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ARCHIPIÉLAGO

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EDITORIAL ARCHIPIÉLAGO
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Perfil de la revista Archipiélago

Las páginas de Archipiélago. Cuadernos de crítica de la cultura, revista que nació en 1988, abren un espacio de reflexión, de crítica y de dispersión frente a la moderna barbarie civilizada. De crítica de lo obvio, de esas variantes laicas del destino que se ocultan bajo las evidencias tecnoburocráticas. De dispersión de razones y de enfoques, opiniones encontradas, reflexiones desde la filosofía, la literatura, la economía/ecología, la antropología, la lingüística, lo político... y todo desde la independencia del Archipiélago que, como reza nuestro lema, es un "conjunto de islas unidas por aquello que las separa". Su propósito, dar que pensar.

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Cada número de Archipiélago se articula en torno a un asunto que, con carácter semimonográfico, le presta el título. De ahí números sobre la Democracia, el Tiempo, la Razón técnica (Heidegger), el Caos, la Naturaleza, el Extranjero, la Cultura como espectáculo, los medios de transporte, la Ciencia, el Cine, la Medicina, las Drogas, el Neoliberalismo, sobre Música, Religión, Poesía, o sobre filósofos como Friedrich Nietzsche, Gilles Deleuze o Simone Weil. Sin embargo, la revista no se reduce al dossier monográfico. En realidad, la llamada "Carpeta" suele venir acompañada de un minidossier que reúne varios artículos dedicados a figuras o temas concretos y actuales. A modo de ejemplo van los dossiers sobre Félix de Azúa, Leopoldo María Panero, Ernst Jünger, José Jiménez Lozano, Hannah Arendt, Elías Canetti, Guy Debord o Félix Duque. Las secciones "OP. CIT.", "Biblioteca Archipiélago" y "Anaquel" son, además, otra cita fija y ofrecen a los lectores la oportunidad de ponerse al día con oportunas reseñas sobre las últimas novedades del panorama bibliográfico español [ver índice (1988-2002)].

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Archipiélago es miembro de la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE) y de la Federación Iberoamericana de Revistas Culturales (FIRC). 

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Gilles Deleuze: Pensar, crear, resistir (Carpeta n.17) 

Con este número, Archipiélago se convierte en la primera revista que asume el proyecto de presentar el pensamiento de Deleuze en nuestro país. Un proyecto arriesgado, sin duda, pero tanto más necesario cuanto que, si bien es cierto que su obra ha sido casi toda ella traducida al castellano, su importancia real contrasta sorprendentemente con su desconocimiento, no sólo ya en los ámbitos más genéricos de la Cultura, sino incluso en el más restringido de nuestros medios así llamados universitarios.

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No es, sin embargo, nuestra intención incurrir en las burdas retóricas de los géneros hiperbólico y profético. Nos hemos reído con Foucault (al ver cómo otros refunfuñaban) cuando declaraba, en un texto célebre, que "algún día el siglo sería deleuziano". Dejemos a los expertos en pesos y medidas, a los determinadores de escuelas y corrientes en el pensamiento (esa odiosa policía intelectual), la responsabilidad de las declaraciones grandilocuentes y el fatuo reparto de los galardones. Bien sabemos que no hay "reconocimiento" más que bajo un "sentido común" y alrededor de los valores establecidos: la tarea del filósofo como médico (diagnosticar los devenires en cada presente que pasa) no podría tener otro carácter que intempestivo. Nos limitamos a constatar la importancia que el pensamiento de Deleuze tiene para nosotros. Sin ese poco de amor o de admiración no tiene sentido escribir sobre nada.

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Pero si, efectivamente, una cosa es el mercado cultural y otra bien distinta, el pensamiento, tampoco podemos aceptar que la filosofía quede restringida al ámbito estéril de la ruinosa competencia académica, mientras los mas media se encargan de ocupar el territorio abandonado con su empresa reaccionaria de cretinización e imposición del estereotipado reino de la opinión vigente. ¿Por qué pués Deleuze, pensador clandestino, entre nosotros? Michel Serres, en sus entrevistas con Bruno Latour, daba dos razones por las que consideraba a Gilles Deleuze un pensador ejemplar, doblemente ejemplar. En primer lugar, por su capacidad para huir de las autopistas del saber (la historia tradicional de la filosofía, las ciencias humanas, la epistemología), Deleuze le parecía un "ejemplo excelente del movimiento dinámico de un pensamiento libre e inventivo". Pero además, en segundo lugar, le volvía a parecer ejemplar en la medida en que, dice, el pensamiento filosófico lo ha vuelto "verdaderamente feliz, profundamente sereno", "el mayor elogio". Creación conceptual y alegría práctica: ambos aspectos, en realidad, son uno solo, la vida del pensamiento, la imagen del hombre libre. Otra manera de pensar, otra manera de vivir.

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Una ecuación bipartita recorre toda la obra de Deleuze: "pensar es crear" y "crear es resistir". El pensamiento es creación, y ello en un doble sentido: por un lado, según sus modalidades (arte, filosofía, ciencia) y los medios específicos de cada una, crea, respectivamente, sensaciones, conceptos y funciones; por otro, más profundamente, esa creación es, en un mismo movimiento, creación de nuevas posibilidades de vida. Este pensamiento de la creatividad no deja de ser "nuevo" en filosofía (lo nuevo sigue siendo siempre nuevo: las fuerzas que solicita en el pensamiento no son las del reconocimiento)... Si toda filosofía genuina era ya, en su actividad, creativa, un cambio radical de orientación marca su auténtica revolución copernicana, ese "filum" que atraviesa las denominaciones de escuela y caracteriza la imagen moderna del pensamiento: no se trata ya de pensar lo Eterno (la Verdad, las esencias, los universales), sino las condiciones que permiten una producción subjetiva de novedad, es decir, la creación (lo interesante, lo nuevo, el acontecimiento).

Pensar es crear, crear es resistir. Pues toda creación de vida es ya en sí misma resistencia: frente a la abyección y la imbecilidad del fascismo reinante que reduce toda vida a su macabra y zafia parodia, los libros de filosofía tanto como las obras de arte tienen eso en común, la resistencia "a la muerte, a la servidumbre, a lo intolerable, a la vergüenza, al presente".

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El pensamiento es ya directamente política: no sólo en tanto encuentra su motivación en la vergüenza de ser hombre (ante Auschwitz o Hiroshima, la Guerra del Golfo, etc., pero también ante la miseribilización de las consciencias y los modos de vida que nuestras sociedades han entronizado), sino además porque su creación rompe con el mundo de las significaciones dominantes y los valores en curso, se enfrenta a los poderes vigentes, e invoca al mismo tiempo un pueblo (virtual) que "todavía falta".

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La mayor parte de los textos que presentamos a continuación se han querido "con" o "a partir de", si no "entre", o incluso "para", en lugar de "sobre" Deleuze. Todos escritos especialmente para la ocasión (aparte, claro está, de las traducciones de los breves, pero fulgurantes textos de Foucault y Deleuze). En el mezquino universo cultural que nos rodea, tanto entusiasmo y tanta generosidad no tienen otra explicación: la generosidad que la propia generosidad de Deleuze suscita.

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Deleuze es un devenir-filósofo de "todo el mundo". De eso nos habla precisamente el conocido novelista
JESÚS FERRERO, quien abre la Carpeta con un grácil dibujo del pensamiento rizomático y fecundo de Deleuze, un pensamiento-acontecimiento que lleva la fecha de uno de sus Cursos en la desaparecida Universidad de Vincennes (El año del doble siete).

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Más que en el hilo tendido entre un sujeto y un objeto, el pensar, dice Deleuze-Guattari, se da en la relación del territorio y de la tierra.
SANTIAGO AUSERÓN nos entrega un pequeño anticipo de su trabajo en curso de geofilosofía sobre la relación del concepto con el medio hispánico, a partir de la noción de cristal (Deleuze a través del cristal).

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Una entrevista, según la expresión deleuziana, ha de abrir, multiplicar sus lados, hacerse función: "x explica y firmado z".

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TONI NEGRI responde a algunas preguntas formuladas por Santiago López Petit acerca de la naturaleza intrínsecamente política del pensamiento deleuziano (Deleuze y la política).

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De
LEOPOLDO MARÍA PANERO, excepcional poeta, todos recordábamos con especial afecto el prólogo a su antología de Lewis Carroll: llegaba con la frescura juvenil de nuestros primeros "Deleuze" y nos contagió su risa irreverente. Ahora, veinte años después y con las dificultades añadidas de su actual residencia en el Psiquiátrico de Mondragón, ha tenido la gentileza de sumarse a nuestra celebración (Sobrevolando Deleuze).
Quizá estemos más lejos de poder entender hoy, en nuestro país, la obra de Godard que la del propio Deleuze. La cretinización creciente de los circuitos comerciales de distribución (y de la mismísima autodenominada "crítica") ha hecho que su producción última permanezca en un estado de absoluta clandestinidad. Sabido es que Deleuze ha escrito dos libros de magnitud incomparable sobre el pensamiento del cine, pero
JEAN-LOUIS LEUTRAT, profesor del Departamento de "Cine y Audiovisual" de la Sorbonne Nouvelle, nos descubre (Deleuze-Godard: ida y vuelta de los hijos pródigos) una interfecundidad a otro nivel: el vaivén de las resonancias e interferencias entre dos obras y dos dominios, imágenes y conceptos, que se afirman mutuamente sin anular sus distancias.

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Del cine a la televisión. Una misma tarea, un mismo combate atraviesa todas las artes: desprender una Imagen de todos los tópicos, y erigirla contra ellos.
MIGUEL MOREY, reciente Premio Anagrama de Ensayo, dispone un pequeño montaje poético con textos de El agotado, uno de los escasos libros de Deleuze (sobre las obras para televisión de Beckett) todavía no traducidos al castellano, y lo titula con la bella fórmula blanchotiana, emblema de nictálopes: El sueño traiciona la noche.

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Podemos congratularnos también de contar aquí con la presencia inestimable, tan testimonial como afectiva, y cargada de un humor sutil, de dos grandes amigos de Deleuze, y filósofos reputados: René Schérer y Jean-Pierre Faye. Que el valor de una filosofía es su uso, la tensión que propulsa la flecha creadora para que otro arco la recoja y la relance más lejos, es lo que nos muestra
RENÉ SCHÉRER sirviéndose de las categorías enunciadas por Deleuze-Guattari en ¿Qué es la filosofía? para exponer su propio concepto de "hospitalidad": garante del funcionamiento de toda relación con el otro y consigo mismo, es, nos dice, el propio proceso de subjetivación individual y colectivo (Deleuze educador).

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JEAN-PIERRE FAYE nos descubre, por su parte, bajo su seriedad aparente, un humor propiamente deleuziano, que convierte la ontología en un extraño campo de batalla político donde se inscribe la revolución filosófica que destituye las esencias (el predicado-atributo) para substituirlas por los predicados-acontecimientos, que muda el ser-en por el ser-para (el mundo), y que recusa, en fin, toda tentativa de repristinación del sentido (pariente de las peores infamias) en favor de su incesante producción maquínica (La génesis ontológica deleuziana).

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De dónde proceden las canciones, dónde se origina el sentido y ese mínimo de orden que necesitamos para protegernos del caos, es la pregunta que
JOSÉ LUIS PARDO, veterano relevista del testigo deleuziano en nuestra lengua, desarrolla a través de una hermosa meditación sobre el ritmo y la música como Afuera del lenguaje, reversión pitagórica del estribillo filosófico que proclama "dejaos de músicas: el lenguaje es la casa del Ser" (Y cantan en llano).

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El Profesor de la Universidad libre de Bruselas,
PIERRE VERSTRAETEN (años de estudio y docencia de la obra de Deleuze le avalan), cuestiona desde posiciones hegeliano-sartrianas la concepción deleuziana de una "genitalidad" del pensamiento que se engendra a sí mismo sobre el fondo oscuro de la estupidez y las ruinas de un Cogito fisurado por la línea del tiempo (Yo es otro): sólo la asunción de la experiencia por una conciencia responsable de su acaecer, dice, puede conferir inteligibilidad a la creación.

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JORDI TERRÉ, nombre sin atributos ni referencias, desarrolla una serie de tientos o variaciones sobre unas cuantas fórmulas deleuzianas a propósito de la "vivencia trascendental" del pensamiento en su experimentación del Caos, germen de toda creación (Ojos rojos. Tientos sobre algunas fórmulas deleuzianas).

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Por último, hemos creído de sumo interés incluir en este número la publicación de cuatro textos que, si bien no son inéditos, permanecían lejos del alcance del lector español. En primer lugar, dos textos de Foucault. Una recensión de Diferencia y Repetición, el gran libro del 68: Ariadna se ha colgado (con su propio hilo, el hilo de la moralidad); y el ya célebre prólogo que escribiera para la edición norteamericana de El Antiedipo: Introducción a la vida no-fascista. Al reunir hoy la reseña y el prólogo (seis años median entre una y otro), podemos constatar una curiosa concurrencia: de ambos libros extrae Foucault un arma, un programa de vida y pensamiento, un modo de "subjetivación", una manera propiamente "deleuziana" de vivir... "manuales" que, si bien no han perdido nunca su "actualidad", se vuelven tanto más indispensables hoy para afrontar los "tiempos de fuerte reacción" y "neo"-fascismos proclamados que nos asedian.

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No acostumbra Deleuze a volver la mirada sobre el camino andado, tanto más cuanto no ignora que lo importante, lo único importante, está siempre por hacer. Por eso la traducción aquí del prólogo que realizó con Guattari para presentar la edición italiana de Mil Mesetas (quizá su trabajo más arriesgado y querido) tiene un valor singular, pues nos ofrece, a la luz del tiempo transcurrido, un raro testimonio de espectativas, propósitos y decepciones, a la vez que un resumen vertiginoso de los conceptos fundamentales que alimentaron los dos volúmenes de Capitalismo y esquizofrenia (Prefacio a la edición italiana de Mille Plateaux). Finalmente, traducimos otro texto del propio Deleuze, igualmente vertiginoso por su densidad intelectual y su contenida emotividad: se trata de la pequeña nota que escribió como homenaje póstumo para Félix Guattari, en el número 18 de la revista Chimères, la revista que ellos mismos fundaron y dirigieron hasta ese número. Esa sucinta presentación del trabajo de Guattari, cuya obra en solitario permanece totalmente desconocida en España (donde con frecuencia se olvida el carácter plural de esa firma que llamamos "Deleuze"), no servirá tal vez para llenar ningún vacío, pero puede de una vez ponernos en camino (Para Félix).
  

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Ultimo número: n.72
«Nueva derecha: Ideas y Medios para la Contrarrevolución»
  

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