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Revista Literaria AZUL@RTE

Aldo NOVELLI

Aldo NOVELLI

  

La noche del hastío


En la tasca

Sentado a esta mesa
bebiendo un vino que no saboreo
charlando con alguien al que no oigo
y según dicen es un poeta del norte,
ella a dos mesas de distancia
habla y ríe sin pudor
goza plenamente de esos momentos
en que las miradas la rodean,
ella que no sabe dónde estalla la soledad
o cuántas ausencias me trago en este vaso de vino,
ella
que no sabe de la angustia de los ojos
cuando su cuerpo se torna borroso.

*
Conveníamos

Mientras fumábamos el resto
del goce de los cuerpos
la otra noche decíamos:
que cuando el día se inunda de sombras,
la luna se quita su máscara de luna
y se disfraza de nuestros monstruos más conocidos
desquiciando los sueños de los injustos,
conveníamos también que esto sucede
los viernes de brujas y duendes
o cualquier otro día de la semana
por la noche,
aproximadamente entre la una y las tres de la madrugada,
justo cuando la calle allá afuera
y nosotros aquí, en esta pieza de hotel
ya no somos tan convenientes.

*


Círculos, rayas y óvalos

Paso las noches esperándola
dibujo círculos deformes en la mesa,
rayas desparejas,
óvalos como pétalos
de una rosa cibernética,
hasta que se consume la tinta del deseo
cuando las rayas se amontonan en el aire
y los pétalos comienzan a girar
tomo una decisión heroica:
voy a dormirme en los laureles.

*
Voces

Si el caos es parte inevitable de este mundo desquiciado
tan sólo un orden mágico, me devuelve a la zona reconocida
donde innumerables voces nos aturden
desde brumosas cavernas,
de ese mare mágnum de sonidos
logro discernir dos o tres que duelen más cerca,
así reconozco con relativa precisión
el grito impredecible de mi hijo,
de esta mujer callada junto a mí
algún susurro esporádico,
y la voz entrecortada de un amigo
flotando en el vacío.
  

*

Mínimo mundo

*

Amigos 

«a todos aquellos que alguna vez me golpearon el pecho»   

Juan y José nacieron en distintas ciudades. 

vivieron cuarenta años sin conocerse. 

una tarde cualquiera José

con el corazón inmóvil

cayó en medio del gentío. 

la gente miraba al tipo tirado

y lograba esquivarlo. 

Juan se detuvo

y se agachó a golpearle el pecho. 

cuatro horas estuvo en eso

entre las sombras de una calle desolada

hasta que el tipo abrió los ojos:

- no sabía bien como se hacía esto...- dijo Juan.

- bueno, tuviste tiempo de aprender - balbuceó José. 

desde ese día nunca más se vieron. 

nunca se olvidaron.  

*

Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/

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