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Revista Literaria AZUL@RTE

Oskar PASTIOR

Oskar PASTIOR

Muere el poeta experimental Oskar Pastior 

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El artista, ganador del Premio Georg Büchner, es considerado heredero del movimiento Dadá y cuya obra no ha sido traducida al español; falleció en Frankfurt a los 78 años de edad.  El poeta experimental Oskar Pastior, ganador del Premio Georg Büchner, murió esta madrugada en Fráncfort (oeste de Alemania) a los 78 años de edad, informó la editorial Hasser en la Feria del Libro de esta ciudad.

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Pastior, considerado heredero del movimiento Dadá y cuya obra no ha sido traducida al español, se encontraba en Fráncfort para asistir a la feria del libro más importante del sector. Entre sus obras destacan “ Offene Worte ” (Palabras abiertas) , “ Ein Tangopoem und andere Texte ” (Un poema tango y otros poemas) , “ Anagrammgedichte ” (Poemas anagramas) y “ Villanella & Pantum. Gedichte ” (Villanella y Pantum. Poemas) . El pasado 14 de mayo, la Academia Alemana de Lengua y Literatura le otorgó el Premio Georg Büchner, el galardón literario más importante de Alemania, por su creación de una obra de gran radicalidad y variedad, que le ha revelado como un “ metódico mago del idioma ” .

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Manuscito de Pastior 

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Pastior, destacado traductor al alemán del poeta renacentista italiano Francesco Petrarca, ha experimentado en su poesía con juegos de palabras como anagramas o palíndromos, así como con poemas onomatopéyicos. Otra línea de trabajo de Pastior han sido los poemas políglotas en los que mezcla raíces y palabras de diversos idiomas como el alemán, el rumano, el húngaro, el ruso, el francés o el inglés. El escritor, que nació en 1927 en Rumanía, donde pertenecía a la minoría de lengua alemana, residió hasta su muerte en Berlín. En 1945, Pastior fue deportado a la Unión Soviética, donde estuvo cuatro años condenado a trabajos forzados. Posteriormente, estudió filología germánica y en la década de los sesenta trabajó en una emisora de lengua alemana en Bucarest hasta 1968.

Pastior aprovechó un viaje de estudios a Viena para huir de la órbita comunista y radicarse en Berlín Occidental.  

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Articulo de: http://estadis.eluniversal.com.mx 

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Ralph Parfect/Katia Rheault

Ralph Parfect/Katia Rheault

 

Las fábulas prohibidas de Stevenson 

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Dos cuentos del escritor escocés Robert Louis Stevenson (1850-1894) que durante un siglo han sido sistemáticamente excluidos de sus obras, debido a la manera en que escarnecen a la religión y la ciencia, fueron rescatados por el investigador Ralph Parfect de la sección de manuscritos modernos de la biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale. confabulario presenta ambos documentos a los lectores, acompañados por un ensayo de su descubridor. 

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Dos cuentos de Robert Louis Stevenson, “El relojero” y “El mono científico”, han sido objeto de un inexplicable descuido aun por parte de los admiradores del autor que sabían de su existencia. Aunque siempre, en algún momento u otro, se ha considerado que merecía la pena publicar varias de sus novelas inconclusas, así como “The plague cellar”, uno de sus primeros cuentos (que él desconoció de forma explícita), estos dos divertidos y polémicos relatos, a los que únicamente les falta una “moraleja” planeada al final, no sólo han recibido escasos comentarios sino que parecen haberse excluido a propósito del contexto para el que fueron escritos... el conjunto de Fables, publicado de manera póstuma en 1895. ¿Cómo explicar semejante descuido?Poco se sabe acerca de la redacción de Fables, una colección heterogénea de veintidos cuentos. Ninguno está fechado. Está claro que algunos fueron redactados desde 1874, pues en septiembre de ese año Stevenson le escribió a Sidney Colvin, su amigo y tutor, diciéndole “ya no he tocado mis fábulas. Siento que debo dejar que las cosas se tomen su tiempo. Soy constante con mis esquemas; pero debo trabajar en ellos por rachas, de acuerdo con mi estado de ánimo”. Colvin, quien después se convirtió en el editor de una gran parte de la obra de Stevenson, incluyendo Fables, supone que las primeras fueron “The house of Eld”, “Yellow paint”, “The touchstone”, “The poor thing” y “The song of tomorrow”.

Stevenson debe haber efectivamente trabajado por rachas en la colección, pues no fue sino hasta el 31 de mayo de 1888 que se reunió con un representante de Longmans, Green y Company, en la ciudad de Nueva York, para firmar un acuerdo para publicar los cuentos. Los viajes por el Pacífico que siguieron y el que el escritor acabara por establecerse en Samoa inspiraron una serie de proyectos nuevos que retrasaron la terminación de Fables; mas no cabe duda de que él agregó al menos dos cuentos durante este periodo, a saber “The cart-horses and the saddle-horse” y “Something in it”, en donde aparecen nombres propios samoanos. La última referencia que hizo Stevenson a la colección data de marzo de 1889, cuando él le escribe a Charles Longman desde Honolulú para hablarle con entusiasmo de su nueva novela The wrong box (escrita en colaboración con Lloyd Osbourne, su hijastro), pero añade, lamentándose: “Hasta ahora, ni una palabra acerca de las fábulas; debo escribir algunas más y todavía no ha subido la marea”. Parece que los manuscritos de “El relojero” y “El mono científico”, que ahora pertenecen a la Colección Beinecke de la Universidad de Yale, formaron parte originalmente de una copia de Fables que Stevenson pasó en limpio y que hizo en algún momento antes de morir en noviembre de 1894. No ha sobrevivido ningún otro manuscrito de Fables.

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En 1895, de acuerdo con un nuevo contrato firmado por Charles Baxter, el agente literario de Stevenson, Longman’s Magazine publicó las fábulas de manera póstuma y en dos entregas, en los números de agosto y septiembre de ese año. Ambas entregas fueron firmadas con el nombre de Stevenson. Sin embargo faltaban “El relojero” y “El mono científico”. Los cuentos fueron nuevamente excluidos de la primera colección que apareció en forma de libro, junto con Doctor Jekyll and Mr Hyde, en marzo de 1896. Ninguna de las ediciones subsecuentes de Fables ha incluido estos dos cuentos, a pesar de que las páginas de los manuscritos están numeradas “15-19” y “22-25”, respectivamente, lo cual indica que el autor deseaba que formaran parte de una serie.

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Entonces, ¿quién excluyó estos cuentos y por qué? Con toda seguridad, Sidney Colvin fue quien tomó esa decisión al preparar el texto para la revista Longman’s.

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Tal y como lo revelaría más tarde su selectiva edición de las Cartas de Stevenson, Colvin estaba muchas veces dispuesto a suprimir partes de la obra de su difunto amigo (aunque a veces se disculpaba por ello). Lo más cercano a un motivo para excluir estos cuentos es el comentario que hace Colvin, en una nota introductoria a la primera entrega de las fábulas en la revista, al señalar que no incluyó “algunos relatos que eran meros borradores o que claramente era necesario revisar”. Los manuscritos de “El relojero” y “El mono científico” contienen, sin duda, errores e imprecisiones. Pero resulta extraño que estas faltas, relativamente triviales, hayan provocado semejante abandono.

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La severidad editorial de Colvin también podría explicarse por el hecho de que quizá considerara que los dos cuentos eran demasiado sintomáticos de la supuesta falta de unidad y cohesión de la colección como para formar parte de una edición publicada. Aunque él no aclara cuáles son los textos rechazados, sí comenta, acerca de los manuscritos que sobrevivieron y eran identificados como parte de Fables al momento de morir Stevenson, que “sin duda, no eran lo que su autor habría querido que fueran”.

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Resulta sorprendente la proyección que hace Colvin de la intención que tuvo el autor con respecto a la colección dado que, en esa misma nota, él reconoce la forma ya de por sí variada e híbrida que el volumen había adoptado para 1888 y dado que el propio Stevenson había hecho arreglos para que se publicara en ese año. La nota de Colvin se inicia llamando correctamente la atención del lector sobre el ensayo que Stevenson escribió, en 1874, sobre Fables in song (de Lord Lytton) en donde intentó definir “los objetivos y métodos propios” del género. Pero “la concepción [que Stevenson] tenía sobre el tema”, tal y como lo presenta Colvin, es significativamente vaga y elástica; a saber que “el elemento de alegoría moral o apología [debía combinarse], al menos en igual medida, con el elemento onírico”. Aunque Colvin cita tres de los “cuentos semisobrenaturales” de Stevenson (“Will of the mill”, 1878, “Markheim”, 1885, y Doctor Jekyll and Mr Hyde, 1886) señalando que poseen ese equilibrio de cualidades, también revela que sabe cuán libremente debe aplicarse el término “fábula” a dichos cuentos al agregar que Stevenson también “[incursionó] ocasionalmente en la creación de fábulas propiamente dichas y elaboradas de acuerdo con el formato convencional, breve y bien conocido”. Colvin dice además que, “para el invierno de 1887-88”, el autor había agregado “algunas de mayor extensión y concebidas estando en una vena más mística y legendaria” y que sólo entonces, ya en posesión de este variopinto grupo de relatos, el autor empezó a “vislumbrar la posibilidad de hacer con ellos un libro”.

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Además, el deseo que Colvin profesa de conservar la intención original de Stevenson no parece ser consistente si consideramos que también incluyó, en la selección final, “una o dos” fábulas situadas en Samoa y que, por ende, casi seguramente escribió después de 1888.

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También existe la posibilidad de que a Colvin le hayan parecido ofensivos los temas centrales de “El relojero” y “El mono científico” o bien (lo cual es más probable) que temiera que, en la década de 1890, algunos sectores del público cada vez más amplio de Stevenson reaccionaran con desaprobación o disgusto. “El relojero” repudia de manera implícita, aunque también divertida y satírica, no sólo el discurso científico, sino la validez de toda creencia religiosa, mientras que “El mono científico” es una condena vívida y tal vez en ocasiones inquietante no sólo de la vivisección, su blanco directo, sino también y por analogía, de cualquier práctica colonialista que, en nombre del “progreso”, inflija de manera hipócrita la crueldad sobre los colonizados. Colvin ya se había opuesto a lo que llamaba “la esencia escandalosa” del último cuento que Stevenson publicó antes de morir, a saber “The ebb tide”, un relato antiimperialista y antifundamentalista en donde un fanático religioso británico somete, en las islas del Pacífico, a tres desgraciados vagabundos al servilismo aterrorizado y a una muerte agónica provocada por el vitriolo.

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No obstante, por muy irreverente y escéptica que sea la postura de “El relojero” y “El mono científico” ante la religión y la ciencia, ninguno de estos cuentos resulta más polémico que algunas de las obras que Stevenson ya había publicado. En comparación con otras obras más largas, contenciosas e iconoclastas, como por ejemplo “The beach of Falesa” y Doctor Jekyll and Mr Hyde, el tono ligero y humorístico de los dos cuentos los modera de forma significativa. Y aunque ambos coquetean con imágenes violentas para alcanzar sus respectivos objetivos satíricos, ninguno se aleja de la regla bien establecida de Stevenson de narrar los actos de violencia con rapidez y evitar la representación prolongada del dolor físico. Además, varias de las fábulas publicadas son igualmente irreverentes y categóricas en relación con los prejuicios, incluyendo los científicos y los religiosos (por ejemplo, “The distinguished stranger” y “Faith, half-faith and no faith at all” que, respectivamente, se burlan de las explicaciones científicas del mundo y de las actitudes inconsistentes que tiene un misionero acerca de las creencias religiosas). De hecho, la propia tendencia subversiva de los dos cuentos excluidos, así como la forma consciente en que modernizan el género tradicional de la fábula, es lo que claramente los alínea con el resto de la colección.

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R.H. Hutton, quien entonces era el editor de Spectator, captó el modernismo de Fables así como su pertinencia en relación con los intereses más amplios que imperaban a finales de la era victoriana y, en una reseña de los cuentos que hizo en 1895, los elogió diciendo que “quizá sean más notables que cualquiera de los textos más elaborados de [Stevenson]” y argumentó que “son esencialmente modernos en su estructura y llegan a las raíces mismas de la paradoja que todos los pensadores modernos encuentran en la vida humana, aunque no pretenden encontrar ninguna solución para dicha paradoja, sino que la dejan intacta allí donde la encuentran”. Hutton observa que la mayor parte de las fábulas gira alrededor de la fe y la duda (la dificultad de tener fe pero también sus recompensas; la importancia de la duda pero también su destructividad) y acierta al identificar dos tendencias divergentes en la colección. Algunos cuentos son negativos y escépticos, sobre todo “Yellow paint” y “The penitent” que Hutton considera “puramente cínicos”, y “The house of Eld” en el que se detiene un poco más al señalar que ilustra la “inutilidad” de la acción movida por la fe. Sin embargo, las fábulas más bien revelan que “un remanente de fe parece sobrevivir a las paradojas de la vida” y Hutton considera que éstas tipifican mejor la forma de pensar de Stevenson y son inherentemente más valiosas. Concluye que “La imaginación del señor Stevenson estaba más llena de luz que de oscuridad”.

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No es difícil ver que tanto “El relojero” como “El mono científico” corresponden a uno de los dos aspectos de Fables que Hutton identificó. “El relojero” es una sátira divertidamente cínica donde toda una era de discusión científica, religiosa y filosófica, en una comunidad de microbios, se ve aniquilada de un plumazo. Todo el pensamiento “animalcular” desaparece con el acto brutal e inconsciente del hombre desconocido que bebe el agua en donde viven esos organismos, simplemente para calmar su sed.

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Sin duda, la “Moraleja” (que Stevenson por desgracia nunca añadió) hubiera subrayado (en verso, como es el caso de varias de las fábulas publicadas) el hecho de que las necesidades y los deseos humanos siempre prevalecerán sobre la discusión racional. En el cuento, el debate se ve grotescamente amenazado por la agresión irracional que acompaña las creencias, simbolizada en la ejecución del poeta blasfemo que se burla de la religión tenuemente practicada por su sociedad. Al mostrar cómo pasan, del argumento al dogma, las teorías relacionadas con la naturaleza del universo de los microbios y el papel del misterioso “relojero”, Stevenson quizá ofrece una analogía para algunos de los acalorados debates científicos de su propia época, como la polémica en torno al darwinismo cuyas afirmaciones científicas inevitablemente entraron en conflicto con las de la religión. El giro irónico del cuento, en donde la enfermedad del relojero (que simplemente resulta de la estupidez que comete al beber el agua estancada del jarrón) lleva a las autoridades de la ciudad a sanear todo el suministro del agua, implica que incluso la ciencia práctica y aplicada, aunque en apariencia resulta beneficiosa, puede estar descaminada y ser imprecisa.

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(Esta es una insinuación significativa por parte de Stevenson, cuyo padre era constructor de faros.) Tal parece que la tecnología moderna no siempre representa una mejoría en el supersticioso mundo de los animálculos.

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El efecto satírico depende en gran medida del lenguaje del cuento; Stevenson desea mofarse del estilo de la discusión filosófica, tanto como de la validez de las ideas, y parece divertirse mucho acuñando palabras cómicamente torpes como “animalculomorfismo” y “relojerista”. Gracias a la misantropía y el pesimismo implícitos en la historia, así como a su forma de jugar con la escala y el antropomorfismo, Stevenson demuestra ser un creativo heredero de la tradición satírica de Swift, al burlarse de los supuestos de la Ilustración relacionados con el progreso científico y al “desfamiliarizar” con gran humor ciertos blancos satíricos, tomados por venerables. Quizá “El relojero” sea uno de los mayores ataques de Stevenson contra la confianza en la tradición intelectual de Occidente, pues retoma, con especial belicosidad cómica, un escepticismo que ya resultaba familiar gracias a obras como Doctor Jekyll and Mr Hyde.

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A diferencia de la “oscuridad” de este descreimiento, “El mono científico” ofrece algo de “luz” si se lee de cierta manera. Sus protagonistas, un grupo de simios de las Antillas, amenazado con ser gradualmente exterminado por un científico dedicado a la vivisección, descubre que, a pesar de la fuerte tentación que sienten de adoptar las tácticas brutales del colonizador y realizar experimentos con el hijo de ese hombre en nombre de su propio progreso científico, se obtiene una satisfacción mayor al conservar una postura moral y devolver el bebé a su padre, al refrenarse y no vengar un crimen con otro. Al igual que en “El relojero”, la ciencia es satirizada como algo en lo que no se puede confiar y que es de dudosa ética; esto se refleja sobre todo en los argumentos engañosos, relativistas y amorales del “mono científico”, la criatura que, después de padecer en carne propia la captura y el daño físico, adopta el papel del pendenciero victimizado robándose al niño. Sin embargo, tiene que vérselas con un simio compasivo que sólo tiene una oreja (víctima de un “pleito con su tía”, una forma de violencia más personal y por consiguiente moralmente más compleja) y que se lleva al infante a un lugar seguro; y con el jefe, un “viejo político conservador, a favor de la fuerza física” que restablece la ley y el orden entre los monos usando “un palo muy grueso” y ordena que el rehén sea devuelto a su hogar. Una vez más, al igual que en el caso de “El relojero”, el cuento carece de “Moraleja”; pero la de otra fábula, “Something in it”, en la que Hutton basa su planteamiento para decir que los cuentos favorecen la “luz” de la creencia por encima de la “oscuridad” del cinismo, prácticamente podría bastar:

Los palos se rompen, las piedras se desmoronan,
Los eternos altares se vuelcan y derrumban,
Las sanciones y los cuentos se desvanecen como niebla
En torno al asombrado evangelista.
Él se mantiene firme, de la vejez a la juventud,
Sobre una pizca de verdad.

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El argumento implícito de “El mono científico” también puede compararse con “The ethics of crime”, el ensayo que escribió Stevenson a finales de la década de 1880 sobre el asesinato político, en donde insiste en que la ley debe castigar consistentemente los crímenes (sobre todo los que sean violentos), sin importar cuán justo sea el principio por el cual se luche. Aunque, a nivel sentimental, se coloca de parte del rebelde, Stevenson prefiere el legalismo y el conservadurismo del “viejo político a favor de la fuerza física” (moderado por la compasión del simio que tiene una sola oreja) a la anarquía moral del mono científico.

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Sin embargo, a pesar del descubrimiento redentor de “una pizca de verdad”, el problema del enemigo colonizador sigue en pie. Como en el caso de “El relojero”, hay un giro en la historia: al final del cuento se nos dice que el vivisector, “ya con el corazón ligero, inició tres experimentos más en su laboratorio antes de que el día llegara a su fin”. Si no sólo interpretamos el cuento como un llamado al estricto cumplimiento de los principios éticos en el campo de la ciencia, sino también como una alegoría de la lucha antiimperialista (si acaso fuera necesario, la postura antiimperialista que Stevenson con frecuencia adoptó en sus obras posteriores podría ratificar esta interpretación), esto implicaría entonces que, en la búsqueda de la libertad política, hay que encontrar otra forma de resistir ante la violencia. Mas no se ofrece ninguna alternativa... el problema queda fastidiosamente sin resolver. “El mono científico” deja la paradoja intacta, tal como lo señala Hutton en su comentario general sobre Fables.

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Quizá el humor subversivo del cuento resulte tan interesante como su fuerza política.
A pesar de la importancia de los temas que aborda, “El mono científico” es uno de los cuentos más divertidos del autor. Si bien el hecho de hacer figurar a simios antropomorfos como personajes parece invocar a Darwin, no existe el temor de un retroceso en el desarrollo o de una degeneración del hombre, como lo hay en Doctor Jekyll and Mr Hyde, salvo en la medida en que nuestra afinidad con los simios se usa para subrayar los peligros de nuestras deficiencias morales e intelectuales. De manera similar, aunque tanto el entorno como los temas anticipan The island of Dr Moreau (1896) de H.G. Wells y, al igual que esta novela, aclaran que el objeto del experimento puede llegar a subyugar al científico, el tono es marcadamente distinto al del romance de derivaciones góticas de Wells. Como en el caso de “El relojero”, Stevenson parodia el discurso científico y filosófico con un deleite evidente. Al igual que Oscar Wilde, Stevenson pone al descubierto la insensatez y la hipocresía de los lugares comunes al invertir sus términos; por ejemplo, cuando un mono comenta acerca del bebé, “Cómo me gustaría que no llorara.... se ve tan feo como un mono”.

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Situar la fecha en que los cuentos fueron escritos supone necesariamente hacer conjeturas. Dado que tanto “El mono científico” como “The ethics of crime” tratan de la necesidad de proteger la ley moral en medio de la coacción política, parece ser verosímil que el primero se haya escrito más o menos al mismo tiempo que el segundo, es decir, a finales de la década de 1880. Sin embargo, el interés de Stevenson por estos asuntos se remonta al menos a 1885, año en que fue publicada su novela The dynamiter (en la que había trabajado desde 1883), una sátira sobre el terrorismo de los fenianos, que una vez más mostró su aversión por los actos de violencia desprovistos de ética y cometidos en nombre del progreso. Por otro lado, el entorno caribeño de “El mono científico” podría sugerir la influencia de los viajes que Stevenson hizo al trópico después de 1889, pero esta teoría debería tomar en cuenta que, ya desde 1878, él había escrito parte de una novela titulada The hair trunk; or the ideal Commonwealth, en donde también aparecía una isla del Caribe. Tampoco es fácil fechar “El relojero” aunque su estilo efervescente y paródico sugiere, una vez más, que se escribió mucho antes de la década de 1890, cuando los textos de Stevenson se volvieron, en general, más serios y menos satíricos. Tal vez la amplitud del enfoque intelectual del cuento, en comparación con las fábulas que Colvin supone que se escribieron a mediados de la década de 1870, lo distingue como un relato algo más tardío. Con base en esto, concluyo tentativamente que ambos cuentos podrían haberse escrito desde 1875 y hasta 1889, pero es probable que al menos “El mono científico” se haya escrito a mediados de la década de 1880, cuando Stevenson rondaba los treinta y cinco años. Por su tono bromista y provocador parecen ser el producto de la imaginación de una persona más joven, pero el espíritu juvenil de Stevenson duró mucho más que sus años mozos.

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El texto de los dos cuentos se ha presentado aquí de modo que resulte lo más fácil de leer, a la vez que se han respetado sus idiosincrasias más significativas. He corregido los errores de ortografía y puntuación, pero he conservado la ortografía original de algunas palabras, por más inusuales que resulten, allí donde aparecen repetidas (“animalculae” como el singular y el plural de la palabra “animalculus”) o bien allí donde parecen reflejar la forma de escribir de la época. He conservado la forma de escribir ciertas palabras de Stevenson cuya ortografía ha cambiado desde los tiempos en que él vivió (“caraffe”, “cocoanut”, “tory” en vez de “Tory”). Y he sustituido las palabras que Stevenson subrayó por cursivas.

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Ralph Parfect: Catedrático e investigador. Director del Programa de Industrias creativas y culturales de la Universidad King de Londres. 

Articulo de: http://www.eluniversal.com.mx/

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Robert Louis STEVENSON

Robert Louis STEVENSON

   

Proveniente de una familia burguesa, Robert pasó una infancia feliz y despreocupada. Debido a la marchita salud de su madre no cursó estudio alguno durante su niñez. Esto hizo que a la edad de 8 años fuera totalmente analfabeto. Durante su adolescencia, Robert acompañó a su padre en sus frecuentes viajes.

Ingresó en la universidad de Edimburgo como estudiante de ingeniería náutica. Sin embargo, la elección de la carrera fue más por la influencia de su padre, que era ingeniero, que por gusto propio. Esto llevó al abandono de la ingeniería en por de las leyes. En 1875 empezó a practicar la abogacía. Tampoco tuvo una carrera brillante en este campo, ya que su interés se concentraba en el estudio de la lengua.

Enseguida aparecieron en él los primeros síntomas de la tuberculosis e inició una serie de viajes por el continente. En 1876, a los 26 años, en Grez (Francia) conoció a Fanny Osbourne, una norteamericana que le llevaba diez años. Fanny estaba separada de su marido; con su hermana Belle y sus hijos descansaba y pintaba. Stevenson y Fanny se enamoraron. Publicó su primer libro en 1878. Ella partió a California, para tramitar su divorcio, y Stevenson la siguió, un año después. Se casó con ella en 1880, a los 30 años. La pareja vivió un tiempo en Calistoga, en el Lejano Oeste. Escribió historias de viajes, aventuras y romance. Su obra es muy versátil: ficción y ensayo, etc.

A partir de ese año, la salud de Stevenson comenzó a empeorar. El matrimonio se mudó a Edimburgo, luego a Davos, Suiza, y finalmente se instaló en una finca que el viejo Stevenson les regaló, en el balneario de Bournemouth. Tres años más tarde partieron a Nueva York, donde Stevenson hizo amistad con Mark Twain, autor de Las aventuras de Tom Sawyer. Tras una breve estadía en San Francisco, deciden realizar un viaje hacia las islas del Pacífico Sur, donde finalmente se establecen con los hijos de Fanny, la hermana de ésta, Belle, y la señora Stevenson (el padre del novelista había muerto para entonces). No es precisamente un rechazo furioso de la civilización: la casa del matrimonio es confortable; la relación de Stevenson con los aborígenes —que lo bautizan como Tusitala, ("el que cuenta historias")— es cordial, pero política: de hecho, el escritor toma partido por uno de los jefes locales contra la dominación alemana del archipiélago y escribe en la prensa británica sobre la penosa situación samoana.

Murió de un ataque cerebral. Un año antes, relató en una carta: "Durante catorce años no he conocido un solo día efectivo de salud. He escrito con hemorragias, he escrito enfermo, entre estertores de tos, he escrito con la cabeza dando tumbos". Su cuerpo fue enterrado en la misma isla, en el monte Vaea.

Ante la aparición de la novela naturalista o psicológica, Stevenson reivindicó el relato clásico de aventuras, en el que el carácter de los personajes se dibuja en la acción. Su estilo elegante y sobrio y la naturaleza de sus relatos y sus descripciones influyó en escritores del siglo XX como Jorge Luis Borges.

También es conocida su afición al alcohol, lo que le acarreó diversos problemas de salud.   

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El mono científico 

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En cierta Isla de las Antillas, había una casa y una playa cerca de una arboleda.En esa casa habitaba un vivisector y, en los árboles, un clan de simios antropoides. Resultó que el vivisector atrapó a uno de ellos y lo encerró durante algún tiempo en una jaula del laboratorio. Allí, quedó profundamente aterrado por lo que vio, muy interesado por todo lo que oyó; y como tuvo la fortuna de escapar en una fase temprana de su caso (que quedó clasificado con el número 701) y de regresar con su familia con tan sólo una lesión insignificante en un pie, consideró que, en suma, había salido beneficiado.

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En cuanto regresó se hizo llamar “doctor” y empezó a importunar a sus vecinos con esta pregunta: ¿Por qué los simios no son progresistas?
—No sé qué quiere decir progresista — dijo uno y le lanzó un coco a su abuela.
—Yo no lo sé ni me importa —dijo otro y se columpió en un árbol cercano.
—¡Ya cállate! —exclamó un tercero.
—¡Maldito progreso! —dijo el jefe que era un viejo político conservador, a favor de la fuerza física—. Procuren portarse mejor como lo que son.


Pero cuando el mono científico lograba reunirse a solas con los machos jóvenes, éstos lo escuchaban con más atención.


—El hombre es tan sólo un simio que ha sido promovido —decía, colgando su cola desde una elevada rama—. Dado que el registro geológico está incompleto, es imposible afirmar cuánto tardó en ascender y cuánto podríamos tardar nosotros en seguir sus pasos. Pero si nos lanzamos de lleno in media res en mi propio sistema, creo que los dejaremos a todos atónitos. El hombre perdió siglos por culpa de la religión, la moral, la poesía y otros desvaríos; tardó siglos antes de alcanzar la ciencia y apenas ayer empezó a realizar vivisecciones. Nosotros recorreremos el camino en sentido inverso y empezaremos por la vivisección.

—¿Qué cocos es la vivisección? —preguntó un simio.
El doctor explicó con todo detalle lo que había visto en el laboratorio; y algunos de sus oyentes quedaron encantados, mas no todos.
—¡Nunca había escuchado semejante bestialidad! —exclamó un mono que había perdido una oreja en un pleito con su tía.
—¿Y para qué sirve eso? —inquirió otro.
—¿Qué no se dan cuenta? —dijo el doctor—. Al hacer vivisecciones en los hombres, descubriremos cómo están hechos los simios y así avanzaremos.
—Pero, ¿por qué no las hacemos en nosotros mismos? —preguntó uno de sus discípulos que era discutidor.
—¡Ay, qué vergüenza! —dijo el doctor—. No pienso quedarme aquí escuchando semejantes despropósitos; al menos, no en público.
—Pero, ¿y los criminales?
—inquirió el discutidor.
—Es muy dudoso que exista algo que pueda considerarse bueno o malo; entonces, ¿cómo definirías a un criminal? —repuso el doctor—. Y además, el público no lo toleraría. Y los hombres nos serán igual de útiles; somos del mismo género.
—Me parece que sería brutal hacerles eso a los hombres —dijo el simio que sólo tenía una oreja.
—Bueno, para empezar — dijo el doctor—, ellos afirman que nosotros no sufrimos y que somos, como dicen, unos “autómatas”; así que tengo todo el derecho de decir lo mismo de ellos.
—Ése es un disparate —dijo el discutidor—; y además es autodestructivo. Si ellos sólo son unos autómatas, no pueden enseñarnos nada acerca de nosotros mismos; y si pueden hacerlo, ¡por todos los cocos!, entonces deben sufrir.
—Comparto bastante tu forma de pensar — dijo el doctor—, y, en efecto, ese argumento sólo es válido para las revistas mensuales. Supongamos que sí sufren. Bueno, pues sufren en el interés de una raza inferior que necesita ayuda; no puede haber nada más justo que eso. Y además, sin duda haremos descubrimientos que también a ellos les serán de utilidad.
—Pero, ¿cómo descubriremos algo cuando no sabemos qué hay que investigar? —inquirió el discutidor.
—¡Bendita sea mi cola! —gritó el doctor, perdiendo los estribos y la dignidad—. ¡Tienes la mente menos científica de todos los monos de las Islas Windward! Saber qué investigar... ¡qué tontería! La verdadera ciencia no tiene nada que ver con eso. Tú sólo debes realizar vivisecciones, cada vez que tengas la oportunidad; y, si realmente llegas a descubrir algo, ¿quién estará más sorprendido que tú?
—Tengo una objeción más —dijo el discutidor—, aunque aclaro que concuerdo en que sería una diversión mayúscula. Pero los hombres son muy fuertes y además tienen armas.
—Por eso mismo tomaremos a los bebés —concluyó el doctor.
Esa misma tarde, éste regresó al jardín del científico; se robó una de sus navajas a través de la ventana del cuarto de vestir y, en una segunda incursión, sacó al bebé de su cuna.
Hubo gran algarabía en las copas de los árboles. El mono, que sólo tenía una oreja y que era de buenos sentimientos, acunó al niño en sus brazos; otro le metió nueces en la boca y se afligió porque no quiso comérselas.
—Carece de inteligencia —dijo.
—Pero cómo me gustaría que no llorara —dijo el simio que sólo tenía una oreja—, ¡se ve tan feo como un mono!
—Esto es absurdo —dijo el doctor—. Denme la navaja.
Al oír esto, al mono que sólo tenía una oreja se le encogió el corazón, le escupió al doctor y huyó con el niño a la copa del árbol vecino.
—¡Hey, tú! —gritó el simio que sólo tenía una oreja—, ¡vivisecciónate tú mismo!
Ante este desafío, todo el equipo empezó a perseguirlo y a dar voces; y el ruido llamó la atención del jefe, que se encontraba en los alrededores, matando pulgas.
—¿Por qué tanto alboroto? —exclamó el jefe. Y cuando le explicaron lo sucedido, se llevó la mano a la frente—. ¡Santos cocos! —exclamó—, ¿es ésta una pesadilla? ¿Pueden los simios caer hasta semejante barbaridad? Devuelvan a ese niño al lugar de donde lo sacaron.
—Usted no tiene una mente científica —dijo el doctor.
—No sé si tenga una mente científica o no —repuso el jefe—, pero sí tengo un palo muy grueso y, si le pones una garra encima a ese bebé, te romperé la cabeza.
Así que llevaron al bebé al jardín que estaba frente a la casa. El científico (que era un estimable padre de familia) no cupo en sí de gozo y, ya con el corazón ligero, inició tres experimentos más en su laboratorio antes de que el día llegara a su fin.  

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El relojero  

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La garrafa estaba colocada sobre una mesa, en medio de la habitación. Hacía casi una semana que nadie entraba por la puerta; la sirvienta era descuidada y no había cambiado el agua desde hacía un mes. La raza dirigente de los animálculos había alcanzado así una gran antigüedad y ellos estaban muy avanzados en sus estudios científicos. Su principal deleite era la astronomía; los filósofos se pasaban los días contemplando los cuerpos celestes, la sociedad se complacía en comentar las distintas teorías. Dos ventanas, una que daba al este y otra al sur, les daban dos años solares de distinta duración; el segundo se mezclaba con el primero y el primero volvía a suceder al segundo después de un intervalo de oscuridad. Muchas generaciones nacían y perecían durante la noche; la tradición de un sol se vio debilitada, de modo que los pesimistas abandonaron la esperanza de que volviera a salir; y la luna, que entonces estaba llena, engañó a algunos de los más sabios. No fue sino hasta el sexto año solar largo que apareció un animálculo de intelecto inigualable; él destronó la ciencia anterior y dejó un legado de discusión.

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Su hipótesis puede llamarse La Teoría del Cuarto. Era errónea en partes. El cuarto no estaba lleno de agua potable; tampoco estaban hechas sus paredes de la misma sustancia que el mantel. Pero, en la mayor parte de los puntos, la teoría concordaba burdamente con los hechos; y su autor había calculado la posición relativa de la garrafa, la mesa, las paredes, los adornos de la repisa de la chimenea y el reloj de ocho días hasta el millonésimo lugar de los decimales, pues sus métodos e instrumentos eran exquisitamente finos. Hasta ahora, los más escépticos reconocían sus méritos. Pero el filósofo era un hombre de mente devota y obediente; y había decidido aceptar y basarse en una leyenda de su raza. En la antigüedad, antes del surgimiento de la ciencia, se decía que el espacio amarillo y oblongo, situado en la pared que daba al norte, se había abierto y un objeto, cuyo tamaño descomunal superaba la imaginación, había aparecido y, durante algunas generaciones, se había movido visiblemente en el espacio. Una luz, a decir de algunos más brillante que el sol, según otros apenas más brillante que la luna, acompañó al meteoro en su órbita. Mientras tanto, la garrafa fue sacudida por tronidos e inexplicables convulsiones; los costados del universo se oyeron crepitar; una detonación final señaló el momento de su desaparición; y, cuando los animálculos se recobraron del susto, vieron que el espacio amarillo y oblongo de la pared que daba al norte había retomado su aspecto natural. Tal fue el informe de los historiadores serios y críticos; en boca de los incultos, la versión era otra. “En la antigua era del canibalismo”, decían ellos, “un animálculo asombrosamente enorme atravesó el muro; tenía el sol en una garra; el movimiento de su nado sacudió la garrafa entera; y antes de volver a salir, le hizo algo al reloj”. Para asombro de la sociedad, esta versión popular fue la que el filósofo aceptó. Un coloso que llevaba una luz, parecido al que había sido observado, caminaba conforme a periodos establecidos cerca de las paredes exteriores de la habitación; y el hecho de que pasara, primero frente a una ventana y luego frente a la otra, explicaba los años solares. Pero el filósofo fue aún más lejos. En el Cosmos animalcular existía un elemento de anormalidad superlativa: el reloj, con su péndulo, su esfera y sus manecillas. Varias generaciones de observadores habían demostrado, de modo irrefutable, que el péndulo se balanceaba, que las manecillas reptaban por la esfera, que el fenómeno de las campanadas ocurría a intervalos aproximadamente iguales y que al menos era posible concebir una relación entre estos intervalos y la procesión de las manecillas. Pronto, la atención se fijó en el reloj; las pruebas de la existencia de algún propósito en la creación se centraron allí; el creador, que hablaba con oscuras palabras en sus demás obras, parecía emitir una voz auténtica en el reloj; y el teísmo y el ateísmo trabaron combate en torno a la cuestión del Relojero. El Newton animalcular era relojerista; y se arriesgó a hacer la osada conjetura de que el coloso que llevaba una lámpara alrededor de la habitación se vería obligado a regular sus movimientos de acuerdo con el tiempo del reloj.

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Entre los piadosos, las interrogantes del filósofo pronto se erigieron en doctrinas de la iglesia. El coloso de la leyenda fue identificado con el sol, junto con el creador del reloj. El culto al relojero reemplazó las religiones anteriores, la veneración del agua, la veneración de los ancestros y la adoración bárbara de la repisa de la chimenea; a él le fueron atribuidas todas las virtudes; y todo el comportamiento animalcular de buen tono quedó reunido bajo la rúbrica de Comportamiento Relojeroso. Mientras tanto, el otro bando clamaba a favor del animalculomorfismo. El filósofo había declarado que todo el espacio estaba ocupado por el agua; no había nada menos comprobado, nada menos comprobable; más allá de la piel interna de la botella, el agua dejaba de existir; y, si éste era el caso, ¿en dónde quedaba el relojero? La vida implicaba agua, el pensamiento implicaba agua. Nadie que no viviera en el agua podía concebir la idea del tiempo, ¡mucho menos la de un reloj! Examinen su hipótesis (decían los relojeristas) y todo se reduce a esto: una criatura que vive en el agua ¡viviendo fuera del agua! ¿Pueden acaso los animálculos razonables entretenerse con semejante absurdo? Y admitiendo lo imposible, admitiendo (únicamente con el propósito de aclarar la cuestión) que la vida y el pensamiento existen más allá de las paredes de la garrafa, ¿por qué no se manifiesta el Relojero? Sería sencillo para él comunicarse con los animálculos; cuando creó el reloj, le habría sido fácil colocar sobre la esfera señales inteligibles (por ejemplo, la proposición cuadragésima séptima) o incluso (si acaso le hubiera importado) algún medidor del paso fugaz del tiempo; y en vez de eso, a distancias que más o menos se aproximan a la igualdad, tienen lugar esas marcas sin sentido, que probablemente son el resultado del ebullicionismo. Entonces, si acaso existe un relojero, hay que figurárselo como un frívolo y maligno sinvergüenza, que creó la garrafa, la mesa y la habitación con el único objeto de regodearse con las tribulaciones de los animálculos. Semejantes opiniones hallaron una expresión más violenta en boca de los poetas contemporáneos; la infame “Oda a un Relojero”, que estremeció a la sociedad, empezaba más o menos así:

Enormes son tus pecados,
Enormes como una garrafa entera.
Relojero, yo te reto.
Tu crueldad es mayor que la de un jarrón sobre la repisa de la chimenea,
Y redonda como la esfera del reloj.
Eres fuerte, te jactas de ello;
Eres astuto e inventas cronómetros;
¡Vanas son tu fuerza y astucia!
Basta con que un solo animálculo honrado te mire a los ojos,
Y quedas vencido en medio de tus instrumentos.
Palideces y te ocultas en la trastienda.

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El sentir universal fue que el poeta había llegado demasiado lejos. Si en efecto existía un relojero, cabía suponer que no toleraría que esas declaraciones quedaran impunes; cabía temer que toda la garrafa se vería implicada en su venganza. Después de un juicio en donde él se vanaglorió de sus horrendos sentimientos, el poeta fue condenado y públicamente destruido; y, durante algunas generaciones, este acto de rigor frenó el espíritu del libre pensamiento.

Todos esperaban con ansia el amanecer del séptimo año solar doble. Al acercarse el momento, todos los telescopios que había en la botella se dirigieron hacia la ventana que daba al este o hacia el reloj; y una vez que el acontecimiento hubo tenido lugar y mientras se preparaban los cálculos, las muchedumbres esperaron afuera de las casas de los astrónomos, algunos rezando, otros haciendo irreverentes apuestas sobre el resultado. Éste no fue concluyente. El reloj y el sol no tenían ninguna relación precisa de concordancia; a los fieles más ardientes les fue imposible proclamar su triunfo. Mas la discrepancia era pequeña; y el más firme de los librepensadores fue consciente de la existencia de una duda íntima.

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En El Relojero revelado en todas sus obras, El Relojero reivindicado y La verdadera ciencia relojerosa exhibida y justificada, los piadosos buscaron disimular su desilusión; en obras de distinta naturaleza, los librepensadores magnificaron su victoria. Conforme pasaban las horas y una generación sucedía a otra, todos percibieron que la fe había sido sacudida. La creencia en un Relojero decayó de forma estable; y pronto el reloj mismo, con sus movimientos disminuidos y su regularidad irregular, se convirtió en un tema de burla para los bromistas.
En medio de todo esto, se vio abrirse el espacio amarillo y oblongo de la pared que daba al norte y el relojero entró y procedió a darle cuerda al reloj.

El cambio fue total; los animálculos de todas las edades y condiciones sociales se apiñaron en los lugares de culto; la garrafa retumbó con salmos; y, de un extremo a otro de la botella, no hubo ninguna criatura consciente que no hubiese sacrificado todo lo que poseía con tal de prestarle un servicio al relojero.

Cuando acabó de darle cuerda al reloj, el relojero divisó la garrafa; y como tenía sed por haber tomado cerveza la noche anterior, la apuró hasta las heces. Después, por espacio de tres semanas, yació en cama, enfermo; y el médico que lo atendía mandó sanear todo el suministro de agua de esa parte de la ciudad.
 

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A leer:

http://www.alohacriticon.com/viajeliterario/article575.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Robert_Louis_Stevenson

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Manuel LOZANO/EL ORO DE LOS TIGRES

Manuel LOZANO/EL ORO DE LOS TIGRES

"El ORO DE LOS TIGRES"

Para un panorama de la cultura actual

Una idea original de Manuel Lozano *

Jueves 05 de octubre

17 hs, Argentina o 20hs, GMT  *

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Escúchenos on-line en : www.fmradiocultura.com.ar  

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Homenaje a:  Juan José SEBRELI  

Pensador imprescindible en el debate intelectual de nuestro tiempo *

Juan José Sebreli, figura ineludible de la Sociología,a fines de los anos 50 

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"El Oro de los Tigres" con los mejores pensadores de nuestro tiempo, una música de excelencia y, además, con las secciones "Preludio" y “Didas-calia Negra" difundiendo los acontecimientos relevantes de la cultura argentina y del mundo. *

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Nuestras vías de comunicación:
orodelostigres@argentina.com
manuel_lozano@arnet.com.ar

Teléfonos: 5031-9807 / 5031-9808 

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Cultura es el oro de los tigres que comunica un mundo: nuestro mundo.
Cultura es el oro de los tigres en el cuerpo verdadero de lo humano.
Cultura es el oro de los tigres que nos sobrevive.  

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Auspicia:
FIED - Fundación Interdisciplinaria de Estudios para el Desarrollo

fied_bsas@arnet.com.ar 

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"Manuel Lozano nos deslumbra con páginas memorables. Descubro que tiene el hábito de frecuentar el universo, de traducirlo en misteriosas y afortunadas invenciones".  

Jorge Luis Borges 

 "Los poemas y relatos de Manuel Lozano, prodigiosamente escritos, me transportan a los infiernos del cielo, a Paraísos que creí perdidos para siempre...Me fascinan...¡Lo esperé durante tanto tiempo!" 

Silvina Ocampo

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Georg TRAKL

Georg TRAKL

Nace Georg Trakl el 3 de febrero de 1887, en Salzburgo. Hijo de Tobias Trakl y Maria Halik. Comienza sus estudios de primaria en 1892 y en 1897 entra en el Liceo Humanístico. Hacía 1904 escribe sus primeras prosas líricas. En 1905 abandona el liceo, habiendo suspendido el examen de bachiller superior, Trakl, vuelve a refugiarse en el cloroformo. Se decide por estudiar la carrera de farmacéutico, la única que no exige el bachillerato superior, el 18 de septiembre inicia su aprendizaje practico en la farmacia "El Ángel Blanco" de Salzburgo. Los experimentos realizados con drogas son conocidos por el padre, el cual debe dar forzado el visto bueno.

Su trabajo en la farmacia es puntual y efectivo, pero siempre muestra predilección por la literatura.Se produce un cambio en su carácter, de ser un muchacho alegre se vuelve arisco, retraído y arrogante. Son frecuentes las tomas de cloroformo y drogas. Debe ser en esta época cuando inicia la relación incestuosa con su hermana Grete. En el año 1906 junto con sus amigos funda el círculo poético "Apolo" y después "Minerva". Eran frecuentes las practicas del consumo de alcohol, drogas y visitas a burdeles. Sus escritos, en principio no obtienen ningún éxito, cosa que irrita bastante a Trakl, hasta el 31 de marzo de 1906, cuando es representado en Salzburgo el drama "El día de los difuntos. Pieza ambiental dramática en un acto." Que obtiene una gran acogida por parte del público.

En septiembre de 1908 consigue el certificado de aprendizaje práctico en farmacia, se matricula en farmacia en la universidad de Viena. Los estudios duran dos años y un año después entra en el servicio voluntario del Departamento de Sanidad número 2 del Ejército imperial. Estos años son muy productivos para Trakl, produciendo una extensa obra. Es por estás fechas cuando Maria Geipel se inicia como empresario literario suyo.Los años siguientes siguen siendo productivos, literariamente hablando para Georg Trakl. Su amigo Buschbeck, se halla en esos momentos en Viena estudiando derecho y le pone en contacto con Hermann Bahr, crítico literario del momento, gracias a lo cual Trakl consigue publicar tres poemas en el "Neues Wiener Journal". El padre de Trakl muere el 18 de junio de 1910, poco después de que éste se licenciara en farmacia. Por estás fechas Buschbeck trata de introducir a Trakl en los círculos literarios. Pasa el verano de 1910 en Salzburgo, para volver en octubre a Viena, donde realiza el servicio militar voluntario en el Departamento de Sanidad.

Una vez terminado el servicio, regresa a Salzburgo, pero allí todo ha cambiado, sus hermanas mayores se han casado, Grete se ha trasladado a Berlín para continuar sus estudios de música, el negocio lo regentan su madre y hermanastro. Periodo de ataques y depresiones para Trakl. Solicita el ingreso en el servicio activo, el cual le es otorgado el 1 de abril de 1912, como teniente farmacéutico en el hospital de la guarnición numero 10 de Innsbruck, en servicio de prueba. Supera el periodo de prueba y pasa al activo, con un informe bastante positivo por parte de sus superiores, con el inconveniente de que en el informe se precisa que a pesar de su juventud es una persona muy huraña. Para él, la estancia en Innsbruck es lo más parecido a un destierro. Sin embargo, conoce allí, por mediación de Buschbeck a Ludwig von Ficker, director de la revista "Der Brenner", donde se publican periódicamente poemas suyos.

El 23 de octubre de 1912 le es concedida una plaza como funcionario, solicitada un año antes, pasa a la reserva. Durante este tiempo, muy productivo, Trakl consume alcohol en exceso, sufre de agorafobia y de sensaciones de despersonalización. A partir de estas fechas, se inicia una de las etapas más productivas en cuestión de estilo, a las influencias rimbaudianas se unen las del Hölderlin de los himnos tardíos. Con ayuda de su hermana Grete y de Buschbeck tratan de publicar "poesías" en Viena, finalmente ante la negativa recibida, Ludwig von Ficker publica el libro en la editorial de su revista. Solicita una nueva postergación en su puesto del Ministerio de Trabajo en Viena, se presenta el 31 de diciembre en el nuevo servicio, que duró dos horas.

El 1 de enero de 1913 suscribe una solicitud de alta, regresa a Innsbruck, finaliza "Helian" y es publicado en "Der Brennen". A mediados de febrero se traslada a Salzburgo, donde permanece hasta principios de abril, la madre cierra el comercio. Es mala temporada para Trakl, cae en depresión muy fuerte, se traslada a Innsbruck-Mühlau. Su amigo Buschbeck le informa de un posible trabajo en el Hospital General de Viena. El 5 de abril recibe una nota del joven editor Kurt Wolff interesado por sus poemas, tras ciertas desavenencias Trakl consifue su primer proyecto contratado. Trakl recibe el libro titulado "poesías" a mediados de julio. El 12 de agosto se da de baja en el servicio, al que no regresará jamás. Probablemente la edición de su libro le ánima a vivir como artista, cosa realmente imposible para Trakl.A finales e agosto viaja a Venecia donde permanece 12 días. En septiembre y octubre se hospeda e casa de von Ficker. En estos momentos sufre una grave crisis, sus amigos se preocupan por él, sueña con suicidios. El 2 de noviembre regresa a Viena donde cursa una nueva solicitud para el Ministerio de Trabajo, el 10 de diciembre regresa a Innsbruck donde realiza su única lectura pública y pinta su autorretrato. En marzo de 1914 Kurt Wolff comienza la impresión de "Sebastián en sueño". El 15 del mismo mes se traslada a Berlín a visitar a Grete, enferma debido a un aborto.

A partir de estos momentos los acontecimientos suceden a gran velocidad, son los últimos días de vida de Trakl. El 3 de abril vuelve a Innsbruck muy deprimido. A mediados de este mes recibe la visita de Theodor Däubler, poeta muy famoso en esos momentos, de sus paseos con Trakl observa que este no para de hablar sobre la muerte. Von Ficker se informa de una posible colocación como farmacéutico en Albania . El 8 de junio se informa sobre la posibilidad de un empleo en las colonias holandesas. El 28 de junio sucede el atentado de Sarajevo. Von Ficker recibe cien mil coronas, parte de la herencia de Ludwig Wittgenstein que destino para la ayuda de artistas necesitados. Von Ficker da veinte mil de esas coronas a Trakl y otras tantas a Rilke. El 28 de julio Austria-Hungría declara la guerra a Serbia. El de agosto quedan rotas la relaciones diplomáticas con Rusia. Trakl parte hacia la guerra desde Innsbruck como teniente sanitario, Trakl intenta suicidarse, intento fallido gracias a la intervención de sus compañeros. A mediados de octubre recibe la orden de internamiento para la observación de su estado mental en el hospital militar de Cracovia.

El 3 de noviembre muere de un paro cardiaco producido por una sobredosis de cocaína. Es enterrado el 6 en el cementerio Rakowicz en Cracovia. 1915, "Der Brenner" publica las siete últimas poesías y "Revelación y ocaso". Kurt Wolff publica "San Sebastián en sueño". El 21 de noviembre de 1917 Grete se suicida de un disparo en el pecho. En 1919 Wolff edita las "poesías" bajo la ordenación temática de Karl Röck.El 7 de octubre de 1925 son trasladados sus restos al camposanto de Mühlau, donde aún descansan hoy.    

"El azul de mis ojos se ha extinguido en esta noche,
como el oro rojo de mi corazón.
¡Oh que silenciosa ardía la luz!
Tu manto azul cubrió al amigo que se hundía;
tu boca roja selló su entrada en las tinieblas".

Georg Trakl
  

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A UN MUERTO PREMATURO


Oh, él ángel negro, que furtivo salió
del interior del árbol,
cuando éramos dulces compañeros de juego en la tarde,
al borde de la fuente azulada.
Nuestro paso era sereno, los ojos redondos
en la frescura parda del otoño.
Oh, la dulzura púrpura de las estrellas.

Pero aquel bajó los pétreos escalones de Mönschberg
con una sonrisa azul, y en la extraña crisálida
de su más tranquila infancia murió.
En el jardín quedó el rostro plateado del amigo
atento en el follaje o en las antiguas rocas.

El alma cantó la muerte, la verde corrupción de la carne,
e imperó el murmullo del bosque,
la queja febril del animal.
Siempre tañían desde torres
las azules campanas de la tarde.

Llegó la hora en que aquel vio sombras en el sol púrpura,
veladuras de podredumbre en el ramaje desnudo;
en la tarde, cuando en el muro crepuscular
cantó el mirlo,
y el espíritu del muerto prematuramente
apareció silencioso en la alcoba.

Oh, la sangre que fluye de la garganta del dios,
flor azul; oh, las lágrimas ardientes
lloradas en la noche.
Nube dorada y tiempo. En solitario recinto
hospedas con frecuencia al muerto.
y caminas en diálogo íntimo bajo los olmos
bordeando el verde río.
 

*

SIETE CANTOS A LA MUERTE


Azulada muere la primavera; bajo sedientos árboles,
camina un ser oscuro en el ocaso
escuchando la dulce queja del mirlo.
Silenciosa aparece la noche, con un venado sangrante
que se abate lentamente en la colina.

La húmeda brisa mece la rama del manzano en flor,
se desata plateado lo que estuvo unido,
muriendo con ojos nocturnos; estrellas que caen;
dulce canto de la infancia.

Iluminado bajó el durmiente por el bosque negro,
murmuraba una fuente azul en la distancia
cuando él levantó sus pálidos párpados
sobre su rostro de nieve.

La luna espantó un rojo animal
de su guarida,
y el oscuro lamento de las mujeres murió en suspiros.

Radiante levantó sus manos hacia su estrella
el blanco forastero;
y silencioso abandona un muerto la casa derruida.

Oh la imagen corrupta del hombre;
fundida con fríos metales,
noche y espanto de bosques sumergidos
y el ardor del animal solitario;
quietud de las corrientes del alma.

La barca sombría lo llevó por cauces fulgurantes,
llenos de estrellas púrpuras, y se inclinó
apacible sobre él la verde rama,
como una blanca amapola desde sus nubes de plata.

Tendida en el bosque de avellanos
juega con sus estrellas.
El estudiante, quizá un doble,
la sigue con la vista desde la ventana.
Detrás de él está su hermano muerto,
o tal vez baja por la vieja escalera de caracol.
A la sombra de los pardos castaños
palidece la figura del joven novicio.
El jardín está en el ocaso.
En el claustro revolotean murciélagos.
Los hijos del portero dejan de jugar
y buscan el oro del cielo.
Acordes finales de un cuarteto.
La pequeña ciega corre temblando por el camino
y después su sombra va a tientas por muros fríos,
rodeada de cuentos y leyendas sagradas.

Hay un navío vacío que al atardecer
desciende por el negro canal.
En las tinieblas del viejo asilo caen ruinas humanas.
Los huérfanos yacen muertos junto al muro del jardín.
De alcobas en penumbra
surgen ángeles con alas manchadas de barro.
Gotean gusanos de sus párpados amarillentos.
La plaza de la iglesia es sombría y silenciosa
como en los días de la infancia.
Sobre pies de plata se deslizan antiguas vidas
y las sombras de los condenados
descienden hacia las aguas suspirantes.
En su tumba juega el mago blanco con sus serpientes.

Silenciosos sobre el calvario
se abren los dorados ojos de Dios.
 

*

PASIÓN


Cuando Orfeo tañe la lira plateada
llora un muerto en el jardín de la tarde,
¿quién eres tú que yaces bajo los altos árboles?
Murmura su lamento el cañaveral en otoño.
El estanque azul
se pierde bajo el verdor de los árboles
siguiendo la sombra de la hermana;
oscuro amor de una estirpe salvaje,
que huye del día en sus ruedas de oro.
Noche serena.

Bajo sombríos abetos
mezclaron su sangre dos lobos
petrificados en un abrazo;
murió la nube sobre el sendero dorado,
paciencia y silencio de la infancia.

Aparece el tierno cadáver
junto al estanque de Tritón
adormecido en sus cabellos de jacinto.
¡Que al fin se quiebre la fría cabeza!

Pues siempre prosigue un animal azul,
acechante en la penumbra de los árboles,
vigilando estos negros caminos,
conmovido por su música nocturna,
por su dulce delirio;
o por el oscuro éxtasis
que vibra sus cadencias
a los helados pies de la penitente
en la ciudad de piedra.
   

*

SONIA


La tarde reina en el viejo jardín;
la vida de Sonia, calma azul.
Migran aves silvestres;
calma del desnudo árbol de otoño.

El girasol se inclina suavemente
sobre la blanca vida de Sonia.
La herida roja indescifrable
condena a existir en oscuros recintos,
donde azules campanas resuenan.

El paso de Sonia y su dulce sosiego.
Contempla al animal que muere un
y la calma del desnudo árbol de otoño.

Brilla el sol de días antiguos
sobre las cejas blancas de Sonia,
la nieve humedece sus mejillas
y la espesura de sus cejas.
  

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A leer:

http://amediavoz.com/trakl.htm

http://de.wikipedia.org/wiki/Georg_Trakl

http://santosnegron.tripod.com/lasoledadylosestudios/id38.html 

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José Manuel CABALLERO BONALD

José Manuel CABALLERO BONALD

Caballero Bonald gana el Premio Nacional de Poesía  

El galardón, dotado con 15.000 euros, le ha sido concedido por su libro 'Manual de infractores' 

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El escritor gaditano José Manuel Caballero Bonald ha obtenido hoy el Premio Nacional de Poesía por su libro Manual de infractores. El galardón que concede el Ministerio de Cultura está dotado con 15.000 euros.El premio se otorga a la mejor obra de poesía publicada en el año anterior en cualquiera de las lenguas de España.

El jurado que falló hoy el premio estuvo formado, entre otros, por Ana María Bueno, Paula Izquierdo, Javier Lostalé, Miguel García Posada y José Corredor Matheos, ganador de la edición anterior."Este Manual de infractores (Seix Barral) devuelve el mejor aliento poético necesario para estos tiempos y, según dijo el propio autor el día de la presentación del libro, le ha servido "para rejuvenecer". Es un ejemplo de poesía recia, maestra y comprometida, "hija de la indignación inicial que me hace conducir la pluma sobre el papel, pero también de la melancolía, la incertidumbre, la recuperación de un pasado nebuloso y de rastreos en temas prohibidos de la experiencia".

El escritor ya ganó el año pasado el Premio Nacional de las Letras, que se reconoce al conjunto de una obra literaria compuesta en alguna de las lenguas del Estado español.Caballero Bonald, licenciado en Filosofía y Letras, y profesor de Literatura en la Universidad Nacional de Colombia durante una década, se estrenó como escritor con 26 años con la obra Las adivinaciones. A partir de ahí, se ha labrado una sólida carrera como poeta, novelista y ensayista, encuadrado por la crítica dentro de la conocida como generación poética del 50. Como poeta, ha obtenido varios premios, entre ellos el Boscán, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, y el de la Crítica.

Su obra poética hasta 1969 está recopilada en un tomo titulado Vivir para contarlo.Más tardía pero igual de afortunada fue su incursión en la narrativa. Su primer trabajo, Dos días de septiembre, obtuvo el premio Biblioteca Breve. Luego publicaría Agata ojo de gato (que obtuvo el Premio de la Crítica), Toda la noche oyeron pasar pájaros, En la casa del padre y Campo de Agramante. 

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Articulo de: http://www.elpais.es/   

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Poeta, novelista y ensayista español nacido en Jerez de la Frontera, Cádiz, en el año 1926. Estudió Astronomía en Cádiz y más tarde Filosofía y Letras en Sevilla y Madrid. Militante anti-franquista,  pertenece al grupo poético de los 50  junto a José Ángel Valente, Claudio Rodríguez, José Agustín Goytisolo y Jaime Gil de Biedma, entre otros. Vivió fuera de España por varios años y a su regreso trabajó en el Seminario de Lexicografía de la Real Academia Española.

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Obtuvo el premio Boscán y de la Crítica de Poesía en 1959, el Biblioteca Breve en 1961, el de la Crítica de Novela en 1975, el de la Crítica de Poesía en 1978, el Plaza y Janés en 1988, el premio Andalucía de las Letras en 1994, el XIII Premio de Poesía Iberoamericana Reina Sofía en 2004 y el Premio Nacional de Letras en 2005. En 1996 fue nombrado Hijo Predilecto de Andalucía.
 De su obra poética se destacan: «Las adivinaciones» en 1952, «Memorias de poco tiempo» en 1954, «Pliegos de cordel» en 1963, «Vivir para contarlo» en 1969, «La costumbre de vivir» en 1975,  «Toda la noche oyeron pasar pájaros» en 1981, «Tiempo de guerras perdidas» en 1995, «Diario de Argónida» en 1997, «Copias del natural» en 1999, y «Manual de infractores» en 2005. 

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CASA JUNTO AL MAR

Azulada por el nocturno oleaje,
entre el ocio lunar y la arena indolente,
la casa está viviendo, decorada de cenizas votivas,
hecha clamor de memorables días dichosos
o palabra más bien, que ahora escribo en la sombra,
apoyando mi sueño en sus muros de solícitos brazos.

La casa está en el sur; es lo mismo que un cuerpo
ardoroso, registro de certeza embriagada,
donde estuvo mi vida, orillas de un emblema marino,
resonante de alegres impaciencias
o de ilusorias lágrimas que otros ojos cegaban.
Sus ventanas, a veces, están dando a mi nombre,
porque son todas ellas como bocas que acunan,
como labios que brillan bajo el furtivo pétalo del cielo,
aberturas que el mar vuelve sonoras
y en cuyo fondo habitan verdades como pechos,
palabras semejantes a manos que se juntan
o acaso esa tristeza que hay detrás del amor.
Recuerdo sus paredes, sus puertas de madera entrañable,
la verídica cal en cuyas lindes
se estaba congregando toda la luz de aquella casa,
sin poder ocultar cosa alguna por detrás de sus lienzos,
sin poder ser distinta a un cristal desnudado,
a un renglón transparente de tiempo sin edad.
Recuerdo también sus rincones más hondos y ocultos,
su razonada disposición de alegría,
la distribución de sus sueños con afán perdurable.
Todo allí se contagia de una idéntica vida,
y es para siempre su estación humana,
los ciclos de su fe, raíz de cuanto soy,
de todo lo que ordena mi palabra y sus márgenes:
las dudas con que erige sus muros la verdad,
los recuerdos que a veces son lo mismo que llagas,
el olvido, ese moho que corroe el rostro de la historia,
lo que está sin remedio convirtiéndose
en una misma forma de aprender a volver,
el miedo al desamor por donde sangra el mundo.

Sí, la casa es un cuerpo: mi corazón la mira,
la habita mi memoria; sé que está restaurándose
como la abdicación del mar en las orillas,
como las germinales herencias del verano,
y quizá sea posible que esta casa no pueda nunca envejecer,
no pueda cumplir nunca más tiempo que el de entonces,
porque sus habitantes son lo mismo que llamas
sin quemar, frágiles al aliento de la grieta más tenue,
y ellos están haciendo que las paredes vivan,
que los peldaños latan como olas,
que cada habitación respire y reproduzca
los irrepetibles y anónimos hechos de cada día.

Casa sin tiempo junto al mar, cumbre
sonora entre los astros, libre razón con muros,
criatura en donde acaban mis- fronteras,
soy menos si me faltas,
tu paz rige mi vida y la hace humilde,
55 justifica mi espera tu paciencia,
bogas, persistes, reinas, como un ave en la noche,
acaso ya recibas el nombre de José.

"Las adivinaciones" 1952 

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CENIZA SON MIS LABIOS

En su oscuro principio, desde
su alucinante estirpe, cifra inicial de Dios,
alguien, el hombre, espera.
Turbador sueño yergue
su noticia opresora ante la nada
original de la que el ser es hecho, ante
su herencia de combate, dando vida
a secretos cegados,
a recónditos signos que aún callaban
y pugnan ya desde un recuerdo hondísimo
para emerger hacia canciones,
puro dolor atónito de un labio, el elegido
que en cenizas transforma
la interior llama viva del humano.

Quizá solo para luchar acecha,
permanece dormido o silencioso
llorando, besando el terso párpado rosa,
el pecho triste de la muchacha amada;
quizá solo aguarda combatir
contra esa mansa lágrima que es letra del amor,
contra
aquella luz aniquiladora
que dentro de él ya duele con su nombre: belleza...
 

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MI PROPIA PROFECÍA ES MI MEMORIA

Vuelvo a la habitación donde estoy solo
cada noche, almacén de los días
caídos ya en su espejo naufragable.
Allí, entre testimonios maniatados,
yace inmóvil mi vida: sus papeles
de tornadizo sueño. La madera,
el temblor de la lámpara, el cristal
visionario, los frágiles
oficios de los muebles, guardan
bajo sus apariencias el continuo
regresar de mis años, la espesura
tenaz de mi memoria, toda
la confluencia simultánea
de torrenciales cifras que me inundan.

Mundo recuperable, lo vivido
se congrega impregnando las paredes
donde de nuevo nace lo caduco.
Reconstruidas ráfagas de historia
juntan el porvenir que soy. Oh habitaci6n
a oscuras, súbitamente diáfana
bajo el fanal del tiempo repetible.

Suenan rastros de luz allá en la noche.
Estoy solo y mis manos
ya denegadas, ya ofrecidas,
tocan papeles (este amor, aquel
sueño), olvidadas siluetas, vaticinios
perdidos. Allí mi vida a golpes
la memoria me orada cada día.

Imagen ya de mi exterminio,
se realiza de nuevo cuanto ha muerto.
Mi propia profecía es mi memoria:
mi esperanza de ser lo que ya he sido.

"Memorias de poco tiempo" 1954  

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ENTREVISTA: Diccionario de la vida J. M. Caballero Bonald, escritor  (26/03/06)

"Me asustan los bienpensantes y los clérigos"

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JUAN CRUZ Dijo de él alguna vez que estaba imposibilitado para escribir mal; no es una arrogancia ni una actitud, sino un don. Don José Manuel Caballero Bonald ha hecho de la poesía, y de la narrativa, una manera de rememorar, de referirse a lo que ocurre con ironía, y con distanciamiento. Sus memorias, que ya le han dado para dos volúmenes (Tiempo de guerras perdidas y La costumbre de vivir) son esenciales para entender el clima que se encontró al viajar de Jerez de la Frontera a Madrid en los años cincuenta. En este diccionario propio aborda algunas palabras que son fundamentales en su propia literatura y otras que vienen dadas por la actualidad. 

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RENCOR.

Yo perdono rápido, pero soy de olvido lento. No sé si asoma por ahí alguna clase de rencor; pero no, no lo creo. Mejor que de rencor, yo hablaría de aversión, de desdén, que son desahogos más llevaderos. Un rencor sin paliativos sólo he podido sentirlo por algún miserable de tiempo completo, de esos que van uniformados de personas de orden. De modo que no suelo ser rencoroso, soy más bien un cabreado pasajero. 

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MEMORIA.

De la memoria nadie sabe nada. Nadie sabe cómo funciona, cómo se activan sus mecanismos, por qué se almacenan datos que uno preferiría olvidar y se olvidan cosas de las que uno quisiera acordarse siempre. ¿En qué momento sale a flote un recuerdo perdido y a santo de qué uno se apropia de recuerdos ajenos? Y luego está todo eso de los recuerdos falsos, las fijaciones, las manías, incluidas las persecutorias... Una cuestión muy enigmática, muy incomprensible; la memoria, lo mismo es un alivio que un lastre. Por eso yo no podría escribir ni una línea si perdiera la memoria. 

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VEJEZ.

A mi edad, la vejez termina siendo una cuestión de convivencia. Yo ando ya en la frontera de los 80, y ésas son palabras mayores. Miras para atrás y no entiendes por qué ha ocurrido todo hace ya tanto tiempo. Pero lo más llamativo de las enseñanzas de la edad es que se te incrementan las dudas. Cada vez dudo más de más cosas, lo que siempre es una ventaja: tienes la impresión de que eso te rejuvenece. 

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DERECHA.

La derecha, como la Iglesia, como todas las Iglesias, está en posesión de la verdad, una tabarra de mucho cuidado, un modo muy eficaz de joder al prójimo. A la derecha de este país siempre se le está rompiendo España. En la derecha hay muchos fanáticos de la patria, y ya se sabe lo que dijo Neruda: "Patria, palabra triste, como termómetro o ascensor". Pues eso. 

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IZQUIERDA.

La izquierda no siempre es el lado contrario de la derecha. En teoría, la izquierda coincide con un ideario progresista, que avanza en contra del conservadurismo, ¿no es así? Pues entonces yo creo que el mejor programa de la izquierda sería muy simple: aplicar rigurosamente la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Y eso, hoy por hoy, es lo más parecido que hay a una ilusión óptica. 

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NACIONALISMO.

El nacionalismo me suena a concurso pueblerino de escaparates, a algo así. Bueno, también hay profundas diferencias entre un nacionalismo democrático y ese otro que acaba promoviendo la limpieza de sangre, como el de los serbios. Pienso, en todo caso, que el nacionalismo restringe el espacio de la convivencia, viene a ser como la exaltación de lo que separa en contra de lo que une; o sea, una ideología retrógrada. 

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MIEDO.

Los miedos solían provenir de la infancia y eran mayormente nocturnos. Pero también hay miedos contagiosos, esos miedos que pone en circulación el poder para mantener controlada a la gente. Yo he tenido miedo a la oscuridad, a la policía, al enigma del universo, al futuro, a los fantasmas del franquismo, a perder el norte, a la muerte..., yo qué sé. Ahora, con la vejez, los miedos se me han ido reduciendo a lo justo, a dos o tres. Me asustan sobre todo los bienpensantes y los clérigos. No sé si me explico. Diccionario de la vida.

J. M. Caballero Bonald, escritor 

Articulo de: http://www.elpais.es/ 

A leer :

http://amediavoz.com/caballero.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Manuel_Caballero_Bonald

http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/caballero/ 

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Malú URRIOLA

Malú URRIOLA

 

Malú Urriola gana el Premio Pablo Neruda 2006 

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SANTIAGO.- La fundación Pablo Neruda decidió entregar el premio Pablo Neruda correspondiente al año 2006 a la poetisa Malú Urriola, por su destacado trabajo literario.

El jurado compuesto por Jorge del Río Pérez, como presidente, Rosabetty Muñoz, como designada por la Fundación Pablo Neruda, Matías Rafide, como representante de la Academia Chilena de la Lengua, y Reynaldo Lacámara, como representante de la Sociedad de Escritores de Chile, acordó por unanimidad distinguir el trabajo de Urriola.

El galardón se otorgó en consideración a que "su proyecto poético es original y creativo. Revisa con insistencia el acto de escribir en medio de la descomposición de un mundo donde la soledad es materia viva y logra representar esta pregunta hecha carne en una palabra derramada y contenida al mismo tiempo", según expresó el propio jurado.


El Premio Pablo Neruda se otorga anualmente desde 1987 a un poeta no mayor de cuarenta años. Lo han recibido dieciocho poetas, cuya obra es significativa para la literatura chilena contemporánea. Ellos son Gonzalo Millán, Raúl Zurita, Diego Maquieira, Clemente Riedemann, Carlos Trujillo, Teresa Calderón, Erick Pohlhammer, Alicia Salinas, Tomás Harris, José María Memet, Isabel Gómez, Bernardo Chandía, Rosabetty Muñoz, Andrés Morales, Armando Roa, Jaime Huenún, Víctor Hugo Díaz y Germán Carrasco.

El próximo martes 12 de diciembre Malú Urriola recibirá de manos de Juan Agustín Figueroa, Presidente de la Fundación Pablo Neruda, el premio consistente en un diploma, una medalla y seis mil dólares.
Malú Urriola, nacida en Santiago en 1967, ha publicado Piedras Rodantes, 1988; Dame tu sucio amor, 1994 (Beca del Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura, FONDART), Hija de perra, 1998 y Nada, 2003.

En 2002 recibió la Beca del Fondo de Desarrollo de las Artes y la Cultura para realizar el proyecto poético de intervención urbana Poesía es +: Lectura de poesía desde globos aerostáticos.

En 2004 recibió el Premio Mejor Aporte Televisivo, que otorga el Servicio Nacional de la Mujer a medios de comunicación, por el guión "Sofía, (Una historia de maltrato a la mujer)" dirigido por Christine Lucas, en el contexto de la serie “Cuentos de Mujeres”, transmitido por Televisión Nacional de Chile en el 2003.
En 2004 también recibió el Premio Municipal de Poesía y el Premio Mejores Obras Editadas 2004, que otorga el Consejo Nacional del Libro, por su libro Nada.

En 2005 se le otorgó la beca de creación literaria, que otorga la Fundación Andes para escribir el libro Bracea (inédito).
  

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Emol: http://www.emol.com/   

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Toco el timbre de la casa esquina y cuatro ojos de gato me miran, se acercan a la reja y me escrutan. Abre la puerta Malú y me pregunta si vengo de El Siglo. Recuerdo a una amiga que me contó que no le da entrevistas a El Mercurio. "Sí, del Siglo", respondo segura de pasar la restricción.


Malú es joven y vital, y una sonrisa le ilumina el rostro a cada instante. Nos admite en su espacio y responde las preguntas que nos llevaron a ella, tras ganar este año los premios del Consejo Nacional del Libro y de la Municipalidad de Santiago con su poemario "Nada" (LOM). Ya había escuchado de ella, sin embargo aún no había leído su poesía. Gracias a esta entrevista, conocí sus versos que redefinen y cuestionan todo: objetos, sentimientos, conceptos, la existencia misma. Comenzamos esta conversación con las voces negras de un cd recopilatorio de intérpretes africanas de fondo. Banda sonora ideal para esta entrevista y que disfruto nuevamente al rescatar la conversación de la cinta para plasmarla en el papel.  

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-Después de leer tu libro siento que te conozco un poco el alma… Una sensación de identificación que no se da muy habitualmente ¿Cuánto de tu yo interno hay en estos versos?

"Bueno, mi trabajo con la poesía ha sido precisamente trabajar el yo poético, más que el yo sujeto escritora, poeta. El yo poético, con todos sus conflictos con los pares. Yo provengo de una generación de mujeres escritoras que me interesaron mucho más que el canon literario masculino. Me parecía que rompían más, que hacían apuestas mucho más arriesgadas en el plano escritural, saliéndose un poco de la tradición literaria poética que en Chile es bastante rica y, por eso mismo, fuerte, y para las mujeres es muy difícil salirse de eso. Pero yo provengo de la escritura de esas mujeres, y te puedo citar: Carla Grandi, Carmen Berenguer, Eugenia Brito, Teresa Calderón… Todas, en realidad. Cuando comencé a escribir y a moverme en el círculo literario, tenía 16 años. El primer libro lo publiqué a los 20; entonces, ya estoy vieja en este cuento. Creo que he hecho un trabajo que tiene que ver con la poesía misma, con el hecho de escribir poesía. En lo político, lo que significa escribir poesía en un mundo neoliberal donde la poesía no tiene ninguna cabida ni la va a tener, salvo que sean tomadas sus metáforas para spots publicitarios. Pero la poesía queda completamente fuera. Muy poca gente lee poesía, y eso la salva también. No es tan masiva como la narrativa. Uno no compra poesía para leer en la playa, y eso la ha salvado del mercado: el que nadie te publique, que sean muy difíciles los accesos para publicar, para editar, para hacer recitales. Todo tiene que ver con la autogestión. Yo siento que la poesía se quedó un poco en el tiempo de la dictadura, cuando se autogestionaba todo. La poesía sigue viviendo igual". 

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-Pero se sigue escribiendo poesía.

"Mucha poesía, y cada vez hay más poetas. Yo he viajado para el norte y para el sur y están saliendo poetas jóvenes espectaculares. Siento que este país es muy rico poéticamente, o sea, el poeta que a uno más le carga afuera es espectacular. Hay una tradición fuerte. No en vano la Gabriela Mistral fue el primer Premio Nobel latinoamericano y mujer". 

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-Decir que "Chile es un país de poetas" es un lugar común muy real, porque efectivamente se escribe mucha poesía en este país… ¿En qué crees que va eso?

"Yo creo que los poetas leen mucha poesía, y eso va generando a su vez más poesía y más lectores. Voy a San Antonio y está lleno de poetas buenos, en Valparaíso, en Puerto Montt… La poesía es como el vino en este país: surge".

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"La poesía es mi pareja"

-En tu libro haces varias afirmaciones sobre la poesía. Dices: "la poesía es un ejercicio innecesario", o "la poesía es una luz que deja tantos ciegos". ¿Qué es para ti la poesía? ¿Cómo surgió en ti la necesidad de escribir?

"Yo he leído toda mi vida. Desde que empecé a leer no paré nunca más. Tengo una relación con la literatura que no es una relación de compensación, sino una cosa de placer. ¿Y por qué escribo? Escribo porque si no, no podría vivir. La poesía para mí es mi pareja y es una forma de ver el mundo y de ver la vida, que está traspasada por una imagen concreta: la poesía para mí es la muerte y la vida espalda con espalda, reflejada en un espejo. Ese reflejo es el que alcanzo a agarrar de la vida. Vivo de los reflejos que tiene la muerte y que tiene la vida, y que tiene el horror y que tiene la belleza. Veo así la vida y así la escribo".

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-También está muy presente la música, el rock, en tus versos…

"Es parte de mis influencias y de mi vida personal. Yo tengo muchos amigos músicos. Mis lecturas afirman mi trabajo poético, pero el jazz cantado por mujeres negras siempre lo ocupo para escribir. Tengo algo con el ritmo del jazz… La única cosa que envidio es la cabeza de un músico: cómo puede componer algo en su cabeza". 

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-¿Qué necesitas para crear, además de la música?

"Yo soy medio estructuralista. Me demoro un año para empezar a escribir un libro. Empiezo a ver con qué elementos voy a trabajar y luego empiezo una investigación exhaustiva que tenga relación con lo que estoy trabajando".

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La poesía "femenina"

-Está el tema de la poesía que hacen las mujeres: ¿está zanjada entre las poetas mujeres una posición sobre la calificación como "femenina" de la literatura que hacen las mujeres? ¿Es parte de una discriminación velada y es una diferenciación necesaria?

"Es una forma que ha tomado la discriminación de separar la poesía femenina, es una especie de fraccionamiento. Yo creo que la poesía es poesía y este país produjo el primer Premio Nobel latinoamericano que es la Gabriela Mistral, Y eso para mí es políticamente fundamental. También lo fue Pablo Neruda, pero posteriormente.. Este país produjo Bombal, produjo Brunet, que es espectacular; la Teresa Wilms Montt. Yo vengo de una generación que lo leyó todo en ese ámbito. No sólo la literatura canónica chilena… También hay intelectuales mujeres que ha hecho que mi proceso y trabajo con la poesía sea un poco más abierto, menos cavernícola, en el sentido que no le rindo tanta pleitesía a los hombres, que sí me parecen sus escrituras interesantes, pero me parecen mucho más interesantes y arriesgadas las propuestas estéticas y literarias de las mujeres".

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"El tic del poeta nacional"

-En ese sentido, ¿se diferencian las escrituras…?

"Más que temática, la diferencia es política. La poesía de las mujeres es mucho más arriesgada, no busca el éxito ni la fama; busca trabajo con el lenguaje, y ese es un camino arduo, llena de piedras y que han tomado las mujeres en este país como política, como estética, que tiene que ver con el placer de escribir, como diría Roland Barthes. En este momento yo siento que el placer está puesto más en las mujeres, y en los hombres está puesto más las ansias, la fama y las tonteras que son fugaces más que el placer del trabajo con el lenguaje. En este país, por lo menos, se da un brazo importante de escritoras que no se da en ninguna otra parte. Yo he ido a Argentina, a Uruguay, a todas partes, y no hay diez poetas mujeres estupendas como hay en este país. Hay 1, 2… por país". 

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-Un verso de tu libro dice "conozco el tic del poeta nacional": ¿cuál es ese tic?

"Querer ser Pablo Neruda. Todo el mundo quiere el Nobel en este país, que es un valle, rodeado por una muralla que es la cordillera que no nos deja ver el mundo moderno. Seguimos siendo unos pueblerinos, cercados entre la cordillera el mar. Lo que tiene sus ventajas y sus desventajas. Entre las desventajas es que estamos muy lejos de lo que se está produciendo en otras partes y muy encerrados en prejuicios y cosas muy pasadas de moda, como el machismo, por ejemplo".

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Poesía es +

-En el 2001 realizaste junto a Nadia Prado el proyecto "Poesía es +". ¿Cuál era el objetivo de este proyecto, que era literalmente una volada, utilizando globos y avionetas?

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"Tenía muchos hilos ese trabajo. Uno de ellos era retomar el espacio cielo que había sido tomado, simbólicamente, por Huidobro; que había sido tomado por el CADA también en época de la dictadura. También el gesto de Zurita de escribir en el cielo… El cielo estaba tomado en cierto sentido, pero también fue justo el momento de la guerra en Irak, o sea el cielo también estaba copado por el tráfico aéreo de guerra y también estos globos son usados para publicidad. Entonces, lo que nosotros quisimos hacer es tomar estas viejas naves para tirar poesía y en cada parte que estuvimos se desplegaba un lienzo. En San Antonio, sí volamos como dos horas y volamos sobre Tejas Verdes y tiramos poemas sobre Tejas Verdes, que para nosotros eran lugares simbólicos. Recitamos con megáfono. El 12 de octubre, desplegamos un lienzo que decía ‘Los ojos son libres’, en el sentido que no sólo la publicidad puede ocupar el espacio visual textual, que la poesía también puede salir a la calle y lo puede ocupar. En el Estadio Nacional desplegamos uno que decía ‘Memoria’, e hicimos un homenaje a todos los detenidos, presos y torturados ahí. Y una avioneta que cruzó Santiago, como las que pasan por la playa y dicen 'Use Gillette' u otra cosa, pero ésta tenía un lienzo gigante que decía ‘y si la jaula estuviera siempre abierta’, que en el fondo es: qué tan dentro del neoliberalismo quiero estar y que tan dentro estoy". 

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-¿Y sientes que cumplieron el objetivo?

"Sí, se cumplió. Fue un bonito proyecto. Lo trabajamos con dos fotógrafos, con el Pepe Moreno y la Magdalena Ladrón de Guevara, y con una videísta que es Claudia Nelson, y luego hicimos un recital en el Galpón 7 que tuvo lleno total. Lo repetimos el 10 de septiembre del año pasado, en Poetas por la Memoria, que hicimos con la Joan Jara en la fundación Víctor Jara, en un homenaje poético a la memoria de Allende. Fue un recital espectacular, que duró 4 horas y estuvo lleno, lleno".

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-En qué estás trabajando ahora?

"Viene otro libro, que va a ser parte de una trilogía. En el segundo estoy por la mitad, y en el tercero estoy recopilando y guardando material". 

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-¿Y con la Editorial Surada?"

La editorial Surada es un proyecto que gestionamos con Nadia Prado y Lara Hübner, para poetas que querían auto editar sus libros. Ellos pagaban la imprenta y nosotros hacíamos gratis todo lo que hace una editorial, que es el lanzamiento, distribución, etc. Se produjo en un momento bien crítico, en que ninguna editorial estaba publicando porque la poesía no vendía. Los libros no estaban en las librerías y nosotros inventamos esta especie de salvavidas, para nosotras mismas y para muchos autores que no tenían plata. Y, entonces, si tenías 100 lucas podías sacar un libro. Esa era la idea, Que no te costara una autoedición, no sé, un millón de pesos, porque no vale la pena, porque en realidad uno regala los libros de poesía, porque no recuperas jamás la plata.El proyecto está en pie. Surada acaba de sacar un libro de Aída Oses, una poeta de Copiapó". 

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Otros libros de la autora:

"Piedras rodantes" 1988).
"Dame tu sucio amor" (1994).
"Hija da perra" (1998).
Sus textos también han sido recogidos en las antologías:
"16 poetas chilenos" (Ediciones Cámara Chile. 1987).
"Antología de la Poesía Latinoamericana del Siglo XXI. El turno y la Transición". (Editorial Siglo XXI, México. 1997).
Antología de poetas chilenas. Confiscación y silencio". (Dolmen Ediciones. 1998).
"Mujeres poetas de Chile: Muestra Antológica, 1980-1995" (Editorial Cuarto Propio. 1998).

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Articulo de: http://www.letrasdechile.cl  

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LOS GATOS DE JAKOBSON

01

Los gatos chicos a veces mueren
apretados en el hocico de una perra
y parece que juegan
y mueven la colita
pero se están muriendo.
Hacen globitos con la sangre
mientras la lengua arranca
y un sol lúdico tironea su sombra.
El gatito se inclina
Proyectando desde los ojos
una noche que se desmenuza
que cae en pedazos toda roñosa
y el cucho reventándose
trata de alcanzar un sol que se inclina
que cae en una noche pataleante
entonces hace como si se ahogara
mientras fermenta la noche
en un día lleno de sol
que cae duro en los techos
en sus ojos vidriosos
y el gato es extinguido
sacado fuera de lo real.
 
 

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09

Que se suicide la poetita de mierda
cuando los gatos se agarren en los techos
lanzando gritos alucinantes
llantos de guaguas en celo
o de arrojen de cabeza
desde los árboles en otoño
que se mate de una vez
la loca chascona y borracha
apenas se termine el pisquito
(traguito chilensis)
que se pegue un tiro, entonces
la pendeja
cuando la brisa de papitas fritas
venga desde el oscuro carrito de la esquina
que se cargue la pipa, el vaso
y se tire un gatillazo de fondo
bailándote un rock
porque a veces estás tan down
muchacha traviesa.
 
 

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10

Hey, malú, asume la vida de gato
que te toca saltar de techo en techo
porque ni siquiera un poco de sol
los hará volver
porque nacimos para dar
pero tampoco para recibir
hay que asumir el costo
te estás chalando
nada te llena
y el hastío te agarra de espaldas
por eso le seguimos el juego
a los imbéciles
y corremos en esta carrera de equinos
de mala sangre
cuando el poeta canta su bar cécil
y Dios le guiña un ojo
y por el otro le cae un goterón de tinto
de aburrido tinto.
Hey, malú, nace un estrella
nadie quiere el nobel
pero se mueren de sólo pensarlo
los poetas se odian
toman juntos pero se odian
a quien le importa
que se maten
que se tengan pica hasta la muerte
total, de todas maneras
no tenemos quien nos abrace
porque los gatos se retiran de noche
quien sabe dónde.

*

***

Hay que asumir, pendeja
que estás sola
que te bailas un rock
para quitarte las ganas -tú sabes de que-
porque de tanto perraje patriarcal trompeteado
estás hasta la tusa
y ellos siguen tirándose a partir
prejuiciados
amablemente discrepantes
hey, malú, una raja, qué te importa
por eso callas y luego ríes
porque nadie te llena el hoyo;
ni el vino
ni los machitos
ni mirar sus traseros sin forma
no te queda más que caminar borracha
y llegar borracha a tu home
piedrita mendiga.
  

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A leer:

http://www.letrasdeagua.net/poemas/urriola03.htm

http://www.cyberhumanitatis.uchile.cl/CDA/texto_simple2/0,1255,SCID%253D12346%2526ISID%253D494,00.html   

Giovanni PAPINI

Giovanni PAPINI

Giovanni Papini (1881-1956): Hijo de Luigi Papini (1842-1902) y de Erminia Cardini (1856-1935). Su padre se unió a Garibaldi en Volturno cuando sólo contaba 17 años. Fue herido y hecho prisionero en Aspromonte. A pesar de su ateísmo, su hijo Giovanni fue llevado a escondidas por su madre para ser bautizado. El libro de recuerdos Pasado remoto, publicado en 1948, aporta muchos datos de sus primeros años. El descubrimiento de las bibliotecas le causó gran impresión y surgió en él un gran deseo de conocimiento. Durante una época abrigó el deseo incumplido de compilar en solitario una enciclopedia completa. Anima las revistas Leonardo (1903-1907) y La Voce fundada en 1908, y abandona esta última para crear una tercera, Lacerba (1913-1915), que en un principio parece emparentada con el futurismo. Papini, en perpetua búsqueda de nuevas experiencias intelectuales, tras un período de demoledora crítica de todas las filosofías y creencias, se acerca al catolicismo y publica una personalísima Storia di Cristo (1921); después de confirmarse su conversión, su paradójica y agresiva personalidad se muestra en una serie de libros que desarrollan una visión pesimista de la sociedad moderna: Gog (1931) y su continuación Il libro nero (1951), Lettere agli uomini del papa Celestino VI (1946), etc. Otras obras suyas de gran difusión han sido Dante vivo (1933), Il Diavolo (1953) y el Giudizio Universale (1957). Cabe destacar su dedicación especial a las actividades de crítico, narrador y biógrafo.

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Carácter católico de su obra:

Sus grandes obras se se producen después de su conversión y tienen asuntos religiosos como tema. Lettere... es un apasionado llamamiento a las verdades del Evangelio; Il Diavolo un aviso para poner en guardia los hombres contra el Maligno.

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Presencia de la poesía:

"La poesía nuestra de cada día, dánosla hoy", escribe en Virilidad. Sus biografías de Dante y Carducci revelan gran capacidad de emoción unida a una gran erudición. Entre los poetas que admiraba estaba Walt Whitman.  

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Frases celebres de Giovanni Papini 

"El amor es como el fuego, que si no se comunica se apaga." 

"Amar puede consistir en las palabras que hacen sangre, en el reproche, en la represión; lo que importa es la pureza de la intención." 

"Para amar a los hombres es preciso abandonarlos de cuando en cuando. Lejos de ellos, nos acercamos a ellos." 

"Temo a un solo enemigo que se llama, yo mismo." 

"Si es cierto que en cada amigo hay un enemigo potencial. ¿Por qué no puede ser que cada enemigo oculte un amigo que espera su hora?" 

"Una salud demasiado espléndida es inquietante, pues su vecina, la enfermedad, está presta siempre a abatirla." 

"Quiero saberlo todo. Y siempre me encuentro como antes, triste como la vida y resignado como la sabiduría." 

"El destino no reina sin la complicidad secreta del instinto y de la voluntad." 

"Si un hombre cualquiera, incluso vulgar, supiera narrar su propia vida, escribiría una de las más grandes novelas que jamás se haya escrito." 

"Todo hombre paga su grandeza con muchas pequeñeces, su victoria con muchas derrotas, su riqueza con múltiples quiebras." 

"Las armas son instrumentos para matar y los Gobiernos permiten que la gente las fabrique y las compre, sabiendo perfectamente que un revólver no puede usarse en modo alguno más que para matar a alguien." 

"Cuando era joven leía casi siempre para aprender; hoy, a veces, leo para olvidar." 

"Hay quien tiene el deseo de amar, pero no la capacidad de amar."   

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Cortesía:

http://www.frasedehoy.com/index.php  

A consultar:

http://es.wikipedia.org/wiki/Giovanni_Papini

http://fisicarecreativa.net/libronegro/advertencia.html 

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