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Revista Literaria AZUL@RTE

Leoncio LUQUE CCOTA/Fabricio REBATTA

Leoncio LUQUE CCOTA/Fabricio REBATTA

   

CLAROSCURO,

NOMBRE SINTÉTICO DE COMUNIÓN LITERARIA

Por y con Leoncio Luque


Leoncio Luque Ccota leoncioluque@hotmail.com
        

*

Fabricio REBATTA

Lima, 1964. Licenciado en Comunicación Social (UNMSM). Guionista y realizador de cine y televisión. Miembro fundador del grupo literario Claroscuro. Es Coordinador de la revista literaria Casa Nuestra. Sus poemas han sido publicados en la revista Taller de poesía # 5 (Tránsito editores 2004), Casa Nuestra # 2 (Angrafer editores 2005) y en la plaquette colectiva Claroscuro. En octubre del 2004, obtuvo el 3er puesto en el concurso de cuento de la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ) con Tribulaciones de un reprimido que forma parte de “Tumbalatas y otros cuentos” (inédito).

Lata


el mar otea en maretazo
al niño que a pedrazo mata lata

vuela piedra
zumba gaviota
rompe ola
y quiña lata
(de leche
metal sin nata)

vuela gaviota
zumba ola
rompe lata
y quiña piedra
(al mar metal
oxidada lata)

el perro ladra piedra herrada
del niño ola rompe mata

gruñe gaviota
rompe ola
danza perro
y cae lata
(de leche
metal sin nata)

gruñe ola
rompe perro
danza lata
y cae gaviota
(al mar metal
oxidada nata)

el bravo mar abraza bronco
remoto entronco de can y niño mataperro



Volcanes


acequia santa rosa en sequía
osa en ojos del niño ser río
y río y río el recuerdo
sauce yerba mala y niña

revuelven manos pequeñas
crean volcán tierra arena
sauce papel yerba seca
prende volcán fuego fuego

danzan manos pies sonrisas
más volcanes fuego fuego
acequia o río de volcanes
niño y niña juego nuevo

huye rata yerba mala
sauce ríe viene acequia
revuelven manos son represas
tierra arena ríe niña

corre acequia santa rosa
agua empoza presa estalla
volcanes callan fuego y humo
río lava lava y juego

río y río en el recuerdo
humo sauce rata fuego
corre el río fuego niño
niño y niña juego nuevo.



E-mail a Washington Delgado
maestro@sanmarcos.com


Terminé de releer tus poemas sacudiendo mi desidia en las páginas, reluciste mis primeros días de Septiembre con baladas y elegías, pero al retornar el libro a su lugar de espera, Decano, me enteré de tu partida. Ahora entiendo que fue tu esencia que se despedía, que se desperezaba en la biblioteca empolvada para ser leída en voz alta.

Te fuiste cuando la noche del fútbol no dejaba oír tus sueños, te fuiste siguiendo a Marte que pasó tan cerca, te fuiste porque te llamaba Artidoro de la mano de Nati, desde los rosales de la avenida Abancay; ahora caminas por ellos con Mariena suspendida en el aire, con Susan y su vestido blanco, con Mae y su pícara tonada, con Rosaura sin sombrero, y más allá ves a Mari, Rosa, Yolanda y Elsa que ya no son amores inútiles.

Fred Murray sigue frente al mar, en el que Pedro Salinas, al que tanto leías, te espera para conversar eternamente, mientras los que aquí dejaste, recorren con una lágrima todas las formas de tu ausencia. 



Arcilla


Divinas y humanas,
desnudas, grávidas,
con el pubis tatuado y luciendo tupus;
reclusas en las estanterías del salón
te observan las mujeres precolombinas,
mientras serena discurres sobre ellas
tus ojos de juguete antiguo.

Madres, hijas, esposas,
adivinas, escribanas, artistas,
todas de arcilla seca tras los siglos.

Curanderas preparando sabia chicha,
políticas comiendo escuincles de aullido mudo,
guerreras degollando esclavos de inocente amor,
sacerdotisas adorando la luna que aún nos mira.

Eres húmeda arcilla girando
en mi distante contemplación,
arcilla dúctil y tan fresca,
cotidiana y sacra,
tan lejana de la reclusión
en las estanterías de mi memoria.

*

Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/ 

Leoncio LUQUE CCOTA/MaryCarmen PONCE

Leoncio LUQUE CCOTA/MaryCarmen PONCE


CLAROSCURO,

NOMBRE SINTÉTICO DE COMUNIÓN LITERARIA

Por y con Leoncio Luque 

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Leoncio Luque Ccota leoncioluque@hotmail.com
      

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MaryCarmen PONCE

(Iquitos-Perú 1968) MaryCarmen Ponce García. Es graduada en Ciencias de la Comunicación con el grado de Bachiller en Publicidad. Es actriz de teatro y pertenece al Elenco de Teatro de la Municipalidad de Santiago de Surco. Es miembro fundador del Grupo Literario Claroscuro desde donde promueve la cultura e integrante de Círculo Abierto Editores. Ha sido publicada en la revista de dicho taller, así cómo en el Primer Encuentro de Escritores “Los Nuevos” de poesía y cuento organizado por la Universidad Científica del Sur. Del mismo modo ha sido publicada en la plaquette Claroscuro y en el libro colectivo Claroscuro, en la Antología MP4 publicada por la universidad Garcilaso de la Vega, también en diferentes páginas web como la revista literaria “Letralia” y diarios. Ha participado en diversos eventos literarios, entre los más destacados está el "XI Congreso Internacional de Escritores y Artistas", en la ciudad de Tarapoto, donde su poema "Nacida de una Quimerha" ganó el segundo lugar en el concurso. Prepara la publicación de una colección de sus poemas y un libro de cuentos.




América la inconquistable sentada escuchaba atenta,
a los tres socios que la miraban con babas en los ojos .
Con sus zapatos de taquito llamaba al negro interés,
de esas seis niñas viriles, pero ninguna la de Colón.
Diego el Compañero anhelaba Machu Pichu,
sin saber el sabor de esa jugosa ciruela perlada,
pero su nariz le habló de otros valles más sagrados.
El zapatito ahora quedaba para otras conquistas,
ahora unas sinuosas dunas lo mandaban al manicomio.
Francisco el Conquistador no dudó en blandir su espada,
¡Esas dunas deben ser suyas!, junto a los valles y al zapatito.
Los abogados de vacaciones no resolvieron el hecho
y gran querella se armó por ese indomable paraje.
Hernando el de la Cruz no podía entrar en el pleito,
él sólo bendeciría al ganador de semejante contienda.
Mas sus niñas ya habían navegado gran parte de América.
Francisco mandó a Diego trece gallos de regalo
y él sólo respondió con Trilce y un buen vino.
Ninguno pudo meterse América al bolsillo.
A las diez, los conquistadores escucharon tocar la puerta
y América se fue con el gringo que le calzó el zapatito.



Testigo


Un tambor habla con la luna y los grillos,
mientras el viejo chamán proclama,
cada hombre lleva un cóndor en el alma.
Ojos escuchan su voz en el viento
corazones tañen a uno con el tambor,
las aves responden a este canto de paz
el semen de la tierra lo elevan a su Taita.

El tambor gimió un silencio abismal,
un trueno blanco rasgó nuestras costas,
ojos clamaron con las manos al sol...
el llanto del cielo jamás lavará
este río de sangre que empezaba a correr.

Una cruz de hierro capturó nuestro Taita
ahora encerrado en sus cañones y rifles,
con el semen de la tierra llenaron sus barcos
y nos ofrendaron a cambio a su dios blanco.

Qué dios quiere atarnos a una estaca y
arrancarnos los lomos bajo nuestro cielo.

Qué dios quiere robarse nuestro trigo y
cambiarnos el nombre sobre nuestra tierra.

Qué dios quiere silenciar nuestro canto y
cazar nuestros hijos igual que a venados.

Qué dios quiere violar nuestras hembras
y vender nuestras vidas como mulas de carga.

Qué dios quiere sujetar nuestra cerviz
y arrancarnos los dientes cuando nos agravian.

Aún escuchamos al chaman en el viento,
pero ahora la aves sólo pueden llorar,
el olvidado tambor quiere volver a latir,
mientras la luna le proclama al cóndor,
no escondas las alas, encumbra tu voz.



Mudanza


He alquilado el pequeño agujero en la pared,
me mudaré hoy,
con el fantasma de mi clon.
La Santa Inquisición ya dictó su sentencia.
Me sacarán los huesos por los poros de la piel.

He arrojado mil piedras a mi Goliat y él sólo toca piano en la sala.
Ahora un martillo hidráulico rompe la espuma de mi cerebro
y las esquirlas segmentan mi abismo.
Sigo arrastrando estos pies de gigante...
Esa voz de azufre granizo aún punza su agrio acero
y esta noche soy la mujer de Lot mirando Sodoma y Gomorra.

Desconozco estos ojos de sapo asustado en el espejo.
El bozal de pulgarcito me esclaviza la mandíbula,
y mi oído sangra por la hebilla incrustada.

La persecución de brujas ha comenzado,
y soy la única que mora en este mundo...

El pequeño agujero me espera.
Lo habitaré hasta que el azufre se apague.
Tal vez encuentren sólo mis huesos.

Tal vez
mis huesos
y la hebilla incrustada.




Grises sueños de concreto vagando sin piedad
en un presente que jamás llega,
tristes ventanas agrietadas mirando hacia atrás.
Sentada en un vehículo de orcos sólo veo sus reflejos.
vestidos con donaciones de la Molina o Monterrico;
ahora harapos sucios, malolientes,
infestados de limosna, de periódicos y frío.
Esternones vacíos, profundos y oscuros.
Espinazos sin carne con piel de otoño.
Diciembre será siempre julio.
El orco joven se aproxima,
quiere tomar al sol con sus manos
pero lo deja ciego de tanta estupidez;
mientras que el orco viejo
juega a ser dios con nuestras vidas.
Y pienso que Avalon debería estar más cerca que un mito;
vendería kriptonita con una escálibur de regalo.
Quiero vestirme de superhéroe
y, mano a mano con un elfo,
acabar con tanto orco que ha infestado la ciudad.
Y otra vez veo sus reflejos
es julio
es julio
es julio.
Grises sueños de concreto
que intentan tomar al sol con sus manos coladeras.
Aún tengo guardada mi escálibur en la mochila,
mi amigo el elfo ha perdido su arco
y mi ropa de superhéroe desespera colgada en el closet.
El orco joven le sonríe al orco viejo,
mostrando ambos unos dientes putrefactos.
Y yo suspiro
y aún pienso que Avalon debería estar
más cerca que un mito.

*

Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/ 

Leoncio LUQUE CCOTA/Eberth MUNÁRRIZ

Leoncio LUQUE CCOTA/Eberth MUNÁRRIZ

CLAROSCURO,

NOMBRE SINTÉTICO DE COMUNIÓN LITERARIA

Por y con Leoncio Luque


Leoncio Luque Ccota leoncioluque@hotmail.com 

*   

Eberth MUNÁRRIZ

Lima, 1970. Administrador de empresas (UPSMP) y especialista en aprendizaje de idiomas. Se dedica a la capacitación de empresas. También miembro fundador de Claroscuro, promueve la literatura y prepara proyectos de difusión cultural. Es redactor de la revista Casa Nuestra (Angrafer Editores). Ha publicado el poemario colectivo Claroscuro. Poemas suyos han aparecido en revistas como Taller de Poesía (Tránsito Editores 2004), del taller de San Marcos, en la antología Encuentro de Escritores Nuevos (UCSUR 2004), donde la Universidad Científica del Sur reunió a los participantes del encuentro literario del mismo nombre, en After the Storm (USA 1996) y en otras publicaciones. Prepara la publicación de un poemario bilingüe La Guerra.



Regla Apolillada


los empuñadores de reglas
de papel
se han pasado toda la noche
desde su ocaso
golpeando el pupitre
desgastado
toda la noche
golpea y golpea
haciendo tanto ruido
sin consideración por los mortales
sin dejar oír
el grato silencio
de su noche

todas las estrellas se apagaron
y siguen golpeando
aun sin darse cuenta
que ya unos cuantos pájaros
anuncian
el comienzo
de una nueva mañana




El Hielo y El Hilo


tú dijiste
la felicidad se mide con un hilo
sí que es delgado ese hilo
e invisible
qué fácil es pesarle demasiado
justo cuando empezábamos a balancearnos
qué inevitable es encontrarnos con la sonrisa de la araña
al final de la caída
qué inexistente nuestra risa
frente al sonriente hoyo negro

cuan a la vuelta del segundo
interrumpiendo nuestro viaje
está el iceberg
presto a echar al fondo del océano nuestra copa levantada
y claro que este iceberg no es el de Pablo
éste es hielo de
+++++++++ verdad
que acecha nuestros barcos
+++++++++++++++++ ebrios o no
recordándonos que en nuestro viaje
por el agua corriente
el hielo ++ sí
quema

entonces cuan inútiles
++++++++++++ nuestras plumas
++++++++++++ nuestros lentes
++++++++++++ nuestros dedos desgastados

cuan tardías nuestras lágrimas

endoso tus palabras
+++++++++++++ se mide con un hilo

y qué terrible
que no podamos matar

+++++++++++++++++++++ a la araña



Papeles


a fin de cuentas
en el mundo
hay tres papeles

el papel que doblado
en ochenta pedazos
es puesto en una charca
e intensamente soplado

también el papel con muchos
cuadraditos y signos extraños
que acaba siempre con una mancha
marrón arrugado en un tacho

por último el papel sin forma
específica ni color exacto
que por asfalto hierba piernas
o grava vuela impávido

pero nunca en cuenta
entre uno y otro hay un cuarto

el reverendo papel de
caminar incansable
y verter baldes de tinta en el aire



Historia Familiar


La familia toda sentada a la mesa.
Servida la cena.
Comen con placer sus anticuchos.
¿Quién no ha probado
El conspicuo plato nocturno?
Como todos saben,
puede muy bien ir con ají;
aunque, claro, arde
la lengua; y, más aún, arde
el estómago, y el hígado también.
Pero es frecuente acompañarlos de papas,
que pueden llenarnos de sabor a tierra,
mitigar los ardores
y mostrarnos los subsuelos más profundos.
En fin, la familia, nunca entera
en el mismo cuarto, siempre,
sólo unida en la cena,
ahora, devora con regusto
estos corazones puestos al fuego,
fuertemente macerados,
jugosos, con su ligero punto de sangre.
Terminada la cena,
bien por el peso de esta,
bien porque es hora de irse dormir,
se paran uno a uno y desfilan a descansar.
Ya postrados, uno por curiosidad pregunta…
Y se enteran todos que a falta de res
buenos fueron los corazones
de los abuelos –de ambas líneas–,
de algún hermano
y de un par de hijos.
–Con razón parecía que algo o alguien faltaba–

En la obscuridad,
después de un corto
silencio, sólo se distingue en sus ojos un brillo negro
manchado
de un fulgor rojiblanco.

*

Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/ 

Adriana GOÑI GODOY

Adriana GOÑI GODOY

 

Adriana Goñi Godoy

E-mail :adrianagoni@terra.cl  

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Google: tu vida a la vista
por Gabriela Warkentin


Preferencias sexuales, vicios y virtudes, inclinaciones políticas, pasiones futboleras: como entes marcados por la "hiperpersonalización" de contenidos y servicios, nos exponemos y exhibimos en las redes informáticas. Y lo hacemos de manera tal que llevamos al límite -o a nuevas definiciones-los alcances de nuestra esfera de privacidad. Pregunta casi ingenua: ¿nos detenemos a ponderar cómo y a quiénes proporcionamos la información que se nos pide? Y eso que se habla mucho de las posibles violaciones a la privacidad que se derivan de usar las herramientas a que recurrimos con más frecuencia quienes navegamos en el ciberespacio: publicaciones, programas de televisión, movimientos ciudadanos. Son voces que alertan sobre una tendencia cuyos alcances no terminamos aún de entrever.

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Google es uno de los buscadores en internet más utilizados, que ofrece servicios adicionales que han causado controversia en quienes aún no se terminan de acostumbrar a las nuevas reglas del mundo cibernético. De esta compañía se dice mucho, pero lo que más sospechas ha despertado es la posibilidad de que, mediante sus diversos servicios -el correo electrónico gmail, la herramienta de escaneo de las computadoras personales Google Desktop, la posibilidad de ubicar a un individuo mediante la combinación del servicio de mapeo de Google Maps y la telefonía celular, o la tentación de identificar coordenadas exactas de sitios vulnerables o estratégicos mediante la navegación por Google Earth, esta empresa recabe información sensible, muy privada, sobre individuos, corporaciones y otros actores sociales, sin que sepamos, a ciencia cierta, a dónde van a parar esos datos nuestros y qué destino tendrán.

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Primer ejemplo: tiene que ver con el gobierno de Estados Unidos, que solicita a los buscadores (entre ellos Google) que le entreguen resultados aleatorios de procesos de búsqueda llevados a cabo por individuos en un determinado tiempo.  

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El argumento que hay detrás de esta petición es simple: se pretende proteger a menores de edad (y rastrear posibles flujos de pornografía infantil) y, de paso, identificar a "sujetos sospechosos", algo muy propio de la paranoia posterior al 11 de septiembre. Google se negó en un principio a entregar la información (bajo la excusa de estar protegiendo a los usuarios de sus servicios), pero perdió la batalla y fue obligado a poner a disposición de los burócratas parte de sus cuantiosos datos.  

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El resultado: una densa información de particulares, privada, que quedó expuesta sin su permiso al escrutinio de funcionarios extraños.  

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Segundo ejemplo: el correo electrónico gmail. Este servicio, que ofrece al usuario una considerable capacidad de almacenamiento, tiene una peculiaridad: permite rastrear el contenido de los correos electrónicos enviados, recibidos y almacenados. La razón de esta capacidad es diversa: desde lo técnico, es un proceso necesario para compactar la información almacenada.  

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Pero, a la vez, le permite a Google identificar patrones recurrentes en contenidos de los mensajes, para establecer vínculos con anunciantes y productos acordes con el perfil del usuario. Ojo: nada de esto sucede sin el consentimiento del usuario.  

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Desde el momento en que uno opta por una dirección de correo electrónico de gmail, sabe a lo que se atiene (la empresa es explícita en cuanto a su política de privacidad) ¿pero cuántos de nosotros leemos la letra chiquita de las ventanas que aparecen cuando estamos a punto de aceptar un nuevo servicio? El tema de la privacidad, y su relación con los robots de búsqueda y servicios de personalización de la información, apenas comienza a despuntar en la conciencia de los consumidores o usuarios de estos sistemas. Ya se percibe, sin embargo, ruido y movilizaciones.  

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En fechas recientes, grupos ciudadanos conservadores en Estados Unidos han puesto el grito en el cielo por la "degradación de los valores" que se ve en sitios tipo MySpace. Para quien no se haya enterado de la existencia de estos lugares, MySpace se ha convertido en el paraíso de la adolescencia: tiene a más de cincuenta millones de usuarios registrados, muchos de los cuales cuentan entre los doce y los veinticinco años de edad.  

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¿Qué ofrece MySpace? La posibilidad de poseer tu sitio y conectarte con amigos y amigos de los amigos ("redes sociales" se llama a este fenómeno cibernético, que permite un entramado de conocidos y conocidos de conocidos de conocidos). Lo interesante de esto es que los adolescentes, que carecen -en la actualidad, en Occidente- de prejuicios para publicar sus datos personales, no muestran mayores reparos cuando se trata de subir a la red contenidos íntimos: una adolescente estadounidense, que publicó en su sitio en MySpace fotos de ella y sus amigas desnudas -mismas que aparecieron posteriormente en una red de tráfico de pornografía infantil-, argumentó que lo que ella había subido a la Red era "para consumo privado"; claro, sin contar que su sitio podía, potencialmente, ser visto por miles de millones de personas.

*
Quienes usamos las modernas tecnologías de comunicación, y los servicios que nos permiten ubicarnos entre las cantidades ingentes de información con que nos topamos a diario, ciertamente estamos cada vez más expuestos a que se sepa "todo" de nosotros: qué buscamos, a quiénes les escribimos, con quiénes nos relacionamos, qué nos escriben, qué nos llega, qué aceptamos, qué rechazamos. Esta exposición se verá incrementada en la medida en que la tecnología móvil penetre más nuestros hábitos mediáticos. 
 

*

¿Qué nos queda? Tener más conciencia de lo que hacemos, cómo lo hacemos, para qué lo hacemos. Tal vez, a la siguiente oportunidad, leer con más detenimiento la letra chiquita de las pantallas que aparecen frente a nosotros, cuando solicitamos o aceptamos un servicio nuevo: hacer clic sin fijarnos equivale a abrir una puerta más para exponer nuestros hábitos mediáticos a un mundo que está ansioso por beneficiarse de ellos.  

*

Y por último: apelar a las buenas prácticas y a la ética corporativa de quienes nos conducen por el mundo de la información. Lo que más le conviene a Google es mantener limpio su nombre: ése es su negocio. Y es lo mejor para nosotros también.

*

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SILSH

SILSH

 

Porteña enamorada de Buenos Aires y del Río de la Plata, que desde los cuatro años juega a armar palabras. Incansable "laburante" que quiere seguir resistiendo en su complicado país y que alimenta su costado sensible a través de la escritura para poder vivir y darle sonido a su voz interior. Adicta al "pucho" y al "mate" además de ser una apasionada por la lectura y la música que, de curiosa, se recibió de Lic. en Publicidad dejando inconcluso su antiguo amor por la bioquímica.

Ha publicado su libro de poemas "Descalza y con sombrero" (Letramundi-Argentina) en el 2004. *

E-mail : silsh@arnet.com.ar 

Sitio Web : http://silsh.webcindario.com/     *  

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PALABRA POESÍA  

Sonámbula en el verbo

de este mar corrosivo

de palabras

la vida

exhala su limosna

bajo una geografía gutural. 

Movimientos ambiguos

desde el núcleo

a las sombras

marejadas que visten

caricias de costado. 

Son máscaras continuas

sobre una piel de agua

que se extienden

con-funden

no suplican ni amparan

no se dan ni se roban.

Son gritos del espejo. 

Se opaca la memoria

a contraluz

del mundo invertebrado 

elabora en silencio

sublime puro estado en la duda 

y se apropia de vos/z

con su estirpe de seda. 

*

Rolando REVAGLIATTI

Rolando REVAGLIATTI

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UTOPOESÍA n.2539

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Enviar mensajes: ADAMAR@yahoogroups.com

Subscribirse: ADAMAR-subscribe@yahoogroups.com

Página principal: http://es.groups.yahoo.com/group/ADAMAR/

ADAMAR Revista de Creación: www.adamar.org

Colaborar: UTOPOESIA@gruposyahoo.com.ar

http://www.groups.yahoo.com/group/utopoesia

http://www.vientoscontrarios.8m.com 

http://blogs.ya.com/utopoesia/

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La muerte de Borges por Héctor Bianciotti

"Yo pensaba como él, aceptaba que nadie escapa a las leyes y a las pautas que rigen este mundo, que nuestro destino es luchar como si el mundo fuese un proyecto y nosotros sus obreros." Bianciotti

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Cuando fui a verlo en el mes de abril, Borges estaba en el hospital cantonal, en cama, y sin embargo, al oírlo, cualquiera hubiera dicho que se hallaba en uno de los cafés de Saint-Germain-des-Prés que tanto le gustaba frecuentar. Si su sapiencia siempre me había impresionado, la tarde en que fui a verlo al hospital permanece como ejemplar en mi memoria, por su sencillez, por esa lección que parecía venir de los antiguos, del fondo de los siglos. Yo pensaba como él, aceptaba que nadie escapa a las leyes y a las pautas que rigen este mundo, que nuestro destino es luchar como si el mundo fuese un proyecto y nosotros sus obreros.



Si tuviera que describir brevemente la sapiencia que emanaba de él durante esas horas pasadas en su compañía, diría que consistía, ese día, en su capacidad de ignorar la enfermedad, de no aludir a ella, de vivir con dulzura, llenando su tiempo, que se había vuelto tan lento, con lo que todavía le quedaba por empezar, o por terminar; el porvenir ya no le concernía, no invadía el presente, donde ayer es todavía y mañana, ya.



Se parecía en eso a lo que tardíamente pude constatar en mi madre: ni añoranza del pasado, ni esperanza o miedo hacia el porvenir, sino una humilde atención al instante. Y la costumbre de imponerse una conducta que no suscitara la preocupación en el testigo, o su compasión: cada compromiso, como si fuese el primero y el único.  


Borges trabajaba en un guión sobre Venecia, que le habían encargado, y en el prefacio a la edición de su obra en la Pléiade, que terminaría un mes más tarde, tres semanas antes de su muerte. Recitaba poemas, entre ellos una pieza de Cocteau, para comentarme que el poeta había logrado encontrar una palabra que rimaba con "sífilis", volviendo así aceptable esa palabra que la poesía no ha previsto. Nos hizo reír cuando le trajeron la cena, tres purés cuyos colores nos pidió que le describiéramos, comparándolos con la insipidez común a los tres. E imaginó un paté de conejo en su propia piel, o un fénix cocinado en su propia ceniza.



Ignoro si estos fragmentos de recuerdos, estas migajas, pueden sugerir lo que fue ese rato. A Borges le gustaba reír, aunque a menudo no reía de manera evidente, hasta cuando su risa, siempre dispuesta, ya se había extinguido para decir algo que la provocaba a su vez en el interlocutor. 
Estas imágenes, como en el caso de Guibert, me parecen preciosas si no se pierden de vista las circunstancias, la muerte, que él sabía inminente. ¿Se preparaba para entrar en la muerte como se entra, conforme lo deseaba, en una fiesta, o quería permanecer fiel a uno de sus últimos poemas, en memoria del amigo ginebrino que acababa de morir?



María lo incitó a levantarse, era necesario que caminase, que se paseara. Mientras cruzábamos el umbral de la habitación y entrábamos en el vasto, interminable corredor, salió tomándonos del brazo, declamando, con esa voz que le ahuecaba el pecho, buscando la férrea música del idioma sajón, el pasaje de la "Balada de Maldon" en el que un joven soldado que ha ido a cazar, al oír de repente el llamado de su jefe, deja que el bienamado halcón vuele de su mano hacia el bosque, y él entra en la batalla.



Nos sentamos en el fondo del corredor, en la rotonda, bajo la claraboya que a esa hora de la tarde irradiaba una feroz luminosidad química. Borges advirtió su intensidad: "Ahora ya no veo más que ese horrible color violeta". Largo tiempo le había sido fiel el amarillo; al comienzo de la ceguera, distinguía el verde del azul.


Temeroso siempre de expresarme con imprecisión delante de él, de proferir trivialidades -que él cazaba al vuelo, no sin agregar, según su costumbre, esa interrogación monosilábica de cortesía, al final de una frase: "¿No?"-, debí de preguntarle algo sobre las literaturas antiguas que él amaba. Sin responder a mi pregunta, empezó a recitar, escandiendo párrafos rimados en los que creí reconocer sonidos ingleses. "Es horrible, ¿no?" Se trataba de la traducción de la Odisea perpetrada por el prerrafaelista William Morris, que pretendía extirpar del inglés todas las palabras de origen latino.



Sólo por el placer de oírlo repetir una de las frases de él que prefiero, le pregunté por qué había aprendido de memoria algo horrible. "La fealdad es tan memorable como la belleza", contestó, con un tono casi alegre.

* * *


Cuando llegamos a la callejuela sin nombre y nos detuvimos frente a la puerta sin número, comprendí por qué María había tomado la precaución de citarme en el hotel. Quince días antes, Marguerite Yourcenar había viajado a Ginebra para visitar a Borges. En espera de que la compañía de teléfonos instalara uno en su nueva pero última morada, él todavía estaba en el hotel. Le había hablado a Marguerite del departamento, pidiéndole que fuera a verlo y luego se lo describiera minuciosamente. El guardaba la llave, la tenía en el bolsillo de la bata. Exactamente un año más tarde, en el mes de junio, Marguerite Yourcenar me contará eso, en el transcurso de la única verdadera entrevista que tendremos -y no olvidó añadir que omitió mencionar el vasto espejo que, al abrir la puerta, se alzaba frente al visitante y se prolongaba a derecha e izquierda creando un pasillo: ¿cómo se hubiera atrevido ella a aludir a ese mundo de reflejos inciertos, horror que desde la infancia ese mundo le provocaba?


* * *

Una sucesión de habitaciones vacías pero lujosas, a juzgar por los revestimientos de roble. El silencio que parecía reinar en el departamento súbitamente se rompió al abrir la puerta: lamentos que parecían vagidos. En su cama -tan angosta como la que usaba en Buenos Aires, la de toda su vida-, sin duda Borges tenía una pesadilla. Pero María le tomó la mano: "Borges, ya estamos aquí", y de inmediato cesó su desolada queja, los rasgos distendidos, los labios entre la sonrisa y la palabra. No volvería a mostrar señales de angustia, apenas de una ansiedad intermitente, un temblor brusco y ligero, como cuando soñamos.



Nosotros permanecimos atentos al menor signo, al mínimo gesto.


"Nosotros" éramos María, uno de los dos médicos que lo habían atendido en el hospital cantonal, la enfermera de día -su lectora en francés-, yo y, más tarde, la enfermera alemana. El médico, sentado al borde del lecho, la mano sobre la rodilla de Borges. Sin duda, uno muere menos solo cuando una mano tranquila y que reconocemos nos toca.



Sobre la mesita baja, junto a la cama, dos libros: una selección de cartas de Voltaire y los Fragmentos de Novalis, que le leía la enfermera de noche, la alemana. Al pie de la cama, que tocaba a la pared, una estrecha ventana contrastaba con el revestimiento de madera, reciente, cuidado. Era el 13 de junio. Hacía calor. El sol se ponía tarde. Un haz de rayos de sol se derramó sobre el lecho, iluminando el hueco en que éste se encastraba, y luego a nuestro pequeño grupo. Borges sacudió el índice sin mover la mano, como quien espanta una mosca. La sábana blanca resplandeció largo rato, pero el tiempo se llevaba consigo la luz, como quien retira un velo. Borges tenía la chaqueta del pijama, que era de color gris perla, desabrochada hasta el tercer botón. Su cuello, alisado por la posición de la cabeza, echada hacia atrás, era ancho y hasta poderoso.


En esta residencia de la ciudad vieja, donde él quería que tuviera lugar la cita con la muerte, el destino le había reservado un lugar tranquilo donde retirarse cuya pequeña ventana debía de crear un vínculo con las casas de antaño, allá lejos -un vínculo para que él muriese un poco en su casa, donde la mecedora de su madre se había inmovilizado muchos años atrás-. Puesto que no podía morir en esa Buenos Aires que, a su entender, ya no existía, quería que el gran encuentro ocurriese allí, en el barrio ginebrino donde él había despertado a la ciencia vagabunda de la literatura.



Sus médicos, que se habían convertido en sus amigos, hablaban de su alegría cuando se encontró por fin en la casa que había elegido. Había pasado el día exultante, con una euforia por momentos convulsiva, y repentinamente se alejaba, inmerso en una suerte de beatitud. ¿Había abandonado ya el universo de las palabras, donde todo ocurría para él? Estaba tranquilo, la gravedad y la dulzura pintadas en el rostro, una mano sobre el pecho, abismado en sí mismo, sustraído al tiempo -¿cara a cara con esos espacios infinitos que aterraban a Pascal?



Hay en la espera de la muerte un no sé qué de fin del mundo. Próximo a la fuente de las lágrimas, el testigo tropieza con sus propios límites, y llega a tener la sensación de hallarse en el lugar del moribundo.



En otro cantón de la Confederación, Joyce. La balsa de la noche avanzaba. Llegábamos al centro de la noche, la noche que respiraba a grandes bocanadas.


Siglos habían transcurrido cuando una luz grisácea tiñó la pequeña ventana. Una luz opaca, glauca, que viraba al amarillo. Y el sol. Adormecido en la sustancia de la muerte, el espíritu resucitaba entre la vigilia y el sueño. De pronto, un rayo de luz atravesó el vidrio, disipando un poco la penumbra. Y vi el pie de Borges que, fuera de la sábana, apuntaba con el dedo gordo hacia el techo. Ese pie que, como a él le gustaba decir, había "fatigado las calles". La desnudez del pie, tan íntima, que evocaba las palabras del poeta: "De sus pies sube entonces en él la muerte azul". De cuando en cuando, Sócrates, glorioso u oscuro, vuelve a morir sobre la Tierra. Cuántas veces habremos oído a Borges recordar que Sócrates no quiso prodigar adioses patéticos a sus amigos, a la hora de la cicuta, sino conversar con ellos tranquilamente, seguir pensando. ¿No había comentado, en el umbral mismo de la muerte, que el placer y el dolor son inseparables, puesto que si las cadenas le pesaban en la prisión, acarreando una forma de dolor, una vez que se las quitaron experimentó un feliz alivio? 


También Borges, en su cama del hospital, no había hablado sino de literatura, toda una tarde. La enfermera empezó a friccionarle el pie -el pie que se ponía azul; la sangre carecía de impulso para subir hasta el corazón. Yo había convencido a María de que descansara un rato. Ahora era necesario llamarla. No tuve tiempo de dar un paso: María estaba en el vano de la puerta.


Se sentó a la cabecera de Borges, su mano en las suyas. Moví mi silla un poco hacia atrás. Yo no había advertido movimiento alguno, y sin embargo la cabeza de Borges se inclinaba ahora hacia ella.



Entre las cosas que nos ocurren, algunas son demasiado grandes para ser tan sólo un acontecimiento. El suelo de la realidad no las soporta, el espíritu las rechaza.



Borges murió muy lentamente y en silencio, como un reloj de arena que se vacía. Era el 14 de junio, un sábado. Mi reloj marcaba las siete y cuarenta y siete.
Nunca le confesé que escribía. Está bien así.


Tumba de Jorge Luis BORGES

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Extracto de Héctor Bianciotti, Como la huella del pájaro en el aire (Editorial Tusquets, 2001) publicado por La Nación , Buenos Aires, 2001




Rolando REVAGLIATTI

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UTOPOESÍA n.2539


 

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EL LIBRO DE INGEBORG BACHMANN

por Jaime de la Gracia



Las tropas alemanas desfilan machacando la piedra recortada en cuadraditos, la noche anterior llovió en Klagenfurt / Austria / una llovizna llorona, es una mañana fría y gris, las ventanas indecisas ocultan sombras. La pequeña camina tomada de la mano de una mujer que puede ser su madre o una tía, al doblar la esquina camino de la panadería, ve a los hombres en formación, avanzando implacables contra el frío y las piedras sucias, siente pánico, pero se asusta más al ver los descomunales perros que avanzan al lado de la tropa, se a ferra a la cintura de la mujer y mete la cabeza entre la falda pesada., tiempos después, la niña Ingeborg Bachmann, que ahora tiene 12 años de edad, escribiría sobre lo que vio y lo llamaría como / Un dolor demasiado temprano / que la acompañaría por el resto y marcaría su poética, incluso la perseguiría / Bajo los cielos extranjeros / en forma de / Sombras rosas /.
Ingeborg Bachmann es poeta capaz de grandes silencios. Ingeborg Bachmann en un susurro nos canta: / No más uniformes / No más banderas / pero como la poeta entiende que el ser humano es un animal dado al símbolo, entonces corrige / Que las banderas cuelguen húmedas de los mástiles / y prosigue / Que no representen a país ninguno /.


Estudiante de filología y filosofía Germanistica en Viena, hace su disertación sobre el pensamiento de Martín Heidegger, al que conoció personalmente y del que también se alejó por discrepancias sobre la simpatía que el filosofo mostraba por la corriente del nacionalismo, tendencia que Ingeborg Bachmann combatiría por malsano y retrógrado / Fría es la luz / También fría es la piedra frente a la puerta /.


Desde el inicio de su escritura poética después de algunos devaneos con la poesía simbólica muestra Ingeborg Bachman su adhesión al modernismo que en ese momento arrasaba con los últimos restos que quedaban dentro de la poesía alemana de la herencia pesada y lúgubre de lo elegíaco, los jóvenes poetas desdeñan el asomarse al alma a la manera del Avestruz y prefieren mostrarla al sol y exponerla como sacos de huesos, / ¿Qué será de nosotros, si sobornamos la belleza? Clama la poeta.


Poesía de fraseo corto que no se ahorra en la entrega del Moira, que ata cabos para deslindar el misterio de lo cotidiano transformado en magia por la palabra / Una palabra - Tu sabes: / Un cadáver /. 
Ingeborg Bachmann fue mujer de amores accidentados, amores que la facultaron y la desterraron del cielo de los encuentros felices / El amor tiene un triunfo y la muerte tiene otro / tuvo la fortuna o la desgracia de encontrar en su camino a dos hombres monstruosos, Paul Celan y Max Frisch a los que se entregó en cuerpo y obra hasta el abandono y el alcoholismo.


Una de sus primeras publicaciones la hizo en 1952 en la revista Lynkeus, en ese mismo año conoce al escritor Hans Weigel, quien le presenta al también escritor Hans Werner Richter el cual la introduce al grupo de los 47 en donde conocerá a Paul Celan. Un año después publica su primer poemario El Tiempo Postergado, el cual le merece el premio del mismo grupo 47. Este poemario fue saludado por la crítica con un " aquí hay un tono de resignación rico en sus modos y matices de versos poderosos y sonoros".


Ingeborg Bachmann viaja a Roma en donde viviría hasta el año 1957, la ciudad la impresiona y la sobrecoge, dedica grandes paseos a las noches de Noviembre, escucha en sus caminatas por la ciudad la voz silenciosa de los mármoles fríos, aquí escribiría uno de sus poemas más hermosos / Nocturnos cuadros romanos / estadía interrumpida por esporádicas temporadas en París y Praga. En 1956 publica su poemario, El llamado de la Osa Mayor Berlín 1961, hombres armados de herramientas que se utilizan para la agricultura abren la tierra para plantar los cimientos de un Muro infame. En este año Ingeborg Bachmann publica su primer libro en prosa un libro de relatos titulado, A los treinta años. El libro es recibido con frialdad por una crítica y un medio intelectual marcado por el machismo y capaz del resentimiento.


Ingeborg Bachmann fue autora prolífica, incursionó en el ensayo, el radio teatro, la novela, el periodismo, en 1971 pública su novela, Malina donde a profunda en el alma femenina sin hacer concesión al resentimiento, prosa marcada por una fuerte carga poética. Esta novela hace parte de una trilogía, las otras dos no llegaron a ser concluidas ya que se atravesó la muerte, a este proyecto literario la poeta lo llamó: Formas de muerte. 1964, regreso a Roma / Pensar es estar solo / / Estar sólo es una buena cosa / en este año recibe el premio Büchner, lee su conocido discurso: Un lugar de coincidencias, está enferma del cuerpo y la enfermedad toca el alma, para este tiempo ya ha visitado con sus carnes, hospitales, sanatorios para recibir terapias contra el alcoholismo y la drogadicción, sólo aguardaría el manicomio al que Max Frisch la empujaría con su despiadada narración, Pongamos que me llamo Gantenbein, donde cuenta toda la mierda que se comieron y vivieron como pareja.


Ingeborg Bachmann nace un 25 de Junio de 1926 en la ciudad de Klagenburg / Austria, es la hija mayor de un director de escuela Mathias y de Olga Bachmann. Estudia en Viena y recibe un doctorado en derecho, filología y filosofía germana, sobra decir que empezó escribiendo por curiosidad y terminó haciéndolo por necesidad / Escribí todo lo imaginable /.


Comentaba el escritor argentino Roberto Arlt - Los pesos en el camino terminan equilibrándose - esto puede afirmarse sobre Ingeborg Bachmann quien en vida sufrió mucho a causa de no ser tomada en serio. Los premios se sucedían, las entrevistas, pero nunca fue tomada en serio. Desempeñó diversos trabajos para sobrevivir, fue durante un tiempo secretaria en Berlín de las tropas de ocupación Norteamericanas, tuvo encuentros académicos con personajes grises como Henry Kissinger con el que hizo un curso de verano, esta estadía en el país del norte le inspiró una pieza dramática llamad El buen Díos de Manhatan, que resultó un novelón para la radio, quizás una de sus peores trabajos, pero que así y todo mereció premios, pero también de este tiempo quedan bellos poemas como Harlem por ejemplo, donde la música se emborracha y salta ebria de esquina en esquina.


Ingeborg Bachmann, hoy goza dentro de la lengua germana lo que se le negó en vida, respeto y una justa valoración de su obra. Los tiempos son otros, por ejemplo: Berlín confronta su realidad de ciudad en bancarrota, dejó de ser después de la caída del Muro esa isla de confort artificial, punta de lanza de la propaganda del capitalismo durante la guerra fría. Tampoco, nunca se identificó con el país que la publicó y que la descubrió. Asumió un país mediterráneo. Decía el brasileño Jorge Amado - Un hombre tiene dos patrias, uno que Dios le da y otra que su corazón elige y ella eligió a Italia y dentro de Italia una ciudad vieja, Roma.


Nosotros compartimos un pan con la lluvia / Un pan, una culpa y Una casa / Calla conmigo, así como todas las campanas callan / Los viajeros van hasta el final /


 
Ingeborg Bachmann muere en Roma el 17 de octubre de 1947 a la edad e 47 años. Muere de acoso espiritual por el abandono y del incendio material provocado por un cigarrillo encendido con el que se quedó dormida sobre el colchón.
 
 
 
Berlín / 2002

Agosto / mes de las altas aguas del río Elba 

*


 
4 POEMAS DE INGEBORG BACHMANN
 
OSCURAS PROMESAS


Como Orfeo toco yo
en las cuerdas de la vida la muerte
y la belleza de la tierra
en tus ojos, que le administran al cielo
no sé que oscuras promesas
 
 
no olvides, la mañana que de repente
tu lecho y el clavel
que duerme sobre tu corazón
amanecieron mojados por el rocío
viste el río de aguas oscuras
pasar por ti
 
 
en la cuerda del silencio
tendido sobre la ola de sangre
toco yo tu sonoro corazón
tus rizos se convirtieron
en el cabello sombrío de la noche
la negra oscuridad modela
tu rostro en flecos
 

y yo no te pertenezco a ti
los dos nos lamentamos ahora
 
 
pero como Orfeo reconozco
en el lado de la muerte la vida,
y vislumbro
el azul en tus ojos cerrados para siempre.


 
SOMBRAS ROSAS SOMBRAS

 
Bajo un cielo extranjero
sombras rosas
sombras
sobre una tierra extranjera
entre rosas y sombras
en una agua extranjera
mi sombra
.


 
 
RECLAMO


Adónde vamos
despreocupados sin preocuparnos
que esté oscuro y haga frío
sin preocuparnos
eso si pero con música
debemos
alegres y con música
pensar divertidos
a la vista de un final
con música
y hacía dónde
llevamos
las mejores preguntas
hechas todos estos años bajo los chubascos
en la lavandería de los sueños
despreocupados sin preocuparnos
que lo mejor ocurra
cuando un silencio de muerte se anuncie
y entre.


 
HARLEM


De todas las nubes se sueltan las duelas
la lluvia se cuela al fondo de cada pozo
la lluvia brinca de las escaleras de fuego
y teclea sobre las cajas de música
 
 
la ciudad negra gira su ojo blanco
y camina por cada esquina del mundo
el ritmo de la lluvia subvierte el silencio
el blue de la lluvia se apaga.

 


 
 Traducción del Alemán al Español por: Jaime de la Gracia




A INGEBORG BACHMANN

en mi memoria por Carmen Blázquez



INGEBORG, eras uva tu boca era ubre de estrella
dormida escribías al humo escribías dormida
tu Paul no trenzó sobre ti tu cabello-caballo
que suyo era suyo

Y tú uva tus labios licoran los vasos la negra licoras
los besos aspiras la fuga tizona laringe
es tu son

La segunda mortaja a tus ojos las rubias serpientes
estrellas pisadas cabezas
las uvas pisadas tus ojos
tu ojo pisado en la estrella
y tu blanco crespón de cigarro
que arde en la ubre

Eras Roma.
 

*

Oscar PORTELA

Oscar PORTELA

  

Oscar Portela. Argentina 1950. Ha publicado más de quince títulos de poesía, dictado Cursos y Seminarios de Literatura y Filosofía y figura en las más exigentes Antologías de Poesía de la Lengua Española. * 

E-mail : portelao@hotmail.com
Página personal : http://www.universoportela.com.ar/
Otra : http://www.arrakis.es/~joldan/oportela.htm 

**      

Dificultades y angustias de los pueblos elegidos

*

En realidad la palabra angustia relacionada directamente- no con la libertad del hombre sin fundamento alguno -(Heidegger)- que nada tiene que ver con aquel concepto de la angustia que para el universal-singular (Sartre), llamado Kierkegaard ,provenía del pecado de un padre que siendo pastor un día blasfemó contra Dios: esta culpa da como resultado una deuda heredada e indexada, que solo pede pagarse con el acatamiento a la ley de un Dios tiránico y exigente - que no es dolor como afirma Lyotard acudiendo a una retórica de tipo sofistica que resulta insoportable- sino que puede exigir un sacrificio a Abraham, quien está dispuesto a inmolar a su primogénito como los terroristas se inmolan hoy siempre en nombre de una verdad revelada.

Hace ya más de un siglo Friedrich Nietzsche afirmo "la sangre de los mártires no tiene nada que ver con la verdad". Sin embargo el martirologio judío, la errancia metafísica sin fin, el hecho insoportable de haber sido elegidos para llevar y sobrellevar el destino de la historia a un final que es solo "epojhe" (suspensión de sentido) , pero que no cesa de dar señales y mandatos al pueblo elegido, sometiéndolo a tremendas tribulaciones, los hace acreedores de lo que aquellos asesinos seriales llamados "antisemitas" les robaron, es decir su casa (la de Dios), su cuerpo (su toponimia) y la memoria cartografiada que los convirtió en aquello que al occidente le falta, esto es , el sentido de "la culpa".


Solo el sentido de la culpa nos salva del olvido, es decir de la repetición, sino que además es la que confiere a la errancia y la improbable escucha, créditos sin limites en lo que respecta a reclamar a los demás pueblos aquello que se les adeuda. Haber sido vitimas de las faltas de las religiones de la tierra (paganas decía aún hoy despectivamente un retorcido post-moderno Lyotard), en las que la tierra y las palabras son sujetos de un origen que no existe, para una deriva a la según él y los que como él opinan, no existe sentido escatológico o teleológico que no sea el de la epifanía de una revelación que no se ha sustantivado nunca.


Esto es lo que Heidegger se supone no habría entendido nunca: el Dios de Moisés habla en nombre de la diferencia ontológica y el olvido del ser: llegados a este punto todos los retorcimientos hermenéuticos de textos que se superponen son ya posibles: pero un pensador cristiano como Valadier afirma con respecto al dios pagano Dionisos: (citamos a pesar nuestro): "Mientras el dios Cristiano deja morir a su Hijo sin morir él, el dios Dionisio pasa por la muerte: por ser auténticamente signo, debe querer borrarse y desaparecer. Para permitir de nuevo la afirmación, su presencia debe ser ausencia. Es camino, como lo es el hombre. No contentándose con indicar al hombre el camino sin él (tras) pasarlo, este dios pasa y muere verdaderamente". (N y el Cristianismo).


Esta misma exaltación de la pertenencia del hombre a la tierra y la "torna" hacia todas las fuentes nutricias de un pensamiento que abra nuevos senderos en el bosque, son aquellas a las que les se reprocha el haber servido de soporte neo-conservadoras, a un Occidente que olvidando a Plotino, no habría comprendido el feroz unicato del dios Jehová, que, consecuencia de las civilizaciones adoradoras de lo de uno, entendieron siempre lo destinal histórico como un designio divino que debía mantenerlos apartados y en consecuencia, dieron a la historia un "telos" en el cual el racionalista y antisemita Hegel , une la tradición occidental con el mesianismo judío y el fundamentalismo de los pueblos adoradores de Alá.


No debe resultar fácil haber sido destinados a tamaño emprendimiento: la conquista primero de un imperio espiritual y luego - ya en plena época de la constitución ontotecnológica de la cultura planetaria - ir hacia un Estado Universal que debería haber sido la tierra como templo de un dios Único.


Pero parece que los sacrificios sumados a lo largo de los siglos- las diásporas territoriales y étnicas o estatales - pueden hoy conseguir saldar la indexación de una deuda impagable: (crucifixión o shoa): así parece haber llegado la hora del Apocalipsis (revelación de la verdad como tal) mientras Heidegger hablaba por el contrario de la "in-esencial esencia de la verdad".


En su monumental obra "Von Hegel Zu Nietzsche", Karl Lowith pone de manifiesto el decisisivo cruce de líneas enemigas entre ambos pensadores: para Hegel el estado moderno será ( "mythem " de Kojeve) la resolución de todas las aporías de un pensamiento pre-dialéctico: la resolución formal de los conflictos entre realidad y racionalidad con la conocida frase: "todo lo real es racional, todo lo racional es real".



Para Nietzsche la historia constituye un "error" y toda visión escatológica de la historia es sierva de la constitución moral de la ontoteologia y por lo tanto maniquea en su esencia: y a la frase de Hegel responde: " todo lo racional es imaginario, todo lo imaginario es real".


Dentro del sueño como pulsión colectivo de la que hablaba todavía Cornelius Castoriadis, a veces con candidez de utopista, le cabe al poder acumulativo de la técnica como "voluntad que se sabe a si misma" y solo a ella como sombra del ideal ascético negador de la vida, ser el instrumento del cual puede valerse el nihilismo para apagar definitivamente los destellos de una raza que puede sucumbir a un destino feroz: el dominio de todo lo ente por un sujeto humano que no pudo o no supo encontrar el camino, para salir de un laberinto en el cual los odios étnicos y religiosos más primitivos permitan que las armas proporcionadas por la técnica, hagan añicos la morada del hombre por un tiempo no físico, no cuantificable, sino aquel de la roza de Eckardth que "florece sin porqué".
 

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Argentina. Agosto 2006.

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Ilustración : Siegfried Woldhek - http://www.woldhek.nl/