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Revista Literaria AZUL@RTE

ARGENTINA

Manuel LOZANO

Manuel LOZANO

 * 

Manuel Lozano nació en Córdoba, Argentina. Es escritor (poeta, narrador, crítico literario y ensayista). Ha cursado estudios de literatura y lingüística en Europa. Es “Master en Historia de la Cultura Argentina” (Escuela de Administración Cultural -E.D.A.C-, Bs. As.), habiendo recibido la máxima calificación (10) y la medalla “Victoria Ocampo”, por su tesis “El enigma Silvina Ocampo. La Paradoja y lo Sublime”. Concluyó, en 1998, el “Master en Comunicación”, en la Fundación de Altos Estudios en Arte y Comunicación (F.A.C.U)…

http://www.islabahia.com/PlumasSelectas/manuellozano/00principal.asp     *

E-mail : manuel_lozano@arnet.com.ar *

El texto "TIGRA DE SED EN LOS SUBURBIOS DE KFAR KANNA", con el cual Manuel Lozano inauguró su programa "El Oro de los Tigres" del jueves 10 de agosto, acaba de ser seleccionado para la prestigiosa XV edición de la "Nueva Poesía Hispanoamericana", entre más de 1500 obras, Editorial Lord Byron, Madrid, 2006. Por otra parte, acaba de ser traducido al inglés, francés, portugués e italiano.   

Equipo de Producción "El Oro de los Tigres"

www.fmradiocultura.com.ar    **

*

TIGRA DE SED EN LOS SUBURBIOS DE KFAR KANNA  

«Y te daré a ti y a tu descendencia después de ti la tierra en que moras, 

toda la tierra de Canaán, en heredad perpetua...» Génesis, 17:8*  

Para eso labraron tus calles,

imantados hasta donde el fuego se corrompe,

como plagas en la noche del desprecio.

El agua vuelve a ser vino

pero no hay siquiera un dios en estas posesiones.

¡Viviente Cocteau desesperado

a qué llaga dormida convertirías en oráculo

para decir la guerra y sus alcantarillas!

Resplandece un cráneo lamido por la sangre.

He llorado esta sangre

mirando desde lo alto el reino de este mundo.

¿Y la bujía como cuchillo fidelísimo en las ventanas?

Para siempre hurgo entre cascotes los restos de piedad,

esa esfinge dorada que se apartó de los hombres.

Hoy la luna perfora una ausencia.   

Los tentáculos prueban a mansalva

el grito inacabado, la cicatriz, el fruto. 

Dinastías de mendigos llegan a las puertas  

custodiadas por grifos y por perros.

El vario ritual alza en la noche una constelación

de ciudades para el deslumbramiento.

Nunca hubo pacto aquí.

El agua de esta lepra traspasada de espinas,

¿aullará de amor en medio de la fiesta?

Descendemos a Carpernaúm.

Alevosa farsa el teatro de la razón en luto

sobre el muelle desfondado de los pobres. 

¿Roes los escombros, palpas sus vestidos?

¡Arrodíllate al sol sin retorno de esta tierra!

La imaginación es una tigra de sed.  

* 

Buenos Aires, agosto de 2006 

*   * 

"Vive la Paix" Pablo PICASSO*

*

LA BOCA CON EL OJO MONSTRUOSO 

«Ocúltate, guerra.»
Lautréamont, Poésies
   

Con hambre, con ácidos y trapos de escalofrío, con cascotes, con el descaro del vértigo, con ardiente horror en los bordes de la ciudad. La molienda de la traición funda su reino. ¿Lloras por la caída de tu especie a la que llamaron hombre? ¿Ríes de pavor ante el muro, ante los muros, ante el lecho de alimañas en la necrópolis del desperdicio? El amparo cava su limosna y miras la corriente de niños bestializados por las calles. Afuera, los jadeos se precipitan al relámpago.

Una llaga profunda. 

Circuído por las nervaduras extremas, devoras el embalaje del intruso. ¿Habrá un responso cuando se cierren las puertas y aguardes como un animal las sobras del festín? 

Iniciación del alarido. Hubo que deshabitar la casa del silencio. Fueron también en el origen la agonía, el redoble y la hoguera. Ya no hay pan que descienda sobre tus posesiones. 

Ahora como antes, como siempre, como después, sé que preparan el rojo jardín de la muerte. Sus altos cedros están huecos. El áspero jardinero, una sombra entre raíces, golpea su sombra.  

Desperté y vi la herida: los ojos cerrados que sangraban. Misa de pavor, misa de éxtasis. 

Las lavanderas convalescientes limpiarían los restos desde Beit Nuba hasta Wisconsin. Aquí estuvo la calumnia, allí el calvario. En todas las posadas, los ulcerosos naipes del rematador de tu especie.  

¡Me crucifican, hijo, izan la cruz de mi inocencia! Sucede siempre en la lluvia. Para la primera representación traen un maniquí. Escribo esta verdad: todos los que vieron la escena deben morir sacrificados. 

El oro sucio se enfría en la tierra. Dejadme sin entender. Dejadme abandonado a mi cueva de poseído con antiguas palabras. 

La noche desollada formula así una plegaria obscena. Después del baile en los graneros, ¿qué espectros sonreirán en ataúdes invisibles? 

El zumbido mojado; llevo la luz. Clavo el espada de azucenas en el vientre de carbón de esta larva, multiplicando el ritmo de mi vigilia de pensar. Un mínimo galope. 

Eran jaulas de granizo vagando por los cuerpos. Caliente humo sobre la noche de los siglos. Recojo la sal que late conmigo y dibujo un corazón impuro. 

La muerte pide sed entre las tumbas. Vestida de niña en alto trono, pide sed frente a los matorrales. 

Que no se apiaden de sus vestiduras. No protejan el dulce hedor de estas aguas. 

¿Mímicas de voces después de la batalla? Debajo del pantano y de sus hendiduras va surgiendo la música. Y revela.

Nacerás de la destrucción. Regresarán los Bienaventurados. 

Quienquiera que seas, no soples el candil que aún te alumbra. ¿Acaso ves los fragmentos de caras gimiendo en la tragedia? ¿Impacientas el hacha del verdugo? ¿Te envuelven los rumores que antes fueron la espléndida palabra? Ladra el cadáver. Se entrega hasta el mármol de tu especie en ruinas. ¿Oyes el silbido de esa hiena disfrazada de pastora? Es la guerra. 

El peregrino que fui me reclina a las puertas del principio del amor, del indescifrable. También recorrerás los otros caminos como una pregunta. ¿Qué es el mundo y sus frutos, sino la perdida provocación? ¿A través de cuáles intersticios mancillo la apariencia?  Ardimos en horror pero la luz se desata sin fin, aguardándonos.


*

Buenos Aires, febrero de 2003

"Visage de la Paix" Pablo PICASSO 

*

IRÉ

Arañas y relicarios duermen discordantes en la plegaria de horror donde me anego. Sin fin, lo que se inclina. Sin fin, lo que se arrastra en líquido mármol de locura. ¿Hablabas del mundo sangrado en apariencia? Las viudas del misterio encandilan. Tejiste una estatua para el duelo. A veces he pasado bajo ese pórtico.
*

*

Villa Santa Lucía de Siracusa, enero de 2003 *     

*

**

Ilustración : Igor VARTCHENKO

http://www.fundacionlolitarubial.org/galerias/marcohum.html?humor1.html

SILSH

SILSH

 

Porteña enamorada de Buenos Aires y del Río de la Plata, que desde los cuatro años juega a armar palabras. Incansable "laburante" que quiere seguir resistiendo en su complicado país y que alimenta su costado sensible a través de la escritura para poder vivir y darle sonido a su voz interior. Adicta al "pucho" y al "mate" además de ser una apasionada por la lectura y la música que, de curiosa, se recibió de Lic. en Publicidad dejando inconcluso su antiguo amor por la bioquímica.

Ha publicado su libro de poemas "Descalza y con sombrero" (Letramundi-Argentina) en el 2004. *

E-mail : silsh@arnet.com.ar 

Sitio Web : http://silsh.webcindario.com/     *  

*

PALABRA POESÍA  

Sonámbula en el verbo

de este mar corrosivo

de palabras

la vida

exhala su limosna

bajo una geografía gutural. 

Movimientos ambiguos

desde el núcleo

a las sombras

marejadas que visten

caricias de costado. 

Son máscaras continuas

sobre una piel de agua

que se extienden

con-funden

no suplican ni amparan

no se dan ni se roban.

Son gritos del espejo. 

Se opaca la memoria

a contraluz

del mundo invertebrado 

elabora en silencio

sublime puro estado en la duda 

y se apropia de vos/z

con su estirpe de seda. 

*

Rolando REVAGLIATTI

Rolando REVAGLIATTI

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UTOPOESÍA n.2539

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La muerte de Borges por Héctor Bianciotti

"Yo pensaba como él, aceptaba que nadie escapa a las leyes y a las pautas que rigen este mundo, que nuestro destino es luchar como si el mundo fuese un proyecto y nosotros sus obreros." Bianciotti

*

Cuando fui a verlo en el mes de abril, Borges estaba en el hospital cantonal, en cama, y sin embargo, al oírlo, cualquiera hubiera dicho que se hallaba en uno de los cafés de Saint-Germain-des-Prés que tanto le gustaba frecuentar. Si su sapiencia siempre me había impresionado, la tarde en que fui a verlo al hospital permanece como ejemplar en mi memoria, por su sencillez, por esa lección que parecía venir de los antiguos, del fondo de los siglos. Yo pensaba como él, aceptaba que nadie escapa a las leyes y a las pautas que rigen este mundo, que nuestro destino es luchar como si el mundo fuese un proyecto y nosotros sus obreros.



Si tuviera que describir brevemente la sapiencia que emanaba de él durante esas horas pasadas en su compañía, diría que consistía, ese día, en su capacidad de ignorar la enfermedad, de no aludir a ella, de vivir con dulzura, llenando su tiempo, que se había vuelto tan lento, con lo que todavía le quedaba por empezar, o por terminar; el porvenir ya no le concernía, no invadía el presente, donde ayer es todavía y mañana, ya.



Se parecía en eso a lo que tardíamente pude constatar en mi madre: ni añoranza del pasado, ni esperanza o miedo hacia el porvenir, sino una humilde atención al instante. Y la costumbre de imponerse una conducta que no suscitara la preocupación en el testigo, o su compasión: cada compromiso, como si fuese el primero y el único.  


Borges trabajaba en un guión sobre Venecia, que le habían encargado, y en el prefacio a la edición de su obra en la Pléiade, que terminaría un mes más tarde, tres semanas antes de su muerte. Recitaba poemas, entre ellos una pieza de Cocteau, para comentarme que el poeta había logrado encontrar una palabra que rimaba con "sífilis", volviendo así aceptable esa palabra que la poesía no ha previsto. Nos hizo reír cuando le trajeron la cena, tres purés cuyos colores nos pidió que le describiéramos, comparándolos con la insipidez común a los tres. E imaginó un paté de conejo en su propia piel, o un fénix cocinado en su propia ceniza.



Ignoro si estos fragmentos de recuerdos, estas migajas, pueden sugerir lo que fue ese rato. A Borges le gustaba reír, aunque a menudo no reía de manera evidente, hasta cuando su risa, siempre dispuesta, ya se había extinguido para decir algo que la provocaba a su vez en el interlocutor. 
Estas imágenes, como en el caso de Guibert, me parecen preciosas si no se pierden de vista las circunstancias, la muerte, que él sabía inminente. ¿Se preparaba para entrar en la muerte como se entra, conforme lo deseaba, en una fiesta, o quería permanecer fiel a uno de sus últimos poemas, en memoria del amigo ginebrino que acababa de morir?



María lo incitó a levantarse, era necesario que caminase, que se paseara. Mientras cruzábamos el umbral de la habitación y entrábamos en el vasto, interminable corredor, salió tomándonos del brazo, declamando, con esa voz que le ahuecaba el pecho, buscando la férrea música del idioma sajón, el pasaje de la "Balada de Maldon" en el que un joven soldado que ha ido a cazar, al oír de repente el llamado de su jefe, deja que el bienamado halcón vuele de su mano hacia el bosque, y él entra en la batalla.



Nos sentamos en el fondo del corredor, en la rotonda, bajo la claraboya que a esa hora de la tarde irradiaba una feroz luminosidad química. Borges advirtió su intensidad: "Ahora ya no veo más que ese horrible color violeta". Largo tiempo le había sido fiel el amarillo; al comienzo de la ceguera, distinguía el verde del azul.


Temeroso siempre de expresarme con imprecisión delante de él, de proferir trivialidades -que él cazaba al vuelo, no sin agregar, según su costumbre, esa interrogación monosilábica de cortesía, al final de una frase: "¿No?"-, debí de preguntarle algo sobre las literaturas antiguas que él amaba. Sin responder a mi pregunta, empezó a recitar, escandiendo párrafos rimados en los que creí reconocer sonidos ingleses. "Es horrible, ¿no?" Se trataba de la traducción de la Odisea perpetrada por el prerrafaelista William Morris, que pretendía extirpar del inglés todas las palabras de origen latino.



Sólo por el placer de oírlo repetir una de las frases de él que prefiero, le pregunté por qué había aprendido de memoria algo horrible. "La fealdad es tan memorable como la belleza", contestó, con un tono casi alegre.

* * *


Cuando llegamos a la callejuela sin nombre y nos detuvimos frente a la puerta sin número, comprendí por qué María había tomado la precaución de citarme en el hotel. Quince días antes, Marguerite Yourcenar había viajado a Ginebra para visitar a Borges. En espera de que la compañía de teléfonos instalara uno en su nueva pero última morada, él todavía estaba en el hotel. Le había hablado a Marguerite del departamento, pidiéndole que fuera a verlo y luego se lo describiera minuciosamente. El guardaba la llave, la tenía en el bolsillo de la bata. Exactamente un año más tarde, en el mes de junio, Marguerite Yourcenar me contará eso, en el transcurso de la única verdadera entrevista que tendremos -y no olvidó añadir que omitió mencionar el vasto espejo que, al abrir la puerta, se alzaba frente al visitante y se prolongaba a derecha e izquierda creando un pasillo: ¿cómo se hubiera atrevido ella a aludir a ese mundo de reflejos inciertos, horror que desde la infancia ese mundo le provocaba?


* * *

Una sucesión de habitaciones vacías pero lujosas, a juzgar por los revestimientos de roble. El silencio que parecía reinar en el departamento súbitamente se rompió al abrir la puerta: lamentos que parecían vagidos. En su cama -tan angosta como la que usaba en Buenos Aires, la de toda su vida-, sin duda Borges tenía una pesadilla. Pero María le tomó la mano: "Borges, ya estamos aquí", y de inmediato cesó su desolada queja, los rasgos distendidos, los labios entre la sonrisa y la palabra. No volvería a mostrar señales de angustia, apenas de una ansiedad intermitente, un temblor brusco y ligero, como cuando soñamos.



Nosotros permanecimos atentos al menor signo, al mínimo gesto.


"Nosotros" éramos María, uno de los dos médicos que lo habían atendido en el hospital cantonal, la enfermera de día -su lectora en francés-, yo y, más tarde, la enfermera alemana. El médico, sentado al borde del lecho, la mano sobre la rodilla de Borges. Sin duda, uno muere menos solo cuando una mano tranquila y que reconocemos nos toca.



Sobre la mesita baja, junto a la cama, dos libros: una selección de cartas de Voltaire y los Fragmentos de Novalis, que le leía la enfermera de noche, la alemana. Al pie de la cama, que tocaba a la pared, una estrecha ventana contrastaba con el revestimiento de madera, reciente, cuidado. Era el 13 de junio. Hacía calor. El sol se ponía tarde. Un haz de rayos de sol se derramó sobre el lecho, iluminando el hueco en que éste se encastraba, y luego a nuestro pequeño grupo. Borges sacudió el índice sin mover la mano, como quien espanta una mosca. La sábana blanca resplandeció largo rato, pero el tiempo se llevaba consigo la luz, como quien retira un velo. Borges tenía la chaqueta del pijama, que era de color gris perla, desabrochada hasta el tercer botón. Su cuello, alisado por la posición de la cabeza, echada hacia atrás, era ancho y hasta poderoso.


En esta residencia de la ciudad vieja, donde él quería que tuviera lugar la cita con la muerte, el destino le había reservado un lugar tranquilo donde retirarse cuya pequeña ventana debía de crear un vínculo con las casas de antaño, allá lejos -un vínculo para que él muriese un poco en su casa, donde la mecedora de su madre se había inmovilizado muchos años atrás-. Puesto que no podía morir en esa Buenos Aires que, a su entender, ya no existía, quería que el gran encuentro ocurriese allí, en el barrio ginebrino donde él había despertado a la ciencia vagabunda de la literatura.



Sus médicos, que se habían convertido en sus amigos, hablaban de su alegría cuando se encontró por fin en la casa que había elegido. Había pasado el día exultante, con una euforia por momentos convulsiva, y repentinamente se alejaba, inmerso en una suerte de beatitud. ¿Había abandonado ya el universo de las palabras, donde todo ocurría para él? Estaba tranquilo, la gravedad y la dulzura pintadas en el rostro, una mano sobre el pecho, abismado en sí mismo, sustraído al tiempo -¿cara a cara con esos espacios infinitos que aterraban a Pascal?



Hay en la espera de la muerte un no sé qué de fin del mundo. Próximo a la fuente de las lágrimas, el testigo tropieza con sus propios límites, y llega a tener la sensación de hallarse en el lugar del moribundo.



En otro cantón de la Confederación, Joyce. La balsa de la noche avanzaba. Llegábamos al centro de la noche, la noche que respiraba a grandes bocanadas.


Siglos habían transcurrido cuando una luz grisácea tiñó la pequeña ventana. Una luz opaca, glauca, que viraba al amarillo. Y el sol. Adormecido en la sustancia de la muerte, el espíritu resucitaba entre la vigilia y el sueño. De pronto, un rayo de luz atravesó el vidrio, disipando un poco la penumbra. Y vi el pie de Borges que, fuera de la sábana, apuntaba con el dedo gordo hacia el techo. Ese pie que, como a él le gustaba decir, había "fatigado las calles". La desnudez del pie, tan íntima, que evocaba las palabras del poeta: "De sus pies sube entonces en él la muerte azul". De cuando en cuando, Sócrates, glorioso u oscuro, vuelve a morir sobre la Tierra. Cuántas veces habremos oído a Borges recordar que Sócrates no quiso prodigar adioses patéticos a sus amigos, a la hora de la cicuta, sino conversar con ellos tranquilamente, seguir pensando. ¿No había comentado, en el umbral mismo de la muerte, que el placer y el dolor son inseparables, puesto que si las cadenas le pesaban en la prisión, acarreando una forma de dolor, una vez que se las quitaron experimentó un feliz alivio? 


También Borges, en su cama del hospital, no había hablado sino de literatura, toda una tarde. La enfermera empezó a friccionarle el pie -el pie que se ponía azul; la sangre carecía de impulso para subir hasta el corazón. Yo había convencido a María de que descansara un rato. Ahora era necesario llamarla. No tuve tiempo de dar un paso: María estaba en el vano de la puerta.


Se sentó a la cabecera de Borges, su mano en las suyas. Moví mi silla un poco hacia atrás. Yo no había advertido movimiento alguno, y sin embargo la cabeza de Borges se inclinaba ahora hacia ella.



Entre las cosas que nos ocurren, algunas son demasiado grandes para ser tan sólo un acontecimiento. El suelo de la realidad no las soporta, el espíritu las rechaza.



Borges murió muy lentamente y en silencio, como un reloj de arena que se vacía. Era el 14 de junio, un sábado. Mi reloj marcaba las siete y cuarenta y siete.
Nunca le confesé que escribía. Está bien así.


Tumba de Jorge Luis BORGES

*

Extracto de Héctor Bianciotti, Como la huella del pájaro en el aire (Editorial Tusquets, 2001) publicado por La Nación , Buenos Aires, 2001




Rolando REVAGLIATTI

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EL LIBRO DE INGEBORG BACHMANN

por Jaime de la Gracia



Las tropas alemanas desfilan machacando la piedra recortada en cuadraditos, la noche anterior llovió en Klagenfurt / Austria / una llovizna llorona, es una mañana fría y gris, las ventanas indecisas ocultan sombras. La pequeña camina tomada de la mano de una mujer que puede ser su madre o una tía, al doblar la esquina camino de la panadería, ve a los hombres en formación, avanzando implacables contra el frío y las piedras sucias, siente pánico, pero se asusta más al ver los descomunales perros que avanzan al lado de la tropa, se a ferra a la cintura de la mujer y mete la cabeza entre la falda pesada., tiempos después, la niña Ingeborg Bachmann, que ahora tiene 12 años de edad, escribiría sobre lo que vio y lo llamaría como / Un dolor demasiado temprano / que la acompañaría por el resto y marcaría su poética, incluso la perseguiría / Bajo los cielos extranjeros / en forma de / Sombras rosas /.
Ingeborg Bachmann es poeta capaz de grandes silencios. Ingeborg Bachmann en un susurro nos canta: / No más uniformes / No más banderas / pero como la poeta entiende que el ser humano es un animal dado al símbolo, entonces corrige / Que las banderas cuelguen húmedas de los mástiles / y prosigue / Que no representen a país ninguno /.


Estudiante de filología y filosofía Germanistica en Viena, hace su disertación sobre el pensamiento de Martín Heidegger, al que conoció personalmente y del que también se alejó por discrepancias sobre la simpatía que el filosofo mostraba por la corriente del nacionalismo, tendencia que Ingeborg Bachmann combatiría por malsano y retrógrado / Fría es la luz / También fría es la piedra frente a la puerta /.


Desde el inicio de su escritura poética después de algunos devaneos con la poesía simbólica muestra Ingeborg Bachman su adhesión al modernismo que en ese momento arrasaba con los últimos restos que quedaban dentro de la poesía alemana de la herencia pesada y lúgubre de lo elegíaco, los jóvenes poetas desdeñan el asomarse al alma a la manera del Avestruz y prefieren mostrarla al sol y exponerla como sacos de huesos, / ¿Qué será de nosotros, si sobornamos la belleza? Clama la poeta.


Poesía de fraseo corto que no se ahorra en la entrega del Moira, que ata cabos para deslindar el misterio de lo cotidiano transformado en magia por la palabra / Una palabra - Tu sabes: / Un cadáver /. 
Ingeborg Bachmann fue mujer de amores accidentados, amores que la facultaron y la desterraron del cielo de los encuentros felices / El amor tiene un triunfo y la muerte tiene otro / tuvo la fortuna o la desgracia de encontrar en su camino a dos hombres monstruosos, Paul Celan y Max Frisch a los que se entregó en cuerpo y obra hasta el abandono y el alcoholismo.


Una de sus primeras publicaciones la hizo en 1952 en la revista Lynkeus, en ese mismo año conoce al escritor Hans Weigel, quien le presenta al también escritor Hans Werner Richter el cual la introduce al grupo de los 47 en donde conocerá a Paul Celan. Un año después publica su primer poemario El Tiempo Postergado, el cual le merece el premio del mismo grupo 47. Este poemario fue saludado por la crítica con un " aquí hay un tono de resignación rico en sus modos y matices de versos poderosos y sonoros".


Ingeborg Bachmann viaja a Roma en donde viviría hasta el año 1957, la ciudad la impresiona y la sobrecoge, dedica grandes paseos a las noches de Noviembre, escucha en sus caminatas por la ciudad la voz silenciosa de los mármoles fríos, aquí escribiría uno de sus poemas más hermosos / Nocturnos cuadros romanos / estadía interrumpida por esporádicas temporadas en París y Praga. En 1956 publica su poemario, El llamado de la Osa Mayor Berlín 1961, hombres armados de herramientas que se utilizan para la agricultura abren la tierra para plantar los cimientos de un Muro infame. En este año Ingeborg Bachmann publica su primer libro en prosa un libro de relatos titulado, A los treinta años. El libro es recibido con frialdad por una crítica y un medio intelectual marcado por el machismo y capaz del resentimiento.


Ingeborg Bachmann fue autora prolífica, incursionó en el ensayo, el radio teatro, la novela, el periodismo, en 1971 pública su novela, Malina donde a profunda en el alma femenina sin hacer concesión al resentimiento, prosa marcada por una fuerte carga poética. Esta novela hace parte de una trilogía, las otras dos no llegaron a ser concluidas ya que se atravesó la muerte, a este proyecto literario la poeta lo llamó: Formas de muerte. 1964, regreso a Roma / Pensar es estar solo / / Estar sólo es una buena cosa / en este año recibe el premio Büchner, lee su conocido discurso: Un lugar de coincidencias, está enferma del cuerpo y la enfermedad toca el alma, para este tiempo ya ha visitado con sus carnes, hospitales, sanatorios para recibir terapias contra el alcoholismo y la drogadicción, sólo aguardaría el manicomio al que Max Frisch la empujaría con su despiadada narración, Pongamos que me llamo Gantenbein, donde cuenta toda la mierda que se comieron y vivieron como pareja.


Ingeborg Bachmann nace un 25 de Junio de 1926 en la ciudad de Klagenburg / Austria, es la hija mayor de un director de escuela Mathias y de Olga Bachmann. Estudia en Viena y recibe un doctorado en derecho, filología y filosofía germana, sobra decir que empezó escribiendo por curiosidad y terminó haciéndolo por necesidad / Escribí todo lo imaginable /.


Comentaba el escritor argentino Roberto Arlt - Los pesos en el camino terminan equilibrándose - esto puede afirmarse sobre Ingeborg Bachmann quien en vida sufrió mucho a causa de no ser tomada en serio. Los premios se sucedían, las entrevistas, pero nunca fue tomada en serio. Desempeñó diversos trabajos para sobrevivir, fue durante un tiempo secretaria en Berlín de las tropas de ocupación Norteamericanas, tuvo encuentros académicos con personajes grises como Henry Kissinger con el que hizo un curso de verano, esta estadía en el país del norte le inspiró una pieza dramática llamad El buen Díos de Manhatan, que resultó un novelón para la radio, quizás una de sus peores trabajos, pero que así y todo mereció premios, pero también de este tiempo quedan bellos poemas como Harlem por ejemplo, donde la música se emborracha y salta ebria de esquina en esquina.


Ingeborg Bachmann, hoy goza dentro de la lengua germana lo que se le negó en vida, respeto y una justa valoración de su obra. Los tiempos son otros, por ejemplo: Berlín confronta su realidad de ciudad en bancarrota, dejó de ser después de la caída del Muro esa isla de confort artificial, punta de lanza de la propaganda del capitalismo durante la guerra fría. Tampoco, nunca se identificó con el país que la publicó y que la descubrió. Asumió un país mediterráneo. Decía el brasileño Jorge Amado - Un hombre tiene dos patrias, uno que Dios le da y otra que su corazón elige y ella eligió a Italia y dentro de Italia una ciudad vieja, Roma.


Nosotros compartimos un pan con la lluvia / Un pan, una culpa y Una casa / Calla conmigo, así como todas las campanas callan / Los viajeros van hasta el final /


 
Ingeborg Bachmann muere en Roma el 17 de octubre de 1947 a la edad e 47 años. Muere de acoso espiritual por el abandono y del incendio material provocado por un cigarrillo encendido con el que se quedó dormida sobre el colchón.
 
 
 
Berlín / 2002

Agosto / mes de las altas aguas del río Elba 

*


 
4 POEMAS DE INGEBORG BACHMANN
 
OSCURAS PROMESAS


Como Orfeo toco yo
en las cuerdas de la vida la muerte
y la belleza de la tierra
en tus ojos, que le administran al cielo
no sé que oscuras promesas
 
 
no olvides, la mañana que de repente
tu lecho y el clavel
que duerme sobre tu corazón
amanecieron mojados por el rocío
viste el río de aguas oscuras
pasar por ti
 
 
en la cuerda del silencio
tendido sobre la ola de sangre
toco yo tu sonoro corazón
tus rizos se convirtieron
en el cabello sombrío de la noche
la negra oscuridad modela
tu rostro en flecos
 

y yo no te pertenezco a ti
los dos nos lamentamos ahora
 
 
pero como Orfeo reconozco
en el lado de la muerte la vida,
y vislumbro
el azul en tus ojos cerrados para siempre.


 
SOMBRAS ROSAS SOMBRAS

 
Bajo un cielo extranjero
sombras rosas
sombras
sobre una tierra extranjera
entre rosas y sombras
en una agua extranjera
mi sombra
.


 
 
RECLAMO


Adónde vamos
despreocupados sin preocuparnos
que esté oscuro y haga frío
sin preocuparnos
eso si pero con música
debemos
alegres y con música
pensar divertidos
a la vista de un final
con música
y hacía dónde
llevamos
las mejores preguntas
hechas todos estos años bajo los chubascos
en la lavandería de los sueños
despreocupados sin preocuparnos
que lo mejor ocurra
cuando un silencio de muerte se anuncie
y entre.


 
HARLEM


De todas las nubes se sueltan las duelas
la lluvia se cuela al fondo de cada pozo
la lluvia brinca de las escaleras de fuego
y teclea sobre las cajas de música
 
 
la ciudad negra gira su ojo blanco
y camina por cada esquina del mundo
el ritmo de la lluvia subvierte el silencio
el blue de la lluvia se apaga.

 


 
 Traducción del Alemán al Español por: Jaime de la Gracia




A INGEBORG BACHMANN

en mi memoria por Carmen Blázquez



INGEBORG, eras uva tu boca era ubre de estrella
dormida escribías al humo escribías dormida
tu Paul no trenzó sobre ti tu cabello-caballo
que suyo era suyo

Y tú uva tus labios licoran los vasos la negra licoras
los besos aspiras la fuga tizona laringe
es tu son

La segunda mortaja a tus ojos las rubias serpientes
estrellas pisadas cabezas
las uvas pisadas tus ojos
tu ojo pisado en la estrella
y tu blanco crespón de cigarro
que arde en la ubre

Eras Roma.
 

*

Oscar PORTELA

Oscar PORTELA

  

Oscar Portela. Argentina 1950. Ha publicado más de quince títulos de poesía, dictado Cursos y Seminarios de Literatura y Filosofía y figura en las más exigentes Antologías de Poesía de la Lengua Española. * 

E-mail : portelao@hotmail.com
Página personal : http://www.universoportela.com.ar/
Otra : http://www.arrakis.es/~joldan/oportela.htm 

**      

Dificultades y angustias de los pueblos elegidos

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En realidad la palabra angustia relacionada directamente- no con la libertad del hombre sin fundamento alguno -(Heidegger)- que nada tiene que ver con aquel concepto de la angustia que para el universal-singular (Sartre), llamado Kierkegaard ,provenía del pecado de un padre que siendo pastor un día blasfemó contra Dios: esta culpa da como resultado una deuda heredada e indexada, que solo pede pagarse con el acatamiento a la ley de un Dios tiránico y exigente - que no es dolor como afirma Lyotard acudiendo a una retórica de tipo sofistica que resulta insoportable- sino que puede exigir un sacrificio a Abraham, quien está dispuesto a inmolar a su primogénito como los terroristas se inmolan hoy siempre en nombre de una verdad revelada.

Hace ya más de un siglo Friedrich Nietzsche afirmo "la sangre de los mártires no tiene nada que ver con la verdad". Sin embargo el martirologio judío, la errancia metafísica sin fin, el hecho insoportable de haber sido elegidos para llevar y sobrellevar el destino de la historia a un final que es solo "epojhe" (suspensión de sentido) , pero que no cesa de dar señales y mandatos al pueblo elegido, sometiéndolo a tremendas tribulaciones, los hace acreedores de lo que aquellos asesinos seriales llamados "antisemitas" les robaron, es decir su casa (la de Dios), su cuerpo (su toponimia) y la memoria cartografiada que los convirtió en aquello que al occidente le falta, esto es , el sentido de "la culpa".


Solo el sentido de la culpa nos salva del olvido, es decir de la repetición, sino que además es la que confiere a la errancia y la improbable escucha, créditos sin limites en lo que respecta a reclamar a los demás pueblos aquello que se les adeuda. Haber sido vitimas de las faltas de las religiones de la tierra (paganas decía aún hoy despectivamente un retorcido post-moderno Lyotard), en las que la tierra y las palabras son sujetos de un origen que no existe, para una deriva a la según él y los que como él opinan, no existe sentido escatológico o teleológico que no sea el de la epifanía de una revelación que no se ha sustantivado nunca.


Esto es lo que Heidegger se supone no habría entendido nunca: el Dios de Moisés habla en nombre de la diferencia ontológica y el olvido del ser: llegados a este punto todos los retorcimientos hermenéuticos de textos que se superponen son ya posibles: pero un pensador cristiano como Valadier afirma con respecto al dios pagano Dionisos: (citamos a pesar nuestro): "Mientras el dios Cristiano deja morir a su Hijo sin morir él, el dios Dionisio pasa por la muerte: por ser auténticamente signo, debe querer borrarse y desaparecer. Para permitir de nuevo la afirmación, su presencia debe ser ausencia. Es camino, como lo es el hombre. No contentándose con indicar al hombre el camino sin él (tras) pasarlo, este dios pasa y muere verdaderamente". (N y el Cristianismo).


Esta misma exaltación de la pertenencia del hombre a la tierra y la "torna" hacia todas las fuentes nutricias de un pensamiento que abra nuevos senderos en el bosque, son aquellas a las que les se reprocha el haber servido de soporte neo-conservadoras, a un Occidente que olvidando a Plotino, no habría comprendido el feroz unicato del dios Jehová, que, consecuencia de las civilizaciones adoradoras de lo de uno, entendieron siempre lo destinal histórico como un designio divino que debía mantenerlos apartados y en consecuencia, dieron a la historia un "telos" en el cual el racionalista y antisemita Hegel , une la tradición occidental con el mesianismo judío y el fundamentalismo de los pueblos adoradores de Alá.


No debe resultar fácil haber sido destinados a tamaño emprendimiento: la conquista primero de un imperio espiritual y luego - ya en plena época de la constitución ontotecnológica de la cultura planetaria - ir hacia un Estado Universal que debería haber sido la tierra como templo de un dios Único.


Pero parece que los sacrificios sumados a lo largo de los siglos- las diásporas territoriales y étnicas o estatales - pueden hoy conseguir saldar la indexación de una deuda impagable: (crucifixión o shoa): así parece haber llegado la hora del Apocalipsis (revelación de la verdad como tal) mientras Heidegger hablaba por el contrario de la "in-esencial esencia de la verdad".


En su monumental obra "Von Hegel Zu Nietzsche", Karl Lowith pone de manifiesto el decisisivo cruce de líneas enemigas entre ambos pensadores: para Hegel el estado moderno será ( "mythem " de Kojeve) la resolución de todas las aporías de un pensamiento pre-dialéctico: la resolución formal de los conflictos entre realidad y racionalidad con la conocida frase: "todo lo real es racional, todo lo racional es real".



Para Nietzsche la historia constituye un "error" y toda visión escatológica de la historia es sierva de la constitución moral de la ontoteologia y por lo tanto maniquea en su esencia: y a la frase de Hegel responde: " todo lo racional es imaginario, todo lo imaginario es real".


Dentro del sueño como pulsión colectivo de la que hablaba todavía Cornelius Castoriadis, a veces con candidez de utopista, le cabe al poder acumulativo de la técnica como "voluntad que se sabe a si misma" y solo a ella como sombra del ideal ascético negador de la vida, ser el instrumento del cual puede valerse el nihilismo para apagar definitivamente los destellos de una raza que puede sucumbir a un destino feroz: el dominio de todo lo ente por un sujeto humano que no pudo o no supo encontrar el camino, para salir de un laberinto en el cual los odios étnicos y religiosos más primitivos permitan que las armas proporcionadas por la técnica, hagan añicos la morada del hombre por un tiempo no físico, no cuantificable, sino aquel de la roza de Eckardth que "florece sin porqué".
 

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Argentina. Agosto 2006.

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Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/ 

Rolando REVAGLIATTI/Ciberayllu

Rolando REVAGLIATTI/Ciberayllu

Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945) fue uno de los responsables del Ciclo de Poesía y Prosa Breve “Nicolás Olivari” (1999) y el coordinador general de los Ciclos de Poesía “Julio Huasi” (2001), “Luis Franco” (2002), “Carlos de la Púa”, “Susana Thénon”, “Horacio Pilar”, “Homenajes” (2003), así como de la Revista Oral de Literatura “Recitador Argentino” (2003).

Libros publicados: HISTORIETAS DEL AMOR, 1991; MUESTRA EN PROSA, 1994 (cuentos y relatos). LAS PIEZAS DE UN TEATRO, 1991 (dramaturgia). OBRAS COMPLETAS EN VERSO HASTA ACA; DE MI MAYOR ESTIGMA (SI MAL NO ME EQUIVOCO):; TROMPIFAI; FUNDIDO ENCADENADO; TOMAVISTAS; PICADO CONTRAPICADO; LEO Y ESCRIBO; RIPIO; DESECHO E IZQUIERDO; PROPAGA; ARDUA; PICTORICA; SOPITA; CORONA DE CALOR, entre 1988 y 2004 (poesía).

E-mail : revadans@yahoo.com.ar

Paginas personales :

http://www.revagliatti.com.ar/

http://www.lexia.com.ar/REVAGLIATTI.htm 

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ROGER VADIM (Cuento) 

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Hace un año que no la llaman de ningún canal. Llama ella a algún ejecutivo, la citan, intima, pero no la incluyen en programas. No entiendo lo que pasa.

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Ahora estudia canto. Algunas empezaron como ella y llegaron a ser figuras. O impactaron con un aviso filmado. Intervino en varios, pero no resultaron un boom. Y en dos largometrajes. En el dramático, la desnudaban varias mujeres presidiarias y la gozaban. En el otro, se desvestía con crispante morosidad en la pieza de un albergue suntuoso mientras un actor de reparto, ridículo, la esperaba en la cama cubierto con una toallita. Además posó para la tapa de un long play y para fotonovelas. No es estúpida. «Sé que la mayoría se queda en el camino», me dijo. Pero no encuentra en sí las fuerzas suficientes para torcer el rumbo. Tendría que partir de cero. De otro modo . Tal vez, el canto.

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Entró al mundo artístico a los diecisiete años y por la puerta grande de la televisión. Su madre había logrado un contacto con el productor del show de Toto Alcalá, y allí, con su autorización y complacencia lució su primer bikini con lentejuelas. Al insinuársele Toto, ella le deslizaba con ingenuidad: «Me dejaron solita y usted no me inspira confianza». Se hizo notar y en Radiolandia y en Antena le adjudicaron romances con un tenista, un locutor de radio Belgrano, un jugador de fútbol, el hijo del propietario de un boliche de moda, y el más promocionado, con un cómico en pleno candelero. Hizo carrera (carrerita) sin esfuerzo. Supo imponerse. Tiene las formas y da el tipo que excita. Su estilo contorneado gusta siempre y a todos. No es tan tosca como otras chicas del ambiente. Incluso diría que no le falta sensibilidad. Conserva cierta frescura porque no ha renunciado a su familia. Y la estimulan. Es en el estudio del canto donde en la actualidad deposita sus ilusiones de perdurar, de trascender. Quisiera dedicarse profesionalmente a interpretar temas melódicos. Sueña con su propio ciclo. Posee mejores cualidades que muchas. Debe animarse a largar la voz, de por sí, entonada.

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En algo estuvo en el último año. No sé con exactitud cómo es que accedió. En su casa mentía que eran comerciales para Venezuela. Pero eran fotos. Para almanaques. Fotos semi-pornográficas con maquillajes estrambóticos. Le costó desinhibirse hasta tal punto delante de la cámara y de todo un pequeño equipo, pero era buen cachet y le aseguraron que no se distribuirían en la Argentina. Le sirvió para sentirse activa y requerida mientras aguardaba una oportunidad como la gente.

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Procura engrosar su vocabulario, no pronunciar palabras groseras o inadecuadas y refinar modales. «Pretendo que me respeten», dice. La comprendo: una cosa es el espectáculo y otra muy distinta la cotidianeidad. Por eso es que estudia canto. «Me pulo», dice. Bah, aprende. Si aparecieran bolos como actriz para tiras o una propuesta como secretaria de algún conductor de programas de entretenimientos, lo aceptaría. Más adelante, ya verá. Depende de ella. Y de la suerte, de las circunstancias. Le adelantaron sotto voce que tratarían de ubicarla para protagonizar un filme de «sexo explícito». Y que también se distribuiría fuera de nuestro país. Me da la impresión de que rechazaría la cosa. «No quiero encasillarme», me dijo. Por mi parte, además de las clases, le ofrecí un apoyo más comprometido. Ayudarla a crecer. Lo está pensando. No sería la primera que se afianza en base a mi experiencia, conexiones e iniciativas. Y ella lo sabe. Siempre tuve buen ojo: clínico. Desplegaría su potencial. Me necesita. Y me conmueve lo bastante. Sé donde hay. Para mí, vivificante desafío. Pudiera constituirme en su Roger Vadim. Sería delicioso y apasionante. ¿Cuán maleable, plástica en mis manos, con mi perspicacia? Que lo piense…, que lo piense. Y le ofreceré aún más. Le ofreceré venirse a vivir conmigo: una relación estable. Para su familia, demás está puntualizarlo, inequívocamente, sólo seríamos amigas. 

Referencia :

http://www.andes.missouri.edu/andes/Literatura/RR_Vadim.html

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Manuel LOZANO/EL ORO DE LOS TIGRES

Manuel LOZANO/EL ORO DE LOS TIGRES

Manuel Lozano nació en Córdoba, Argentina. Es escritor (poeta, narrador, crítico literario y ensayista). Ha cursado estudios de literatura y lingüística en Europa. Es “Master en Historia de la Cultura Argentina” (Escuela de Administración Cultural -E.D.A.C-, Bs. As.), habiendo recibido la máxima calificación (10) y la medalla “Victoria Ocampo”, por su tesis “El enigma Silvina Ocampo. La Paradoja y lo Sublime”. Concluyó, en 1998, el “Master en Comunicación”, en la Fundación de Altos Estudios en Arte y Comunicación (F.A.C.U)…

http://www.islabahia.com/PlumasSelectas/manuellozano/00principal.asp     

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E-mail : manuel_lozano@arnet.com.ar 

Paginas personales :

http://www.islabahia.com/manuellozano,

http://www.islabahia.com/PlumasSelectas/

http://www.artepoetica.net/Manuel_Lozano_Antologia2.htm 

http://www.artepoetica.net/Manuel_Lozano_Antologia3.htm

http://www.artepoetica.net/Manuel_Lozano_Antologia4.htm

http://www.artepoetica.net/Manuel_Lozano_Antologia5.htm   

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Antología quinta

EZRA CON SU CÓDICE DE HUMO POR LAS GRIETAS DEL DIOS    

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A la muralla que alberga la lluvia que nace de tu boca. Hasta esa música llegan mis fauces.
 

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Cuando la usura asciende como una telaraña en su mármol marchito, o quizá cuando se repliega en el ardor de estas cenizas, ?qué festín preparas dondequiera esté tu sangre y tu futuro? Porque lo ves debajo de un hierro dorado que te cubre la cabeza, regresando a su dolor primero -sin alivio de nada-, rojo cielo, espuma a trasluz, valija cerrada colgando de la boca.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Caverna donde engendro esplendores. Hurgo las muchedumbres de mi soledad, arrastro las cáscaras y desperdicios nocturnos para llenar de risas esta fiesta.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

La fiesta, la feria y su limoso presente. Compruebo la demolición del mundo por el gesto.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)


Es vieja esta masacre. La extremaron los esclavos desde el nacimiento del poseso ungido en su tragedia, la repiten sirvientes con el goce amenazante de una revelación: ?a quién buscan?, preguntaba en el huerto el que ha bajado. !Qué honor, qué tembloroso ruín contaría los minutos, qué alardeo de juicio final encerrado en un ardor de telarañas!

Sonríes en el espejo de cal hirviendo intacto un cortejo de cicatrices. El saqueo no se avergüenza del ritual, acontece.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)


Ni siquiera un aleteo dibujado por la sombra de la esperanza, me alivia del lenguaje. ¿No dijiste siempre que el lenguaje grazna y brama y jadea? Qué petrificada es esta mansión bajo mi lengua, deshojándose. Voy hacia el rescate de los hilos. El agua subiría por el muro con sus ofrendas: un amuleto filoso y un niño que duerme. Aunque sentencien y asistan a su muerte disfrazada, el niño duerme. La rueca feroz aguarda. Las plagas avientan al amortajado con humo lobreguísimo.


(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)


« Lo que cava sin fin hasta el principio.
   El ritmo.    Las puertas y las peregrinaciones.    Los alimentos, las pinzas del insomnio.    El gesto crudo.    El lujo de un desierto que arde.»

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Y apenas atraviesas aquella ruina, todos los poderes caen -es decir, se sumergen- en la pequeña esfinge guardiana. Los domingos alzan su graal en honor de la embalsamadora. ! Quién acudiera a su grito, a la voz infantil abierta en grandes charcos! Y la arena traga a la desertora. Mar adentro, en largas jornadas al temblor.
  

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

No quieras jamás el consuelo, esa heredad de los débiles: trampas de las horas secándose hasta el llanto. Antes el viajero sufría desnudez en las victorias de la carne. Estar era abandono guardador de espléndidos seres arrebatados al milagro. Ítaca florecía en la mohosa estirpe de vísceras comidas por los lobos. Eso sí, los lobos que apacientan un mármol implacable.

(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)

Resplandece. Dudosa la luz de los rastros, de otra muerte, de las falsificaciones. Persuasión de un objeto vedado.


(¿Sólo perdura la emoción, sigues aullando por el bosque?)


...muerte muerte muerte muerte muerte muerte muerte muerte muerte

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Ilustración : David Levine - http://www.nybooks.com/archives/

Oscar PORTELA

Oscar PORTELA

 

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OTRA LECTURA DE LA BERENICE DE POE
a  mi amigo Jaime

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Dice Poe: "Cambiante es la desgracia; multiforme la miseria en la tierra. Como el arco Iris, domina el vasto horizonte con colores tan variados y al mismo tiempo tan distintos pero íntimamente confundidos, como los de aquel".


Que melancolía tan honda, tan profundamente arraigada en el alma. Nunca crecerá con estos colores en espíritu alguno. Su narración Berenice, es un feroz parábola. Para Egaeus solo son reales las sombras, las obsesiones, los fantasmas. Lo que denominamos real, las formas del tiempo y el espacio dadas por los sentidos, son solo objeto de meditación y extrañamiento.

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Cuando Berenice que lo ama se transforma en fantasma, para Egaeus se transfiere al campo de lo "real". Pero de Berenice solo destellan sus marfilineos dientes: la obsesión psicótica de Egaeus pulveriza lo "real" hasta rebajarlo al destello de aquellos - dientes. Así cuando en un acceso de furor demoníaco, - en trance hipnótico – viola tumba y cadáver, llevará junto a sí los dientes de su amada prima Berenice.

La naturaleza está llena de Dioses decía Heraklito soplando sobre las llamas que alumbraban su caverna. Pasad, invitaba a los viajeros "que aquí también viven los dioses". En los laboratorios de alta ingeniería genética, en los bancos de datos, en las formas de comunicación planetaria que adoptan las formas de comunicación computarizadas, no hay símbolos ni grafías que recuerden a dioses.

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Como en la parábola de Poe, hemos triunfado sobre los sentidos y convertido a la naturaleza, en los dientes de Berenice.

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Desciframos antiguos códigos, desenterramos los misterios de sepultadas culturas, realizamos milagros en la gramática comparada, en las ciencias del signo, pero por ningún lado encontramos algo que nos revele que la tierra sea hoy más que ayer benévola residencia para aquel que lleno de méritos desafía la cólera de los dioses.


Entre el habitar y el construir, el abismo se ensancha. Por doquier sin embargo el saqueo. Egaeus, símbolo del espíritus y de la razón, a soplado y violentado todos los sepulcros, dejando a su paso solo ardientes cenizas, como testimonio de ímpetu demoníaco del espíritu que todo lo inflama.

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A las correspondientes diferencias en lucha, se opone hoy al terror de la homogeneidad y lo indiferenciado, el de la diseminación y lo fragmentario. Un nuevo orden lucha por aparecer en la tierra, una nueva forma de dominio que previó Poe en sus alucinaciones poiéticas. La poesía contra la realización - la desaparición del hombre -, virtualizado en la historia como espíritu que se sabe a si mismo. La técnica es el mutante del espíritu vuelto contra sí mismo.

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Por todas partes Egaeus ha colonizado, sometido los dientes de la hermosa Berenice -símbolo del misterio de la naturaleza - de las demonícas, sin respetar lo "difer-ente", credos, religiones ni razas. A las crueldades propias de ciertos tribalismos a agregado la crueldad y voluptuosidad de la culpa.

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Es ésta la hora de Egaeus, es éste su triunfo, la triste hora en que levanta vuelo - huyendo de sí misma - la fabulosa ave de Minerva. Detrás de las satánicas argucias del espíritu jurisprudencial, arde el infierno de un desierto que crece: el obstructor nihilismo al cual aún no hemos entrado, y del que por lo tanto podremos quizá salir. Este invisible peligro abona el de la destrucción total en pro de las garantías de paz entre naciones, pueblos y estados que solo deben producir más, para alcanzar el blanco desierto del equilibrio prometido. Salir del laberinto de la historia suprimiendo la historia.

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Sofistica del demonio que pide a la teología demuestre la inexistencia del mal para mejor promover entre los hombres la esperanza de una escatología cumplida. Fin no significa cesación. Solo imposibilidad de ir más allá. Significa planificación de acuerdo al "stock" de fuerzas de que dispone el espíritu para hacerse con los últimos depósito de energía de que dispone el planeta - totalitarismo supremo de la razón - de un estado que se dispone a entrar en una penúltima etapa de estabilidad, en la cual ningún extravio, ningún adviento, ningún acaecimeinto propicio hablará al hombre en forma de parábola poética.

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Egaeus a dejado de lado su noctambúlica actitud melancólica. Desde sofisticados visores, solo atento a los últimos síntomas de la locura religiosa de la técnica, no ha podido extirpar de la tierra el fantástico reservorio de los mitos que acedian a la razón y jaquean un nuevo Estado Universal apuntalado por el inmenso panopotico de la informática. A pesar de ello y a plena luz del día se dispone a lanzar su última ofensiva para desenterrar de olvidadas catacumbas los marfilineos, perfectos, increíbles dientes de Berenice.
 

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Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/