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Revista Literaria AZUL@RTE

NADAR/Marcelo SOMARRIVA

NADAR/Marcelo SOMARRIVA

 

Nadar en la bohemia

Por Marcelo SOMARRIVA 

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Las fotos de Nadar conservan, después de más de un siglo, un misterioso poder de encantamiento, que puede ponerse a prueba en la exposición que acaba de inaugurarse en el Museo de Bellas Artes y que permanecerá abierta hasta el 3 de diciembre. 

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El fotógrafo Nadar decía que tenía cinco mil amigos entre los artistas e intelectuales más destacados del París de mediados del siglo XIX. Aun cuando pueda tratarse de una exageración, Nadar pasó a la historia como el autor de una galería de retratos de mentes brillantes provenientes de ese montón de amigos. Lo curioso es que estas fotos fueron tomadas en un período de trabajo que no pasó de los seis años, bastante poco tiempo en medio de una vida tan exagerada y ajetreada como la suya. Tampoco basta con tener amigos ilustres para pasar a la historia, las fotos de Nadar conservan después de más de un siglo un misterioso halo de encantamiento, que puede ponerse a prueba en la exposición que acaba de inaugurarse en el Museo de Bellas Artes y que permanecerá abierta hasta el 3 de diciembre.

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Gaspar-Félix Tournachon nació en París en 1820 y pasó su infancia en Lyon. Pertenecía a lo que podría llamarse una burguesía intelectual de provincias y su padre tenía grandes planes para él. Lo matricularon en la escuela de medicina, donde Félix se dedicó más a la literatura que a los estudios de anatomía. Hasta que su padre quebró y Félix, sin la menor pena, tuvo que dejar sus aportillados estudios y se puso a buscar un medio para ganarse la vida. Se le ocurrió -con poco tacto- que una buena forma de hacerlo sería dedicándose a la literatura. Regresó a París a los 18 años, con un flamante seudónimo, "Nadar", y serias intenciones de tomarse la ciudad por asalto a punta de pequeños artículos periodísticos. Era uno más de entre los millares de jóvenes provincianos que llegaban a la capitalcon idénticos propósitos. Pero él, tenía algunos contactos; su tío el caricaturista Gavarni, colaborador del célebre diario satírico "Le Charivari", lo impulsó a probar suerte en la caricatura, una ocupación de moda en esos años y Nadar comenzó a dibujar, mientras escribía artículos y novelas y estudiaba pintura. Se integró a un lote de jóvenes de su edad que vivían en pobres pensiones y buhardillas del Barrio Latino, por esos años un rincón periférico y mal iluminado, con calles estrechas y cafés baratos. Algunos de sus colegas eran los escritores Champfleury y Henri Murger; este último, autor de una famosísima serie de artículos que más tarde reunió bajo el título de "Escenas de la vida Bohemia", un libro que instauró y consolidó el mito dorado de la bohemia, causando estragos en generaciones de jóvenes de todo el mundo. Esta bohemia o "proletariado intelectual" tenía diversos estratos, y a Nadar y a sus amigos podía encontrárseles en la planta más baja.

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Buitre cultural

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Su proyecto de enriquecerse marchaba lento, pero Nadar no pasaba inadvertido. Como escribió John Updike, el hombre no sólo era bastante alto y tenía una abundante melena roja, sino que además era extremadamente sociable. Fue el rey sin corona del autobombo y un entusiasta natural que se matriculaba con la mayor alegría en cualquier clase de proyecto. El joven ambicioso no sólo oficiaba de artista, sino que también se convirtió en un "buitre cultural", un coleccionista de cabezas prominentes. Nadar tenía a sus pies a lo mejor de la intelectualidad francesa gracias a su natural simpatía y a su tan raro como genuino talento para admirar y celebrar los méritos ajenos.

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La personalidad explosiva de Nadar y su exagerado tren de vida no tardaron en pasarle la cuenta, hasta que un amigo le anunció que alguien vendía un equipo fotográfico completo por pocos francos. Nadar lo compró e instaló un estudio fotográfico en el boulevard des Capucines a cargo del imbécil de su hermano, quien no tardó en llevar el promisorio negocio a un estado terminal. Nadar tuvo que entrar a levantarlo, y de la noche a la mañana se vio convertido en fotógrafo. Había empezado practicando en su casa, utilizando su jardín como estudio y a sus amigos artistas e intelectuales como modelos. Se tomaba su tiempo para cada sesión. Cuidaba la iluminación. Como él mismo escribió, el "sentido de la luz" y
"la apreciación artística de los efectos producidos por la variación y la combinación de las fuentes de luz" eran asuntos que no podían aprenderse en un cursillo rápido, sino que eran parte de sus dones de artista.

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Por su estudio comenzó a desfilar la crema artística e intelectual parisina. Cabezas brillantes como Delacroix, Doré, Saint Beuve, Baudelaire y hasta Bakunin se sentaron pacientemente ante su cámara. Todos ellos miembros de esa legión de amigos por quienes sentía una cercanía espiritual que para él fue la clave de lo que llamó "el parecido íntimo", que logró en sus fotos y que se distinguía de cualquier "
reproducción plástica indiferente, banal y fortuita, al alcance de cualquier simple ayudante de laboratorio". Gisèle Freund advirtió que Nadar "fue el primero en redescubrir el rostro humano por medio del aparato fotográfico". Según esta escritora y fotógrafa Nadar representó la expresión esencial de la persona a través de su rostro sin retoques usar y ni elementos decorativos, como muebles o tapices. Sólo les pedía a sus modelos paciencia y que mantuvieran una expresión serena -en lugar de hacer las muecas teatrales que estaban en boga-. Lo que no podía pedirle a sus amigos era plata. Entonces ¿Dónde estaba el negocio? Detrás de su galería de bohemios célebres, había una estrategia comercial. Los artistas e intelectuales, ayer y hoy, han sido objeto de deseo y un medio de distinción social y Nadar vendía bohemia como cuchuflíes, a quienes estuvieran dispuestas a ser diferentes. Entre 1855 y 1860 Nadar vivió su esplendor. Le compró a su hermano su parte del estudio y amplió sus dependencias. En la fachada puso su firma alumbrada con gas y el negocio comenzó a llenarse de ciudadanos parisinos anhelantes de ser inmortalizados por el maestro de la bohemia. Cobraba cien francos por retrato pero esta clientela burguesa lo aburría y dejó el trabajo en manos de sus asistentes.

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La vida en globo

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El auge de la fotografía coincidió en París con el esplendor de los globos aerostáticos. Los hermanos Godard tenían a la ciudad sin aliento, y con el cuello torcido, gracias a sus proezas áereas y Nadar sucumbió ante esta fiebre. Se propuso llevar su cámara a los cielos, pero sus primeros intentos de foto aerostática fracasaron. Recién en la primavera de 1856 pudo sorprender al público con sus primeras vistas aéreas. El entusiasmo de Nadar se infló tanto, que se mandó a construir un globo con una hélice y 20 kilómetros de seda. Era el globo más grande del mundo y lo llamó "El Gigante", y el 4 de octubre de 1863, todo París fue a presenciar el acontecimiento que fue un fracaso. El 18 de octubre Nadar volvió a la carga, esta vez acompañado por su mujer y un grupo de amigos. El globo voló hasta Hanover, donde aterrizó tan mal, que por un pelo no murieron todos. Pero siguió intentándolo, hasta que sus esfuerzos por hacer volar a su armatoste le consumieron toda su fortuna.

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Nadar volvió a ser pobre y volvió a su oficio más pedestre de fotógrafo de estudio y a retratar a la interminable fila de arribistas. Pero esta vez no tuvo escrúpulos para satisfacerlos con retoques y otras gentilezas. El estudio adquirió dimensiones industriales, pero el maestro siguió ligado a las nuevas tendencias. En 1874, en una parte de su estudio se presentó la primera exposición impresionista, y un año antes de su muerte en 1910, le envió un telegrama de saludo al piloto Louis Blériot que había cruzado el Canal de la Mancha.

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Cuando Nadar tomaba sus fotos estaba plenamente consciente de ser un artista. Para él la foto era sólo un medio. No imitaba a la pintura; sólo hacía retratos.

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Daumier hizo una caricatura muy cómica de Nadar tomando fotos desde su globo sobre París. Al pie del dibujo se lee la frase
"Nadar elevando la fotografía al nivel del arte", y la caricatura está llena de sutiles ironías. Daumier se burla de los objetivos artísticos y las fanfarronadas aerostáticas de su amigo fotógrafo. París es un hormiguero de estudios de fotógrafos y el canastillo del globo de Nadar lleva impresa la firma del artista, la misma que puede verse escrita con mano temblorosa en algunas de sus fotos y que adornaba con un destello de luz de gas las ventanas de su estudio. 

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Y ingenio inquieto

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Nadar fue el primero en tomar fotos con luz artificial y en 1866 tomó fotos de las catacumbas y las cloacas de París. También patentó su invento de tomar fotografías aéreas, que le pareció interesante al ejército. Durante la guerra franco prusiana, cuando las fuerzas alemanas sitiaron París, Nadar fue nombrado comandante de una compañía aerostática para seguir los movimientos del enemigo desde su globo y en lo posible tomar fotos.
  

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Articulo: elmercurio.com

A consultar:

http://usuarios.lycos.es/luniorni/newpage2.html 

http://es.wikipedia.org/wiki/Gaspard-F%C3%A9lix_Tournachon

http://www.fotorevista.com.ar/Maestros/Maestros.htm

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