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Revista Literaria AZUL@RTE

Mariana LLANO

Mariana LLANO

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E-mail : mariana_llano@hotmail.com

Pagina personal : http://www.marianallano.com  

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Narrativa  

La noche de Puse Pupuche

«La noche la hice yo para que tu viajero pasaras la frontera antes del dia.» Ramón Ordaz 

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La noche cabalgó a sus espaldas como bestia desbocada. Todo el aire se le iba en luceros. El monte empezó a murmurar, las voces fueron creciendo en sombras progresivas y los huacos dormidos despertaron al vaho del hombre. Puse Pupuche iba al encuentro de su hora. Un nubarrón cruzó borrándole la luna al primer respingo de los sauces ¡la noche se jodió esa noche!. Puse Pupuche pensó en la María, tan linda y fresca. Medio serrana, medio cholita. Tan mujercita y acariciable. Tan hecha a la medida de sus antojos, hoy, que volvía del ejército más hombre, más cholo, más arrecho.

Con el sol motivándole calores comenzó a construirle el hogar en el vientre del valle verdecito, flanqueado por huacas milenarias de donde extrajera las chaquiras primeras, la arcilla morena quemada en los hornos de la historia y la manta real de la tumba sagrada.

Cuánto eco arreció sobre los vientos: Cuánto silencio para los augurios: Un reclamo que no fue escuchado, una profanación que conjuró el estigma de su tiempo ya sin tiempo. Y con el poco tiempo en las entrañas, la tierra se hizo choza.

Choza de barro y quincha con dos potros de algarrobo cruzados en lecho y la manta de rayas y muecas ancestrales oro-indio, y el ardor de los dos tumbados en la siesta con todo el universo girando alrededor. Choza de caña brava y sudor de varón enamorado. Hoy que volvía de hacerse más hombre para ella, que la vida se ofrecía fresca y limpia como los cabellos endrinos de María. Hoy que era tan joven y tan fuerte, que latía su sangre agolpando la pasión dentro del pecho por la cholita querendona y dulce. Cuántas veces la soñó desnudita y temblorosa, bajo su torrente de besos. Cuántas noches su noche elucubró el rapto más romántico y audaz, monte adentro. Pero su linda María no se merecía que la robara y le arrancara la inocencia entre sollozos. Ella era una flor silvestre y pura, un ramito de azahar contra su pecho ardiente.

Por eso fue donde el cura del pueblo y, juntos, visitaron la casa de los Mayanga. Don Polidoro, cholo norteño y prieto, doña Ricardina, mujercita menuda y pálida, traída en rapto desde las alturas para procrear la raza de nuevas amazonas nativas en la híbrida sangre de su amor. Los Mayanga, desde entonces, le prodigaron sus afectos. Bebieron chicha dulce, como los besos de María en su vestido de domingo.

Toda la felicidad del mundo anidó en sus corazones aferrados a la caña brava de su amor. Juntos tejieron esperanzas en el valle alfombrado de verdor. Eligieron parcelas y legumbres, pájaros y campiña para el hogar común. Juntos trazaron la senda al río en su voz de torcaza, y la quincha fue alzándose hacia el cielo, para crecer en forma de hogar. Mas ahí aguardaban los gentiles su tiempo de ritual.

Puse Pupuche doblegó la tierra, le imprimió la fuerza de su viril empeño y ahora, volvía el dolor; dolor agudo en la piel de su hombría, dolor que avanzaba tarde a tarde rompiéndole la noche en estertores. El corazón vibraba con la sangre avanzando envenenada, el corazón que ya no era más la manzana más dulce que apretaba su puño de emociones, la silueta más tierna flechada con sus nombres en algún algarrobo despeinado. El corazón, en esta noche hedionda a muerte, era sólo una víscera sangrante y dolorosa latiendo a espasmos, derramándose en su hiel nocturna.

Puse Pupuche se acomodó en la estera; bajo un cielo neblinado y enorme, como sus ansias de llegar al horizonte de María, y poseerla con delicia, con exacta pasión.

*

«Ven a consolarme… ven a acariciarmecomo en esa noche que te besé.»

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Hoy el cielo no tuvo poncho de astros. El norte es cálido y los zancudos pican cara y culo por igual. Y esta noche urdida en las tinieblas, el dolor más agudo quebrantóle hasta el suplicio, curvándole la sombra y la cerviz, dejándole sin habla. Puse Pupuche piensa en la María, en sus piernas torneaditas y rosadas como camotitos tiernos, en sus pechos tibios, enhiestos; en su cuerpo entregándose a él en esta choza nueva que construye con cañas de su propia bravura. ¿Cuánto nos falta para amanecer? ¿Cuántas estrellas habitan la nube más lejana? ¿Cuánta pasión incendia su deseo? Nadie responde. Los ojos de María - niña, María - ya - mujer, danzan en las tinieblas. Su risa le arranca el silencio, su aliento a pomarrosa le escuece más las ansias de tenerla ¡urgentemente ahora! que la vida se va.

Mas los espasmos crecen y la respiración se le atraganta. ¡Cómo tener hoy noche, todo el perfil insomne de su María - novia! ¡Cómo robarle al tiempo un infinito vuelo a su ventana, acaso como garza o cuculí!

Lenta, inexorable, va imponiéndose la muerte en su festín de duelos. La lechuza erguida de conjuros, vuela sobra la choza. Las sombras se acumulan en sus gritos. Puse Pupuche no puede entender esta traición sin límites ni velos, este juego creado para él, único actor en esta farsa cruel que le arrebata el aire y la palabra, la esperanza de amar y la razón. El corazón oprime sus latidos, del pecho hasta la mano. Hay un dolor izquierdo que acompasa el tic-tac sobre su sien. La María prometida a su dicha no poblará jamás su vida, abriéndose a sus ansias desbocadas en entrega. Los hijos no vendrán a continuarles para la eternidad que hoy le niega el destino. A la mañana nueva, el sol ha de embestir las cumbres y los mares ya sin él.

El, que trajinó estaciones enteras, con el barro y la caña, con la yunta y el sol, abriéndole canales a la tierra, inventándole mágicos invernaderos, frescos abrevaderos y corrales, para toda la fauna pletórica de trinos, relinchos, cacareos... Y nadie habrá de socorrerle en medio del monte con sus huacas dormidas y sus espantos mudos. Noche inerte de fuegos apagados. Noche sin noche.

Puse Pupuche, al pie de la punzada cortante y maligna, alcanza todavía avizorar la dicha concebida con amor, como un hijo del sueño, como un fruto del tiempo. La María es tan joven y bonita, y ya no volverán más a suspirar enamorados con los pasillos tiernos de su romance trunco en el dintel del corazón. Ya no estremecerán su pensamiento las polleras de María cuando, al vaivén de "Los Sabanales" columpiábase de amor entre sus brazos, y su risa coqueta en una guirnalda en el manojo de sus besos. ¡Ay!, la dicha que coronaría su juvenil hombría, hoy se iba agostando, esfumándose a pausas. ¿De qué sirven las luces de toditos los cielos estrellados? ¿De qué la Nube que huye de su cómplice acecho tras la muerte? Si la maldita víscera - manzana se está rompiendo el pecho a puñaladas, si los gentiles mudos deciden terminar tanto silencio yermo, si la sombra se yergue sobre su estatura de roble y azafrán, si la huaca decide la hora de la hora para cobrarse caro toda profanación. !Ay, la María simple como flor y complicada como el caleidoscopio azul del arco iris!

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«Cuando llegan las horas de la nochey me siento tan solo porque no estás aquí...»

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En los pueblos del norte, el valle es un requiebro para incitar a la luna. Puse Pupuche sueña sus últimos desvelos, mientras María duerme bajo el toldo del pudor, intacta, ignorando el ardor de barro y caña que se desata en el valle sagrado de sus antepasados Yunga. Inútil ya la choza levantada junto a los cementerios del ayer, entre huacas eternas, consagradas al culto de sus muertos.

Los muertos que reclaman la venganza, las tumbas depredadas sin dolor. Puse Pupuche no ha de compartir el vuelo inextinguible de la noche, la aurora más audaz. La cabaña y sus ecos y rincones, la risa del domingo, la chicha macerada en porongos de arcilla y edad, bajo la tierra apuntalada con huesos del pasado, el amor de Maria y la retreta de una noche de velámenes y viento...

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«Yo recuerdo junto a los guayabales aquellos sabanales donde te conocí»

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Porque hoy, en el momento pleno de su muerte, Puse Pupuche sueña intensamente con la trenza deshecha de María sobre el lecho, con el beso y sus manos naufragando en el cuerpo de María, bajo la manta inmensa rojo-indio que arrebatara a sus antepasados en la huaca profanada por sus manos de guerrero ciego. Los espíritus del campo le reclaman apretándole, lento y tenaz, el corazón.

Cuando asoma a la choza tejida con juncos de caricias y barro de pasión, el viento sopla la ceniza de su mala hora, ceniza que no llega a los ojos de María, que mañana han de nublarse cuando los convoque el llanto, en cataratas rotas y nísperos helados.

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Ilustración : Mohammad Rafi Ziai http://www.irancartoon.com/rafiziai/index.htm

Leoncio LUQUE

Leoncio LUQUE

 

 

¡La fiesta está servida!

Poetas invitados a la primera fecha: 

Sábado 15 de julio 

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PEDRO PERALES*

(Lima, 1961)  Estudió Lengua y Literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Fundador de la agrupación poética Noble Katerba con la que se inicia unas propuestas estética en la poesía peruana de finales del siglo XX.  Participó a inicio de los 90 de lecturas en el Museo de la nación PUCP, La Cantuta, el Instituto Peruano Ruso, Museo del Banco  Central de Reserva del Perú.  En 1996 publicó Edades, a decir de Ricardo Falla: “...un libro carente de proclama ya vaciedad verbal, en el propósito de revelar una visión del pensamiento y sentimiento desde el ángulo simple y a la vez complejo, de la poesía en su más alta calificación ontológica.” 

En 2001, nos entrega El libro del amor y los encuentros. “Un poemario – a decir de Ricardo Gonzáles  Vigil – que prueba la importancia que tiene para la poesía actual la herencia del lenguaje surrealista, en particular sus imágenes deseosas de combustionar las palabras (y, a través de ellas, nuestra percepción del mundo) bajo el fuego del amor en tanto erotismo, liberado, transfigurador”. 

Actualmente dirige talleres de creación literaria  en la Biblioteca Nacional del Perú, en la cual labora. 

*  

Leitmotiv

Para cuestionar el tiempo

Para callarlo para lanzarlo

Y finalmente expropiarlo de mi lado

Con el fin absoluto de frenar la horda

De descifrar la luna de estropear los pergaminos

De soberbia

De acallar el silencio

De vociferar

De aplanar la encrucijada

Gritando, aullando de arrostrar

Las turbias memorias

Que atormentar esta agua

Para afilarlas

Para tensarlas y fulminarlas

Para estropearlas

Para destruirlas

Llamarada de lamento

Tapujo de ruina inservible

Cruel malestar

Ciudad insufrible como ninguna

Que entorpece el alma

Que entorpece la vida

Que desoye el delirio aún imposible

De mentir al espejo de fuego

De mi historia.   

*

Ciudad 

Acaso son terribles estos extraños abismos

estas furiosas formas de entender el miedo

ese ser arrastrado en esos sinuosos

destierros de años y letras

de esas dulces marginaciones

que se buscan para labrar estos derrumbes

interiores la intención del vacío finalmente la nada.

Soterrar paso tras paso

la arena virgen

el pico cruel y animal

esa consecución de sueño y desesperación

el alma dulce e irredenta

el bloqueo marginal de la palabra mi palabra

envuelta en rudimentaria piedra

ese ato de esperanzas

que acaso vez en migajas

en mi piel traslúcida

que surca el mar el firmamento

en esa proyección fallida de mi deseo

Acaso mil dos mil tres mil veces

estos extraños abismos

se fragmentan en columnas obtusas

en prevaricadores contornos

de impacienciade

múltiples imágenes de desvarío

y miro y camino en torno a estas rudas palancas

de año o de años.

El mar de Barranco

escondió mis insultos

piedra sobre piedra

la debacle del universo

e incineró o repensó bebiendo

una copa de semiseco.

Y yo parto

con un poema en expansión

a mi propio destierro

Dame de comer

Ciudad

Esta ciudad que como tantas ciudades

rumian m historia

mi Lima temperamental

mi calle proyecta e incivil

mi río sin fondo para abrevar la calamidad  

*

Máscara de Jade 

Apeteces seguir caminando

solatras

esas trashumantes líneas

de escombros

seguir abanderando

esta noche plácida

esa ley de tus ojos

que enceguecen esta ruta.

El promontorio de la felicidad

en que se disipa estos gritos

de mejores indicios

de indómitas fantasías

declinando, sucumbiendo,

procreando las más dignas razones

que nos proyecten

a seguir viviendo

a seguir tentando las soleadas cumbres

donde se escribe el mito,

los suburbiosde la paz de la esperanza

del choque atroz de tus sueños con la realidad

de ese encuentro crucial

con tus antepasados,

con la diáspora

que se une a los confines

finalmente tus cuitas nocturnas

esas ensoñaciones filosóficas

que aturden el seso

las intolerables razones

de la perfidiala

usanza de lejanas melodías

esas edificaciones adustas

y templadas en piedras

arcos occipitales

y música mística al fin,

un sueño dorado

que aparece en esta grumosa

plañidera de barcos hundidos,

un mar de fuego y atardecer

que se pliega como una romanza

un eterno cascabel

de irade presuntuosas borrascas,

vestimentas vastas y torpes a la vez,

un cuerpo desnudo como una tinta mate

derramándose por las soleadas piedras calzadas

de ónix

y la reciedumbre de tu pie descalzo

marcando las arenas

cielo y pluma de ave maravillosa 

*   

JOHNNY BARBIERI

Nació en Lima el 01 de junio de 1966. Estudió Lengua y Literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal donde en 1990 iniciaría, con un grupo de amigos, la aventura poética de Noble Katerba. Además estudió Sociología en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos integrando en 1995 La Mano Anarka, un grupo de resistencia contra la dictadura y la intervención universitaria.Ha participado en múltiples recitales  y ha publicado en diversas revistas y diarios del medio.Ganador del premio HORACIO con la obra Viajando a Nairobi 2003.Es autor de los poemarios Branda y la Mesón de los Pandos (1993), El Libro Azul (1996), MAKA (1999), Jugando a ser Dios (2000), Carne de mi Carne (2002), La Virgen Negra (2003), Viajando a Nairobi (2003). Estudió Maestría en Literatura Peruana y Latinoamericana en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.   

*

36 

aquel caballo hipocondríaco de siempre

el menos conocido y el menos amado

posee dos patas traseras / persecutivas

viene de una pieza primitiva e insignificante

está ebrio como los grandes ebrios

Verlaine Hopkins Baco y yo mojado de pies a cabeza

ha empobrecido a un grado cero

límite entre el ser y la nada

sus movimientos son lentos y repetidos

el espacio que habita es tan pequeño

que no se alcanza a sí mismo

está a la deriva sus ancas son de una realidad asombrosa

sus extremos largos y oscuros

se aterciopelan con la luz amarilla es malo

la soledad intensa de sus ojos son malos

el silencio de la soledad de sus ojos

se pierde en la habitación

el delirio se aproxima repentinamente a los lugares vacíos

la noche relinchala persecución no tiene límites

es la forma de acercarse y entregarse mansamente a la locura

como un caballo tiene los nervios desajustados

la fuerza alucinante de las mareas bravas es abominable

a veces tierno y salvaje

su belleza es de un licor amargo pero necesario se droga

regla y defeca

pero lo amo y eso es todo.   

(De “El Libro Azul”) 

* 

LOS PERROS DE HOPKINS 

Hubo un perro que creció por la derecha

alto y libre entre muchos otros

marginal cuando lo matices

no armonizaban sus dolores

aquellos dolores enormes e interminables

que se pegaban a las paredes

a esas paredes sucias de Lima en otoño

donde también nosotros crecimos de cara

a los vanos recuerdos

un perro baldío y un corazón dispuesto

a llenarse de tatuajes el alma

un perro en el umbral

un perro en la confitería

un perro equivocadamente perro como muchos

porque le dio asco ser una jauría y ladrar como todos

para no morir con una bala en la panza

lo conozconació conmigo embebido de falsas manías

académico y creyente

lo recuerdo porque dimos juntos los primeros pasos

caminamos los mismos caminos vertiendo

lágrimas diferentes

Hubo un hombre que era un perro persiguiendo

gatos pintados en las aceras

tomó un arma y derribó algunos pájaros

se hizo perro miliciano

asmático y suicida

fue héroe de su propia piedad

de sus propios espectros

lo conozco como me conozco yo

porque lo soñé temblando en un rincón del cuarto

porque lo escuché en el silencio de un blues

siglos y siglos

yo estuve entre cuatro paredes solo y desnudo

delgado hasta los huesos

arrancándome las penas para no morir más

arrancándome lo que soy

arrancándome lo que he sido cien veces

a espaldas de todo el mundo

Esta es mi vida y este es mi revés

soy yo y eres tú querido perro maldito

pero hoy

yo me adhiero a tus penas y a tus sueños. 

(De “MAkA”) 

* 

VEINTE

Lo único real son mis manos clavadas en la pared

y mi caballo ciego tropezando por la habitación

mi pequeño caballo muerto

por esta habitación sin puertas ni ventanas ni luz   

ni espaciosólo espaldas   

sólo siluetas

sólo la soledad clavada junto a mílo demás son puras palabras

allá afueraes trece de octubre

y hay sol y hay muchos caballos vivos

y está BUKOWSKI amarilleándose hoja por hoja

y un pájaro expuesto al sol amarilleándose

y un árbol frente a la casa amarilleándose dos veces

Pablo toma un arma y va a morir al patio

María pinta sus senos de azuly sale a la calle a comprar legumbres

allá afueralos obreros están trabajando

las mujeres están vendiéndose en las esquinases Lima

y una vez más sólo queda vestirse con un necio disfraz

para gritarle a todo el mundo que estás bien

que estarás bien por el resto de tu vida pero ya nada importa

hace muchos años que ya nada importan

o importas túy no importo yo

Allá afuera Manuel tiene una patria

Efraín tiene un jardín con lirios rotos

y una mujer con un arco iris grabado en la espalda

Cecilia lava ropa por las mañanas y cuenta

las estrellas por las noches

tiene un hermano pequeño

dos meses de gestación y un triángulo isósceles enrollado a su cintura

Aquí adentrosólo estoy yo sin patria sin jardín y sin estrellas

en la noche sólo con un candelabro encendido

y algunos cráneos tirados por el suelo

pero yo estoy aquí

y eso es lo que cuenta.  

*

JORGE CASTILLO ZUBIAGA 

Nació en Lima. Es un autor multifacético, creativo e imaginativo. Entre sus publicaciones tenemos  El dedo erguido, poemario festivo, 2002, muestra simpática de travesuras poéticas que levantan el entusiasmo y hace sonreír. La tilde precisa, Método práctico de acentuación, 2005.  Además tiene por publicar: Mis cuentos rimados,  y la novela juvenil “En la casa del tío Abel”  

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Los libros

(Elogios de la lectura). 

Si es cierto y sabemos que el entendimiento

se nutre en los libros,

¿por qué no leer?

Si son del espíritu sutil alimento,

¿por qué no tomarlos con sumo placer? 

Los libros se han hechos para utilizarlos,

leerlos y hojearlos con gran interés;

no se han editado para contemplarlos,

tendrán que gastarse y acabar después. 

Un libro está ansioso de que tú lo cojas,

que le des cariño, que todo lo leas

para que te ilustren sus flexibles hojas

y uses tu criterio, crezcan tus ideas. 

Cerrado es un cofre que guarda y espera;

el conocimiento vibra en su interior;

es fruto logrado que semilla era

y un autor paciente sembró con amor. 

Que lo luzcan un libro sólo decorando,

porque su precioso, sabio contenido,

en tal cautiverio se irá marchitando

por su estado inerte, vano, sin sentido. 

¿Por qué no entendemos desde muy temprano

que un buen libro es fuerte de sabiduría?

Leer es deleite solamente humano

y el saber es brújula, faro que nos guía. 

Habiendo ignorancia, poca es la ventura;

hay dudas, tropiezos, oscuro horizonte;

llave de oro múltiple será la cultura,

escudo en problemas que cualquier a afronte. 

Por eso: A  jóvenes necios de conducta loca,

Y a tanto que el tiempo sin medida pierden,

Con vivo entusiasmo gritarles provoca:

¡AGARREN LOS LIBROSPORQUE ELLOS NO MUERDEN! 

*

 La composición (serventesios dodecasílabos de hemistiquios isosílabicos) pertenece a la obra “ El dedo erguido”, con poemas festivos del autor (244 Pág.).

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SILSH

SILSH

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COPIO Y PEGO         

Copio y pego ilusiones

con esta pasión renacentista.

Aplasto la nariz sobre ese charco

que traspasa el umbral

de la conciencia. 

Copio y muevo

reflexiones de ayer.

Archivo versos de organdí

pinto de cian

transformo el habla

con tijeras. 

Pego un nuevo almanaque

zipeo inviernos

borro algún desengaño

entre columnas

reduzco abismos.

Abro buhardillas en red

por cada celda

que iluminen la vida.

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 Ilustración : Nikahang Kowsar

http://www.irancartoon.com/NIK/INDEX.HTM

Arianna CASTAÑEDA

 

Lima, 1981, Estudió Derecho y Ciencia Política en la Universidad de San Martín de Porres. Ha publicado en diversas revistas, como el Hablador, Letralia, Baquiana, Almiar, La Siega, entre otras. Actualmente trabaja en el Boletín Cultural "Chasqui, el correo del Perú". Acaba de publicar su primer libro "El jardín de los amables espinos". 

E-mail :  acastanedaf@gmail.com

Pagina personal : www.animalsano.blogspot.com 

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INVITACIÓN

  

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«EL JARDÍN DE LOS AMABLES

ESPINOS EN TRUJILLO»


La Asociación de Promoción Cultural Sumas Voces y el BBVA Banco Continental de Trujillo, tienen el agrado de invitarte a la presentación del libro El Jardín de los Amables Espinos de Arianna Castañeda. Oficiará como presentador el poeta Miguel Ildefonso.

Agradecemos su gentil asistencia.

Trujillo, Julio de 2006

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Día: viernes 14 de julio
Hora: 7:30 p.m.

Lugar: Casa de la Emancipación
Jr. Francisco Pizarro 620

Whisky de Honor

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Preguntas a Arianna Castañeda

http://animalsano.blogspot.com/2006_02_01_animalsano_archive.html

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Arianna:

La grabación de la entrevista salió mal. Empecé a transcribir las respuestas y se ha perdido todo. Te envío las mismas preguntas que te hice ese día. Mil disculpas, porque quería publicarte mañana (martes), pero tendrá que ser para el jueves.Un abrazo Tomacini



PREGUNTAS:

-¿Por qué escribes poesía?

Escribo porque me aburro. Así, a secas, sin poses. No deberías hacer esta pregunta nunca más, es muy tonta, es como si me preguntaras ¿por qué te tiras pedos?
  


-¿Cuáles son tus principales influencias?
Supongo que todo lo que uno lee de alguna manera te influye. Escribí el libro sin pensar en eso, pero siento que si hay una escritora que ha influido mucho en mí, entonces es la Duras que me gusta mucho porque tiene frases cortas y contundentes. Aunque solo he leído las traducciones, no sé francés. Ay, qué tal roca. También he pensado que quizás Dickinson.
 


-¿Tu obra es una suma de instantáneas, de momentos fotográficos? ¿A qué se debe?
A que mis primeros poemas (los del libro) empezaron como un experimento en mi escritura. Antes yo juraba que siempre iba a escribir cuentos, pero llegó un momento en que nunca podía terminarlos. Así que medio jugando escribí los poemas como pequeñas historias, como las fotos polaroid.

Mi obra es una suma de Pequeños y coloridos pasajes de pajazos mentales. Piña, pues.

  
-Hay también una plaga de insectos, bichos en tu poemario ¿provienen de un jardín interno o externo?

Siempre he estado rodeada de insectos, bichos y toda clase de alimañas. Viví en Jaén desde los seis años hasta los diecisiete, la casa era un jardín de media manzana, un huerto según mi abuelo que era ingeniero agrónomo, donde llegaban los zancudos, las lagartijas, los saltojos, las tarántulas, las arañas de colores, culebras, ratas, incluso las aves de los vecinos. Mis piernas estaban siempre todas picoteadas, felizmente nunca cogí paludismo. Recuerdo una de las bromas crueles en el colegio: piernas con varicela. Aun en Lima, los insectos siempre me persiguen. Sobre todo recuerdo el verano de 2004 cuando mi hermana y yo matábamos los zancudos del cuarto arrojando almohadas y peluches al techo. Plafff, la mancha roja y espesa en la pared era un cuadro Bacon. En esa época escribí el libro, que es en realidad un regalo para mi hermana por su complicidad. Felizmente hoy tenemos de ese Raid que se enchufa.

 
-¿Explícame el origen del título del libro?

Es un verso que está casi al final del libro. Me lo sugirió Alonso Ruiz Rosas, como siempre tan atinado. Es el título perfecto. Antes no me había dado cuenta de que mi libro era en realidad un jardín.


-¿Cuál es tu relación con la naturaleza?
Creo que soy más escatológica que ecológica. Siempre me han gustado mucho los animales. En la casa de Jaén yo he tendido todo tipo de mascotas: perritos, chivitos, ardillas, cuyes, patitos, pollos... Las plantas no tanto porque traen bichos que joden mucho, pero a veces se me da por la jardinería. A las plantas nunca les hablo porque me parece muy cojudo. Igual siempre se me secan. Lo que sí me gustaría es volver a Jaén algún día y poder trabajar allá en lo que sea. Me gustaría que mis hijos vivieran entre cerros verdes como yo lo hice. Definitivamente la vida en provincia se extraña mucho. Aunque cuando vivía allá no me daba cuenta y siempre estaba renegando.



-Siento una voz dura y lacerante en tus poemas, ¿de dónde proviene todo ese dolor?

¿Tú crees? Yo diría más bien que es una voz irónica que no le queda más que reírse de toda las desgracias (que siempre se ponen de acuerdo para llegar juntas) o hacerte reír. Yo no me lamento, yo hago burla de la mala racha.



-Fernando de Szyszlo decía que el arte no debe significar algo, sino que debe transmitir sensaciones ¿crees que es así? ¿Por qué?

Pues creo que ambas cosas convergen en el proceso creativo aunque cuando uno escribe a veces lo hace para que otros entiendan lo que uno no puede entender. Eso es lo que me pasa, también. Yo no sé cómo hay gente que encuentra tantas cosas distintas en mis poemas como si fueran los dibujos de Larco Herrera. Pero sí, a mí me gusta transmitir sensaciones y ritmos. Cuando escribo lo hago siguiendo cierta cadencia, buscando la palabra que mantenga el ritmo que deseo, aunque a veces no tenga nada que ver con el texto, pero funciona o uno hace que funcione.
 


-¿Qué piensas de ti como mujer y como poeta?

Como mujer, como poeta, como escritora, como burócrata, como persona... Pienso que igual voy a tener que seguir trabajando para poder vivir. ¿Qué esperabas?




-¿Cómo calificarías tu debut poético?

Es un cómico y delirante cabaret ambulante. Me da un poco roche, en serio, ahora mis viejos leen lo que escribo y están pensando seriamente que debería tener un curador.
   

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TRES POEMAS HASTA LAS HUEVAS


Poema con scabiosis número dos 

Mira las heridas en mis manos

Scabiosis, dice el médico
Yo no le creo
O le miro sorprendida
Pero no sabes que esta enfermedad
No es de animales.

No me he revolcado
En camas tristes
Tampoco con extraños
El mal debe estar en casa
Jugando en los cojines de los muebles
Sobre todo por las noches
E interrumpe mi sueño
Con cigarros y pensamientos malsanos.

Remedio:
Los ungüentos se burlaron
De mi desidia, ahora una vieja bruja
Espera en el baño
Con una esponja gris para lavar ollas:
Muerto el perro no se acaba la sarna.




Chata cosmiatra


Guarda los cristales en frascos
De azahar
Y huele con calma
Cada uno de los pescados salados
Y habitan en una pecera
De colores.




Revisión


El pulso y los colores
/juajosenotepongasnegro
concristalesblancos/
Mi puño y sus mentiras
/novoyaescribirte/
La boca y su conejos
/saltantodosenunabicicleta/.
 

Omar REQUENA

Omar REQUENA

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SILLA DE MIMBRE 

In memoriam J.S.M.  

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A duras penas se abre paso hasta la silla de mimbre. Ya no se fija, al sentarse, en lo deshilachado de sus bordes ni en lo grasiento de esas fibras que antes mostraron el brilloso colorido de las cosas nuevas; si lo han sostenido tantos dìas, sin romperse, otro montòn de años màs no serìa problema. Total, el tiempo, puede decirse, lo ha ido aligerando de peso; lo aliviò ya de piel, músculos y grasa. El hombre piensa de pronto en sus recuerdos y resuelve que no son mucha carga para una silla vieja, al contrario, son ellos el soporte, la fuerza viva que la mantiene en pie. El dìa en que deje de recordar y de pensar, se desplomarà en el suelo polvoriento del patio. Serà un objeto màs entre tanta chatarra y desperdicios, y no habrà llovizna de peces o desove de Dios en el techo, que lo salve de eso que ya se unta a las paredes, a la entrada de la casa. Oh, vecchio mestiere.  

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*  

Okum, es la voz caribe (kariña) con que se designaba a este rincòn del Tuy, y del que lògicamente deriva su nombre actual: Ocumare del Tuy. 

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OKUM

         

Entre brumas de borrachera... levantarse del pasto y, de cara al pueblo (allà las tìmidas lucecitas que suelen disfrazarlo tan bien) alzas los brazos, apuntalando bien el cielo en prevención de que no se nos caiga encima. Eso en primer lugar. Luego, cuando seguir el ritual es seguro, desenfundas, sujetas con toda la firmeza posible, y la Walter ppk dispara entonces los siete tiros de rabia contra el imposible animal, indiferente y adormilado; aunque bien sabes que jamás fenece, que irónicamente eres tù quien muere lentísimo, desengañado por los alfilerazos que la lucidez te devuelve.  

*

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Ilustracion :  Alen Lauzán Falcón

http://www.lauzan.com/home_lauzan.htm 

Salomón VALDERRAMA CRUZ

Salomón VALDERRAMA CRUZ

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Fantasma antípoda

 

«Este mármol no es escultura Y este cuadro no es pintura»

César Vallejo 

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«Noche de vientos del Sur, noche de grandes y pocos luceros,
tú, que en la paz cabeceas, loca, desnuda noche de estío.»

Walt Whitman  

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Antípoda por fin me dicen tienes 26 años

o ya para el caso da igual 62 annos

en que has aparecido en la estadística siglo XXI

intentando borrarte

microbio del Universo papila o sarna en la lengua

eructo leo como liberado otra vez

máquina mesiánica del Mundo te despido

te dibujo y te ensamblo insulso filólogo pragmático de orejas

microscópico de rosas imperios asexuados

un secreto pasa paja en el ojo abismo occipital

pido en la tierna computadora voces para amanocher

antipoemas de Aristóteles subterfugios novelas de carreras perdidas

sumando vite y muerda el cruento de Fernando Iwasaki Cauti

las coma de China los punto y comas de Alemania

los punto seguidos de Chile los punto apartes de Estados Unidos de Norteamérica

María de invisible evangelio saciada

modernismo Magdalena que es tos primavera

presunción o delicado amor perdido de poesía andina

estornudo y me entierro y no le temo mas me desespero

si ni siquiera me interrogan quemado morir no quiero

los punto finales de Perú que escaparme o rebelarme debo

doler amor o a Marte acostumbrarte

mancilla de abismal tierra fina adolecerte

estadio habitación o memoria de los planetas

sorbo del mar sórdido planicie del ojo

odio en que restaurado prevengo a la luz

raza no importa pellejo vacío recuerdo

tañer al chuncho pomo en que de belleza me desvisto

habitante o Viracocha hazme palabra entera exorcismo del intestino maldito

harto parido de harapos al garrote fagocitado

chinchircoma de hipócrita princesa de los cráneos elásticos

la revolución de los huacos termina ultrajada en el espacio

materia de tierna irrelevante desconocida en otro sueño hacío infinito.

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 Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/

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Oscar PORTELA

Oscar PORTELA

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EDGAR BAYLEY

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Sobre mi corazón la grafía de un nombre,
resguardo o intemperie. Desde mañana sueña
y vive aquello que no tiene pasado.

El presente es un duelo y el rito de un instante.
¿Como podríamos prometernos luego unos a otros
el signo de una marca y la latencia de un presente infinito?

En el corazón sin luto,
la figura del duelo y el vértigo del olvido
donde nadan solísimos nombres como testigos.

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 Ilustración : Mohammadreza

http://www.irancartoon.com/doustmoham/index.htm

Omar REQUENA

Omar REQUENA

   

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LOS PENITENTES  

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“El alma es la parte más fatigada del cuerpo”

Paul Bowles    

01  

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Ignacio, luego de encender el cigarrillo respectivo y vigilar que el vaso frente a él permanezca lleno de ron y coca cola, se arrellana entre los brazos de la ruidosa poltrona de semicuero café que resopla y cruje a pesar del menguado peso que abandonan sobre su vientre, esos huesos melancólicos.

Frente al madrileño, Thaìs deja salir bocanadas de silencio. Siente como el sueño y el cansancio se agitan dentro de ella. Una lucha torpe que no decide nada. Mejor, lo menos que desea a estas alturas es dormir, y menos con Ignacio allí, tumbado, los huesudos pies embutidos en sus viejos mocasines italianos, moviéndose inquietos, como pensando. Tal vez queriendo huir y dejar atrás el magro cuerpo que les ha tocado en suerte. El calor, por su parte, hace de las suyas abrillantando sus rostros con gruesas gotas de sudor que secan con pañuelos ya sucios y húmedos.

Tres de la mañana. El disco de Georges Moustaki, termina de sonar por la cara ˝A˝ y, abruptamente, el bracito mecánico levanta su aguja y regresa para comenzar nuevamente.

Solo cuando salta el chisporroteo de la estática, a través de las cornetas, notan que todo ha vuelto al inicio.

- Joder, como adoro ese ruidito - dice Ignacio.

- Todavía no me has contado nada - le reprocha Thaìs, mirándose en el fondo de su trago. -Y eso que, según tu, hay al menos un mínimo de confianza.

Pero el madrileño no la escucha׃

-… es parecido a cuando se desdobla una hoja de papel cebolla. Son magnificas para dibujar, para calcar cuando no se tiene demasiado talento. La estática de un acetato es un ruido metafísico… yo diría que, congela el tiempo en un lugar determinado. Lo hace flotar sobre nosotros. Al contrario de los reproductores de CD que son veloces y fríos, casi se conducen solos. No nos necesitan.

- Bah… pero el sonido es inmejorable - responde Thaìs.

- Puede ser, puede ser… Yo he oído long play en perfectas condiciones, que suenan cojonudamente. Tanto, como un aparatito de esos que ni siquiera pesan lo suficiente como para ser tomados en serio.

- Eres un anticuado - dice Thaìs - y además estas algo borracho. Pero no importa, me agrada. Hacía mucho que no bebía ron, con lo que me gustan las cuba libre. ¿Por cierto… donde está Fermincito? El es quien me los ha servido, y la verdad que los prepara riquísimos. Debe haberse dormido.

- Ese tío no se anda con melindres, a la hora de echarse a sobar. ¡Joder! Es como si le hubieran hecho sus padres, con el sueño acumulado de una semana…

- Pobrecito, estará cansado. Me dijo que madrugó, porque necesitaba hacer unas diligencias en Caracas con urgencia, para después regresar y preparar la reunión.

- Hombre, yo tengo dos noches sin dormir, y aquí me ves - suelta Ignacio - dándole al palique, y bebiendo más ron que Hemingway.

En eso, por entre los barrotes de la reja, asoma la sinuosa figura de un gato. Con paso elástico se acerca al madrileño, frotando su cabecita bicolor contra el pantalón del hombre, quien sin pensarlo abandona por momentos el dedo incendiado de su cigarro, y acaricia un lomo arqueado y suave que ronronea de gusto al ser correspondido en sus muestras de afecto. Thaìs mira la escena complacida, entrecerrando los ojos, con el ceño hermosamente arrugado (un gesto muy suyo) El gato de pronto maúlla lastimeramente, Ignacio entiende la actitud del animalito y toma de la mesa una lonja de jamón, que el felino primero olisquea y después atrapa con sus patas delanteras, para salir corriendo a devorar su premio en algún rincón, bien escondido de miradas humanas.

El madrileño limpia sus dedos con una servilleta, mira hacia Thaìs, y dice:

- Se parecen tanto a nosotros… Cortàzar hasta les dedicó cuentos enteros.

- Tenía un vinculo muy especial con ellos - agrega Thaìs - Hay una foto de él conversándole a su gato, y casi me atrevo a decir que los unía una especie de comunicación telepática. Impresionante.

Una ligera brisa, casi inocente, entra por la puerta abierta, en compensación al denso calor de la salita. Ignacio se levanta con velocidad suficiente para despistar a la ruidosa poltrona, quien se queja demasiado tarde. Solicita el vaso a Thaìs para servir dos tragos más en la cocina. Y pensar. ¿En qué? Se esfuerza por definir mentalmente un estado de ánimo, o al menos fijar imágenes que resultan demasiado volátiles, torpemente imprecisas. ¿Dolorosas? Tal vez. O si, coño. Dolorosas, imprecisas, volátiles. Eso. Y apelmazadas, entremezcladas, sucias. Avasallantes también.     

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02  

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La noche de fin de año en el centro del de Ocumare, es como cualquier noche de fin de año en provinci׃ calurosa, salpicada de gente y ruidos de todo tipo. Violenta. Elsa se arropaba con la música en mitad de la pista de baile. Cerraba los ojos y movía sus voluptuosas caderas exageradamente. Abandonada. Desde la mesa, Noris y Michelle, mareadas por el whisky, aplaudían y silbaban. Yo, permanecía en silencio, molesto por estar bebiéndome el orine del diablo, solo por complacer a Noris de abandonar mi entrañable ron, una noche al menos. Pero ya estaba hasta los cojones, y me cambiaría junto a mi cuba libre, a la menor oportunidad.

De la calle venían más y más personas. Casi todos de piel oscura, morenos como uvas. Joder, que no había visto tanta gente de color reunida en un solo lugar. De Ocumare, quiero decir. Pasaban junto a nosotros, dirigiendo codiciosas miradas a Michelle y a Elsa. La primera con una falda cortísima que dejaba al descubierto buena parte de sus muslos estupendos; la segunda con un pantalón muy ajustado y brillante, que resaltaba la vertiginosa curva de sus caderas. Eso, aunado a su estatura y bonito rostro hacían de ella el ejemplar más apetecible de las tres. Una tía guapa la Elsa, a pesar de su edad. O quizás por eso. De Noris, mi mujer (vivo con ella desde hace cinco meses),  prefiero no decir mucho. Es enjuta, de caderas esmirriadas, y manos huesudas. En un principio me gustó su cabello, muy negro y largo al  que gustaba de enroscar en mi sexo para mordisquearlo en nuestros juegos. Hace la tira de tiempo que no lo hace ya. Desde que vive conmigo ha cambiado muchísimo, se le ha metido en la cabeza la idea de adecentarse y ser una señora de su casa, y no “la putilla, loca por follar” con quien me empaté una vez. Odia mis papeles y mis libros, solo con la misma fuerza con que adoro yo a sus gatos. Tiene dos hijas de un primer matrimonio, dos jóvenes monstruos que algún día serán iguales a ella, cabello azabache incluido. Joder.

Elsa, estaba cada vez más frenética. Se bebía los whiskys como si de vasos de agua se trataran, y en lugar de la pista de baile, se moviera bajo el quemante sol de Nairobi, en pleno mediodía. Decía que se hallaba liberada de su castradora familia. No especificó, pero todos lo sabíamos: sus hijos, consentidos y rebeldes. Su madre, que después de cuarenta años la controlaba por teléfono, y le exigía explicaciones por cualquier “travesura”. Su padre era un médico alto y circunspecto que la trataba como a una gilipollas, y en el mejor de los casos, era parco y distante. No pudo estudiar mucho, ni leer mucho. Solo debía ser linda y complaciente y reservada. Y prejuiciosa. Lo suficiente como para no ceder a las “tentaciones” de un pueblo como éste. Una reprimida, vamos.

Elsa era inteligente a su pesar, encantadora y bella a su pesar.

-¡Qué familias de mierda hay por estos lados, coño!  

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Un moreno alto se acercó a la mesa y, con escandalosa desfachatez se llevó a Michelle a bailar. Elsa también se levantó tras ellos, era imposible mantenerla diez minutos seguidos con nosotros. Quise tomarla del brazo, pero Noris me lo impidió. “Déjala que disfrute”, decía. Parecía contenta con el derrape de Elsa. Incluso, le servía los tragos más fuertes que al resto del grupo. Luego de unos minutos, quiso que bailáramos, y me negué. Odio bailar. Odio todo en estos días estúpidos. Noris me miró entonces con el verdadero sentimiento que nos unía en esas fechas: el desprecio. Miento si no digo que me sentí aliviado. Por ella y por mí.  

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¿Cómo sucedió? A ver, fue más o menos así. Recuerdo que se había formado un círculo de personas bailando, dos o tres horas después de medianoche. Que Elsa era el centro del círculo y bailaba acariciando sus pechos, restregando sus caderas contra todos los cuerpos que la buscaban. Era deseada y manoseada. Un breve lapso en que me hundí en mí mismo, cerrando los ojos y, al abrirlos, estalló una algarabía burlona: era Elsa, tumbada bocabajo en medio de la pista, con una expresión, no sé si de miedo o sorpresa. Puede que ambas cosas a la vez. Junto a ella, una muchacha le gritaba  y  escupía, furiosa. Ya  dije que la Elsa es una tía enorme. Como pudo se levantó y golpeó a la muchacha (morena) en la mandíbula, con tal fuerza que, esta vez la derribada fue aquélla. Se armó un lío de los cojones. Llovían golpes, botellazos, insultos. Escapamos a toda prisa, pues los morenos nos perseguían con intenciones de matarnos. Por suerte, la casa de Elsa (del papá de Elsa, el médico de la mierda) quedaba a pocos metros del Toronquey. Sujetaba a la vociferante Elsa con un brazo y a Noris con el otro, corriendo lo mejor que podía. Vamos, que yo no estoy para estos trotes ya. Siempre detesté el exagerado esfuerzo físico. Michelle estaba mucho más adelantada, tacones en mano, buscando entre el manojo de llaves que afortunadamente llevaba consigo, y no mi querida Elsa. Joder, qué hermosa se veía con el cabello castaño, humedecido y pegado al rostro pálido. Su barbilla insolente, salpicada con gotitas de sudor que quise lamer allí mismo. Porque no te conocí antes, Elsa. Noris, a mi lado, ríe como una maniática porque te sabe vulnerable. Derrotada. Y a mí, me cabrea eso un montón. Siempre supo lo que sucedería, la muy puta. Ella es una porquería, una nulidad. Un jodido fantasma de pueblo. ¿Qué haces tú aquí, qué hacemos aquí, Elsa? No lo sé. Yo un día abrí los ojos… me había dormido en un asiento de Barajas, y al despertar bullìa la Plaza Bolívar de Ocumare, bajo un sol que lo invadìa todo… mis recuerdos màs remotos. Buscando partir de cero, tal vez. Una vida nueva. ¿Nueva? Joder, ¿y la ristra de nombres que no se consumen todavía? ¿Y las presencias que cada tanto regresan  sin pizca ninguna de pudor o misericordia? 

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Jardines del Descubrimiento… Parque del Buen Retiro, Plaza de Cibeles. Atocha. Borracheras en Puerta del Sol. Mi cuerpo mental recorriendo la  Gran Vía de Alcalà, sin hallar nada porque la ciudad se ha marchado de mì por màs que la haya amado, y los taxis (odiar para siempre los carros por puesto) me abandonan en la Calle Ribas con una murria de puta madre, y estalla la mancha de sol con música vallenata, yéndose tras esos culazos soberbios que tan pocas veces me han pertenecido. A espaldas de Noris y a sabiendas de mis amigos, que adoro ya de lejos. Mil perdones a vosotros. Desde siempre os he fallado. 

(Ya sè: vine por tì, Elsa. Pero resulta que lleguè tarde, como de costumbre. Te habìas consumido en la espera de los que no aguardan. El jodido tiempo nos alcanzò, nos desprendiò de su costado. Hundidos en este barro traslùcido –sustancia de nuestra derrota- nos tocarà querernos a destiempo. Inventariarnos cada espacio, cada pliegue, cada cabello, porque los cuerpos seguiràn siendo nuestro ùltimo refugio. ¡Què hermoso es vencernos, mi esperada!) 

Al amanecer, salí a mirar los destrozos. Un reguero de botellas rotas alfombraba la entrada de la casa. El número telefónico de la policía permaneció ocupado el rato que duró todo. Por suerte ninguno de los tíos llevaba pistola: no me imagino si en lugar de botellazos, nos hubieran disparado, madre mìa.Es que para vivir aquí, en este pueblo,  más que resignación o cojones hay que tener sentido del humor. Y sospecho que yo no lo tengo, que en el fondo no lo he tenido nunca.    

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03  

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Un coro de ronquidos compite en volumen con el canto de las cigarras del patio trasero de la casa. “La naturaleza versus el hombre”, piensa Ignacio sin demasiado interés. Dentro de poco se irá, tratará de dormir. Le asaltan ideas para escribir, pero no: hay que resistir a la tentación. Convencerse de que el cansancio es más fuerte, y no al revés. El ron se terminó. Ahora hace falta café. Y más cigarrillos.

Cuando regresa a la sala, encuentra a Thaís guardando una baraja de cartas. Ignacio le tiende el brazo y Thaís sujeta el vaso con ron. Tiene los anteojos sobre la nariz redonda, pequeña, y eso le da a su juicio un aire de gravedad un poco infantil. Sonríen.

- ¿Todavía quieres que te cuente? - pregunta Ignacio.

- No. Ya lo hicieron por ti- responde ella.

- ¿Las cartas?

- Sí.     

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04   

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El sol comienza a flotar sobre el horizonte. Lo hace sin ser anunciado por ningún gallo. Esto sorprende al madrileño, acostumbrado a sus cantos. Thaís tose  y luego bebe un sorbo de ron. Busca cigarrillos en su cartera que termina encontrando Ignacio en los bolsillos de su camisa. Le ofrece uno.

- Discúlpame, Thaís, el exceso de reserva. Sabes que no soy así.

- No te preocupes… de todos modos me iba a enterar

Ignacio mira su reloj y  se revuelve, inquieto, sobre la poltrona que al fin se ha quedado dormida y no se queja.

- ¿Te vas ya? - pregunta ella.

- Dentro de poco - responde él.

Thaís abre su cartera y saca la baraja de cartas nuevamente. El madrileño al ver el gesto quiere salir corriendo, pero esta vez los inquietos pies no se lo permiten.

-¿Al menos vas a dejar que te las lea… ¿no? - dice la mujer.

- Mi único futuro cierto, con perdón del cliché, se llama pasado - responde Ignacio, soltando una larga bocanada de humo - Lo demás no me interesa, es propina. Y aún así, quién está seguro de eso. Yo hace rato caí del tiempo. Como tú.  

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Y de pronto, la sala se esfuma. 

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*Ilustración : Gary Shead  http://www.fallsgallery.com.au/