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Revista Literaria AZUL@RTE

ARGENTINA

Manuel LOZANO/EL ORO DE LOS TIGRES

Manuel LOZANO/EL ORO DE LOS TIGRES

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Manuel Lozano nació en Córdoba, Argentina. Es escritor (poeta, narrador, crítico literario y ensayista). Ha cursado estudios de literatura y lingüística en Europa. Es “Master en Historia de la Cultura Argentina” (Escuela de Administración Cultural -E.D.A.C-, Bs. As.), habiendo recibido la máxima calificación (10) y la medalla “Victoria Ocampo”, por su tesis “El enigma Silvina Ocampo. La Paradoja y lo Sublime”. Concluyó, en 1998, el “Master en Comunicación”, en la Fundación de Altos Estudios en Arte y Comunicación (F.A.C.U)…http://www.islabahia.com/PlumasSelectas/manuellozano/00principal.asp    

E-mail : manuel_lozano@arnet.com.ar 

Paginas personales :http://www.islabahia.com/manuellozano,

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PROSA 

ÉXTASIS Y RESURRECCIÓN DE SANTIAGO DABOVE: ESA FEROZ CRIATURA QUE ATRAVESÓ EL RELÁMPAGO

«Sus ojos son llama de fuego, y en su
cabeza lleva muchas coronas con un nombre
escrito que no sabe sino él mismo...» 
Apocalipsis XIX, 12

«To the clear day whith thy such clearer light,
When to unseeing eyes thy shade shines so!» 
William Shakespeare, Soneto XLIII
 

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¿Cuál es la representación ulterior, el diseño más fiel que nos queda de un rostro, acaso el perdurable, el verosímil, cuando ese rostro ya es polvo, o ni siquiera eso? Plotino se negaba a la vanidad de ser reproducido en erróneos retratos que delataran al porvenir (también dudoso) la forma sensualizada de unos labios, dos ojos empeñados en traducir este universo insoluble, tal vez la extraña reminiscencia de una nariz griega. Menos cerca de los dictámenes de Pirrón de Ellis que de las proposiciones de Berkeley, veía de este lado las sucesivas o concéntricas ramificaciones del mundo ilusorio que no era sino otra de las formas de un yo hecho de escorias y cenizas.

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El irisado Leonardo escribiría, siglos más tarde, que cumplidos los cincuenta años cada hombre tiene la cara que se merece: una especie de cartografía individual, un definitivo censo de premios y derrotas, su propia efigie gastada por él y por los otros bajo incontables días. En un desconocido texto sobre Montaigne y Whitman, Borges se pregunta:

“¿Quién, entre los autobiógrafos, es un rostro y quién una máscara?”, para indagar a continuación en esas “extensiones mágicas o divinas del principio de identidad”.

¿Cómo dibujar, en el espacio y el tiempo que me toca, un retrato de mi cercano Santiago Dabove, nacido y muerto en un mítico Morón del que ya nadie habla? 

¿Empezar por las malditas - y por qué no erróneas- fechas que la lápida y los diccionarios registran: 1889-1952?

¿Escudriñar la conjunción de agonía, crueldad y metafísica del extrañamiento que prefiguran los relatos y poemas de “La muerte y su traje”, su único libro?

¿Recordar (o entrever la nostalgia del recuerdo) de las incalculables tertulias con su hermano Julio César, Enrique Fernández Latour, Macedonio Fernández, y a veces un dentista de apellido Roccatagliata, en esa habitación destartalada de Morón que el mismo Macedonio alquiló frente a las vías del Ferrocarril Oeste para estar cerca de los Dabove, y que bautizó luego con el insólito nombre de “El Tríquio (con pelos y señales)”, habitación donde nació “El Zapallo que se hizo Cosmos”?

¿Acaso hablar del violinista más solitario del mundo tocando el instrumento sin el arco como si fuera un laúd, con las manos trasvasadas por enfermedades incurables e invocando a la Nada (sólo a la Nada podía invocar Santiago) por su muerte total?

¿O entrar, minucioso y secreto, en los complejos y altos alminares donde el testigo aún nos narra la terrorífica pero espléndida catábasis de “Finis”?

¿Mirar al poseído recorriendo su vieja casa como un rehén -al cabo de un tiempo todo poseído se convierte en prisionero-, y repitiendo aquello de Hafiz: “Soy; mi polvo será lo que soy”, y tantas otras cosas que el olvido borró “en la carrera de todos hacia abajo”? 

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Estas preguntas contienen verdades parciales de alguien que en la tierra se llamó Santiago Dabove y que, por fortuna del azar, jamás mereció el precario epíteto de “clásico”, ni integró las deleznables e insuficientes listas del “canon oficial”. Todo retrato implica una agonía imposible, y sólo la dimensión imaginaria de los textos del escritor pueden aproximarnos a sus máscaras. 

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Cuando visité por primera vez a Borges en su laberinto (el ya mitológico departamento de la calle Maipú), yo era un adolescente obsesionado, entre muchas otras cosas, con aquella terrorífica línea de uno de sus poemas sobre Buenos Aires, línea que sentencia: “...Es una esquina de la calle Perú, en la que Julio César Dabove nos dijo que el peor de los pecados que puede cometer un hombre es engendrar un hijo y sentenciarlo a esta vida espantosa”.

¿Quién era esta criatura abismal y abismada, cuya presencia me depararía una serie de revelaciones a lo largo de los años? ¿Quién, ese anarquista coronándose de espinas frente a la desesperada inutilidad de los objetos del mundo? No resulta azaroso que Borges descubriera en casa de los Dabove siempre los cajones de los muebles a medio abrir y curiosamente vacíos. Julio César Dabove, médico y escritor, fue la puerta de entrada a la obra de Santiago, que coincidía con su hermano en aquello de que la vida es la cosa más atroz, y que engendrar un hijo es condenarlo a la más profunda miseria. Borges sentía, aún en 1983 y 1984, la presencia amistosa de los Dabove, su legendaria y nutriente hospitalidad. Borges, el verdadero descubridor de Dabove (publicó inicialmente sus relatos en el suplemento de “Crítica” y en “Anales de Buenos Aires” en la década del ´30, incluyendo diez años después el relato “Ser Polvo” en la Antología de la literatura fantástica, escrita en colaboración con Bioy Casares y Silvina Ocampo), recordaba a un Santiago que, como Mark Twain o Emily Dickinson, casi nunca salía de su casa (hablaba, naturalmente, de Morón) porque opinaba que los avatares de los viajes no son necesarios para la obra literaria, menos aún para la vida. Una sola excepción mencionada por Borges: “...y fuera de algún viaje al sur de la provincia de Buenos Aires...” 

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Santiago Dabove se me presenta, por sobre todo, como un maestro oral en la tradición de Cristo, Sócrates, Orfeo, Pitágoras o el Buda. Acaso -¿por qué no?- como un maestro druida. Es sabido que, al igual que Macedonio, regalaba cuentos y poemas para que otros lo escribieran, influido seguramente por aquello de que “la letra mata y el espíritu vivifica” (Borges cuenta al principio de “La intrusa”, que la primera versión le fue dada por Santiago; análogamente “Tlon, Uqbar, Orbis Tertius”, la teología de Hakim, “El Estupor”**, e incluso no pocos cuentos de puñales del maestro argentino tienen reminiscencias del universo de Dabove). 

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Los veintinueve textos de “La muerte y su traje” son el mismo espíritu del manantial que entrevió Mallarmé. Porque “Todo fluye de manantial... y el esplendor tiende a fundirse en la pureza total del cauce”. El genial conversador, el irreprochable amigo, el devoto de la muerte y sus metamorfosis, el caústico humorista y el cínico empedernido, están en ese única e imprescindible obra de nuestro tiempo. 

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Todos ellos se asemejan a Santiago Dabove. Todos ellos se mutilan y se alejan de sí mismos en una desgarrada orgía carnavalesca para volver a crearse. En aquellos años en que yo visitaba a Borges no sospechaba siquiera, no podía sospechar, que algún día escribiría el primer estudio sobre la obra integral de Santiago Dabove. La escritura de ese ensayo me deparó una incalculable felicidad, siempre afín a la literatura, y no fue sino un reencuentro más con el amigo querido. Cito un pequeño fragmento del final del mismo: “Al igual que esos lujosos y extrañísimos juguetes de la geometría no euclidiana -los fractales-, que nacen y se deconstruyen cada vez, o acaso como el Mälström, esa corriente marítima del Artico hecha de torbellinos espiralados y de negras lluvias reverberantes, caníbales, así se nos presenta el universo de Santiago Dabove: esta feroz criatura que atravesó el relámpago, que lamió su llaga (como quiere René Char), que entrevió la Vigilia y entró, ya para siempre. Santiago Dabove es nuestro precursor, nuestro actual, un ingobernable futuro. Es un gran Ojo Escrutador. 

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¿Por qué no sumar a estas palabras dos palabras más, acaso claves: El Testigo?” Junto a las plantaciones de una eternidad en la que se repliega y se expande, en la que nos sobrevive, Santiago Dabove ensaya su postergada novela sobre un Morón de duros guapos y de errantes metafísicos. Santiago Dabove, que sabe ahora que el rostro de Cristo es idéntico al del grabado de Holbein, realiza extraños viajes. Juega con los dados de esa eternidad.

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POESÍA  

MUJER EN TRANCE POR LA HUIDA
DE LAS ESTRELLAS FUGACES

(Miró, 1969)

Desnuda música en el resplandor de los cráneos.
Las dunas huyen entre carcajadas.
Robo legumbres de mi impostura.
¿Cómo sería la aurora
de los amortajados bajo el viento?

La sangre es la pocilga de esta soledad.
Los caparazones fijan en la piel
otros tatuajes.
¿Cómo sería la aurora
de los amortajados?
¿Cómo sería mi  amortajado
bajo el viento?
Alveolos que caen,
criatura durmiente,
la reina exhuma vidrios
del carro de la sed.
¿Cómo palpitar
sin calcinarse en la lluvia?
  

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CONSTRUCCIÓN ALEGÓRICA SOBRE
EL VIENTRE DE LA ARAÑA

«La araña que atrapas con la mano,
Y está en palacios de rey.»
Proberbios, XXX, 28

Me arrojan a paredes, me sumergen, me sepultan
donde nunca he de estar,
allí mismo donde irrumpen las crueles dinastías
de fantasmas,
el deseo y sus aves de marfil.

Éramos el tiempo de la dicha.
La luz languidecía entre las arpilleras
y los objetos carnívoros y los estibadores.
Mi brazo arranca piedras de tu sexo.
El tacto diminuto sube por las pieles
hasta hacer del amor la grandiosa impostura.
¿Quién, pero quién arroja el saldo
de tu desesperante errar por la noche?
¿Por qué no confiesan el asco de volver
con un grito sobre las plumas de mi carne,
la soledumbre, las babas, el temblor?

Serán membranas revelándose
ante una cueva de forajidos, tatuados
en las cámaras del odio.
Hoy se extinguen los silenciadores.
Bajo cualquier mutación, entreabierto,
se retuerce un latido, desvaría,
como la puerta avara en los ojos de una loca.

Está crucificándose este gesto
sobre el pedernal desollado
en que colocan tu cadáver.

Hazme una señal.
Repliégame entre los alcatraces
para despedazarme de a poco.
¡Mamparas anómalas del hambre,
pezones cortados en la guerra!
Te recogerían, lo sé, aquellos súbditos
con sus sacos de lluvia
como al dios de la leyenda,
o tal vez como a Lázaro en el alba del terror.

Espumarajos salen de esta boca.
Incrústame, coagúlame
en el ruinoso zaguán de los exilios.
¿Toda plegaria es un perverso guijarro
contra la pasión y la fuga?
La vagabunda tiene el cuerpo de los profanados.

¿Han de envolverla, al fin
con las fisuras de mi transparencia?
¿Cómo un quejido entre las risas?
Curtida en el sordo ronquido de la emboscada,
invadida por tenues mareas de otro adiós,
escupe el veneno hasta nosotros.
  

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EN EL ÓVALO CLARO

(Kandinsky, 1925)

El viejo animal se revuelca en los charcos.
La lluvia trae historias de ahogados
y no hay, no habrá testigos.
¿Con qué pelaje aguardo el alba de mis noches?
¿En qué lindes seré intruso de un carnaval de piojos?

Farfullan los huéspedes.
Cantas con los escombros
para adormecer la navaja.
Díganme ahora si el disfraz
preside las sesiones.

  
ARRANCADA EN LOS JARDINES DE SCHOUBRACH

«...una rosa arrancada en los jardines
de Schoubrach»
Nerval, Aurelie

Música de altas ciudades

Telas sobre la prohibición, sobre la lucidez.
¿Por qué interrumpen cuando la voz se suelta?
Siempre la multitud uniría el grito a la danza.
¡Qué delicioso comprender la vejez de tus mayores
casi junto al sepulcro!
Cuando soy yo el que alarga su sombra,
esta sombra, las guirnaldas del pozo
enervan determinados recovecos
donde desaparecer.
Las raíces regresan para incrustarse
en el marfil de las premoniciones:
¿será blanco ese umbral?
¿Habrá agujeros cayéndose
al mismo tiempo que los cuerpos?
¿Encontrarás arcoiris para profanar tu olvido?
La madriguera -al instante- es un caleidoscopio.
Y es el color de los despojos quien rearma
la figura entre los intersticios.
Y es así como se abren los sellos
en medio del relámpago,
a fin de saber la bendición
cuando arrojas las llaves a la tierra.

http://www.islabahia.com/PlumasSelectas/manuellozano/00principal.asp  

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 Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/

Aldo NOVELLI

Aldo NOVELLI

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Aldo NOVELLI, escritor argentino nacido en el Neuquén en 1957. Autor de los poemarios inéditos Heridas del naufragio, Delicias de la vida cotidiana de la vaca, Camino cansado entre cuerpos, La noche del hastío, Pasajeros del vacío, Escombros, Tratado elemental de Alquimia, Curso Iniciático de Magia, Tierra de Prodigios y Libros personales, así como el libro de cuentos Heterónimos.

En 1992 ganó el 3r premio del Concurso de Poesía de la Fundación del Banco Provincial de Neuquén. Cursa la Licenciatura en Letras. 

E-mail :aldonovelli@yahoo.com 

Paginas personales : http://www.elortiba.org/aldonov.html 

http://www.arrakis.es/~joldan/anovelli.htm

http://marianallano.com/node/61   *   

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LA CEGUERA DE TOBÍAS 

Medio Oriente

«En la pared, había unos gorriones; de pronto, su estiércol caliente cayó sobre mis ojos.» Tobías.-  

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Gorriones sin cabeza

vuelan desconcertados

entre delicados hilos de sangre. 

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A orillas del Mahavavy

Estoy aquí sentado en el comedor
como si estuviera en Madagascar
empapando mi mirada en las aguas del Mahavavy,
y aunque se que ese río que corre
entre la pieza y el televisor, es pura ilusión
siento las gotas frías del agua golpeando mi cara
mientras observo a lo lejos
las goletas en persistente vaivén.

Tal vez sea esto;
y no este poema, ni todos los anteriores
ni los infinitos poemas que se escribirán;
la misteriosa e inalcanzable poesía.


Del Libro inédito: 'Libros Personales'


Inaceptables

Qué es este cielo semioscuro
sin fuegos ni relámpagos
que se me viene encima, Octavio?.
Porqué cuento y vuelvo a contar
los dedos de los pies Joaquín, y nunca me da igual?.
Qué sucede que he gastado fortunas
en monedas sobre las vías
y el tren no aparece Fabián?.
Porqué ciertos hombres llamados poetas
no comen gatos ni corretean ratas en los basurales?
pregunta sin escrúpulos mi birome sobre la hoja,
mientras le hago otra raya más a la pared
que me tiene encerrado entre
estas cuatro inaceptables metáforas.


Del Libro inédito: Libros Personales sección 'Poemas diatribas'


El espejo

El espejo de la pared
no me reconoce,
no sabe si soy el marido
que regresa cansado de una escapada nocturna,
o el amante furtivo
que todavía no huyó
de esta pieza miserable.


Del Libro inédito:'Fábulas de un tiempo absurdo'

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Ilustración : Lauzanhttp://www.lauzan.com/home_lauzan.htm

Oscar PORTELA

Oscar PORTELA

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Trakl y Celan frente a frente

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El suicidio de Georg Trakl sucede en pleno campo de batalla por sobredosis de morfina en medio de gemidos de moribundos que se desangran antes de morir: es el fin de los que llamamos eufemísticamente "primer guerra mundial". Alemania mutilada, devastada, entraba en un cono de sombras que abonaría el terreno para el segundo episodio que también llevaría a un poeta al suicidio la segunda guerra mundial. "La tenaza" sobre Alemania estaba configurada y cartografiada por las potencias liberales que lideraban el planeta: arriba el avance sin pausas de Rusia y la sombra del comunismo estalinista y abajo la prepotencia aún colonialista del Reino Unidos y sus aliados. El "estado de cosas" en terminología de Wenders, lo describe Bergman en "El huevo de la serpiente":anarquía, depresión, hambre, crisis de todo sistema representativo (La Republica de Weimar que hoy abarca la representatividad de los organismos y tratados internacionales) impotencia, frustración, disgregación social. La aparición de Hitler es aplaudida por todos los enemigos del comunismo internacional: desde Churchill a Pío XII (Concordato). Ver su incursión en España.

Si Trakl había visto el declinar de toda morada - si había hecho suya la frase de Rimbaud "aún no estamos en el mundo"- y se había descidido por el suicidio antes que por la locura- Paul Celan se inviste de todas las culpas (¿haber sobrevivido tal vez?)  mientras su familia moría en Dachau.

Lo que aquí se dice es que un acontecimiento se enlaza con otro más allá de las causalidades históricas y Celan no encuentra - como no encuentra Trakl - y a pesar del mesianismo judío una palabra de salvación: la que escribe en el libro de Heidegger en "Todnauber": perdón: ¿ante que "altar" puede pedirse y en nombre de que "sujeto" perdón a que "tú"? No va a encontrar aquí tampoco ni un aura salutífera que le permitirá la espera infinita de una palabra nunca pronunciada. El maestro de Frisburg lo advierte.

Tampoco Trakl la había encontrado cuado hablaba del alma viajera, del alma sin morada: la tierra tenía un visitante ilustre que hoy proyecta unanimente su sombra sobre el planeta: el "más inhóspito de los huéspedes": (Nietzsche) es decir: el nihilismo que todo lo convierte en cenizas.

Un suicidio más, una provocación al Occidente actual: el "harakiri" de Mishima en un mundo aparentemente "administrado" racionalmente y que hoy moviliza todos poderes por el dominio absoluto de lo ente desde el manejo de la información y la creación de inteligencia artificial a la posibilidad de colonizar otros planetas frente a la destrucción de éste.

El planeta como "stock" de reservas se agota y la presencia se esfuma en la memoria virtual o simulacro de presente informatizado. La posibilidad de una guerra total (la primera según Virilio) está a la mano. Más nada decidirá tampoco con respecto a aquello que buscan desesperados los poetas: una aurora, la aurora primigenia en donde nada tiene ya un telos, una finalidad, ni ninguna ética un "arjhe" ( un arquetipo)  pues quizás al mortal solo le quede a aquello de repetir con Rilke - o con Eckardt- "la roza florece sin porqué". Una estrella que marque otra vez una madrugada. Pero para ello necesitamos no dormir y "ver" allí donde crece "el peligro" porque solo "allí crece también la salvación".




Corrientes 20 de julio

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 Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/

Aldo NOVELLI

Aldo NOVELLI

  

La noche del hastío


En la tasca

Sentado a esta mesa
bebiendo un vino que no saboreo
charlando con alguien al que no oigo
y según dicen es un poeta del norte,
ella a dos mesas de distancia
habla y ríe sin pudor
goza plenamente de esos momentos
en que las miradas la rodean,
ella que no sabe dónde estalla la soledad
o cuántas ausencias me trago en este vaso de vino,
ella
que no sabe de la angustia de los ojos
cuando su cuerpo se torna borroso.

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Conveníamos

Mientras fumábamos el resto
del goce de los cuerpos
la otra noche decíamos:
que cuando el día se inunda de sombras,
la luna se quita su máscara de luna
y se disfraza de nuestros monstruos más conocidos
desquiciando los sueños de los injustos,
conveníamos también que esto sucede
los viernes de brujas y duendes
o cualquier otro día de la semana
por la noche,
aproximadamente entre la una y las tres de la madrugada,
justo cuando la calle allá afuera
y nosotros aquí, en esta pieza de hotel
ya no somos tan convenientes.

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Círculos, rayas y óvalos

Paso las noches esperándola
dibujo círculos deformes en la mesa,
rayas desparejas,
óvalos como pétalos
de una rosa cibernética,
hasta que se consume la tinta del deseo
cuando las rayas se amontonan en el aire
y los pétalos comienzan a girar
tomo una decisión heroica:
voy a dormirme en los laureles.

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Voces

Si el caos es parte inevitable de este mundo desquiciado
tan sólo un orden mágico, me devuelve a la zona reconocida
donde innumerables voces nos aturden
desde brumosas cavernas,
de ese mare mágnum de sonidos
logro discernir dos o tres que duelen más cerca,
así reconozco con relativa precisión
el grito impredecible de mi hijo,
de esta mujer callada junto a mí
algún susurro esporádico,
y la voz entrecortada de un amigo
flotando en el vacío.
  

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Mínimo mundo

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Amigos 

«a todos aquellos que alguna vez me golpearon el pecho»   

Juan y José nacieron en distintas ciudades. 

vivieron cuarenta años sin conocerse. 

una tarde cualquiera José

con el corazón inmóvil

cayó en medio del gentío. 

la gente miraba al tipo tirado

y lograba esquivarlo. 

Juan se detuvo

y se agachó a golpearle el pecho. 

cuatro horas estuvo en eso

entre las sombras de una calle desolada

hasta que el tipo abrió los ojos:

- no sabía bien como se hacía esto...- dijo Juan.

- bueno, tuviste tiempo de aprender - balbuceó José. 

desde ese día nunca más se vieron. 

nunca se olvidaron.  

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Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/

SILSH

SILSH

 

Porteña enamorada de Buenos Aires y del Río de la Plata, que desde los cuatro años juega a armar palabras. Incansable "laburante" que quiere seguir resistiendo en su complicado país y que alimenta su costado sensible a través de la escritura para poder vivir y darle sonido a su voz interior. Adicta al "pucho" y al "mate" además de ser una apasionada por la lectura y la música que, de curiosa, se recibió de Lic. en Publicidad dejando inconcluso su antiguo amor por la bioquímica.

Ha publicado su libro de poemas "Descalza y con sombrero" (Letramundi-Argentina) en el 2004. 

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E-mail : silsh@arnet.com.ar 

Sitio Web : http://silsh.webcindario.com/     * 

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DESDE DONDE SE PARTE

No se trata de dirigir la flecha

ni la fuerza del arco

ni de oxidar relojes

ni cuestiones de azar. 

El centro

soberano inmutable

será nuestra condena

a lo inasible. 

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Ilustración : Diego Manuel RODRIGUEZ

http://www.diegomanuel.com.ar/

SILSH

SILSH

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COPIO Y PEGO         

Copio y pego ilusiones

con esta pasión renacentista.

Aplasto la nariz sobre ese charco

que traspasa el umbral

de la conciencia. 

Copio y muevo

reflexiones de ayer.

Archivo versos de organdí

pinto de cian

transformo el habla

con tijeras. 

Pego un nuevo almanaque

zipeo inviernos

borro algún desengaño

entre columnas

reduzco abismos.

Abro buhardillas en red

por cada celda

que iluminen la vida.

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 Ilustración : Nikahang Kowsar

http://www.irancartoon.com/NIK/INDEX.HTM

Oscar PORTELA

Oscar PORTELA

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EDGAR BAYLEY

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Sobre mi corazón la grafía de un nombre,
resguardo o intemperie. Desde mañana sueña
y vive aquello que no tiene pasado.

El presente es un duelo y el rito de un instante.
¿Como podríamos prometernos luego unos a otros
el signo de una marca y la latencia de un presente infinito?

En el corazón sin luto,
la figura del duelo y el vértigo del olvido
donde nadan solísimos nombres como testigos.

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 Ilustración : Mohammadreza

http://www.irancartoon.com/doustmoham/index.htm

Oscar PORTELA

Oscar PORTELA

   

 OSCAR DEL BARCO UNA ETICAMÁS ALLA DE LA ETICA



Oscar del Barco

El poeta Oscar Portela nos ha enviado la siguiente nota acerca del tema que nos ha ocupado durante los últimos días. Agradecemos su participación en una discusión cuya fecundidad depende de los consensos y disensos de interlocutores intelectualmente comprometidos. Lo que más nos enriquece creativamente es la diversidad de criterios, no la unanimidad. En definitiva, nos iluminamos en la medida en que navegamos por encima de nuestras propias opiniones y vamos integrando a nuestra percepción otras miradas.

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La mirada de Portela se nutre en fértiles terrenos de sensibilidad ética y estética así como en su formación intelectual. Su sintético aporte al tema planteado es valioso y considero que nos indica, finalmente, el núcleo de la cuestión, que, más allá de las volátiles -e irrelevantes- ideologías es, ni más ni menos, el respeto por la existencia real y concreta del "otro", en su inalienable integridad corporal. Las múltiples formas en que esta integridad corporal puede verse atacada, mermada o cercenada - por la actividad del Estado como centro de poder- será tema de discusión para futuros debates.


Manuel Monasterio  

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Comentarios de Oscar Portela

En una polémica que Foucault mantuvo en la década del 70 afirmaba frente a sus interlocutores: donde exista un tribunal, un juez y la "distancia", que establece un "juicio", entre el reo y sus acusadores, el aparato de Estado se reproduce, imitando lo que se pretende combatir".

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Eso sucedió en la Argentina con “Un Ejercito del Pueblo y las cárceles" del pueblo, / aparte de las acciones "revolucionarias", propiamente dichas que llevaban merced a las "ideocracias" libertarías a ese suicidio que significa enfrentar a jóvenes contra jóvenes, que fueron utilizados por la "inteligencia" de la época.

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El no matarás de Oscar del Barco, el lo sabe y lo repite sin apelar a trascendencia alguna a un a priori ético que se sostiene en la afirmación de Levinas de que el "rostro" de aquel a quien creemos exterminar, pertenece a una "libertad" que jamás la violencia, venga de donde venga podrá hacer desaparecer.

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Una mujer de izquierdas como Simone de Beauvoir afirmaba lo mismo en su pequeño ensayo titulado "Por una moral de la ambigüedad". No podemos hacernos cargo de los genocidios de Ruanda, - empero sí, saber si un vecino nuestro necesita para sobrevivir del apoyo que podamos prestarle.

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Digo Ruanda por no decir  "La Matanza"....Que un filosofo como Oscar del Barco haya renunciado a toda ética mesiánica y se haya cuestionado a si mismo es un camino que él ha elegido. Ha sido valiente y sincero y esto también constituye una cuestión de método. Al fin de cuentas aunque el no lo diga debe recordar el apotegma de Nietszche: "La sangre de los mártires no tiene nada que ver con la verdad".

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Esa sangre que de modo maniqueo se pretende hoy vindicar en nombre de los humanismos fofos mientras la línea de sombras de que nos separa del horror es cada día más delgada.

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Durante muchos tiempos defensores de esos humanismos esperaron que Heidegger escribiera la palabra perdón: el silogismo neo-positivista no se hace esperar: " Heidegger calla, luego confiesa su complicidad".

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Alguna vez dijo que en épocas de penuria - donde nadie es poseedor de verdad revelada ninguna - el no escribiría una Ética. No lo hizo. Oscar del Barco a quien no conozco y admiro solo porque pude conocer otro Nietzsche a través de sus traducciones de Blanchot, a creído necesario "una auto-critica". Y lo a hecho sin esperar que nadie se lo exija en un tiempo donde el "horror" de los genocidios se a evaporado en lo vacuí de las pantallas donde el mundo se cartografía de modo virtual como juegos de red de asesinatos virtuales.

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Repito, del Barco no tenía necesidad de exigirse a si mismo una mirada critica hacia su pasado. Cuando Albert Camus interpretó la frase de Nietzsche "Dios a muerto/ luego todo está permitido" en sentido contrario: " Nada esta permitido" porque no existen tribunales que otorguen el perdón que la trascendencia permitía, daba por tierra con cualquier Ética que conjugue en un mundo donde la "trascendencencia" opera de manos de un poder que se sabe a si mismo y se quiere a si mismo, en función de los operarios de la técnica, toda "culpa".

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Sin embargo Oscar del Barco pronunció su veredicto porque el llamado al "no matarás" no necesita venir desde tablas de la ley y estar dirigida a un remitente privilegiado. Lo hizo porque desde su punto de vista lo que hoy se muestra  y cobra forma ante nuestros ojos  son las formas más peculiares de los que Heidegger en sus "Lecciones" llamó lo "sub.-humano" : el peligro de un abismo que exige - tal vez - del perdón de Uno para con Uno mismo, para continuar "conminados" a una verdad que no es sino la que me permite- y dije cuestión de método-, con el valor que exige una época que nos enfrenta al vacio,  de mirar al abismo si parpadear como lo hacen los "últimos hombres" que dicen pensar en este mundo.

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Corrientes- Argentina,
Julio 4 del 2006

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Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/