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Revista Literaria AZUL@RTE

Ana Rosa GUTIÉRREZ J.

Ana Rosa GUTIÉRREZ J.

 

Sade. Cómplices del placer

24 al 27 de agosto
Teatro de la Ciudad
Donceles #36, Centro Histórico
J y V 20 hrs.
S 17 y 20:30 hrs. D 13 y 17 hrs.
Tel. 5510-2197
De $100 a $350
  

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Liberan su ingenio
Ana Rosa Gutiérrez J.



Como una relectura a la filosofía del Marqués de Sade, que se refiere a los juegos de poder y al alcance de la libertad absoluta, el director escénico Israel Casillas estrena el espectáculo "Sade. Cómplices del placer", el cual ha adaptado a situaciones cotidianas de actualidad y que poco tienen que ver con las parafilias sexuales de los denominados "sados".

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Para Casillas es importante definir conceptos en torno a la filosofía del Marqués de Sade para entender mejor el montaje, que incluye música clásica, actuación, performance y canto. El director considera que "no es lo mismo ser Sádico que Sadeano, término que mejor define al Marqués. Los sádicos han existido desde antes de Sade y los Sadeanos a partir de su obra"; por lo que su propuesta teatral representa un ensayo expresado en palabras, cuyo referente son obras literarias del Marqués.

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Los textos vertidos en las escenas no son propiamente citas de lo ya expresado por aquel magno personaje, sino más bien son breves reflexiones e hipótesis de cómo se vive el sadinismo en este siglo XXI. De manera metafórica y aplicada a las relaciones humanas, Casillas busca demostrar que aún vivimos en una cultura de la culpa y que los látigos y las cadenas ahora toman forma de novios, novias, mamás, papás; en fin, personas que heredan traumas y frustraciones que nos impiden ser libres.

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La dinámica del espectáculo consiste en la lectura de escritos, actuaciones, proyección de imágenes e intervención musical de piezas clásicas para piano solo, que van del siglo XVII y hasta la actualidad.

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En "Sade. Cómplices del placer" está la presencia de un personaje significativo, la Marquesa de Sade, interpretado por Regina Orozco, acompañada en la parte musical por el pianista Rodolfo Ritter, así como por los actores Prado, Junior Harding, Tito Hernández, Yammel Rodríguez, Jovan Guerrero, Iván Suárez y Alis Ascencio.  

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Cuentos, historietas y fábulas del siglo XVIII (Donatien, 1999)

Quienes creen que el marqués de Sade no era más que un libertino que escribía historias horribles que sólo pueden gustar a otros libertinos, harían bien en leer esta obra. No es que aquí el libertinaje no tenga también su lugar, pero es diferente. Es cierto que en algunas de estas historias salen a relucir ciertos aspectos característicos que delatan a su autor, pero muchas otras podían haberlas escrito perfectamente Voltaire o Rousseau, por ejemplo. Entre las principales obras del Marqués, esta destaca por ser sin duda la más "convencional". Aquí ya no hay escenas abominables, ni largos razonamientos filosóficos que intenten justificar el libertinaje. En su lugar encontramos historias llenas de picaresca y de ingenio, o simplemente divertidas. El personaje del libertino "estándar", que tanto escasea en las otras obras de Sade, es aquí la regla. La mayor parte de los cuentos tratan sobre cornudos, curas libertinos, y demás personajes típicos de los cuentos picantes. Estas características, que para el lector convencional quizás resulten atractivas, seguramente decepcionarán un poco a quien esté acostumbrado a sus otras obras. No es que este libro resulte malo; es divertido y está bien escrito, pero no tiene la grandeza de La filosofía en el tocador o Las 120 jornadas de Sodoma.


La mayoría de los cuentos son muy cortos; algunos ni si quiera llegan a ocupar una página, lo que facilita aún más su lectura y la hace más amena. Tan sólo El presidente burlado destaca por su extensión, frente a la brevedad casi lapidaria de los otros, que son más anécdotas que cuentos. En este, el marqués se ceba continuamente sobre la figura del presidente, lo ridiculiza de todas las maneras posibles y uno casi cree que no continuó escribiendo porque ya no sabía qué añadir para dejarlo a la altura del barro. Esta actitud responde, como se imaginarán todos aquellos que conozcan su vida, al odio atroz que siempre sintió por los jueces, pero muy especialmente por los de Aix, que le fueron los primeros en condenarlo públicamente.


No es, sin duda, la obra más representativa del marqués ni la mejor, pero sí la más divertida y agradable. También es un complemento perfecto de las otras, porque demuestra la versatilidad y la calidad de su autor, y da al conjunto de su obra un mayor equilibrio que la hace más grande.

http://www.sade.iwebland.com/  

Marqués de Sade

Marqués de Sade

  

La ley del talión
[Cuento. Texto completo]  

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Un honesto burgués de la Picardía, descendiente tal vez de uno de aquellos ilustres trovadores de las riberas del Oise o del Somme, cuya olvidada existencia acaba de ser rescatada de las tinieblas apenas hace diez o doce años por un gran escritor de este siglo; un burgués bueno y honrado, repito, vivía en la ciudad de San Quintín, tan célebre por los grandes hombres que ha dado a la literatura, y vivían allí honradamente él, su mujer y una prima en tercer grado, religiosa en un convento de la ciudad. La prima en tercer grado era una muchacha morena, de ojos vivaces, nariz respingona y esbelto talle. Fastidiada por tener veintidós años y por ser religiosa desde hacía ya cuatro, la hermana Petronila, pues ese era su nombre, poseía además una bonita voz y mucho más temperamento que religión. En cuanto a Esclaponville, que así se llamaba nuestro burgués, era un joven gordinflón de unos veintiocho años a quien por encima de todo le gustaba su prima y no tanto, ni muchísimo menos, la señora de Esclaponville, pues venía acostándose con ella desde hacía ya diez años y un hábito de diez años resulta verdaderamente funesto para el fuego del himeneo. La señora de Esclaponville -hay que hacer su descripción, pues, ¿qué ocurriría si no cuidásemos las descripciones en un siglo en el que sólo hay demanda de cuadros, en el que incluso una tragedia puede no ser aceptada si los vendedores de telones no ven en ella seis cambios de decorado, por lo menos-; la señora de Esclaponville, repito, era una rubianca algo insípida pero blanca como la nieve, con unos ojos bastante bonitos, algo entrada en carnes y con esos mofletes que se suelen atribuir a una buena vida.

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Hasta el momento en que nos hallamos, la señora de Esclaponville ignoraba que pudiera existir una forma de vengarse de un esposo infiel. Prudente como su madre, que había vivido ochenta y tres años con el mismo hombre sin haberle sido infiel jamás, era todavía tan ingenua y tan candorosa que no podía ni siquiera sospechar ese espantoso crimen que los casuistas han denominado adulterio y que los sofisticados, que todo lo suavizan, han calificado simplemente de galantería. Pero una mujer traicionada pronto recibe consejos de venganza de su resentimiento, y como nadie quiere quedarse a la zaga, en seguida que se le presenta la ocasión no hay cosa alguna que la arredre para que nada le puedan reprochar. La señora de Esclaponville se enteró, al fin, de que su querido esposo visitaba con excesiva frecuencia a la prima en tercer grado; el demonio de los celos se apodera de su alma, acecha, se informa y acaba por descubrir que hay muy pocas cosas en San Quintín tan probadas como los amoríos de su esposo y de sor Petronila. Segura de su efecto, la señora de Esclaponville declara finalmente a su marido que la conducta que observa la desgarra el alma; que ella nunca ha merecido un comportamiento semejante, y le ruega que no siga haciendo de las suyas.

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-¿De las mías? -le contesta flemáticamente su marido

- ¿No sabes, amiga mía, que acostándome con mi prima la religiosa gano mi salvación? Con una intriga tan santa el alma queda limpia; es como identificarse con el Ser supremo; es como si el Espíritu Santo tomara cuerpo dentro de uno mismo. No puede haber ningún pecado, mujer, con personas consagradas a Dios; purifican todo lo que se hace con ellas, y frecuentarlas suele despejar el camino hacia la beatitud celestial.

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La señora de Esclaponville; no muy satisfecha del éxito de su amonestación, no despegó los labios, pero jura en su fuero interno que ya sabrá encontrar alguna forma de elocuencia más persuasiva... Lo malo de esto es que las mujeres siempre encuentran lo que buscan: por poco atractivas que sean, no tienen más que invocarlos y los vengadores les llueven por todas partes.

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En la ciudad vivía cierto vicario de parroquia al que llamaban el padre Bosquet, un buen mozo de unos treinta años que andaba detrás de todas las mujeres y que estaba haciendo un bosque con las frentes de todos los maridos de San Quintín. La señora de Esclaponville corrió al vicario; como es inevitable, el vicario conoció a su vez a la señora de Esclaponville y los dos llegaron a conocerse tan a fondo que ambos hubieran podido pintar un retrato de cuerpo entero del otro sin temor a la más pequeña equivocación. Al cabo de un mes todos acudieron a felicitar al bueno de Esclaponville, que se jactaba de ser el único que había escapado a las temibles galanterías del vicario y de poseer la única frente aún no mancillada por aquel granuja.

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-Eso no puede ser -contesta Esclaponville a quienes se lo contaban-, mi mujer es tan virtuosa como una Lucrecia, no lo creería aunque me lo repitieran mil veces.

-Entonces, ven -le dice uno de los amigos-, ven y haré que te convenzas con tus propios ojos y luego ya veremos si sigues dudándolo.

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Esclaponville se deja llevar y su amigo le conduce a un paraje solitario, a una media legua de la ciudad, donde el Somme, encajonado entre dos arboledas frescas y cubiertas de flores, invita a los habitantes de la ciudad a un delicioso baile; pero como la cita era a una hora en la que por lo general nadie se está bañando todavía, nuestro infortunado esposo apura el amargo trago de ver cómo aparece primero su virtuosa mujer y acto seguido su rival sin que nadie venga a estorbarles.

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-¿Y qué? -le pregunta su amigo a Esclaponville-, ¿ya te empieza a picar la frente?

-Todavía no -contesta el burgués rascándosela, no obstante, sin darse cuenta-, a lo mejor viene aquí a confesarse.

-Entonces esperemos al desenlace -responde su amigo.

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No tuvieron que esperar demasiado. Nada más llegar a la deliciosa sombra del oloroso seto, el padre Bosquet se despoja de todo cuanto pudiera constituir un estorbo para los amorosos abrazos que maquina y pone manos a la obra santamente para elevar, quizá ya por trigésima vez, al bueno y honrado de Esclaponville a la altura de los restantes maridos de la ciudad.

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-Y bien, ¿ahora lo crees? -le pregunta el amigo.

-Volvamos -responde agriamente Esclaponville- porque a fuerza de creerlo podría muy bien matar a ese maldito cura y me harían pagarlo más caro de lo que vale; volvamos, amigo mío, y guardadme el secreto, os lo ruego.

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Sumido en la mayor turbación, Esclaponville regresa a su casa y su beatífica esposa aparece poco después para comer en su casta compañía.

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-¡Un momento! -exclama el burgués, furioso-. Mujer, siendo aún un niño juré a mi padre que nunca me sentaría a la mesa con prostitutas.

-¿Con prostitutas? -le contesta beatíficamente la señora de Esclaponville-. Amigo mío, vuestras palabras me asombran, ¿es que tenéis acaso algo que reprocharme?

-¡Pero cómo, carroña! ¿Que si tengo algo que reprocharos? ¿Qué es lo que habéis ido a hacer esta tarde a los baños con nuestro vicario?

-¡Oh, Dios mío! -responde la dulce esposa-. ¿Sólo es eso? ¿Eso es todo lo que tienes que decirme?

-¡Cómo, diablos, que si es eso todo...!

-Pero, amigo mío, yo he seguido vuestros consejos. ¿No me dijisteis que no había nada de malo en acostarse con gente de la Iglesia, que el alma se purificaba con una intriga tan santa, que era como identificarse con el Ser supremo, hacer que el Espíritu Santo entrara dentro de uno y abrirse; en una palabra, el camino de la beatitud celestial...? Pues bien, hijo mío, yo no he hecho más que lo que me indicasteis, por lo que soy una santa y no una ramera. ¡Ah!, y os añado que si alguna de esas almas elegidas de Dios tiene medios para abrir, como vos decíais, el camino de la beatitud celestial, tiene que ser, sin duda, la del señor vicario, pues yo no había visto nunca una llave tan grande.

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FIN 

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Leer más:

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/fran/sade/mds.htm 

http://www.sade.iwebland.com/

http://es.wikipedia.org/wiki/Marqu%C3%A9s_de_Sade 

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Leonardo NUÑEZ

Leonardo NUÑEZ

José Miguel Varas obtuvo nuevo Premio Nacional de Literatura (en Chile)

Leonardo Núñez* 

SANTIAGO.- Una de las selecciones más rápidas de la historia resultó ser la asignación de este año del Premio Nacional de Literatura. En menos de media hora un jurado, presidido por la ministra de Educación, Yasna Provoste, decidió que el galardón lo recibía en esta ocasión José Miguel Varas.

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El cuentista, periodista y hombre de radio de 77 años se destacó así entre los 18 postulantes al galardón de 2006 y recibirá el premio que consiste en 14 millones de pesos y una pensión vitalicia mensual de 20 UTM (poco más de 600 mil pesos).

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Varas llegó al Ministerio a recibir su premio a las 11:30 y sus primeras palabras cuando la ministra Provoste le entregó el galardón fueron "nunca le había dado tantas veces la mano a una ministra", causando la risa generalizada de los presentes.

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José Miguel Varas confesó que aunque no quiso emocionarse, cuando supo que fue el elegido la alegría de su esposa y otras mujeres que lo acompañaban a la hora de recibir la noticia en su casa, terminaron por contagiarle el entusiasmo. "Este premio representa una gran responsabilidad para mí, pues antes lo habían recibido grandes escritores como Pablo Neruda y Gabriela Mistral, y al recordar esos nombres yo me siento como un enano por mi trabajo literario", agregó.
El jurado, que se reunió esta mañana en el Ministerio de Educación, estaba conformado por el último galardonado el 2004, el escritor Armando Uribe, el rector de la Universidad de Chile, Víctor Pérez; Matías Rafide, que representa a la Academia Chilena de la Lengua, y Marcela Prado Traverso, designada por el Consejo de Rectores.La decisión casi inmediata la explicó Uribe diciendo que "para mí no fue una sorpresa la rapidez de la elección. Nos sentamos en la mesa y escribimos en un papel nuestras preferencias y cuando abrimos estos, el nombre de Varas apareció encabezando casi todas las listas". Reveló que, previo a un breve intercambio de opiniones, la decisión fue unánime y agregó que "al menos este año se premió tomando en cuenta sólo la calidad literaria del premiado y no su inclinación política, como debiera ser siempre".Ante la pregunta respecto de qué opinaba de que una vez más no se premiaba a una escritora, José Miguel Varas dijo que "yo no podría disculparme por no ser mujer, pero sin duda esto es un tema pendiente en este premio y espero que más adelante muchas mujeres lo puedan recibir".Por otra parte, el galardonado aprovechó el momento para criticar la composición del jurado que otorga este premio argumentando que deberían ser más escritores los que deberían integrar el grupo que decide. "Falta representación de más escritores en el jurado, pero eso está en proceso de rectificación, así lo espero. Hay un proyecto para incluir un representante de la Sociedad de Escritores de Chile", dijo.

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Escritor, periodista y ahora Premio Nacional

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José Miguel Varas, nacido en Santiago el 12 de marzo de 1928, se destaca por una amplia y polifacética carrera. El autor aborda distintos géneros como la novela, el cuento, la biografía y el periodismo, y no sólo como autor se ha desempeñado sino que también como hombre de radio.

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Aunque su primera publicación titulada "Cahuín" fue a los 18 años , ya contaba con varios textos breves publicados en el Boletín del Instituto Nacional el '43 y '44, y años antes había fundado con sus compañeros el periódico "El Culebrón".

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Varas ha sido periodista de la revista "Vistazo", director del diario "El Siglo" y fue jefe de prensa de Televisión Nacional en el gobierno de la Unidad Popular. En su carrera literaria, destaca el discurso de bienvenida que le hizo a Neruda, una vez que éste vuelve del exilio en 1952.

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Luego de permanecer exiliado en Moscú, donde se dedicó más al periodismo que a la literatura, Vargas retorna a Chile recuperada la democracia. Desde 1990 hasta la fecha ha publicado más de 10 libros e integró el equipo que creó la desaparecida revista "Rocinante" de la que fue editor. 

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Sus obras son: Cahuín, cuentos (1946), Sucede, cuentos (1950), Porái, novela (1963), Chacón, biografía novelada (1967), Lugares comunes, cuentos (1968), Historias de risas y lágrimas, cuentos (1972), Las pantuflas de Stalin, crónicas (1990), Neruda y el huevo de Damocles (1992), El correo de Bagdad, novela (1994), La novela de Galvarino y Elena, biografía novelada (1995), Exclusivo, cuentos (1996), Cuentos de ciudad (1997), Nerudario, crónicas (1999), Cuentos completos (2001), Neruda clandestino, crónica (2003), Los sueños del pintor, novela (2005).   

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* del Mercurio : http://www.emol.com/ 

Otros sitios :

http://www.letras.s5.com/archivovaras.htm

http://www.librolibrechile.cl/site/?p=productsList&iCategory=83

http://www.voltairenet.org/article135365.html#article135365  

La Fundación Pablo Neruda

La Fundación Pablo Neruda

La Fundación Pablo Neruda Presenta el Libro Antología Poética Premio Pablo Neruda 1987-2005

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El próximo martes 22 de agosto, a las 19 horas en la casa-museo La Chascona, se realizará un recital de poesía en el que la Fundación Pablo Neruda presentará el libro Antología Poética Premio Pablo Neruda 1987-2005, publicación que reúne trabajos de los poetas ganadores del Premio Pablo Neruda, hasta el año 2005. Este galardón, que se otorga anualmente a un poeta no mayor de cuarenta años, se entregó por primera vez en 1987. Desde entonces lo han recibido dieciocho poetas, cuya obra es significativa para la literatura chilena contemporánea.

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El libro incluye trabajos de Gonzalo Millán, Raúl Zurita, Diego Maquieira, Clemente Riedemann, Carlos Trujillo, Teresa Calderón, Erick Pohlhammer, Alicia Salinas, Tomás Harris, José María Memet, Isabel Gómez, Bernardo Chandía, Rosabetty Muñoz, Andrés Morales, Armando Roa, Jaime Huenún, Víctor Hugo Díaz y Germán Carrasco. Algunos de ellos incluyeron poemas inéditos.

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Cada autor seleccionó sus propios poemas, tratando de dar, a través de trabajos de distintos momentos de su proceso creador, una visión panorámica de su obra. La suma de esas visiones ofrece una vista clarificadora de las corrientes, líneas y tendencias de la poesía chilena actual.

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La edición estuvo a cargo de Adán Méndez, asesorado por un comité de la Fundación Pablo Neruda.Jaime Quezada, autor del prólogo, identifica entre las tendencias que se hacen presentes en el libro, una poesía neovanguardista, una religiosa y de apocalipsis, una testimonial de la contingencia, una etnocultural, y una ideológico-feminista. Concluye que estas páginas registran y resumen en buena forma “dos décadas de poesía chilena en su pluralidad de temas, tendencias y variados lenguajes”. Asimismo da cuenta del constante desarrollo de nuestra poesía “en lo mejor de sus singularidades”.

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La Antología de los Premios Pablo Neruda 1987-2005 viene a contribuir así a este permanente trasvasije y relevo de la poesía, a través del tiempo y las generaciones. El mismo Pablo Neruda concebía la creación poética como un continuo misterioso que cruza las épocas. “Sobre la tierra, antes de la escritura y de la imprenta, existía la poesía”, escribió en 1953. Más tarde, en 1962, dijo: “El mundo de las artes es un gran taller en el que todos trabajan y se ayudan, aunque no lo sepan ni lo crean. Y en primer lugar, estamos ayudados por el trabajo de los que nos precedieron y ya se sabe que no hay Rubén Darío sin Góngora, ni Apollinaire sin Rimbaud, ni Baudelaire sin Lamartine, ni Pablo Neruda sin todos ellos juntos.”

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Esta antología viene a añadir muchos eslabones nuevos a la cadena luminosa e interminable de la creación poética.

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http://www.fundacionneruda.org/ 

Lilí MUÑOZ

Lilí MUÑOZ

 

Escritora argentina. Profesora en letras por el Instituto Nacional del Profesorado (Paraná, Entre Ríos) y por la Universidad Nacional del Comahue (Facultad de Humanidades, Neuquén); especialista en didáctica por la Universidad Nacional de Buenos Aires (Facultad de Filosofía y Letras) y magíster en didáctica (2003, título en trámite) por la misma universidad. Se desempeña como profesora en historia del teatro y literatura dramática en la Escuela Superior de Arte Dramático del Instituto Universitario Patagónico de Artes (Iupa), de General Roca, Río Negro. Poemas y ensayos suyos han sido incluidos en publicaciones electrónicas de Ediciones Culturales Neuquinas (1992) y en diversas antologías, tales como Canto rodado (Taller Literario de General Roca, 1984), Cuentos regionales argentinos (Ediciones Colihue, 1992) y Viento, violines y canto (Atech-Senado de la Nación, 2001), así como en la revista Cuadernos (Fundación Cultural Patagonia, General Roca); Narrativa Folklórica en clave pluridisciplinaria (V Jornadas de Estudio de Narrativa Folklórica, edición del Departamento de Investigaciones Culturales de la Subsecretaría de Cultura de la provincia de La Pampa, 2002); El Libro del Neuquén (Alfa Centro Literario, Neuquén). Ha representado a Argentina en eventos literarios en Bélgica, México y Chile. Ha publicado los libros de cuentos Cueva de la Barda y otros relatos (Narvaja, Córdoba, 1997), Clara de Huevo (El Ave Fénix, Buenos Aires; Edic. Lilí Muñoz, Neuquén, 2001), Pupilas del desierto (El Ave Fénix, Buenos Aires; Ediciones Lilí Muñoz, Neuquén, 2003), el poemario Catedral de Pinares (La Colmena, Buenos Aires, 1999) y el libro de ensayo Mitos y leyendas de la comarca: ¿hijos de un dios menor? Algunas consideraciones sobre la enseñanza de la literatura en la escuela (iRojo, Buenos Aires; Ediciones Lilí Muñoz, Neuquén, 2004). 

E-mail : Lili lidiar@arnet.com.ar 

Paginas personales:

http://www.7calderosmagicos.com.ar/Autores/AutobioA2/Lilimunioz.htm 

http://www.poetasdelmundo.com/verInfo_america.asp?ID=505 

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Vestigios de Juan

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“El sudor me inunda, el temor me posee(...) sin embargo me atrevo (...)”  Safo, Lesbos,VII a.C.  

Entre las islas verdes

el irupé se enciela

se irisa el río

el chajá

en soledad minuana

y a la espera

salmodia

el taïel de los orígenes.  

Es el grito ritual

el que te acerca

desde el vestigio azul

desde tu sombra

cuando hace siglos

hoy  nos descubríamos

en  miradas de dioses  por los muros

en las danzas festivas del misterio

en olores de piel que imaginó la lágrima.   

Y sobre todo

aquella voz

tu voz

aroma

en tiempos de reír

jacarandas y riachos.  

El ceibal aquerencia los rocíos.

El temor busca exilio en la palabra.    

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La máquina de lavar 

A Madres de Plaza de Mayo (abril 1977-abril 2006)                                                               

La máquina de lavar

danza en mortaja libros

palabras

que acurrucan

los fuegos que enterramos

nuestros fuegos

no alcanzan

la ternura se trunca

paso a paso

entre otoños 

candentes

como aquellos

haya después

en vida

y en  la muerte

por ellas

treinta años de amor 

escribencon el triángulo blanco

en tu tierra y mi tierra

vos y yo

sin retorno

re-negamos deshoras

de amanecer

amantes

en hedores de olvido

a distancia pudieron

ellas/ellos pudieron

más

por cada instante

aun las yemas deshechas

el pezón destrozado

maltrecha la vagina.      

La máquina de lavar

perfora sin dar tregua.

Es rito triturado

mi mano en tu memoria.

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Con sólo la canción de la luciérnagas

Velaba brasas

que fueron rupturas

de semánticas mejores

y ahora

tierra sin caricia

ni preñez

monumental y agria

leche

de siempre mamas

yertamoriales yesca.  

Estaba el niño

pero también el hombre

sobre las ubres

negras

amadroñadasy humectantes. 

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Fueron

las carpas caras

con boca dura de sueño

de las vísperas.  

Bordeaba el hombre

mayor/menor

sin sindicato

ni overoll ni corbata

apenas

troncos

de los otros,

los carpitas

de cartel/cartón/carta-cabrón/canción.  

El hombre sueña marea

mareante

mamando in mundo himno inmuno.

El niño

tal vez lo acuna

sin más guitarra que la fogata

huérfana

y con sólo la canción

de las luciérnagas.

   

Habrá ritos de luna

Habrá ritos de luna

cada noche

cada luna creciente entre crecientes.  

Manos de fuego fluyen mapas crípticos

y entre juegos concéntricos

el lenguaje asaeta las arterias.  

Habrá ritos de luna porque llegues.

Luces de faro desgarrarán peñascos.

Al viento del verano te alcanzarán fumatas.  

Tan extraño

es pensarte sin la voz de tu cuerpo.

Tan extraño

dialogar

sin apenas tus yemas por las vértebras.  

Habrá ritos de luna

remolinos

que encierren las cadencias de prostíbulo

porque el glaciar se rinda

y la pequeña caricia nos arrope.    

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Ilustración : David Levine https://www.nybooks.com/gallery/

 

VOCALIS/José Ángel VALENTE

VOCALIS/José Ángel VALENTE

  

VOCALIS

Revista de literatura, poesía y arte 

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E-mail: vocalis@poetic.com

Sitio: http://es.geocities.com/revista_vocalis/index.html

  

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José Ángel Valente por Bonitus 

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José Ángel Valente es, sin duda, uno de los escritores españoles más importantes y significativos de la literatura de postguerra, pero, al mismo tiempo, es también una de las personalidades intelectuales más relevantes de la cultura europea del siglo XX.

Nacido en Ourense el 25 de abril de 1929, vivió su infancia y su adolescencia en Galicia, en cuya Universidad comenzó a estudiar Derecho. En los años cuarenta publicó versos en gallego y se relacionó con el galleguismo cultural, actitud lingüística que brotará en los años ochenta con el poemario Sete cántigas de alén (1981), luego ampliado en Cántigas de alén (1989), y con otros escritos en prosa de motivación galaica. Además, Galicia -y, particularmente, su ciudad natal- tiene una importante presencia en su obra en castellano.

La obra en verso de José Ángel Valente, muy personal e independiente, fue insertada con mayor o menor fortuna interpretativa, pero innegable perspectiva cronológica, en el llamado grupo poético de los años cincuenta o generación del medio siglo. Sin embargo, el permanente alejamiento físico e intelectual del poeta, la renovadora originalidad de su obra y la deliberada desconexión de uno y otra con respecto a dicho agrupamiento, hacen de José Ángel Valente un autor único y singular, ajeno a toda escuela y a cualquier tendencia preestablecida. Se trata, en fin, de un poeta diferente, que, como ya se escribió, es lo mejor que se puede decir de un poeta.

Su trayectoria poética castellana es sobradamente conocida por el lugar central que ocupa en la literatura española de postguerra y por su progresiva apertura a la más avanzada modernidad europea. Así lo atestiguan sus libros y opúsculos A modo de esperanza (1955), Poemas a Lázaro (1960), La memoria y los signos (1966), Siete representaciones (1967), Breve son (1968), Presentación y memorial para un monumento (1970), El inocente (1970), Treinta y siete fragmentos (1972), El fin de la edad de plata (1973), Interior con figuras (1976), Material memoria (1978), Tres lecciones de tinieblas (1980), Estancias (1981), Tránsito (1982), Mandorla (1982), El fulgor (1984), Nueve poemas (1986), Al dios del lugar (1989), No amanece el cantor (1992, premio Nacional de Poesía) y Fragmentos de un libro fututo (2000).

Con el título de Punto cero, recogió su poesía en 1972 (incluyendo también Treinta y siete fragmentos, obra no publicada en edición independiente hasta 1989) y en 1980. Fue antologado en Noventa y nueve poemas (1981), por José-Miguel Ullán, y en Entrada en materia (1985), por Jacques Ancet, así como traducido al francés, portugués, italiano, inglés y alemán en libros y revistas editados en Francia, Canadá, Bélgica, Portugal, Italia, Gran Bretaña, Estados Unidos y Alemania. Además, alguno de sus poemas castellanos fue traducido al gallego, mientras que su obra en gallego fue traducida íntegramente al castellano y al catalán. Esporádicamente, escribió también versos en francés, como los contenidos en el pliego A Madame Chi, en remerciement du réveil (1982).

Su conexión con la más granada tradición poética occidental puede apreciarse también en sus traducciones de creadores de tan diversa procedencia lingüística como John Donne, John Keats, Gerard Manley Hopkins, Konstantinos Cavafis, Benjamin Péret, Paul Celan, Eugenio Montale o Edmond Jabés, así como, incluso, en su versión inédita del prólogo griego al Evangelio según San Juan.

En cuanto a su relación con la más fructífera avanzada artística europea, puede recordarse que es autor de libros de arte en colaboración con pintores como Antonio Saura (Emblemas, 1978), Antoni Tàpies (El péndulo inmóvil, 1982), Paul Rebeyrolle (Desaparición Figuras, 1982) o Jürgen Partenheimer (Raíz de lo cantable, 1991), así como con la fotógrafa Jeanne Chevalier (Calas, 1980).

Cultivador de la más rigurosa prosa poética y narrativa, su primera obra de este género, Número trece (1971), fue secuestrada por la censura franquista y le ocasionó un auto de procesamiento, pero pudo ser parcialmente reunida en El fin de la Edad de Plata (1973), ciclo complementado más adelante con Nueve enunciaciones (1982).

Colaboró muy asiduamente en la prensa cultural española de postguerra, a veces en modo polémico, pero siempre esclarecedor. Buena parte de sus ensayos esparcidos por medios diversos fueron reunidos en Las palabras de la tribu (1971) y en La piedra y el centro (1983). A este último volumen incorporó su Ensayo sobre Miguel de Molinos, que había servido de introducción a su edición de la Guía espiritual, seguida de Fragmentos de la «Defensa de la contemplación», de dicho místico heterodoxo (1974), textos sobre los que volvió en prólogo y edición posteriores (1989). Como Lectura en Tenerife (1989) fue publicada una presentación y selección de textos propios leídos en dicha isla.

El reconocimiento crítico de la obra en verso y en prosa de José Ángel Valente fue inmediato y perdurable, aunque no siempre estuvo a la altura de su calidad literaria. Su primer libro, A modo de esperanza, obtuvo el Premio Adonais, mientras que el segundo, Poemas a Lázaro, recibió el Premio de la Crítica. Después de un cierto despego de los medios culturales españoles en beneficio de su independencia moral y creativa, se reanudó su reconocimiento en aquellos al concedérsele de nuevo el Premio de la Crítica por Tres lecciones de tinieblas, el Premio de la Fundación Pablo Iglesias (1984) y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1988).

Desde el principio, su obra mereció la atención de los más importantes estudiosos y escritores (desde Emilio Alarcos Llorach a Pere Gimferrer), a veces significativamente relacionados con espacios diversos de Europa (como Oreste Macrí, Gustav Siebenmann o María Zambrano), de Africa (como Juan Goytisolo o Edmond Amran El Maleh) y de América (como José Lezama Lima, Andrew P. Debicki, José Olivio Jiménez o Juan Gelman).

La riqueza de géneros, formas, contenidos y connotaciones multiartísticas de la obra de José Ángel Valente, tan variada como coherente, está fundamentada en la máxima exigencia crítica y creativa que cualquier escritor en castellano haya tenido alguna vez. No en vano supone al tiempo la culminación del ensamblaje de maestría de la tradición renacentísta y barroca castellana (San Juan de la Cruz, Góngora, Quevedo), conexión con el arte de la meditación (metafísicos ingleses, ascéticos y místicos españoles) y asimilación universalista de la tradición de la ruptura que postulaba Octavio Paz (románticos alemanes e ingleses, simbolistas franceses, postsimbolistas europeos y americanos de vanguardia). Manifestación de la verdadera vanguardia y conciencia crítica de la sociedad contemporánea, la obra literaria y la reflexión intelectual de José Ángel Valente constituyen, en suma, una aportación honesta, radical, completa y absolutamente ejemplar a la cultura de la búsqueda y del conocimiento.

Ref. artículo :  http://es.geocities.com/revista_vocalis/valente.html

Poesía de José Ángel VALENTE

Poesía de José Ángel VALENTE

 

XIV - BIOGRAFÍA

Ahora cuando escribo sin certeza
mi bionotabibliográfica
a petición de alguien que desea excluirme
de favor y por nada
en consabida antología
de la sempiternamente joven senescente
poesía española de posguerra
(de qué guerra me habla esta mañana,
delicado Giocondo, entre tenues olvidos,
de la guerra de quién con quién
y cuándo)
cuando escribo
mi bioesquelonotabibliográfica
compruebo minucioso la fecha de mi muerte
y escasa es, digo con gentil tristeza,
la ya marchita gloria del difunto. 
 

*

ODA A LA SOLEDAD

Ah soledad,
Mi vieja y sola compañera,
Salud.
Escúchame tú ahora
Cuando el amor
Como por negra magia de la mano izquierda
Cayó desde su cielo,
Cada vez más radiante, igual que lluvia
De pájaros quemados, apaleado hasta el quebranto, y quebrantaron
Al fin todos sus huesos,
Por una diosa adversa y amarilla
Y tú, oh alma,
Considera o medita cuántas veces
Hemos pecado en vano contra nadie
Y una vez más aquí fuimos juzgados,
Una vez más, oh dios, en el banquillo
De la infidelidad y las irreverencias.
Así pues, considera,
Considérate, oh alma,
Para que un día seas perdonada,
Mientras ahora escuchas impasible
O desasida al cabo
De tu mortal miseria
La caída infinita
De la sonata opus
Ciento veintiséis
De Mozart
Que apaga en tan insólita
Suspensión de los tiempos
La sucesiva imagen de tu culpa
Ah soledad,
Mi soledad amiga, lávame,
como a quien nace, en tus aguas australes
y pueda yo encontrarte,
descender de tu mano,
bajar en esta noche,
en esta noche séptuple del llanto,
los mismos siete círculos que guardan
en el centro del aire
tu recinto sellado. 
 

*

SOLO EL AMOR

Cuando el amor es gesto del amor y queda
vacío un signo solo.
Cuando está el leño en el hogar,
mas no la llama viva.
Cuando es el rito más que el hombre.
Cuando acaso empezamos
a repetir palabras que no pueden
conjurar lo perdido.
Cuando tú y yo estamos frente a frente
y una extensión desierta nos separa.
Cuando la noche cae.
Cuando nos damos
desesperadamente a la esperanza
de que solo el amor
abra tus labios a la luz del día. 
 

*

POETA EN TIEMPO DE MISERIA

Hablaba de prisa.
Hablaba sin oír ni ver ni hablar.
Hablaba como el que huye,
emboscado de pronto entre falsos follajes
de simpatía e irrealidad.
Hablaba sin puntuación y sin silencios,
intercalando en cada pausa gestos de ensayada
alegría para evitar acaso la furtiva pregunta,
la solidaridad con su pasado,
su desnuda verdad.
Hablaba como queriendo borrar su vida ante un
testigo incómodo,
para lo cual se rodeaba de secundarios seres
que de sus desprecios alimentaban
una grosera vanidad.
Compraba así el silencio a duro precio,
la posición estable a duro precio,
el derecho a la vida a duro precio,
a duro precio el pan.
Metal noble tal vez que el martillo batiera
para causa más pura.
Poeta en tiempo de miseria, en tiempo de mentira
y de infidelidad. 
 

*

Días de octubre de 1996

El amarillo, el verde, el encendido
rojo sólo para morir
bajo el tendido velo del otoño.
 
La luz no está en la luz, está en las cosas
que arden de luz tenaz bajo la lluvia.
 
Nada tiene más fuego en sus entrañas
que la melancolía ardiente de esta hora.
 
Nada tiene más fuego que la ausencia.
 
¿Llorar?
            Lloradme nunca.
                             Me he perdido
con el aire en las bóvedas tan bajas
de un cielo que, piadoso, me disuelve.



Figura

Esta acidez me es grata al corazón
si no estuviera a punto de expirar.
 
Abre aún la ventana en la que el aire
agolpa pájaros desde el bosque amarillo
donde aún empieza a clarear la luz.
 
Llama a mi puerta.
                      Dime
quién eres tú que ahora llegas
cuando todo parece terminar.
 
Cabellera del tiempo arrastra noches
como ríos sin término
hacia el adiós.
 
Amiga, vuelve
a la vida, tú que puedes aún.
 
En la otra orilla tu figura blanca,
erguida, guarda el solo testimonio
cierto de mí.

*

Tiempo

Este tiempo vacío, blanco, extenso, su lenta progresión hacia la sombra.
No se oye la voz.
                    No canta.
Ni engendra una figura otra figura.
Ni vuela un pájaro.
                       Se esconde
en los oscuros pliegues de la noche.
No viene a mí la luz como solía.
No me despierta a más ventura el aire
para solo seguir su largo vuelo.
No hay antes ni después.
                             Andamos para nunca llegar,
oh nunca, adónde.
Me detengo.
                  Efímera
construyo mi morada.
Trazo un gran círculo en la arena
de este desierto o tiempo donde espero
y todo se detiene y yo soy sólo
el punto o centro no visible o tenue
que un leve viento arrastraría.
                                                              
 

*

Leer más de José Ángel Valente: http://amediavoz.com/valente.htm

http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=crit.php&wid=230&show=poemas&p=Jos%E9+%C1ngel+Valente

Ilustración: fundación telefónica

http://www.fundacion.telefonica.com/at/valente/

José Ángel VALENTE

José Ángel VALENTE

*

Jules Supervielle

Por José Ángel Valente

*

De Supervielle nos da ahora nueva noticia, excelente noticia, la colección «Adonais», de poesía, con la selección y versión de Leopoldo Rodríguez Alcalde. De la calidad de éste como traductor teníamos el ejemplo de su Antología de Poesía Francesa Religiosa (contemporáneos,) cuya estrechez, sin duda alguna debida a exigencias materiales, revela por otra parte en su talento crítico, su virtud de seleccionador. Este bien hilvanado libro de poemas de Jules Supervielle que él presenta, abre nuevo camino al lector español hasta una de las voces más seguras, con más garantías de permanencia, de las penúltimas etapas de la poesía francesa.

Un perfil sin pretensiones de Jules Supervielle, podría comenzar así: Montevideo, 1887; inmediatamente Francia, pasajeros retornos y más tarde América otra vez, generoso refugio, cuando ya París no era sino «ciudad abierta» y el Sena iba «cubierto de vigilantes sombras». ¿Pero qué significa su biografía? Ni el lugar ni el tiempo pesan excesivamente en sus poemas, vastos mundos «solo a sí mismos semejantes». Guillermo de Torre habla, refiriéndose a Supervielle, de un americanismo, incluso temático, claramente visible en sus primeros libros. Claro está que un espíritu tan puro, tan íntegro como el suyo, difícil, ente soporta cualquier localización o preferencia. Apenas si la geografía le sirve para dar noción de irreconciliables puntos, de distancias para siempre irreparables: «Las noches de Montevideo no se coronarán de celesles rosales pirenaicos, ni los montes de Janeiro «se tomarán pálidos bajo los delicados dedos de la nieve de Francia». Sin embargo, hay en él un hombre americano, un hombre sin historia, identificado con la Pampa, «que conoce la mitología», con el desierto «ignorante de los dioses del Olimpo que ritman todavía el viejo Mundo», con los ceibos y talas «que no conocen el griego ni el latín». Este un su americanismo, «su sentido virgen de los comienzos», al que se refiere Sénéchal.

Luego, su mundo poético aparenta una tradición europea y el fino humor francés levifica su prosa, iluminándola de gracia verdadera. Se adivina en Supervielle la presencia de Rilke; como en este gravita sobre el mundo interior del poeta uruguayo la cercanía, el pálpito de un ámbito invisible distinto del real, del visible y tan real como éste. Ámbitos de algún modo afines, ámbitos con difíciles interferencias. Pero la concepción del uruguayo es más limpia, más escueta que la de Rilke; carece del artificio rilkeano, no ha pasado, afortunadamente, por el alambique de una sensibilidad como la de éste, inaccesible, impar. En vez de bucear, de sumirse en lo oscuro, lo circunvala, lo abraza, concertándolo en ese puro propósito «de secundar lo oscuro en su esfuerzo hacia la luz».

Con nosotros lo reconcilia especialmente su ágil sentido del humor, su serio ironizar, bien compaginado casi, siempre con la mucha ternura. ¡Ah! aquellos muertos suyos fragmentarios, deferentes, tan deferentes para con los vivos, tan preocupados por ellos y con tan mala memoria de su muerte. Apenas si de la vida les quedaban más que inconexos fragmentos, insólitos fragmentos insignificantes: «una cereza en el agua de un lago», «una gaviota en una cama», «una perdiz en el cristal de una gran lámpara que humea». Y con todo, intentando forzadamente el retorno: el frustrado retorno del «Resucitado» o el de aquel hombrecito que por amor volvió, convertido en fox-terrier, a la Rue des Canettes, 27, cuando ya todo retorno era imposible, cuando ya los separaban de la vida un grave abismo y «tantos gestos y tantos perros crueles».

Por su parte, los vivos apenas advierten cuanto ignoran de la muerte, cuanto del ámbito no revelado todavía. Ignoran tanto hasta qué punto nos rodea lo invisible, que ni siquiera tienen la prudencia de aquel buey de un delicioso cuento suyo, que en el colmo del júbilo «temía aspirar un ángel», tan denso está el aire de espirituales criaturas.

Hay un poema especialmente significativo de este mundo de lo fragmentario, de lo sólo orillado y no definitivamente descubierto, «El Retrato», traducido por Rafael Alberti en «El Bosque sin Horas», la única selección castellana de poemas de Supervielle, antes de publicarse la presentada ahora por Leopoldo Rodríguez Alcalde. En él nos habla de lo escasos que son los despojos de los muertos. También a los vivos nos quedan tan solo inconexos residuos del paso de la muerte y el mismo asombro y el mismo querer trasponer impracticables barreras y el atronador silencio.  

Me inclino sobre la fuente donde nace tu silencio
en un reflejo de hojas que tu alma hace temblar.
Sobre tu fotografía.

Puede ser que quede aún
una uña de tus manos entre las uñas de mis manos,
una de tus pestañas mezcladas con las mías,
uno de tus latidos extraviados entre los latidos de mi corazón.

Al parecer, pensaba Coleridge que era atributo de verdadera poesía el trasmutar lo familiar en extraño y lo extraño en familiar. En estos versos hay un legítimo sugerir, un puro deformar, enajenar, lo cotidiano –fotografía, uñas, pestañas, un latido del corazón– de su familiar sentido, insertándolo en el poema con esa nueva emoción reveladora. Su sugestividad es de la mejor casta. Poesía sugestiva, no difusa ni vaga; sugestiva a pesar de su íntima diafanidad, o precisamente apoyada en ella misma, porque, según infiere Eliot, «la sugestividad es la aureola alrededor de un centro claro y brillante, puesto que no se puede tener tan sólo la aureola».

Por esto, acerca de la afinidad de Supervielle con las direcciones superrealistas francesas, de la semejanza de un mundo poético con el explorado por éstas, nada mejor repetido que la afirmación de Rodríguez Alcalde en el prólogo de su traducción: «nada más lejos de la escritura automática, de la vaga fluidez onírica, que estos poemas de Supervielle, extrañamente lúcidos, sencillos y rotundos en su construcción. Lo cierto es que, con dificultad, hallaríamos algo más próximo y lejano a un tiempo de superrealismo que la poesía del uruguayo.

Sus raíces, sus impulsos primeros, coinciden; pero no sus respectivas expresiones; así como es absolutamente dispar el luminoso intento del último de trasplantar a cada poema, no en el misterio inaccesible, o, al menos, difícilmente comunicable, sino el misterio esencial clarificado, clarificado, pero íntegro, sin alterar, según expresión del propio poeta.

Estos son los principales caracteres de sus mundos y esta la nota espiritual de Jules Supervielle, reintegrado a Europa desde su cuna uruguaya, según una tradición singularmente representada en la historia de la poesía francesa.

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http://filosofia.org/ 

Ilustración: fundación telefónica

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