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Revista Literaria AZUL@RTE

Oscar PORTELA

Oscar PORTELA

 

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OTRA LECTURA DE LA BERENICE DE POE
a  mi amigo Jaime

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Dice Poe: "Cambiante es la desgracia; multiforme la miseria en la tierra. Como el arco Iris, domina el vasto horizonte con colores tan variados y al mismo tiempo tan distintos pero íntimamente confundidos, como los de aquel".


Que melancolía tan honda, tan profundamente arraigada en el alma. Nunca crecerá con estos colores en espíritu alguno. Su narración Berenice, es un feroz parábola. Para Egaeus solo son reales las sombras, las obsesiones, los fantasmas. Lo que denominamos real, las formas del tiempo y el espacio dadas por los sentidos, son solo objeto de meditación y extrañamiento.

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Cuando Berenice que lo ama se transforma en fantasma, para Egaeus se transfiere al campo de lo "real". Pero de Berenice solo destellan sus marfilineos dientes: la obsesión psicótica de Egaeus pulveriza lo "real" hasta rebajarlo al destello de aquellos - dientes. Así cuando en un acceso de furor demoníaco, - en trance hipnótico – viola tumba y cadáver, llevará junto a sí los dientes de su amada prima Berenice.

La naturaleza está llena de Dioses decía Heraklito soplando sobre las llamas que alumbraban su caverna. Pasad, invitaba a los viajeros "que aquí también viven los dioses". En los laboratorios de alta ingeniería genética, en los bancos de datos, en las formas de comunicación planetaria que adoptan las formas de comunicación computarizadas, no hay símbolos ni grafías que recuerden a dioses.

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Como en la parábola de Poe, hemos triunfado sobre los sentidos y convertido a la naturaleza, en los dientes de Berenice.

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Desciframos antiguos códigos, desenterramos los misterios de sepultadas culturas, realizamos milagros en la gramática comparada, en las ciencias del signo, pero por ningún lado encontramos algo que nos revele que la tierra sea hoy más que ayer benévola residencia para aquel que lleno de méritos desafía la cólera de los dioses.


Entre el habitar y el construir, el abismo se ensancha. Por doquier sin embargo el saqueo. Egaeus, símbolo del espíritus y de la razón, a soplado y violentado todos los sepulcros, dejando a su paso solo ardientes cenizas, como testimonio de ímpetu demoníaco del espíritu que todo lo inflama.

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A las correspondientes diferencias en lucha, se opone hoy al terror de la homogeneidad y lo indiferenciado, el de la diseminación y lo fragmentario. Un nuevo orden lucha por aparecer en la tierra, una nueva forma de dominio que previó Poe en sus alucinaciones poiéticas. La poesía contra la realización - la desaparición del hombre -, virtualizado en la historia como espíritu que se sabe a si mismo. La técnica es el mutante del espíritu vuelto contra sí mismo.

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Por todas partes Egaeus ha colonizado, sometido los dientes de la hermosa Berenice -símbolo del misterio de la naturaleza - de las demonícas, sin respetar lo "difer-ente", credos, religiones ni razas. A las crueldades propias de ciertos tribalismos a agregado la crueldad y voluptuosidad de la culpa.

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Es ésta la hora de Egaeus, es éste su triunfo, la triste hora en que levanta vuelo - huyendo de sí misma - la fabulosa ave de Minerva. Detrás de las satánicas argucias del espíritu jurisprudencial, arde el infierno de un desierto que crece: el obstructor nihilismo al cual aún no hemos entrado, y del que por lo tanto podremos quizá salir. Este invisible peligro abona el de la destrucción total en pro de las garantías de paz entre naciones, pueblos y estados que solo deben producir más, para alcanzar el blanco desierto del equilibrio prometido. Salir del laberinto de la historia suprimiendo la historia.

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Sofistica del demonio que pide a la teología demuestre la inexistencia del mal para mejor promover entre los hombres la esperanza de una escatología cumplida. Fin no significa cesación. Solo imposibilidad de ir más allá. Significa planificación de acuerdo al "stock" de fuerzas de que dispone el espíritu para hacerse con los últimos depósito de energía de que dispone el planeta - totalitarismo supremo de la razón - de un estado que se dispone a entrar en una penúltima etapa de estabilidad, en la cual ningún extravio, ningún adviento, ningún acaecimeinto propicio hablará al hombre en forma de parábola poética.

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Egaeus a dejado de lado su noctambúlica actitud melancólica. Desde sofisticados visores, solo atento a los últimos síntomas de la locura religiosa de la técnica, no ha podido extirpar de la tierra el fantástico reservorio de los mitos que acedian a la razón y jaquean un nuevo Estado Universal apuntalado por el inmenso panopotico de la informática. A pesar de ello y a plena luz del día se dispone a lanzar su última ofensiva para desenterrar de olvidadas catacumbas los marfilineos, perfectos, increíbles dientes de Berenice.
 

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Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/

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