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WEB de la «CASA DEL POETA PERUANO»

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Revista Electrónica Virtual de Literatura y Artes
www.casadelpoeta.hp.ms
Edición Julio-Agosto del 2,006
- Año 5 Nº 48 - Lima-Perú



En este número:



* LOS ÁNGELES TAMBIÉN CANTAN: Relación de Setenta Poetas, seleccionados de Latinoamérica en una sola voz en 2 Cds
* RESULTADO FINAL DEL CONCURSO MUNDIAL DE POETAS CÉSAR VALLEJO INGLATERRA
* VI  ENCUENTRO  MUNDIAL  Y  XI  NACIONAL  DE  POETAS "IVÁN VÁSQUEZ / BENIGNO ARAICO” del 02 al 05 de Noviembre en Chimbote. Organizado por: CASA DEL POETA PERUANO, UNIVERSIDAD LOS ANGELES DE CHIMBOTE y MUNICIPALIDAD PROVINCIAL DEL SANTA  

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En la Galería de Escritores y Artistas presentamos a: 

Cantar de Helena y Otras Muertes de Fernando Carrasco
* El cantar de las piedras de Arnulfo Moreno
* JUAN CALLE: poeta que Canta a la vida con la poesía sencilla, con un fuerte perfume de nostalgia y descontento.
* Javier Muñoz Livio : Sus textos parecieran sobrevolar la piel de la amada
* Juan Andrés Gómez, hace que la poesía no sean simples palabras que el viento suele llevar.
* Hilda Balbin Alcocer. Arequipa 1975. Sencillez y femenina ingenuidad se notan  en sus textos
* Miguel Ildefonso, * Roxana Crisólogo, * Luis  Boceli, * MARIO ESPINOZA ANICAMA, * Raúl Heraud, * Manuel Lozano, * Pedro Chung Bartra, * Rolando Revagliatti
  

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En Artículos: 

* ALEJANDRO ROMUALDO, EL CONSTRUCTOR DE SUEÑOS  por Juan Cristóbal
* LA DAMA DESOLADA por Carlos Rengifo
* Hacia la luz de una generación Entrevista a Carlos Eduardo Zavaleta Por José Luis Grados
* CANTAR DE CARRASCO Por: Miguel Ildefonso
* Los versos cautivos de Susy morales Coz por Ernesto Ráez Mendiola 
* PIZZICATO LABIO de Luis Boceli, por Vanadio Soter
* LA POESÍA DE ROSINA VALCARCEL Breve biografía por Juan Cristóbal
  

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En Publicaciones:



* Olandina Revista Literaria Edición 26 -Julio Noviembre del 2006-
Gratis el suplemento Munanakuy
* "Parnaso" 4to. número de la Revista Bimestral de Literatura de Huánuco para el mundo
* CANTAR DE HELENA: Selección de relatos de Fernando Carrasco
* TOMOGRAFIA DE LA SANGRE DE LA PIEDRA, Poemario de Adolfo Salinas
* ALEJANDRA ZARHI: 25 AÑOS ROMPIENDO EL SILENCIO: Alejandra Zarhí, desde Chile nos envió esta importante selección de Narrativa y Poesía Latinoamericana
* NARRATIVA JOVEN DE HUANUCO John Cuéllar nos envía la obra Narrativa Joven en Huánuco
* UN CINE DE FANTASIA DE Rodolfo Milla Edit. Hipocampo Editores
* DIALECTICA DE LOS ZORSALES de Genaro Ledesma DONDE comparte sus reflexiones sobre la naturaleza Humana
* EL TIEMPO DE LOS TRANSEUNTES: de Carlos Arroyo Montes
* RETROSPECTIVA DE UNA VIVENCIA: Andrés Kuo nos ofrece una selección de sus propias décimas en su propia voz en este Cd.
* Pizzicato Labio primer libro Luís Boceli
* Versos Cautivos de Susy Morales Coz

* 

WEBS Y BLOGS de escritores y artistas en este número 

* Pedro Rojas Chacón: www.pedrorojas.letrasyartes.com
* Segundo Dionisio Arce: www.letrasyartes.com/escritores/arce.htm
* Susy Violeta Morales Coz: www.letrasyartes.com/escritores/susy.htm
* Luis  Boceli: www.letrasyartes.com/escritores/bocce.htm
* Blogspot de Oswaldo Roses www.razonproscrita.
* Blog de Leo Zelada: leozeladabrauliograjeda.blogspot.com
* Javier Muñoz Livio: www.javiermunozlivio.com
  

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«Cantar de Helena» de Miguel ILDEFONSO

Miguel Ildefonso, Lima, 1970. Estudió Literatura en la Universidad Católica del Perú e hizo una Maestría en Creative Writing en la Universidad de El Paso, Texas. Ha publicado los libros de poesía: Vestigios, Canciones de un bar en la frontera, Las ciudades fantasmas, m.d.i.h. y Heautontimoroumenos. En el 2005 publicó el libro de relatos El Paso con el que ganó el Premio Nacional de Cuento de la Asociación Peruano-Japonés (2005). Ha publicado la antología de poesía peruana “21 Poetas”. 

*

El título «Cantar de Helena» nos remite a la tradición griega ni más ni menos, nacimiento de la literatura, y, a su vez, el subtítulo y otras muertes, nos pone un atajo a la interpretación. Debemos entonces tener una suerte de mapa de sueños y culturas para poder hurgar en este laberinto en el cual se enhebran el conjunto de cuentos y relatos que conforman esta opera prima del narrador Fernando Carrasco (Lima, 1976). “Aquí, al filo de la muerte, he de cantar mi verdad”, nos dice en el primer párrafo de dicho cuento que parodia al mundo helénico. Cantar se transforma en sinonimia de contar, o sea, el contar de Helena es el que nos introducirá en aquel juego del destino que es el asunto más importante del libro. Este juego, marcado por la fatalidad, es una lucha inútil contra la muerte: aquellas “otras muertes” que señala irónicamente el subtítulo del libro no son más que la “misma muerte”, la “muerte única” que a todos nos habrá de tocar.

Muerte, ironía, destino, son algunos de los hilos conductores que nos hacen recorrer estos diez textos, número de la perfección clásica. Es desde lo clásico de donde parte la escritura de Carrasco: su ritmo, su léxico, su entonación, la construcción de sus historias; algo que podría remitirnos al Decamerón, insisto, y no solo por el decálogo. Pero también hay una suerte de rastreo por diferentes estilos recogidos de una vasta tradición universal, un catálogo de registros temáticos, una sutil gama de experimentalismo, un ludismo calculado, en el que desfilan personajes muy definidos tal como se concebían a los héroes y antihéroes clásicos. Pero lo que convierte a la escritura de Fernando Carrasco en el arte de desmembramiento del arte formal, y siguiendo quizás a un maestro como Julio Ramón Ribeyro, es la conciencia oscura del hartazgo existencial, la intuición elaborada y desaforada de hallar una salida a la muerte de los metarrelatos. Lo que llama Miguel Angel Huamán en el prólogo, en una perspectiva postmoderna: la angustia.

La angustia es el aniquilamiento del destino que hacen que los personajes, de alguna manera, puedan vencer a la muerte; el saber que la guerra está perdida de antemano, hace que el enemigo (la muerte) no pueda celebrar su victoria. Se rinde, pero no se entrega (la vida). Es por eso que el final que corren personajes excelentemente construidos como el negro Coco o personajes fantasmales como los sin nombre, nos impelen a vislumbrar un mundo que ha perdido, entre otras cosas, su centro.

La prosa de Carrasco se traslada no solo por variados registros estilísticos, con niveles altos de prosa, casi poéticas en algunos casos, o coloquiales que subvierten la linealidad; también aborda diferentes mundos, atmósferas, llegando al punto de escribir un cuento al estilo porteño, siguiendo tal vez a otro maestro como el argentino Roberto Artl, en el cuento Nocturno de tangos y tangas.

Estos mundos o espacios conflictivos, en el que están siempre palpitando el tema del amor y la revancha o venganza helénica, se articulan con pasajes memorables que hemos conocido en escritores como Borges, Vargas Llosa y Reynoso, entre otros. La influencia es una licencia necesaria. Y la intertextualidad, y la parodia. Respiro, por lo tanto, un aire más anterior, el maestro de maestros, James Joyce, y su cuento «Los muertos» perteneciente al libro Dublineses. Un modelo con el cual enfrentar no solo literariamente a los propios demonios, sino lo que significa abordar un tema serio y antiguo en la literatura universal.

Creo que el mejor acierto de su escritura es esa capacidad descriptiva, con un rico bagaje léxico, en esos instantes moribundos pero lúcidos ante la cercanía de la muerte, la fijeza de los detalles, el tiempo que se siente en las cosas, en la mirada del personaje o del narrador. Esto es difícil de hacer en estos tiempos, sobre todo sin evitar caer en el ripio. Es interesante, también, como ya se ha dicho, la creación de personajes, de los cuales se cuenta lo pertinente para así mantenernos a la expectativa, en el suspenso. Podríamos comentar, además, de su capacidad técnica en la construcción de las ficciones, los cambios de tiempo, las citas, los registros musicales del mundo popular en los últimos cuentos. Más allá de todas esas cualidades, lo importante es que son historias que entretienen, que captan al lector.

Quizás una crítica sea su disparidad, y como dice Miguel Angel Huamán la unidad se da en el aliento poético que sirve de enlace. Pero creo que lo dispar o pluralidad es también una cualidad que nos permite abordar, con cierto barroquismo o tropicalismo, como un prisma, aquel insondable misterio sin retorno que es la muerte.

*

Leído en «Huanuco», el 16 de marzo del 2006.

http://members.fortunecity.es/casadelpoeta/ildef-carrasco.html

© Milguel Ildefonso, 2006

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Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/

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- Año 5 Nº 48 - Lima-Perú

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«PIZZICATIO LABIO» de Luis Boceli

Luis Boceli vio por primera vez la luz en la cálida ciudad de Chiclayo - Perú , con 25 años a cuestas, nació un mes de Enero eclipsado, el día no esta presente en su memoria, estudió Administrador de Empresas en el IPAE, aficionado a tocar el Violín  ama tour.  Este es su primer quasar; sírvase degustar del aperitivo 

* 

Buon Apetite”

A esa pareja        

Veredas
Sardineles
Maniobra el fuego en los paradas secundarios de los autos
Mago de las calles dragón de sueños e insomnios
Monedas le lanzo a su sombrero de paja
Antes de quemar llanta y llegar a la casa
En busca de la cena y alegrar mis curvas penas

Microondas un minuto y medio la caliento
Bebo la cena, cómo el -té polvo- en agua de taza
Hierve mi cuerpo, hierve la estrella en espera
de un suculento trecho.

Llega mi hermano Llega su ave
Con faldas de lámpara
Danzando en cortinas  y antojos

Besan sus compañías
Intercambian silencios
Vis a vis o Bis a Bis
Conocen sus murallas y dialectos sin finitos
...
Me ladra un astro lamiendo mi cara
No hubo postre de arroz con leche

Nebulosa de ensueño
Nebulosa de insomnio
Me sumerjo en la nube inolvidable...
La luna me imprime metros de palabras

en la Epson y en la Almohada de agua
el ave del arco iris pasa
el ave del iris arco pisa
quemando mi lengua.
   

¡Vibra Pizzicato! 

Quebré una cuerda del quásar de mi violín  

A punta de pizzicato labio me pellizcaste de amor

Dejando en libertad a la Bestia y el ángel que reside en mí 

Telepática armonía de misterio en espiral

Fuego gozoso

Antipática música desafinada

Me tienes zonzo 

Separaste las cadenas del instinto y la razón y me pinchaste de energía

Energía de labio rojoCabellos rojos gravitando un sí. 

Moriré en una nota volátil

De Stradivarius.

¡Que Oscile Lucidez! 

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http://www.letrasyartes.com/escritores/bocce.htm

http://members.fortunecity.es/casadelpoeta/pizzibig2.gif

http://members.fortunecity.es/casadelpoeta/vanadiosoter.html

Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/

Oscar PORTELA

Oscar PORTELA

 

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OTRA LECTURA DE LA BERENICE DE POE
a  mi amigo Jaime

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Dice Poe: "Cambiante es la desgracia; multiforme la miseria en la tierra. Como el arco Iris, domina el vasto horizonte con colores tan variados y al mismo tiempo tan distintos pero íntimamente confundidos, como los de aquel".


Que melancolía tan honda, tan profundamente arraigada en el alma. Nunca crecerá con estos colores en espíritu alguno. Su narración Berenice, es un feroz parábola. Para Egaeus solo son reales las sombras, las obsesiones, los fantasmas. Lo que denominamos real, las formas del tiempo y el espacio dadas por los sentidos, son solo objeto de meditación y extrañamiento.

*
Cuando Berenice que lo ama se transforma en fantasma, para Egaeus se transfiere al campo de lo "real". Pero de Berenice solo destellan sus marfilineos dientes: la obsesión psicótica de Egaeus pulveriza lo "real" hasta rebajarlo al destello de aquellos - dientes. Así cuando en un acceso de furor demoníaco, - en trance hipnótico – viola tumba y cadáver, llevará junto a sí los dientes de su amada prima Berenice.

La naturaleza está llena de Dioses decía Heraklito soplando sobre las llamas que alumbraban su caverna. Pasad, invitaba a los viajeros "que aquí también viven los dioses". En los laboratorios de alta ingeniería genética, en los bancos de datos, en las formas de comunicación planetaria que adoptan las formas de comunicación computarizadas, no hay símbolos ni grafías que recuerden a dioses.

*
Como en la parábola de Poe, hemos triunfado sobre los sentidos y convertido a la naturaleza, en los dientes de Berenice.

*

Desciframos antiguos códigos, desenterramos los misterios de sepultadas culturas, realizamos milagros en la gramática comparada, en las ciencias del signo, pero por ningún lado encontramos algo que nos revele que la tierra sea hoy más que ayer benévola residencia para aquel que lleno de méritos desafía la cólera de los dioses.


Entre el habitar y el construir, el abismo se ensancha. Por doquier sin embargo el saqueo. Egaeus, símbolo del espíritus y de la razón, a soplado y violentado todos los sepulcros, dejando a su paso solo ardientes cenizas, como testimonio de ímpetu demoníaco del espíritu que todo lo inflama.

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A las correspondientes diferencias en lucha, se opone hoy al terror de la homogeneidad y lo indiferenciado, el de la diseminación y lo fragmentario. Un nuevo orden lucha por aparecer en la tierra, una nueva forma de dominio que previó Poe en sus alucinaciones poiéticas. La poesía contra la realización - la desaparición del hombre -, virtualizado en la historia como espíritu que se sabe a si mismo. La técnica es el mutante del espíritu vuelto contra sí mismo.

*
Por todas partes Egaeus ha colonizado, sometido los dientes de la hermosa Berenice -símbolo del misterio de la naturaleza - de las demonícas, sin respetar lo "difer-ente", credos, religiones ni razas. A las crueldades propias de ciertos tribalismos a agregado la crueldad y voluptuosidad de la culpa.

*
Es ésta la hora de Egaeus, es éste su triunfo, la triste hora en que levanta vuelo - huyendo de sí misma - la fabulosa ave de Minerva. Detrás de las satánicas argucias del espíritu jurisprudencial, arde el infierno de un desierto que crece: el obstructor nihilismo al cual aún no hemos entrado, y del que por lo tanto podremos quizá salir. Este invisible peligro abona el de la destrucción total en pro de las garantías de paz entre naciones, pueblos y estados que solo deben producir más, para alcanzar el blanco desierto del equilibrio prometido. Salir del laberinto de la historia suprimiendo la historia.

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Sofistica del demonio que pide a la teología demuestre la inexistencia del mal para mejor promover entre los hombres la esperanza de una escatología cumplida. Fin no significa cesación. Solo imposibilidad de ir más allá. Significa planificación de acuerdo al "stock" de fuerzas de que dispone el espíritu para hacerse con los últimos depósito de energía de que dispone el planeta - totalitarismo supremo de la razón - de un estado que se dispone a entrar en una penúltima etapa de estabilidad, en la cual ningún extravio, ningún adviento, ningún acaecimeinto propicio hablará al hombre en forma de parábola poética.

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Egaeus a dejado de lado su noctambúlica actitud melancólica. Desde sofisticados visores, solo atento a los últimos síntomas de la locura religiosa de la técnica, no ha podido extirpar de la tierra el fantástico reservorio de los mitos que acedian a la razón y jaquean un nuevo Estado Universal apuntalado por el inmenso panopotico de la informática. A pesar de ello y a plena luz del día se dispone a lanzar su última ofensiva para desenterrar de olvidadas catacumbas los marfilineos, perfectos, increíbles dientes de Berenice.
 

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Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/

Adriana GOÑI GODOY

Adriana GOÑI GODOY

Adriana GOÑI GODOY adrianagonigodoy@gmail.com  

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Este artículo proviene de:
 

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PIELDELEOPARDO.COM 

http://www.pieldeleopardo.com/ 

http://www.arcoiris.tv/es/noticias

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''NADA LOGRA DESPLAZAR EL CANSANCIO DE LA MEMORIA''

(21/04/2006 a las Tema Escrituras)

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"Apuntes sobre la poesía de Helio Gallardo, o Helio Gallardo como Poeta", escribe Corrales. Pero más allá de la justeza de sus observaciones escribe también un documento conmovedor acerca del significado de la honestidad y la integridad intelectual.


Gallardo es un escritor y académico chileno avecindado en Costa Rica.
Adriano Corrales Arias, Escritor costarricense.

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 1. ¿Helio Gallardo Poeta?



Conociendo la trayectoria académica y la producción bibliográfica, así como la intensa actividad docente y periodística en el análisis sociopolítico, de Helio Gallardo, muchos fuimos sorprendidos con la publicación de su primer libro de poesía, «Adquisición de un automóvil» (Ediciones Perro Azul, San José, 2001). De hecho, son muchos los lectores "serios" de sus numerosos ensayos sobre la realidad social y política popular de América Latina, o de los agudos y mordaces artículos en el Semanario "Universidad, o en el quincenario Ojo, quienes aun se niegan a reconocer a Helio como poeta. Por supuesto, aquí pesa mucho el nefasto prejuicio de la seudo academia y de los "intelectuales duros", quienes ven en la poesía un género menor, un pasatiempo interesante, un ejercicio vago e infructuoso, un quehacer de excéntricos e iluminados, una esfera para bohemios malditos, es decir, una actividad "irracional".

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Esos prejuicios se entrelazan con la aureola de solemnidad que suele rodear a los intelectuales en el ámbito de las Ciencias Humanas en general, donde el "pensamiento" es el centro privilegiado de la cuestión, y donde las emociones no tienen cabida. La ternura, la rabia, el amor, son palabras expulsadas de La República académico/política del cálculo y la razón.

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Todavía peor: resulta que Helio no solo se deja publicar un libro de poesía, sino que insiste con el segundo, «Para subir al Jomalú» (Ediciones Perro Azul, San José, 2002). Y ahora nos viene con el tercero, que es una suerte de antología ampliada: «All ¿together? Now». Y más grave aún: su poesía no está contenida por versos trascendentes de vibración lírica con función autotélica. No. Nos receta una poesía descarnada, corrosiva, espesa, obscena, con léxico coprolálico o escatológico.

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¡Horror de horrores!: ¡Su poesía también es política! Así tenemos que, además de asumir la triste tarea del poeta -triste en tanto sabemos que la poesía es un oficio marginal en la sociedad capitalista globalizada- Helio Gallardo lo hace desde la impugnación y la resistencia ante las diversas formas en que el poder se ejerce. En otras palabras, el Poeta es absolutamente coherente con el pensador y analista social, en tanto conjura la violencia ejercida desde el poder con recursos semióticos -ternura, rabia, amor- que son respuestas a las condicionantes del mismo poder.

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Su poesía está concebida como una expresión de resistencia, como un testimonio contra el olvido, como una posibilidad de soñar aun en el centro de la pesadilla.

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Por eso para muchas personas es difícil aceptar que este señor de origen chileno, productor de textos sociopolíticos y de una carrera docente universitaria impecable, se convierta, de la noche a la mañana, en Poeta. Mucho menos aceptar -en un país donde la poesía (así con minúscula), salvo serias excepciones, ha sido la metáfora retorcida, la imagen oscura, el romanticismo trasnochado; en otras palabras: el trascendentalismo egocéntrico de un círculo cerrado de amigos que se publican a sí mismos y se reparten los principales premios nacionales o se los conceden a sus discípulos- que eso que publica como poesía, en realidad sea poesía.

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Se vuelve sospechoso que de repente, "después de viejo", y sin haber frecuentado ningún círculo literario, ningún taller de poesía, ni tener relación alguna con la "literatura", Helio Gallardo empiece a publicar un tipo de poesía que rompe con el canon costarricense y la estética oficial. Sí señores, y señoras, sospechoso, demasiado sospechoso.

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 2. Adquisición de un automóvil. Contrapoesía


En su primer libro de poesía, «Adquisición de un automóvil» (desde el prosaísmo de su título ya nos enfrentamos a una poesía contracorriente), Helio Gallardo nos invita a subir a un nuevo auto -no tan futurista como pensaría alegremente Marinetti- donde la poesía transita por la irónica mirada del hombre y del paisaje, devastados por el olvido.

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Es un libro corrosivo y ácido, incómodo como nos lo advierte la poeta Ana Istarú en la presentación del mismo, donde asistimos a la prepotencia del poder, por supuesto patriarcal, que confunde su falo con un arma de grueso calibre, expresándose en Chile, en el Magreb, en la China, en Hollywood, en Acatenango, en la Plaza de San Pedro, en El Salvador, o en la misma Costa Rica donde la democracia es tan frágil que Si usted la coloca junto a una estufa encendida / la noción se derrite / y se convierte en doce o trece pozas rosadas. Pero en esta nueva Poesía no solo se alude, y se enjuicia al poder. Mejor dicho, porque se alude y se enjuicia, es decir, porque se conjura la sombra genocida del ejercicio del poder, especialmente en América Latina, aparece una serie de personajes provenientes de los sectores populares: obrer@s, campesin@s, intelectuales, estudiantes, guerriller@s, putas, homosexuales; personajes invisibilizados en las "literaturas nacionales" salvo (otra vez), serias excepciones; productores y luchadores todos y todas por un espacio más humano donde una ternura intensa cruza el odio que construye la victoria.

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Es una Poesía de lucha y de resistencia. Poesía combativa y combatiente. Pero, para aquéllos que temen un libelo gratuito, un panfleto inflamado, me apresuro a subrayar que, lejos de ese facilismo retórico de cierta poesía de "denuncia", Gallardo el poeta, hace gala de un lenguaje elaborado con imágenes sorprendentes y con una evidente complejidad sintáctica que rompe con el simplismo de ciertos textos poéticos.

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Es una poesía dura, provocadora, disonante, con un lenguaje subversivo, por lo tanto de ruptura, pero que no desdeña la nostalgia de la niñez ni la placidez de la "húmeda memoria". Definitivamente estamos ante una Poesía a contrapelo del discurso adobado y sobado de lo sancionado como poético, producción contracorriente en el ámbito de la creación poética costarricense.

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Tanta es su provocativa inversión del lenguaje tradicionalmente "poético" que estoy tentado a llamarla "Antipoesía", tal y como denomina su poesía otro gran creador chileno, Nicanor Parra, cuyo aliento circula por el subtexto de este primer poemario de Helio. Pero la provocación, obviamente, no se queda solo en la forma (ya lo sabemos: no podemos desligar forma de contenido).

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Vamos al contenido: el asedio del sexo o el sexo como mercancía y lucha de clases; el asesinato del amor, de la ternura, del placer; el racismo abierto o solapado; el artista "ligth" o liviano; la doble, cristiana y criminal moral de los poderosos; la misoginia y la homofobia. En otras palabras, temas prohibidos, o vedados, para la poesía en el canon del buen gusto y de la estética complaciente que priva en los cenáculos literarios, en los claustros académicos, en los suplementos culturales de pose y lentejuela, en las esferas intelectuales institucionalizadas, esas donde pululan los "ligth" que, precisamente, medran a la sombra del poder.

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Además, y ese es otro de los valientes aportes de la poesía gallardiana, ese contenido rupturista y provocador se realiza desde una visión corrosivamente humorística, con el sarcasmo propio de quien sabe que el humor no cuadra a las esferas del poder, mucho menos a los sátrapas y "hombres fuertes" del animalario político latinoamericano.

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Ese humor, sin embargo, comporta cierto regusto adolorido que puede ser brutal, pero siempre contenido en la medida de su propia sobriedad, es decir: a pesar de su aspecto desabrido y ácido siempre conserva un refinamiento en el uso justo de la palabra. Y como si esto fuera poco, esa acidez nos lleva a veces a un tono menor, confesional, donde el hablante nos susurra sus debilidades y sus torpezas, sus desengaños y sus traiciones, a la par de la denuncia abierta y de la "desconstrucción" del discurso oficial de la prensa y de los medios empresariales de la comunicación masiva, con toda su parafernalia tecnológica.

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Poesía corajuda, como un golpe seco en la penumbra, pero sin descuidar la técnica del golpe ni el guante, es decir sin perder la contención y la elegancia, porque "lo cortés no quita lo valiente". Poesía ambigua como todo verdadero arte, provista de esa opacidad plurisignificativa necesaria para una recepción y una lectura múltiples.

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Poesía a contrapelo, contra la corriente, impugnadora de lo decadente de un sistema global donde hasta la palabra se ha mercantilizado y se transnacionaliza impunemente.

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Poesía adquirida en el crisol de la lucha cotidiana y simbólica, reverbero lúcido de las culturas populares, donde la "voz ajena" se hace propia y donde la esperanza no se pierde, brilla como estrella solitaria en un cielo enturbiado bajo el efecto invernadero.

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3. Para subir al Jomalú


Si Adquisición de un automóvil es ya un libro de ruptura, «Para subir al Jomalú» es un poemario más que complejo y por supuesto rupturista. El mismo consta de cinco partes: "América Central", "Constitución de Chile", "Guerra de la Unidad Popular chilena", "Dos cuecas referidas" y "Mirada vidriosa baba era la muerte". Sin embargo, debo subrayar que la primera parte, siguiendo una estructura cercana a la edición cinematográfica, o al énfasis o "coda" de la composición musical, se repite al final pero sin el nombre de América Central, simplemente con el nombre que da título al poemario.

*
Y me apresuro también a señalar que este poema ya se encontraba en el primer libro Adquisición de un automóvil, lo que significa que hay cierta continuidad en el proyecto poético de Helio Gallardo, o dicho de otra manera, ya en ese primer libro estaba el germen de esta enorme sinfonía «Para subir al Jomalú», como ahora se prolonga en «All ¿together? Now», al incluir poemas anteriores.

*
Este es un poemario de la memoria, de la palabra como herramienta de lucha contra el olvido. Teniendo como centro histórico y semántico el criminal golpe de estado contra el Presidente constitucional Salvador Allende en Chile "El once de septiembre de mil novecientos setenta y tres", acontecimiento desencadenante de un proceso que llega hasta nuestros días con su estela de dolor, opresión, miseria, terror, asesinados, desaparecidos, esquizofrenia, vergüenza y desolación. El poemario va y viene desde ese Chile de combate y derrota criminal, hasta una Centroamérica de lucha y firma de una "pax" ilusoria, por lo tanto pervertida desde su propia génesis. El ejercicio de la memoria se da no solo en las imágenes desgarradas y superpuestas entre la lucha y el dolor, la resistencia y el crimen, la canción y la tortura, la palabra y el fusil, sino, y fundamentalmente, desde la reflexión que permite la distancia para entender esa espantosa dentellada contra un pueblo que iniciaba la construcción de una sociedad más justa y armónica, una sociedad que continúa siendo soñada.
 Por eso la memoria es una relectura de los hechos, una evocación y un cuestionamiento donde el hablante no juzga simplemente, sino que interpela a todos los actores de esa oscura circunstancia histórica, confrontándolos con el desencanto y la derrota:“...pero en cierta forma la Unidad Popular era un cuento... no fue conjuro destinado al desencanto... A la Unidad Popular le giraba agarrones el imperialismo yanqui... En lo fundamental, sin embargo, la Unidad Popular se mantuvo a la defensiva... La Unidad Popular no consiguió apreciar esa desagregación última..."  Texto que puede leerse como un texto de historia reciente, al estilo de la mejor épica o narrativa, «Para subir al Jomalú» es un poemario parte aguas en la poesía costarricense, no solo por las cualidades de sintaxis compleja y renovadora y de ensamblaje de imágenes con una sobriedad que va más allá, o más acá, de las experimentaciones posmodernas, sino porque incorpora a la tradición de la poesía social y política el análisis y la reflexión de hechos acaecidos históricamente y de personajes aún vivos en una cotidianidad casi cinematográfica, a veces televisiva o periodística.

*
Es una poesía reflexiva y corrosiva que evoca y cuestiona, que canta y desencanta, que explora y reclama, que susurra y grita; es una relectura de sí misma y de la historia colectiva a partir de la misma poesía, o de la "Antipoesía", por lo tanto memoria poetizada que nos conmina a no olvidar la tragedia ni "a sus muertos y sosteniendo la esperanza".

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4. All ¿together? Now


El título del tercer libro de Helio Gallardo, título de una de las canciones del célebre grupo musical The Beatles, solamente que con el vocablo together (todos) entre signos de pregunta, es, a partir de la misma enunciación (interrogada), una relectura de la juvenil alegría psicodélica de los muchachos de Liverpool, desde la angustia tercermundista ante un mundo unipolar amenazado por el mayor imperio conocido hasta ahora. Y nuevamente, como parte de ese proyecto de prolongación poética que hemos destacado, el autor inserta poemas ya incluidos en sus libros anteriores, como Violeta Parra (aquí sin el número romano I de Adquisición de un automóvil), Conciertos gratuitos, Facultades extrañas, Entrevista con Rodney Arismendi, y otros que el lector sabrá reconocer.

*
Lo anterior nos prepara, o nos previene, de alguna manera, para un concierto en analogía con los grandes espectáculos del rock. (It’s only rock'n'roll, mae reza uno de sus poemas). Ciertamente el concierto no será solamente de rock, ni con una sola banda. La polifonía y la poliritmia serán el distintivo de este concerto grosso. Cientos de voces subirán a la tarima para entonar, o desentonar, sus cantos, susurros, desencantos, sonidos crujientes, sueños, gritos y aullidos.

*
Desfilarán las grandes estrellas de la farándula internacional retransmitidas por CNN (Pinochet, la CIA, Kissinger, Simón Pérez, Condoleezza Rice, Bu$h, Colgate-Palmolive, Coca Cola Inc, etc.); pero también harán uso del micrófono Don Quijote, Sandino, El Ché, Hugo Chaves, los Zapatistas y cientos de héroes, trabajadores, indígenas, mujeres, precarizados, asesinados, torturados, emigrantes e indocumentados: personajes del underground, de la resistencia cultural y la contracultura. Ingresamos, entonces, a un megaconcierto sui generis (pero no del célebre grupo que integró Charly García): la disonancia, lo corrosivo, la protesta, el dolor y el sarcasmo será lo privilegiado, alternando con ritmos de Acid rock, Etno rock, Punk, Trash metal, Grunge, Garage, Blues, Soul, Rap, Ská, Regaetón, Tango, Candombea, Mambo, Cha-cha-chá, Danzón, Salsa, Merengue, Cumbia, Cueca y Trova, entre muchos otros.

*
Otra vez se pasa revista a la historia pero "desconstruyéndola" desde un todavía precario que también impone mordazas a la libre expresión y al recuerdo. La historia se poetiza, es decir, se analiza desde el verbo posible para comprender lo sucedido y conceptuar lo viable en ese devenir dialéctico desde la Unidad Popular de Chile hasta los pueblos latinoamericanos y de todo el planeta. Pero la teoría política y la sociología explotan, más bien se expanden, en un enjambre de imágenes híbridas que cuestionan y remueven las entrañas de la misma historia. Y desde esa historia surgen los héroes: Salvador Allende Gossens quién "Dirigió la defensa de la casa de la ley" y sus compañeros caídos en el criminal golpe de estado donde, reiteradamente, como porrazos de la reminiscencia, "Mirada vidriosa baba era la muerte".

Del espanto y el dolor, como experiencias necesarias contra el olvido, se avanza hacia "el principio de causalidad" con «el humor gallardesco» que ya hemos señalado y que no terminamos de celebrar. Léase si no, ese notable poema denominado "A la hora de poner dijo la gallina", donde con hipérboles y oposiciones semánticas no solamente se desacraliza la historia, sino que se reinterpreta el mito religioso y se contemporiza la explotación transnacionalizada desde el mismo mito, pero buscando la liberación y la esperanza al humanizar a Mahoma ("indocumentado") y a Cristo ("sin madre reyes ni cordero"), colocándolos al lado del Ché, mejor dicho, colaborando y apoyando su retirada y su necesario retorno.

O si aún no es suficiente, les invito a degustar el portentoso "Chancho quemado" (odio la libertad de prensa), donde se relata la leyenda de "Rasputín puto, macho viril espléndido", en situación francamente antipoética, grotesca, e incendiaria, pero agudamente aleccionadora.
 Si pudiésemos resumir en conceptos la pluralidad semántica de este nuevo poemario de Helio Gallardo, diríamos que su signo distintivo es la desacralización. Desde la polifonía, la polirritmia y la hibridación, el poeta nos recuerda (y este es un vocablo al que siempre volveremos en «la poesía gallardiaza»: recuerdo, memoria) un mundo desgarrado por las intervenciones del imperio o las balas perdidas que intentaban asesinar al Papa.

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Multiplicidad de voces desmontando -con ironía, a veces grotesca- parodias; intertextos; pastiches; hipérboles desde el bajo vientre y la sexualidad ¿pervertida?, las "carnes tolendas", pero no del adiós a la carne, sino la celebración paródica del cuerpo como en el carnaval, y la saña de un sistema que lo sataniza a favor del capital: la cuaresma perdura 365 días para las clases populares y los excluidos- la historia escolar narrada, es decir secuestrada, ocultada, por los medios masivos de comunicación comercial.

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Dicho de otra manera: las culturas populares con su áspera franqueza, disputándole su visión a las transnacionales de la información y el divertimento, sea la cultura de masas, sin ceder un ápice a la cultura de élite, más bien confrontándola donde más le duele.

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La voz ajena de Mijail Bajtin (Orel 1895, Moscú 1975), el crítico y ensayista literario ruso silenciado por el stalinismo, sea, la voz de la plaza pública, se disloca por todas las perspectivas posibles, rescatando, con sarcasmo y energía popular, la memoria como componente de una nueva historia, ésa que nos ha sido birlada por la violencia estructural, la seudo prensa, la academia new age empresaria y la versión oficial.

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Es el torrente de la voz popular, no como "doxa" sino como sabiduría, que recela de lo preestablecido y oficioso, junto a la voz del hablante poético (o si se quiere, el segundo cediéndole la voz a la primera) quienes desarman lo sacro y lo canónico del discurso dominante para abrir nuevas perspectivas a la interpretación de nuestra historia reciente. Pero sin perder la emocionalidad y la imaginación (verosimilitud) poéticas, ni la mordacidad lúdica.

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Ese torrente corrosivo, pero lúcido, ingresa al océano de la poesía como hálito refrescante que pone en remojo todas nuestras certezas acerca de la realidad. Pero, y he aquí una enriquecedora paradoja: siendo poesía eminentemente política su factura no es realista, se apoya, como ya lo advertimos, en los principales logros y avances de las pos y transvarguardias, con una sintaxis híbrida y resquebrajada, a veces áspera y disonante; refracción de la historia fracturada por la ignominia en un mundo caótico y absurdo debido al influjo del capital con su efecto invernadero, multiplicado por la explotación y el descarte. Todo ello sin evitar el simulacro, el hipérbaton, la hipérbole, la imagen superpuesta, el intertexto, como herramientas para armar una propuesta altamente cuestionadora, no sólo en términos "histórico-políticos", sino en remates semánticos y semióticos.

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Poesía con garra pues. Espesa. Corajuda. Furiosa. Al duro y sin guantes. Poesía sin trajes vistosos ni metáforas distinguidas o relucientes. Al margen. Abrevando en los sectores excluidos e invisibilizados como resistencia tenaz frente al olvido, el rechazo, la opresión y el estercolero. Ácida. Corrosiva. Brutal. No apta para lectores formados en la placidez, el confort y la trivialidad. Obscena. Pero viva. Tremendamente viva. Y sarcástica, como los mercados, las ferias y las fiestas populares. Fluyente como la savia de los árboles, la sangre de los pueblos. Reflexiva a partir de esa savia y esa sangre renovadas constantemente. 

Desde la lucha. Desde el cansancio de la memoria. Subversiva. Lúcida. Terriblemente lúcida. Contracorriente. A contrapelo. Poesía contrapoesía. Antipoesía. (Acá se cita a Nicanor Parra: Líbrese del plagio). Gallarda. Renovadora en todo caso. 


O como usted guste apodarla. Poesía.   

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La dirección de esta noticia es:

http://www.arcoiris.tv/es/noticias/modules.php?name=News&file=article&sid=2098

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2 textos de Helios Gallardo  

III

Las necesidades humanas no son infinitas (como se enseña en las exiguas escuelas de Economía y repiten tenazmente los periodistas para quienes no parece haber escuelas), sino que son operativamente identificables. Un texto, en cierta forma fuera de toda sospecha, las señala, atribuyendo el discurso a Jesús de Nazaret: ­... tuve hambre y no me dieron de comer, (...) tuve sed y no me dieron de beber; era forastero y no me recibieron en su casa: no tenía ropa y no me vistieron; estuve enfermo y encarcelado y no me visitaron! (Mateo, 25: 42, 43). Para quienes no han cumplido sus créditos de exégesis, las necesidades, dice Jesús, son: comida, bebida, vivienda, vestido, salud, acompañamiento y reconocimiento. Podría añadirse -¨por qué habría de ser exhaustivo el ser humano Jesús?- la necesidad de crecer desde las raíces (socialización desde las raíces y la memoria de autoproducción, para decirlo en difícil). Como se advierte, las necesidades están bien determinadas. Las que podrían ser infinitas son las preferencias y también los deseos.

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Centroamérica viviendo en casas humanas, sin hambre ni desnutrición, sin muertes por enfermedades médicamente curables pero social y políticamente letales. Cada centroamericano acompañándose y reconociéndose en las necesidades del otro para ser y crecer sin disminución. Obviamente, habría que hacer una Reforma Agraria que contribuyese a la desconcentración de la riqueza y el poder y menguara la devastación ambiental. Dejemos aquí el programa propuesto por Jesús. Desde luego, Centroamérica no es cristiana. Hoy ni siquiera, por hacer un mal chiste, socialcristiana.    

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VII

La alternativa es siempre un testimonio, nunca solo un discurso. La alternativa es conversión y trayecto. Los tiempos del desencanto, más que los tiempos de la euforia, llaman a la conversión, al testimonio y al trayecto. ¨Cómo comportarse en tiempos de penuria? Lo primero es sentir que se está y se vive en esos tiempos y que resulta obligatorio transitar por ellos. La sobrevivencia forma parte central de la memoria histórica de los diversos sectores que conforman los pueblos latinoamericanos. Sobrevivir no alcanza. Se hace necesario sobrevivir con valores y ellos se leen en las raíces y en las memorias de resistencia y lucha. Desde ellas aparecen las acciones, los proyectos, los programas y los testimonios particulares y plurales de conversión y transformación, sus formas organizativas, desde las más modestas hasta las que se proyectan regional, nacional y mundialmente que potencian la autoproducción de identidad y su tensión con el horizonte de los sueños, las utopías varias que alientan y nutren quizás porque en vida jamás se alcanzan.

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Tiempo de esperanza, de utopía, de memoria de lucha, de raíces, de orgánica, de romper identidades prefabricadas y segmentadas para construir testimonialmente las nuevas, siempre ofrecidas para crecer y ser, para ser y crecer en una oferta hacia otros, con otros, que es la única manera de estar con uno mismo. Si se logra hacer de éste un tiempo de raíces, construiremos, uno con uno, un nuevo mundo.


Extractos de: http://www.kasandra.org/helio.html

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Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/

Edel MORALES

Edel MORALES

Edel Morales

Director Centro Cultural

«Dulce María Loynaz»

19 y E. El Vedado

Ciudad de La Habana

*

E-mail :edelmorales@loynaz.cult.cu   

«La Letra del Escriba número 51»   

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Le hacemos una atenta invitación a visitar el sitio: http://www.cubaliteraria.cu/revista/laletradelescriba/n51/index.html    

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En “Poesía.cu”:

http://www.cubaliteraria.cu/revista/laletradelescriba/n51/articulo-2.html 

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Leyla Leyva

Leyla Leyva (Cienfuegos, 1964). En el 2000 Letras Cubanas publicó su poemario Piélagos, premio Lourdes Casal, convocado por la UNEAC en la primera edición internacional. Tiene inédito el cuaderno «Viendo peces».   

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Mujer de alguien


No era la mujer de alguien, era la tuya
con el aspecto de cenefa tupida.
Echada sobre el butacón de la sala,
parezco bastante confortable.
De hecho, creo que me encuentras así,
o te has dado por vencido.
La mujer de las hipótesis o las prevenciones,
mujer de otro que pudo ser de otros
y de hecho lo fue y que hoy es toda tuya,
te hace creer cosas con algunos sagaces
ajetreos de estilo.
Sentada viendo televisión,
viéndote en el canal extremo,
luego de engañarte y perseguir seriales violentos
como una existencia desastrosa.
Sentada, porque se lo merece,
fantasea con el tipo de las exfoliaciones
que en casa apenas se convierte,
y de esa experiencia colige reservados deleites.
(Yo pretendía que otros pensaran que era adorable,
pretendía no decir grandes mentiras, por lo menos
no igual a esa de transmutarme en la fascinación
trágica de una adulta-rubia-rebajada,
que emplea a granel óxido fuerte y percibe
los riesgos de la fusión,
de la resistencia del objeto.
O como la rusa de Kiev que va sola en la tarde
camino del Tsárskoie Seló con una imbatible felicidad).
Ibas a contarme lo de la tangente variable
que ciñe el plan de la pareja,
poniendo las cuentas en cero, pero me lo sé.
Conozco al dedillo el cuento de Andreévna Górenko,
sobre todo si arrimo el aliento a la bocina
y oyes de mi voz la revelación cansada.
Tú me miras a los dos ojos y ves
el blanco punto que mueve el brillo.
Yo miro a uno solo de los tuyos, y me asusto
del reflejo que hace en él una estría varada.
Ibas a contarme, a modo de habitual coqueteo,
lo bien que me conservo
cuando me encontraste dentro de la luna del cristal,
desnuda, consumiendo plata viva,
y tuve ganas de pedírtelo ahí,
ahora que nada vale devolver el golpe sin su virtual fijeza.
Muchas horas en lo mismo,
deduciendo la tarea textual del cirujano;
cosas que conoces, que compartimos
como buenos actores.
 

*

*Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/

    

Edel MORALES

Edel MORALES

Edel Morales

Director Centro Cultural

«Dulce María Loynaz»

19 y E. El Vedado

Ciudad de La Habana

*

E-mail : edelmorales@loynaz.cult.cu   

«La Letra del Escriba número 51»   

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Le hacemos una atenta invitación a visitar el sitio: http://www.cubaliteraria.cu/revista/laletradelescriba/n51/index.html   

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En “Aire Fuerte”: http://www.cubaliteraria.cu/revista/laletradelescriba/n51/articulo-4.html   

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LA MUERTE  DEL AUTOR

Roland Barthes (Francia,1915-1980)

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Balzac, en su novela Sarrasine, hablando de un castrado disfrazado de mujer, escribe lo siguiente: “Era la mujer, con sus miedos repentinos, sus caprichos irracionales, sus instintivas turbaciones, sus audacias sin causa, sus bravatas y su exquisita delicadeza de sentimientos”. ¿Quién está hablando así? ¿El héroe de la novela, interesado en ignorar al castrado que se esconde bajo la mujer? ¿El individuo Balzac, al que la experiencia personal ha provisto de una filosofía sobre la mujer? ¿El autor Balzac, haciendo profesión de ciertas ideas “literarias” sobre la feminidad? ¿La sabiduría universal? ¿La psicología romántica? Jamás será posible averiguarlo, por la sencilla razón de que la escritura es la destrucción de toda voz, de todo origen. La escritura es ese lugar neutro, compuesto, oblicuo, al que va a parar nuestro sujeto, el blanco-y-negro en donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la propia identidad del cuerpo que escribe.

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Siempre ha sido así, sin duda: en cuanto un hecho pasa a ser relatado, con fines intransitivos y no con la finalidad de actuar directamente sobre lo real, es decir, en definitiva, sin más función que el propio ejercicio del símbolo, se produce esa ruptura, la voz pierde su origen, el autor entra en su propia muerte, comienza la escritura. No obstante, el sentimiento sobre este fenómeno ha sido variable; en las sociedades etnográficas, el relato jamás ha estado a cargo de una persona, sino de un mediador, chamán o recitador, del que se puede, en rigor, admirar la “performance” (es decir, el dominio del código narrativo), pero nunca el “genio”. El autor es un personaje moderno, producido indudablemente por nuestra sociedad, en la medida que esta, al salir de la Edad Media y gracias al empirismo inglés, el racionalismo francés y la fe personal de la Reforma, descubre el prestigio del individuo o dicho de manera más noble, de la “persona humana”. Es lógico, por lo tanto, que en materia de la literatura sea el positivismo, resumen y resultado de la ideología capitalista, el que haya concedido la máxima importancia a la “persona” del autor. Aún impera el autor en los manuales de historia literaria, las bibliografías de escritores, las entrevistas en revistas, y hasta en la conciencia misma de los literatos, que tienen buen cuidado de reunir su persona con su obra gracias a su diario íntimo; la imagen de la literatura que es posible encontrar en la cultura común tiene su centro, tiránicamente, en el autor, su persona, su historia, sus gustos, sus pasiones; la crítica aún consiste, la mayoría de las veces, en decir que la obra de Baudelaire es el fracaso de Baudelaire como hombre; la de Van Gogh, su locura; la de Tchaikovsky, su vicio: la explicación de la obra se busca siempre en el que la ha producido, como si, a través de la alegoría más o menos transparente de la ficción, fuera, en definitiva, siempre, la voz de una sola y misma persona, el autor, la que estaría entregando sus “confidencias”.

*
Aunque todavía sea muy poderoso el imperio del Autor (la nueva crítica lo único que ha hecho es consolidarlo), es obvio que algunos escritores hace ya algún tiempo que se han sentido tentados por su derrumbamiento. En Francia ha sido, sin duda, Mallarmé el primero en ver y prever en toda su amplitud la necesidad de sustituir por el propio lenguaje al que hasta entonces se suponía que era su propietario; para él, igual que para nosotros, es el lenguaje, y no el autor, el que habla; escribir consiste en alcanzar, a través de una previa impersonalidad –que no se debería confundir en ningún momento con la objetividad castradora del novelista realista– ese punto en el cual sólo el lenguaje actúa “performa”, 1 y no “yo”: toda la poética de Mallarmé consiste en suprimir al autor en beneficio de la escritura (lo cual, como se verá, es devolver su sitio al lector). Valéry, completamente enmarañado en una psicología del Yo, edulcoró mucho la teoría de Mallarmé, pero al remitir, por amor al clasicismo, a las lecciones de la retórica, no dejó de someter al Autor a la duda y la irrisión, acentuó la naturaleza lingüística y como “azarosa” de su actividad, y reivindicó a lo largo de sus libros en prosa la condición esencialmente verbal de la literatura, frente a la cual cualquier recurso a la interioridad del escritor le parecía pura superstición. El mismo Proust, a pesar del carácter aparentemente psicológico de lo que se suele llamar su análisis, se impuso de modo claro como tarea el emborronar inexorablemente, gracias a una extremada sutilización, la relación entre el escritor y sus personales: al convertir al narrador no en el que ha visto y sentido, ni siquiera en el que está escribiendo, sino en el que va a escribir (el joven de la novela –pero, por cierto, ¿qué edad tiene y quién es ese joven?– quiere escribir, pero no puede, y la novela acaba cuando por fin se hace posible la escritura), Proust ha hecho entrega de su epopeya a la escritura moderna: realizando una inversión radical, en lugar de introducir su vida en su novela, como tan a menudo se ha dicho, hizo de su propia vida una obra cuyo modelo fue su propio libro, de tal modo que nos resultara evidente que no es Charlus el que imita a Montesquieu, sino que Montesquieu, en su realidad anecdótica, histórica, no es sino un fragmento secundario, derivado, de Charlus. Por último, el Surrealismo, ya que seguimos con la prehistoria de la modernidad, indudablemente, no podía atribuir al lenguaje una posición soberana, en la medida que el lenguaje es un sistema, y que lo que este movimiento postulaba, románticamente, era una subversión directa de los códigos –ilusoria, por otra parte, ya que un código no puede ser destruido, tan sólo es posible “burlarlo”–; pero al recomendar de modo incesante que se frustraran bruscamente lo sentidos esperados (el famoso “sobresalto” surrealista), al confiar a la mano la tarea de escribir lo más aprisa posible lo que la mente misma ignoraba (eso era la famosa escritura automática), al aceptar el principio y la experiencia de una escritura colectiva, el Surrealismo contribuyó a desacralizar la imagen del Autor. Por último fuera de la literatura en sí (a decir verdad, estas distinciones están quedándose caducas), la lingüística acaba de proporcionar a la destrucción del Autor un instrumento analítico precioso, al mostrar que la enunciación en su totalidad es un proceso vacío que funciona a la perfección sin que sea necesario rellenarlo con las personas de sus interlocutores: lingüísticamente, el autor nunca es nada más que el que escribe, del mismo modo que yo no es otra cosa sino el que dice yo: el lenguaje conoce un “sujeto”, no una “persona”, y ese sujeto, vacío excepto en la propia enunciación, que es la que lo define, es suficiente para conseguir que el lenguaje se “mantenga en pie”, o sea, para llegar a agotarlo por completo.

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El alejamiento del Autor (se podría hablar, siguiendo a Brecht, de un auténtico “distanciamiento”, en el que el Autor se empequeñece como una estatuilla al fondo de la escena literaria) no es tan sólo un hecho histórico o un acto de escritura: transforma de cabo a rabo el texto moderno (o –lo que viene a ser lo mismo– que el autor se ausenta de él a todos los niveles). Para empezar, el tiempo ya no es el mismo. Cuando se cree en el Autor, este se concibe siempre como el pasado de su propio libro: el libro y el autor se sitúan por sí solos en una misma línea, distribuida en un antes y un después: se supone que el Autor es el que nutre al libro, o sea, que existe antes que él, que piensa, sufre y vive para él; mantiene con su obra la misma relación de antecedente que un padre respecto a su hijo. Por el contrario, el escritor moderno nace a la vez que su texto; no está provisto en absoluto de un ser que preceda o exceda su escritura, no es en absoluto el sujeto cuyo predicado sería el libro; no existe otro tiempo que el de la enunciación, y todo texto está escrito eternamente aquí y ahora. Es que (o se sigue que) escribir ya no puede seguir designando una operación de registro, de constatación, de representación, de “pintura” (como decían los Clásicos), sino que más bien es lo que los lingüistas, siguiendo la filosofía oxfordiana, llaman un performativo, forma verbal extraña (que se da exclusivamente en primera persona y presente) en la que la enunciación no tiene más contenido (más enunciado) que el acto por el cual ella misma se profiere: algo así como el Yo declaro de los reyes o el Yo canto de los más antiguos poetas; el moderno, después de enterrar al Autor, no puede ya creer, según la patética visión de sus predecesores, que su mano es demasiado lenta para su pensamiento o su pasión, y que, en consecuencia, convirtiendo la necesidad en ley, debe acentuar ese retraso y “trabajar” indefinidamente la forma; para él, por el contrario, la mano, alejada de toda voz, arrastrada por un mero gesto de inscripción (y no de expresión), traza un campo de origen, o que, al menos, no tiene más origen que el mismo lenguaje, es decir, exactamente eso que no cesa de poner en duda todos los orígenes.

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Hoy en día sabemos que un texto no está constituido por una fila de palabras, de las que se desprende un único sentido, teológico, en cierto modo (pues sería el mensaje del Autor-Dios), sino por un espacio de múltiples dimensiones en el que se concuerdan y se contrastan diversas escrituras, ninguna de las cuales es la original: el texto es un tejido de citas provenientes de los mil focos de la cultura. Semejante a Bouvard y Pécuchet, eternos copistas, sublimes y cómicos a la vez, cuya profunda ridiculez designa precisamente la verdad de la escritura, el escritor se limita a imitar un gesto siempre anterior, nunca original; el único poder que tiene es el de mezclar las escrituras, llevar la contraria a unas con otras, de manera que nunca se pueda uno apoyar en una de ellas; aunque quiera expresarse, al menos debería saber que la “cosa” interior que tiene la intención de “traducir” no es en sí misma más que un diccionario ya compuesto, en el que las palabras no pueden explicarse sino a través de otras palabras, y así indefinidamente: aventura que le sucedió de manera ejemplar a Thomas de Quincey cuando joven, que iba tan bien en griego que para traducir a esa lengua ideas e imágenes absolutamente modernas, según nos cuenta Baudelaire, “había creado para sí mismo un diccionario siempre a punto y de muy distinta complejidad y extensión del que resulta de la vulgar paciencia de los temas puramente literarios” (Los paraísos artificiales); como sucesor del Autor, el escritor ya no tiene pasiones, humores, sentimientos, impresiones, sino ese inmenso diccionario del que extrae una escritura que no puede pararse jamás: la vida nunca hace otra cosa que imitar al libro, y ese libro mismo no es más que un tejido de signos, una imitación perdida, que retrocede infinitamente.

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Una vez alejado del Autor, se vuelve inútil la pretensión de “descifrar” un texto. Darle a un texto un Autor es imponerle un seguro, proveerlo de un significado último, cerrar la escritura. Esta concepción le viene muy bien a la crítica, que entonces pretende dedicarse a la importante tarea de descubrir al Autor (o a sus hipóstasis: la sociedad, la historia, la psique, la libertad) bajo la obra: una vez hallado el Autor, el texto se “explica”, el crítico ha alcanzado la victoria; así pues, no hay nada asombroso en el hecho de que, históricamente, el imperio del Autor haya sido también el del Crítico, ni tampoco el hecho de que la crítica (por nueva que sea) caiga desmantelada a la vez que el Autor. En la escritura múltiple, efectivamente, todo está por desenredar pero nada por descifrar; puede seguirse la estructura, se la puede reseguir (como un punto de media que se corre) en todos sus nudos y todos sus niveles, pero no hay un fondo; el espacio de la escritura ha de recorrerse, no puede atravesarse; la escritura instaura sentido sin cesar, pero siempre acaba por evaporarlo: precede a una exención sistemática del sentido. Por eso mismo, la literatura (sería mejor decir la escritura, de ahora en adelante), al rehusar la asignación al texto (y al mundo como texto) de un “secreto”, es decir, un sentido último, se entrega a una actividad que se podría llamar contrateología, revolucionaria en sentido propio, pues rehusar la detención del sentido, es, en definitiva, rechazar a Dios y a sus hipóstasis, la razón, la ciencia, la ley.

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Volvamos a la frase de Balzac. Nadie (es decir, ninguna “persona”) la está diciendo: su fuente, su voz, no es el auténtico lugar de la escritura, sino la lectura. Otro ejemplo, muy preciso, puede ayudar a comprenderlo: recientes investigaciones (J. P. Vernant) han sacado a la luz la naturaleza constitutivamente ambigua de la tragedia griega; en esta, el texto está tejido con palabras de doble sentido, que cada individuo comprende de manera unilateral (precisamente este perpetuo malentendido constituye lo “trágico”); no obstante, existe alguien que entiende cada una de las palabras por su duplicidad, y además entiende, por decirlo así, incluso la sordera de los personajes que están hablando ante él: ese alguien es, precisamente, el lector (en este caso el oyente). De esta manera se desvela el sentido total de la escritura: un texto está formado por escrituras múltiples, procedentes de varias culturas y que, unas con otras, establecen un diálogo, una parodia, un cuestionamiento; pero existe un lugar en el que se recoge toda esa multiplicidad, y ese lugar no es el autor, como hasta hoy se ha dicho, sino el lector: el lector es el espacio mismo en que se inscriben, sin que se pierda ni una, todas las citas que constituyen una escritura; la unidad del texto no está en su origen, sino en su destino, pero este destino ya no puede seguir siendo personal: el lector es un hombre sin historia, sin biografía, sin psicología; él es tan sólo ese alguien que mantiene reunidas en un mismo campo todas las huellas que constituyen el escrito. Y esta es la razón por la cual nos resulta risible oír cómo se condena la nueva escritura en nombre de un humanismo que se erige, hipócritamente, en campeón de los derechos del lector. La crítica clásica no se ha ocupado del lector; para ella no hay en la literatura otro hombre que el que la escribe. Hoy en día estamos empezando a no caer en la trampa de esa especie de antífrasis gracias a la que la buena sociedad recrimina soberbiamente a favor de lo que precisamente ella misma está apartando, ignorando, sofocando o destruyendo; sabemos que para devolverle su porvenir a la escritura hay que darle la vuelta al mito: el nacimiento del lector se paga con la muerte del Autor.

*

Manteia, 1968

1_ Es un anglicismo. Lo conservo como tal, entrecomillado, ya que parece aludir a la “performance” de la gramática chomskyana, que suele traducirse por “actuación”. [N. del T.]


Traducción: C. Fernández Medrano

Ilustración : Elliott Banfield - http://www.elliottbanfield.com/index.html

Salomón VALDERRAMA CRUZ

Salomón VALDERRAMA CRUZ

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Salomón Valderrama Cruz nace en abril de 1979 en Chilia, Departamento de La Libertad (Perú). Realizó estudios en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Universidad Nacional Federico Villarreal. Aparece su primer libro de poemas Encrucijada el año 2002 y, en el 2003, Anemómetro. Ha sido publicado en revistas de Perú, Argentina, Chile, Brasil, Venezuela, Colombia, Estados Unidos, México, El Salvador, España, Puerto Rico, Francia, Canadá y Alemania. Está por publicar el libro Amórfor 
E-mail: facciondeimperdidoalarte@yahoo.com 
Otras paginas :
http://www.andes.missouri.edu/andes/Comentario/SV_MartinAdan.html 
http://www.omni-bus.com/n9/eielson.html#r0 
http://www.bestiario.com.br/maquinadomundo/ed5/salomon.htm 
http://www.enfocarte.com/6.28/cruz.html 
http://www.palabrasdiversas.com/archpal/lavoz.htm  
*
*  

Paraíso

«¡De los ojos del muerto, mi mirada

Paire en faceta a luz cristalizada!»

Martín Adán   

Razón innecesaria en fruición lapidaría

Por escándalo in situ, por ojo humillado.

Ilustre acabado, estás de paso helado.

Enamorado de todo lo que faltaría.  

Paraíso de Cartón, leyendo, te daría

Todo, lo que no hiciera, aun en primavera.

Hipocampo embarazado, hombre de pecera.

Alma, corazón ciego, amarrado de utopía.  

Libre de edad, viejo, en espera del, divorcio,

No conocer y enamorarme, ubicuidad.

No quiero en este fin, pagar, amor ni comercio.  

Actuar y no pensar; haber gozado elevación.

Clonación, mutación tardía, espero en verdad:

Niño del ocaso, acertijos de sublevación.

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Unigénito

«Breve combate de importuna guerra,

en mi defensa, soy peligro sumo;

y mientras con mis armas me consumo»

Francisco de Quevedo y Villegas   

Crío mío, el dado, malcriado, malherido.

Frontal de la cúspide llorada, de estío

Imperdido, en la moneda, tesoro mío.

Astillado, imán, como Dios, el preferido.  

Desdibujado por lo perdido, por pecado;

Recaudador nulo de belleza asustada.

Ajeno asir, ceremonial, poesía hurtada

En la montaña, tino, del dios malhumorado.  

Y mejor, aún, pensar atacar mujer, noche,

Disfrutar en las laderas puta, como coche

Cargar ataúd, Cielo, de virgen alumbrada.  

Y ser Fin, el único, el mismo de repisa,

De vital literatura: Hijo de alambrada.

Hijo, el temido, Dios, que no va ni a su misa.

*

   

Trueque

 «Tu salto es un segundo congelado

que ni apresura el tiempo ni lo mata:

preso en su movimiento ensimismado»

Octavio Paz  

¡Nave ilegal, dame a suerte del Poeta!

Podrido, querido, en la antípoda frutal.

Inútil pescador de cuerpo elemental.

Tridente o látigo de Cristo, en grieta...  

En el poeta o en el farsante casto

Hay un dictador de océano rostro.

Fino en la secularidad de Castro;

Dulce maíz, hilvanado, del abasto.  

Abismo de la universidad espacial:

Comer del tercero para ser primero.

Secretos, trueque, en bombardeo comercial  

Cual paradigma de aventura en florero

Somete, roza, amor, el cuerpo de mi ama,

Infernal, de azúcar cismada en la cama.  

*

*

  Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/

Héctor TORRES

Héctor TORRES

E-mail :  poetatorres@yahoo.ca  

*

La muerte del Poeta 

Entraba la tarde en su rumor de sombras.

Y el último verso goteaba en sus labios.

Una muchacha va ardiendo en azul.

Corre, fulgura, y entre sus manos

De diosa, destella un clavel. 

Se detiene y sonríe a la luz del sol.

Una lágrima se evapora en sus mejillas,

Su pelo revuelto se cimbra al andar,

Alguien la detiene y suspira… 

Tirita en sus manos el temblor de su voz

Y un vértigo suave le turba los pies.

¿Señorita, Ud.…no esta triste?¡No! 

¿Por qué debería estarlo?

¡AH MUERTO EL POETA! 

¡Se equivoca…EL POETA NO A MUERTO!

-el vive su silencio-y sonríe en mis labios

De coral, por que yo soy la poesía

Y ella nunca olvida de vivir,

Renace en el vuelo del poeta

Que sonríe su muerte hasta vivir. 

*

Lluvia de Nostalgias

Sorprendido… afectado de ternura

Casi dormido en compases musicales

Delirantes letras o fritangas de amor

Siento un estado de armonía

Sitiando de alegría el meridiano cerebral 

* 

Creo inevitable el descenso al espasmo

Se rinde a la dulzura el arca del poema

Se desangran tus labios de esencia frutal

En temblor de rayos despertó mi corazón 

Enloquecidos anfibios subterráneos

Irrumpen en ríos arteriales de espuma

Su loco frenesí de auroras me desborda

En un cardume de azucaradas agonías  

Siembra de insólitos temblores en el surco

Ofrece en llamas rojas la miel del vértigo

Lumbre sensitiva en los parámetros del tiempo

Un aullido de campanas

Hiere la concavidad del universo

Una lluvia de nostalgias fortalece

La sangrante herida del otoño 

Hojas marchitas, derriten miel

En soleados parajes sin memoria 

Se detiene en mis ojos el llanto de un recuerdo

Se estremece en mis labios un lirio adolescente

Donde vierto el noble vino de mi sangre 

*

Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/