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Revista Literaria AZUL@RTE

Jorge ETCHEVERRY

Jorge ETCHEVERRY

  

Jorge Etcheverry Arcaya Nació en Santiago de Chile en 1945, formó parte de la Escuela de Santiago y del Grupo América, agrupaciones poéticas de la segunda mitad de los sesenta, la primera de tendencia neovanguardista y la segunda más "comprometida". Fue coeditor de la antología 33Nombres claves de la poesía actual chilena.

En Canadá, donde lleguó en 1975 debido al "`pronunciamiento" militar, fue uno de los fundadores y miembros del consejo editorial de Ediciones Cordillera, la editorial chilena en Canadá.Ex profesor de filosofía y español en colegios secundarios en Chile, y ex profesor asistente en las cátedras de literatura chilena, hispanoamericana y española en el ex Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, (puros exes en Chile) se doctoró en literatura en la Universidad de Montreal. Ha leído presentaciones sobre literatura hispanoamericana y chilena, y sobre autores como José Donoso, Samuel Beckett, Pablo Neruda, Juan Rulfo, Nicanor Parra, Gabriela Mistral, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca, etc. en congresos realizados en Canadá, Quebec, Estados Unidos, Cuba, Inglaterra, Chile, México, países donde también le ha tocado leer poesía. Publicado textos poéticos en diversas revistas como Lar, Orfeo, Casa de las Américas, Trilce, Araucaria, Textos, New Canadian Review, Urgences, Existere, Revista Canadiense de Estudios Hispánicos, Contemporary Poetry, Ellipse y otras. Soy, con Daniel Hinostroza, poeta chileno residente en Montreal. Ha publicado también artículos y notas críticas en libros, revistas y periódicos y es adicto a las artes plásticas, habiendo contribuido con ilustraciones y dibujos a diversas revistas como Solaris (revista quebequense de ciencia ficción), Tabula Rasa, Carleton Literary Review y Poetry Halifax Darmouth, entre otras.   

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E-mail : jorgee@magma.ca 

Sitio Web : http://etcheverry.info/

http://www.escritores.cl/libros/hablativo/index.htm

http://www.eldorado-boreal.ca/

http://www.letras.s5.com/archivoetcheverry.htm    

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¡A tomarse  La Bastilla chiquillos!

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Desde ese catorce de julio de 1789, en que el pueblo de París, todavía farol de occidente a pesar de los gringos canutos que se comunican directamente con Dios para hacer negocios sin interferencia, y sus flamencos rosados, las masas se levantaron y asaltaron el símbolo del poder real, ésa no ha sido la única revolución traicionada, repitiendo el título de un libro del profeta armado Trotzky, donde describe a Stalin y sus burócratas sufructuando del trabajo de los revolucionarios que hicieron la revolución, dándole dachas a sus amigos, estableciendo nomenclaturas y nuevas clases, mandando a los disidentes de izquierda al patíbulo, cavando ya desde entonces la tumba de la revolución rusa.

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Pero no importa. Una y otra vez se levanta el pueblo, como en La liberté guidant le peuple, de Delacroix, para salir a las calles, atacar los símbolos del poder, la mujer de senos generosos y altivo perfil griego con la bandera tricolor, y los diversos ciudadanos armados, niños, adultos, petimetres y obreros. Para luego entrar en componendas y generar castas de políticos que a veces con hambres atrasadas o esquemas paranoicos terminan negociando la revolución, estableciendo sistemas carcelarios que proscriben la vida y la alegría, o mandan a sus propios pueblos a los campos de exterminio.

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Pero se insiste, y las masas seguirán saliendo a la calle, cuando más allá de las reivindicaciones concretas que justamente desean satisfacer, en medio de la huelga, la toma, alcanzan a entrever en el fragor de las consignas atisbos de ese otro mundo, ese cielo posible en la tierra, descrito en todas las utopías, en todos los paraísos de todos los libros sagrados, sin embargo quieren creer posible, al alcance de la mano. Y lo es, de alguna manera. Hasta que salen a la calle también con sus tanques los del Otro Lado, cuya existencia misma se define por la explotación y la opresión, sus servidores y lacayos, que se definen y obtienen su ser por la servidumbre a esos amos que a cambio les otorgan la identidad y el bienestar. Los adefesios del lado nuestro, que se meten en la pelea porque a ellos siempre les faltó algo, sus egos insaciables siempre se creen ultrajados, dejados de lado de prebendas y posiciones que creen merecer, y que siempre termina por organizar una nueva clase que se revuelca en los chiqueros del poder, y una vez más traicionan a la revolución, a la ciudad entrevista a veces en las acciones y manifestaciones. Porque ellos se van a morir y por lo menos hay que tratar de pasarla bien, de armarse su bolichito.

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Eso sin contar con los reales enemigos, que concertan todos los poderes institucionales, económicos y militares en su enferma concepción de un mundo y una humanidad organizados para la explotación y la ganancia. Pero siempre siguen, o seguimos, como la hidra de Lerna, sacando una cabeza tras otra, para ser cortadas tan pronto como aparecen. Como el caracol caracol, que de todas maneras saca su cachito al sol.

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Hasta que en una de estas, quién te dice, quién sabe, ganamos y nos mantenemos y agarramos de las patas a la utopía y la plantamos aquí para siempre.

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