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Revista Literaria AZUL@RTE

PERÚ

Salomón VALDERRAMA CRUZ

Salomón VALDERRAMA CRUZ

  

Salomón Valderrama Cruz nace en abril de 1979 en Chilia, Departamento de La Libertad (Perú). Realizó estudios en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Universidad Nacional Federico Villarreal. Aparece su primer libro de poemas Encrucijada el año 2002 y, en el 2003, Anemómetro. Ha sido publicado en revistas y otros medios de difusión literaria de Perú, Argentina, Chile, Brasil, Venezuela, Colombia, Estados Unidos, México, El Salvador, España, Puerto Rico, Francia, Canadá y Alemania. Ha sido antologado en Generación del 2000?: Muestra de Poesía Joven  (Círculo Abierto Editores, Lima, 2006.) Está por publicar los libros, Facción de imperdido al arte y Amórfor 

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E-mail: facciondeimperdidoalarte@yahoo.com 

Paginas personales:

http://sol-negro.blogspot.com/2006/08/salomn-valderrama.html ; http://www.eldigoras.com/eom03/2004/2/aire38svc07.htm ; http://www.bestiario.com.br/25_arquivos/pishtako.html ; http://www.andes.missouri.edu/andes/Comentario/SV_MartinAdan.html  ; http://www.omni-bus.com/n9/eielson.html#r0 ; http://www.bestiario.com.br/maquinadomundo/ed5/salomon.htm  ; http://www.enfocarte.com/6.28/cruz.html ; http://www.palabrasdiversas.com/archpal/lavoz.htm ; http://www.elcoloquiodelosperros.net/curioso12.htm#salomon   

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7 poemas del libro inédito «Amórfor» 

Poesía: Me gusta pensarte insaciable, aborrecible Amable... hermosa basura reciclable  De “Fantasmas del alimento.”   No hay noche sino largo día en que me escondo a descansar mi muerte a repasar los densos óseos que me nutren indias ultrajadasde un falso tiempo antagónico de bellezas exhumadasretozando cabales tropos en que leo detenido y me reconozcosevicia cuando los cuerpos son conquistados por las manos de Artevicio potencia palabra placer solaz jurásica y cuaternaria niña veloz jaula de las aves que caminan de mi propio recuerdo esperpento virgen de infinitud después de la propia muerte el grito del Sol como un procaz apareamiento en lo que figuro ser yo que engendra a las aguas que desesperan cada vez que la luna está derramada de negro que se torna rojo cuando las aguas brotan de las mitades duelen cuando el oro ya no es oro y las madres ya no son las que cubren desenfreno y cueva del instinto alcoholizado o religión de mis espectros peatones.  

De Artevicio: “El sanador del Cielo”.    

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Los Funerales de Atahualpa 

Para mis amigos, los inmortales, de El Averno 

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No existe límite seguro en esto de morir para ser filmado

Si hasta parece ser que siempre se ha rezado para morir…

Qué contemplación hermosa puede haber en esto de vivir

Hijo del no rezado, del no parido

Tú puedes ser blanco pero yo soy la sombra del ilimitado

El negativo de rezar

El negativo de morir

Soy el Fin, el bello, el imaginado

El llano, el puro, el llorado

Soy la poca fe de los espejos

Pero me verás y seré tu premio

Raza, rasgo inmortal para ser americano

Y despertarás…

Corazón oscuro dirás:

¡Qué negativo el de vivir dormido!    

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Último periódico  

Qué espanto

Que, precisamente, esta calle esté limpia  

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No renuncia a cuerdo ilustración rifada

Divina maquinaria del mirar reelecto

Ante musicar levedad tardía especto

Rascacielos de holgado primero o nada.  

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No anáfora al gritar… no calle de vivir

Astrologar recuerdo en que dormir desnudo…

Relevancia a suspender lo que se queda mudo…

Relleno de castillo coleccionar: No abrir.  

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Anónimo, ingrávido, masticar: Acero.

Nunca extraordinario; nunca libre… insano

Discuto polvo, a no olvido, a no temprano

 

Por final o abran parapetado lucero…

Remedo estar y no reconocido zarpar

Loco de hacer hasta no florecer, trazar mar…   

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Lima, Pachacámac, Junio de 2006. Salomón Valderrama Cruz      

Ilustración: http://sapiens.ya.com/incasnet/

Salomón VALDERRAMA CRUZ

Salomón VALDERRAMA CRUZ

Pachacámac  

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¡Ay, Inti, verás que soy yo la que quema…

¡Todas, vieja o niña, hermosas!  

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Hace mucho tiempo quise ser mortal pero no pude…

Y hoy no quiero bajarme de carne y hueso

Dame brazos para bajar a ti, eternidad

Y beber la luz universal del delicado

Todo

Que mi estrella sea esplendente, invencible… y negra

Que lo que soy no te impida hacerte impío

Porque la piedad de matar no es un secreto

Y lo real es lo más perecedero

Vive en mí, poesía inmortal

Desafía el caduco arte de subir…    

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Los decapitados  

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Y aunque soy libre prisionero del deseo

Por esfuerzo, yermo, tomaría una alegre… 

El amor nos lleva colgando

Y siempre nos parecemos

Porque brotamos de la Nada…

Las manos nos comemos

Y tu cabeza, mi cabeza, es la de cualquiera

Sonrisa, ramo, carne fina

Yo te entierro, tú me entierras

Jamás la primavera

No te preocupes…

No me ames

Te amo por ser negra    

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Fobista del Cansancio  

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Lucida del rocío pecaminoso, envísteme

Del tiempo, destierra cumbre abismal de la Nada

Volando voy redondo en moto

Residuo de la flor en que durmió 

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Indefenso de atrancar… rampar los caminos

Árboles que invaden el terror de la noche

En defensa pensar en hombre no en veneno

Universal Sol, viérteme palaciego… Columna  

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Cuatro… Paraísos de sensualidad tardía

Locura emigrante de hiena y dichosa

Eliminar de día, imposible, de noche

Crear humillación de estilo: Hundimiento 

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Monstruo de que sabes cuarenta y seis idiomas

No olvidas… comes, escupes libros soñados

De risas, en artísticas estrangulaciones

Cavar con puerta al vacío… no rechazado

 

Infernado en la ventana sin contemplarla

Para no escabullirse… poder de gusano

Idiotizado, libre hasta desinfectar la luz

Risorgimento… lamento. El tiempo estático  

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Mía, cual deformador en habitación de tú

Rojo extinguido asustador del negro Sol

No hablar, no mirar, no escuchar, no ir… sentir

Ecos… Abrigado de soledad, donde quiera  

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Aguas del Sur nacer… a beber mitología

En falta: Ser el inmortal hijo de Kay pacha

Herético bailador de la noche animal

La muralla, hocico o laurel de la montaña 

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Bacanales de otras eras perdidas…

Pensar Cántico, vocales asesinas de inocencia

Preñada: Poesía no es cama de hombre

Naciendo, no destino… no vagina… no hermano…  

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He de haber soñado vida, atacar, es igual

Que florecer… Fallecer, es igual, que bendecir

Astuto, ilógico, fobista del cansancio

Pordiosero, billonario, por basura, estudioso 

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Dónde está el artista visionario que deslumbra

En plenitud el acto puro del cagar. Porque

Aún recuerdo ese amanecer en que vi el defecar

De mi princesa… Porque hasta Dios caga cuando piensa  

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Loa, abismo reumático de todo nuestro amor

Vida, poesía es, no vida… sólo pienso en poesía vivida

Fumarte es como besarte Santa, con ropa

Beber es como lamerte con Hielo, desnuda 

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Y si pudiera mataría a todo aquel que no Me gusta.

Lo descuartizaría, haría una ensalada

Y lo repartiría entre la vida amada.

Y cuando Se discuta si soy inocente diré que soy culpable 

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Y cuando digan que soy culpable diré que soy

Inocente… porque prefiero todas las veces

Transgredir, soñar… el día morir por inanición

De amor que pedirte ayuda hombre berdum…    

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Estación canto  

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Belleza, espanto de azar

Planeamos la extinción

Pero nos brota una canción…  

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Acuático de octubre sufres… permaneces

Que vigilante la estación de las gaviotas

Así tal la luz se esconde entre la sombra

Ay, pobre de la sombra cautiva y de la luz 

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Porque conductor desenterrado de los cielos

No impide reconstruir hasta la última vida

Terminal de ahogo lastimado… infinito

La noche además sabe viajar de luz en luz 

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Todo prisionero de La Libertad amada

Hogar, torre del límite bebido…

Oh, Santo… Pobre… rico… tardía sed de volar al mundo

Basurero o depósito de Fe… Viajera 

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Girar a girar… reír basural que espanta

Estrago, árbol de acero.

Tú, crucifixión Revolución a limar… desaparición saltar…

Morir, morir, matar y hasta no vivir… Morir  

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Hijo… Economía la patrulla de los tiempos

Manumitido libertador de la luna

Vuelo, vuelo, porque vuelo volante tengo

Alas luchar… para vejar, mejor no despertar.    

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Belleza helada  

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¡oh, vida!, no viviendo donde vives,

y haciendo porque mueras

las flechas que recibes *

San Juan de la Cruz  

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La suma del mal es el bien...

La resta del bien va en mal...

Hay bien y mal en el camal

De Dios, que perdona también; 

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Una multiplicación ser.

Hora, no mirar, división.

Tonar una mala canción;

No amar, desaparecer.  

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Tú, lentitud de caminar

Amordazar, tiempo, azar

No pensar, jamás, volumen.  

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Célula del corcho sentir

Belleza helada, lumen

Atolondrar fin y vitir.   

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Lima, Pachacámac, Junio de 2006. Salomón Valderrama Cruz 

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Ilustración: Patricio Madura (Chile)

Leoncio LUQUE CCOTA/Pedro PERALES

Leoncio LUQUE CCOTA/Pedro PERALES

 

Leoncio Luque Ccota, nació en Perú (Puno – Huancané) el 02 de abril de 1964. Siguió estudio de Economía en la Universidad Nacional del Callao (1985) la misma que abandonó un año después, para seguir estudios de Educación en la especialidad de Lengua y Literatura en la universidad Federico Villarreal. Publicó los poemarios Por la identidad de las imágenes (1996), En Las grietas de tu espalda (2001) y Crónicas de Narciso (2005). Actualmente estudia la Maestría en la Universidad Nacional Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta).  

Blogg: http://noblekaterba.blogspot.com/          

http://cronicaskaterbianas.blogspot.com/  

E-mail: leoncioluque@hotmail.com    

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LAS “EDADES” Y “EL LIBRO DEL AMOR Y LOS ENCUENTROS”, Y SU ANUNCIADA PUBLICACIÓN DE POEMARIO “MÁSCARA DE JADE” DE PEDRO PERALES  

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Entre  “Edades” (1996), “El libro del amor y los encuentros” (2001) y la anunciada publicación de su tercer poemario “Máscara de Jade”, de Pedro Perales; fui a buscarlo a su casa de San Juan de Miraflores, Pamplona Alta, donde muchas veces tuvimos la oportunidad de conversar sobre nuestra poesía y los proyectos conjuntos. A Pedro Perales lo conocí en la UNFV, cuando dirigía la única revista universitaria cultural “Sirka”  que intentaba ventilar y parche al vacío cultural que se respiraba cuando llegué como cachimbo a esa universidad.  Nuestro acercamiento, fue por cuestión de ruta creo, ya que yo vivo en Pamplona Alta. Esta ruta nos permitió conocernos y conocer por mi parte, su poesía, en especial  “Sólo respetando a los ídolos”, que no se llegó a publicar.Desde 1987 hasta la fecha son veinte años de conocernos, donde hemos vivido momentos de confabulación, como antes, dentro y fuera de Noble Katerba. Y es aquí, que el año 1996, publicamos por primera vez juntos tres libros de poesia en la Biblioteca Nacional del Perú, los libros  Edades, El libro azul, y Por la identidad de las imágenes, y por coincidencia, igual en el año 2001, El libro del amor y los encuentros, En la grieta de tu espalda, y Maka. Coincidencia o no, no sé. Sabemos que cada libro tiene su propio ritmo, mitos, que sólo a veces el autor nos puede ayudar a delucidar.  Y es por eso que he decidido entrevistar a este amigo, más que realizar una inquisición. Pedro Perales labora en la Biblioteca Nacional del Perú, hace más de quince años, como especialista en literatura, además de dictar Taller de Creación Literaria, en BNP. Aquí con la primera pregunta:  

LL. Pedro es verdad que la poesía está marcada por el sello de la experiencia, ya sea individual o colectiva, y en esto tú  no escapas.  Porqué el título de tu primer libro “Edades”, ¿tiene que ver con el contexto familiar social en que creciste?  Ya que, hablas de la travesía del hombre por el tiempo y el espacio, como “…un largo viaje labrado de piedras lacerantes y fecundos sacrificios”. 

P.P. Sí, tu percepción es exacta. Cómo escapar de las vivencias individuales. Y al afirmarlo, te das cuenta que hasta me auto compadezco. En la adolescencia y en la primera madurez, esta manifestación artística fue muy criticada por mis pares. Me atrevería a decir, que en los medios en que me desenvolvía, la libertad que te brinda la poesía no eran entendidas, había  como una envidia pugnas que lo invadía todo. Los lugares en los que me desarrollé eran duros y complicados para un joven sensible que estaba recién construyendo un vehículo de comunicación, esto era frustrante.Edades, se construyó como un canal de salvación, era una forma mimética a la   vez real y sensible de verme a mí mismo como un hombre que lo ha superado todo. Fue desde el momento en que se concibió una forma positiva de liberarme de los fantasmas reales y ficticios que convivían en mi mente y en mi entorno.   

¿Cómo influyó exactamente, la atmósfera social en que viviste para dedicarte a la literatura? 

Sabes, ahora que me preguntas, siempre tuve que manejar una dicotomía, como un sino. Este elemento de enfoque individual ha sido una terrible carga con la que he tenido que combatir todos estos años. Me refiero a que desde muy joven cuando escribía breves líneas, que bien podrían ser ahora fragmentos de poesía, me preguntaba, qué era lo que estaba haciendo. Pero al hacerlo descubría que era una forma de confrontarme y a la vez dar paso a un espacio sosegado de tranquilidad. Como tus veras los espacios en que me desarrollé no eran apacibles, digamos que mi infierno empezó cuando ese caos exterior pareció apoderarse de mis pensamientos. He ahí la sublimación del caos a través de la poesía.   

En este primer poemario veo un desarraigo a todas luces. Yo sé  que viviste en Barrios Altos, un lugar limeñísimo, para luego trasladarte a Pamplona Alta( de extracción serrana y costumbre provinciana), un lugar al que nunca te acostumbraste. ¿Este lugar te dejo alguna huella poética como experiencia? 

Sí, una sensación de encierro de caja china, yo, ya era un desarraigado en los Barrios Altos. Imagínate llegar a un lugar, en dónde la desconfianza del serrano ante el intruso lo marcaba todo e imagínate, enfrentarte con la otra cara el cholo acriollado pedante y mal intencionado que conocí. Mucho se habla de igualdad, óyeme, he vivido una escolaridad totalmente discriminadora.Veras que solo he marcado un sesgo del desarraigo, ahora también tengo los íntimos los que marcaron mi vida para siempre. No sé si lo que cuento sea una huella poética, pero si fueron marcas que sellaron mi posición en determinados momentos. Ahora que te expreso esto, me atrevería a decir, que con el libro que está por salir cierro el triángulo. Edades, el libro de la liberación lacerante y es en realidad un grito.El libro del amor y los encuentros, la actitud más noble y equilibrada. El obsesivo amante del mundo y Máscara de Jade, que es una deuda con el descubrimiento personal que ya había empezado con Edades.   

¿Cómo intelectual, tuviste un compromiso con alguna organización social en el tiempo de violencia que nos tocó vivir entre el 80 y los 90? ¿Cómo te afectó personalmente? 

No, nunca me atrajeron. El desarraigo también lo viví por ese lado. No me avergüenzo al decir, que fui en cierta forma un espectador. Pero no insensible escuchaba y veía con pánico la realidad del país, sobre todo cuando comenzó a golpear la cercanía del barrio en que vivo.   

¿Qué te llevó a escribir poesía? Algún llamado interior consciente o colectivo? 

Tengo la impresión que era la forma en que mejor se adaptó mi espíritu. Las frases cortas y sentidas a las emociones intensas que viví en esos momentos. Sobre el llamado, creo que fue un llamado consciente de necesidad de salvación. A partir de ese primer abrazo elementos subconscientes se hicieron visibles empecé a tomar conciencia de ellos.   

En que momento asumiste conscientemente la actividad creadora como un acto consciente y público? 

En los años de Universidad. Yo sólo quería escribir mis breves cosas o pensar en ellas, pero no a la vez quería ser conocido, paradójico, no? Me presenté a un juego floral. Quedé segundo recuerdo. Esto sucedió en el segundo año de Universidad. Después me encontró “Voe Mya” un grupo que apostaba por la vida poética. A veces creo, que no fue bueno haberlos conocido tan rápido. Necesitaba más tiempo para mí. Pero así ocurrieron las cosas.   

¿Tú crees que la poesía es un oficio, como cualquier otro? 

No como cualquier otro. Es una actividad especial que requiere mucho del escritor y a la cual le robamos tiempo con otras actividades.   

Cuándo leo tu poesía, encuentro epígrafes de V. Aleixandre, en especial en tu primer libro, pero en El libro del amor y los encuentros, percibo más bien el espíritu de este poeta, en todo el poemario. ¿Por qué? 

Nunca había reflexionado en esto, pero supongo que fue una proyección de lo que posteriormente fue el segundo libro. Si, Vicente Aleixandre estaba presente, entiendo que es una figura emblemática para mí por la serenidad que transmite en muchas de sus poesías. En mi caso era la necesidad, una búsqueda.   

¿Hay alguna influencia en especial que ha marcado tu poesía? 

Soy un escritor de intuiciones y de épocas. Las emociones me enervan y si es el momento escribo. No interesa que estos espacios estén distantes en el tiempo. En realidad he escrito poco. Pero no me siento mal por esto. Creo que respondo a mi propio ritmo. A mis propias improntas vivenciales.   

Volviendo a Edades, tu primer libro de liberación, te descubre como un hombre sensible, a quien la experiencia del tiempo parece que te marcara. ¿Es verdad eso? Ya que el libro lo divides en dos temas de reconciliación: Travesías del hombre y su encuentro con el resto? 

Ahora que lo mencionas. Edades, era un libro de liberación. Y como toda liberación, lamento o queja surge libre, sin ataduras he ahí la precariedad, en parte del texto. Por supuesto su organización, pienso que originalmente se vio así. Pero también, pienso que era  inicio de un gran proyecto por venir.   

¿Más allá de la función estética, la poesía debe tener una función social o moral? ¿Tal vez podrías contestar porque se achaca a Noble katerba, de no haber tenido un compromiso real con la sociedad de su tiempo? 

Creo que ninguna función. Solo el disfrute y la contemplación. Creo que el compromiso “real” lo cumplieron otras personas. Cada uno cumplió su rol. En NK, fueron coincidencias. Como tú verás mi lucha individual fue tan cruel e insensata como la lucha que se dio afuera.   

¿Qué relación estética hay entre Edades y El libro del amor y los encuentros? Tengo la impresión que existe un hilo que se rompe entre ambos. A decir verdad, tengo la idea que son dos personas diferentes los que escriben ambos libros. Fui víctima de una esquizofrenia creativa. El primero contempla. El segundo actúa. Al leer, tu último libro El libro del amor y los encuentros, a mi modo de ver, percibo una evolución hacia una poesía surrealista que engarza al amor un tanto liberador, llenos de imágenes que transfigura las palabras? ¿Qué hay de cierto en eso? 

Más que una evolución, y esto es una confidencia, creo que es el resultado de explosiones individuales, cada uno en distintos momentos, por distintas razones. La primera la liberación montaraz de experiencia sucesivas arrastrada por años. La segunda, la liberación de las emociones por una mujer, que a la vez son todas las mujeres.   

Vienes anunciando la publicación de tercer poemario “Máscara de jade”, nos podría dar un adelanto, sobre que versa. 

Máscara de jade, reúne poemas divididas en forma intuitiva. En el poema inicial Intenté liberarme de un karma muy sentido para mí las penurias de mi madre con quien tuve emociones ambivalentes en vida de ella de amor y odio. Pienso yo que emociones de este tipo terminan de marcarte definitivamente. Utilizo el verso para exorcizar esas emociones. En la segunda imágenes diversas como en un alambique se cruzan y reclaman vida propia las presento como un haz de fotografías.   

Hay algo que quisieras agregar 

Si, que la ruta ya está marcada, que no hay vuelta atrás. Esta  certeza en vez de hacer agobiante el descubrimiento le da un matiz de encanto y de obsesión a lo que he ido descubriendo en mi proceso creativo. Para mí las amistades que aunque pocas han sido familias en las que liberé parte de mi ternura y la poesía una forma de hacerla extensiva. La fiereza y temeridad de algunos versos no han sido sino el irrefrenable oleaje en que a veces me he visto son pedido en mi travesía en medio del océano.  

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Ilustración: Galienni

http://www.galienni.com/sommaire.php3 

Leoncio LUQUE CCOTA/José Emilio PACHECO

Leoncio LUQUE CCOTA/José Emilio PACHECO

 

Leoncio Luque Ccota, nació en Perú (Puno – Huancané) el 02 de abril de 1964. Siguió estudio de Economía en la Universidad Nacional del Callao (1985) la misma que abandonó un año después, para seguir estudios de Educación en la especialidad de Lengua y Literatura en la universidad Federico Villarreal. Publicó los poemarios Por la identidad de las imágenes (1996), En Las grietas de tu espalda (2001) y Crónicas de Narciso (2005). Actualmente estudia la Maestría en la Universidad Nacional Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta).  

Blogg: http://noblekaterba.blogspot.com/          

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E-mail: leoncioluque@hotmail.com    

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A PROPÓSITO DE “ISLAS A LA DERIVA” TREINTA AÑOS DESPUÉS, DE JOSÉ EMILIO PACHECO Y UN ENCUENTRO  CON ÉL Y SU POESÍA 

Por Leoncio Luque  

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UNO 

Me parece  haberlo conocido desde mucho tiempo y con esa confianza que me ha dado su poesía, en especial el poemario Isla a la deriva (1976), busqué a José Emilio Pacheco, en esta última Feria de Libro que se llevó en Lima, con la única intención de cruzar algunas palabras y conversar si fuera posible sobre el libro mencionado, que tenía entre manos como un tesoro incunable desde hace mucho tiempo. 

El primer día no pudo ser. Al segundo día sí. Al término de la presentación de su novela, me acerqué para mostrarle mi simpatía y afecto. Él muy amable me sonrió con esa naturaleza particular del ser humano que busca la cercanía del cariño, después del poderío de la palabra que mitifica al poeta. Le mostré el libro publicado el año 1976 editado por Siglos XXI editores, se emocionó, miró con  ojos expresivos al poemario como si encontrara un hijo perdido al cual recuperara por un momento, después de largos  años de extravío. Luego me pregunto desde cuando lo tenía en mi poder (el libro, claro), yo le dije, desde hace quince años como texto de cabecera, por lo que se emocionó más y me abrazó como si yo le debiera algo. Un fotógrafo nos tomó una foto para abreviar el momento fugaz (foto que hasta la fecha no llega a mi casa) y en correspondencia a su afecto, le obsequié mi poemario “Crónicas de Narciso”, ediciones Noble Katerba.  

Los jóvenes en  particular se acercaron para conversar con José Emilio Pacheco; era comprensible el momento y la oportunidad. Ya que nos visitaba después de muchos años. El muy amable firmaba autógrafos, daba su impresión sobre las preguntas que llovía; entregó su dirección electrónica a quien  solicitaba, daba consejos y todos se mostraban satisfechos. Trató de atenderme ante el tumulto de jóvenes que le abordaban para sacarle una dedicatoria, él  me dijo, no te vayas, espérame, te tengo una sorpresa. Yo esperé  leyendo uno de sus poemas iniciales de su libro, titulado: Horas altas, que había leído en varias oportunidades y me parecía el más indicado para el momento:  

En esta hora fugaz / hoy no es ayer/ y aún parece muy lejos la mañana.  Hay un azoro múltiple, / extrañeza/ de estar aquí, de ser / en una hora tan feroz/que ni siquiera tiene fecha. /  ¿Son las últimas horas de este ayer / o el instante en que se abre otro mañana? Se me ha perdido el mundo/ y no sé cuándo / comienza el tiempo de empezar de nuevo. / Vamos a ciegas en la oscuridad, / caminando sin rumbo por el fuego.  

Culminada la aglomeración me invitó a acompañarle. Conversamos. Se le acercaban las personas interesadas en él. Llegamos al stand de la editorial que había publicado su novela para  esta Feria. Encontramos a Alonso Cueto, Premio Herralde por  “La Hora Azul”, firmando autógrafos.  Se repartió vino. Hubo brindis en nombre del poeta. Instalaron una mesa y una silla para que  continúen firmando los autógrafos a los presentes. Definitivamente era una hora punta el momento, las ocho de la noche. Los visitantes de la Feria a  se aglomeraban alrededor del stand, miraban y preguntaban quién era. Yo decía, es el poeta vivo más importante de México, absolviendo las preguntas. Seguía esperando y conmigo muchos. Él  seguía firmando autógrafos y  no me  perdía de vista. En una de esas, encarga a una dama a comprar un libro. Regresa con el encargo. José Emilio, me llama y me entrega el libro. Es para ti me dice. Yo miro el libro y es el poemario  Isla a la deriva Segunda Edición (NUEVA VERSIÓN): 2006, impreso y hecho en México. Yo digo: gracias, y un abrazo fuerte a este poeta. Me lo dedica: A Leoncio, Lector ideal de este libro. Su amigo agradecido. 30 años después. José Emilio Pacheco. Yo le agradezco por el gesto, lo abrazo nuevamente y me despido, no sin antes entregarle otro de mis libros para que obsequie a quien desee  en México. Y él sigue firmando autógrafos. Y yo me voy con esa experiencia de conocer al gran poeta mexicano José  Emilio Pacheco, repitiendo sus versos al final de este encuentro: 

En esta hora fugaz/hoy no es ayer/ y aún parece muy lejos la mañana. Hay un azoro múltiple, /extrañeza/ de estar aquí, de ser/ en una hora tan feroz/que ni siquiera tiene fecha.”   

Y ahora que escribo este texto, lo más importante no es una foto con el poeta, sino su presencia magnánima en el evento y lo que nos dejó, su sensibilidad humana, importa más que mil palabras en este encuentro.   

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DOS 

La práctica de la poesía es un ejercicio  de memoria, de imaginación y de inteligencia. Un trío que funciona a la perfección. Así se presenta la poesía en  Isla a la deriva, poemario publicado hace treinta años (exactamente 1976), que hasta ahora nos confirma con plenitud, esa convicción poética iniciada por Emilio Pacheco. Y la  prueba palpable de  esta poética de rigor y libertad, es que en este libro se desplaza una sensibilidad a toda prueba con el tiempo, de preocupación humana y la presencia del mundo con los seres que se oponen al deterioro, ante el  frágil poderío de la palabra, donde el espacio destruido,  es señalado para volver a ser habitado. 

La poesía es un bien común de la humanidad y así lo entiende  José Emilio, por eso intenta cercar la individualidad, y  explorar otros ámbitos, otras realidades textuales que como fugaces historias que iluminan el firmamento, a partir de su experiencia personal. Isla a la deriva es un poemario que pone de manifiesto el drama de la existencia humana, visto a través de un moderno  prisma poético, cómo  la historia, la naturaleza es agredida, cómo las aventuras de los viajes aparecen en el espacio poético de este poemario. La calidad innegable de este poemario se mantiene en el tiempo, porque justamente, el poeta pone de manifiesto el drama de la existencia, los grandes temas de todos los tiempos, en el temperamento de un hombre de nuestros días, de alguien que entiende, cómo la destrucción  es caudalosa, mitigada o redimida en ocasiones por la gracia y la generosidad del lenguaje poético, que el poeta nos trata de ilustrar para iluminar y hacernos reflexionar. 

Cada página de este libro está atravesada por la conciencia de la fugacidad. Y como sabemos, el  quehacer del poeta,  es apenas una mirada de lo que percibimos, “entre objeto y palabras” que se escapan, muy a pesar nuestro. La función y tarea del poeta es nombrar el mundo, traducir, traerlo a nuestro sentido, es navegar por la vida para registrar las huellas esenciales del tiempo, con una poesía que se piense a sí  misma, conforme con la naturaleza. Los títulos de este  poemario sugieren un libro de navegación de lo transitorio a la deriva, pero que en palabras del poeta se traduce en iluminaciones, reflexiones, metáfora del ser humano,  que a pesar de su condición fugaz y de su entorno,  es capaz conquistarnos la sensibilidad, redimida por la Poesía.  

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Ilustración: Galienni

http://www.galienni.com/sommaire.php3

Leoncio LUQUE CCOTA/ Denisse Vega Farfán

Leoncio LUQUE CCOTA/ Denisse Vega Farfán

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 Leoncio Luque Ccota, nació en Perú (Puno – Huancané) el 02 de abril de 1964. Siguió estudio de Economía en la Universidad Nacional del Callao (1985) la misma que abandonó un año después, para seguir estudios de Educación en la especialidad de Lengua y Literatura en la universidad Federico Villarreal. Publicó los poemarios Por la identidad de las imágenes (1996), En Las grietas de tu espalda (2001) y Crónicas de Narciso (2005). Actualmente estudia la Maestría en la Universidad Nacional Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta).  

Blogg: http://noblekaterba.blogspot.com/          

http://cronicaskaterbianas.blogspot.com/  

E-mail: leoncioluque@hotmail.com

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LA SOLEDAD EN LA POESÍA DE DENISSE VEGA, UNA ENTREVISTA A LA POETA JOVEN PERUANA,  QUE DICE QUE:“Escribir es mejor que ir al médico, una iglesia, hablarse frente al espejo, 

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Cuándo me puse a leer  Generación del 2000? Muestra de poesía joven, (excelente edición de paso) que los amigos de Claroscuro me entregaron como préstamos, el día 12 de agosto, al final del Taller de Poesía al Aire Libre. Me quede con  la sensación de haber encontrado un libro significativo  que contenía una poesía fresca por la edad de los seleccionados en su mayoría. Una antología, para mí, que  marca un derrotero en la poesía peruana, como fue Los nuevos de Cevallos, Estos trece, de Oviedo o La última cena, en los ochenta, publicado por Asalto al cielo editores, respectivamente; pero que en los noventa, no creo haber leído una muestra generacional que signifique una muestra del amplio espectro de sus integrantes.  Cuándo leo la Generación del 2000?. Muestra de poesía joven, me detengo en especial en la poesía de Denisse Vega Farfán (Trujillo, Perú, 1986).  Estudiante de Derecho en la Universidad César Vallejo de Chimbote.  Premio “Poesía a Vallejo” por  la UCVCH.  Autora del poemario EURITMIA (2005), que me atrapa y despierta en mi, esa sensación de goce estético y fresco que hace tiempo no sentía y  que se trasladaba  interiormente  carcomiéndome, esos  vacíos existenciales en que me debato para  dialogar  con la Poesía.Por esos detalles, me contacto con Denisse y solicito  otros poemas  con la única salvedad de leer más sobre la soledad que hilvana su poética y que todos como tema recurrente guardamos, pero que a veces se nos escapa y late en el mundo, nada más huidizo e indefinible que bajo la máscara de su propia ceremonia y contemplación.Yo creo que hablar de Denisse es tan sólo poner de manifiesto lo que ella dice de sí mismo. Es tratar de buscar lo que ella expresa como es la vida, a través de esta entrevista y nos entrega algunos poemas que ella nos cede, con una madurez inusitada 1“En nombre de los perdidos que se glorian...” de poeta.   

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Denisse, tú eres la poeta más destacada y joven de la antología: Generación del 2000?, muestra de poesía joven, conjuntamente con Pamela Lozán Béjar ¿cómo te ubicas frente a tus compañeros de ruta? 

Gracias, eres muy amable con tu comentario.  No obstante, no dejo de valorar otras voces incluidas en la Antología.  ¿Cómo me ubico frente a ellos?, pues sencillamente como una joven que en la poesía ha descubierto un fondo trascendente, y no puede contener lo que virtuosa y famélicamente se le alborota en los dedos.  

¿Cómo nació exactamente tu interés por la escritura poética? 

Antes de pasar al fondo de tu pregunta, me gustaría manifestarte que mi interés por escribir en sí (fuera de que si fue o no poesía lo que hice), lo motivó mi madre.  Como te comentaba, nací y viví en Trujillo hasta los siete años, época por la que falleció mi abuela que me criaba mientras mi madre trabajaba aquí en Chimbote.  Su ausencia era lo que me hacía escribir sobre cualquier papel que encontraba, llegaba al punto de desarmar las cajas de los medicamentos de mi abuela para escribirle.  Claro que lo que escribí no fueron versos, de eso estoy segura, digamos que volcaba emociones, pensamientos que me hacían estar cerca de alguien que estaba distante y que sólo veía los fines de semana.  Eso para mí era algo mágico, algo que no se podía comparar con otra experiencia.   Ella despertó eso, y en cierto modo se podría decir que aquello también fue poesía.   

Ahora, ya entrando al fondo, considero que mi móvil principal en cuanto a la escritura poética fue la necesidad de construirme mundos mejores o felizmente habitables con palabras.

“Al fin estás cansado de este mundo viejo”, diría Apollinaire; o lo que en palabras de Rimbaud sería: “no la búsqueda del cielo azul de los parnasianos, sino el abismo sin fondo de lo desconocido”.  Esto último justamente era siempre lo que me jalaba, quería saber lo que sentía, lo que había detrás de lo aparente, quería intensificar la profundidad de lo que vivía, darle saltos altos a mis angustias. Era una necesidad más allá del cuerpo y del alma, algo que bullía y pugnaba por ser expectorado. Esto comenzó en la secundaria.  Recuerdo que en los salones del C.E. “Salazar Bondy” (que fue el colegio donde estudié) me emocionaba con los versos de Storni, Vallejo y Octavio Paz.  Llegando a casa me ponía a escribir, un papel en blanco siempre fue mi mejor fiesta.  Aún conservo en algún armario los cuadernos que llené con mis balbuceos, con mis exploraciones ingenuas que no reparaban en atarse al papel en forma de nudos abultados o piezas rústicas, como toda principiante.  Poemas eso sí, con una pronunciada veta amorosa, y conservando esa actitud de rebeldía hacia lo que, en palabras de Ojeda es “el temor de un mundo ajeno a los sentidos”.   Etapa incipiente, en la que ahora reparo, tal vez fue necesaria, para lo que posteriormente iba a crear con más seriedad y consistencia.  Posteriormente el contacto con una mejor biblioteca me hizo conocer nuevos autores, que incrementaron mis ganas de seguir escribiendo, ser más pulida y exigente con mis escritos; y darme cuenta que la poesía me acompañaría para siempre.    

Yo creo que toda poesía es más o menos autobiográfica o testimonial,  ¿cómo se fue constituyendo tu primer libro Euritmia (2005)? ¿Te acuerdas de cómo surgen tus primeros poemas para este libro?  

Efectivamente, Euritmia (2005) es cien por ciento testimonial.  La constitución de este libro fue vertiginosa, lo empecé a escribir en ese mismo año por el mes de Febrero, en tres meses tenía el libro listo, y se extendió a dos meses más por las correcciones.  Estos poemas los escribí en las calles de Chimbote, en el Malecón Grau, en la playa, en el colectivo, en plena plaza, en un café, a veces esperando cola en el Banco o a mitad de mis clases de Derecho en la universidad.  Yo quería eso justamente, que los versos de ese poemario se escribieran en lugares espontáneos, sabía que lo que tenía que escribir no fluiría entre cuatro paredes.  Fue una experiencia maravillosa, el contacto con lo de afuera me ayudó mucho; también como el apoyo del poeta Ricardo Ayllón, un querido amigo que le hizo algunas observaciones a mis textos y del que aún estoy muy agradecida. Los móviles de Euritmia fueron mi hogar de Trujillo en La Mar, en donde viví los mejores años de mi infancia, el deseo, la pasión, el desencanto, la soledad; pero sobre todo el tránsito amatorio con un “alma gemela”.  Hay también uno que otro atisbo erótico.  

¿La creación poética, es  un oficio como cualquier otro, o es distinto? 

No, claro que no es un oficio como cualquier otro. Tal vez podamos encontrar ejes, puntos similares como la disciplina, la continuidad, la perseverancia. La poesía requiere de una sensibilidad que no cualquiera tiene la aptitud de desarrollarla, es decir, ciñéndonos al aspecto de la escrituralidad.  Ya que también soy de la idea de que hay gente que no escribe y sin embargo con sus actos hace poesía; porque poesía no es solamente lo que leemos en los libros.   Recuerdo que en alguna ocasión oí al poeta Marco Martos decir en alguna conferencia, que el poeta es un hombre poseído por el espíritu de la lengua; pensamiento con el cual estoy completamente de acuerdo.  La creación poética traspasa el filtro de lo mundano y desemboca en lo abisal, toca el limen de lo verdadero. Existen unos versos del poeta Roberto Juarroz, que recuerdo haber leído en múltiples ocasiones antes de escribir un poema: “no se trata de hablar/ ni tampoco de callar: / se trata de abrir algo/ entre la palabra y el silencio”; hermoso ¿no?; y esa no es una tarea como cualquier otra.  

¿Cómo ves las relaciones entre el poeta y el mundo?

El poeta necesita del mundo, motor de su inspiración, oxígeno de sus escritos; pero considero que ahora más que nunca el mundo necesita del poeta, y no sólo de él, de todo lo que tenga que ver con el arte, frente a nuestra patente involución humana.  Poeta como ejemplo de humanidad, de sensibilidad, de despierta conexión con el universo. “Todavía el hombre es más mono que ningún mono”, fíjate esto lo dijo Nietzsche hace más de un siglo en Así habló Zaratustra, y dime tú ahora si esto ya en pleno 2006 ha variado. Por otro lado, creo que no nos caería mal otro Allen Ginsberg en estos tiempos de precariedad pacífica.  

Yo estoy de acuerdo con lo último, se necesita varios aullidos ¿Crees en el poeta como ser elegido que tiene capacidad de predicción? 

Creo que ese presupuesto ya perdió legitimidad hace mucho, es decir, en cuanto a lo de “ser elegido” equiparándolo a la “divinidad”, para ser más clara.  Yo no sé si la poesía elige, pero creo que tampoco uno la busca, de pronto la sientes.  Son cosas a las que difícilmente le encuentras explicación, y justamente su hermosura radica en ello, porque no se explican, sólo fluyen.  En mi caso fue así.  Ahora, pienso que no necesariamente un poeta para considerársele como tal tenga que predecir, basta con que nos sacuda con su mundo, que nos muestre una realidad que nos remueva el piso.  Pero si predice, wow! en buena hora.  Aunque predecir algo a estas alturas en un mundo que se ha vuelto tan predecible, hum…sería anómalo.   Pero lo que sí pienso es que el poeta siempre tiene que revelarnos algo.  

Cuándo escribes tus poemas ¿los trabajas mucho o, por el contrario los dejas así, tal como salen en su primera versión? 

Antes emulaba a Mozart, el cual no corregía ninguna partitura, claro eso era antes cuando la poesía no tocaba mis puertas interiores tan fuerte e insistentemente como las toca ahora.  En ese entonces corregir un par de palabras para mí ya era demasiado. Creo que eso nos ha sucedido a muchos cuando empezamos a escribir.   Cuando escribo trato de perfilar lo mejor que puedo lo que en esos instantes siento, algo así como si les intentara tomar una fotografía a mis emociones.  Me preocupa mucho que el poema exprese la fuerza loca o sutil que quiera darle. Siempre me preocupa la cadencia, los acompasados golpes de los versos.  Es por ello que luego de escribir un poema lo leo varias veces en voz alta para detectar una palabra coja o una mala disposición. 

Si hay que corregir hay que hacerlo, pero si no, entonces dejo que el poema empiece a respirar, a caminar, a vivir tranquilo.  Normalmente esto último me sucede con los poemas cortísimos.   Tampoco soy tan maniática de estar enmendando un poema, pues pienso que así corro el riesgo de desnaturalizarlo, de desgastar la materia con el que fue concebido.  

Yo soy de los que creen que la poesía postula siempre a un estado utópico donde los hombres podamos ser hombres ¿cuál es tu utopía? 

Es una utopía muy bella la tuya.  Yo le agregaría a ello, el aprender a vivir verdaderamente, rescatar el contacto con los sentimientos reales y no quedarnos como estatuas ante la contemplación vertiginosa, angustiante y también bella del mundo.     

En la poesía siempre están presentes los grandes temas universales, como el amor, la muerte, que no son necesariamente una experiencia.  ¿Por qué en tus poemas hablas de la soledad? ¿Por qué este tema en especial?

Me agrada la escisión que haces al decir que estos temas no son necesariamente una experiencia.  La soledad es un tema que desde siempre me ha jalado, me ha circundado, la soledad desde casi todas sus aristas, como luz y como sombra. 

La soledad como luz, o lo que Krishna Murti quería dar a entender cuando decía que “hay una soledad que no es este sentimiento de soledad”, y converge en una bendición.  

Y la otra, la soledad como sombra, aquella que a veces va tras de mí o de los personajes de mis poemas con una hacha roja. 

La soledad es un bosque inmensurable donde puedes toparte con lobos y gacelas.  Hay que aprender a andar por él, y eso no nos enseña nadie más que el vivir, y no lo sabe nadie mejor que la poesía en mi caso. 

Lo que sucede es que ahora he prolongado mi temática poética en este último tipo de soledad, quizá, entre otros motivos, lo que leo también me influye. 

Nietzsche decía algo así como que hay que llevar dentro de sí un caos, para poder engendrar una estrella rodante.   Además en la creación poética tenemos etapas en las cuales nos aferramos a un tema en especial, por diversos motivos.  Por ahora me siento súper cómoda hablando de ello, lo cual no significa que ese sea mi único tema.   Ahora, lo que sí es innegable es que hoy más que nunca el hombre es un ser solitario que transita entre una multitud de soledades, es lo que sintió Baudelaire por ejemplo cuando afirmo “Multitud, soledad, términos semejantes”. 

El uso social nos vende la imagen de independencia, cuando ello es afirmar que no se necesita del otro, porque “independencia” es divergente de “libertad”.  La “independencia” genera una mentalidad de autonomía total, casi divina, el hombre es su propio Dios.  

Anulado el otro entonces, el hombre se convierte cada vez más en un individuo alejado, narcisista, lo que acarrea el detrimento de valores como la misericordia y la solidaridad, la fractura de la verdadera comunicación.  Pasamos de ser un emisor con un receptor, a un par de monólogos, cada cual apuntando por su lado.  Es innegable que necesitamos de “el otro” por innumerables razones, pero cada vez nos empeñamos en evadirlo más.  En este siglo la tecnología ha redoblado fuerzas creando un sin fin de aparatos para comunicarnos más, y sin embargo no sabemos hacerlo, qué tal paradoja.  Qué feo ¿no?, yo no quiero ser parte de ello, yo intento escapar de ello, o encararlo sanamente aunque sea con el arte.  

Por otro lado, amo la soledad, vivo enamorada de ella, la soledad me ha permitido hacer un montón de cosas, escribir poesía por ejemplo, pintar, viajar o estudiar bastante.  Mi soledad en ese aspecto es sagrada.  

Volviendo a la soledad. Es un tema recurrente que aparece en tu poesía, que acecha, que ronda, que amenaza, que siempre está presente y te persigue como en estos versos “Los libros me enseñaron a romper la razón / en casos de emergencia / la emergencia es esta soledad / corriendo tras de mí con una hacha roja” ¿Qué libros en especial te enseñaron a romper la razón en casos de emergencia? ¿La soledad es para ti una obsesión?  

La primera es una muy buena pregunta.  Me la haces e ipso facto se me viene a la memoria Rayuela de Julio Cortázar, se me vienen otros, Demian de  Hesse, La muerte en Venecia de Mann, En los extramuros del mundo de Verástegui, las Obras Completas de Pessoa, Libertad bajo Palabra de Paz, los Cuentos de Ribeyro, Los días pasan como caballos salvajes sobre las colinas de Bukowski, Donde todo termina abre las alas de Varela, Retrato de una Dama y otros poemas de Eliot, etc., etc., etc.  Pero sobre todo Cortázar, que he leído sus obras desde mi adolescencia y su lúcida locura me ha rescatado de incontables naufragios.  

Y la soledad como una obsesión, no tanto así, creo que todos tenemos etapas donde nos sentimos más solos; y quizá lo mejor que pueda hacer en esas etapas sea escribirlas o pintarlas.  

¿Qué relación secreta hay entre tu poesía y la de Alejandra Pizarnik, donde ella pide que su soledad “debería tener alas.” Y tú pides que escupa tu nombre? Como en estos versos: “Ahora sólo te pido soledad / que raudamente escupas mi nombre / mientras salgo como una polilla / por una de tus mangas” 

Pues ahora dejará de ser un secreto, nooo…mentira, no hay secreto.  Leí todas sus obras, las sigo releyendo, y no me dejo de maravillar, es una de mis poetas preferidas, tiene esa agresividad y elegancia, precisión y limpieza, oscuridad resplandeciente, esa meditación de la palabra sobre sí misma en sus escritos, que me mantienen fiel a ella. 

La admiro mucho y le tengo un profundo respeto.  E independientemente de que yo escriba poesía, pues creo cualquier persona que se siente sola y lee algo de Pizarnik se va a sentir muy identificada, como me he sentido y me siento a veces.  Justamente “La carencia”, que es el título del epígrafe que tomé para “1ra. Traición a la Soledad”, fue un poema que me remeció mucho cuando lo leí por primera vez, es sumamente doloroso y mágico, como un sol negro. 

Digamos que ambas nos hilvanó esa emergencia de empacarle sus maletas a la soledad, y embarcarla en el navío del naufragio sin pasaje de retorno.  

“El tiempo no se depila / la soledad se pela mejor con las manos y no somos más que un par de abismos musicalizando / los pétreos huesos de la nada.” Final de poema que me estremece. Quizás la soledad sea para tí un tema de auxilio, con respecto a qué   ¿acaso el vacío existencial?  

Es válida la soledad como auxilio a contraluz de la soledad como tormento.   Hay temporadas en las que siento que todo me ahoga, ¿y qué es lo que hago?, después de poetizarlo, me refugio en mi soledad como luz, y toda excusa puede llegar a ser válida con tal de arribar a esto. 

¿Tú crees que pueda existir una poesía completamente aislada de la realidad concreta? Naciste en Trujillo, y ahora vives en Chimbote, ¿en qué influye esas realidades en tu poesía? 

Es difícil encontrar algo completamente aislado del contexto en donde uno se encuentra viviendo.  De Trujillo conservaré siempre un gran estigma, está alternativamente en mis textos aunque de una forma muy disimulada y muy pocos lo noten.  La relación con Trujillo siempre estará activa, viajo para allá, camino largas horas por sus calles, visito sus playas cada vez que puedo.  Cada ciudad tiene una magia, y Trujillo tiene una incomparable a otra, demasiado especial. 

Quizá lo sienta tan así porque nací ahí, pero creo que aunque hubiera nacido en otra ciudad, Trujillo igual me atraería enormemente.  Acá en Chimbote, el mar es algo que me jala mucho, el mar es como una gran hoja azul llena de poesía, cuando no puedo ir a la playa en mi bici, me doy una escapadita al Malecón Grau para contemplar y escuchar la cadencia de las olas. 

A pesar de mi apego a estos lugares, es rarísimo encontrar en mis poemas alguna referencia sobre ellos, y eso es porque al momento de escribir es el poema el que termina decidiendo, se nos termina escapando de las manos, toma el timón y escoge la dirección que se le antoje.  Me refiero a mis últimos poemas claro, los que he empezado a escribir después de Euritmia, porque como anteriormente te señalé, ese libro tuvo mucha influencia de afuera, lo que no quiere decir tampoco que haya citado nombres de calles, nada de eso, pero en la mayoría de los poemas se siente la ciudad, el mar.   

Si te das cuenta hasta ahora sólo me he ceñido a un aspecto geográfico.  Bien, pasando ahora a la realidad social, de todas maneras trastoca, sin pretenderlo se refleja en el poema, la poesía te abre infinitos espacios, te abre los ojos de los ojos, cuando te das cuenta que el noventa por ciento de lo que te rodea, de lo que transcurre en tu ciudad se resume a la nada, el saber que cada vez existe menos espacio para los sueños, para la valoración de los sentimientos reales y la estirpe del cuervo de Poe nos invade, sumado a ello el cuarto de tragedia que nos toca a cada uno, es terrible.  Creo que no sólo acá sucede esto, sucede en todas partes, en algunas es más tangible que en otras naturalmente.   La poesía  es un exilio, pero también me encara en carne viva con la realidad.  Ahora, cuando escribo, es como ponerle orden a ese caos, surge la belleza entre toda esa maraña verbal, y es esa belleza que se logra, lo que al final me salva. 

Escribir es mejor que ir al médico, una iglesia, hablarse frente al espejo, etc. Pero existen también veces en los que al momento de escribir no pienso que vivo en algún lado, ni en Trujillo ni acá en Chimbote, ni en ningún otro lugar.  Habito el instante de lo que siento, el papel es mi ciudad y en él pueden suceder cosas más asombrosas de las que se ven más allá de las paredes de mi biblioteca.  

¿Por qué y para qué escribes? 

Escribo porque me hace experimentar una libertad más allá de la libertad misma, me encuentro, me esfumo, reconcilio lo claroscuro, todo lo puedo, todo lo destruyo o reconstruyo con las palabras, puedo pisar las nubes y la tierra a la misma vez.  Escribo porque existen zonas que sólo se descubren escribiendo, porque así lucho contra la marginalidad humana.   

Y escribo para vivir, sin poesía no vivo, ‘vivo’ en el verdadero sentido de la palabra, sería un ser doblemente vacío, sin rumbo. La poesía es como si fuera mi sangre, mi templo eterno. 

¿Cuáles son tus preocupaciones políticas e ideológicas? 

La exangüe inversión educativa, esa ha sido desde siempre mi preocupación.  La educación es fundamental para el desarrollo de un pueblo, tanto intelectual como espiritualmente.  La educación, es decir, “la buena educación” es un arma de defensa, a la cual considero, todos sin distinción debemos de acceder. No es extravagante encontrar a gente que no entiende lo que lee. 

La educación es base, en cuanto menos ignorante es un pueblo, menos podrá ser manipulado por los intereses económicos del Estado.  Esta es una realidad muy lamentable, somos un país que está en el último lugar en este aspecto, pasan los años y todo sigue inmutable.  En cuanto a la cultura, siento que nos falta identificarnos más con lo nuestro para saber hacia dónde nos dirigimos como país.  Y respecto a la literatura, el Estado debería participar con un auténtico compromiso, aunque pensándolo bien, por otro lado es mejor que no se meta con ella, porque si lo hace, la morderá.    

¿Cómo situarías tu poesía con respecto a la poesía actual y con respecto a la anterior? 

Eso tendrían que decirlo los críticos, la gente que me lee, que sigue mi poesía.  Autodenominarse en ese aspecto corre el riesgo de la parquedad o la exageración.  Además creo que tendría que pasar esta década para evaluarlo mucho mejor. Ahora lógicamente todo cambio generacional implica un contraste, ahora con la globalización mucho más, el mismo poeta Pablo Guevara en el prólogo de la antología indica que los poetas de hoy venimos con las armas de los globalizados.  Lo importante Leoncio, creo yo, es que la pluma no se adormece, la imaginación y la sensibilidad, el compromiso serio y responsable para con la poesía se siguen aceitando; y ahora más que nunca en los noveles poetas.   

¿Qué te gustaría a ti que se destacara de tu poesía? 

No lo sé.  Pero si alguien al leer mis poemas encuentra algo rescatable, magnífico; y si les sirve, si contribuye a innovar actitudes, despertar sensibilidad, mucho mejor.  Creo que esto último sobre todo es lo ideal para un poeta que publica sus trabajos, cierra el círculo.  

Me dices que vienes preparando un nuevo poemario, me podrías dar un adelanto de qué trata. 

Bueno, no es exactamente un poemario, es decir, no sé si lo vaya a ser, parece que sí porque estoy encontrando un nexo fuerte en mis poemas inéditos desde hace un buen tiempo.  Como dijo alguna vez Billy Collins, llegado el momento los poemas se buscan solos.  Pues bien, parece que estos ya se están empezando a buscar.   

Las temáticas que circunvalan mis últimos escritos, como ya  te has percatado, son la soledad (como luz-sombra), el vacío, la muerte, el vertiginoso túnel de luminiscencia;  pero todo esto alternado con la flora y la fauna; las cuales me han remecido sobremanera en mis últimos viajes a la sierra y la selva.  También como otros paisajes naturales que me atraen del extranjero, como el Río Sava en Los Alpes Julianos, o el gran lago Victoria en África; y los desiertos.  En fin, me fascina la magia de todo elemento creado sin artificios.  Hay  una sección de poemas cortísimos, y otra con nombres de puentes, justo de esta nómina al que más poemas le voy escribiendo es al Puente Villena, quizá por el magnetismo suicida que tuvo con varios artistas, siempre me tiene extrañada.  Abarco también las soledades de otros poetas, artistas y músicos.  

Sobretodo de éstos últimos, a los cuales les debo la motivación para haber elaborado algunos poemas que aprecio mucho.  Y justamente, ya que hablábamos hace unos instantes de Pizarnik, he escrito también poemas en alusión a su soledad que serán incluidos en el libro. Estoy condensando todo esto aquí.  Y lo que te comento es sólo una aproximación a lo que estoy elaborando, no sería conveniente por el momento charlar acerca de todos los detalles.   

Indudablemente deseo que este libro sea superior al primero, publicar algo inferior no tendría mucho sentido.  

Algo que quisieras decir, al final 

Sí, gracias a ti por la entrevista, y a la gente que le dio o le sigue dando a mis poemas un tiempo en su vida, en su memoria y en su corazón.

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Ilustración: Galienni

http://www.galienni.com/sommaire.php3

Denisse Vega Farfán

Denisse Vega Farfán  
Denisse Vega Farfán (Trujillo, Perú, 1986).  Estudiante de Derecho en la Universidad César Vallejo de Chimbote.  Premio “Poesía a Vallejo” por  la UCVCH.  Autora del poemario EURITMIA (2005).  Forma parte de la antología de poesía “19 Poetas Peruanos-Generación del 2000” (Miguel Ildefonso, 2006) y de la  Muestra de Poesía Joven “GENERACIÓN DEL 2000?” (Claroscuro, Círculo Abierto Editores, 2006).  Publica en diversas revistas del medio nacional e internacional.  Integrante del Taller de Artes Plásticas “PALAMENCO” de la Universidad Nacional del Santa, participando así en numerosas exposiciones pictóricas locales.

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1ra. Traición a la soledad 

“Yo no sé de pájaros,
no conozco la historia del fuego.
Pero creo que mi soledad debería tener alas.” 
 

Alejandra Pizarnik  

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La verdad me abraza con sus huesos de felpa

yo lanzo mi caña de pescar al negro río del tiempo

y extraigo un pez grandísimo:

es la soledad que emerge de sus aguas turbias

con una despedazada mujer apretada entre sus dientes

una mujer que lleva puesta la sangre como un vestido de encaje

ondeando sus blondas de fuego. 

*

Las voces caminan de largo en las ruinas de lo oscuro

donde habito como una serpiente

pero una de ellas (la más demacrada) se detiene y me susurra:

“Denisse

nadie lavó tus huesos con su sangre

ni desató tus sogas de hielo

se olvidaron de tocar tu campana 12 veces cada noche

para que amanecieras fuera de tu cárcel

de esa hospedería de pasillos y cuartos infinitos

donde Baudelaire y Rimbaud escriben versos

con los aguijones de los alacranes

y el corazón como una casa roja de solitario cuervo o gorrión

se hunde tras el tsunami.” 

.

Ah soledad

percudido gabán que todos se han puesto

quédate tú!

oliendo el moho de tus calles

intentando cruzar los puentes del desquicio

quédate con los neologismos que le inventaste

al brillo de mis ojos cada día

deja que lleve el amor como una insignia en el pecho

o una hermosa lágrima entre las manos

deja que reconstruya las facciones del ángel

que ya no soy. 

.

Te digo pálida voz pez que se traga otros peces

que ya no dormiré entre tus barrotes

en esa cárcel donde antes de beberte como cicuta

echaba sus raíces el crepúsculo

porque lo mismo sería hacerlo sobre un suelo húmedo

a la intemperie

con el ruido de los cláxones

y tu filuda voz gravitando en mi cabeza

como una sonaja. 

Muchos hijos tuyos he sepultadoy dime:

¿acaso se elevaron al cielo? 

.

Ahora sólo te pido soledad

que raudamente escupas mi nombre

mientras salgo como una polilla

por una de tus mangas.  

*

(Aparece en “Generación del 2000?”, Muestra de Poesía Joven por Claroscuro)   

*

Fusión  

Las ideas ejecutan coreografías de ballet

en el magro salón de mi cabeza

mi bolígrafo como una flecha azul se estrella

contra un muro frágil y pálido.

Abro puertas invisibles

merodeo pasadizos sin suelo

y estás aquí

debajo de todo lo que escribo

olfateando con desquicio el olor a tabaco

que despide cada letra

sosteniendo un paraguas donde se resbala el horizonte

tanteando algún utensilio con el cual rascar

la olla de carbón donde quedaron adheridos

los restos de mi alma. 

.

La ternura es un hilo perfectamente bordado

en cada árida región de tu rostro

el volumen de tu risa se balancea en el silencio

y pienso

que bien podría terminar siendo sobre tu piel  (si me lo propongo)

una sombra desmesuradamente rosa

o algo parecido a una pieza de Chopin. 

.

saliendo del papel    

de este fango blanco con raíces negras

con un quinqué en la boca y un pozo rojo en el pecho

esperando la irradiación   el avepezel

último fruto de mi árbol. 

.

Afuera

el sol aún duerme tapado con periódicos

mientras que tú y yo bailamos atados

por una sóla camisa de fuerza

en el ancho renglón de este manicomio

bailando como dos siameses que comparten

el mismo mentón

la misma frente.

.

Lo que en este momento creemos que es el amor

-tal vez un pájaro de agua atravesando famélicamente

el cielo bermellón de nuestra sangre-

también baila al ritmo de un paisaje de Tilsa

que en mi vientre detona sus colores. 

.

El tiempo no se depila

la soledad se pela mejor con las manos

y no somos más que un par de abismos musicalizando

los pétreos huesos de la nada.  

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(Aparece en “Generación del 2000?”, Muestra de Poesía Joven por Claroscuro)     

*

SUEÑO MATERIAL  

Y de repente mis instintos de rodillas

Dibujándome sin armaduras

En medio de un círculo rojo

El útero de la noche arrojó una estrella

Cerca de mi barra

Era un ángel de saco y corbata mirando la sequía

De su quinto vaso de brandy

O un nevado árbol agachado a la altura de mis senos

Con una mirada exiliada

De alguna remota patria celeste

Casi como la mía

Pero yo

Proveniente de una patria muy negra. 

.

En la radiola empezaba a sonar

Una música serenamente torva

Como algo fuera de este siglo

O una jauría de interrogantes (que es idéntico)

Al ritmo de la soledad de sus labios inconfesos

Y de mi secreta manera de desearlo

Así pude ver los rieles del tren

En donde mi alma solía tenderse a escuchar

Cómo agonizaban los sueños aún después

De haber sido enterrados bajo tierra

O recordar

Cómo nunca pudo habitar en otros cuerpos

Cuando mi muerte la escupía. 

.

Faros de ciudades jamás habitadas

Como palabras nunca antes dichas por el corazón

En una pesadilla confusa

Se encendieron bajo mi pecho

“¿Extrañas a tu patria celeste?”

Le pregunté

Al igual que ustedes somos pájaros

O ratas que comen pájaros”

Me respondió

Mientras le servía el sexto vaso de brandy

Dentro de mi boca.  

*

(Aparece en “Generación del 2000?”, Muestra de Poesía Joven por Claroscuro)    

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EMERGENCIAS  

Sentada

sobre un peldaño de locura

escucho el claxon de un tren

corriendo dentro de mí

a mil por infinito

los libros me enseñaron a romper la razón

en casos de emergencia

la emergencia es esta soledad

corriendo tras de mí con una hacha roja

mi corazón viendo todo detrás

de unas gafas oscuras

el vahído de la tierra atropellando a los viandantes

los viandantes atropellando los dones de la tierra

la mano del tiempo llevando un filudo garrote

flagelándome

como un ciego caballo que me derrumba

el vetusto catre del cielo

donde nada de mí ha de acostarse

la melodía del vacío tan sonora

tan turbia

encarándome

encarando esta voz tan pequeña

como los labios donde derramé

mis primeros cantos

ya no más la infancia rosada

el mundo descalzo que cabía en mis gavetas

el amor navegando como un juguete de goma

no encontraré jamás el archivo

donde guardé mi sonrisa

tan sólo estas vísceras de un aire

que ya no respiro

esta sorda verdad

donde se monta mi corriente

este verbo despeinado

contra las huestes del extravío

vida

vuelve a entrar por mis pies

sin el galope de tu música muerta

vida descósete y vuélvete a hilar

con otros hilos menos profanos

más resistentes

mientras tanto

nostalgia erguida

primitiva incolora mujer

corazón humeante

entre los fresnos de tus pulmones

mientras tanto

pluviales versos escribiéndose

aunque el horizonte y estas horas de concreto

se despeñen. 

(Aparece en “Generación del 2000?”, Muestra de Poesía Joven por Claroscuro)    

.

CIERTA TARDE ECHADA SOBRE EL CÉSPED   

Echada boca arriba sobre el césped veo

Cómo indolentes los días se escriben en la corteza del roble

Y luego se los comen los escarabajos 

.

Abro un libro

Las letras son gusanos que vuelan de las páginas

En forma de negras mariposas

(Ellas dibujan túneles Vidas de ángulos estrechos en el aire)

Ligeramente me inclino para encontrar entre los abetos

El brazo de alguien conocido o ignorado

O el dulce fulgor de una rama nueva

De improviso las manos del sol me maquillan por última vez el dorso

Y la tarde se deshilacha en veloces alfileres de agua

Sobre mis costillas 

. 

Del otro lado la ciudad

Es un hormiguero inundado por la lluvia

Imagino millones de hormigas tomando autobuses

Encadenando sus cuerpos devastados

Habitando el abismo de sus pensamientos para guarecerse

Mientras las hojas que abandonan a los tilos

Trovan sobre mi frente sus pálidas canciones

Y les confieso

Que yo también soy otra hoja

Pero caída de un árbol inexistente

. 

Ah  

Si por un instante los lirios olvidaran sus raíces

Y caminaran hasta mí

Para derramarse en mis oídos como una música materna

Hasta acá donde sólo mi silencio y los aullidos de lo verde moran

Llegan los olores de la muerte

Como un poderoso excremento del pasado 

.

“Nunca más   no retornes   nunca más

Maúlla el fantasma de un gato con los ojos de Poe

Que se pierde entre los helechos 

.

Echada sobre el césped escucho claramente

Cómo lloran los pulmones enfermos de la tierra

Mientras dos gorriones picotean las últimas plegarias

Que marzo olvidó recoger de mis bolsillos 

.

Abril viene con un bouquet de sueños imposibles

Temblando entre sus dedos

Y nadie viene a comer los frutos transparentes

Que ruedan por mis pómulos

Nadie viene a arrancar la maleza que oculta al deseo 

.

La vida sigue tosiendo crónicamente dentro de mi boca

Como las plagas carcomiendo al mustio platanal  

.

(Aparece en “19 Poetas Peruanos-Generación del 2000” por Miguel Ildefonso)   

.

Schumann  

Golpeando mansamente el viejo tambor de mi soledad

Le tarareo una pieza de Schumann a una triste muchacha

Que llora apoyada en el roble con los brazos de la muerte

Apretando sus caderas.

Ella no sabe quién fue Robert Schumann

Ni que abandonó la toga

Por criar a la música como un niño endeble

Pero apaciblemente cierra sus pequeños ojos

Descruza sus brazos agujereados

Por las intensas notas del hambre y el invierno

Resbala su cuerpo trasnochado sobre la grama húmeda

Como una gacela herida. 

.

Robert

Veo tus manos aflojándole el corazón

Fuera de sus costillas

Colocarlo en las copas del silencio

Como lo hacías con el tuyo

Te veo inventándole un nuevo nombre

A su vientre agotado

Una gama de infinito

A las facciones de su alma

Y besando

Musicalizando su dolor

Como a las calles de Leipzig. 

.

Yo

-ya de rodillas -

Le toco los labios

Componiéndole con mis dedos una música extraña

(Inocente jugueteo del misterio con las hebras del amor)

Hasta que ella

Abrazada fuertemente de su centro

Como si de un hijo perdido o

De una carta antigua se tratara

Se queda dormida.

. 

Entonces me alejo satisfecha

Sin voltear

Sin dejar de tararear Estrella

Con cada parte de su sueño dibujado  

En las paredes sucias de mis días. 

.

Ya a lo lejos nuevamente escucho

El lamento de la muchacha

Pero ahora como el rumor del ficus

Descubierto por los cuculíes

O los latidos de un hombre ahogado desde hace siglos

Devuelto con vida a la tierra. 

. 

Esa tarde

Nadie había entendido jamás su dolor

-Nuestro dolor-

Como Robert Schumann.  

.

(Aparece en “19 Poetas Peruanos-Generación del 2000” por Miguel Ildefonso)    

.

ABELIUS 

“A un personaje de ficciónque alguna vezdestruyó su propia ficción.” 

*

Un tropel de días camina desangrándose

Desnuda cabalgo sobre los fragores

De este corazón enfermo

Los personajes de mi libro

Escaparon de su jaula:

Abelius 

.

Yo pensaba que la verdadera música

Sólo brotaba de tus poros

Cuando lo único que brotaba

Era este amor tan indigente

Veo con atención todas las esquinas azules

Por donde doblaron mis sueños

El tablero ensangrentado

Donde la humanidad sigue jugando al sacrificio

Con sus peones de huracán

La felicidad se detiene

Como un pájaro amarillo sobre una antena

Y un hombre

Como tantos personajes de ficción

Que aborrecen lo bello en tus historias

Le dispara una flecha y la mata 

.

Pero yo sigo desbordándome con mis raíces

Desgarrando esta revolución

Que aprendí a crucificar en tu cabeza

Con tan sólo este par de manos

De dragones perdidos

Y esta soledad que sigo colgando a la intemperie

Para que la picoteen los cuervos

Sigo dándole a la gente los buenos días

Las buenas tardes

Y las malas noches

-No me olvido de tus buenos modales- 

.

La mentira no tiene un esqueleto

Que la sostenga

Eres el virus que seguirá causando

Todas mis enfermedades

Aunque hayas muerto

Como murieron en un foso 

Mis viejas plegarias a la luna

A los dioses sin cabeza

-Mi más terrible ficción-

Vivirás ahora en esta casa

Que he construido en mi memoria  

.

(Aparece en “19 Poetas Peruanos-Generación del 2000” por Miguel Ildefonso)   

.

Brújula dormida 

Se derrumbaron los castillos de seda

Donde el dragón era sólo un cuadro oblicuo

Cubierto con abandono en el fondo de la sala

Ahora el dragón agita su áspera cola

Su brasa se vuelve oxígeno de mi cuerpo

Y mi cuerpo oxígeno del dolor 

.

Huelo la tarde descompuesta

Que brama en el jardín

Converso con los labios robustos que se abren en el limo

Vocalizando una tóxica dulzura

Y pequeños cipreses derruidos como niños calcinados

Que la inercia descascara de sus rancios vagidos de victoria

Jamás leída    jamás lograda

Contra la oblonga llamarada del dragón 

.

Los prefiero

Su silencio es menos obsceno que la verdad

Menos tullido que la duda

Yo les hablo

Con agonía de delfín en el río

De mujer ante los pies morados de su hijo muerto

De Nietzsche ante los ojos vaciados del mundo

Mientras el dragón -pródigo de arrecifes-

De soslayo me vigila 

.

Yo converso amistosamente

Con el espasmo que explota y vuelve a nacer en mi corazón 

Hasta con el último hongo de la náusea

Mientras él engulle sin mesura 

Mares      ciudades                    

Soleadas plazuelas del tiempo

Puentes hacia la fantasmal sabiduría

Ficciones de un lenguaje mejor hablado

Desde los labios de la emancipación

Dudando si soy

Tan sólo un fantasma

O el trino del amor que aún no se fermenta 

.

Así

Cuando el flamígero colmillo del dragón asoma

Y su abdomen saciado de terror se ahueca aún insatisfecho

Y tan entusiasmado tropieza con mi hedor 

Que cree que le brotará fuego helado por las fauces

O las trasquiladas cabezas de todos los veranos

Cuando la luz me sonríe mostrándome

Su dentadura rota

Como si detrás del halo de un amor 

Se ocultara un foso

Así

Cuando todo

Todo

Hasta la tersura de mamá en el rubor del escaramujo

Se subvierte

Yo converso con lo que no tiene color

Aroma  

Destino

Ni un nombre por el cual llamarlo   

.

(Inédito)  

.

Ilustración: Galienni

http://www.galienni.com/sommaire.php3

Manuel SCORZA

Manuel SCORZA   

Manuel Scorza : Ensayo

Por Jorge Varas 

“Yo he dotado de una memoria a los oprimidos del Perú, a los indios del Perú que eran hombres invisibles de la historia, que eran protagonistas anónimos de una guerra silenciosa, y que tienen hoy una memoria…Tienen esa memoria, está dada ya irreparablemente y no se podrá borrar nunca, porque la han adoptado incluso los pueblos en combate…”  

*

Manuel Scorza, uno de los intelectuales más representativos de la generación de escritores peruanos de los 50, nació en Lima el 09 de septiembre de 1928. Luego de pasar algunos años en Acoria, departamento de Huancavelica, volvió para terminar su formación escolar en el Colegio Militar Leoncio Prado. En 1945 ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y comenzó una etapa de febril actividad política. 

En 1948, a los 20 años, Scorza se vio obligado a salir del país en calidad de exiliado. Fueron años de aprendizaje bajo el rigor y la dureza, que dejaron huellas inextinguibles en el joven Manuel Scorza, pero él las pudo transmutar en una poesía de vigorosa expresión, de logrado pulso. Muchos de los versos que integrarían su primer poemario, "Las imprecaciones" (México: 1955), son fruto del desconsuelo en que se halla inmerso el exiliado. En el año 1958, el poeta regresó al Perú, obteniendo ese mismo año el Premio Nacional de Poesía con "Las Imprecaciones", su primer poemario, publicado en México hacía tres años. Manuel Scorza abrió una etapa cultural realmente notoria y absolutamente novedosa. Se dio a la tarea un tanto riesgosa pero entusiasta de preparar el Primer Festival del Libro con una selección de diez mil volúmenes de autores clásicos americanos. Las quince mil colecciones a la venta en quioscos situados en distintos lugares de la capital se agotaron en menos de una semana. La experiencia se repetiría con idéntico éxito en Colombia, en Venezuela, en Cuba. Consistía en editar a bajo costo y en poner los volúmenes a la venta evitando intermediarios. 

Manuel Scorza era un editor popular, pero sobre todo era un escritor excepcional, utilizaba en sus obras un lenguaje de estilo depurado, modelado sobre la permanente resonancia metafórica, la mezcla de fantasía y realidad se equilibra en función de su capacidad de creador literario. Era en su obra narrativa, donde Scorza encontraba el espacio ideal para explayarse sobre los problemas sociales del Perú. Su primera novela, "Redoble Por Rancas", forma parte de un ciclo denominado La Balada (también llamado La Guerra Silenciosa) donde, desde una óptica eminentemente poética que fusiona mitos ancestrales e historia, Scorza muestra la antigua lucha de los campesinos para recuperar sus tierras. 

Las demás novelas que componen este ciclo, "Historia de Garabombo el Invisible"(1972), "El Jinete Insomne"(1977), "Cantar de Agapito Robles"(1977) y "La Tumba del Relámpago", continúan uniendo el realismo social a la fantasía poética. Esta serie de novelas, traducida a más de 40 idiomas, se ha constituido en una de las más difundidas y reconocidas de la literatura peruana en este siglo. 

El año 1968, en plena efervescencia de las luchas campesinas en la sierra central, y en virtud a su activa participación a través de un movimiento político indigenista, Scorza se vio obligado a abandonar nuevamente el país con destino a París. En París fue lector de literatura hispanoamericana en la Ecole Normale Superieure de Saint Cloud y frecuentó círculos literarios y celebras tertulias con escritores de diversos países. Por entonces estaba preparando un poemario: "El vals de los reptiles" y una novela "Redoble por Rancas". Estos manuscritos fueron publicados el mismo año 1970. El primero, en México; el segundo, finalista del Premio Internacional Planeta, en Barcelona. 

Manuel Scorza realizaba frecuentes viajes por todo el mundo, siempre con esa inquietud de dar a conocer, a través de sus obras, las luchas de los campesinos de su país contra el cerco de los grandes propietarios. Y, precisamente en uno de sus viajes, el 28 de noviembre de 1983, cuando venía de París, el boeing 747 de la compañía colombiana Avianca, que iba a aterrizar en el aeropuerto de Barajas (Madrid), para luego seguir con destino final a Bogotá, cayó a tierra un minuto antes de llegar al aeropuerto madrileño. En este accidente fatídico perdió la vida el ya famoso escritor. 

Manuel Scorza dejó de existir a los 55 años de edad, cuando su obra estaba en plena vigencia y acababa de publicar, apenas en febrero de ese año, su última novela: "La Danza Inmóvil", que significaba una ruptura radical con el ciclo de La Guerra Silenciosa. Manuel Scorza es considerado como uno de los más importantes poetas y narradores peruanos del siglo XX. 

*

Del blog: http://www.marianallano.com/  

*

Poesia de Manuel SCORZA 

EL DESTERRADO

Cuando éramos niños,
y los padres
nos negaban diez centavos de fulgor,
a nosotros
nos gustaba desterrarnos a los parques,
para que viéramos que hacíamos falta,
y caminaran tras su corazón
hasta volverse mas humildes y pequeños que nosotros.

Entonces era hermoso regresar! Pero un día
parten de verdad los barcos de juguete,
cruzamos corredores, verguenzas, años;
y son las tres de la tarde
y el sol no calienta la miseria.
Un impresor misterioso
pone la palabra tristeza
en la primera plana de todos los periódicos.

Ay, un día caminando comprendemos
que estamos en una carcel de muros que se alejan...

Y es imposible regresar. 

  
 

EPISTOLA A LOS POETAS QUE VENDRAN

Tal vez mañana los poetas pregunten
por qué no celebramos la gracia de las muchachas;
quizá mañana los poetas pregunten
por qué nuestros poemas
eran largas avenidas por donde venía la ardiente cólera.

Yo respondo: por todas partes se oía llanto,
por todas partes nos cercaba un muro de olas negras.
Iba a ser la poesía
una solitaria columna de rocio?

Tenía que ser un relampago perpetuo.

Yo os digo:
mientras alguien padezca,
la rosa no podrá ser bella;
mientras alguien mire el pan con envidia,
el trigo no podra dormir;
mientras los mendigos lloren de frio en la noche,
mi corazón no sonreirá.

Matad la tristeza, poetas.
Matemos a la tristeza con un palo.
Hay cosas mas altas
que llorar el amor de tardes perdidas:
el rumor de un pueblo que despierta,
eso es mas bello que el rocío.
El metal resplandeciente de su cólera,
eso es mas bello que la luna.
Un hombre verdaderamente libre,
eso es mas bello que el diamante.

Porque el hombre ha despertado,
y el fuego ha huido de su carcel de ceniza
para quemar el mundo donde estuvo la tristeza.
 

* 

A leer :

http://enfenix.webcindario.com/literat/sigloxx/cerrenos.phtml

http://www.ucm.es/info/especulo/numero7/scorza.htm

http://mundoalterno.com/decimas/homenajes/index2.htm

http://www.uiowa.edu/~spanport/torre/v9/9-2p62.htm   

* 

Manuel CADENAS MUJICA

Manuel CADENAS MUJICA

 

Nació en Lima el 15 de noviembre de 1966 Estudió en el antiguo colegio Lima San Carlos, ex Instituto de Lima, donde empezó a escribir poesía a los doce años, alentado por el poeta Jorge Bacacorzo, su profesor de Literatura.

Siguió estudios de Educación, en la especialidad de Lengua y Literatura, en la universidad Villarreal (1986-1990). Allí afianzó su vocación literaria formando en 1987, junto a Alan Morales y Rodrigo Manrique, la agrupación Estigma, que publicó La Cresta del Murelio (1988).

Impulsador de recitales y conversatorios literarios, se inició en el periodismo en 1988 publicando, con Alan Morales, la revista Neo Arts.En 1990, el mismo año que funda con otros poetas la agrupación NOBLE KATERBA, inicia colaboraciones con las secciones de Cultura y Espectáculos en el diario Página Libre. Desde entonces, ha desarrollado una amplia y fructífera carrera periodística en diarios y revistas como Novedades, Ayllu, Expreso, La Mañana, El Sol, El Mundo, Del País, La Razón y Extra, en los que ha sido redactor y editor de las páginas de Espectáculos, Culturales, Política y Opinión.

Fue hasta hace poco editor general del diario Expreso y hoy es director del diario La Razón, de Lima. Actualmente también es editor de la revista especializada en vinos, piscos y gastronomía Dionisos.Ha sido docente de periodismo y Lengua y Literatura en varios centros de estudios. El 2002 se graduó como bachiller en Teología, con estudios de lenguas bíblicas (griego y hebreo antiguos).Compositor y cantante de la banda de rock Contrabando, grabó con ella en 1990 el álbum Ritmos oscuros, y ha seguido escribiendo canciones con las que prepara una producción.

Tiene escrita una novela, Patio de bestias, que publicará a fines de este año, y varios poemarios que ha reunido en su antología personal Los ojos del iluminado, de próxima aparición. Actualmente termina de escribir su poemario Viaje de Abraham.

E-mail : manuel.cadenas@gmail.com 

Blog personal : http://blogs.periodistadigital.com/puraletra.php?cat=

*

PATIO DE BESTIAS (FRAGMENTO)

*

ESAS Y OTRAS CAVILACIONES.

Sólo cruzar la calle, sólo integrarse de nuevo, mansamente, al hormiguero de seres que al cruzar el portón metálico de la puerta lateral ingresan a un orden de horarios y preocupaciones y reglas y claves y pasiones y liviandades comunes, como si respirar el aire no más de ese cubículo de paredes enrojecidas les confiriera un pasaporte a la irrealidad por unas cuantas horas. Adentro, el mundo ha muerto, hasta los buenos o malos son otros, el cordón umbilical con el exterior se ha cortado y apenas si se mantiene un leve vínculo a través de los libros y las disertaciones y las cátedras. 

*

¿Es esto lo que le interesa? ¿Para pelear qué los amigos le insisten y le piden su afirmación categórica, el sí rotundo que ha de acabar con el reinado de qué tinieblas, para salvar a la universidad de cuál hecatombe? Hace un año de aquello. Se arrepiente de sus palabras. Cómo pudo no haber visto más allá de esas cuatro paredes, y cómo decirles ahora que están ciegos, que estamos viendo fantasmas, caballeros, que hemos caído en la trampa de este espejismo malévolo que nos tejió la cotidianidad, que no hay ninguna comunidad de nada, que estamos aquí de paso, que no hay policías ni ladrones, que quién nos ha dicho que somos los héroes de la película, que no somos diferentes ni mejores ni especiales, que no jueguen, cómo venir con tales discursos cuando me tocó a mí ser el estallido, ser el detonante, el pez por la boca muere. Qué tuve yo que abrirla y alimentar sueños absurdos. Cada paso es un acercamiento a este mundo enajenante. Todos están locos, y ni bien pise el umbral de esa puerta yo también voy a volverme loco y voy a pensar que es necesario, absolutamente necesario para nuestras vidas. Esas y otras cavilaciones. Frente al guachimán, sólo le queda mostrar nuevamente el carné que le otorga ciudadanía en ese país de juguetería.

*
Mientras bordea el patio se la ha dado por pensar que alguna vez este edificio albergó un colegio religioso de mujeres, que el pudor oxigenaba las mismas bancas, el mismo patio, el mismo descuidado jardín, las mismas aulas de altos techos y ventanales oxidados. Qué paradoja. En sus años escolares, don Juan Bazalar solía explicarle cada recodo de la ciudad. Aquí estuvo la Recoleta, y la Católica, y el Belén, y aquí se podía salir a caminar por las noches con toda tranquilidad y encontrarte en esta esquina, ¿ves?, con Arguedas o con Salazar Bondy como si nada, y yo me mudé aquí porque era la zona residencial. Y yo mismo guardaba la imagen de avenidas desiertas donde ahora el aire es esclavizado por el comercio ambulatorio, como le llaman los diarios. No ha bastado que se prohíba circular a los microbuses y sus estelas de humo y contaminación que tanto preocupan a los ecologistas. Algo como un sopor acuoso ha quedado impregnado en el asfalto que cada agosto se enlodaza con la garúa invernal y pervierte las pisadas distraídas. Y yo mismo hago un esfuerzo y encuentro en algún lodazal mi pisada pervertida y distraída una mañana de mayo de mil novecientos setenta y tantos, cuando había que tomar ese bus que a las siete y quince exactamente llevaba a las alumnas del Fanning. Y aunque la línea 58 B me dejaba en 28 de Julio con Paseo de la República, a muchas cuadras del San Carlos, yo igualmente me trepaba para conseguir, después de sostener la mirada sobre su indiferencia durante veinte minutos, un repaso rápido y frío y enhiesto de sus ojos de gata. Ella tendría trece años a lo mucho, llevaba los cuadernos pulcros bajo las manos blancas y también pulcras, más que sus cuadernos aun. Hasta el año anterior el cabello le llegaba a la cintura, ocultando el cruce del tirante de su falda de colegiala inevitablemente aplicada e insinuando en los meses de sol, cuando no usaba chompa, su cintura de apretados contornos. Pero cuando llegó el año siguiente, se lo había recortado hasta la altura de los hombros, destacando con mayor inquietud de los que viajábamos en la 58 B el felino aire de sus ojos. La insegura presión de mi vistazo perenne se sostenía, a veces sin suerte, los veinte minutos que duraba el trayecto. Después, a bajar jovencito. Sólo una vez, cómo olvidarlo jamás, mientras el bus se alejaba del paradero, ella –que estuvo, serísima y melancólica, con la cabeza gacha todo el tiempo– alzó su rostro y miró hacia mí, siempre esperando ese momento en la vereda, la sangre corriéndome de un lado para otro en las venas a velocidad vertiginosa, la garganta atragantada de estupidez. Quería decir algo, estoy seguro, sus pupilas se habían enternecido, apretó la mirada levemente, pero el vehículo se esmeró en marcharse. Quiso decirme algo, me repito hasta ahora esperanzado, pero nunca más la vi. Igualmente seguí viajando en la 58B y bajando en ese paradero. Yo mismo hago el esfuerzo y veo mis zapatos humedecidos por el recuerdo de esas avenidas y la plaza Francia, donde concluía mi periplo. El verde dominaba los montículos que circundaban la plaza. Las bancas se escondían al centro, bajo árboles de fantasía, y unos pocos ancianos aburridos de las sábanas y la nostalgia devoraban las noticias de La Prensa antes que nadie. A partir de las siete y treinta la ciudad empezaba a quitarse la modorra y los uniformes grises empezaban a correr de un lado para otro. Señal de que había que cruzar la calle para integrarse mansamente a las aulas.

*
Si algo tiene en común el San Carlos con este ex colegio religioso de mujeres convertido ahora en universidad eran los techos altos y las puertas de vieja usanza. Ya ha abandonado los recuerdos, ya ha presentado su carné, ya se ha instalado en el hormiguero, ya está sentado en su banca, ya es uno más. Son las once y cincuenta, ya está viniendo Rebeca, ya es hora de tomar esa decisión. A las cuatro de la tarde van a conversar con él nuevamente. No podrá evadirlo más tiempo. Tendrá que acabar con el reinado de qué tinieblas, salvar a la universidad de cuál hecatombe. Cuando le da el beso a Rebeca, ya ha notado que intentarlo, de cualquier modo será un fracaso. Tiene que serlo. Esta vez las bestias lo salvarían.

*

Todas las pieles del lobo

Amé la desmesura hasta dejar
las palabras agotadas.

Amé el alquiler de los días,
la precariedad del absoluto dibujado
en ruinas de papeles extraviados,
el frágil reinado de los sueños,
y amé, asimismo, a mi enemigo más querido,
al que me doblaba las esquinas del letargo,
al destructor de la paz desesperante.
Amé el destierro de las ideas luminosas,
las razonables razones de mi estirpe,
amé la ostensible falta de criterio
y su gobierno sobre mi escritorio,
su tiranía sobre mis horas muertas,
pie vandálico en la espalda
en llagada de la cordura.
Amé, por tanto, como un gran corcel,
galopar entre relincho y relincho,
amé perder los estribos, devastar
pastizales y hundir
la pezuña en peñascos afilados.

Cómo amé la desmesura, cómo
sequé los manantiales, cómo
quebré los cántaros.

Yo amé, entre otras cosas, la tibieza
de los cuerpos inabarcables,
los amores excesivos que se nutren de tedio,
amé en horas extras la condición
de cordero vestido de lobo entre los lobos,
de pájaro entre pájaros
y de insecto
entre insectos de toda especie.
En días en que por toda
habitación hubo dos brazos extendidos,
amé vestir camisas de once varas,
amé beber el agua que no ha de correr,
amé abarcar lo poco y apretar lo mucho.
No importaban entonces ni las llaves
ni las puertas.
Amé desproporcionadamente agitar
en frascos diminutos las grandes tempestades.

Y así es que en medio del amor,
amé vivir de prestado, de ajenas manos
preparando sombras para el deseo.

Amé, confieso, sobremanera,
recorrer a ciegas el borde de los acantilados;
desbocado, poseer el vértigo en sus saltos mortales,
abrazar el desatino sin riendas ni vacilaciones.
Toda proporción, toda gravedad circunspecta,
toda simetría huyó rauda de mis manos.
Amé la insensatez, la cama distendida,
el café frío derramado
sobre el mantel de las mañanas grises,
las sábanas revueltas,
el lento despertar amargo
de los buscadores de pesadillas,
amé la extrema unción del vino.

Y sólo por ver el revés del horizonte amé
a plena luz del día
el brillo de las horas negras.

Cuántas veces amé
hundirme sin reposo en mí mismo,
no darme un instante de tregua,
llevar a fronteras inaccesibles esta sed de mirar
que me acosa, me subleva, me desarma.
Amé procaz, desastrosamente
juntar leños para hogueras húmedas,
exasperar hasta la cordura
el nervio mayor de la angustia,
corroer los cimientos
de las buenas costumbres animales.
Amé las zonas francas del delito largamente deseado,
la sinrazón paradisíaca,
el hilo conductor de la incertidumbre.
Amé amar
los días podridos, arrendados a mejor postor.
Amé el fracaso,
amé dulce, humanitariamente,
el sabor acre de la derrota, de la cabeza gacha,
de los brazos caídos,
la tarde magra de los sueños derribados,
el abismo de la desgracia y sus invitaciones resabidas.

Y entre tanto amaba, amé sin contemplaciones,
más que ningún otro, las visiones réprobas,
las falsas ilusiones.

Por amar los garabatos, las colillas marchitas,
las calles sin salida de la ausencia,
el ojo de la tormenta me dio con su furia
en los talones de la huida.
Pero eso no me importó nunca, porque yo amé
todas las rayas de mi piel de tigre,
todas las risas macabras de mi boca de hiena,
toda la carroña de mis vuelos de buitre,
cada cópula callejera de mi perra vida.
Amé tozuda, caprichosamente,
el desenfreno ilustrado, el milagro profano,
la duda ciega.

Amé las hilachas del pensamiento,
los apartados de la conciencia, amé borronear
las lecciones pulcras, los cuadernos intachables,
las moralejas indelebles.

Y así, en absoluto silencio,
amé orinar los pantalones
caídos de la decencia.
Amé a mucha honra,
y de qué manera descosida,
los vaivenes frenéticos de la memoria,
los trenes sin destino del recuerdo
traicionando a la noche, trepando en borrascosas cumbres,
cargando y descargando en estaciones de silencio
en que pasajeros turbios arriban sin ser
ni reconocidos ni esperados por nadie,
la identidad perdida en itinerarios descarriados.
Amé abandonarme en tales viajes de esperpento,
ensopado hasta la garganta de lluvias de melancolía,
las plazuelas desiertas, los faroles encorvados,
parsimoniosos transeúntes de la niebla recorriendo
las migajas de esplendores antiguos,
territorios del olvido que amé y conquisté,
y arranqué de manos de la nostalgia.

Pero también amé, para colmo de bienes,
mi corazón derramado en mágicas vertientes
de éxtasis cotidiano.

Cómo habría de ocultarlo,
cómo no reconocer también que amé, obnubilado,
la luminosidad enceguecida,
la esbeltez acrisolada regando soles
y amaneceres apocalípticos en el ojo del alma,
sabias cortezas estremeciendo
la humildad de mis tierras,
invernaderos floreciendo al primer soplo divino
cuando el caos amenazaba con transformarlo todo
en tinieblas y asperezas.
Cómo no decir que amé rabiosa, frugalmente
la inocencia,
no la de maría madre mía santificado sea tu nombre,
sí la que sabe cagarse limpiamente
en los semáforos de la vergüenza, la impúdica
y doméstica
-no la angélica-, clara como un grito en la noche.

Te amé, oh fuego primitivo.

Te amé
y se quemaron mis manos en tu pelvis.
 

* 

Coito

Penetrando
donde las ideas no cogen vuelo,
donde es más fértil disipar las fronteras
y condenar al destierro las objeciones.

Exactamente en el rincón de la furia elemental,
en el presidio de los deseos liberados,
en la húmeda frondosidad bienaventurada.
Solivianto en un orden asesino las coartadas
y sin decirlo,
digo tímidamente,
voy diciéndolo todo,
lo callado, lo vibrante,
lo fecundo,
en crepitar de convulsas armonías,
en tibia copa de brebajes recién descubiertos.
He decidido abandonar los temores
que guardé hasta el advenimiento,
hasta la resolución de la carne y la vida desatada.
Como un liberto,
penetro en las orillas sedosas,
patrias violáceas de palpitantes metamorfosis
donde la inocencia encuentra
tenue y jadeante asidero.
He decidido llegar al confín de las llamas,
a Tarsis,
al agua babeante de los sueños,
al labio mayor de las ciénagas cristalinas,
precisamente donde las ecuaciones primigenias acantonan
sus posiciones de vida o muerte.
En esa marea de encuentros frontales,
en el quebranto agudo que engendra la noche,
en el marasmo de oleaginosas huellas,
en los papeles rebosantes de verbo,
en Nínive,
en la ácida y láctea combatividad nunca abatida,
allí retozan las servidumbres gozosas,
donde las fantasías no tienen dueños ni dominios,
patria salobre del impromptu perpetuable.
Vuelvo a nacer desde el comienzo,
como un rayo de horizontes invertidos,
cada que toco fondo,
el obstinado y bestial desbarajuste de los sentidos,
cada que describo en círculos concéntricos
la liviandad de las moradas esenciales.
Penetrando
en las paredes vivas donde los pecados se redimen
de lujuria,
donde prende el fuego dúctil y dichoso,
en el mismísimo desatino
de los cuerpos furibundos
que hierven calcinados entre sí,
hechos y deshechos,
y rehechos
e inmortales hasta el día de la muerte,
amén.
 

*

DE LOS OJOS DEL ILUMINADO (Antología personal, 1991-2003)  

Ilustración: Denis CHIASSON

http://www.webstergalleries.com/chiasson.htm 

*