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Revista Literaria AZUL@RTE

Adriana GOÑI GODOY/Andres BIANQUE

Adriana GOÑI GODOY/Andres BIANQUE

Adriana Goñi adrianagoni@tie.cl  

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Para Luciano Carrasco, mi otro Compañero de Clase.

Entre la noche del 11 y 12 de Noviembre del 2002, se arrojaba a los brazos de un Tren, Mi compañero Luciano Carrasco Mora, Hijo del Periodista José Carrasco, asesinado impunemente hasta el día hoy, por la Policía Política de Pinochet (CNI)

Me pregunto si habrá observado como ese par de rieles dormidos sobre el suelo parecían no conducir a ningún lado. Habrá pasado sus manos sobre la piel fría de las vías y se habrá imaginado que esa misma carne de acero fue atada a las espaldas de seres humanos arrojados al mar, por los mismos que raptaron y asesinaron a su padre años atrás.

Miró todo como en una despedida, su mirada negra quiso tragarse el ambiente, respiro profundo queriendo beber las estrellas que contemplaban su fin.

Y se lanzó, subió de un salto desde el andén de la tristeza hacia el infinito.

Queriendo buscar afanosamente aquella olvidada estación del recuerdo donde lo esperaba su padre muerto.

Y cientos de vagones repletos de muertos, sin un destino aparente, atraviesan las arterias sangrantes de ese camino salpicado de cadáveres llamado Chile.

El Hierro, la Noche y la Sangre se hacen uno. Rojo y Negro, amalgama de sueños forrados en metal dormido, expectante. 

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Suena la campana del colegio y el sonido del tiempo va pintando de reminiscencia los recuerdos.

Campana escolar. Voz férrea que cruza el tiempo. 

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Una vez más llegué a un nuevo colegio. Una vez más me habían expulsado debido a mi profesionalismo en el desorden y la rebeldía.

Como no podían relegarme o exiliarme, me enviaban a distintos, extraños y lejanos colegios.

Lugares donde todo era nuevo, lugares donde los profesores manejaban al dedillo mis problemáticos antecedentes.

Matrícula condicionada le llamaban, decía relación a que ante cualquier desorden por mi parte, yo sería expulsado nuevamente. 

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Era la clase de castellano, el profesor, era un hombre cincuentón que hablaba sobre Pablo Neruda. Lo describía sólo en un plano diplomático, meramente literario, coleccionista, amante de las buenas comidas y las mujeres.

Yo, desentendiéndome de mi matrícula condicionada, le cuchicheaba a un compañero de pupitre acerca del otro Neruda que yo conocía.

Demasiado ensimismado en el asunto estuve tal vez, que no noté hasta que el Maestro Anguita (así se apellidaba, creo) se encontraba de pié, a mi lado observándome con ojos inquisidores.

El silencio le zurció la boca a toda la clase, incluyendo a mí.

Con voz tronante y de tono burlón inquirió.

¡Al parecer, vuestro compañero sabe mucho acerca de Neruda!

¡Porque no pasa adelante y nos diserta un poco de su vasto conocimiento!Me dijo sarcásticamente.

Me temblaron hasta las cejas, me dio una punzada en el estómago con acento diarreístico.

Me quedé callado, tartamudeando en mi interior.

Los segundos se hicieron largos y lentos. Todo el mundo miraba atento.

Y no tuve más opción.

Bueno, y que tanto me dije, y me levanté parsimonioso con aire de Honoris causa.

Con voz clara y potente discurseé una majamama de datos sueltos, un calidoacopio de hechos realizados por Neruda sin una cronología clara.

“Y renunció a la presidencia de Chile en favor del Compañero Salvador Allende y fue Comunista, miembro del comité central del Partido Comunista.

Al profe Anguita los ojos se le pusieron vidriosos, me miró entre enternecido y dulce. Como que mi boca dijo lo que el no podía decir.

Terminé diciendo,

“Y fue Comunista, miembro del Comité Central del Partido Comunista, más que un Poeta fue un hombre del Pueblo, un Hombre de Izquierda”

No había caído la última sílaba de la palabra sobre la sala, cuando desde el fondo del aula una voz potente gritó: ¡Bien Compañero! Y comenzó a aplaudir y toda la clase le siguió.

Mi nerviosismo no me permitió verlo bien, sólo su puño levantado allá a lo lejos.

Terminó la clase de castellano y se me acercó nuevamente el del puño en alto.

Bien compañero, bien, me dijo con una sonrisa que endulzaba el ambiente.

Mi nombre es Luciano me dijo, Luciano Carrasco. 

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Desde ese día nos sentamos juntos, me regaló un cassette de un tal Joaquín Sabina, me dijo que lo trajo desde México, donde estuvo con su familia.

Me habló de su padre, José Carrasco, el cual asesinaron a unas pocas cuadras de mi casa.

Y de su padre se desprendió su nombre, Luciano, como Luciano Cruz uno de los fundadores del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). 

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Tiempo después, un día lo encontré tarareando una canción, y le pregunté qué canción era esa. Es el himno de la Juventud Rebelde Miguel Enríquez, me dijo.

¿Y ese quién es?, le pregunté.

Y me habló de Miguel. Y me habló de Revolución.

Me habló una vez más como un Compañero.

Para ese entonces yo pensaba que todo era ó amaranto ó verde. La tintura histórica del Rojo y Negro me era lejana, desconocida, extraña. Ignoraba yo que esa tinta revolucionaria hubiese escrito tantas páginas destacadas en nuestra historia.  

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Al otro día apareció con un papel, me lo pasó y me dijo.

Lo escribí ayer para ti, es el himno de la Juventud Rebelde Miguel Enríquez.

Y en un rincón del colegio, tarareamos juntos la canción. 

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Y les escondimos la ropa a nuestros camaradas en la hora de gimnasia y repetimos los nombres prohibidos en nuestros recreos.

Y su sonrisa, aún no puedo olvidar su sonrisa. Era como la cima nevada de una montaña de buenos modales, y su pelo negro la sombra de árboles mecidos por el viento en el faldeo cordillerano de su boca. 

Hasta donde recuerdo el Colegio quedaba ubicado en la Avenida México, el Colegio Alejandro Flores. Allí fundió más de algún sueño conmigo, quizás, habrá pensado que yo no le tomé mucha atención a sus comentarios por un mundo mejor, sus anhelos de justicia.

Han pasado casi 20 años desde aquella vez que me escribió la canción de la juventud rebelde y miró la hoja de cuaderno que el arrancó y se me cortan las palabras.

Me gustaría que el viera como trato de verlo a través de las líneas que deben esconder el sabor de sus manos que el tiempo se llevo tantas lunas atrás.

Y la última vez que lo vi, no atiné a decirle que aún conservaba aquel papel que el me escribió. Lo encontré vendiendo artesanías en la feria artesanal del Cerro Santa lucía.

Vestido de negro irrumpió desde el fondo del puesto y se sonrío como el solía hacerlo.

No se acordó de mi nombre, sólo después de abrazarme me preguntó.

Yo si recordaba su nombre y apellido. Lamentablemente su nombre estaba subrayado por el dolor a causa del asesinato de su padre.

Me contó que tenía una hija, creo que se llamaba Luna. Lo demás fueron cosas triviales.

Como van los negocios, si se vendía o no, en qué estaba yo y etcéteras.

Y por supuesto, después de muerto me allanan las peguntas, me sobresaltan las respuestas.

Y me quedo pensando en por qué no le dije lo del papel que aún yo guardaba, el por qué no le dije cientos de cosas más que sólo las digo cuando nadie me ve o cuando nadie me lee. 

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Negra la noche, roja la sangre, tulipán azabache desgarrado por momentos amargos.

Negra la noche, roja la sangre. Rojo y negro, epílogo ensangrentado de injusticias.

Una flecha de acero va lacerando los días, los meses y los años.

Luciano corre, se esconde, la evita, la evade hasta cuando ya no puede más.

El arco social imperante se flecta en un esfuerzo cotidiano y la flecha verde atraviesa el tiempo para ir a dar donde su víctima.

La depresión le fue sepultando la canción de su corazón, hasta que ya no se escucharon más acordes y sus palabras ya no venían de allá, sino de la rutina, del quehacer cotidiano y la tristeza fue creciendo como río desbordado hasta anegar el nenúfar de su sonrisa. 

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Todo se volvió negro Luciano, pero tu muerte también volvió a teñir de rojo las palabras.

Blanca tumba de papel como tu sonrisa en la que escribo, tinta negra de tu pelo que va tiñendo las líneas de esta carta atrasada que te envío.  

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¿Cuántas maneras hay de Matar a un Ser Humano?

¡Sólo una, Olvidándolo!  

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Andrés Bianque  11/11/2006 

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Nicolás HIDROGO NAVARRO/CONGLOMERADO CULTURAL

Nicolás HIDROGO NAVARRO/CONGLOMERADO CULTURAL

CONGLOMERADO CULTURAL

Promoviendo integración de creadores

Lambayeque-Perú

conglomeradocultural2005@yahoo.es 

Tfno. (074)9607442   - (074)283273  (074) 234363 

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“Noches de cuento y poesía”

El espacio Azul Norte Poético-Narrativo 

Reconocido con Resolución Directoral

Nº 030-2005-INC/DL/25 de noviembre 2005

Dirección: Calle 8 de octubre Nº 930-Lambayeque-Perú 

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LA GENERACION DEL 90 TIENE YA SUCESORES LITERARIOS DE POLENDAS

Por Nicolás Hidrogo Navarro

          Pese al fatalismo y desesperación que se cierne sobre lo raleado y rareza de creadores y lectores, existe una contraparte: están quedando pocos, pero realmente los que toman en serio a la literatura y creen en ella con ferviente pasión y devoción.

         Para bien o para mal; para despecho de perdedores y regocijo de los ganadores, los juegos florales siempre han constituido motores de búsqueda e impulso del acto creador, no sólo por el significado de premios que a veces suele ser sólo un poco de billetes o monedas que no alcanzarían sino para vivir con él un mes, sino fundamentalmente porque representa un prestigio y estar a tono con el deseo que tu nombre crezca como la espuma marina en un día de marejada y que las miradas en la noche sean tu centro de atención o que al día siguiente algún diario reproduzca una foto o poemas tuyos.

         Dentro de este contexto el Conglomerado Cultural no sólo se ha convertido en un referente cultural en el norte del Perú y en toda una catapulta de creadores noveles y de aquellos que quieren seguir en la palestra, sino que bajo su impulso motivador nuevos valores jóvenes se han animado a romper esos círculos viciosos de hacerle fanfarria y autobombo a lo amigotes. Hemos roto con todas las mafias de hacer, promover e impulsar literatura, por encima de las generaciones, círculos, individualidades y hasta somos caja de resonancia más que cualquier diario, afiche, cherry de suplementos, institución, estatal o particular.

         Bajo ese contexto surgen las nuevas voces poéticas y narracionales que se levantan como olas encrespadas para dar su elan vital y su tempestad e impulso, más con propuestas que con pose malcriada, de viejos fantasmas que quieren parecer chiquillos, de seudoirreverencia, pasotería ególatra, nadería esquinera, vaguearía, fumarola,  encapsulamientos dipsómanos.

         Es así como César Boyd y Ronald Calle, reafirman su calidad literaria y se imponen a reñidos y competitivos adversarios y logran obtener las preseas más codiciadas de la literatura de la Región Lambayeque.

          Pese al fatalismo y desesperación que se cierne sobre lo raleado y rareza de creadores y lectores, existe una contraparte: están quedando pocos, pero realmente los que toman en serio a la literatura y creen en ella con ferviente pasión y devoción.

         Para bien o para mal; para despecho de perdedores y regocijo de los ganadores, los juegos florales siempre han constituido motores de búsqueda e impulso del acto creador, no sólo por el significado de premios que a veces suele ser sólo un poco de billetes o monedas que no alcanzarían sino para vivir con él un mes, sino fundamentalmente porque representa un prestigio y estar a tono con el deseo que tu nombre crezca como la espuma marina en un día de marejada y que las miradas en la noche sean tu centro de atención o que al día siguiente algún diario reproduzca una foto o poemas tuyos.

         Dentro de este contexto el Conglomerado Cultural no sólo se ha convertido en un referente cultural en el norte del Perú y en toda una catapulta de creadores noveles y de aquellos que quieren seguir en la palestra, sino que bajo su impulso motivador nuevos valores jóvenes se han animado a romper esos círculos viciosos de hacerle fanfarria y autobombo a lo amigotes. Hemos roto con todas las mafias de hacer, promover e impulsar literatura, por encima de las generaciones, círculos, individualidades y hasta somos caja de resonancia más que cualquier diario, afiche, cherry de suplementos, institución, estatal o particular.

         Bajo ese contexto surgen las nuevas voces poéticas y narracionales que se levantan como olas encrespadas para dar su elan vital y su tempestad e impulso, más con propuestas que con pose malcriada, de viejos fantasmas que quieren parecer chiquillos, de seudoirreverencia, pasotería ególatra, nadería esquinera, vaguearía, fumarola,  encapsulamientos dipsómanos.

         Es así como César Boyd y Ronald Calle, reafirman su calidad literaria y se imponen a reñidos y competitivos adversarios y logran obtener las preseas más codiciadas de la literatura de la Región Lambayeque. 

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TEXTOS GANADORES: EN LOS JUEGOS FLORALES MUNICIPALES- GOBIENRO PROVINCIAL CHICLAYO-PERU - NOVIEMBRE 2006

GÉNERO LÍRICO: Poemario ganador

«AGONÍA COMPARTIDA»  Por  Ronald Calle Còrdova

«Hay cosas que no logra matar el tiempo, por ejemplo, mi palabra  

Agonía compartida

«Soy la única tumba que camina, esperando las palabras que le faltan para completar el epitafio.»

Giuliana Mazzetti. 

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El mundo está sudando su verano en mi frente

y su hijo está sufriendo aquí en mis ojos,

le han clavado una daga en su costado:

me está doliendo el corazón.

¡Anda! Toma mi mano,

cubre tu herida

y ven,

levantemos la antorcha del hambre,

miles de hombres nos contemplan.  

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Acercose a mí… 

Acercose a mí un niño

con responsabilidades de padre

–Señor, mi nombre es Pedro, pero más me gusta Juan,

ayúdeme, debo alimentar a mi madre-.

Pedro, tan pequeño e inversamente grande.

Con sus cinco años de mundo

sonríe como hijo, trabaja como padre, responde como hombre. 

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Tal vez sea Pedro o Carlos, por qué no Juan.

Negocia su nombre y lucha. 

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Juan, igual a decir hijo, a decir padre

o a decir hombre,

puede que no duerma

pero sí sueña como niño

tal vez ya no juega,

pero ríe.  

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Juan, con sus apresurados pasos

toma el trapecio de la vida

con irresoluta voluntad…  

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Al paso y peso de mis horas

He visto pasar mi vida en un sueño,

desfilaban mi alma y su corazón

a solas,

y mis ojos puestos en no sé qué mundos.

Han visto alegrías, desconciertos, despedidas…

Y otra vez la gran pregunta:

¿Qué pasa cuando esta chispa de luz se apaga? 

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Mi vida ya se va en este día,

enclaustrada en el ocaso de un instante,

congelada en el espacio, en el tiempo;

entre un secreto de sarcófago,

entre la odisea creada desde mi ceguera,

entre la luz de un amor que ya se extingue. 

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Mi vida ya se va en esta noche,

sumergida en el crepúsculo de un sueño,

bifurcada entre un adiós y un cigarro;

lejos de todos, entre mi divina comedia. 

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Aún tengo la vana pretensión que ciega al hombre;

la de alcanzar la gran promesa.

Aún escribo. 

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Mi vida ya se va, ya se irá.

Aún respiro. 

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Ausencia comprendida

Me he preguntado por tu ausencia y comprendo

que el sentirse solo no es estar en soledad

y miento cuando digo no soportar

la perfecta clonación del tiempo,

cuando me duelo por el niño

al que acabo de robar un pan,

cuando me duelo por el placer

que se averguenza de su nombre. 

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No me preguntes por el vino y tu copa,

apenas siento la caída de mi cuerpo

hacia un vacío sin edad y sin nombre.

No preguntes por la hora,

que igual es tarde o temprano

cuando se quiere ser o estar

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Crónica de un viajero

Y mientras un ave atravieza el claroscuro

avanzo un paso más hacia mi norte.

Giro a la derecha y choco con grietas y más grietas

en la tierra,

perdóname vida,

las he comparado con las grietas de tu alma. 

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A la izquierda volteo

y muchos avanzamos contra el caudal

apenas

vivo

perdóname vida

cuanta gente para tan poco río. 

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He levantado el rostro

queriendo avisorar mi norte

y otra vez el claroscuro con su ave solitaria

perdóname vida

otra vez miro lo mismo. 

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Hacia atrás (como quien voltea, levanta su mano

y por no llorar, sonríe y dice adiós)

sólo tinieblas,

perdóname vida si he volteado tarde. 

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Del hombre, su sed y su lluvia  

Llueve, llueve y su sed no se moja

nomás del rescoldo contraído de su vientre,

su sed no toca, no alcanza,

menos goza del maná en el desierto humano

de su éxodo. 

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La lluvia sigue y su sed con ella,

su hambre, lleno de atardeceres

camina con su mirada puesta en el trigal y la vid,

con sus pupilas hartas de lluvias;

no se cansa de llover. 

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Ves cómo se levanta el polvo?

las gotas caen y a ellas vuelven,

vuelven siempre unidos: el hombre,

su sed  y su lluvia.

No, nunca vuelven, jamás se van;

nacieron llenos de pecado,

un día de sol ardiente, de gotas

cortantes, amargas. 

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Viajas y sueñas a ojos abiertos,

construyes recuerdos para mañana

mientras tu lluvia sigue de palmo a palmo

quemando tus días, tus horas…     tus pasos. 

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Mal quedaría si otras cosas diría

callo y no otorgo,

callo y no os doy otra estocada

“hermanos”

Callo y guardo… desesperanza.  

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Errante     

«Partiste con la palma dorada sobre tu manto pensando en el amor y el olvido.»  

Pasas dando a las hojas una dulce

apariencia de lluvia, o tal vez

robando a la gaviota y al buitre

una porción de su vuelo.

Por qué  no despides la nube que

abrazada a mi luna goza,

a esa nube que infringe tus miradas fortuitas

y mis momentos de gloria? 

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Vas eclipsando los vestigios de mis pasos

en tu loco desenfreno y arrebato de mis días

vas dejando

en absoluto desamparo a otros hombres,

sin luz a nuevos ojos

y sin norte a viejos cuerpos. 

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Galante y furibundo juegas

con la cubierta y la vejez del hombre

que cual luchador vencido mira

distante ajena  victoria

y levanta en su bandera, la derrota… 

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Vas silente, lascivo, casi humanamente

gimiendo. 

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Y al deshojar frenéticamente la rosa

vas sustrayendo a mis tardes su aroma. 

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Fuego, polvo: Hombre

Aun no estás contrito ante la vida,

suplicando, suplicando;

compungido por haber perdido lo que no conoces.

Dejas caer la piedra y tus labios besan

la noche

queriendo salvar un silencio claro, frío,

fugitivo. 

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Oyes las cenizas caer sobre sus vívidos cuerpos,

oyes cómo su aliento queda convertido al polvo

y sientes como un instante, una lágrima, un gemido

queman tu piel, tu carne, tus huesos. 

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Sueño o realidad, tus besos mojan la lluvia

desprendida cual rayo del sueño gris

de tu agonía.

Vienes gritando fuego hay en el polvo,

polvo hay en el fuego. 

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Y sigues acrecentando tu deuda,

en tu vana búsqueda

de palomas blancas sobre el olivo. 

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La vida se gasta, la deuda es honda,

no sé si eterna.

Vas pensativa, mirando al cielo en tu andar

disfrutando del fuego, del polvo: del hombre   

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La muerte vista y sentida 

«Hoy me gusta la vida mucho menos, pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.» César Vallejo 

Desde aquí, desde este recuadro te miro.

Hoy, me he sentado y otra vez he llorado

en el mundo, por el mundo.

¿Quién sabe de nuestro llanto?

Sólo tus cansados ojos de párpados caídos,

de mirar cansino, triste, moribundo.

Ellos si saben del canto triste,

de lluvia a pleno sol, de lluvias

que mojan los labios

y queman el alma. 

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Desde este recuerdo aún te miro

y desde esta gloria te admiro. 

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Ha desaparecido mi hermano ante mi vista;

como Dios, está acá, allá, en todas partes.

¡Dios, has humano al hombre!

¡Has hombre a mi hermano!

¡No te cruces de brazos

cuando tu creación se destruye! 

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De todas las muertes, ésta es más muerte

y mis ojos ya saben del dolor más caro,

ya saben del dolor que tú me causas.  

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Travesía bípeda  

«Pues ya lo sabes, el mundo es así; no siemprecesa el llanto cuando deja de llover.»  

El camino es largo y tu descanso teórico,

has emprendido la carrera de la vida;

corre que no hay tregua,

estás a punto de llegar. 

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Dicen que en verano a veces llueve.

Hermano, aún no llores, aun hay hambre,

aún hay sed, aún hay voluntad,

aún hay ganas de vivir. 

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Extasiado has trabajado en tu sosiego

perturbado te has reído de este mundo

y cuerdamente

has sentido el peso del tiempo

en una lágrima

sentado, parado, qué más da,

si tus ojos ya cansados de la esperase

han posado en el vacío azul, infinito.  

Hermano, ¡detente!

allá también hay soledad

pues pesa, pues dura, pues cansa…

esta hebra llamada andar.  

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Notas:

I

Tomo un café, luego un coñac

como quien toma una palabra

para decir adiós.

Y abrazado a lo constante

reclamo una silueta, un signo

mas solo tropiezo con un trazo de mi olvido

gestados por los pasos de otra sombra. 

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Inocente, busco una ciudad en mi gloria

para lo cual

camino en tu miseria.

Lo que hoy ha muerto nacerá mañana. 

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II

Si me quedé dormido

por favor

despierten a mi cuerpo,

no a mi nombre

pues éste

puede aún no existir

en otros cuerpos.  

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GÉNERO NARRATIVO: CUENTO GANADOR DEL PRIMER PUESTO

«OSCILACIÓN» Por César Boyd Brenis 

Con las lunas del auto abiertas, mi cabello se alborotaba como un mar bravío en verano. Los espejos eran nuevos, también las lunas, los parachoques, y este auto plomo no era mío. Fui dejando en el camino carros lentos. Nunca esperé una detención policial ni una amonestación de mi conciencia. Controlaba el volante con una mano y con la otra sostenía un cigarrillo apagado que no me animaba a encender, pero esperaba fumarlo con ansias. Era una pugna inútil entre ambos argumentos. 

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Rita se enamoró de un belga que la humilló, por eso lo maté.

Me refugié algunos meses lejos de la ciudad para encontrar explicaciones. El arrepentimiento nunca llegó a mí. Estar entre paredes me recordaba a ella. Tenía una ventana cerca para observar si la policía aparecía o rondaba la zona. Siempre existe una oportunidad de fugar en medio de la confusión. Fumaba hasta la mitad de un cigarrillo, era necesario condicionarme a sólo algunas inhalaciones de tabaco con la esperanza de que mi tos cesara. Los nervios sobrevivían en mí y agrandaban mis dificultades. No pertenezco a este sitio, repetía con ira, quiero andar y frecuentar los cines, los parques solitarios de los alrededores, la casa de los padres viejos, pero estuve ahí, abriendo a cada hora latas de comida chatarra para saciar mi hambre.

Necesitaba a Rita dándome las gracias por haber salvado su honor sin importarme el precio. Pero nunca esperé recompensa de ella. Bastaba que él yaciera fuera de este mundo para tratar de encontrar en mi existencia la felicidad esquiva. 

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Me detuve en una esquina cuando ya tenía enfrente la casa a donde iría, bajé del vehículo,  extasiado al cerrar la puerta, al caminar sin prisa y enfrentar la frialdad de las personas que miran de frente, o pisan la misma acera esparcida hasta el horizonte del fondo de la calle. La gente no notaba mis ojos. Y para ese momento ya tenía el arma a la altura de la correa. La agitación de mi cuerpo no me detuvo al traspasar las escalinatas, para tomar aire y seguir subiendo al departamento de la víctima. Pateé al gato del pasillo que desprendió un maullido para perderse escaleras abajo. 

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Lucía, amiga de Rita, trató de detener siempre sus manías, y nunca pudo hacerle cambiar esa idea arraigada de intentar una aventura. Cada vez que se acordaba de su tropiezo ingenuo, se contenía para no maldecir su suerte de amiga irresponsable. Se echaba la culpa y correspondía mis ideas de venganza con el énfasis necesario para darme fuerzas y desagraviar cuanto antes el honor de la burlada. Me acaloraba la mente con su voz corajuda, sin duda concentraba el odio puro de una mujer herida.

Lucía me habló de cómo Rita fue cautivada por el belga. Lo conoció a través de Internet, luego hubo ofrecimientos de viajes y someros lujos que también en un comienzo llegaban a sus oídos como una melodía diferente, seductora. Rita sólo fue sincera con sus impulsos, y partió con el extranjero a un lugar extraño, así fue desencadenándose el afán de llegar a lo alto de no se qué montaña de placeres, que iban cayendo día a día como también el anhelo irreparable de su ilusión. 

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Al forzar el picaporte, una llave alcanzó el suelo, despertó el interés del dueño que al salir súbitamente ya no pudo parpadear. Tenía el revólver en la frente y una sensata súplica llegaba a su boca, luego la desesperación no le hacía articular palabra alguna. Alcanzó a decir ¿por qué? antes del balazo final, después sólo caía su sangre por el piso de madera. En tal silencio, se oían las goteras de algún cuarto de lavado que confundí con la habitación principal de la víctima, pero luego la encontré más adelante mostrando un desorden sospechoso de esconder algo, como un laberinto condicionado a distraer las atenciones. 

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Mi vago recuerdo de Rita estaba en la universidad. Después de las seis de la tarde se dejaba ver por los salones casi vacíos. Era un alma que acumulaba soledad para sentirse intrépida tras esos rasgos tiernos de mozuela. Nos quedábamos a observarla con otros compañeros porque era una necesidad imperativa, y siempre contábamos con algunos soles sobrantes para cambiarlos por cigarrillos o por galletas, de esa forma resistir todo el peso de la tarde, tanto es así que habíamos adelgazado, y tal vez Rita lo había percibido para mala suerte nuestra.

Fue una de las últimas tardes cuando me acerqué a ofrecerle un chocolate, y viéndola de cerca, se notaba emocionada, no sólo porque su atractivo había crecido, sino por su encanto apabullante al tratar de justificar su rostro feliz, pues me decía gracias y me contagiaba el hilo de su alegría. Mis compañeros a lo lejos trataban de reproducir un gesto brutal de satisfacción. Yo entendía porqué sus manos movedizas iban dejando júbilo en sus cuerpos, pues como el mío, sabían de donde venía esa gracia, sabían aferrarse al júbilo cuando era necesario hasta echarse a llorar por amor.Rita nunca me contaba del belga, pero yo suponía que ese individuo era una razón suficiente para expresarse como lo estaba haciendo, y para dejarme colgado de sus labios al articular vocablos comunes, sin razón a veces, sin consistencia, pero con la palabra sola de su boca que tal vez todavía deseo tener para mí. 

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Ya superado el caos del cuarto donde posiblemente llevó alguna vez a Rita, y asumiendo mi imaginación descabellada, en uno de sus cajones, encontré un sobre cerrado y leí la prueba más importante que culpaba al asesinado con el tráfico de mujeres prostitutas. Embolsillé el documento. Necesitaba recolectar indicios que a Rita le serían de valor para sus denuncias, aunque nunca se concretaron.  Sonreí como lo haría un sicario frente al espejo. Tuve tiempo de limpiarme un rastro de sangre, luego caminé. El auto esperaba en una esquina.  

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Rita fue la joven de la fotografía al lado de mi retrato en la cómoda del cuarto, que en ocasiones solía retirar para no hacerla presenciar el amor con mujeres de la noche. Ella a veces se iba reproduciendo en mis pensamientos, su retrato estaba vivo en la luz de una tarde, especulando tristeza furtiva, la cual nunca brotó cuando yo estaba cerca.

Rita era baja de estatura, sin embargo llegaría a besar mi boca sin dificultad, al menos eso intuía por esos tiempos. Mis desenfrenos eran perennes y a Rita le asustaba, eso dejaba entrever cuando se escabullía en la noche para no tener que rechazarme una invitación a algún sitio de moda por ese entonces. Supuse que en el belga ella encontró la docilidad nunca percibida en mí, aunque se equivocaba. A pesar de yo poseer un espíritu rebelde, tenía el impulso de ser frágil en ciertos momentos y podía dejarme llevar por las cuestiones extrañas de los románticos, previa autorización de mi hombría o de mi lucidez. 

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Mi tranquilidad no me duró. Conducía el vehículo con temblores en el cuerpo, tal vez cambié de ánimo cuando pude deducir que el asesinato me alejaría de Rita para siempre. Llegué a la casa de Lucía y toqué el timbre con cierta paciencia. Mis intentos de esperar me traicionaban porque empecé a tocar la puerta con constancia. Lucía asomó la cabeza por el balcón y me miró como si ya supiera todo, pero luego sonrió; bajo enseguida, me dijo. Al conversar con ella me notó nervioso; no es nada, contesté. Le entregué el documento, estaba ajado y presentaba rastros de haber sido muy utilizado. Dale a Rita esto cuanto antes por favor, ella lo necesita; le dije. No contesté sus preguntas curiosas, aunque deseaba hacerla mi cómplice, al fin y al cabo, ella tuvo que ver indirectamente en esta determinación y acondicionó mi valentía para poder imponer la justicia que Rita merecía sin contemplaciones. 

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El belga la golpeaba constantemente sin reparo. Rita soñaba en demasía, por eso creía en los príncipes lejanos de los cuentos o en los poetas de los libros. Ella fue llevada a Europa con sonrisas y fantasía, se regresó con tristeza y humillación. Su partida del país ataviaba los rostros de sus amigas y sus esperanzas. Una vez que pisó el viejo continente la historia cambió, el belga tomó un taxi de un servicio especial, me contó Lucía, atravesó la ciudad y para ese momento su rostro se transformó. Su monstruosidad emergió de súbito en pleno auto, dirigiéndose quién sabe a qué lugar de sordidez y claustro. Una vez en una casa amplia, donde el personal de seguridad se comprendía en gran número, se acercaron dos mujeres que al parecer servirían de guías. Rita asustada le preguntaba al belga a dónde la llevaban, pero él sólo le respondió, con un pésimo español, que acompañara a esas señoritas, amables y risueñas, hacia la habitación correspondiente.

En aquel momento de ese día terrible, sólo por una inclinación de fe, a la mente de Rita llegó el ligero pensamiento de empezar a tratar a una cultura distinta, a pasatiempos europeos, a costumbres marcadas, a rigurosos horarios y distracciones, sin embargo luego se dio cuenta que la posible bondad de esos lugares sólo era un sueño más, una imagen engrandecida de algo ínfimo. Rita maldecía la sombría decisión de haber llegado hasta ese antro, extrañaba cada calle y cada voz de su país. Estaba acorralada, y luego lo único que llegó a maquinar todo el tiempo era la forma cómo escapar. 

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No le di más explicaciones a Lucía. Fue la última vez que la vi. Conduje hacia mi casa para empacar algunos objetos de valor e invalorables. Me permití abrir una botella de licor y pensar en el cuerpo del belga. No me sentía satisfecho. Decidí retornar a su habitación para acomodar sus restos en alguna parte invulnerable. Regresé al vehículo y aceleré, en pos de algo más que ocultar alguna prueba, deseaba no haberlo hecho con mis manos. Y en una esquina ocurrió lo previsto: un policía me detuvo y en el pecho me dio un temblor de culpabilidad y miedo. Está usted muy apurado, me dijo al bajar de su moto. Después de tratar de justificarme, pude meter mi mano al bolsillo y sacar un billete de cincuenta. Me lo aceptó. Avancé para evitar su arrepentimiento y sospecha.

En la misma esquina, bajo las mismas circunstancias, también con el arma lista para una reacción de defensa en un supuesto caos venidero, me dirigí a la habitación del belga. En el pasillo no había felinos entrometidos y las escalinatas estaban más densas. La puerta estaba semiabierta como la había dejado, para buena suerte la sangre no siguió el curso de la salida. Arrastré al muerto hacia lo que fue su habitación para después cerrar la puerta. Limpié la sangre final, las últimas pruebas estaban extintas. Casi a punto de cerrar la puerta principal, un hombre se detuvo frente a mí. ¿Está el belga en su casa?, me preguntó. También lo busco y no está, le respondí. Cerré la puerta fuertemente para que no pudiera entrar. Hasta luego, le dije. Bajé con velocidad las escaleras, tan rápido que no pude notar si ese hombre estaba detrás de mí a punto de detenerme y culparme de todo. 

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Antes de saber que el belga había retornado al país por boca de Lucía, y que lo habían visto con descaro en la misma habitación donde se alojó cuando llegó para encaminar a Rita a Europa, busqué a la desdichada por todos los lugares. Algunos me afirmaban que nunca había retornado del viejo continente, otros sólo me consolaban con decir ha de estar bien, tal vez necesita estar sola. Recorrí sus centros de diversión preferidos con la esperanza de mirar otra vez sus ojos, aunque sabía que su sonrisa podía ya no ser la misma o tal vez ni sus ojos; y ni siquiera su música predilecta (tan conocida por mí) la estaría transportando a donde la noche también la llevaba: la fantasía.

Mis tensiones aumentaron en proporciones escalofriantes, y mi desesperación me condujo a insistirle a Lucía que me revelara el paradero de Rita, sin embargo ella decía ignorarlo, por momentos le creía; y adjuntaba a mis dudas una tranquilidad fingida, necesaria.

Para al menos mantenerme tranquilo, Lucía me confirmó algo: Rita no quería ver a nadie. Ella se había fugado de aquel lugar con la ayuda de un compatriota compasivo que asistía a esas esferas de la noche. Ese hombre le dio dinero y le facilitó las circunstancias para su regreso. Lucía no me dijo nada más, pero no fue una “tumba” después de todo. 

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El cadáver lo encontraron después de algunos días. Leyendo algunos diarios, que comprobaba muy temprano para impedir que me vean, supe de las investigaciones hasta ese momento. Existían dos sospechosos. No me mencionaban, al parecer el belga tuvo muchos enemigos, prestos a reacciones de desquite. En plena mañana de desazón,  la noticia invirtió mis ánimos. Tomé desayuno, acto que había olvidado en todo este tiempo. Leí la noticia una y otra vez para convencerme con más fuerza de las afirmaciones que constaban. Me decidí  salir a caminar sin remordimientos en el rostro. Cómo ansiaba ver a Rita.

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Los vidrios empañados por mi aliento oscurecían el interior de la ventana mientras acercaba mis ojos. Una mano levantada al fondo de aquella sala me demostraba amistad. La originalidad del gesto de cortesía me condicionaba a una juventud de pasatiempos frívolos y dulces. Traté de concebir esa figura difusa sobre la silla, la cual convergía nítidamente con la música. Era una mujer, se dejaba ver las pantorrillas entrecruzadas y su vientre frágil, y fue su forma de vestir lo que me acercó cada vez más a recordarla y lo suficiente para llegar a pronunciar hasta su nombre, que creí perdido en esa tarde musical de rocampop: Rita.

Al reencontrarme con ella también lo hacía con su historia y con su especial desaparición de mi vida. Dio pasos lentos para saludarme. Le mentí cuando le dije que estaba igual de hermosa. Noté que necesitaba esas palabras como nunca, sin embargo no me creyó. Jugaba con sus manos en señal de nerviosismo, pero en el fondo sabía que estaba tranquila, conversándome de los viejos amigos que por alguna parte del mundo andaban, riéndose de lo vacía que es la vida sin ellos y de lo trágicamente necesaria con ellos.

Verla de nuevo me pareció injusto, aunque constituía una dicha siniestra de la vida, y tal vez en ese momento me permitiría confiarle los secretos de todo este tiempo, los más sórdidos y los más fútiles. Entonces cuando le pregunté cómo había llevado sus años y sus trajines, me dijo: me he enamorado de un belga. Me caso el mes próximo.  

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BREVE RESEÑA DEL GRUPO LITERARIO SIGNOS: 

El contexto muchas veces ajeno, insensible, a toda forma de arte, no fue impedimento para que en las aulas de la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo, un grupo de jóvenes artistas se unieran con un objetivo común: La Literatura.Bajo ese panorama nace SIGNOS, formado en febrero de 2006 con Resolución Nº 282-2006-D-T-FACHSE y los siguientes principios: 

1.- Incentivar el desarrollo del pensamiento literario.

2.- Construcción de una cultura literaria de cambio.

3.- Fomentar la tolerancia y la libre expresión del pensamiento.

4.- Rechazar todo tipo de violencia y toda forma de discriminación. El Grupo Literario SIGNOS consta de cuatro integrantes: 

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RONALD CALLE CÓRDOVA, nació en San Ignacio. Bachiller en Educación (Lengua y Literatura) de la UNPRG. Fue considerado por el Conglomerado Cultural como Poeta Revelación 2005. Ganador del Premio “A Quijotear” – España, en conmemoración a los 400 años de “El Quijote”.  Tiene escrito un poemario inédito titulado Agonía Compartida, con el cual ganó el Primer Puesto en los Juegos Florales Regionales 2006.

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JOSÉ ABAD ASCURRA, nació en Jaén. Estudiante de Educación (Lengua y Literatura) de la UNPRG. Tiene el poemario inédito Absolución de la noche. Ha ganado el Botón de Oro del concurso de poesía realizado por el Círculo de Estudios Lingüísticos y Literarios Luis Hernán Ramírez, en el 2002.

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CROMWELL PIERRE CASTILLO CABREJOS, nació en Motupe, Lambayeque. Artista Plástico, Poeta y Diseñador Gráfico. Tiene estudios de Psicología, Filosofía e Informática. Ganador de varios concursos de dibujo y pintura. En el 2005 escribe su primer poemario inédito Estación desde mi ventana. En el 2006 escribe el poemario Verano reunido  y en la actualidad trabaja en los poemarios Brevedad y Poemas para decapitados.

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CÉSAR BOYD BRENIS, nació en Ferreñafe. Estudiante de Educación (Lengua y Literatura) de la UNPRG. Publica en el 2002 el poemario Mocedades Poéticas. En el 2003 gana el Tercer Puesto en los Juegos Florales de Ferreñafe. En el 2004 gana el Segundo Puesto en los Juegos Florales del Conglomerado Cultural con el poemario Adagios con pedazos de tambor. En el 2005 gana el Primer Puesto en el Concurso Epistolar Regional del Conglomerado Cultural con Carta para Julia. En el mismo año gana el Segundo Puesto en los Juegos Florales Regionales con el poemario Heterónimos Frente al Espejo. Luego, gana el Primer Puesto en los Juegos Florales de Ferreñafe con el poemario Mil Novecientos Noventa y Ocho. En este año, gana el Segundo Puesto en el Concurso de Ensayo de la Escuela de Educación de la UNPRG, con el ensayo titulado Naturaleza social de la educación, y el Primer Puesto en el Concurso Regional de Cuento con el trabajo Oscilación. 

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SIGNOS, ha visitado distintos lugares brindando recitales en cada uno de ellos. El 27 de julio de este año fueron invitados por la Municipalidad de Guadalupe. El 15 de agosto se realizó un recital en Cajamarca, de esa forma se participó en  el Congreso Nacional de Educación hecho en dicha ciudad. El 28 de septiembre fueron invitados por el Grupo Literario Legión de Trujillo para brindar un recital en el Centro Cultural Chaska de esa ciudad.Se tiene en proceso de publicación el libro Signos, poemario que reúne trabajos de los cuatro integrantes.  

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¡¡¡ENTRADA LIBRE!!!

Si Ud. tiene una novela, cuentos, poemario, drama, ensayo o algo que publicar, cuente con nosotros y el auditorio del INC-Lambayeque, estará abierto, todos los viernes desde las 8.00 p.m.   

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Próximamente  presentación de los libros: 

En el marco del Aniversario del INC-Lambayeque

Madrugadas entre brujos y curanderos (Novela) 

de Rosa Berenice Contreras Calderón (24/11/2006) 

(Comentarán)

Escritor: Juan Félix Cortez

Escritora: Carmen Sialer (Presidenta de Escritoras Norteñas-Base Trujillo)

Escritor: Blasco Bazán Vera (Gerente Regional de Desarrollo Social-La Libertad).  

“Canto epico a Micaela Bastidas y el encuentro de dos mundos"

de Maruja Tafur Núñez

(Comentarán)

Escritor     : Juan Félix Cortez

Poeta        : Carlos Bancayàn Llontop 

Participación  musical especial de: Dora Luz Ñïque Alarcón,

Presidente de la Asociación de Mujeres Panamericanas del Perú - Filial Trujillo. 

Audición especial: Los Ángeles También Cantan

CADELPO &  José Guillermo Vargas Rodríguez

CD-MP3   LIBRO

Más de Cien Poemas declamados de autores latinoamericanos seleccionados para esta "Lujosa Colección" de edición limitada.Un estuche con 1 CD en MP3 + Un dossier impreso con los poemas declamados (Interpretación de poemas con fondo musical, incluye dossier impreso con foto, currículo sintetizado y textos poéticos) 

Hasta alcanzar la literatura (Artículería literaria) 

de Nicolás Hidrogo Navarro (24/11/2006)  

Presentación especial de la Revista: Luis Lagos

«Atake lírico» - Revista de ideas y placer

Reseña:
Revista dirigida por Luis Alfonso Lagos. En este número trae, en su sección Sentencia, Doce tesis sobre Estado estamental y sociedad llamada "colonial" de Hugo Neyra; El desafio de la escena contemporánea de Eduardo Arroyo, La naturaleza humana y el renacimiento de Carlos Maza, entre otros. En la sección Plumas y lentejuelas escriben: Javier Garvich, Osmar Gonzales, Pedro Pablo Ccopca y Débora Zambrano. Finalmente en Sala de espera escriben Manuel Cadenas, Rafael Garrido, Victoria Guerrero, Ricardo Virhuez, entre otros. (240)    

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Si Ud. tiene una novela, cuentos, poemario, drama, ensayo o algo que publicar, cuente con nosotros y el auditorio del INC-Lambayeque, estará abierto, todos los viernes desde las 8.00 p.m.Pasión por la literatura   

Enviar trabajos a los correos:

conglomeradocultural2005@yahoo.es

hacedor1968@yahoo.es

marpba@yahoo.es

hacedor1968@hotmail.com

Tfno. (074) 9607442 / (074) 283273  /(074) 284363

Dirección: Calle 8 de octubre Nº 930-Lambayeque-Perú. 

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NICOLÁS HIDROGO NAVARRO

Coordinador General Conglomerado Cultural Lambayeque-Perú 

MARCOANTONIO PAREDES

Coordinador de Noches de cuento & poesía  *

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GALERÍA LITERARIA:

LOS QUE HICIERON Y HACEN HISTORIA EN EL CONGLOMERADO CULTURAL-LAMBAYEQUE-PERU.2004-2006

Todos ellos pasaron dejando una huella imborrable, una experiencia significativa.

Nuestra política la literatura; nuestra pasión, escribidores; nuestra obsesión, hacedores de la palabra. *

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A) NARRADORES Rubén Mesías Cornejo, Joaquín Huamán Rinza, Hugo Rojas Mendoza, Dandy Berrú Cubas, Nicolás Hidrogo Navarro, Marcoantonio Paredes, María Elena Flores Alvitez, Antonio Castro Cruz, William Célis Guerrero, Teresa Menor Alarcón, Abraham Ibáñez Meléndez, Rocío Ríos Arroyo, Juan Montenegro Ordoñez, Roxana Ayasta Seclén, Gerardo Carrillo Burga, Brander Gonzáles López, Juan Carlos Flores Tucto, Marles  Eneque Solano, Paul Muro Losada, Fiorelita Sánchez Lapoint, Mabel Díaz, Alejandro Suyón, Guillermo Figueroa Luna, José Puga  Mendoza, Juan Carlos Briones Dávila, José Antonio Ibáñez, David Huanilo, Carlos Bancayan Llontop, Zoila Gonzáles Rivas, Carlos Muro Yovera, Arturo Bravo Flores, Antonio Serrepe Ascencio, Anders Bocanegra, Antonio Castro Bernal, Luis Alberto Hurtado Ramírez, Manuel Burga Altamirano, Víctor Contreras Arroyo, Javier Villegas Fernández, Rully Falla Failoc, Miguel Garnett Jonson, Willy Edilberto Salcedo Cueva, Dagoberto Ojeda Barturén, Alex Miguel Castillo. 

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B) POETAS Ernesto Zumarán Alvites, Nicolás Hidrogo Navarro, Marcoantonio Paredes, María Elena Alvítez Flores,  Manuel Burga Altamirano, Carlos Bancayán Llontop, Jorge Fernández Espino, Magali López Solórzano, Jonathan Larrea Colchado, Teresa Menor Alarcón, César Limo, Naneska Alarcón Gonzáles, Carlos Abel Araujo Pita, Fernando Odiaga Gonzáles, Rolando Barrios Sandoval, Juan Felipe Chilón, Antonio Castro Bernal, Julio César Porras, Cesar Alexander Limo, Stanley Vega Requejo, Jomara Hidrogo Cabrera, Ana Miranda Salazar, Rocío Ríos Arroyo, Ronald Calle Córdova, Carlos Briones Dávila, Arturo Bravo Flores, Matilde Granados Requejo, Luis Alberto Hurtado Ramírez, CHACO GIL, Nevenka Waterdolsfer, Ronald Calle, Marles Eneque Solano, David Villena Reyes, Henger Capuñay Fenco, Javier Villegas Fernández, Diego Lazarte, Fredy Alcalde, Susy Violeta Morales Coz, César Emiberto Gastelo Guevara, Tomàs Serquèn Montehermoso, Guillermo Ortiz Suàrez,  Carlos Santamaría, Guillermo Fernández, José Ramírez, Enrique Ríos, Néstor Cerna, Percy Espichán, Alberto Zelada, Edgar Palacios, Juan Josè Soto Bacigalupo, Melissa Ramírez Arévalo, David Nùñez Baca, Miguel Otero Zapata.. Elier Tayo Cubas.

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C) COMENTARISTAS Antonio Castro Cruz,  Milton Manayay Tafur, Elmer Llanos Díaz, Fernando Odiaga Gonzáles, Nicolás Hidrogo Navarro, Manuel Patiño López, Jesús Paiba Samamé, Teresa Menor Alarcón, Javier Villegas Fernández, Stanley Vega Requejo, Julio César Díaz Castro, Carlos Bancayán Llontop, Walter Alva Alva, José Wilson Gòmez Cumpa, Guillermo Figueroa Luna, Jorge Fernández Espino, Juan Gamarra Romero, Julio Díaz Merino, Paul Muro Lozada.

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d) Ponentes: Nicolás Hidrogo Navarro, Fernando Odiaga Gonzáles, Carlos Bancayán Llontop, Joaquín Huamán Rinza. Juan Montenegro Ordóñez, Luis Ángel Delgado Flores, Guillermo Figueroa Luna, Bruno Buendía Sialer, Marcoantonio Paredes, Luis Heredia Gonzáles, Julio César Díaz Castro.

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e) círculos invitados PRESENTADOS EN PLENO “Avanzada Cayaltileña”-Cayaltí. , “Legión”-Trujillo.

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f) libros/REVISTAS presentados EN EL ESPACIO Metáfora”- Conglomerado Cultural, “A esa hora del día” de Nicolás Hidrogo Navarro, “Piedra fuerte” de Luis Ángel Yomona Yomona, “Danza ominosa” de  Stanley Vega Requejo, “Dioses, hombres y duendes”, “Coñuma: la pasión por la ternura” de Rully Falla Failoc, “Pizzicato Labio” de Luis Boceli, “A ojo de pájaro” de Miguel Garnett Jonson, “La clavícula de Salomón” de Miguel Lazarte, “Certerni”, de Paul Muro Lozada, “Canto gris” de César Emiberto Gastelo Guevara, “Día de la Luna” de Susy Violeta Morales Coz, “En la puerta del infierno”, de  Willy Salcedo Cueva. “Desde las orillas del Utcubamba” del Círculo Literario Todas las Sangres, “Esa casa que soy yo” de Guillermo Ortiz Suárez, “Palabra sobre los abismos” de Juan José Soto Bacigalupo, “El amor es màs…” de Javier Villegas Fernàndez, “Todavìa el paraíso” de Ernesto Benigno Zumarán Alvitez, “Los cupisniques: antecesores de los mochicas” de David Ayasta Vallejo, “Morir en Puerto Tamborapa” de Nicolás Hidrogo Navarro, “Poliedro” de Carlos Bancayán Llontop,  “Las noches de mi alba”  de Alex Miguel Castillo, “Lima o el largo camino de la desesperación” de Carlos Oliva.

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H) ARTISTAS o grupos INVITADOS PRESENTADOS Onelia Ardiles,  “Vìctimas del vacìo”, “Edgar Dante Saavedra e hijos”, Nelly Lozano Alva. “Trío Los Astros”, “Neper-Perú-  Víctor Contreras” Dagoberto Ojeda Barturén.  

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LA CITA MOTIVACIONAL DE LA SEMANA 

«El escritor original no es aquel que no imita a nadie,

sino aquel a quien nadie puede imitar.»

François René Chateaubriand, Vizconde de Chateaubriand

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Nicolás HIDROGO NAVARRO/CONGLOMERADO CULTURAL

Nicolás HIDROGO NAVARRO/CONGLOMERADO CULTURAL

EL COMENTARIO CRÍTICO

POETA Y LITERATURA:  EN EL UMBRAL DEL SUICIDIO

Por Nicolás Hidrogo Navarro, hacedor1968@hotmail.com 

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No eres poeta porque lo digas y te lo creas; sino porque el espíritu de las palabras de tu poesía, lo confirman o lo niegan.

Entre el revelacionista acto de crear un poema y el escapismo del suicidio, prima una cuarteta fatal: que el poema no guarde correspondencia entre lo que tú quieres decir y lo que tu lector pueda entenderte como intención; y, que, tu autoanquilamienrto sea vea como una cobardía y no como un acto de valentía y decisión encomiable al secarse la marejada de posibilidades innovadoras. 

Existe una gran viga transversal de palabras claves que están atraídas por el imán azul de la literatura: poema, soledad, angustia, elucubración, fracasos, creación, inconstancia, sensibilidad, incomprensión, catarsis, refugio, crisis existencial, convulsión, miedo, dolor, leve alegría, fatalidad y suicidio. El poeta es rasguñado por cada una de estas instancias absolutas y transportadas endeblemente por caminos recurrentes y por derroteros obsecuentes. Hay un determinismo fatal en cada acto creador y en cada actitud resiliente: la poesía y la literatura son los espirales perfectos que, cual agujeros negros de los misterios del universo, se atragantan con las personas. 

La poesía puede ser el último reducto de la  desesperanza, desde donde puedes iracundamente lanzar alaridos silenciosos con todos los lexemas y las discordancias sintácticas encima, sin que nadie te diga nada. O puede ser la armonización entre tus mejores melodías encadenadas que brotan como chorro caliente desde la candidez y sensibilidad de tu humanidad. No es casual que la propia mimesis aristotélica haya dejado abierto la posibilidad que la literatura sea un conglomerado de voces desde tu tierna y cursi historia de enamorado incorrespondido, pasando por tus afanes redentistas de Robin Hood justiciero con tu literatura de compromiso, gran bramador iconoclasta, y hasta un monumento a la egolatría  que busca sólo tomar a la literatura como un éxtasis alucinolírico personal y el mundo hecho trizas afuera te importe nada.

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Los impulsos que determinan el molde o género a utilizar, depende mucho de las inteligencias emocionales y  redactivas que se utilicen: así, alguien inclinado a escribir en prosa con mucho éxito progresivo, le puede ser dificultoso expresarlo con la misma intensidad y fuerza estética líricamente y viceversa.

De todas las regiones literarias del Perú confluyen, voces, artículos y censos desmoralizadores de cada vez menos cultores impertérritos de la literatura que pese a sus frustradas ventas, su escaso público lector –un lleno de la pandilla o el clan familiar en pleno, no necesariamente significa un éxito de captación de potenciales de lectores o compradores del texto en apoteosis- su perfil anatematizado de perfecto ocioso, vago humero, dipsómano errático y locumbeto incorregible. Sin embargo, pese a esta desesperanza, la imagen que proyectan los poetas en el mundo sigue siendo de un filón macizo de creatividad y misticismo arraigadamente telúrico.

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La literatura y poeta no se crea, ni se destruye, sólo se transforma, sería un apotegma lavoiseriano ad doc a las humanidades. El poeta del I siglo de la era cristiana era considerado un ocioso intelectual; en la Edad Media, un juglar libertino; en el renacimiento un cultista musical; en la edad contemporánea un innovador estético y en la posmodernidad un posero infuloso y ególatra. 

Que la literatura vive un vía crucis agónico de lectores y que los poetas y escritores se nieguen a verlo como tal, no extraña. La modernidad se ha comido la fuerza mística y trasncultural que contiene un libro como alma viva de la prolongación de los sueños y todas las derrotas humanas juntas. Esa extraña aura y presencia que tiene un libro a la vista o dormitando en una biblioteca, ha perdido, en los modernos lectores, el impacto psico-emocional como una elongación que trasunta el autor al momento de concebirlo como tal. 

Para un poeta, los libros, sus libros, son el tesoro y el legado más preciado que pueda poseer: los disfruta, los relee, siente que su presencia irradia una fuerte ráfaga de inspiración en cada soledad, en cada acto de preludio a la creación- ¿Acaso los poetas y escritores sean los principales lectores y consumidores de literatura? Indudablemente el binomio de escritor- libro se da en dos vertientes  como actor de elucubración y como acto de enriquecimiento. En cualquiera de los dos tipos el libro es una cosa curiosa rara al inicio, que puede parecernos una cosa inacaba, cosa que difiere cuando se ha cuajado con el tiempo.

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Es posible que el reinado y el tiempo de los poetas agónico dentro de cien años, sea sólo una cosa rara y fósil de colección. Es posible que todo lo creado literariamente hasta hoy tenga ocupado a los críticos y a los raros y exiguos lectores en la próxima centuria tratando de desenmarañar lo que quisieron o no decir. Todo habrá cambiado, el paisaje, personajes, la imprenta, las librerías, el tipo de presentación de los libros en  pantalla líquida, el hipertexto habrá remplazado al apolillable papel y quizá las bibliotecas dejen de llamarse tal para parecerse más a museos de cosas y rarezas.

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Es posible que la reconversión y los apremios sin fin del poeta lo arrinconen a la nada y  lo obligue a quedarse o solitario en su persistente intento de sobrevivirse a todas las tentaciones fracasadas de poder o de búsqueda laboral para sostener su estatus socio-cultural.

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Poeta y poesía, escritor y literatura, en general, quizá sobrevivan a la hecatombe de evasión de lectores, pero serán una rara especie. Se habrán extinguido los que nacieron con el sino del poeta y habrá prosperado la literatura plástica, mediática y de faroleo, habránse afianzado los “Harry Potter”  y quizás nazca una literatura de resurrección: volverán las novelas de caballería, el romance pastoril como una nostálgica evocación, tragedias shakesperianas que te partan la adrenalina en dos y dramas lopezcos que jueguen la fanfarria de fuenteovejunos, poemas enrevesadamente gongorinos, moda retro, por pura emulación.

Puede que la literatura y los poetas se resistan a morir – y lo existan por siempre sin libros ni lectores, librerías ni bibliotecas concurridas-, pero sus formas, inagotables hasta ahora, sufra un colapso social para ser más un acto individual de autocomplacencia que un venablo que hiera o suscite en otro un shock emocional.

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Poesía habrá porque siempre habrá silencio, angustia, desazón, estrés, fobias, fijaciones y súbitos emocionales, frustración y ansias reprimidas. Pero, el poema, como su fruto material, fónico y léxico, retardará, cual crisálida, su metamorfosis y nacimiento. Las novelas y los cuentos se escribirán –y hasta es posible que sus ventas, por el marketing mediático-, se vendan con éxito de Best Seller, pero no será el disfrute y el placer estético, sino el morbo que lo mueva y corroa a ese avieso lector fragmentario. 

Poetas habrán deambulando por las calles, pero nadie los tomará en cuenta como tales, sino como desadactados sociales que no supieron disciplinarse y que quisieron llevar una vida libertina, báquica y autodestructiva. Todo eso evidenciado en su afán contestario, trasgresor, automarginal y quizás como un renegado social que no quiso entrar al convencionalismo de respetarse así mismo ni respetar a los demás. Según los sistemas y los tiempos esto puede ser bueno y malo: sólo los poetas se comportan como espíritus no alineados, pero deben pagar caro su osadía y arrinconarse al olvido, marginación y el estigma de la ignominia antisocial.

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Una fuerza nerviosa de escalofríos lunfardos, de espantos nocturnos y perpetuos misterios recorre todo el acto creador, al creador y lo creado: ¿a quién le importa quién, dónde, por qué, cuándo, qué, para qué y cómo escriba? La poesía yace yerta, contrita, colgada de una viga, … la gran viga de la indiferencia lectora… 

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Lambayeque el 10 de noviembre de 2006

(Bodriado entre una sombría tarde plúmbea, el disfraz añejo de un “Ubicuos Malditos” y el fondo de un Nirvana 13). 

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COMENTARIOS DE LOS TEXTOS LEÍDOS

A) Arturo Bravo Flores (Gen. 2000)

La poesía de Arturo es fundamentalmente metapoética, como lo está siendo una tendencia continental –hablar sobre el acto creador mismo, como experiencia delirante y funesta- porque hace un ejercicio de reflexión sobre su propia percepción de creador: enjuicia, caracteriza y describe al acto creador como una de las actividades más sublimes, pero al mismo tiempo más ignoradas y tenidas por desfachatadas. De estilo antipódico y con granees encabalgamientos, Arturo es sereno, contemplativo, sin mucho snobismo no rimbombismo ni torcido, se ajusta a una tradición y moderación, peor cabalga suave sobre el caballo oropelosos de la poesía.

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B)  Fernando Odiaga Gonzáles (Gen. 90)

En Fernando Odiaga la poesía es confesional, depositaria de sus frustraciones y confidente de sus obcecaciones por la mujer que debió ser, pero no fue. Son poemas de testimonio, de cuitas, de frustraciones, peor de vitrina plañidera y de mensajes subliminales: a este poeta quiere que lo amen, es consciente de sus mil y un decepciones e intentos abortados de la novia y se resigna a verse así mismo como un sin suerte en el amor. Su poesía es reflexiva, pero fundamentalmente es un diario lírico entre líneas, capaz de exorcizar su mala suerte, su inacaba espera de galán acechador en las nocturnas esquinas, con cigarro en ristre, con los deseos concupiscentes desatados y con todo la libido encima. Es un poeta de resignaciones y de interpretaciones. Lo que el amor no le dio, su poesía lo posee. 

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BASE: POEMAS LEIDOS Y COMENTADOS

TEXTO Nº 01 De Arturo Bravo Flores

Entre la piel de un verso 

En esta soledad infinita de mi verso

que no es más que un puñado de letras,

alborotadas por lo que hoy siento

en este espacio que nunca tuve;

donde el viento golpea mi cuerpo

celda inútil de sentimientos y sueños

queriendo cambiar  el mundo al tiempo. 

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Ya a lo lejos se oye el silencio

de esta tarde, bañada de hojas secas

pintada de azules por todos lados,

sobre huellas que nunca acaban de dejarse,

una 

    tras 

        otras 

              como 

ramas caídas del cielo. 

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Quisiera alegrarme un tanto pero como,

si otros lloran sus muertos,

como hacerlo

si el mundo se desangra

sobre soberbias renovables 

.

Quisiera escribir como cantan las aves

o pintar quizás un otoño

con frases de amor y emociones

o quizás escribirte algo que te  alegre

hoy que sufres mi desaire. 

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En esta soledad infinita de mi verso

le arrancare los ojos al pasado

para que no me siga 

ni tampoco me halle. 

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Quebraré las piernas al tiempo

para que no me alcance tan pronto

hoy que enrumbo mi inevitable viaje

en esta soledad infinita de mi verso

que no es más que un puñado de letras

alborotadas por lo que hoy siento

en este espacio de presencia inestable  

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RETROCEDIENDO AL MAÑANA 

Ayer pude ver, mucha gente, sí, fue ayer

Como si fuera hoy aun lo recuerdo.  

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Todos conociéndose  en un mismo color

ya sin miedos, ya sin  odios,

caminando abrazados sin silencios

sobre el pasado: ahora polvo del camino

que el viento esparce con ensaño.

Fue mucha gente, muchísima

cantando sonrientes a la vida

y a todo lo aquello que pude ver ayer:

espacio indescriptible, inexplicable

para  este tiempo aun de humanos,

aun lo recuerdo claramente.

Se muy bien que pronto despertare

y que todo será lo mismo

lo se porque el frió de la noche,

de esta noche donde aun duermo me lo dice

entonces será prohibido 

hablar de los sueños como este

que aun recuerdo como si fuera hoy. 

Y que este mundo aun no conoce

y que aun prohíbe que se hable…… 

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TEXTO Nº 02

FRUTO DIVIDIDO

A veces mentías. Indiferente

a mis oídos, impulsados a la felicidad

por tu voz

pero callabas verdades del amor

siempre mirando mi frente oscura. 

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Hoy te vi con aquel muchacho

que en tu vida iba primero por tu puerta,

por tus manos, por tus ojos. 

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Me sentí el hermano taciturno

de su dicha. 

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Algo en mi interior te decía adiós

cuando sentiste mi presencia. 

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Sé que no conoces nada del dolor

ajeno

ni de inocencias corrompidas;

que solo sabes excusas y pretextos. 

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Y me llamaste una vez más

Para darme explicaciones

Que no te había pedido. 

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Hoy caminamos por vías distintas.

Fui un hombre tan sólo

y me pregunto por qué de de morir

por un deseo. 

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Pero tú, mujer en la distancia

cual fruto dividido por un cuchillo

eres la íntima amiga de la mitad

mordida

y  jamás recogerás lo que ya se cayó

al barro feral por donde se enloda mi amargura. 

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TIEMPO

Tal vez por que existe el tiempo

hay lago más que el desaire del minuto

y la inmadurez fatal del año anterior

o la candidez del mes en curso.

Tal vez hay algo de cierto en la música

que se escribe en la sombra

y nos dice algo el reloj

después que le demos cuerda en la mañana.

Es que todos los siguiente días y años

Son para cambiar de tema

a esta poesía

al fraude de esta vida

y a la mujer cruelo el hermano hipócrita.

Es que a veces es mejor el año

que sigue y el siguiente

después de un divertido fin de año

para engrandecer minúsculas pasiones

para voltear la última página

de fuego del infierno. 

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SOLITARIO 

Solitario contemplo el fin del día

la cabeza sumergida en la luz

las manos las manos las manos

Cerradas como las paredes.

solo viajo a un poema

por el territorio blanco del papel. 

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Está mi vaso de agua

en la muerte de las estrellas

ante mi ventana. 

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Persona sin asombros sin deleiteslas

emociones nulas de la sombra

las mentiras en mi alma

sin sacerdotes ni titos de paso. 

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Me asiste sin embriaguez el hijo

del viento alado, de la superficie

azul de todo misterio.

¿Me duermo sin pánico por un día nuevo? 

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Pero mis ojos abiertos

llaman a las horas largas

y el sol disgusta sin palabras

cuando acaba las noches

y las hermanas de los sueños  

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AMOR, DE DEJO POR OTR@ … LA POESÍA

Por Nicolás Hidrogo Navarro 

Que qué tiempo toma escribir un poema y transformarlo en libro. Hay dos tiempos que toma hacerlo: uno mental, para elucubrarlo, producirlo, pulirlo y ponerlo a tono al público. Al inicio nace endeble, añoso, lleno de farragosidades, incongruencias, reiteraciones, enclenque, con una debilidad estética a la que hay que rediseñar y levantar con todas las ayudas, condimentos y soportes estructurales. El otro tiempo, es el cronológico, el de la espera del auspicio, imprenta y librería o el de caminar con la poesía bajo el brazo con mil y un puertas que en vez de abrirse, se cierran.

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Un trozo de buena poesía, de aquella calibrada, pensada, profunda y que haya pasado un riguroso control de calidad estética, puede ser tan refundida que puede perder su primigenia concepción original, hasta quedar como el crisol aurífero: apenas una chispa refulgente y que todo lo demás se haya evaporado en humo fatuo y negro.

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Cuando uno se acuesta con una mujer, al inicio y al final pueden parecer gloriosos; pero el grueso del tiempo intermedio, tedioso; cuando uno se encama con la poesía al inicio es doloroso comprenderla y nos duele dejarla al final; pero los intermedios son angelicales, de espasmos a espasmos incontenibles y a borbotones, la sientes multiorgásmica, incontinente.

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En tiempos de velocidad, materialismo visual – y no intrafusión espiritual- estrés, apremio fugaz, exigencia y presión laboral, es difícil sostener una encerrona con la poesía y dejar a todo el mundo esperándonos afuera hasta después de haber quedado más que satisfechos, extasiados, adentro. Para la poesía sola hay el tiempo ocioso – tanto en concebirla como en regodearse con ella- o lóbregas noches donde la martirización o el deseo de expulsar puede más que  el sueño o la pensión de mañana a las 7.30 a.m. Y como la poesía requiere de tiempo, es necesario que alguiens e sacrifique ¿o ell@s o la poesía? 

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LA CITA MOTIVACIONAL DE LA SEMANA

«La escritura es ese lugar neutro, compuesto, oblicuo, el blanco y negro en donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la propia identidad del cuerpo que escribe.»

Roland Barthes 

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Ilustración: MUGS

http://www.writersmugs.com/

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Centro Cultural PUCP

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BOTERO "El dolor de Colombia" 

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La Pontificia Universidad Católica del Perú a través de su Centro Cultural, la Embajada de Colombia en el Perú, El Instituto Nacional de Cultura, la Municipalidad de San Isidro y el Banco Interamericano de Finanzas presentan:

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FERNANDO BOTERO: El dolor de Colombia,

que se inaugurará

el miércoles 15 de noviembre a las 7:30 p.m.  

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La exposición pertenece a la colección del Museo Nacional de Colombia y consta de cincuenta obras, veintitrés óleos y veintisiete dibujos, en su mayoría inéditas, que tienen como protagonistas los muertos, desplazados y huérfanos producto de la violencia que sufre Colombia. La comisaria de la muestra es Luz Edilma Ruiz, coordinadora de las exposiciones itinerantes del Museo Nacional de Colombia.“La idea de esta colección es que en el futuro la gente recuerde el momento trágico que ha vivido el país, para no repetirlo. Como en medio de la gente buena y de un paraíso, hay cabida al dolor y a la tragedia”, afirmó Botero acerca de la muestra. 

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SOBRE BOTERO

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Fernando Botero (Medellín, 1932) inicia su actividad artística en 1948 como ilustrador del periódico El Colombiano. A partir de 1952, viaja a España, París e Italia donde estudia a los grandes maestros. Se familiariza con el arte del renacimiento italiano y se apropia de la plasticidad total que le transmiten Piero della Francesca, Tiziano e Ingres. Es estudiando a estos artistas que adquiere mayor claridad sobre el espacio y el volumen, acentuando el deseo por lo enorme, lo fuerte y lo monumental. En Washington, la Unión Panamericana auspicia su primera exposición individual en Estados Unidos (1957). A los 26 años es nombrado profesor de pintura en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Bogotá. En 1973, se instala definitivamente en París.
Desde fines de los setenta expone sus pinturas y esculturas en varios países tanto en Europa, Asia como Estados Unidos. En 1984, dona al Museo de Antioquía una sala de esculturas y 18 cuadros a la Biblioteca Nacional de Bogotá. Su afición por los toros le lleva en la década de 1980 a dedicarse casi en exclusiva a este tema.La misma voluptuosidad e ingenuidad que caracteriza su pintura, se encuentra en la escultura cuya producción se inicia en París en 1973, se trata en su mayor parte de figuras y animales de tamaños grandiosos y desproporcionados de gran singularidad. En octubre de 1992, se exhiben sus esculturas monumentales en París, llevadas luego a Nueva York y Madrid. En un reconocimiento sin precedentes, Botero es invitado a exponer su obra en la Plaza de la Señoría, en Florencia, distinción que, hasta ahora, solo se le ha otorgado a él (1999). En el año 2000, decide entregar a su ciudad natal una importante colección de obras de su autoría y de artistas internacionales. Su generosidad con la cultura de su tierra suscita la respuesta de la administración municipal, que se compromete con hacer un gran museo para albergar la obra del maestro. En el mismo año entrega a Bogotá, 136 de sus obras y 52 de artistas famosos, parte de su colección privada. En el 2004, Botero hace una nueva donación al Museo de Antioquia, el cual contiene la colección más grande de la obra pictórica y escultura del Maestro.

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SOBRE LA EXPOSICIÓN “EL DOLOR DE COLOMBIA”

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A pesar de que se pueda hacer una conexión directa entre las escenas de esta exposición y hechos ocurridos en Colombia durante las últimas décadas, las obras de Botero hacen una alusión general a la violencia que se ha intensificado desde los años ochenta. Período en el que el negocio ilícito del tráfico de drogas disparó los índices de criminalidad. La violencia política aumentó después de 1997, no sólo con las muertes en combate sino con los constantes homicidios, secuestros, extorsiones y atentados en contra de la población civil.

A partir de 1999 el artista tuvo la voluntad de recrear en pinturas la dramática situación del país. Pintó cuadros con vestigios de un momento histórico, en los que recogió el “folclor oscuro” por medio de la representación de la muerte de Pablo Escobar. El tema de esta exposición se aleja del concepto del arte como productor de placer, representando personajes que viven sucesos trágicos y recientes, en la que Botero plasma esa situación, sin querer hacer juicios, pero rechazando la violencia.

Botero nunca pintó inspirado de manera directa en hechos históricos o en eventos de la realidad inmediata, pero con el transcurso del tiempo la situación de violencia experimentada en Colombia empezó a verse reflejada en su obra, ante el deseo de producir un testimonio artístico del momento, primero de manera alusiva y posteriormente mediante referencias concretas. La reconstrucción artística del conflicto que se propuso, se reduce finalmente a unas cuantas imágenes o símbolos, como una necesidad que uno siente de no vivir de espaldas a esta situación dolorosa.Las obras donadas al Museo Nacional fueron expuestas en México, Estocolmo, Copenhague, Holanda y Francia, entre los años 2001 y 2003. En ellas no se encuentra una crónica periodística o una reflexión política, sino el deseo de registrar mediante la pintura, situaciones o personajes de la historia colombiana reciente. Ante la magnitud de la tragedia el pintor sintió «la obligación moral de dejar un testimonio sobre un momento irracional de nuestra historia».

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FERNANDO BOTERO: EL DOLOR DE COLOMBIA será inaugurada el 15 de noviembre y permanecerá hasta el 30 de Enero del 2007. El ingreso tendrá un costo de S/.2 a beneficio de la Asociación de Emergencia Ayacucho, organización sin fines de lucro que tiene como misión el sostenimiento de los Hogares “Juan Pablo II” de Huanta, Huancapi y Vilcashuamán donde acogen a 100 niños, además de brindar ayuda a los jóvenes egresados de los hogares y trabajar en la asistencia social y psicológica de niños y jóvenes en Huamanga y Lima, víctimas o descendientes de víctimas del terrorismo. El horario de la Galería del CCPUCP es de lunes a domingo de 10 AM a 10 PM.  

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Por consultar las actividades de la PUCP,

consultar su sitio:

http://www.cultural.pucp.edu.pe/  

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Claribel ALEGRÍA/ Francisco Javier SANCHO MÁS

Claribel ALEGRÍA/ Francisco Javier SANCHO MÁS

  

"Entre escritura y compromiso elegí el testimonio"

Por Francisco Javier SANCHO MÁS 

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A los 81 años, la poeta nicaragüense acaba de recibir en Estados Unidos el Premio Neustadt a toda su carrera. En esta entrevista recuerda su formación junto a Juan Ramón Jiménez y habla de su compromiso político y de las actividades de su taller de poesía en un hospital infantil de Managua. 

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Claribel Alegría, de 81 años, nació en Nicaragua y fue llevada de pequeña a El Salvador por miedo a las consecuencias de las simpatías de su padre con el rebelde general Sandino. Juan Ramón Jiménez la tuteló en sus años de estudiante en Washington. Su primer libro, Anillo de silencio, lo editó el mismo Juan Ramón en 1948. Luego seguirían más de una veintena de títulos de poesía, novelas y testimonios. Soltando amarras (Visor) ha sido su último poemario hasta el momento. Claribel acaba de recibir el Premio Neustadt, tal vez el más importante otorgado en Estados Unidos a la obra de un autor. Entre los finalistas de este año figuraba Philip Roth. Un vaso de ron y un cuenco de frutos secos reciben siempre a quien la visita, al caer la tarde, cuando el aire se alivia del calor sofocante de Managua y todo vuelve a ser posible.

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PREGUNTA. Con el título de su último libro, Soltando amarras, es inevitable pensar en una despedida.

RESPUESTA. No, no. Es que después de la muerte de Bud, mi marido, no pude escribir por mucho tiempo. Era un ser excepcional. Pensé que no iba a seguir siendo yo nunca más en la vida. Pero la poesía vino a rescatarme. Era el momento de despegarme, no como una despedida, sino como una manera de hacer más fácil el tránsito.

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P. Hay un poema suyo que se plantea la responsabilidad con los muertos. Pensando en la cantidad de amigos que ha perdido, por ejemplo, Juan Ramón Jiménez, ¿cree que llegó a ser como él la soñó?

R. Creo que sí, porque seguí mi vocación. Él me hubiera querido mantener en una torre de marfil para que nada me afectara y pudiera dedicarme a escribir completamente. Yo acudía con regularidad al apartamento en el que vivían él y Zenobia, en mis años de Washington. Juan Ramón me guió los primeros pasos en poesía. Yo quería lanzarme al verso libre y él me condujo a la métrica tradicional. Decía que eso era lo primero antes de aprender a caminar sin muletas. Ni siquiera aceptaba que me casara, y yo le refutaba que él también se había casado, pero él pensaba que en el caso de las mujeres era distinto.

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P. ¿Era tan metódico, tan obsesivo, como se dice?

R. Sí. Me llamaba la atención su ortografía, de un estilo que yo llamaba persa. Escribía todos los días a lápiz, porque decía que la pluma manchaba demasiado el papel. Clavaba los poemas en las paredes y en las puertas, y a medida que paseaba cerca de ellos los iba corrigiendo. "Yo tacho", me decía, "casi nunca agrego nada; el poema tiene que ser así: esencia".

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P. De la torre de marfil y luego de vivir en París y en Deià, se dedicó a las luchas de los setenta y ochenta en Centroamérica. Hay un verso suyo que explica, creo, su forma de entender el compromiso: "Porque aprendía a quererme / puedo sangrar con tus heridas".

R. Ese poema se lo dediqué a Juan Gelman. En ese tiempo estaba sufriendo enormemente porque su hijo junto con su esposa embarazada habían desaparecido. Cuando nos lo contaba yo sufría con él, y me di cuenta de que uno tiene que quererse primero para luego sufrir con los otros.

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P. Su compromiso siempre ha sido a través de la literatura. ¿Nunca tuvo la tentación de la política?

R. Es que no soy política. Bud me decía que lo mejor entre la escritura y el compromiso era el testimonio, porque no es periodismo como piensan muchos, sino historia viva, lo que se cuenta. Eso no ocurre tanto en la poesía, porque ese tipo de poesía puede llegar a ser panfletaria.

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P. ¿Volver a Nicaragua con la revolución sandinista y quedarse para siempre fue una ingenuidad o una corazonada?

R. Entre la razón y el corazón, siempre me ha ganado el segundo.

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P. Antes el papel del escritor estaba más claro, ¿no?

R. Sí, un poco más. La generación actual es la de los jóvenes del desencanto. Pero el papel del escritor sigue siendo el mismo: el de estar alerta a lo que ocurre dentro y fuera de uno mismo.

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P. ¿El hecho de que usted asista a un hospital para hablar de poesía a los niños es un ejemplo de ese estado de alerta?

R. Sí. Voy todos los miércoles con Ernesto Cardenal al Hospital Infantil de Managua. Hacemos talleres de poesía con los niños que tienen leucemia. Es una experiencia increíble. Empezamos leyéndoles, después les damos lápiz y papel, ellos escriben y luego los compartimos en voz alta. A algunos les perdemos la pista, bien porque fallecen o, la mayoría, porque son dados de alta. Estamos trabajando para darles continuidad.

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P. ¿Qué tipo de poemas les leen a los niños y cuáles les gustan más?

R. De todo, pero en especial poemas de nicaragüenses, y también de Juan Ramón, de William Carlos Williams. Los haikus les gustan mucho, sobre todo, si tienen que ver con animales.

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P. ¿Aún desea sorprender a la muerte? Lo digo por ese poema tuyo: "Por qué no detenerme en esa esquina / y sorprender a la muerte por la espalda".

R. (Ríe). Ese poema fue escrito no porque la desee, sino porque no le tengo miedo, y ahora que está más cerca, menos todavía. Siempre me ha dado rabia cuando dicen que a alguien "le sorprendió la muerte". Yo no quiero que me sorprenda, sino salirle al paso y decirle "aquí estoy". 

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A leer:http://amediavoz.com/alegria.htm

http://www.patriagrande.net/el.salvador/claribel.alegria/

http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=crit,php&wid=185&show=poemas&p=Claribel=Alegr%EDa

http://es.wikipedia.org/wiki/Claribel_Alegr%C3%ADa

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Oscar PORTELA

Oscar PORTELA

 

Oscar Portela, nacido en la provincia de Corrientes (República Argentina) el 5/13/50, es considerado hoy por las más importantes voces de la literatura de su país, como una de las más potentes voces de la poesía y el pensamiento latinoamericano. Administrador Cultural, ha ocupado importantes funciones en su provincia y ha integrado por dos periodos consecutivos la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritores de la Argentina, presidente de la misma entidad en su Provincia, Director de revistas como Tiempo y Signos, entre otras, es y a sido Asesor de Cultura de la Honorable Legislatura de la Provincia de Corrientes. Doce títulos de su obra poética editadas (Senderos en el Bosque, Los Nuevos Asilos, Memorial de Corrientes, La Memoria de Láquesis, etc), y obras ensayísticas en las que se ocupa preferentemente del pensamiento filosófico contemporáneo, (Nietzsche sonámbulo del día), le han valido la consideración de importantes pensadores de su país.  

Ha publicado en España, México, Venezuela, Paraguay, y casi todos los medios de prensa de la Argentina y dictado conferencias en España, Paraguay y provincias Argentinas. Asimismo es especialista en critica e historia del cine y es autor de letras de obras musicales en su mayoría inéditas. 

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E-mail : portelao@hotmail.com
Página personal : http://www.universoportela.com.ar/
Otra : http://www.arrakis.es/~joldan/oportela.htm   

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Fragilidad

dedicado a Sabinne.

por Oscar Portela



Eres el Ángel. Estas aquí, encarnado.
Junto a mí. Eres mi abismo.
La frágil belleza que lo destruye
Todo. Tus manos no son Manos.
Son las Ligeras Alas que el viento
Agita sobre la tierra árida
Desposada a mí llanto.
Si lo supieras,  ese saber también podría
Destruirme. Ni un instante siquiera
Podría soportarlo. Es el ámbito
Donde el abismo busca el Éter y ambos
Sellan un  nuevo pacto.
Mi corazón estalla. ¿Como un mortal
Podría soportarlo? Encegueciéndose.
Pero en tinieblas veo estremecerse
Todo lo que a tu paso siente
La presencia del Ángel.
Imposible fue y será soportar la
Medida deste infinito que sopla aquí

A mi lado. Insomnio Eres Tú.
Deja que éste mortal consuma
Sus temores violáceos y vuelque sus
Cenizas en honor de tus Alas.



Oscar Portela/ noviembre 10 del 2006-11-10

Ilustración: Salvador DALI

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Museo Thyssen-Bornemisza : SARGENT / SOROLLA

Museo Thyssen-Bornemisza : SARGENT / SOROLLA

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Naturalistas Impresionistas, jamás

Por Maite Armendáriz Azcárate 

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Más de un centenar de obras de estos maestros de la pintura se presentan en el Museo Thyssen-Bornemisza y en Fundación Caja Madrid hasta el 12 de febrero. La muestra viajará a Francia, donde podrá visitarse en el Petit Palais de París hasta el 13 de mayo de 2007.Presentadas como dos biografías en paralelo, la selección ilumina las coincidencias que existen en la creación de ambos artistas y de paso aclara una fase mal comprendida del desarrollo de la pintura moderna.  

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"Ambos amaron la pintura apasionadamente y sus gustos se inclinaban en buena medida por los mismos artistas del pasado. Aunque sus maneras de pintar eran diferentes, sus modos de concebir la pintura eran parecidas", asegura el comisario de esta muestra, TomÀs Llorens. Su objetivo al montarla es reivindicar, iluminar la obra del norteamericano John Singer Sargent (1856-1925) y del español Joaquín Sorolla (1863-1923; dos grandes de la pintura mundial que si bien gozaron de éxito y vivieron cómodamente del fruto de su trabajo fueron luego injustamente catalogados. Porque "tras el cataclismo de las dos guerras mundiales, la cultura del siglo XX había evolucionado destruyendo la historia cultural de su pasado próximo", asegura Llorens: "El relato se escribió desde la tesis del triunfo de las vanguardias marginales de comienzos de siglo". Explica que los artistas no vanguardistas, como Sorolla y Sargent, fueron interpretados por medio de descriptores imprecisos, como el de "luminismo", etiquetas acuñadas bajo la influencia del modelo histórico dominante.

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Robert Rosenblum, catedrático de Bellas Artes de la Universidad de Nueva York, concuerda que ha llegado el momento de Sorolla y Sargent, en su opinión los resultados de esta exposición exigirán revisar una parte importante de la historia del arte.

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Contemporáneos en su producción artística aunque muy diferentes por su nacimiento, educación y personalidad les une el conocimiento mutuo de su obra, por la que ambos manifestaron su reconocimiento y admiración. Sin ir más lejos uno de los pequeños bocetos al óleo de la serie "Triste herencia", marina en la que la luz tornasolada se refleja en el mar, el cielo y las carnes, lleva la siguiente inscripción: "Al pintor Sargent/ J. Sorolla y Bastida 1903".
 

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Maestros de luz y color

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Tal vez porque a ambos les une el interés por los efectos de la luz y del color han sido calificados como impresionistas y aunque fueron sutiles conocedores de la poética y hallazgos de este movimiento, su formación se mantuvo al margen de éste. En ellos no hay propiamente un deseo revisionista. Aspiraron a hacer algo duradero a consolidar la permanencia de lo fugaz. Más que impresionistas siguieron la gran tradición e ideales de la pintura europea de los siglos XVII y XVIII.

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La asociación entre sensibilidad, franqueza y libertad había sido fomentada por los impresionistas, explica el experto español Carlos Reyero, pero formaba parte de una tradición europea que siempre se había fascinado por la soltura en el trazo, "
una tradición que recorre el arte desde Van Dyck a Gainsborough, pasando por Velázquez, en cuyos ideales se habían formado tanto Sargent como Sorolla".

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Las 113 obras reunidas en esta exposición proceden de más de 50 prestadores diferentes, tanto museos como colecciones particulares de todo el mundo. Entre las que prestaron más cuadros se encuentra el Museo Sorolla de Madrid, el Museum of Fine Arts de Boston y la Hispanic Society de Nueva York, así como el Metropolitan de Nueva York, la Tate, el Victoria & Albert Museum y la National Gallery Portrait de Londres, también llegaron desde los museos D'Orsay y Petit Palais de París.

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Incomprendidos

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Sargent, hijo de norteamericano pero nacido en Florencia, como el valenciano Sorolla se proponen hacer una pintura moderna, pero personal. Se inclinaron por tres tipos de temas: la pintura de género, el retrato y los encargos decorativos, sabían que estos estilos tradicionales ya no eran tan bien vistos por algunos de sus pares pero era tal su virtuosismo que trabajaron con entusiasmo en este campo en los que por lo demás cosecharon un seguro pasar.

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Si el retrato fue la tónica más lograda en el caso de Sargent, la pintura de género, es el tópico favorito de Sorolla. Jugaba con él, imbuyéndole unas veces de un riguroso realismo y otras de un lirismo que alcanza la inmediatez de un diario pintado.

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La exposición se encarga de demostrar que, como ocurrió con Monet, en el caso de Sargent y de Sorolla fue durante los últimos doce o quince años de sus vidas cuando su obra alcanza la culminación de pasión y excelencia pictóricas por la que debería ser finalmente recordada.
 

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Biografías pintadas

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Los diferentes tópicos que unen las dos biografías quedan claro a lo largo del recorrido por las diversas salas del imponente Museo Thyssen-Bornemisza, ubicado en Paseo del Prado, en el corazón de Madrid. Las primeras salas muestran por separado los comienzos de ambos artistas. De Sargent se selecciona un conjunto de lienzos de pequeño formato y carácter íntimo. Aquí se ven retratos de Madame Gautreau brindando (1882-83) o Robert Louis Stevenson y su mujer (1885). En cambio las de Sorolla son obras de gran formato, dirigidas a los Salones españoles, dentro del movimiento de denuncia social que atraviesa la pintura de ese país hacia finales del siglo XIX. De este primer lote destaca las escenas costumbristas marineras como "La vuelta de la pesca" (1894) ó "¡Aun dicen que el pescado es caro!" (1894), en las que su valorado tratamiento de las luces del ocaso y tintas oscuras dramatizan la composición.

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En las salas siguientes las obras de uno y otro, como los retratos de grupo y la pintura de figuras de sus últimos años, van jugando con las miradas del visitante.

Están las que pintó Sargent en España tal como "Patio de los Leones de La Alhambra" (1879) o "El baile español" (1879-80). Y también sus venecianas tempranas donde se centra en la representación de la luz, de los espacios interiores y de la vida íntima de la ciudad del agua.

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Infaltables son a esta altura las escenas playeras de Sorolla. Como se sabe, el valenciano desde que nace juega en las orillas del Mediterráneo y su pincel evoca las escenas familiares salpicadas de mar.

Los retratos de Sargent ponen de manifiesto su facilidad de situarse entre lo antiguo y lo moderno. En poco tiempo este artista se convierte en el retratista más mimado de la alta sociedad británica y norteamericana: magnates como Rockefeller o Vanderbilt, presidentes como Theodore Roosevelt, intelectuales como Robert Louis Stevenson o Henry James son fielemente captados por su paleta. En tanto, los retratos individuales de Sorolla penetran en lo psicológico, recogiendo tal vez lo más expresivo y lo más sincero del modelo.

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La exposición continúa en las salas de la Fundación Caja Madrid. En ese edificio de la Plaza de San Martín la visita se inicia por los retratos de grupo y de aparato donde queda de manifiesto la admiración que Sargent y Sorolla prestaban a las obras de Rubens, Van Dyck y sobre todo a Velázquez. Su asombro común por Las Meninas es el vínculo más claro entre ambos artistas en este tipo de obra.

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Enseguida se revisan los proyectos para grandes instituciones que ambos maestros dejaron para la historia. Sin duda la tarea más ambiciosa en este ámbito de Sargent son los murales que pintó para la Biblioteca de Boston. En tanto ocho años de intenso trabajo le significó a Sorolla emprender los Proyectos para la Hispanic Society (.1911-1918), encargados por el mecenas estadounidense Archer Milton Huntington.

En las últimas salas sobresale la armonía entre figura y paisaje como lo grafica las "muchachas vestidas de blanco" de Sargent y la "La Siesta" de Sorolla. Entre los apuntes de viaje se descubren las acuarelas que el norteamericano pinta a partir de 1903. El recorrido se extiende entre las ciudades del Mediterráneo u Oriente Próximo, Corfú, Constantinopla, Jerusalén ó Líbano.

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Pero si de jardines se trata, Sorolla es el que mejor los recrea. Como en toda su creación parece que el tiempo se hubiera detenido, sobre todo en los jardines hispano-arábes de Andalucía.

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A consultar : 

http://www.museothyssen.org/thyssen_ing/home.html

http://en.wikipedia.org/wiki/John_Singer_Sargent 

http://jssgallery.org/

http://es.wikipedia.org/wiki/Joaqu%C3%ADn_Sorolla

http://www.epdlp.com/pintor.php?id=376

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DESTIEMPOS.COM

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destiempos.com 

E-mail : redaccion@destiempos.com

Sitio : http://www.destiempos.com  

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Roger Vilain, Venezuela (1970). Licenciado en Letras. Profesor de Literatura y Filosofía en la Universidad Nacional Experimental de Guayana (Venezuela). Posee estudios de posgrado en Lingüística. Actualmente culmina un posgrado en Filosofía. Ha publicado dos libros: "De gatos y de hombres" (Fondo Editorial Predios, 1995) y "Hojas secas" (Ediciones de la Universidad de Los Andes, 1996). Articulista de opinión en el diario "Correo del Caroní", así como en Venezuela Analítica. Colaborador en diversas publicaciones electrónicas. 

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PARA FUMADORES

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     Fumar, afirma alguien sumergido hasta la coronilla en el gran vicio, “ése sí que es un placer”. En tales honduras me ha dado por meterme, ante lo cual añado lo innegable: un tabaco luego del café llega de perlas, justo a la hora en que asoma sus colmillos la modorra postalmuerzo, especie de aura catatónica que se presenta así, como una liviandad inocua, para de a poco arremeter con el peso de una roca en cada párpado.

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    Viéndolo bien, fumar tiene sus uñas calando de lo más hondo. Después de la cópula amorosa muchos sostienen que el cigarrillo es un auténtico broche dorado. No faltaba más, pasar del jolgorio y del jadeo, de la carne hecha explosión a la quietud más absoluta entre bocanada y bocanada, tiene su cuota de sentido, aun cuando semejante escena  a estas alturas sea cliché, rutina cinematográfica, marca hollywoodense usada y registrada hasta que se diga lo contrario.

    Fumar, si a ver vamos, goza de salud envidiable gracias a la resistencia heroica de los fumadores, asunto que a mí, para nada dado a escuchar razones que otros más desocupados y un tanto entrometidos lanzan a los cuatro vientos (siempre con la linda intención de convencer al prójimo, digo, convencerlo de que llevarse un pitillo a los labios es cosa mala, mala, mala) me encanta y me llena de renovadas esperanzas en el ser humano, pues nada peor que andarse por ahí anhelando que otro cambie mientras que quien ardorosamente lo desea resulta la inmutabilidad en pasta. Qué va.

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    Yo vislumbro la cuestión desde otros ángulos. Y es que la nobleza del fumar trasciende al vago que se echa día y noche en brazos de la Polar y de la Belmont. Fíjese que no muy lejos (de la nobleza, aclaro) anda la pipa de la paz, especie bastante alentadora sobre todo por lo que representa en el preciso instante de firmar cualquier fin de cualquier guerra. Fumarla, más temprano que tarde, es el horizonte que pretende definirse, la salvación que todos ansían, el humo pacificador que nadie osaría no respirar.

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    “Fumar es un placer, sensual...” dice la letra de un tango. Nada más y nada menos: de los arrabales al Olimpo, de los mismísimos antros a la garganta de un Gardel. Bogart, el mítico Bogart, sabía de estas cosillas, y ahí queda para siempre su imagen a fuerza de talento, pero también de cigarrillos ladeados que serán lo que usted quiera menos un accesorio como otro. Por supuesto que fumar no es cualquier cosa, y por tamaña verdad, en vez de la muy desabrida “se ha determinado que el fumar es nocivo para la salud. Ley de impuestos sobre cigarrillos”, debería ocupar su lugar un verdadero anuncio, nada restrictivo y por completo alentador, algo así como el subrepticio mensaje que traería aparejados trozos de felicidad, de cielo en las entrañas de la Tierra: “se ha determinado que  fumar tiene su lado bueno, mire usted cuánto de humano recogido en una cajetilla”.

      Porque, la verdad sea dicha, entre lo humano y lo divino se pasea este noble vicio. No en balde un personaje novelesco, de cuyo nombre no me acuerdo ahora por más que le exija a la memoria, sentenció con meridiana lógica lo que era digno de esperarse, es decir, “al cabo de unos días culminó Dios la creación. Vio que lo creado era bueno. Entonces encendió un cigarro”. ¿Quién podría dudarlo?

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    En el Don Juan de Molière, la escena número uno del acto primero inicia con el parlamento de Sganarelle, quien lleva una tabaquera en la mano y suelta como si nada lo siguiente: “Digan lo que quieran Aristóteles y toda la filosofía, no hay cosa alguna que iguale al tabaco; en él cifran su pasión las personas bien nacidas, y quien sin tabaco vive no merecería siquiera vivir”. Menudo golpe sobre la mesa. Suscribo esa idea, claro está, porque me quedo con el humo a mediodía, con Molière y con Sganarelle, con el personaje novelesco de lógica sabia y cortante, y con el señor  Bogart. Me quedo, por supuesto, con la pipa de la paz y con las bocanadas que suceden a todo encuentro amoroso que se respete. Y me quedo, también, con “Un cigarrito y un café”, clásico gaitero que sonó a millón alguna vez por estos lares. Con todos ellos me quedo. 

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SEXO ORAL

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     La vida es un saco de gatos y hace falta cumplir años para darse cuenta. El otro día un amigo hablaba del genérico masculino, y decía que su supervivencia, que su soberbia vitalidad cuando de darle a la lengua se trata, es  muestra indudable de que en  asuntos de lenguaje el machismo era cosa de lo más común.

     Ponía ejemplos de sobra, y para darle fuerza a su argumento se sacaba de la manga aquella frase lapidaria: “Todos los hombres son mortales”, asunto que hace presente, claro, el hecho meridiano de que al decir hombre se dice también mujer, aunque ésta brille por su ausencia. Y ponía otros: “Los políticos son unos desvergonzados”, “Los de aquí son los mejores estudiantes”, “Éstos obtuvieron un pobre rendimiento” o “Los niños del mundo representan la esperanza”. Así, aunque ellas, las obviadas damas, estén implícitas en las oraciones anteriores, mi buen amigo se rebela ante semejante insolidaridad lingüística. Golpea la mesa con los puños por lo que a todas luces, según su perspectiva, no es más que otra forma, y vaya forma, de exclusión sexista.    Pero un saco de gatos es un saco de gatos, qué se le va a hacer. Y lo que es peor, a veces tendemos a que la confusión aumente de manera exponencial. Carlos Andrés Pérez, vivo como una ardilla, se olía el asunto y entonces disparaba a quemarropa: “Venezolanos, venezolanas”. Los de ahora, como si estuvieran muy conscientes de que las serpientes se muerden sus colas, espetan llenos de felicidad: “compañeros y compañeras”, “usuarios y usuarias”, y hasta “niños, niñas y adolescentes”. Un avance es un avance, imposible negarlo.

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    Así que le sigo la corriente y le doy la razón. Mi amigo pone cara de vencedor, de guerrero triunfante. El lenguaje tiene la culpa y no nosotros, por supuesto, que jugamos con las palabras a través de los siglos y somos quienes moldeamos significaciones, procuramos cambios semánticos, y en fin, percibimos matices en cuanto a maneras muy particulares de aprehender esta realidad que terminamos construyendo. Ni modo, como en política, en quehaceres gramaticales los chivos expiatorios están a la orden del día, al punto de que aquí el índice acusador apunta nada menos que a la mismísima lengua. Menudos gatos los de este saco.

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    Pero le doy la razón, he dicho. El tipo alza los brazos (quizás las brazas, cuidado con las exclusiones) al cielo (y a la ciela), coge un cigarrillo, o cigarrilla, para finalmente sentir que su causa tiene fundamento (¿tendré que escribir fundamenta?) y todavía, aunque no lo parezca, seguir creyendo en individuos e individuas capaces de arrojar lanzas (y lanzos, porque lo que es bueno para la pava de seguro lo será para el pavo, qué duda cabe) en aras (también en aros) de la igualdad, la horizontalidad y el trato equivalentes.

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    Mi artículo, que también es una artícula, creo yo a estas alturas que va haciendo (y hacienda) justicia (obvio que también justicio) a los excluidos de ambos bandos.  Naturalmente, uno y por supuesto una a veces termina por no cumplir del todo, ni de la toda. Pero algo es algo, y alga, que para lo demás poco a poco iremos, y claro, iremas, viendo cómo salir adelante. Mientras tanto, vuelvo a repetir que mi amigo tiene toda la razón. Salvemos a las chicas de la exclusión gramatical, que de la exclusión en los trabajos, en las sociedades, en las calles, en las universidades y en la vida mire usted que el asunto exige otras broncas y no pocos cabreos, algo más difíciles de sobrellevar.

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    Pero es que la vida es un saco de gatos. Nada menos que un saco de gatos. 

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Articulo: http://www.destiempos.com/n5.htm  

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