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Revista Literaria AZUL@RTE

Pedro del CANTO

Pedro del CANTO

 

Pedro del Canto

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http://www.pedrodelcanto.blogspot.com 

*

LA CUECA DE LA LIBERTAD

huaso 1.- ahora vamos a cantar la Cueca de la Libertad
huaso 2.-Iñor , me la imagino , con los senos gorditos ,
y con cuerpo de sirena , uhy ; huichipirichi ,
huaso 1.-Chit´s andaí ,pensando en las puras mujeres
que veís un palo de escoba con falda ,
y te enamoraí , que no te basta con la ezenaída.
Veís que la Libertad es un sueño que todos deseamos vivir.
Los dos huasos.-y nos fuimos con la Cueca de la Libertad.
Mi alma.

Es injusta la repartija,
dijo un día la lagartija,
vamos a buscar al oso,
para volvernos revoltos,
y junto con las hienas,
soltemos las cadenas,
para que con el tigre,
volvamos tú y yo,
a ser libres.
riqui tiqui
ti
riquiti ta
ven a ir a bailar
a pat'a pelá
los dos huasos.

y nos fuímos con la Cueca de la Libertad.

Mi alma.

Es injusta la repartija,
dijo un día la lagartija,
vamos a buscar al oso,
para volvernos revoltos,
y junto con las hienas,
soltemos las cadenas,
para que con el tigre,
volvamos tú y yo,
a ser libres.
riqui tiqui
ti
riquiti ta
ven a ir a bailar
a pata pelá.
Hagan chocar las copas
y brindemos por los estudiantes,
que con su alharaca,
nos invitaron,
una vez más a soñar.

riqui tiqui ti
riqui ti qui tá
esta es la cueca de la libertad.
 

*

Valparaíso-Volantín

Volantines del cielo
de mí Valparaíso
flores del cielo
que anuncian
la primavera,
voladores y multimòviles
que suben cerros...

y escaleras infinitas,
y surcan vientos,
en movimientos libertartarios,
quien no recuerda en el cerro los placeres
al comandante Ramiro
cuantos subieron y bajaron
escaleras infinitas con el compañero.
Cuantos de ellos corrieron como el viento

Volantín y cuantos vuelos que hasta hoy
los comunes de los mortales no entienden,
volantín de mil colores,
de cielos de nubes de algodón,
que cuando niño me hiciste volar,
junto a tus vuelos,
que volé junto a tus ascensores,
que vi. Las casas palafitos,
encumbradas en cerros,
y cuando tuve hambre, fui a tu jjcruz,
sorteando los movimientos del viento,
entre tangos y baladas.

Tragaba chorrillanas,
y buenos vinos
en compañía de una amante morena,
esposa de un marino,
que la tenía olvidada,
por eso Valparaíso,
no te olvido,
para que nunca alejes tu esencia de mí.
Y nunca me engañes puerto amado.
Valparaíso volantín.

EL BRINDIS DE LA MUERTE


Serías tú,
esa noche simplemente vino,
de las Parras,
de la tierra,
del trabajo esclavizador,
de la hoja de la Parra sobre el sol.

Me invitaste a brindar contigo
y chocaron nuestras copas,
saltando el vino de mí copa,
y el vino de tu vida,
así, bebí de tú vino
y tú bebiste del mío,
Sentí lo dulce y te bebí,
sorbo a sorbo
hasta quedar de ti embriagado eternamente.
Salto sin querer tú dulce veneno
a mí copa,
Y tú convertida en vino,
Me embrujaste,
Te acercaste a mí,
sin darme cuenta.

Y mis labios besaron
sutilmente tú vino,
me mojé en él.
Sentí tu dulzura y tú cuerpo,
se perdieron mis sentidos,
Hipnotizados en el alcohol,
que bebía de ti,
Fui hechizado por tú magia,
después de olerte,
de besarte,
de sentirte,
de embriagarme de ti.
Froté mis ojos,
y ya no te vi,
Después de beber la última gota de ese vino te alejaste,
y yo no sé nada de ti,
y tú no sabes ni nadie entiende,
como este hombre te busca en el vino.
Como te besó cuando bebo.
Cuantas veces te acaricio cuando estoy embriagado,
Y cómo mojó, mis labios,
con la humedad de tú cuerpo.
Y cómo brindó, una vez más,
por todos tus Hechizos.

Ilustración: Fernando ALLENDE

http://www.cuecachilena.cl/Allende.htm

Juan RULFO

Juan RULFO

Juan Rulfo nació en Jalisco (México) en 1918. Al comenzar sus estudios primarios murió su padre, y sin haber dejado la niñez, perdió también a su madre, y estuvo en un orfanato de Guadalajara. En 1934 se radica en México, y comienza a escribir sus trabajos literarios y a colaborar en la revista "América". En 1953 publicó "El llano en llamas" (al que pertenece el cuento "Nos han dado la tierra") y en 1955 apareció "Pedro Páramo".

De esta última obra dijo Jorge Luis Borges: "Pedro Páramo es una de las mejores novelas de las literaturas de lengua hispánica, y aun de toda la literatura", y que fuera traducido a varios idiomas: alemán, sueco, inglés, francés, italiano, polaco, noruego, finlandés. Juan Rulfo fue uno de los grandes escritores latinoamericanos del siglo XX, que pertenecieron al movimiento literario denominado "realismo mágico", y en sus obras se presenta una combinación de realidad y fantasía, cuya acción se desarrolla en escenarios americanos, y sus personajes representan y reflejan el tipismo del lugar, con sus grandes problemáticas socio-culturales entretejidas con el mundo fantástico. Muchos de sus textos han sido base de producciones cinematográficas. 

A partir de 1946 se dedicó también a la labor fotográfica, en la que realizó notables composiciones. En 1947 se casó con Clara Aparicio, con la que tuvo cuatro hijos. Fue un incansable viajero y participó de varios Congresos y encuentros internacionales, y obtuvo Premios como el Premio Nacional de Literatura en México en 1970 y el Premio Príncipe de Asturias en España en 1983.  Falleció en México en 1986. 

*

Cuento

“Acuérdate” de Juan Rulfo  

*

Acuérdate de Urbano Gómez, hijo de don Urbano, nieto de Dimas, aquel que dirigía las pastorelas y que murió recitando el "rezonga, ángel maldito" cuando la época de la influencia. De esto hace ya años, quizá quince. Pero te debes acordar de él. Acuérdate que le decíamos el Abuelo por aquello de que su otro hijo, Fidencio Gómez, tenía dos hijas muy juguetonas: una prieta y chaparrita, que por mal nombre le decían la Arremangada, y la otra, que era requetealta y que tenía los ojos zarcos; y que hasta se decía que ni era suya y que por más señas estaba enferma del hipo. Acuérdate del relajo que armaba cuando estábamos en misa y que a la mera hora de la Elevación soltaba su ataque de hipo, que parecía como si se estuviera riendo y llorando a la vez, hasta que la sacaban afuera y le daban tantita agua con azúcar y entonces se calmaba.

*
Ésa acabó casándose con Lucio Chico, dueño de la mezcalera que antes fue de Librado, río arriba, por donde está el molino de linaza de los Teódulos.

Acuérdate.

Acuérdate que a su madre le decían la Berenjena porque siempre andaba metida en líos y de cada lío salía con un muchacho. Se dice que tuvo su dinero pero se lo acabó en los entierros, pues todos los hijos se le morían de recién nacidos y siempre les mandaba cantar alabanzas, llevándolos al panteón entre músicas y coros de monaguillos que cantaban "hosannas" y "glorias" y la canción esa de "ahí te mando; Señor, otro angelito". De eso se quedó pobre, porque le. resultaba caro cada funeral, por eso de las canelas que les daba a los invitados del velorio. Sólo le vivieron dos, el Urbano y la Natalia, que ya nacieron pobres y a los que ella no vio crecer, porque se murió en el último parto que tuvo, ya de grande, pegada a los cincuenta años.

*
La debes haber conocido, pues era realegadora y cada rato andaba en pleito con las marchantas en la plaza del mercado porque le querían dar muy caro los jitomates; pegaba de gritos y decía que la estaban robando. Después, ya de pobre, se le veía rondando entre la basura, juntando rabos de cebolla, ejotes ya sancochados y alguno que otro cañuto de caña "para que se les endulzara la boca a sus hijos".

*
Tenía dos, como ya te digo, que fueron los únicos que se le lograron.

Después no se supo ya de ella.

*
Ese Urbano Gómez era más o menos de nuestra edad, apenas unos meses más grande, muy bueno para jugar a la rayuela y para las trácalas. Acuérdate que nos vendía clavellinas y nosotros se las comprábamos cuando lo más fácil era ir a cortarlas al cerro. Nos vendía mangos verdes que se robaba del mango que estaba en el patio de la escuela y naranjas con chile que compraba en la portería a dos centavos y que luego nos las revendía a cinco. Rifaba cuanta porquería y media traía en la bolsa: canicas ágatas, trompos y zumbadores y hasta mayates verdes, de esos a los que se les amarra un hilo en una pata para que no vuelen muy lejos.

*
Nos traficaba a todos, acuérdate.

*
Era cuñado de Nachito Rivero, aquel que se volvió menso a los pocos días de casado y que Natalia, su mujer, para mantenerse, tuvo que poner un puesto de tepache en la garita del camino real, mientras Nachito se vivía tocando canciones todas desafinadas en una mandolina que le prestaban en la peluquería de don Refugio, nosotros íbamos con Urbano a ver a su hermana, a bebernos el tepache, que siempre le. quedábamos a deber y que nunca le pagábamos, porque nunca teníamos dinero. Después hasta se quedó sin amigos, porque todos al verlo, le sacábamos la vuelta para que no fuera a cobrarnos.

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Quizá entonces se volvió malo, o quizá ya era de nacimiento.

Lo expulsaron de la escuela antes del quinto año, porque lo encontraron con su prima la Arremangada jugando a marido y mujer detrás de los lavaderos, metidos en un aljibe seco.

Lo sacaron de las orejas por la puerta grande entre la risión de todos, pasándolo por en medio de una fila de muchachos y muchachas para avergonzarlo.

*

Y él pasó por allí, con la cara levantada, amenazándonos a todos con la mano y como diciendo: "Ya me las pagarán caro."

Y después a ella, que salió haciendo pucheros y con la mirada raspando los ladrillos, hasta que ya en la puerta soltó el llanto; un chillido que se estuvo oyendo toda la tarde como si fuera un aullido de coyote.

Sólo que te falle mucho la memoria, no te has de acordar de eso.

*

Dicen que su tío Fidencio, el del trapiche, le arrimó una paliza que por poco y lo deja parálisis, y que él, de coraje, se fue del pueblo.

*
Lo cierto es que no lo volvimos a ver sino cuando apareció de vuelta por aquí convertido en policía. Siempre estaba en la plaza de armas, sentado en una banca con la carabina entre las piernas y mirando con mucho odio a todos. No hablaba con nadie. No saludaba a nadie.

Y si uno lo miraba, él se hacía el desentendido como si no conociera a la gente.

Fue entonces cuando mató a su cuñado, el de la mandolina.

*
Al Nachito se le ocurrió ir a darle una serenata, ya de noche, poquito después de las ocho y cuando todavía estaban tocando las campanas el toque de Ánimas. Entonces se oyeron los gritos, y la gente que estaba en la iglesia rezando el rosario salió a la carrera y allí los vieron: al Nachito defendiéndose patas arriba con la mandolina y al Urbano mandándole un culatazo tras otro con el máuser, sin oír lo que le gritaba la gente, rabioso, como perro del mal. Hasta que un fulano que no era ni de por aquí se desprendió de la muchedumbre y fue y le quitó la carabina y le dio con ella en la espalda, doblándolo sobre la banca del jardín, donde se estuvo tendido.

*
Allí lo dejaron pasar la noche. Cuando amaneció se fue. Dicen que antes estuvo en el curato y que hasta le pidió la bendición al padre cura, pero que él no se la dio.

Lo detuvieron en el camino. Iba cojeando, y mientras se sentó a descansar llegaron a él. No se opuso. Dicen que él mismo se amarró la soga en el pescuezo y que hasta escogió el árbol que más le gustaba para que lo ahorcaran.

Tú te debes acordar de él, pues fuimos compañeros de escuela y lo conociste como yo.
  

*

A leer:

http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/juanrulfo/

http://www.sololiteratura.com/rul/rulobras.htm

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Ilustracion: QikruxBlog

http://www.qikrux.com/juan_rulfo.htm

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Richard John BENET

Richard  John  BENET

Ricardo Juan Benítez, seudónimo: Richard John Benet, nacio el 28/11/1956 en Buenos Aires, Argentina  

PREMIOS: Segundo puesto, Vº Concurso de Cuento y Poesía de la Asociación de Arte y Cultura de Merlo (Argentina) por el cuento: “Noche de bruma y silencio”. Grupo El Fausto (España)  Primera Mención de Honor,  Concurso de Cuento y Poesía, por el cuento: “El hombre de marrón del fondo de mi casa” 

PUBLICACIONES: Antología del Vº Concurso de Cuento y Poesía de la Asociación de Arte y Cultura de Merlo (Argentina) Segundo puesto: “Noche de bruma y silencio”. Antología compilada por el escritor y poeta César Melis “La trama y las sombras” (Editorial Dunken) Concurso del año 2005. Cuento: “Insensatez” 

E-mail: ricardoacade@hotmail.com

ricardoacade@yahoo.com.ar 

SITIOS: www.agonia.net

www.sanesociety.org 

www.lacasadeasterion.net

www.arihua.net 

LIBROS:ALMIAR Margen Cero (España) Cuento: “Mente asesina” Resonancias Org. (Franco-argentina) Cuentos: “Mente asesina” y“ La leyenda del vagabundo de Viena” Proyecto Scherezade (Universidad de Manitoba, Winnipeg, Canadá) Cuento: “Instrucciones para el sepelio de una mula” Portada Marzo 2006 

BLOGS: Tomás Hotel (Francia), Alma de Luciérnaga (Israel), Los discípulos (Argentina), El Fausto (España)   

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Mente asesina 

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El hombre estaba al final del callejón sin salida, en más de un sentido. Estaba alerta, al acecho. Esperaba su presa. Como un animal olfateaba el miedo y la debilidad de su potencial víctima. Sabía también que él a su vez se había convertido en un blanco móvil. Que hacía tiempo que él lo perseguía y que aquella noche finalizaría todo, de un modo o de otro. El tipo pensaba:


-“Tal vez fuera mejor que alguien me detenga. Ya no puedo seguir haciendo esto. Pero solo quiero una muerte más antes de morir. Matar es una droga. Me causa placer. Siento los gritos, me maldicen… me suplican ¡Piden que los mate de una buena vez! Pero me tomo mi tiempo; no tengo apuro. Luego en un éxtasis final, cubierto de su sangre, grito y bailo ¡todo concluyó!


Ahí viene el arrepentimiento los gritos en mis pesadillas. Ya no puedo arreglarlo ¡Lo que hice está hecho! Entonces juro que va ser la última vez, que no lo voy a hacer más, que voy a ser un chico bueno.


Recuerdo la vez que fui a pedir ayuda a aquel cura. ¡Pobre! Lo desollé sobre el altar. Tal vez si me apresara la policía, podría argumentar que me había poseído el demonio. O cuándo mate a la madre del estúpido que me persigue, pensó que me podía ayudar.  Me ayudo ¡Claro que me ayudo! Todavía escucho sus aullidos:


- ¡No! ¡No, hijo, no!-Mi cuchillo pedía sangre-¡Hijo!... ¡NO! El muy débil pensaba que podía conmigo; hacia años me perseguía. Yo tenía la sensación que si no me había atrapado es por que no quería. Estaba eludiendo el encuentro final. Por lo menos hasta aquella noche.


Mejor reviso mi arma.

-“El asesino tomó la automática con su mano derecha. Con la izquierda retiró el cargador. Tiró de la corredera, en la recámara no había ningún proyectil. Puso el seguro y examinó el cargador. Estaba completo. Aunque una sola bala le alcanzaría. Colocó el cargador y tiró nuevamente de la corredera. Quitó el seguro. Luego con la punta de los dedos acarició el cabo de asta del cuchillo de monte que llevaba entre sus ropas.


En el mismo callejón, casi en el mismo lugar estaba el perseguidor. Había terminado de comprobar el estado de su arma. Al tipo lo consumía el ardor de la venganza. Su propia madre había muerto a manos de aquel sádico hijo de puta. Y él tuvo la sensación de haber nacido aquella noche; en que su mamá le suplicaba a aquel tipo llamándolo hijo. ¡Hijo! De todas maneras el sujeto le había dado un sentido a su vida. Durante años se preparó para aquel momento. Ahora no se podría escapar… estaba en un "cul de sac". 

Y le daba la impresión que el turro en realidad deseaba terminar con aquello. Le repugno la idea de estar haciéndole de alguna manera un favor. Pero hoy lo tenía que matar. Y mientras pensaba:


-“Este guacho mató a mi vieja. ¡Nada de capturarlo con vida! Es más… estoy seguro que si no lo ejecuto hoy todo comenzaría de nuevo. Tengo que matarlo por el curita, por mi mamá y por tantos otros a los que él no les tuvo compasión. Tengo que matarlo para evitar más muertes, más víctimas… más dolor.


No me tiene que importar que tuviera una infancia difícil. Yo también tuve lo mío. Un padre alcohólico y luego ausente. Mi madre… bueno, ya se sabía. Luego la calle, las compañías pesadas. Mi vida había sido y era ardua. Calculaba que el otro tampoco la tendría fácil. Tenía que lidiar con sus propios demonios. Yo sabía que era un enfermo. Pero, ¡No!... esta vez no. Ya se me había escurrido demasiadas veces de entre mis manos. ¿Tal vez lo hubiera dejado escapar a propósito? ¿Le tenía temor? ¿No lo quería enfrentar?


Como fuera esta noche no tenía opciones. Los dos estábamos en el mismo lugar, todo tenía que concluir.

-“El vengador tocó la tranquilizadora superficie del arma. El frío del metal. El poder que emanaba de tan solo sentir en la mano su peso.


El asesino tenía el arma en su mano. Cavilaba:


-“El imbécil cree que puede conmigo. ¡Está loco! Si me llegara a matar es tan solo porque yo lo dejara. Porque quiero terminar con los llantos y los gritos en mis sueños. Con la culpa. Pero… si pudiera atraparlo. Reducirlo y tenerlo a mi merced. Podría estrenar mi cuchillo con él. La hoja me llevó semanas para templarla. Lo podía ir mutilando de a poco, mientras le contaba lo que le había hecho a su vieja. Le explicaba lo de los chillidos y los ruegos. Los mismos que daría él. ¡Tipo duro! El infeliz no sabía lo que era una vida pestilente. Representaba todo lo que yo odiaba de la sociedad esos estúpidos que no me comprendían. ¡Que me rechazaban! ¡Me odiaban! Tanto como yo los odio a ellos. ¡Si pudiera mutilarlos y matarlos a todos, malditos orgullosos!


Pero vamos por partes, ahora tengo que terminar este asunto. 

-“Empuñó con decisión el arma. El cañón apuntando al lugar correcto. El dedo sobre el percutor.


En ese preciso instante el otro tomó la misma disposición. La pistola preparada. Apretando el gatillo.
Ambos escucharon el estampido. Ambos murieron con esa misma sola bala.
  

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Ilustración: Steve ADAMS

http://adamsillustration.com/

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Richard John BENET

Richard  John  BENET

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E-mail: ricardoacade@hotmail.com

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El hombre de marrón del fondo de mi casa 

“A Gila”  

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Jamás había tenido un golpe de suerte en mi vida. Cuándo me dijeron que había heredado una casa pensé que me estarían haciendo algún tipo de broma pesada. Pero no fue así. El caserón quedaba en el barrio de Caballito. Todavía sobrevivían algunas calles adoquinadas y la mayoría de las construcciones eran bajas. De esas casas que llaman “tipo chorizo”. La entrada era por un zaguán, con puerta y contrapuerta. Eran de marco de madera y vidrios repartidos. Los herrajes y la aldaba eran de hierro fundido. Luego de un hall de recepción, se entraba a un patio enorme y embaldosado. Lo cubría una parra de hojas tupidas. Hacia la derecha había una escalera de mármol  cuyo primer descanso daba una pieza. Al final se entraba a la terraza. 

Todas las piezas, una detrás de la otra, daban sobre el patio. En este había unas cuántas macetas con flores y plantas; y un jaulón, que en sus mejores épocas, seguro, estaría lleno de canarios y cardenales. Al final del patio (lo que parecía el final) había una cocina. Detrás de ella, proseguía el patio, y había un par de piezas más y los baños. 

Mentalmente hice la lista de elementos. Pintura al aceite y al látex, pinceles, aguarrás, clavos, machimbre, algunas chapas para reparar el techo de la galería. Después tenía que revisar los desaguaderos y la instalación eléctrica. De hecho, tuve que comprar una llave térmica, porque la que había era con tapones y estaba destruida. 

Después de dos semanas de arduo trabajo casi había finalizado. Entonces ocurrió aquello. 

-¿Te enteraste que hay un tipo de marrón en el fondo de casa?- Estaba chupando la bombilla tratando de tragar el mate casi hirviendo que me cebaba Susana. No solo escupí por la boca, sino que un poco se fue por la nariz. Total, que me queme la garganta y las fosas nasales. Y tosí como un condenado. 

-¿Qué dijiste?-

-Un tipo de marrón. Lo vi esta mañana.-

-¿Y?-la miré incrédulo- ¿Qué hiciste?-

-Nada… te lo digo a vos-entornó los ojos con aire conspirador-sos el hombre de la casa.  Tenés que ir a hablar con él.-

-¿Si? ¿Y que le digo?-el esófago me ardía, y no era de acidez- Buenas, señor ¿Cómo está? ¿Le incomoda que viva en mi propia casa?- 

-Nuestra… nuestra casa…-

-Claro, nuestra casa-de nuevo la miré esperando que me dijera que era una broma-¿Por qué no empezaste a los gritos?-

-¿Porqué? Si el pobre viejo ni se escuchó en todo este tiempo.-

-Bien, ¿Y porque no lo invitas a cenar?-

-¡Ay! ¡Haceme el favor!-ahora ya estaba alterada- anda a hablarle, para saber quién es. O si no mejor… hablá con la inmobiliaria, a ver que te dicen.- En la inmobiliaria, me dijeron que tenía que hablar con la escribanía. Y en la escribanía que tenía que hablar con mis tíos, a ver si sabían algo. No sabían nada.-Mirá nene-para mi tía siempre era el nene- creo que la abuela Jacinta me habló de un señor. Creo que era carpintero, y que le subalquilaban una piecita. ¡Pero hace tanto! No se más nada.- Mi tío, como siempre, no sabía nada de nada. Excepto armar su pipa para ir a fumar a la vereda.

-¿Qué vas a hacer?-Susana me miraba casi con lástima.

-¿Y si voy a la comisaría?-

-¡No lo puedo creer! Me casé con un hombre sin huevos. ¿Qué te van a decir en la comisaría? ¿Sabés cuántas casas tomadas hay en el capital?-

-Una casa tomada… significa varias personas, acá estamos hablando de un viejo.-

-Ese es el tema-me dijo socarrona-un viejo. Mañana sacalo de las solapas a la calle, tonto.- Al día siguiente llegué hasta la piecita. Estaba al fondo, al lado del baño más pequeño. Había un tema, y que no era menor. Yo jamás lo había visto cuándo hacia las reparaciones. Tampoco cuándo, necesariamente, el tipo tuviera que hacer sus compras. ¿Habría alguna entrada secreta que yo no conocía?-Dejá, viejo-la voz de Susana a mis espaldas- ¿Qué mal puede hacer? Los chicos lo quieren, están horas con él.-

-¿Los chicos? ¿Esteban y Paula? ¿Nuestros hijos?-

-Si, lo adoran.-

-Pero… ¿Si el tipo es un pervertido? Pensá, si les hace algo.-

-Boludo, ¿Cómo podés…?-

-Esas cosas ocurren, no es ninguna novedad…- El asunto, es que me convenció. Pero en la semana ocurrió algo, que me decidió a enfrentarlo.-¿Qué es eso que tenés ahí, Paula?-

-Un crucifijo, me lo hizo el señor de marrón…-

-Ni siquiera le conocés el nombre…-

-No, le decimos abuelo.-

-¿Me lo dejás ver?-lo tomé en mis manos. Yo nunca había sido demasiado creyente, pero el contacto con aquel crucifijo me sensibilizo. Era como si la madera irradiará tibieza, y calma.

-Papito… ¿Estás llorando?- Tenía un nudo en la garganta, y las lágrimas caían por mis mejillas a raudales. No podía dejar de acariciar la imagen del Jesús crucificado y sufriente.Paula había ido a buscar a su madre, y volvió con ella y con su hermano. Los tres me miraban sin entender demasiado. Creo que jamás me habían visto llorar; ni yo entendía que pasaba. Me acerqué a Susana y le di el crucifijo, y dejé de llorar instantáneamente. 

Susana lo miraba con los ojos vidriosos, pero en ningún momento rompió en llanto.

-¿Qué vas a hacer?-

-Primero quiero el crucifijo envuelto en alguna tela. Después, mañana a la mañana voy a hablar con este hombre.- Temprano me levanté, y salí a caminar por el barrio. Puse mi mente en blanco y disfruté de los primeros rayos del sol. Algunos chicos con sus guardapolvos blancos iban al colegio entre risas y gritos. Una señora paseaba su diminuto perro, y el carnicero estaba abriendo su negocio. Trate, sin mucho éxito, de no pensar en el extraño incidente de la noche anterior. Después de caminar unas cuántas cuadras, decidí volver bordeando las vías del tren. Pasó uno con su acostumbrado chillido a hierro sobre hierro. 

Ya estaba decidido. Era el momento de hablar. Pero al doblar la esquina me encontré con que algo andaba mal. Un patrullero estaba frente a mi casa y una comisión policial esperaba en la entrada. También había una ambulancia, y estaba llegando otro patrullero.

-Perdón… ¿Usted es el dueño de casa?-

-Si…-

-¿Me podría acompañar?- Entré, y en el hall estaban Susana y mis hijos. Me miraron en silencio y conmovidos.

-Por acá, señor.- El oficial me indicó la cocina. Pero seguimos, hasta el fondo. La pieza del hombre de marrón.-Buenas… disculpe ¿Usted sabía de esto?-

-Bueno… mi señora me había comentado algo, y yo…-

-¿Por qué no nos llamó de inmediato?-

-Pensé que yo podía manejar la situación-Los policías se miraron perplejos-No los quería molestar por una pavada… después de todo venía a hablar con él…- Ahora si, los tipos me dedicaron una mirada que mezclaba el asombro con la reprobación.-¿Y se puede saber como iba hacer eso?-La voz del oficial sonó burlona.-A eso venía, cuándo…-

-Espere-levanto la mano-sígame… así me explica mejor.- 

Al entrar en la habitación, varias sensaciones me invadieron. El sentido olfativo fue castigado por un hedor a encierro. Humedad, como a hongos putrefactos. Un calor propio de las piezas que han estado mucho tiempo cerradas. Varias personas, algunas con guardapolvos y guantes de látex, rodeaban la cama.-El cadáver está momificado, por eso no despedía olor-unos de los de guardapolvo estaba hablando-Tendremos que hacer algunos estudios, pero la muerte data de unos cuántos años. El policía me miraba burlonamente. Yo miraba el crucifijo de madera que pendía sobre la cabecera de la cama.-Bien… ¿Me puede explicar?-

-Perdón, oficial ¿Usted habló con mi señora? ¿Con los chicos?-

-Si… pero están algo alterados, preferí esperar a que se tranquilizaran.- Salí de la habitación seguido por los dos policías, y me dirigí al comedor.-Susana ¿Dónde está el crucifijo?-

-Ahí… está envuelto en la franela…- Me acerqué al trapo amarillo sobre la mesa, y lo abrí. No contenía nada. Solo atiné a alzar la mirada, y mirar a los míos que tenían la congoja mezclada con el desconcierto.  

Ilustración: Robert Dickerson

http://www.dickersongallery.com.au/artists/dickerson/dickerson.html

 

SILSH

SILSH

Silsh, porteña enamorada de Buenos Aires y del Río de la Plata, que desde los cuatro años juega a armar palabras. Incansable "laburante" que quiere seguir resistiendo en su complicado país y que alimenta su costado sensible a través de la escritura para poder vivir y darle sonido a su voz interior. Adicta al "pucho" y al "mate" además de ser una apasionada por la lectura y la música que, de curiosa, se recibió de Lic. en Publicidad dejando inconcluso su antiguo amor por la bioquímica.Ha publicado su libro de poemas "Descalza y con sombrero" (Letramundi-Argentina) en el 2004. 

E-mail : silsh@arnet.com.ar 

Sitio Web : http://silsh.webcindario.com/      

*

SOMBRA 

Esa arpía  

que amanece

conmigo

apoyada en

mis pasos

que come

de mi boca

y tuerce

perspectivas

no cesa

de inferirme

su verdad

cuando

la observo

encorvarse

despacito

sobre

paredes

blancas

con su

mueca 

chinesca

hacia el 

último

acto

previo

a su

de

sin

te

gra

c 

i

ó

n. 

*

 

Oscar PORTELA

Oscar PORTELA

 

Oscar Portela, nacido en la provincia de Corrientes (República Argentina) el 5/13/50, es considerado hoy por las más importantes voces de la literatura de su país, como una de las más potentes voces de la poesía y el pensamiento latinoamericano.

Administrador Cultural, ha ocupado importantes funciones en su provincia y ha integrado por dos periodos consecutivos la Comisión Directiva de la Sociedad de Escritores de la Argentina, presidente de la misma entidad en su Provincia, Director de revistas como Tiempo y Signos, entre otras, es y a sido Asesor de Cultura de la Honorable Legislatura de la Provincia de Corrientes. Doce títulos de su obra poética editadas (Senderos en el Bosque, Los Nuevos Asilos, Memorial de Corrientes, La Memoria de Láquesis, etc), y obras ensayísticas en las que se ocupa preferentemente del pensamiento filosófico contemporáneo, (Nietzsche sonámbulo del día), le han valido la consideración de importantes pensadores de su país. Ha publicado en España, México, Venezuela, Paraguay, y casi todos los medios de prensa de la Argentina y dictado conferencias en España, Paraguay y provincias Argentinas. Asimismo es especialista en critica e historia del cine y es autor de letras de obras musicales en su mayoría inéditas. *

E-mail : portelao@hotmail.com
Página personal : http://www.universoportela.com.ar/ 

Otra : http://www.arrakis.es/~joldan/oportela.htm

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Carta abierta a un amigo desconocido.

Heidegger y su interpelación a la Ética

(las aporías del Irán)

*

Mi querido forista y amigo: su apasionamiento me insta a contestarle brevemente: el idioma alemán está acuñado como el mar por la polifonía de infinitos dialectos: a ellos acudió Heidegger para destrabar el sistema de representaciones propia de la lengua metafísica. Y a ello se refirió cuando hablaba de la "fallida experiencia de Ser y tiempo" sin abandonar éste camino, sino profundizándolo desde aproximadamente el año 29.

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El tema del habla del "afuera" caro a Blanchot. Usted dice el ser está "ahí"  y yo le contesto es ser nunca esta "ahí": hombre y ser en su co-pertencia para mantenerse a si propios, puros, son la propia indigencia del "daseyn" que nuca es solo un "ahí "sino un estar expuestos" y a la intemperie del claro (lichtung) de lo abierto.

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¿Pero que deja que el ser deje jugar luces y sombras en lo abierto?: Creo haberle contestado ya y me alegra de que el correo le haya llegado: no la nada nadeante (leibnitziana) como lo interpretaron muchos o casi todos sino la nada como franquisia que deja ser lo que usted llama "ahí": tampoco para Dios existe un "ahí": vuelba a "Carta sobre el humanismo": primero tratemos de lo sagrado para abrir surcos que nos conduscan a lo divino afirma Heidegger.

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Yerra usted al entender que soy heideggeriano:no hay nostalgia de lo uno en mí: soy si nietzscheano: el único hombre que se batió con todas las espadas contra la idea de lo "uno" y su totalitarismo ontoteológico. Por último considero con Heidegger que no existen "refutaciones" en el campo del pensar esencial.

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Pena que no podamos asistir a un Seminario sobre el tema, porque entienda usted que estos envíos ni son bocetos de lo que debe exponerse.
Lea usted mi "Heidegger pensar y  poetizar"  y verá que todo sus temas giran alrededor de su interpretación de lo que constituye el "ethos"....y es en éste sentido en el que se debe leer su "Serenidad" en los tiempos de la "gestell" o el ordenamiento y la producción étnica de lo real. Guerras, patologías psiquiatricas, producción técnica, serialización del deseo.

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Llevar la guerra hasta Irán es la revelación de un "ethos" con un "thelos" maniqueo: el definitivo Apocalipsis de un logos indeterminado y el estallido de esa cultura planetaria en que se ha consumado en "metafísica".
   

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Ilustración: Siegfried Woldhek ( http://www.woldhek.nl/index.asp)

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Adriana GOÑI GODOY/Andres BIANQUE

Adriana GOÑI GODOY/Andres BIANQUE

Adriana Goñi adrianagoni@tie.cl

Andres Bianque andresbianque@hotmail.com                

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La Victoria de André Jarlan

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            No. No era sólo que asesinaran a un ser humano allá a lo lejos en un lugar remoto que nadie conocía. No eran manchas escarlatas que de vez en cuando interrumpían el cuadro limpio de nuestra patria.

            Podía ser cualquiera, la muerte y hay que ser enfático, la muerte se limpiaba las uñas sucias en cada esquina de Chile. Todos eran sospechosos. Todos eran cuasi culpables. El germen inducido de la dictadura era, no confiar, no hablar, no fiarse de nadie. Encerrarse en las casas masticando su inducida televisión, escuchando sus selectos programas radiales.

            Los asesinatos no fueron coincidencias, los asesinatos estaban a la orden del día y de la noche, a la orden militar marcial contra todo un pueblo. Pueblo pobre por supuesto, a los ricos se les trató afablemente.


            En verano se cortaba el agua a raíz de precarias y mediocres instalaciones. Caminaba la gente con sus botellas de plástico, sus ollas tiznadas, sus baldes viejos recolectando la preciada agua.

            El hilo de plata transparente era fino y delgado, las botellas se llenaban lentamente. A medida que el agua iba llenando los trastos, también los corazones se rebalsaban de penuria, tristeza y mil necesidades insatisfechas. 
            En invierno se cortaba la luz a raíz de precarias y mediocres instalaciones. La ropa manchada de vela era tan común, como el hambre de esos días.
            A ninguna autoridad le importaba mucho el asunto. De aquella manera se mantenía a los pobladores en sus casas. Tranquilos, con la retina triste de luz, meditabunda de oscuridad.

            Además había un poder más grande que todos nosotros, que nos mantenía en la más completa oscuridad y más que oscuridad, oscurantismo.

            Salvo que cuando la luz la cortábamos nosotros, los pobladores, los rodriguistas, los cesantes, los estudiantes, ahí, ahí nos les gustaba un carajo. 
            La frase, "La policía dispara siempre al aire, pero los chilenos vuelan" era aviso tragicómico para andarse con cuidado.

            La policía disparaba sin asco a quien fuese, a quien fuera. No sé si puedes entender eso. Niños, mujeres, perros, obreros, estudiantes eran todos el mismo blanco.

            Y la policía, los milicos y una tribu de cavernícolas adoradores del gran capital, Pinochet y la ambición entraban arrasando y saqueando dignidades y objetos que consideraran de valor.

            Ya que no sólo quitaban vidas, sino cualquier cosa de valor en sus tristes allanamientos.

            Y allí estábamos, mujeres, viejos, niños, jóvenes, humanos reunidos luchando contra un caníbal inmenso, tan inmenso que su sombra cubría al país más largo del planeta.

            Entre todos empujábamos grandes rocas a la calle, las bolsas de basura, los neumáticos, arbustos, botellas, palos, piedras, voluntades con la loca idea de detener a un toro sediento de sangre.

            Fuimos primos hermanos de la Intifada, piedras contra tanques, hondas contra balas, limón y sal contra la lacrimógena.
 
            Y la noche oscura se llenaba de luciérnagas fosforescentes, insectos luminosos buscaban dar en el blanco humano escondido detrás de un enjuto árbol moribundo.
            Los afortunados, sólo experimentaban taquicardia y una desértica asma que erosionaba el pecho, los pulmones y la boca.

            Los de segunda categoría sólo recibían balines o balas de goma o como sea que se llamen.

            Por lo general, se anidaban en la espalda de aquellos que corrían a lugar seguro ante la embestida de bestias color verde dinero.

            Han pasado más de veinte años y aún los hoyos, las cicatrices, y las heridas de esos insignificantes balines mantienen su autógrafo de brutalidad sobre la piel de miles.

            Los menos afortunados de todos, caían como patos indefensos ante la bala que les laceraba la carne. Unos, se quedaban allí tendidos implorando ayuda, y cientos de ojos lloraban impotentes por entre las rendijas de no poder salir, de no poder ayudar a ese ser humano tendido, vencido ante el plomo.

            El lamento, coronaba la oscuridad reinante hasta que llegaban los mismos cazadores que habían disparado sobre su presa deseada.

            Y allí mismo le curaban el dolor con un disparo de gracia o lo  anestesiaban a patadas, con sus corvos le cortaban el pelo a machetazos con cuero cabelludo y todo y lo dejaban abandonado a su suerte. De esa manera sería un ejemplo viviente de escarmiento para los demás.

            Los otros, los que se aguantaban la sangre con las manos, se quedaban esperando a esos compañeros que eran doctores o veterinarios o ayudantes de enfermera a que vinieran a sacarles ese colmillo de acero hundido sobre el hueso.

            Las más de las veces, ir a un hospital era ir directamente al matadero. La policía, informantes, agentes secretos, infiltrados, apostatas y toda la fauna carroñera y la flora yerta, esperaban pacientes que alguien cayera en sus redes alguna noche de protesta.

            Las casas, tenían sólo el nombre, eran hogares, pero el título de casas era un tanto exagerado.

            Un hombre medianamente fornido podía destruir con sus manos esas penosas imitaciones de viviendas.

            Cuatro palos enterrados en el suelo. Por cada sección una corrida de tablas desnutridas. Una montada sobre la otra, para evitar que el frío y el viento entraran como Pedro por su casa.

            Y de corolario, sobre el techo, un puñado de fonolas. Fonolas que no eran más que cartón embetunado con alquitrán y de forma acanalada para evitar que el agua se juntara sobre el.

            Fácilmente, con un clavo de tres pulgadas se podía atravesar completamente esas viviendas conocidas como mediaguas (Insigne invento Chileno)
            Las ventanas premiadas tenían vidrios, las otras sólo plástico. El seguro de la puerta era un clavo doblado a modo de picaporte. Una verdadera fortaleza. (Una verdadera fortaleza era el vivir en esas condiciones)

            Entonces, aquí viene la parte increíble para nosotros, cotidiana para ellos.
            Impotentes de cazas fallidas, la policía y los militares, sabían que sus presas se escondían en aquellas carpas y tiendas de cartón y tablas descarnadas.

            Entonces comenzaban a disparar a esas mismas casuchas indefensas. No les importaba nada.

            Mataron a Marta Cano, madre de dos hijos, allá en la Población de La Pincoya. Asesinaron, niños, mujeres, ancianos, perros y gatos amanecían muertos de un disparo anónimo con procedencia conocida, reconocida y mantenida.
            Y dentro de esos inservibles seres humanos que éramos para ellos, mataron a André Jarlán.

            Un franco pastor de ovejas malmiradas allá en la legendaria y combativa población de La Victoria.

            La pólvora preñada de muerte expulsa su munición.

            La bala busca entre las casas.

            La bala quema la tabla, taladra la madera y busca su destino.

            La bala le perfora la cabeza al padre francés.

            Y la bala se duerme dentro de los sueños de André.

            Luego, éste cae como una hoja sobre las hojas de la Biblia.
           El 4 de septiembre de 1984, como a eso de las 18:45, mientras leía las sagradas escrituras, en el segundo piso de su rancha, cae muerto, víctima de un balazo el padre Francés André Jarlán

           Aún se busca al autor de los disparos.

           ¡Verdad hay! ¿Justicia Cuándo?

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Andrés Bianque
04/09/2006.

Aldo NOVELLI

Aldo NOVELLI

 

Aldo NOVELLI, escritor argentino nacido en el Neuquén en 1957. Autor de los poemarios inéditos Heridas del naufragio, Delicias de la vida cotidiana de la vaca, Camino cansado entre cuerpos, La noche del hastío, Pasajeros del vacío, Escombros, Tratado elemental de Alquimia, Curso Iniciático de Magia, Tierra de Prodigios y Libros personales, así como el libro de cuentos Heterónimos. En 1992 ganó el 3r premio del Concurso de Poesía de la Fundación del Banco Provincial de Neuquén. Cursa la Licenciatura en Letras. 

E-mail :aldonovelli@yahoo.com 

Paginas: http://www.elortiba.org/aldonov.html 

http://www.arrakis.es/~joldan/anovelli.htm

http://marianallano.com/node/61   

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Salvador green 

Desde hoy voy a darle un sentido a mi vida,

dejaré de beber como un desahuciado

de fumar como un escritor solitario

y de fornicar como un animal en celo. 

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Voy a cambiar radicalmente mi vida.

Ya basta de orgías desenfrenadas con mujeres sin fe

de apostar a la muerte en cada golpe de dados

de beberme el alba en alcoholes baratos

entre borrachos y poetas fantasiosos.

Me quitaré de la cabeza la idea de que el progreso fue un fracaso

de que el mundo es un deshecho de esta ambición sin fin

y que la llamada especie humana ha desaparecido definitivamente.

Dejaré de escribir papeles inútiles que nadie lee

intentando ganarme no se que cielo prometido,

el cielo está contaminado de misiles nucleares

y los ángeles murieron carcomidos por la radiación. 

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Ya no buscaré flores en el desierto

para dárselas a ellas como ofrenda de amor. 

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Voy a darle un vuelco a mi vida.

Me afiliaré a los buenos de Green Peace

formaré una fundación con artistas y deportistas

preocupados por los animales,

y me dedicaré enteramente a salvar al peludo patagónico

de las garras de los charanguistas.

Si bien aún no es una especie en extinción

pero si seguimos así, pronto lo será

el folklore los exterminara dentro de poco tiempo,

hasta usarán al quirquincho bola para jugar al fútbol playero.

¡No quiero ver ese día! 

.

Seguirán muriendo de hambre niños en Bangladesh,Tucumán o Etiopía

continuarán muriendo mujeres y hombres del tercer mundo

de enfermedades curables en el primer mundo,

pero sepan ustedes una cosa

cuando desaparezcan los últimos sobrevivientes

el peludo patagónico estará vivito y coleando

y será gracias a mí

el salvador green de la patagonia.  

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