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Revista Literaria AZUL@RTE

ARGENTINA

Oscar PORTELA

Oscar PORTELA

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Los premios

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El frenesí, casi el delirio de obtener premios como sea, porque "ser es circular" y sin circulación no hay fama. La fama a toda costa. ¿Adonde lleva la fama? ¿Al poder, al dinero? En el caso de los poetas de lo trivial se pasa a lo infame, - y de lo sagrado de una misión al terror de la vacuidad de los fines-. Los medios se prestan a eso. Están " a la mano". Rudolf Eucken y Winston Churchill fueron premios NobelJoyce y Proust, no. En todos los ámbitos la posesión demoníaca está dominada por el vértigo de la velocidad.

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Realizar una obra lleva tiempo, más que el tiempo de "una vida", pero Los Premios acortan el camino. La hoja en blanco de Mallarmé ya no causa "angustias": las computadoras se llenan de palabras - las aún vigentes- y los "escritores" surgen por generación espontánea e inaguran nuevos tiempos: los tiempos de "la producción a gran escala del producto literario".

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Sin embargo los escritores de hoy - con fama y prestigio de elite - jamás estuvieron tan lejos del poder y la tierra a pesar de la defensa de los "humanismos", de los "manifiestos" y de las "internacionales" mundanas de escritura testimonial.

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¿Adonde se intenta o se quiere llegar? El pasado está ocluido y también sus poderes, sobre quien intenta renovar el tiempo presente. El olvido a que está sometida la fama es terrible en la sociedad mediatizada donde todo objeto de "culto" es solo un fetiche.

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Sin embargo proliferan los "concursos" y los Premios nadan en un pecera color Hollywood. Desde Dante la poesía y el pensamiento son por esencia "civiles" y por ello los que escribieron lo hicieron para "hacer vida" - para luchar por y contra sí - en el sentido de desenterrar los tesoros de la memoria ocultos en los misterios del lenguaje.
 

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Hoy se trata de las "marquesinas", del show business, de un tiempo paralizado que creé moverse como un rayo. Ya llegamos, ya llegamos. ¿Adonde? A derrotar a los moros con un jinete muerto en el caballo.

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Corrientes Argentina
Julio 2006-07-04





Silsh

Silsh

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DISPERSA

 

(tantas voces que atacande repente...)

Anoche se marchitó una flor

en la ventana

aterida de amanecer en soledad

junto a los muros.

(tantas voces irrumpen amarillas...)

Buscarse en el final

de un libro

bajo la sombra del naranjo

traduciendo el horror

por los jirones.

(tantas voces se adueñan insondables...)

Habría que arrinconar las emociones

secarlas frente al sol

como una hoja

escribir con la savia

entre los dientes

probar sobre el desliz

en las raíces

hasta encontrar el punto

de equilibrio.

Oscar Portela

Oscar Portela

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Sobre la critica literaria

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Los ideales estéticos-literarios frecuentemente acompañan los cambios socio-políticos de la sociedad, en la cual se encuentra inserto el "creador de que se trate". Los cánones de las épocas cambian entonces a pesar de las protestas de objetividad de quienes a "posteriori" se dedican desde la cátedra a  canonizar la "esencia" de tal o cual genero de obra de arte. Así las vanguardias que ayer se convirtieron en movimientos a seguir (nadie se atrevería  a debatir acerca de la Ética propuesta por los Manifiestos Surrealistas en cuanto a la relación Arte y Poder, lo que acercó las posiciones de Bretón y Trosky en su momento) son prontamente olvidadas.

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Pero cuando se trata de "experimentar" con el lenguaje, de adaptarse a los tiempos para convertir "la obra" en testimonio de rol del creador en cuanto a la progenitura cronológica, los modelos estéticos se desvanecen el aire, así como los movimientos que los sustentaron y la obra queda así librada a su absoluta soledad.

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Soledad y dialogo del lenguaje y el creador a la búsqueda ya no de ser depositario de una misiva social que convertiría la obra en señal de una perspectiva que le es impuesta al creador por las instancias histórico-políticas, sino en un "objeto" de búsquedas y experiencias de caracteres aparentemente impersonales, pero que llevan la impronta desnuda del tiempo y el  lugar en el cual fue gestada la obra.

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Resulta  tedioso seguir las especulaciones dialécticas - éste debate parece no tener fin- entre los defensores a ultranza de paradigmas estéticos indiscutibles y los rebeldes a todo canon estético para quienes el lenguaje resulta y debe resultar afín a  perspectivas históricas determinadas.

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La obra poética- literaria, ostente o no la patina de una escuela o tendencia determinadas, "da lugar a un tiempo, lo interroga - desde una gramática siempre impersonal aunque así no se quiera- el del infinito dialogo del habla en la que esencia el lenguaje- con la experiencia de vida de un creador determinado”.

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En el caso de la poesía, lejos de canonjías literarias, se trata de la atenta audición  y revelación de lo que esta escucha dicta. "La forma se informa de modo anónimo" mas allá de que el verbo sea o no "lenguajero", de que el yo del Romántico este o no presente en el habla o que este sea abolido por otras experiencias o tendencias literarias. Un poema como una sonata en el más recóndito margen de una partitura tiene o no algo que decirnos,  a veces,  silenciosamente.

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Un poema no es un "artefacto construido con pericia por ciertas manos" que puede armarse y desarmarse según el criterio del analista literario y no obtiene de éste su seguro de vida. No se trata de acudir al misterio ni a lo numinoso , sino en la medida de que la obra de arte a tomado conciencia de sí misma y  se convierte de este modo - no en una bisagra ni tampoco en utilitario eslabón de tontas medidas generacionales - sino en el eco sin "eco" de un tiempo determinado. Así en los más grandes. Holderling, Trakl, Celan, Mallarmé, George,  quienes transpusieron los umbrales de sus épocas  y desde estas  dieron  "testimonio".

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Poesía testimonial, comprometida, lengua o construcción - deconstrucción- del poema según las "necesidades de su autor", este se sostiene en si mismo acorde con la esencia del habla que le está destinada. Nuestro tiempo vive un formidable eclipse de nuevas fuerzas creadoras: este agotamiento estaba ya previsto por los poetas esenciales,  mas en su fragilidad el habla encuentra su fortaleza: escuchemos a Celan

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"hasta que tú lanzas

la luna de la palabra,

por la que adviene

el milagro del reflujo

y el cráter  en forma de corazón,

desnudo,

testimonio de los orígenes,

de los nacimientos del rey". 

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A propósito dice Hans Georg-Gadamer: " una interpretación solo es correcta cuando al final es capaz de desaparecer porque a penetrado del todo en la nueva experiencia del poema". No se trata por supuesto del canto de gallo de la critica literaria sino de penetrar y desaparecer en un dialogo creador con la experiencia de un poeta. Más para ello debe haber "poesía". El poema de Celan esta lejos de Odas y Elegías, representa como ninguna otra el " tiempo de la penuria" y el lo supo en su propia carne como pocos. 

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Este modo de "dialogo" es la que a puesto en  escena una y otra vez Martín Heidegger por ejemplo dialogando con algunos versos de Stephan George,  para proporcionar de este modo testimonio de los orígenes que pide Celan,  con el corazón desnudo como un cráter para esperanzado continuar la espera el posible "nacimiento de un rey".

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Ilustración : Steve Adams (http://adamsillustration.com/)

Luis BENITEZ

Luis BENITEZ

Luis Benítez nació en Buenos Aires el 10 de noviembre de 1956. Es miembro de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo de New York, EE.UU., con sede en la Columbia University, y de la Sociedad Internacional de Escritores. Ha recibido el título de Compagnon de la Poèsie de la Association La Porte des Poetes, con sede en la Université de La Sorbonne, París, Francia. Miembro de la Sociedad Argentina de Escritores y de la Fundación Argentina para la Poesía. 

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Entre otros reconocimientos, Benítez a recibido el Primer Premio Internacional de Poesía La Porte des Poètes (París, 1991); Mención de Honor del Concurso Municipal de Literatura (Poesía, Buenos Aires, 1991); Segundo Premio Bienal de la Poesía Argentina (Buenos Aires, 1992); Tercer Premio del Concurso Fundación Inca Seguros (Poesía, Buenos Aires, 1995); Primer Premio Joven Literatura (Poesía) de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat (Buenos Aires, 1996); Primer Premio del Concurso Internacional de Ficción (Montevideo, 1996); Primo Premio Tuscolorum Di Poesia (Sicilia, Italia, 1996); Tercer Premio Eduardo Mallea de Narrativa (Buenos Aires, período 1995-1997); Primer Premio de Novela Letras de Oro (Buenos Aires, 2003); Accesit 10éme. Concours International de Poésie (París, 2003)

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Obras publicadas: Poemas de la Tierra y la Memoria (poesía, Ed. Stephen and Bloom, Bs. As., 1980); Mitologías/La Balada de la Mujer Perdida (poesía,  Ultimo Reino, Bs. As., 1983);  Poesía Inédita de Hoy (Un panorama contemporáneo de la poesía inédita argentina) (introducción, notas y selección de 100 autores, Ed. NOUS, Bs. As., 1983); Juan L. Ortiz: El Contra-Rimbaud (ensayo, 1ra. ed. Ed. Filofalsía, Bs. As., 1985, 2da. ed. Ed. Filofalsía, Bs. As. 1986); Behering y otros poemas (poesía,  1ra. ed., Ed. Filofalsía, Bs. As., 1985, 2da. Ed. Cuadernos del Zopilote, México D.F., 1993); Guerras, Epitafios y Conversaciones (poesía, Ed. Satura, Bs. As., 1989); Fractal (poesía, Ed. Correo Latino, Bs. As., 1992); El Pasado y las Vísperas (poesía, Ed. de la Universidad de los Andes, Venezuela, 1995); El Horror en la Narrativa de Alberto Jiménez Ure (ensayo, Ed. de la Universidad de los Andes, Venezuela, 1996) ; Selected Poems (antología poética, selección y traducción de Verónica Miranda, Ed. Luz Bilingual Publishing, Inc. Los Angeles, USA, 1996); La Yegua de la Noche (poesía, Ed. Ediciones Del Castillo, Santiago de Chile, Chile, 2001); Tango del Mudo (novela, Ed. de la Plaza, Montevideo, Uruguay, 1997. Ed. Piel de Leopardo/Wordtheque, Bs. As., 2003); Jorge Luis Borges: La tiniebla y la gloria (ensayo, Ed. Lea, Buenos Aires, 2004); El venenero y otros poemas (poesía, Ed. Nueva Generación, Buenos Aires, 2005).

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Obras sobre el autor: Sobre las poesías de Luis Benítez, de Carlos Elliff (ensayo, Ed. Metáfora, Bs. As., 1991); Conversaciones con el poeta Luis Benítez, de Alejandro Elissagaray y Pamela Nader (Tomo I, 1995, Tomo II, 1997, Ed. Nueva Generación, Bs. As.); Antología (selección y ensayo preliminar de Alejandro Elissagaray, 2001, Ed. Nueva Generación,

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Dirección : Belaustegui 2868, 3er. Piso, Dpto. 7, CP 1416, Buenos Aires, Argentina; Teléfono: 4582-1170  Bs. As.).  

E-mail : lben20032003@yahoo.com.ar  

Paginas Web :  http://www.arrakis.es/~joldan/lbenitez.htm ; http://personales.ya.com/mpal/poe/lbenitez/lbenitez0.html ; http://www.cronopios.com.br/site/poesia.asp?id=1145

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LOS OJOS DE RIMBAUD 

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Azules, de bárbaro. Hoy cantan para ti

los suaves trinos y en el taller literario

adelgaza la voz el papagayo: conmovida

endulza las Grandes Miradas su lección de confitero.

De este lado rezamos por ti hincados ante un lobo:

que la bella ciencia es una habitación que da a lo oscuro

y el hombre, ese acertado inconstante,

es apenas unos pocos pasos que por ella van y vienen.

Hoy que las profesoras de letras olvidaron todo

lo que saben de ti los presidiarios

y el vago que, a riesgo de ser aplastado por los automóviles,

detiene la metáfora de su paso por recoger el milagro

de una hoja, sin alcanzar a explicárselo;

hoy que apenas los ascensoristas

se levantan de entre los demás,

hoy que esta loca materia aparece ahogada y vencida,

como lo estuvo siempre, como va a estarlo siempre,

flotando sobre las aguas de los números;

hoy que en tusa selvas vírgenes arraigaron los casinos

y suena música disco en todas las Africas tonantes,

hoy que en la calle 88 y Broadway una horrible fulana te pasea

impreso en su remera, sonriente con toda la Gloria Americana,

hoy que encuadernado en cuero y con letras doradas

te exhiben los dentistas en sus huecas bibliotecas

y te honran a su modo, repartiendo venenos por las calles

del mundo los ágiles traficantes,

hoy que caen los muros y todas las posteridades se desploman,

hoy que la Historia, esa vieja enemiga,

se ríe de nosotros diciendo que no existe,

como en tu tiempo repetía el Diablo;

hoy que los blandos músculos de los diputados

pueden arrojar al mar, si quieren, a miles de forzudos extranjeros,

hoy que la tímida democracia probó ser más efectiva que los reyes,

hoy que todos por fin somos buenos

y alza su copa radiante el rosado, negro, amarillo y cobrizo

banquete de la vida, más allá

de los caritativos grupos que intentan el soneto,

a través de las bibliotecas barridas por el polvo y las secretarias,

sin dactilografía ni voz ni esperanza ni objeto,

cruzan las geografías dos luces gruesas y potentes

anillando la Tierra. No por el símbolo sino por la mirada

eres como el dios de plástico que cuelga de su pared el asustado,

para que esos Ojos le sigan por la casa. Para nosotros

los mínimos, para nosotros los pocos, para nosotros los débiles,

que sólo queremos estar ociosos, tus párpados están

siempre abiertos, hermano desdeñoso,

Jesucristo el Terrible,

hoy que es una vergüenza tener hambre

siguen mirando lo mismo tus fanales salvajes.   

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UNA GARZA EN BUENOS AIRES 

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Algún pincel trazó una rápida letra S

delgada y blanca

sobre el agua castaña y allí estaba

de improviso la garza,

los turistas no la vieron

y ella sí vio todo y a todos, rápida

e inmóvil sobre el milagro del agua.

Un espejo en medio de la ciudad

negligente, pintado de transparente,

un ojal abierto que abrochó en un solo momento

toda la ropa vestida por el invierno.

Ella seguía en la orilla fatal de su propio Amazonas,

la pata desdeñosa replegada contra el cuerpo,

en un decir mi equilibrio está hecho

de una perenne silueta

y de una manera perenne que no los reconoce.

Era un arpón paciente atento sólo al cálculo

entre el berrido juguetón de los patos domésticos,

solamente ella precisa como una diminuta guadaña

en el Jardín Japonés que afable exponía sus gracias,

con esa serenidad oriental que nada sabe

de los bruscos asesinatos de una garza con hambre.

Todos se fueron pero de modo igual yo no vi nada:

faltó un segundo entre las cosas, creí;

un instante en el instante siguiente

fue sanguinariamente salteado,

pero cuando la garza voló

otra vida que la suya en el estanque faltaba.

*

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EN EL BALNEARIO 

*

Demoré cuarenta años en llegar al Pacífico.

Durante esa travesía hacia el poniente,

hacia estas aguas que eligen

como espuma llegar hasta el planeta,

abrí puertas que daban a insólitas escenas,

donde a veces alguien gritaba y otras

todo el teatro se quedaba en silencio.

Fueron centenares de habitaciones las que crucé

antes de llegar ante el Pacífico.

Conocí el pánico de vivir

y la fobia de morir,

dos hermanos gemelos.

Aprecié millones de gestos, muecas, rictus.

Oí en los vecindarios amalgamas de risas,

sollozos y lamentaciones, y muchas más

quedaron en ese cielo ajeno

al que se le da la espalda.

Estoy ante el sitio que dio nombre al azul,

frente al lugar donde el pesado color

se mece entre dos tierras.

Estoy inmóvil al borde mismo

como la piedra que una mano arroja

para que otra mano, invisible, la detenga.

Como aquel que sale a las euforias del sol

de las complejidades de un mundo subterráneo,

sombra sólo él bajo el extenso mediodía.

Porque también soy ese hombre.

El que, en un paisaje de espejos,

es devuelto a su única imagen

por el reflejo de las olas,

para vivir –entonces y nunca antes–

el instante donde todo acaba y se termina:

es el rompecabezas, que se arma.

El sol, el poco pasto, el aire que también es azul

y las exactas manchas del negro de las rocas

están finalmente en su lugar.

Este es el sitio donde se sabe

que levantar un puñado del volátil suelo

es arañar el vaso del reloj de arena.

Donde se interpreta que esas rápidas

construcciones de agua,

esos vertiginosos lazos de plata que suben

y pronto en lo muy hondo se sumergen,

son el mar que piensa

y que esas oscuras aves –que repentinamente allá se elevan–

son sus mejores ideas,

esas que se marchan para siempre.

Estoy ante el Pacífico

como el hombre ante el fuego.

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DIENTES DE SABLE 

*

No existe, pero existió y solamente él sabe que aún existe:

para su poderosa armazón de colmillos y de vértebras

cualquier otro detalle que la curva

de su enorme espalda resulta irrelevante.

En su clara conciencia que mira con ojos amarillos

la llanura es una sola eternidad 

y el hombre otro animal y no lo mejor del páramo.

Pesado abuelo del tigre, se esconde

en la pisada que disimula y aparenta ser otra cosa,

el rodar de una rama, un descuidado raer

el viento la desnuda superficie:

todo paso a paso sabe que es él

lo que imprime esas marcas

y en cuanto a todo, a él le basta ese contacto.

Quizá su corpulento acecho

ha refinado sus tácticas y ha llegado

al óptimo de la espera en una desconocida escala felina.

Un resorte paciente que aguarda hace un millón de años

que crucemos la marca: nuestra  ignorancia le confirma

que no debe darnos ninguna gracia.

A la vez en varios lados,

como antaño y siempre,

(así lo creyó y lo cree nuestra supersticiosa idea de las cosas)

es esta señal en el suelo y también y mejor

esa fornida sombra que de sí misma

erige una colina donde el final de nuestra vida espera,

mascota de la muerte, segura y musculosa.

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UNA SERPIENTE GENTIL 

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Condescendiente, tuvo la gentileza

de mostrarme su larga espalda,

la belleza profunda de sus ígneas escamas

todavía ardientes de verano bajo el frío de abril.

Yo me había perdido en mis propias espirales

que rodeaban el campo congelado

e ingenuas, como todos nuestros bobos problemas

creían como mínimo abarcar la superficie

de cuanto repartido por nosotros conforma

la política división de toda la creación.

Ella, una gema indiferente ante mis estúpidos problemas,

me gritó y susurró soy el alfa y el omega y también

esta simple serpiente y cuanto soy en efecto:

me sentí comprendido en el simple ademán de su lengua ondulante.

Entre ambos campos se colocó

la absoluta curva de su signo favorito,

la ávida interrogación que parecía, era:

su magro cuerpo trazó una muda pregunta,

y todo cuanto me rodeaba consistía en la pregunta misma

que el signo de la serpiente cerraba

ante el sapiente dios.

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EL COTILLÓN DE LAS TINIEBLAS

Las llaves rotas, las monedas sin valor,

esos teléfonos anónimos recobrados de un bolsillo,

el polvo de las paredes, de los muebles, las ventanas.

El polvo que cubre toda la tierra

como un segundo mar, en seco.

Una mancha en la ropa que continúa en la carne,

un grito y después un susurro y después el silencio

que a duras penas se disfraza de resto de la tarde.

Un llamado sin voz, despertarse buscando

un algo indefinido que a nuestro lado se desangra

y difumina y que olvidamos por grados.

Lo que nos amenaza desde una mosca

chillando furiosa en la cortina.

Una misma situación, las idénticas palabras,

que cada cuatro exactos años se repiten

con la morosa precisión con la que baja,

de nuevo, un ascensor.

Las cosas que nos miran fijamente,

desde las vidrieras cerradas,

cada vez que pasamos haciendo

la penosa pantomima de ignorarlas.

Alguien que nos observa desde un lejano edificio,

exactamente cuando vemos sin oírlo

que nos está diciendo algo. 

El compacto horror de la tortuga

que nos devuelve al jurásico.

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LA TARDE DEL ELEFANTE 

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A mi amigo, el poeta Nicholas Stix,

en donde sea que esté. 

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¿Recuerdas, Nick, la tarde del elefante?

tú estabas abrumado por el enésimo rechazo

que esa mujer casada madre ya de cuatro hijos

te había propinado por teléfono

lo único que te daba desde hacía

entonces once años

al menos

cuando era soltera te lo decía en la cara

y estabas irritado de veras enojado

porque llegué una hora tarde

y te dejé solo en la enorme Nueva York

por otra hora más entregado a ti mismo

ni mi taxi ni mis disculpas calmaron

tu rabia anglosajona

decias sólo se está solo en las grandes ciudades

¿te acuerdas, Nickie, de la tarde del elefante?

muchas lluvias y nieves y pisadas

de zapatos italianos y de zapatos deportivos

pasaron por esa esquina del Village

pero ella no ha olvidado todavía la tarde del elefante

tú me sermoneabas en tu álgido inglés

sin darte cuenta de que yo también estaba derrumbado 

y entonces esa enorme sombra 

hablabas del tedio de las ciudades

del aburrimiento amarillo que se pone

al oeste del puente de tu Brooklyn

y de las mujeres jóvenes que cruzan solas

y en ómnibus los laberintos sedosos de Central Park

rumbo a esos cuartos donde la calefacción les falla 

y entonces esas pisadas majestuosas 

hablabas de que no te habían incluido en esa antología

y decías que el marido de ella era calvo

seseoso y que dibujaba historietas

el tonto de los cómics repetías

el tonto de los tebeos repetías

mientras la gente

siempre está alerta la gente

dejaba corriendo la acera

tumbaba las sillas

y olvidaba a los niños en su loca carrera

decías que la rutina es una vieja ciega

que mendiga monedas por Bond street y por Harlem

y que cada persona la recibe en su casa 

entonces ese gordo la mole

se quedó parado cerca de nuestra mesa

en la esquina desierta mientras el cajero

temblando llamaba a la policía 

cinco mil kilogramos de pacífica selva

aplastando el asfalto una inmensa epifanía gris

de cuatro metros de alto y esa trompa curiosa

con un dedo en la punta

que probaba las frutas de las mesas caídas

y revoleaba jugando los manteles manchados 

aplastó en su huida de algún circo o del zoo

a esa vieja mendiga que a la gente oprimida

acongoja en su casa

nos miraba sin miedo como todas las cosas

que sonriendo repiten soy amigo del hombre   

*

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EN EL ARDUO ANIVERSARIO DE UNA BODA 

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“Después de la primera muerte ya no hay otra”

Dylan Thomas 

*

Nuestra generación fue un puñado de hombres solos,

una  pizca de mujeres destruidas,

un manojo de nadas sin zapatos,

el racimo de las viñas de la ira.

Yo que agonizo

me permito evocarte aunque mi recuerdo

te cause asco, nena, asco profundo,

como causa asco la  inmunda mermelada que transpiran

los siempre equivocados porque aman demasiado,

aunque el credo y el miserere que rezamos siempre

tú y yo solos en dos noches separadas a sabiendas por nosotros

-tuyo el creo solo en mí y mío entero el miserable de mí-

desde entonces dicen

que nunca nunca se ama

demasiado:

¿o no será acaso, en lo profundo, lo que nadie puede ver,

al revés el oscuro latín de lo real?

Concentrado todo da pavor en el urgente fin de siglo,

hay que terminarlo de un modo o de otro

y éste es el fúnebre galán de la fiesta,

vestido para la fecha que ya

un cuarto de centuria arranca.

Lástima, en september love, 

que no fue aquélla ni ésta mi noche de septiembre.

Una sangrienta primavera baja sobre la noche del suicida

y la náusea habita desde entonces cada esponsal.

Creo ver a tu padre muerto con su dedo

hundir la hondura a donde dio la noche,

a la loca de tu madre pegándote en la cara

el monograma indeleble de otra loca en su progenie.

Creo ver a unos muertos celebrar la boda,

mi ojo derecho -el que mira al olvido- 

arranca del olvido precoz

la sonrisa que perfora la verguenza.

Mi ojo izquierdo, el que mira a la vejez,

arruga del futuro, verruga de lo que fue terso,

se complace en las vísperas anticipando

tu rostro y el mío entre las llamas

arder como dos fotografías viejas.

¿Fui el  fantasma de la noche

y de las noches luego felices,

las noches y las tardes

en que engendraste a tus hijos?

¿No fui acaso el olvido y lo reído por los esposos,

cuando la burla a los que pasaban raudos en el tren,

un rostro tiznado de furia asomándose

desde la locomotora, el primero de los que veían

desnuda a la virgen loca bailar con el idiota?

Dame al menos ese miserable papel en tu vida,

el del diario arrugado que se aleja por la ruta

que lleva a un pueblo de cobardes

la noticia titular que yo lamento.

Dime, hoy muda calavera de lo que amé

hasta la esquina misma del infortunio,

si yo, que albergo esta pecera de imágenes

donde hasta cabe Virgilio, no era entonces,

en la riente oscuridad, entre los labios

de la muerte que en la florida edad

todas las señas tienen de la vida,

sino lo ridículo y eterno donde lo llorado

llora lo que no ve de sí, ese sí mismo.

Mátame. Pero no

de a poco, como la vida.

De una palabra mátame.

De una mirada sola.

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LOS LEOPARDOS 

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Hermanos menores de los membrudos leones

y viejos depredadores de nuestra especie,

los segundones de la elástica raza

no están hechos de manchas,

sino del liso amarillo

donde ocultan y esconden su cierta identidad:

es que ellos aprovechan los mejores

matices de las sombras:

¿mejor oculto otro animal

que uno amarillo bajo la lluvia de motas

que aparenta? Un leopardo

es una bestia que siempre está bajo la lluvia.

En los plenos mediodías

sólo exhiben las sombras

que les ha dejado por hábito

la extensa habitación de los junglas.

Si los vemos bicolores apenas

es otra demostración de su astucia,

las apariencias son siempre

el corpóreo truco de todos los pequeños.

Ni la soberbia del tigre que no precisa

nuestra corta imaginación para estar entero

en esa palabra, tigre;

ni la firme y perezosa arquitectura

que se levanta ante nosotros demostrando

la melenuda majestad de la sabana;

los leopardos emigrados a las copas de los árboles

son unas etéreas y fatales sombras,

el vuelo con que de amarillo

se salpican por capricho bien fundado las selvas.

Son lo mínimo posible para el lenguaje de la muerte

en su linaje de músculos:

llegan más cerca que los tigres

porque no son lo sentido, son un peligro que no pesa,

el silencio, la sorpresa de un brinco que elige antes,

una afelpada estrategia que se desliza

mortífera y gentil, metáfora y carne del tiempo

por los delgados corredores que comunican

(y ello siempre ha sido sigiloso)

el mundo en calma con la alegre nada.     

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TIERNAS CRUELDADES 

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Cazarla como hacen los pigmeos

en el dibujo que trazan de la mujer amada

con arena 

usan un pequeñísimo arco que no la ofenda

y una flecha diminuta

con veneno de verdad

y le disparan con toda su fuerza de verdad

esos pequeños 

esos pequeños del áfrica ecuatorial

con iguales armas desmoronan un elefante

asimismo tumban el espíritu de la ella innumerable

(le cuento que eso siempre será más grande que un elefante)

reducida a sólo una

esa que se elige del todo

(quiero decírselo: de entre todo

el todoy además agrego que ningún dibujo tiene sombra) 

partiendo desde el centro

porque no es el veneno

no

ni la fuerza del brazo que tensa la cuerda de víbora seca

es la potencia del hombre vivo

lo que el dibujo no comprende y eso entonces lo captura 

porque los dibujos no comprenden

el aterrador poder de lo pequeño

lo diminuto como el arco y el hombre

que salen a cazar lo inmenso

dibujado con arena de colores

por él mismo 

recuerde

porque siempre es de provecho 

lo pequeño

dibuja y caza exactamente lo que quiere 

Rolando REVAGLIATTI

Rolando REVAGLIATTI

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Responsables


De Rolando Revagliatti



el abanico que muestra desplegado morisot

estratégica viuda sucumbiendo inoculada por
[ricardo tercero

objetos pero vísceras entre las antigüedades
[de kandinsky

el vanidoso jinete canciller seguier del que
[sospecho le brun mediante

godot también esperado por los payasos
[paulatinos
y herederos del viento


venus, espejo y querubín inmortalizados por
[velázquez

ray milland urdiendo "la llamada fatal"

y los requeridos a posar jugadores de cartas de
[pieter de hooch 

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Arde madera

De Rolando Revagliatti


arde madera
de qué madera arde
salta monito
de qué monito salta
de qué monito salta la madera que arde
deseo de la madera
madera: cuando estuviste viva
fuego
ninguna otra consistencia
érase una vez
al deseo


Rolando Revagliatti
http://letras-uruguay.espaciolatino.com/

http://www.revagliatti.com.ar

revadans@yahoo.com.ar

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Recuentos en España

De Beatriz Cid


Una rosa, una sonrisa y la tierna amapola


Una rosa pintó su cara
ante la mirada adusta
del fuerte caballero…

Una sonrisa detectó el silencio
ante la impronta llegada
de aquel nuevo viajero…

Una amapola abrió los brazos
ante la perturbada mirada
del silencioso sueño…

Una sonrisa, una rosa, y la tierna amapola
concluyeron abrazadas
ante la estoica brisa del nuevo lucero…

*

*
 
Soñaré un crepúsculo nuevo

De Xenia Mora

*

Soñaré un crepúsculo nuevo
de manos unidas
con su crepitar
encenderán diamantes
y arrobarán mis mejillas
nuevos colores.


Haré resucitar
de mis labios palomas
para que borden azahares
con hilos de besos
que aniden en ti.


Desenredaré mis guirnaldas
de engañosas beldades,
dejaré volar esperanzas marchitas
en anillos de humo.


Sentiré su abrigo
en este nublado invierno,
sin permitir el paso
a la gélida melancolía
que pretende instalarse
en la piel de mi alma.



*

*

Piel y color

De monmatch

*

Atrapada en el color,
en el viaje de una caricia,
en el hambre de ser
agua en tus orillas
atardece...amanece

y estas alli
observando el movimiento de mis manos,
mientras ries y descalzas tu palabra
con un beso.

Piel con piel,
ocre y sombras,
desnudo necesario
...mirada objetiva del deseo

y es este amanecer
y casi siempre
que besamos el arco del misterio
en una entrega inagotable
... mezcla de color y piel
donde la muerte llora su derrota.



*


Compensa (o Venga lo que venga)

De Fuensanta González




Afinación

- Y se dice que

Cuando las amorfas formas internas,
de las brujas putas que se andan sin valía
de ser, a los cuatro vientos, putas,
se disfrazan de princesas,
bajo la magia maligna
de las resacas,
se despluman a las conquistas
de adonis, como primera entrega,
o de grotescos varones, si no hubo manera
entre sus vinos tintos y franelas
por un momento reinas,
- conato de arco iris como galas -
entre los tiestos como entre las briznas
dilapidan las ganas, saltan las esporas
una llamarada más, noctámbula,
- capricho para las agendas -

Mientras, por la otra pieza,
de los ojos de las sinceras,
todas las inocencias
pueden cualquiera
falsearlas- defraudarlas
manosearlas - dilatarlas
con una sola palabra
con una señal injusta
o una omisión a su grácil gana,
restándoles las alegrías
la fe en la felicidad
pero, jamás, podrán ser aquellas
de ganas sin tersas
como que el brillante de la luna
no se han ganado nunca.

*


Preludio

Hoy, me espera la vida
para lucirla entera
entre las frases de almoneda
que me sujetan la vía.
Me escapo de prisa,
al rincón de una caverna
para sacudir todas las ofensas,

aprendidas las vaciedades de ellas,
doy con esta manera
de buscarme mi trinchera
mostrándome más ajena
lejos de las truncadas promesas
que me regalaran como estrellas,
que brillando, a la gloria,
cayeron a la estepa.




- Lo que pasó, pasa
(voz en off)


Y quedé, entre las flechas,
hecha horma para la única
promesa que se, será cumplida,
la que me bauticé, la propia,
la que me hilvané una madrugada
bajo las lánguidas sombras
los llantos de impotencias
los gemidos místicos a la luna
ausente, por ser nueva,
y, como si eterna Eva,
quiero nacerme de vuelta,
en este cuerpo, en esta tierra
con esta cepa y mis competencias
de salvarme cada vez que muera,
un tanto, en cualquier acera.

*

I

Y de mi cuerpo como pira
para la savia y su glorieta
¡mujer de nueva vía!
agotando los cuarentas,
de mis limbos, mis manías
mis deidades, mis corduras,
y ya, de cicatrices austera
he de reponer esta perla
que al centro, en el alma,
íntegra me fue dada
un junio de la vehemencia
de mi necedad por llegar postrera
como tañer las campanas de la iglesia
en la gracia superior de la espera
que mi madre, admitió como premisa
de la exuberante manera
de acariciar la muerte, por querencia,
en el acto de las pasiones, convenida
al amor que le castraría
todas sus ilustradas fantasías.

*


II

Supe, he sabido, que si he de cantar
no será sólo a mi ascendencia
mi descendencia victoriosa
ni a las nuevas estrellas
que le nazcan a la atmósfera,
cantaré porque, repuesta,
de la cuesta transitada
por largas etapas
casi ficticias, para cualquiera,
canto a la vida que aún me espera
y yo espero, la espero ya sin tregua
desde aquella fecha
en que exhalé la primera afrenta
de vivir a pesar de lo que viniera.
 

*

III

Y he de dejar de loar a la felicidad
para engullírmela completa,
igual que en aquella espera parida,
sin miedo, ¡venga lo que venga!
A pesar de que me la palidezcan,
a veces, desde mis pies y sus plantas,
esas cabezas, neblinas de brujas,
que señalarán mi manera
de egolatrías, licencias, liviandad,
¡qué más me da!

Me he paseado esta pasión de vida
con tanto ultimátum, dudas y pezuñas
de las malversadas críticas
de la hermana, como de la vecina,
que envidian hasta sus envidias
envenenan mi pradera
beben mi hogaza
comen mi manantial
satirizan mis risas
encajan puñaladas
a remoler, de mi nombre, a la santa
y bailando se van,
a encontrarse con su fantasmal
fiesta eterna de carnaval.

*


Ínterin

Para tales farsas
falsearles la verdad,
dejarlas, vida mía, ¡fuera!
será la mejor manera
de entablar esta edad
que me acopia la mocedad
- edén en que me renacerá -
para no compartirla más
con esas injustas frutas
que caen, ya podridas,
de las ramas del frutal,
árbol del bien y del mal.

*


IV

¡Aborda ya!, se me asoma,
la madura inocencia
como la más espléndida fruta,
que ya perfecta,
sin adherencias,
he de disfrutar en su justa medida,
en el eje, ni en el bien ni el mal,
sólo en la mesura de serme adecuada
seré la misma, pero otra,
¡Yo! ¡la otra misma!
vistiendo y habitándome la felicidad
plena, a cualquier pesar
que ya no me voy a adjudicar.
 


Final

- Lo que será, es
(voz interior)

Y bailo, giro, me cubro de locura
y me amo como debo ya,
en la simplicidad de ser mi yo ideal
y que venga lo que venga,
para los demás,
que yo estaré ocupada
en el éxtasis de volver a brotar,
abrochándome la alegría
cada día, con sus mil y una estrellas.
estrenando cada hora
un prendedor a mi cabellera
de azules – verdes - violetas
rosas - magentas - albas
plateadas y doradas,
prismas de mis carismas
que no han logrado arrebatar
por ignorar que no tienen, ni tendrán,
a donde cobijarlas, jamás,
si no son mías
si no de la divinidad.


- ¡Vos! ¡Enough!






Te volé la frente

De Graciela Wencelblat


Y no pensaron
y me animé
pude
te volé la frente
con un castaño en flor.

para herirte no
que tus ríos corran se muevan
humedezcan
la planicie dura
el espanto demás


abrir hueco hacia el temblor de la luz.

*

*

Subversión inmóvil

De Daniel J. Montoly

*


Necesito ser estremecido como un feto
que ve la luz de las manos
de un abortista religioso.
Me urge ser óvulo fecundado
por espacios jóvenes,
ser despedazado por los simples regimientos
de las máquinas autistas.
Por tiburones que agiten la sangre
dulce y fresca,
defecándose en lo insulso
con pujantes lágrimas de acero.
Demando un hito, me llamo arte,
¿Me reconoces, poeta viejo?

    

Patricia DAMIANO

Patricia DAMIANO

 

UTOPOESIA N.2487 

*

*

«El atroz redentor Lazarus Morell»

 

*

La causa remota

En 1517 el P. Bartolomé de las Casas tuvo mucha lástima de los indios que se extenuaban en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas, y propuso al emperador Carlos V la importación de negros que se extenuaran en los laboriosos infiernos de las minas de oro antillanas. A esa curiosa variación de un filántropo debemos infinitos hechos: los blues de Handy, el éxito logrado en París por el pintor doctor oriental D. Pedro Figari, la buena prosa cimarrona del también oriental D. Vicente Rossi, el tamaño mitológico de Abraham Lincoln, los quinientos mil muertos de la Guerra de Secesión, los tres mil trescientos millones gastados en pensiones militares, la estatua del imaginario Falucho, la admisión del verbo linchar en la décimotercera edición del Diccionario de la Academia, el impetuoso film Aleluya, la fornida carga a la bayoneta llevada por Soler al frente de sus Pardos y Morenos en el Cerrito, la gracia de la señorita de Tal, el moreno que asesinó Martín Fierro,la deplorable rumba El Manisero, el napoleonismo arrestado y encalabozado de Toussaint Louverture, la cruz y la serpiente en Haití, la sangre de las cabras degolladas por el machete del papaloi, la habanera madre del tango, el candombe.

Además: la culpable y magnífica existencia del atroz redentor Lazarus Morell.

*


El lugar

El Padre de las Aguas, el Mississippi, el río más extenso del mundo, fue el digno teatro de ese incomparable canalla. (Álvarez de Pineda lo descubrió y su primer explorador fue el capitán Hernando de Soto, antiguo conquistador del Perú, que distrajo los meses de prisión del Inca Atahualpa enseñándole el juego del ajedrez. Murió y le dieron por sepultura sus aguas.)

El Mississippi es río de pecho ancho; es un infinito y oscuro hermano del Paraná, del Uruguay, del Amazonas y del Orinoco. Es un río de aguas mulatas; más de cuatrocientos millones de toneladas de fango insultan anualmente el Golfo de Méjico, descargadas por él. Tanta basura venerable y antigua ha construido un delta, donde los gigantescos cipreses de los pantanos crecen de los despojos de un continente en perpetua disolución y donde los laberintos de barro, de pescados muertos y de juncos, dilatan las fronteras y la paz de su fétido imperio. Más arriba, a la altura del Arkansas y del Ohio, se alargan tierras bajas también. Las habita una estirpe amarillenta de hombres escuálidos, propensos a la fiebre, que miran con avidez las piedras y el hierro, porque entre ellos no hay otra cosa que arena y leña y agua turbia.

*


Los hombres

A principios del siglo XIX (la fecha que nos interesa) las vastas plantaciones de algodón que había en las orillas eran trabajadas por negros, de sol a sol. Dormían en cabañas de madera, sobre el piso de tierra. Fuera de la relación madre-hijo, los parentescos eran convencionales y turbios. Nombres tenían, pero podían prescindir de apellidos. No sabían leer. Su enternecida voz de falsete canturreaba un inglés de lentas vocales. Trabajaban en filas, encorvados bajo el rebenque del capataz. Huían, y hombres de barba entera saltaban sobre hermosos caballos y los rastreaban fuertes perros de presa.

A un sedimento de esperanzas bestiales y miedos africanos habían agregado las palabras de la Escritura: su fe por consiguiente era la de Cristo. Cantaban hondos y en montón: Go down Moses. El Mississippi les servía de magnífica imagen del sórdido Jordán.


Los propietarios de esa tierra trabajadora y de esas negradas eran ociosos y ávidos caballeros de melena, que habitaban en largos caserones que miraban al río —siempre con un pórtico pseudo griego de pino blanco. Un buen esclavo les costaba mil dólares y no duraba mucho. Algunos cometían la ingratitud de enfermarse y morir. Había que sacar de esos inseguros el mayor rendimiento. Por eso los tenían en los campos desde el primer sol hasta el último; por eso requerían de las fincas una cosecha anual de algodón o tabaco o azúcar. La tierra, fatigada y manoseada por esa cultura impaciente, quedaba en pocos años exhausta: el desierto confuso y embarrado se metía en las plantaciones. En las chacras abandonadas, en los suburbios, en los cañaverales apretados y en los lodazales abyectos, vivían los poor whites, la canalla blanca. Eran pescadores, vagos cazadores, cuatreros. De los negros solían mendigar pedazos de comida robada y mantenían en su postración un orgullo: el de la sangre sin un tizne, sin mezcla. Lazarus Morell fue uno de ellos.

*


El hombre

Los daguerrotipos de Morell que suelen publicar las revistas americanas no son auténticos. Esa carencia de genuinas efigies de hombre tan memorable y famoso, no debe ser casual. Es verosímil suponer que Morell se negó a la placa bruñida; esencialmente para no dejar inútiles rastros, de paso para alimentar su misterio... Sabemos, sin embargo, que no fue agraciado de joven y que los ojos demasiado cercanos y los labios lineales no predisponían en su favor. Los años, luego, le confirieron esa peculiar majestad que tienen los canallas encanecidos, los criminales venturosos e impunes. Era un caballero antiguo del Sur, pese a la niñez miserable y a la vida afrentosa. No desconocía las Escrituras y predicaba con singular convicción. "Yo lo vi a Lazarus Morell en el púlpito —anota el dueño de una casa de juego en Baton Rouge, Luisiana—, y escuché sus palabras edificantes y vi las lágrimas acudir a sus ojos. Yo sabía que era un adúltero, un ladrón de negros y un asesino en la faz del Señor, pero también mis ojos lloraron."

Otro buen testimonio de esas efusiones sagradas es el que suministra el propio Morell. "Abrí al azar la Biblia, di con un conveniente versículo de San Pablo y prediqué una hora y veinte minutos. Tampoco malgastaron ese tiempo Crenshaw y los compañeros, porque se arrearon todos los caballos del auditorio. Los vendimos en el Estado de Arkansas, salvo un colorado muy brioso que reservé para mi uso particular. A Crenshaw le agradaba también, pero yo le hice ver que no le servía."

*


El método

Los caballos robados en un Estado y vendidos en otro fueron apenas una digresión en la carrera delincuente de Morell, pero prefiguraron el método que ahora le aseguraba su buen lugar en una Historia Universal de la Infamia. Este método es único, no solamente por las circunstancias sui generis que lo determinaron, sino por la abyección que requiere, por su fatal manejo de la esperanza y por el desarrollo gradual, semejante a la atroz evolución de una pesadilla. Al Capone y Bugs Moran operan con ilustres capitales y con ametralladoras serviles en una gran ciudad, pero su negocio es vulgar. Se disputan un monopolio, eso es todo... En cuanto a cifras de hombres, Morell llegó a comandar unos mil, todos juramentados. Doscientos integraban el Consejo Alto, y éste promulgaba las órdenes que los restantes ochocientos cumplían. El riesgo recaía en los subalternos. En caso de rebelión, eran entregados a la justicia o arrojados al río correntoso de aguas pesadas, con una segura piedra a los pies. Eran con frecuencia mulatos. Su facinerosa misión era la siguiente:

Recorrían —con algún momentáneo lujo de anillos, para inspirar respeto— las vastas plantaciones del Sur. Elegían un negro desdichado y le proponían la libertad. Le decían que huyera de su patrón, para ser vendido por ellos una segunda vez, en alguna finca distante. Le darían entonces un porcentaje del precio de su venta y lo ayudarían a otra evasión. Lo conducirían después a un Estado libre. Dinero y libertad, dólares resonantes de plata con libertad, ¿Qué mejor tentación iban a ofrecerle? El esclavo se atrevía a su primera fuga.

El natural camino era el río. Una canoa, la cala de un vapor, un lanchón, una gran balsa como el cielo con una casilla en la punta o con elevadas carpas de lona; el lugar no importaba, sino el saberse en movimiento, y seguro sobre el infatigable río... Lo vendían en otra plantación. Huía otra vez a los cañaverales o a las barrancas. Entonces los terribles bienhechores (de quienes empezaba ya a desconfiar) aducían gastos oscuros y declaraban que tenían que venderlo una última vez. A su regreso le darían el porcentaje de las dos ventas y la libertad. El hombre se dejaba vender, trabajaba un tiempo y desafiaba en la última fuga el riesgo de los perros de presa y de los azotes. Regresaba con sangre, con sudor, con desesperación y con sueño.

*




La libertad final

Falta considerar el aspecto jurídico de estos hechos. El negro no era puesto a la venta por los sicarios de Morell hasta que el dueño primitivo no hubiera denunciado su fuga y ofrecido una recompensa a quien lo encontrara. Cualquiera entonces lo podía retener, de suerte que su venta ulterior era un abuso de confianza, no un robo. Recurrir a la justicia civil era un gasto inútil, porque los daños no eran nunca pagados.

Todo eso era lo más tranquilizador, pero no para siempre. El negro podía hablar; el negro, de puro agradecido o infeliz, era capaz de hablar. Unos jarros de whisky de centeno en el prostíbulo de El Cairo, Illinois, donde el hijo de perra nacido esclavo iría a malgastar esos pesos fuertes que ellos no tenían por qué darle, y se le derramaba el secreto. En esos años, un Partido Abolicionista agitaba el Norte, una turba de locos peligrosos que negaban la propiedad y predicaban la liberación de los negros y los incitaban a huir. Morell no iba a dejarse confundir con esos anarquistas. No era un yankee, era un hombre blanco del Sur hijo y nieto de blancos, y esperaba retirarse de los negocios y ser un caballero y tener sus leguas de algodonal y sus inclinadas filas de esclavos. Con su experiencia, no estaba para riesgos inútiles.

El prófugo esperaba la libertad. Entonces los mulatos nebulosos de Lazarus Morell se transmitían una orden que podía no pasar de una seña y lo libraban de la vista, del oído, del tacto, del día, de la infamia, del tiempo, de los bienhechores, de la misericordia, del aire, de los perros, del universo, de la esperanza, del sudor y de él mismo. Un balazo, una puñalada baja o un golpe, y las tortugas y los barbos del Mississippi recibían la última información.

*


La catástrofe

Servido por hombres de confianza, el negocio tenía que prosperar. A principios de 1834 unos setenta negros habían sido "emancipados" ya por Morell, y otros se disponían a seguir a esos precursores dichosos. La zona de operaciones era mayor y era necesario admitir nuevos afiliados. Entre los que prestaron el juramento había un muchacho, Virgil Stewart, de Arkansas, que se destacó muy pronto por su crueldad. Este muchacho era sobrino de un caballero que había perdido muchos esclavos. En agosto de 1834 rompió su juramento y delató a Morell y a los otros. La casa de Morell en Nueva Orleans fue cercada por la justicia. Morell, por una imprevisión o un soborno, pudo escapar.

Tres días pasaron. Morell estuvo escondido ese tiempo en una casa antigua, de patios con enredaderas y estatuas, de la calle Toulouse. Parece que se alimentaba muy poco y que solía recorrer descalzo las grandes habitaciones oscuras, fumando pensativos cigarros. Por un esclavo de la casa remitió dos cartas a la ciudad de Natchez y otra a Red River. El cuarto día entraron en la casa tres hombres y se quedaron discutiendo con él hasta el amanecer. El quinto, Morell se levantó cuando oscurecía y pidió una navaja y se rasuró cuidadosamente la barba. Se vistió y salió. Atravesó con lenta serenidad los suburbios del Norte. Ya en pleno campo, orillando las tierras bajas del Mississippi, caminó más ligero.


Su plan era de un coraje borracho. Era el de aprovechar los últimos hombres que todavía le debían reverencia: los serviciales negros del Sur. Éstos habían visto huir a sus compañeros y no los habían visto volver. Creían, por consiguiente, en su libertad. El plan de Morell era una sublevación total de los negros, la toma y el saqueo de Nueva Orleans y la ocupación de su territorio. Morell, despeñado y casi deshecho por la traición, meditaba una respuesta continental: una respuesta donde lo criminal se exaltaba hasta la redención y la historia. Se dirigió con ese fin a Natchez, donde era más profunda su fuerza. Copio su narración de ese viaje:

"Caminé cuatro días antes de conseguir un caballo. El quinto hice alto en un riachuelo para abastecerme de agua y sestear. Yo estaba sentado en un leño, mirando el camino andado esas horas, cuando vi acercarse un jinete en un caballo oscuro de buena estampa. En cuanto lo avisté determiné quitarle el caballo. Me paré, le apunté con una hermosa pistola de rotación y le di la orden de apear. La ejecutó y yo tomé en la zurda las riendas y le mostré el riachuelo y le ordené que fuera caminando delante. Caminó unas doscientas varas y se detuvo. Le ordené que se desvistiera. Me dijo: 'Ya que está resuelto a matarme, déjeme rezar antes de morir'. Le respondí que no tenía tiempo de oír sus oraciones. Cayó de rodillas y le descerrajé un balazo en la nuca. Le abrí de un tajo el vientre, le arranqué las vísceras y lo hundí en el riachuelo. Luego recorrí los bolsillos y encontré cuatrocientos dólares con treinta y siete centavos y una cantidad de papeles que no me demoré en revisar. Sus botas eran nuevas, flamantes, y me quedaban bien. Las mías, que estaban muy gastadas, las hundí en el riachuelo.

“Así obtuve el caballo que precisaba, para entrar en Natchez."

*


La interrupción

Morell capitaneando puebladas negras que soñaban ahorcarlo, Morell ahorcado por ejércitos negros que soñaba capitanear —me duele confesar que la historia del Mississippi no aprovechó esas oportunidades suntuosas. Contrariamente a toda justicia poética (o simetría poética) tampoco el río de sus crímenes fue su tumba. El dos de enero de 1835, Lazarus Morell falleció de una congestión pulmonar en el hospital de Natchez, donde se había hecho internar bajo el nombre de Silas Buckley. Un compañero de la sala común lo reconoció. El dos y el cuatro, quisieron sublevarse los esclavos de ciertas plantaciones, pero los reprimieron sin mayor efusión de sangre.

*

En Historia universal de la infamia, 1935. Obras completas, tomo I, Buenos Aires, Emecé Editores, 1996 (Copyright María Kodama)

*

Ilustración :

Siegfried Woldhek ( http://www.woldhek.nl/index.asp)



 

Stella DÍAZ VARÍN

Stella DÍAZ VARÍN


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ADAMAR Revista de Creación: www.adamar.org

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STELLA DÍAZ VARÍN (1926-2006)

De kepa_1@tcmsoft.com



Comunicamos a ustedes el fallecimiento de la destacada poeta nacional Stella Díaz Varín. Sus restos serán velados en la Casa del Escritor (Almirante Simpson 7, Providencia, Metro Baquedano). El horario de sus funerales se comunicará oportunamente.

¿Quién fue esta poetisa que no sólo le mordió una oreja a Jodorowsky, o lo dio un puñetazo en las narices a Lafourcade y le declaró abiertamente y en público su amor a Neruda?

"No. La poesía no es una ecuación biológica. La poesía, si tú la pudieras definir -porque es indefinible- es un arranque sentimental, es una memoria de otro arranque sentimental, nada más". De personalidad polémica y rupturista, integrante de la Generación Literaria de 1950, Stella Díaz Varín se perfiló como una voz singular y trascendente en la historia de la literatura chilena. Su poesía fue una expresión original, que plasmó su fuerte personalidad creativa y bohemia, con una perspectiva femenina.

Nació el 11 de agosto de 1926, en La Serena. El 1 de mayo de 1947 llegó a Santiago para estudiar medicina, con el firme propósito de especializarse en psiquiatría, carrera que no concluyó. En cambio se integró activamente a la Alianza de Intelectuales de Chile –dirigida por Pablo Neruda- y a los círculos culturales de la época, sobretodo a la mítica bohemia de El Bosco, donde cultivó amistad con destacados creadores nacionales como Alejandro Jodorowsky, Enrique Lihn, Ricardo Latcham, Mariano Latorre, Luis Oyarzún, Jorge Teillier, José Donoso, entre muchos otros. En ese período comenzó a colaborar en algunos diarios nacionales como El Siglo, Extra, La Opinión y La Hora; al mismo tiempo que participó en las diversas actividades generadas por la Sociedad de Escritores de Chile.



En 1949 publicó su primer libro, Razón de mi ser. Los poemas de este volumen reflejan la vitalidad y fuerza de la poetisa. A través de imágenes sugerentes y de un lenguaje subterráneo, temas como la muerte, la soledad y el reconocimiento a la condición femenina, evidencian en este poemario la relación inseparable entre la vida y la creación poética de la escritora.



Su producción literaria continuó con Sinfonía del hombre fósil (1953), Tiempo, medida imaginaria (1959) y Los dones previsibles (1986). Este último libro recibió el Premio Pedro de Oña en 1986, y su publicación incluyó un prólogo de Enrique Lihn, en el que señaló: ?Esta imagen del poeta, la afición a la magia del lenguaje asociada a
la realidad como acto verbal imperativo y otras características, delatan aquí -con la desvergüenza al uso de mi generación- cuentas pendientes con el romanticismo, el decadentismo y el simbolismo?



Aunque fue reconocida tardíamente por una pequeña parte de la crítica especializada, su poesía marcó nuevos rumbos en la creación poética nacional. Fue incluida en numerosas antologías, entre las que destacan Poesía Nueva de Chile (1953); La mujer en la poesía chilena (1963); y Atlas de la poesía chilena (1958).



Con una dilatada trayectoria en las letras nacionales, Stella Díaz Varín reivindicó el oficio de poeta desmitificándolo, denunciando las carencias de esta labor: ?Yo creo que deberíamos preocuparnos un poco de que el poeta deje de ser una especie de ser mítico, alado y peregrino. El poeta es un ser humano con familia, con necesidades biológicas y necesidades de todo tipo, al que nadie le da boleto en este país (...) por lo menos me gustaría que el hombre creador tuviera una base y una mínima seguridad de vida para que pudiera seguir creando?



Fuente: Memoria Chilena

http://www.memoriachilena.cl/mchilena01/temas/index.asp?id_ut=stelladiazvarin(1926-)   



Aquí hay algo de su obra:



LOS DONES PREVISIBLES.

Poema 10

 

Es así

Que la vida es en su muerte
Una pura substancia
Un sereno ocurrir, naturalmente
Un ritual
De poderes ocultos en su origen
Un círculo elemental
Un curioso bullicio
Un germinar muriendo.

Es así

Que estoy viva
Y en cada vida
Se me va la muerte.

 



 

La Palabra

Una
sola será mi lucha

Y mi triunfo;

Encontrar la palabra escondida
aquella vez de nuestro pacto secreto
a pocos días de terminar la infancia.

Debes recordar
dónde la guardaste
Debiste pronunciarla siquiera una vez...
Ya la habría encontrado
Pero tienes razón ese era el pacto.

Mira cómo está mi casa, desarmada.
Hoja por hoja mi casa, de pies a cabeza.
Y mi huerto, forado permanente
Y mis libros cómo mi huerto,
Hojeado hasta el deshilache
Sin dar con la palabra.

Se termina la búsqueda y el tiempo.

Vencida y condenada
Por no hallar la palabra que escondiste.




 

Profecía

Las grandes ausencias amenazan

Cuando los sirlos
Esos bellos pájaros
Emigran
Y la lejanía hiere sus alas
El hombre no lo sabe
Porque duerme
Oculto por causa de la luz
Para no prever la muerte.

Entrega el dominio de sus sueños
Y emancipa el caos
Y pierde el poder
sobre su propio río
que lo recorre en longitud.

Los abismos se acercan
Y las múltiples aguas
Devienen creaturas de espanto.

Uncido al gran anillo
Olvidará su trayectoria astral
su fecundidad perecedera.

Ocurrió
Que cerró las pupilas ante la luz
Y no estuvo más allá

De las cosas presentes
Ni creó una analogía superior
a la distancia entre los astros
Ni escuchó el soberano mandamiento
De crear al hombre verdadero.

Olvidado en el tiempo
Aún persistirá en creer
que fue un símil de su conciencia.

Trazluz 


Que se me permita mirar por la ventana
Sólo el espinazo de la muerte
A tranco largo
Mirando fijamente
A mis ojos deslucidos

Veo la ausencia
Doblando por la esquina
La miserable luz
De los días empañados.
Muy de tarde en tarde
Algún aprendiz de hombre
Vestido de domingo.

En estas agonías neblinosas
Estoy mirando desde una ventana ajena
Tras la luz de este rincón desconocido
Desde esta ventana hacia ningún paisaje
Hueco sin distancias
Seca pupila donde no resplandece
ni el más leve trino.


Silsh

Silsh

*

DE VEZ EN CUANDO, IRSE 

"hay cosas que te ayudan a vivirno hacías otra cosa que escribir"

(Un vestido y un amor - Fito Páez)  

*

Es necesario irse a otro lugar

cuando se borran contornos

de la risa. 

Recrear un presente

cambiarse de vestido

salir de alguna historia

inaugurar un sueño. 

Es necesario descubrirse la cara

mirarse sin volver

al límite del aire. 

Volar hacia otros mundos

que inciten a mezclar

sabores ya perdidos. 

Es necesario limpiarse los zapatos

estirar el mantel

servirse de la copa

donde madura el beso. 

Irse

de vez en cuando irse

lejos de este renglón

y hallar la piedra suave

para escribirbajo el torrente de agua 

la palabra más bella. 

*

Ilustración : 

Remedios Varo Uranga (http://www.angelfire.com/va2/vcollazo/RemediosVaro.html)