se había realizado en Montevideo, Uruguay en 1969.

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En 1985 al regreso de Nemesio Antúnez del exilio, se reorganizó el taller en el Centro de Arte Casa Larga creado por Carmen Waugh. En 1990 se trasladó a calle Melchor Concha Nº 20 en el barrio Bellavista de Santiago.

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En las nuevas generaciones figuran:
Adriana Asenjo, Alejandra Bendel, María Angélica Bórquez, Isabel Cauas, Ivonne Chia Fan, Pablo Chiuminatto, Cristián Corral, Francisca Délano, Irene Domínguez Ríos, Inge Dusi, Alfonso Fernández, Eduardo Garreaud, Teresa Gazitúa, Amparo González, Urbano González, Menache Katz, Beatriz Leyton, Cecilia Martner, María Angélica Mirauda, Lise Moller, Maya Mora, Javiera Moreira, Natacha Moreno, Rafael Munita, Anselmo Osorio, Max Palma, Rebeca Puga, Vicente Rioseco, Miguel Rodriguez, Pedro Sánchez, Rossana Scappini, Carmen Valbuena, Monique Verdu, Carolina Vildósola, Gabriela Villegas, Alberto Zamora.

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Entre los artisas extranjeros que han pasado por el taller 99 están: Dora Basilio, Roberto de Lamónica, Ana Leticia, Franc Bordas, Nicole Aquarone, Stella Sasseville, Nelly O’neill, Rafael García Miró, Rafael Canogar, Bill Lagatuta, Matilde Marín, Jeffrey Sippel, Rossana Fabrizio, Joanna Criffin, María Ester Ballivan.
   

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Artistas plasticos chilenos :

http://www.artistasplasticoschilenos.cl/

Hugo BECCACECE

Hugo BECCACECE

George Steiner, escritor y crítico estadounidense, pionero en el campo de la literatura comparada y especialista en el estudio de la cultura europea. Francis George Steiner nació en París de padres judíos austriacos y emigró con su familia a Estados Unidos en 1940, huyendo del régimen nazi. Estudió en la Universidad de la Sorbona, en París, y en las universidades de Chicago, Harvard y Oxford. Trabajó en el periódico The Economist entre 1952 y 1956, y desde 1961 hasta 1969 fue profesor en el Churchill College de Cambridge. Volvió a Estados Unidos para enseñar en las universidades de Nueva York y de Yale. En 1974 accedió a la cátedra de Lengua Inglesa y Literatura Comparada en la Universidad de Ginebra, y se convirtió en profesor emérito en 1994, año en que también fue nombrado profesor visitante de Literatura Europea Comparada de la Universidad de Oxford.

El primer éxito de Steiner fue La muerte de la tragedia (1961), una obra ambiciosa en la que proclamaba la incapacidad de la literatura para humanizar a los lectores. El lenguaje, una de sus constantes preocupaciones, es el eje sobre el que giran muchas de sus obras posteriores como Lenguaje y silencio (1967), En el castillo de Barbazul (1971) y Presencias reales (1989). Su gran obra humanística, Después de Babel (1975), se centra en los misterios de la traducción y la comunicación. Steiner, que vivió una infancia políglota y que domina varios idiomas, afirma en ella que es la existencia de una gran diversidad lingüística lo que ha permitido al ser humano obtener la libertad para reescribir el mundo en una multiplicidad de libertades.

Es autor asimismo de varias obras de ficción, como la novela El traslado de A. H. a San Cristóbal (1981), cuya trama gira en torno a una imaginaria conversación en la selva amazónica brasileña entre un Hitler ya anciano y sus capturadores israelíes. Otras de sus aportaciones son Nostalgia del absoluto (1974), Antígonas: una poética y una filosofía de la lectura (1984), Pasión intacta (1996) y su autobiografía Errata: el examen de una vida (1997). En 2001 publicó Gramáticas de la creación.

El mismo año fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.*

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Libro de Steiner

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George Steiner: los tres desafíos de la humanidad 

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El prestigioso pensador habla en esta entrevista de su vocación juvenil de científico, destruida por un devastador examen de matemática, y se refiere a las grandes preguntas que inquietan al hombre contemporáneo y que definirán el futuro 

"Soñaba con convertirme en un científico. Pero, lo confieso, en el primer año de la Universidad de Chicago, entre 1949 y 1950, por culpa de números y figuras geométricas mis esperanzas se desvanecieron. No fue fácil resignarse, sobre todo después de haber tenido el privilegio de escuchar las lecciones de física del gran Enrico Fermi."

George Steiner nos recibe en el estudio octogonal desde el que se ve el espléndido jardín florecido de su casa de Cambridge. En ese "refugio", a los setenta y siete años, uno de los críticos literarios más importantes del siglo XX no oculta su primer gran desilusión. Y, a pesar de que los estudios humanísticos le han hecho conquistar premios y cátedras de prestigio internacional, todavía siente nostalgia por ese mundo hecho de números y de grandes preguntas sobre el misterio de la vida y del universo. "Había estudiado química, física y un poco de biología con la idea de poder continuar por ese camino. Pero el examen de matemática no salió bien. Era un momento histórico particular. La ciencia, después de la invención de la bomba atómica, estaba cada vez más identificada con la física nuclear. Y me hicieron entender que sin la matemática, sin sus aspectos creativos y originales, no valía la pena continuar... Probablemente unos años más tarde me habrían dicho: pruebe con la biología. No por nada en los Estados Unidos, en ese preciso momento, había una frase sádica escrita sobre las puertas de los laboratorios: o haces física nuclear o haces disparates."

Pero ese primer año de estudios científicos no fue del todo inútil. Inmediatamente después de la universidad, George Steiner fue recibido por el Institute for Advanced Study de Princeton, uno de los centros de investigación más prestigiosos de los Estados Unidos: "Aquí, por más de dos años, frecuenté a un científico excepcional, Robert Oppenheimer, director del instituto. Era un estudioso de inmenso genio: se decía que, desde los tiempos de Leibniz, sólo él, por su extraordinario conocimiento, estaba en condiciones de identificar los problemas de fondo en cada rama del saber. Lo recuerdo rodeado de muchos científicos que habían recibido el premio Nobel. Sin embargo, a pesar de sus óptimos trabajos de astrofísica, no recibió nunca la fatídica llamada telefónica de Estocolmo. Creo que esta "espera" era un verdadero drama para un hombre tan ambicioso como él". Precisamente en esos años, en esa prestigiosa comunidad, los efectos devastadores de la bomba atómica ocupaban el centro del debate. "Recuerdo que ya algunos estudiosos de gran predicamento habían dicho no al uso militar de la energía nuclear, como Einstein. Pero, para la mayoría de los investigadores, la bomba atómica era considerada un arma disuasiva que impediría el estallido de otras guerras. Y se hablaba también de las revoluciones positivas que esa energía produciría en la vida cotidiana. Al mismo tiempo, sin embargo, comenzaban a circular los primeros artículos en los que se sospechaba que existía una relación entre la muerte por cáncer de algunos jóvenes investigadores y la energía nuclear. Poco después, yo mismo escribí un ensayo, que nunca fue publicado, enteramente dedicado al pacto faústico entre descubrimiento nuclear y cáncer."


El amor por la ciencia, como los primeros grandes amores, dura toda la vida. De hecho, Steiner nunca dejó de devorar libros científicos. "Desde 1964, tuve la suerte de vivir en Cambridge, entre verdaderas luminarias de la ciencia y premios Nobel. Paso mucho tiempo con ellos y escucho con interés los comentarios sobre sus investigaciones. Ahora nos encontramos ante tres grandes puertas que deberían abrirse pronto: la del origen del universo y del tiempo (los agujeros negros, la explicación del Big Bang, la cosmología), la de la creación in vitro (las moléculas replicativas) y la más inquietante, la de la estructura química del yo (de qué modo una aspirina, o cualquier otro fármaco, puede cambiar químicamente la personalidad humana)." Temas que, para Steiner, hasta la misma literatura ha anticipado, a su modo, en obras enteramente consagradas al entrelazamiento de ciencia y moral, aparatos tecnológicos y vida civil. "Basta leer Un mundo feliz de Aldous Huxley, una gran novela publicada en 1932, para entender qué tipo de implicaciones pueden tener los descubrimientos científicos en la existencia cotidiana de los seres humanos. Tendremos desventajas. Pero también beneficios enormes. Intentemos imaginar nuestro futuro cuando se llegue a identificar el gen que provoca el Alzheimer."

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Faust

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Steiner piensa que sobre todo los humanistas deberán abrazar el saber científico. "Nosotros estudiamos el pasado, nos ocupamos del ocaso. Los científicos nos hablan en cambio del mañana y de después de mañana. Hay un gran desequilibro. Y nos toca sobre todo a nosotros comprender las ciencias. Los grandes científicos, con alguna excepción, se expresan siempre con cierta modestia porque no pueden montar un bluff. En el campo científico, el que comete un bluff es eliminado de inmediato. Un día, un Nobel, en Cambridge, me pidió que le explicara una página de cierto señor francés: a pesar de los esfuerzos, el científico no podía entenderla. Era un ensayo de Lacan. Yo sentí vergüenza porque era un lenguaje incomprensible, vacío, presumido, arrogante, totalmente oscuro. Habría querido decirle a mi amigo: no pierdas más tiempo con cosas de este tipo..."

Steiner, ya se sabe, es tajante en sus juicios. Y no pierde ocasión de burlarse hasta de las tentativas, efecuadas en los últimos decenios del siglo pasado, de teorizar una "ciencia de la literatura". "En el campo de la literatura y de la estética es verdaderamente ridículo pensar en un método científico: no hay pruebas posibles. Tolstoi, por ejemplo, decía que Rey Lear era una obra teatral fallida. Se pueden oponer opiniones y opiniones, pero ningún método nos permitirá verificar nuestro juicio estético. Estamos en el campo de las intuiciones, del gusto, del contexto histórico, de las ideologías. Eso no tiene nada que ver con la ciencia..."


Otra cosa muy distinta es servirse de la ciencia para discutir cuestiones inherentes a la lengua y a la literatura. "En Después de Babel, en el intento de comprender la presencia de más de veinte mil lenguas en un pequeño planeta, la teoría darwiniana me fue muy útil. Como las muchas especies de moscas, también las lenguas llenan un nicho en la conciencia humana y tienen derecho a sobrevivir. Matar una lengua es como eliminar para siempre una especie animal o vegetal, o destruir los paisajes que nos circundan. También los grandes temas ligados a las cuestiones del inicio del cosmos me han fascinado. En el libro La gramática de la creación he tenido presente el reciente debate sobre el origen del universo y los desarrollos de la neurofisiología."


Y además no se debe olvidar que muchos grandes escritores han podido contar para desarrollar sus obras con sus conocimientos científicos. "Pienso en talentos excepcionales como Robert Musil y Thomas Mann. Pero también en la prosa literaria de científicos puros como Galileo o Descartes, Darwin y el mismo Solzhenitsyn".

Y sin embargo, la ciencia deberá vérselas con un gran problema que amenaza con hipotecar su futuro: la ultraespecialización. La velocísima multiplicación de las ramas del saber termina por hacer cada vez más difícil una visión de conjunto de las cuestiones y de los resultados adquiridos. "Los científicos en Cambridge están muy inquietos. Hoy se funda una revista especializada y ya, mañana, nacen de ella otras cinco especializadas en cinco subsectores distintos. ¿Cómo será posible ofrecer una educación científica a los jóvenes, en un mundo donde los grandes resultados son alcanzados por investigadores que tienen menos de treinta años? Y más aún: sin una visión de conjunto, sin científicos a la Oppenheimer, ¿qué futuro tendrán la ciencia y la humanidad? Steiner se despide: es la hora del paseo con Ben, su amadísimo perro. Al saludarnos, el gran humanista repite con convicción: "Hoy no se puede hablar de hombres y mujeres de cultura, en el sentido general de la palabra cultura, si no conocen la ciencia".


Por Giulio Giorello y Nuccio Ordine
Corriere della Sera


Traducción: Hugo Beccacece

Revista OLANDINA

Revista OLANDINA

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Lecturas de Trasnoche, Crónicas de Narciso, de Leoncio Luque 

Senador Guillé Rodríguez Turbay  

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«CRÓNICAS DE NARCISO» de Leoncio Luque. Puno 1964. Lic. En Educación en la especialidad de Lengua y Literatura. Como promotor es fundador del grupo literario «Neo Babel» y, posteriormente, sería fundador de la prestigiosa y casi vieja institución lírica Noble Katerba (15 años de vida!!). Tiene varios libros editados. 

Narciso, bien sabemos, al mirarse intensamente en la fuente, su imagen refractó casi con agresividad, para no confirmarle que era bello. Claro. Narciso veía lo que quería ver y la luz lo favorecía. Pero estaba perversamente engañado. No era la realidad. En el presente caso, este Narciso si sabe lo que ve y lo que quiere. Como el viejo médico que sabe su enfermedad terminal. El corpus lírico de Leoncio Luque, sigue la coherencia de sus ondas interiores, apostando por el hombre, salvo que con más madurez y práctica filosófica. Porque esto es remirarse asimismo y redescubrir a todos los Narcisos pedestres que somos. La intensa humanidad que vierte el libro nos hace ver, a contraparte la deshumanización del hombre hacía la nada. Es decir la crónica hacía el abismo. Como una onda, que su fuente maldita refracta, la soledad se encrespa para moverse en base a goznes constantes: oscuro/negro y relativo la sombra/. Estos matices se regoldan aviesamente envuelto en el TIEMPO como crueles historias “que a la larga entendemos de esta realidad / que es sólo mito”/. Este Narciso artrítico, avejentado de tantas mascaradas e historias, nos dirá con inteligente burla: “Somos canciones de soledad”.  Y ya desde el inicio nos prepara y de sopetón nos lanza a la cara “…duele a fin de cuentas / no saber quienes somos / caminando / en el rumor de la gente / como voces de antologías”. Y la hipérbole toma carne y sangre cuando en este Narciso nos encontramos ENVASADOS todos nosotros “sin saber quienes somos, /caminando / en el rumor de la gente/ como voces de antología”. Digámoslo de otro modo: somos Narcisos deleznables que hemos olvidado que “tuvimos que escapar de la eternidad”. Nos alegra que Leoncio haya encontrado la ruta de su quehacer poético y que mirándose en la fuente, vea los claros logros alcanzados hasta el momento y los que habrá de alcanzar. Porque la fiesta recién se inicia.   

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Edit. Noble Katerba. Lima 2005: pp 104. Limpia edición.

Mail: leoncioluque@hotmail.com   

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* Comentario aparecido en OLANDINA, Revista Internacional de Literatura y Arte.

Año XIII-N° 25 Diciembre 2005- Marzo 2006

Director: José Guillermo Vargas. Jr. Barcelona 145.149. Urb- La Macarena. Callao 04 LIMA

Teléfono 4203357/965-86-240Pag.

WEB:casadelpoeta.hp.ms 

MAIL: casapoetaperuano@yahoo.com 

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SILSH

SILSH

 

Porteña enamorada de Buenos Aires y del Río de la Plata, que desde los cuatro años juega a armar palabras. Incansable "laburante" que quiere seguir resistiendo en su complicado país y que alimenta su costado sensible a través de la escritura para poder vivir y darle sonido a su voz interior. Adicta al "pucho" y al "mate" además de ser una apasionada por la lectura y la música que, de curiosa, se recibió de Lic. en Publicidad dejando inconcluso su antiguo amor por la bioquímica.Ha publicado su libro de poemas "Descalza y con sombrero" (Letramundi-Argentina) en el 2004. 

E-mail : silsh@arnet.com.ar 

Sitio Web : http://silsh.webcindario.com/   

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NO PREGUNTES POR MÍ 

En las fronteras donde el agua juega a hacer canales con las sombras, he percibido la caricia salada de tus playas. Liban su piel escrita a mordiscones hasta arañarse de dudas inconclusas. Un pedazo de pan flota en pantanos, nos mira hasta medirnos el calor de la entrega.  

Nunca te has ido, siempre lo supe. En cada tarde gris, cuando moría el grito, mojé con tinta de jazmines estos dedos. Escribí para tus ojos sobre paredes blancas, sabiendo de estas notas empeñadas en continuar arqueando cielos. Puse un beso en el aire para sellar reclamos de tus párpados, mientras las lluvias azotaron su ritual sobre almohadas amanecidas en insomnios.

Siempre has estado, siempre lo supe cuando olía a piedra-barro-arena-margaritas. Cuando las aves ataron con sus hilos de luna, el rumor del otoño, al demorar escarchas sobre mis balcones. O ante el naufragio ronco desde donde pude acariciar los surcos que te habitan, esos mismos que me construyen-destruyen la impotencia de saberme sin tenerme. 

Claro que no pregunto. No, no es necesario, porque los círculos de humo dibujan tus manos en el hueco fatal de este misterio.  

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Ilustración: Javad Alizadeh http://www.irancartoon.com/

Naguib MAHFUZ

Naguib MAHFUZ

  

A los 95 años, murió el Nobel de Literatura egipcio había sido premiado en 1988 y es el único escritor en lengua árabe en recibir ese galardón   

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EL CAIRO .- El escritor egipcio y Premio Nobel de Literatura Naguib Mahfuz falleció hoy en un hospital egipcio a los 95 años, informó la agencia egipcia de noticia, MENA.

Mahfuz murió en el hospital de la Policía de El Cairo, en el que había permanecido más de tres semanas en la Unidad de Cuidados Intensivos.

Hace tres años, el narrador fue hospitalizado tras sufrir una repentina crisis cardíaca. Su salud comenzó a deteriorarse en 1994, tras el atentado sufrido con un cuchillo que le causó graves daños en la visión y la audición, así como la parálisis del brazo derecho. Desde el pasado 18 de julio permaneció internado en el Hospital de la Policía de Al Aguza, de El Cairo, donde hoy falleció.

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El mayor cronista del actual

Egipto. El único escritor en lengua árabe premiado con el Nobel de Literatura, Naguig Mahfuz, que recibió ese galardón en 1988, fue considerado por la crítica el mayor cronista del actual Egipto.

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Orígenes.

Mahfuz, el menor de siete hijos de un funcionario de bajo rango, adquirió un profundo conocimiento de la literatura medieval y arábiga mientras aún estudiaba el bachillerato. Una vez en la universidad, donde estudió filosofía, comenzó a escribir artículos para revistas especializadas. Con el fin de perfeccionar su inglés, tradujo al árabe la obra de James Baikie El antiguo Egipto, en 1932.

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"Por haber creado un arte narrativo árabe,

rico en matices ora claramente realistas,

ora evocadoramente ambiguos''.

Inicio en las letras.

Terminados sus estudios comenzó a escribir ficción y publicó más de 80 relatos en el curso de los seis años siguientes. Su colección Susurro de locura apareció en 1938. Mientras trabajaba en el Ministerio de Asuntos Religiosos, entre 1939 y 1954, publicó tres volúmenes de una proyectada serie de 40 novelas históricas ambientadas en el periodo faraónico. Posteriormente abandonó este proyecto y se dedicó a escribir novelas sobre temas sociales, al tiempo que escribió varios guiones para la industria cinematográfica de su país.

En el clima de cambio político que siguió al derrocamiento de la monarquía egipcia en 1952, su Trilogía de El Cairo, formada por Entre dos palacios (1956), La azucarera (1956) y Palacio del deseo (1957), obtuvo un gran éxito. La novela El callejón de los milagros (1947), una de sus más conocidas, fue llevada al cine por el director mexicano Jorge Fons (1995) aunque la ambientó en el México actual. La película obtuvo el Premio Goya.

En 1990 la obra repitió este éxito al ser traducida a otras lenguas europeas. Entre sus numerosas obras cabe destacar Chicos de Gebelawi (1959), El ladrón y los perros (1961) y Miramar (1967). A lo largo de su carrera Mahfuz experimentó con la técnica del monólogo interior y la literatura del absurdo. En 1988 recibió el Premio Nobel de Literatura.

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Prosa Midaq Alley (Zuqaq al-Midaq) de Naguib Mahfuz   

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Naguib Mahfuz :Palacio del deseo (fragmento)

"El señor Ahmad Abd el-Gawwad cerró la puerta tras de sí y atravesó el patio con pasos relajados, bajo la débil luz de las estrellas, mientras la contera de su bastón se clavaba en la tierra polvorienta cada vez que se apoyaba sobre él en su marcha tranquila. Esperaba con ansiedad, ya que su cuerpo estaba ardiendo, el agua fría con el que se lavaría la cara, la cabeza y el cuello, para mitigar –siquiera por un momento- el calor de julio y el fuego que abrasaba sus entrañas y su cabeza.
(...)


¿Qué haces? Quieres llenarte los ojos de ella, reconócelo. Quieres tener las dimensiones de su elástico cuerpo..., contemplar su sonrisa y su modo de bajar los párpados..., seguir las yemas de sus dedos teñidas con alheña. ¿Adónde va a parar todo esto? Nada de eso te había pasado nunca con las que la superaban en hermosura, en belleza y en renombre... Esto es doloroso, y más doloroso aún el que tú la quieras... No te mientas a ti mismo; tú la quieres hasta morir. "

 

Timbre   

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Sitios:

http://nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/1988/mahfouz-bio.html 

http://es.wikipedia.org/wiki/Naguib_Mahfouz#Vida_y_obra

http://www.epdlp.com/escritor.php?id=1973  

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"El arte debe ser gusto, diversión y alucinación" Naguib Mahfouz 

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Manuel LOZANO

Manuel LOZANO

Manuel Lozano nació en Córdoba, Argentina. Es escritor (poeta, narrador, crítico literario y ensayista). Ha cursado estudios de literatura y lingüística en Europa. Es “Master en Historia de la Cultura Argentina” (Escuela de Administración Cultural -E.D.A.C-, Bs. As.), habiendo recibido la máxima calificación (10) y la medalla “Victoria Ocampo”, por su tesis “El enigma Silvina Ocampo. La Paradoja y lo Sublime”. Concluyó, en 1998, el “Master en Comunicación”, en la Fundación de Altos Estudios en Arte y Comunicación (F.A.C.U)…

http://www.islabahia.com/PlumasSelectas/manuellozano/00principal.asp      

E-mail : manuel_lozano@arnet.com.ar 

Pagina personale :http://www.islabahia.com/manuellozano,   

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FABULA SOBRE LA MUERTE NOCTURNA DE FAY WRAY  

¡Cómo pude nacer para encantar las ceremonias

ofreciendo mi sangre de musgo, tan oscura y tan joven!

Fui revelada a las piadosas visitaciones de la luz

con un sello de alacrán entre los dientes.

Tan bien me imitaba un desvalido

que creí perderme en su misericordia

por los siglos de los siglos y aún después.

¿Y qué es el después para una bienaventurada

surgiendo entre las rosas calientes pero heridas

de una crucifixión en celuloide?

Ves satin, pero la tela enluta un cráneo de esfinge.

La caverna mortifica espejos negros

donde vuelve la infancia con abuelas bendecidas

alcanzándome un pan gimiente de palabras:

túnel de sangre.

Un corazón envuelto en satin muestra sus lenguas.

Vamos, áncora de desahuciados,

enamórame tras la umbría paciencia.

¿Con qué tigras me arrojaste a este reino?

Si llevo corona de espinas y me escupen con saña,

si retengo ahora un saco de huesos perdido en el planeta,

¿a qué alargar el simulacro de la noche?

Siento un fuego fatal que no me alivia.

¿Qué heráldica distante precede al primer grito? 

Entro en la jungla.  

De su libro "La noche desnuda de rostro ciego"          

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TIGRIS O EL INCENDIO DE UNA PUESTA DE SOL  

a Edith Sitwell, por el oro de sangre  

Y entonces vuelven los oscuros en el alba del grito.

La boca se cierra para guardar esta pepita ígnea del misterio,

la pequeña caldera que raspo y lamo

con la sangre desnuda nacida en el final

tan sólo por celebración de mis dioses. 

¿Y el álgebra de pestes crujiendo en la memoria?

Ulises anhela desiertos que no puede soñar.

La sombra eléctrica de Artaud

vaga por inmensos pabellones de un hospital de huérfanos.

Apenas empuja el biombo de la vigilia más cruel,

Billie Holiday bendice la vida con su boca de magnolia negra.

¿Lo sabían los pájaros?

Chet Baker -un arcángel- vuelve a caer sobre cráteres

para robar el éxtasis cautivo de estos corazones.

Aquí caer es sumergirse en su vuelo.

-Ellos se mueven-, dirá.

¿Son maniquíes patinando entre las hebras de la carnicería?

Detrás de los huesos oyes el río, oyes la falsa tempestad

porque el recuerdo será siempre tu hijo asesino,

saqueador sin piedad de la escritura.

Aguas de lo imposible, crematorio del fuego,

aguárdenme para entender el voraz alumbramiento.

Un solo rostro vacío ha nacido en la tribu.

El viento arrastra aromas del Paraíso.

¿Lo sabía tu nombre desde el fulgor de cenizas

ardiendo entre los charcos del cofre monstruoso?

Hay que decir los pétalos llagados:

el grito reluce con el oro de su profanación.

Detrás del vaho hay oráculos perdidos, hay cavidades,

un Narciso enlazado a un anciano que es Modigliani,

el desierto suntuoso que musica o estraga.

Tal vez un último sol caiga sobre ellos

como el ciclón de langostas en el viejo castigo.

Se abre la jaula.

Este era el oro que nos prometían.

¿No ves cómo sube la mancha por el cuerpo?

Sube al acecho.¡Sube hasta los ojos que vieron el brillo y la sed!

Sube y me da a luz.

Y entonces vuelven los oscuros en el alba del grito.   

Buenos Aires, julio de 2006      

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MUSICA PARA CUERDA, PERCUSION Y CELESTA  

El hermoso cadáver, como un crujido desbocado,

-apenas enhiesto-,

flamea en el fulgor tan alto de la noche.

Es inmenso este párpado

queriendo decir la trampa y sus repeticiones.

¿Volvía el sacrilegio de esta efigie,

la desobediencia larguísima de los reflejos

ahondándose en fisuras,

en canaletas de sangre sin repliegues,

en bocas de piedra,

tal vez en ojos mínimos para encarnar

la primera memoria,

en séquito abisal sobre las aguas de un manicomio,

en la letárgica vergüenza de la estirpe?

Ya trizaron tu sumersión

hasta el roto invierno de la desmesura.

Sí, asciende, abrasa por fin

el amparo con que anuncio

la lujosa transparencia.   

New York, 27-IX-2000    __._,_._  

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TIGRE QUE VUELA   

Sorbida es la muerte en victoria. 1 Corintios, 15:54  

Hay una reina que nace en los combates del día.

El rey aguarda entre las brasas brevisímas

la imantación de una criatura al viento.

Ahora los dos sepultan realidades que sangran

en la vasta pantomima del mundo.

Mudanzas del vuelo (fisuras que te engendran),

esta luz sumerge en carne escalofriante

de arañas y de altares.

¿Y cómo entrarían las garras a tu conciencia:

hacha de jade, hacha de hueso, diente ritual?

La piel estalla por los escalones.

En risas subes el Templo de las Dos Cabezas

tajeando el iris con mi cerbatana de narcisos.

Animal de las tumbas, profáname.

Diuturnidad en los portales de Comizahualt.

Corónate con antifaces de escarnio:

así verás brillante la vasta pantomina.

En la semilla labro el fuego, el alabancioso liquen

y las caras de otro insomnio.

¿Y este alarido? ¿Y estas crías llagadas?

Un vuelo nupcial es mi sobreviviente.  

Buenos Aires, junio de 2006  

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Pablo GIANERA

Pablo GIANERA

La música degenerada

Por Pablo Gianera

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Joseph Goebbels elaboró en 1938 una lista de músicos condenados por no responder a la ideología nazi. La integraban algunos de los nombres más ilustres de la música alemana. Uno de esos compositores era el austríaco Ernst Krenek, autor de Jonny spielt auf, que se representa en estos días en el Colón.

En 1933, cuando la asunción de Adolf Hitler como canciller de Alemania arrasó las ilusiones primaverales de la República de Weimar, Wilhelm Furtwängler le envió una carta de dos páginas a Joseph Goebbels, flamante ministro de propaganda del régimen. Recogida posteriormente en el libro Ton und Wort (El sonido y la palabra, 1954), el mensaje del genial director de orquesta pedía, en un tono alarmado y al mismo tiempo elusivo, que la lucha contra el judaísmo no afectara a los "artistas reales". Evidentemente, la alusión a la realidad de los artistas -músicos, en este caso- era un temeroso rodeo para nombrar el peligro que corrían sus cuerpos y sus vidas, sobre todo considerando que Furtwängler no presenta objeción alguna a la abyección de semejante lucha. Así, un párrafo antes de la despedida reverencial, apelaba "en nombre del arte alemán" a la benevolencia del jerarca "para que no sucedan cosas que serán acaso irreparables". La aparente temeridad del genial director queda matizada por una carta de Alban Berg fechada el 17 de mayo del mismo año. El autor de Wozzeck le cuenta allí a Helene, su mujer, que asistió a la presentación del tradicional Festival Brahms y que Furtwängler pronunció un "discurso inspirado en el nazismo en torno a la música alemana, cuyo último representante era, según su opinión, el propio Brahms". Agrega que "condenó a toda la generación post-brahmsiana, sobre todo a Mahler y a la generación más joven. No hizo referencia alguna a la existencia de Schoenberg y su escuela".  

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Wilhelm Furtwängler

Los dos testimonios muestran el modo en que la música, pese a ser casi irreductible a los conceptos, adquirió una creciente funcionalidad en la discusión política. Arrancada de la simple esfera estética, la música devino un campo de batalla en el que se jugaba -hacia un lado o hacia otro- la identidad nacional, el servilismo a la ideología hitleriana del Blut und Boden ,la sangre y el suelo. Se desplegó entonces un implacable sistema de exclusiones en el que se inscribe, desde luego, la conferencia que menciona Berg. La verdad es que la enunciación de este proyecto es un poco más antigua y puede leerse ya en los artículos y en las entradas del diario personal -el libro marrón- que Richard Wagner dedicó a promover a Beethoven como símbolo del alma alemana. Precisamente para el 125 aniversario del nacimiento de Wagner, en 1938, y en coincidencia con la anexión de Austria, se organizó en Düsserldorf la muestra Entartete Musik (música degenerada), secuela de otra ( Entartete Kunst ) dedicada a las artes plásticas, que se había celebrado el año anterior en Munich. La palabra "degeneración" remite a la zoología y la botánica, y contiene el desprestigio de la corrupción (en un sentido moral) y la desnaturalización (en un sentido biológico). Su circulación no era nueva en Alemania y contaba con un precedente inesperado. Paradójicamente, había sido usada por un conspicuo militante sionista, el escritor y médico Max Nordau. En su libro Entartung (Degeneración), publicado en 1892, Nordau arremetió contra casi todo el arte del siglo XIX, en el que detectaba, como un aplicado discípulo del frenólogo Cesare Lombroso, los síntomas de la locura y la decadencia: la enervación, el agotamiento, la histeria y la neurosis. Los casos clínicos del tratado (cuya fama vulneró las fronteras de Europa y permitió que Rubén Darío lo comentara burlonamente en Los raros ) van desde Oscar Wilde, Henrik Ibsen y León Tolstoi hasta Emile Zola, los pintores prerrafaelistas y Walt Whitman, pasando, significativamente, por Wagner. Enfermos contagiosos, merecían, por la salud propia y la ajena, la profilaxis del aislamiento. Nordau prescribía abstenerse de la frecuentación perniciosa de las obras de tales artistas. 

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Max Nordau

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Con todo, el nazismo le dio una vuelta de tuerca a esta terapéutica y pasó de las virtudes de la cura a la punición del artista y la criminalización de sus obras. La inclusión en la lista ominosa de la "Música degenerada" era un honor tan ambiguo como peligroso. Naturalmente, las partituras expuestas pertenecían mayoritariamente a compositores judíos, aunque hubo excepciones. La inequívoca pureza aria de Anton Webern no pudo sortear la interdicción, tampoco el protestantismo de Paul Hindemith. Y Béla Bartók, que no figuraba, pidió poco antes de morir que se lo incluyera porque se sentía parte de esa familia degenerada. Por otro lado, se condenaron también el lenguaje atonal (la emancipación de la disonancia era juzgada como un emblema del bolchevismo cultural), las armonías jazzísticas que aparecían en la emblemática ópera Jonny spielt auf (1927) de Ernst Krenek -título que acaba de estrenarse en el Teatro Colón- y las vertientes del music hall que se escuchaban, aunque filtradas por el cuño objetivista de Igor Stravinsky,en Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny (1930) y La ópera de tres centavos (1928)de Kurt Weill y Bertolt Brecht. 

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Ernst Krenek 

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Hasta aquí podría pensarse que las prohibiciones tenían menos que ver con la organización de los materiales musicales que con la higiene racial. Sin embargo, no puede pasarse por alto que se trata en todos los casos de músicas fuertemente disruptivas, ajenas tanto al colectivismo como al retorno a las formas feudales y precapitalistas que alentaba el Tercer Reich. Las tensiones sin reposo y la supresión de las relaciones de jerarquía entre los sonidos de la escala que definen a la técnica dodecafónica, por ejemplo, difícilmente podían encontrar una correspondencia en un orden totalitario. Y, más allá de la apropiación por parte del régimen nazi de las ideas de Wagner (y de los elementos internos de su música que alentaban esa apropiación), es claro que el nazismo no advirtió que la radicalidad de muchos de estos músicos era una consecuencia del cromatismo wagneriano. Igualmente revulsivas resultaban las espléndidas sátiras sociales que Weill traficaba bajo las seducciones del espectáculo de variété .

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Kurt Weill

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El caso del jazz, en cambio, es más ambiguo. Se debe al filósofo Theodor W. Adorno la idea de que "el jazz y el pogrom forman una pareja". Ya desde el afiche mismo de la exposición Entartete Musik (un saxofonista negro con una estrella de David en la solapa del frac), los nazis notaban una afinidad entre ambos. No estaban seguros de si el jazz era una invención con la que los judíos planeaban corromper el mundo, o si era algo que les habían robado a los negros, pero, cualquiera fuera el caso, debía por las dudas ser prohibida. El propio Adorno, siempre dispuesto para la defensa de las vanguardias, encontraba en el jazz otras cualidades. Incurriendo en una equivocación ahora célebre (pero justificable en su momento si se tiene en cuenta el escaso conocimiento del género), oía ecos marciales en las instrumentaciones del jazz y entendía que los arreglos eran similares a los de las bandas militares.

Los motivos por los cuales Krenek compuso una ópera cuyo protagonista es un violinista negro de jazz son más urgentes y remiten en parte a su biografía. Krenek es todavía una figura postergada de la música del siglo XX. En su larguísima vida (nació en 1900 y murió en 1991), estuvo casado con Anna Mahler, la hija de Gustav, se nacionalizó estadounidense y agotó todos los estilos posibles, del neorromanticismo al coqueteo con el jazz, del serialismo a la música electrónica. Esos devaneos dejaron innumerables canciones, diez óperas, obras corales y siete sonatas para piano (la última terminada hacia 1988). Pero además de ser un compositor proteico, impelido por el cambio, Krenek fue un lúcido ensayista, capaz de examinar con perspicacia la música propia y ajena. En el artículo "Nuevo humanismo y vieja objetividad" (1931), explica que compuso Jonny spielt auf -en cuyo origen estaba Chocolate Kiddies de Duke Ellington- para negociar con otra variedad de la coacción, más sutil pero igualmente imperiosa: el mercado. No se trataba ya de cumplir con las autoridades eclesiásticas, como en el siglo XVI, cuando el Concilio de Trento restringió el desarrollo de la polifonía para que la música no conspirara contra la comprensión de los textos sagrados. Ni siquiera, como sucedía en el siglo XIX, de complacer las demandas del público burgués. 
 

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Anna Mahler

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El proyecto de Krenek pretendía encontrar la matriz de un arte ajustado al signo de los tiempos, pero no tan impenetrable como el de las vanguardias, que el público pudiera habitar y asimilar; un proyecto socialmente útil que Hanns Eisler consumó en la República Democrática Alemana como compositor oficial de ese país y autor de su himno. Eisler fue uno de los alumnos predilectos de Arnold Schoenberg hasta mediados de la década 1920, momento en el que se alejó del círculo del maestro y se comprometió resueltamente con el Partido Comunista. Entendía que la música moderna, tal como se la practicaba, carecía de toda incidencia en las masas y que resultaba necesario crear una música accesible sin renunciar a las nuevas técnicas de composición. Durante su exilio en Estados Unidos, trabajó para el cine, compuso un puñado de lieder exquisitos y completó partes de la pieza que resuelve de la manera más eficaz esa ecuación: Sinfonía alemana,"cantata antifascista" concebida para "transmitir el dolor sin sensiblerías, y la lucha sin música militar". Concluida en 1957, cinco años antes de la muerte de Eisler, lleva unos versos de Brecht a modo de "Preludio": "Oh, Alemania, madre pálida/ cómo te ensuciaste/ con la sangre de tus mejores hijos".
 
El itinerario ulterior de los músicos degenerados constituye una confirmación trágica de la idea de Walter Benjamin según la cual "ni siquiera los muertos estarán a salvo del enemigo". Y aunque el enemigo no triunfó, el olvido fue la condena póstuma que cayó sobre las víctimas. Hasta fines de los años treinta, el checo Viktor Ullmann era un compositor ocasional, dedicado más bien a la dirección, la crítica y al estudio de la antroposofía. Una vez que lo deportaron al guetto de Theresienstadt, sin embargo, escribió, acosado por "el peso de la vida material", su obra más memorable: El Emperador de la Atlántida. En esa crispada alegoría del nazismo, la muerte, convertida en personaje, se niega a cumplir su tarea y asegura que no es la peste, sino la liberación de la peste. Aunque no llegó a representarse en el gueto, la ópera sobrevivió porque Ullmann se desprendió de la partitura antes de ser asesinado, en 1944, en la cámara de gas de Auschwitz. En la diáspora del exilio, el austríaco Erich Wolfgang Korngold, ya alejado de su inicial militancia en el atonalismo, trabajó intensamente para la industria hollywoodense, y Weill se dedicó a escribir comedias musicales. Tal vez por eso, el alcance de la música degenerada excede la exhibición en Düsseldorf y puede alcanzar también obras posteriores. Piezas tan disímiles como la canción "Speak Low", devenida standard de jazz, y la Oda a Napoleón Bonaparte, que Schoenberg compuso en Los Angeles en 1942, tienen ganada su carta de ciudadanía en la categoría de la degeneración. 
 

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Viktor Ullmann

Con algunas excepciones, la música degenerada fue poco y mal conocida durante casi todo el siglo XX, mientras que, por el contrario, el oratorio Carmina Burana -escrito por Carl Orff, músico oficial del Reich- para celebrar las Olimpíadas de 1936,gozó en esos años de una sostenida popularidad en las salas de concierto de los países democráticos. A comienzos de la década de 1990, el sello discográfico inglés Decca lanzó una colección que, con el nombre "Entartete Musik", reivindicó a esos compositores imprescindibles y presentó las primeras grabaciones mundiales de muchas de sus obras. Pero los emprendimientos comerciales y los rescates que lleva adelante el Colón (además de Jonny... , se pudo ver en estos días la ópera de Ullmann, y el año pasado se estrenó también Der König Kandaules , de Alexander von Zemlinsky, otro compositor prohibido) sirven no sólo para recuperar un repertorio de obras magníficas.  

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Carl Orff

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La condena implicada en la "música degenerada" puede servir todavía para pensar cómo y quién construye el sentido en la música. Y, sobre todo, hasta qué punto el momento degenerado de toda música, la resistencia a las legalidades impuestas desde afuera, es el requisito que la vuelve agudamente política, pero también, en una suerte arabesco, le confiere un blindaje a su amenazada autonomía.

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Para LA NACION- BUENOS AIRES, 2006