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Revista Literaria AZUL@RTE

Salomón VALDERRAMA CRUZ

Salomón VALDERRAMA CRUZ

Palabra, planetas, núcleo, escapar:
como poemas
(fragmento)

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El poder en las manos del poder   

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«Y evitar La guerra del fin del mundo
Sobre Ficciones de palabras nuevas que hablan
De otras palabras antiguas como ruinas circulares
En Macondo para el hombre adulto y niño
A cómo de lugar la palabra es sin duda pacífica
Que a la palta le dice chátal
Que a la granadilla le dice quiero esa fruta que parece vidrio»

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De Repasando el secreto del vidrio   ¿En dónde está enraizado ese famoso principio del poder? Dónde se depositan las simientes del que puede o no puede; ¡será en los genes! El poder se inscribe o circunscribe como toda palabra, suprimida a consenso, en escaparate literal, metafórico y, por supuesto, transliteral. Según el Diccionario de la RAE (Real Academia de la Lengua Española), poder significa: tener expedita la facultad o potencia de hacer algo; dominio, imperio, facultad y jurisdicción que alguien tiene para mandar o ejecutar algo; además de otras, bien, acordadas acepciones. Pero, qué verdadera o falaz importancia representa el, tener, poder. Será porque todos, de una u otra manera, recordamos, en algún momento de nuestras valiosas y muy exiguas vidas, ese afán del hombre que vivió y lo manejó todo o, al menos, un resquicio de ese todo humano. Y así lo vemos, hasta en los animales, que en un principio científico y filosófico manejan otros códigos, o acuerdos, entre ellos: el contexto de los leones, los elefantes marinos, los perros salvajes y hasta el escarabajo hércules.

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Claro; ¿Quién recuerda al que nada tuvo? Al que nada controló o destruyó. Nuestras, frágiles, vidas están llenas de inocencia compartida y asumida verdadera, desde los puentes invisibles, porque sirvió para la Historia de la Humanidad. A Qin Shi Huangdi, primer emperador de la dinastía Ch'in (Qin), flamante constructor, de la mayor porción, de la Gran Muralla China como defensa contra los ataques de los pueblos nómadas de las estepas del norte; Adolfo Hitler que en su deseo, o alucinación, maquiavélico o infernal trato de desbaratar el mundo y ordenarlo de acuerdo a su no-ser en volumen y masa; Ricardo Corazón de León que maquinó, igual que otros, invadir Jerusalén o salvarla de los musulmanes; Ulises, el ingeniero del caballo, o yegua, que sirvió para exterminar Troya y luego poder ir al, sempiterno, reencuentro con Penélope; Francisco Pizarro que se encargó de destruir todo aquello que no le servía a la Corona, o coronilla, de su supina ignorancia o, mejor dicho, flamante defensor de la palabra, de ser verdadero para apócrifo Dios.

Parapetado entre lo que entendemos como realidad o ficción, los conceptos, el concepto que engloba el poder, también, está contextualizado en el arte y en todo el quehacer humano. Entonces, quién recuerda al que colocó el ladrillo número 1000 o 2005 de la Gran Muralla China, del bizarro y ordinario, primer, soldado que murió protegiendo, el 1 de septiembre de 1939, a Polonia; quién recuerda al hijo que heredó el trono a Ricardo I, al tercer cargador del gran Inca Atahualpa en la Toma de Cajamarca. Parecerá absurdo o hasta platonismo, pero, eso es lo que no cuestionamos del poder.  

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Qué pasa cuando uno mata a la cucaracha que irrumpió en la cocina, ¡nada! Claro, alguien dirá: todas son iguales y asquerosas. Pero según la ciencia: son como inmortales. Además, qué pasa si la cucaracha que fallece es el rey o el presidente de los coleópteros; será que tramarían, de alguna u otra manera, invadirnos o matarnos con olores y patologías de cepas vírgenes. Creo, que ya, estoy tangencial al humor, a la locura, a afirmar que lo que Franz Kafka propone en La Metamorfosis, o La Transformación, tiene que ver con el poder, o puentes invisibles, de necesitar desarrollar nuevos instrumentos para vivir y matar, para matar y vivir hasta cuando el hombre sea, ese mismo, transformado (trastornado) o metamorfoseado. Fernando Savater, autor de “Ética para Amador”, ha escrito: En la sociedad laica de garantías y libertades que es la democracia occidental (los que prefieran un modelo más piadoso pueden acogerse a la ortodoxia de Arabia Saudí), la cuestión de la vida buena, moralmente deseable, siempre permanece abierta al libre debate y nunca alcanzará la unanimidad del eterno acuerdo sino, en el mejor de los casos, la habitable transitoriedad del desacuerdo razonable. Se entiende, a la sazón, que el poder de decidir o comandar el rumbo de las nuevas sociedades humanas y sus futuros biotopos, tiene que ver, sencillamente, con la capacidad de conciliar los límites o cercos de determinado entendimiento o forma de poder. ¡Le imploro a Dios que así suceda! (Teorema Polimórfico). Para no tener, que ver, el yugo bíblico del Apocalipsis. Que también evidencia, como toda creación humana, el abuso y el no-abuso de poder.

¿Quién se ha puesto a debatir la cuestión divina de la ofrenda que debe hacerse a Dios, la disyuntiva de la ley draconiana que ejecuta Dios entre Caín y Abel? ¿Qué diferencia, real o simbólica, hay entre el fruto que da la tierra y el cordero? Acaso el-dios bíblico no cierne en el embudo, invertido, al que porta y transmite su palabra. Todo está contenido en la misma bolsa azarosa de Tristan Tzara o no, es así. En todo caso, qué nos cuesta tomar el lúcido antibiótico del olvido o la catarsis humana absoluta: que ya nadie necesite ir a una escuela o academia, porque allí se inicia el patrón de querer desarrollarse y cambiarlo todo; que universalmente el hombre sea como la mosca (comer, nacer, comer, reproducirse, comer, ¡morir o ser para comer!), para que no tenga que estar por ahí inventando nombres y cosas, cosas y nombres. O será que las moscas, también, están planeando aniquilarnos. Será que también nombran. ¿Cómo saber en el lapso, invisible, de sus vidas o las nuestras? De sus códigos y nuestros códigos, si ni siquiera podemos o intentamos comprender el simple e imaginario asunto de nuestras fronteras de ley, ética y moral.  

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Pero no, el objetivo de la vida del hombre es controlar (con ciencia o religión) todo lo que pueda, y de poder, todo. Será, ya no, teoría geocéntrica o heliocéntrica sino Antropocéntrica sobre todas las cosas. Si, yo, pregunto a un niño de cualquier parte del mundo: ¿Qué quieres ser o hacer cuando seas grande o adulto? Estoy seguro que me responderá con lo que puede ver o siente en su entorno. La capacidad o influencia de decidir y ser considerado por sus semejantes como ejemplar (ejemplar como algún tipo de poder, no como bueno ni malo). Es así o nada es verdad. Y existen hombres a los que no les importa el poder, hombres que no deciden nada, ¿serán hombres que no viven? Y qué pasa con el que escribió un libro o anotó su filosofía en la pared de su casa o frisos Mayas. Acaso él, en el supuesto de ser tomado en cuenta, no ejerce un tipo de poder. Claro, porque hay alguien que le cree y actúa de acuerdo a lo que él a escrito o pintado. ¿Qué es, realmente, lo que tratamos o sustentamos en el poder? Como dije, anteriormente, el poder está inmerso o copulado a toda creación o ámbito existencial humano.

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La lógica, o algoritmo del poder, sería: ¿Quién ha leído El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha y no recuerda al personaje principal de la novela? ¿Quién ha visto El último tango en París de Bernardo Bertolucci y no recuerda que ella (Jeanne) lo mata a él (Paul)? ¿Quién ha viajado por la costa peruana y no recuerda el inmenso océano pacífico? ¿Quién ha estudiado historia universal y no recuerda a Napoleón Bonaparte? Es una cuestión de totalidad y prioridad (algo muy personal, pero, semejante en el hombre). Sino qué esperan los millonarios del mundo, para qué seguir acumulando riqueza si ellos igual se van a morir, y además, si bien el dinero se hereda ¡la capacidad de manejarlo no! y esto hace que todos los días un millonario se arruine y un pobre diablo, o ángel, se enriquezca.

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 Por toda esta, para muchos, malhadada reflexión, y como al final parece ser todo un cabal absurdo: que cada uno ilumine su roca para que se vuelva menos pesada, que el que tenga dé al que no tiene, que el que más tenga dé a más, y que el que no tiene no dé sino reciba… así terminaré esta mediática metáfora, con lo que sigue, ya que en la más certera ficción de la idea, ella misma sigue siendo falsa y sólo vive de acordada existencia. Por lo que digo: ojala alguien me crea y el mundo mejore, porque para eso es el arte o para eso debería de ser. Para todo caso: ¿Cómo puede ser el hombre responsable si su vida no depende de su propia elección? dice S. Kierkegaard. Claro. ¿Quién se ha dado cuenta? ¡O es que el hombre elige en dónde nace y cómo nace! Un aparecer, al parecer, fortuito en San Gerónimo en el Cusco, o en una de las cunas de los nuevos dueños del Banco de Crédito del Perú o en el seno de los herederos del Reino Unido… ¿Qué fuerzas adversas e inefables actuarán?

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Se ha dicho que no es el hombre el que trata de destruir al hombre sino que es la propia naturaleza la que trata de controlar al hombre, su propia creación. Cuestión paradójica y a más vacía, ya que el hombre, al hombre, le cuesta más de un planeta Tierra aceptar que él jamás controla o inventa nada sino que es, solamente, lo que se le permite. A pesar de ser, siempre, utopía del hombre ciego: el que entiende su imaginaria y sopesada realidad objetiva, su propia justificación o banalidad que explica, ordena o gobierna su mundo. Lo que asimila, traduce y difunde en sus más imaginarios códigos. La línea arqueológica, antropológica y evolutiva (transformación = cambio = deferencia) que entiende de su propia y voraz existencia. Parámetro religioso: todas las religiones que existen, han existido y, todavía, existirán como verdaderas y todas, iguales, como falsas. De principio y de fin, teoremas que rellenan la propia hiperactividad del hombre.

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 Para Arthur Schopenhauer el mundo no es sino la representación de una inmensa, permanente y ciega voluntad. Pero si esto es verdad por qué todo se presenta, a nuestros sentidos, con orden y leyes que inclusive, parece que, llegamos a controlar: a sugestión extirpamos el gen que le permite al pez soportar bajas, muy bajas, temperaturas y se lo insertamos a una verdura para que, obstinadamente, se desarrolle donde antes no pudo. Igualmente, se habla de que el hombre está destruyendo el medio ambiente, a su propio medio ambiente (biotopo); sin embargo, un poco como jugando, o ya en serio les digo: que la naturaleza (Universo = ambiente = biotopo) permite, controla y permite todo lo que el hombre ejecuta, ya que el hombre es la misma naturaleza (Universo =  ambiente = biotopo = hombre = cerdo = virus…) Entonces se asume: si el hombre está destruyendo el medio ambiente es porque el hombre destruye al hombre, es porque la naturaleza se destruye a sí misma. Se redefine, en lo que llamamos sus leyes, por ciclos atemporales. Creo que a algo, en demasía, extraño estoy llegando. Ya que el principio de caos, negación y de absurdo no sería más que una cuestión de cíclica, repetida e indefectible realidad.

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 El hombre está condenado a ser libre, sentencia Jean Paul Sartre. ¿Qué denota esto? Acaso que todo lo anterior es cierto. Que no importa, o que es en realidad intrascendente, qué hace o no hace el hombre, porque al final inevitablemente es un ser que va a morir (La muerte es esencial y es exclusivamente su posibilidad más personal e intransferible. Martin Heidegger). Que el hombre es el único ser que conocemos, hasta ahora, capaz de pensar que todo lo que vive es en realidad un engaño, una farsa… Para cambiarlo todo, a sus ojos, la realidad, la posible y nueva realidad (un nuevo estilo arquitectónico, una nueva técnica pictórica, un motor que funcione con saliva-genética humana, un canal de televisión que muestre en las 24 horas de su programación diaria la vida no tan imaginaria de los hipocampos…)

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 Palabras, juego de palabras que no dicen nada, palabras que lo dicen todo, el Estructuralismo: una palabra que dice y dirá en el presentefuturo. Palabra que vive y muere en la memoria: comprensión de uno solo. Suciedad (sociedad) Humana. En todo caso, también, llegó Ludwig Wittgenstein a salvarnos: el significado de una palabra es su uso en el lenguaje. Así confirmamos cómo es que hay teorías que mueren (que se refutan y anulan), también hay filosofías como palabras que se dejan de usar, por ser muy viejas, por ser muy feas, por ser muy ordinarias y simples representaciones que ya nadie o muy pocos piensan. A cómo de lugar la palabra es sin duda pacífica.   

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  Ilustración : Steve Adams (http://adamsillustration.com/)

Salomón VALDERRAMA CRUZ

Salomón VALDERRAMA CRUZ

 
 Palabra, planetas, núcleo, escapar:
como poemas
(fragmento)
 
No hay espacio para todos 

Es inevitable pensar en el silencio. Místicos recuerdos cuando las obras, los paraísos y los pensamientos van más allá del verdadero y ordinario cuerpo. Pienso en la trascendencia, en lo que prefigura y determina que de una obra, sí y otra no, florezcan trópicos o clásicos de las nuevas y muy copuladas artes. Y es que, aunque trato, una fuerza extraña me hace recordar, en este instante, a Lautréamont y su esotérica vida o, debo decir, vidas que persiguen, construyen y desbaratan el mismo Laberinto del Minotauro, escondido, en un caracol de matemática belleza o esfinge de Fibonacci o, sinceramente, caos perpetuo. Cierro los ojos y sigo, contemplando, a César Moro ejecutando su parábola; soy testigo cómo desde el fuego adverso, con sus tres manos, arranca un poco de fuego y va a encender la mecha que, indefectiblemente, llegará en la dinamita. Con su vida, su propia y única carne ya extendida para freírla, para reclamar que es esta mecha peruana, que al maligno equilibrio aún vive en Francia. Hablo, hablo sí del culteranismo moderno y de Luis de Góngora y Argote en pie de lucha radical en desvestida Europa, tan fría, bella y máquina o maquina secreta. Agua que te quiero ver manumitida de Megápolis: cuando el oro negro ya no es sino desecho que resta las coordenadas de la luna. Criptología que te amo en el juego, niñas serias, de Gerardo Chávez: alucinación, visión, catarsis superior de un universo natural; especies que vamos en el tiempo y espacios de donde llegamos y partimos. Será tiempo igual a circular o transformar. Es ineludible, ahora, imaginar el anda sin La papa o que la papa aspire, contenga el aire, y tenga que llegar a los cielos olímpicos de La noche estrellada. Iluminar las pampas de estrellas con voces nuevas, lluvias como palabras Julio Cortázar o palabras a sustentar las lluvias que hay, instantes, que es la hora que deje de ser la misma, siempre de apócrifa inocente. Palabra grave, enferma de hacer sentir, siempre, la misma cosa o serán idiotas educandos los que aprendieron en las escuelas el arte de entender. De tener miedo, de no tener la metritud de Carlos Oquendo de Amat 

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«Tuve miedo
y me regresé de la locura
tuve miedo de ser
una rueda
un color
un paso
 
PORQUE MIS OJOS ERAN NIÑOS 
 
Y mi corazón
un botón
más
de
mi camisa de fuerza
 
Pero hoy que mis ojos visten pantalones largos 
veo la calle que está mendiga de pasos.» 

 Así para ser revolución y soledad. Resurrección y eternidad.  

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Ilustración : Steve Adams (http://adamsillustration.com/)

Luciano HUAMÁN- ARISMENDI

Luciano  HUAMÁN- ARISMENDI

  

*T

Transparente

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A ella en su ausencia

Muchacha de pies de ola de astros inmensos por ojos de nocturno beso de hierba húmeda al amanecer de hojarasca entre los dedos de cielo enrejado de canoas frente al claro de luna de tus ojos de nariz silenciosa como un recién nacido de cabellos durmientes como la Reina del Lago de sonrisa impalpable como el sueño aún por cumplir de latidos de estrella de caminos que dibujan tus dedos de aromadas orejas en vino abocado borgoña de lengua canina como el serpentín de Pasamano de tu piel a aire suave de nubes que nacen y mueren entre tus brazos de tu ternura que se abre en flor de pecho abierto para que me habites de pecho noctámbulo ante el mundo y tu dulce neblina bajo la luna de mayor belleza que el cielo abierto de ángeles que soñaban en tus manos de bálsamo para un poeta en cuidados intensivos de heridas de acostumbrada nostalgia de sudor insaciable de colección de migas a tus pies de cenicienta de mejillas ruborizadas cuando duermes luego de hacer el amor frente a la ventana de sábanas cubriendo tu cuerpo de lunares que sonríen de tan buena y hermosa esplendieron las estrellas de rostro despabilándose y la luna sobre el horizonte y me hablas en beso. 

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En esta torre inmensa

*
  •  En esta torre inmensase
  • torna tan ligero el cuerpo
  • tan tierno el recuerdo
  • se hace tan real el insomnio
  • menos cóncava el alma
  • más convexa la sombra...
  • Esperanza espera con esperanza
  • ¿Cuánto cuesta el desamor?
  • ¿Cuánto el silencio de tu pecho?
  • ¿Cuánto la ausencia en esta noche?

 

 Fulano Zutano Mengano en el 3er movimiento de la Sonata para piano en Si Bemol(Allegro Graciozo, K 333 – Mozart)

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Con mucho cariño para H, P y M

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  • Los tres burritos tabaneros 

  • En mi vida anterior

  • Fui un cerdo & mis profes humanos

  • Fulano Zutano Mengano

  • Nunca mal intencionados

  • Oídos sordos en esta vida

  • Sin embargo

  • En las anteriores

  • Pertenecieron al mismo clan

  • Uno al lado del otro

  • Fulano en cuatro patas
  • Zutano rebuznando

  • Mengano cabalgando

  • En mi cabeza

  • despeinada 

*

 

 Luna

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no toques

mis sueños

ni mi reflejo

sobre el agua.

Olvídate

de salir

llena y clara

sobre mi almohada

que una mujer

aromo

con su compañía.

 *

*

Fantaseando con el amor, Abril 08 del 2001

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  *

 Luego de una temporada de palabra

  

*

  • revolcarse
  • lloriquear
  •  alargar el rostro
  • resanar lo perdido
  • días de nubes recargadas
  • regresar al silencio
  • luego de una temporada de palabra.  

*

*

* 

AmaAda de Ksa

 *

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 En sus pies nebulosos se apagan las     s, se intestina el silencio, se navega abriendo paso el cometa que clava su lanzón monolítico, by mere chance, trepando a un suspiro que se disfraza de ola.

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¿Qué mamarrachadas digo? ... ¿En dónde iba? ...

*

Así, sí, hablaba de los pies en Cabalgata de Valkirias que indican donde muere la    erguida más allá de los remolinos, masticable, eviscerado, acústico, deshuesado, despellejando a ritmo de “Las Mañanitas” el poco valor que inflama la última ínsula con vida y que se asfixia de vacío y sé que no hay + ruido que este gooooool-pe engirafado del Sr. Fuerte contra los pies de la mujer infarto, hambrienta, dormida, desierta, pero ¿Qué hay detrás del insomnio y del       .

*

  Why such a hurry? Who cant it be? Who is he? Who´s speaking? 

“Calla loco” ruge mi libro favorito que bosteza o mejor dicho, aúllan mis alpargatas cuando bajo a la volada de la combi o taxicholo asesino, silbando entre los cantos rodados de los ríos y montañas, pedazos de niebla que arrancaba profundidades a la osamenta cantora que ni podía dibujar burbujas, solo sabia cantar “Beben y beben / y vuelven a beber / la sustancia lechosa / una y otra vez...” y otra vez no sé en que iba.

*

¿Será que se alcanforan las palabras o es que construyo mamotretos? ¿Qué es de la retórica, del coloquialismo, del ornitorrinco y mi alter ego? ¿Dícese a esto precuela del Alzheimer? pero en el nombre del hombre sin nombre ¿Por qué se detiene el lápiz? ...

*

Creo que hablaba de la      erguida más allá de los remolinos, tejiendo hilachas de piel entre las     .           golosas que comen los puercos a razón de un kg. x minuto, en fin, creo que la sangre remordida que entuba sus pies, se cuela en los pensamientos y en la lengua que le gusta jugar a las escondidas.

*

 ¿De qué hablan los pies de la mujer infarto? ¿Qué pensamientos ha olido el         .     en mi nuca? ¿Qué vacío han dejado las ladillas? ...

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 En fin, creo que una noche de juergues y tonadas electrónicas no me sentarán nada mal aunque me confundan con un mascafierros, yo discurro, me escurro, me enlechesco y retiras los cabellos del rostro feroz y también los malos recuerdos de eso que llamamos poesía, que disfruta fruta puta que gota a gota envenena tus piernas, calcinando los cuerpos, rasgando hasta los nombres y te recuerdo, te recuerdo que no soy Amadís de Gaula, pero tampoco te creas Oriana o la Maga Urganda, mi nombre lo partió un      y se quedo enganchado en un balcón abandonado y mi apellido se hace con escombros y pedazos de niebla azur de la Nada que macera entumece satura de gritos los cantos rodados ...

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 Uhm, creo que estoy cayendo en el romanticismo y sabes, no creo en los   románticos porque son lagrimones andantes y sin embargo hay algo más  importante...los pies ... esa extensión de terciopelo polvo azur, ventarrón de palabras que cubren los sueños, yemas lunescentes que contornean el ropero donde se oxidan las huellas y la nostalgia de tu obscena fragancia que engordaba a la jauría de moscas y esos antropófagos pies nebulosos apagando las    s y las orquídeas. 

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Ilustración: Steve Adams (http://adamsillustration.com/)

Omar REQUENA

Omar REQUENA

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ENTRESUELOS

A Nidesca Suàrez.  

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0.1/ Inicio esta suerte de diario sin demasiada fe en los resultados. Tal vez sirva màs como ejercicio escritural (lleno de obvias carencias, claro) que como anecdotario. Confesionario: palabra que prefiero soslayar por sensiblera y poco honesta conmigo misma; aunque animal de emociones he sido siempre, me han alimentado y sostenido; también, sospecho, me dejarán caer sin redención posible.  

0.2/ Constatación (qué pocas veces nos llega ese halo de certeza con lo real) de que la luz es aquí una presencia, una membrana que te descubre poco a poco los objetos, desnudándolos pero con dulcedumbre. Adorar a Ocumare cuando no es pueblo, sino aleteo de luz y de silencio. 

0.3/ Mi café no llega. Un cigarrillo para la espera. Segundo sueño con Cristóbal en lo que va de semana. Igual no me habla: permanece sentado a la pequeña mesa, cubriendo y descubriendo una copa que fulgura como si tuviese incrustaciones de sol en los bordes. Bello, pero aún no consigo desentrañar el sentido, si lo tiene. Llamada tempranera de Laura; el grupo sigue sin lugar para reunirse y comenzar con las sesiones del taller. Son quince participantes, contando a los promotores de la idea. Laurita se queja del poco nivel literario;  las mujeres del grupo son todas unas pendejas. Los hombres, rescatables gracias a Reinaldo, Manuel y Guillermo, tres talentos disímiles pero no irreconciliables. Tengo conversa pendiente con Manuel, debo hablarle de mis sueños. No mamà, ni se te ocurra venir a Caracas, voy a estar ocupada con la tesis. Yo te digo cuándo.  

0.4/ El mundo, resumido en mi caótico mesón y mis gatos. Flojera. Ganas de leer. Ganas de no leer. Soledad, humo, virutas. Inconexa. Desprendida. 

0.5/ Charla en el liceo sobre el Mayo francés. Breve, ya que interesaron màs los detalles de la revuelta callejera que las motivaciones ideológicas. Los muchachos, sorprendidos de saberme en esos días en Nanterre, dejando pintas en las paredes, anunciando un mundo que existía por el simple hecho de nombrarlo. Luego mamà que llega a Francia y me trae de los cabellos de regreso a la hacienda, al castigo, a la estrechez. Le costó un puyero sacarme los pegostes de spray que todavía me quedaban en el pelo. Un regaño espantoso y días de encierro. A la cuarta noche logré salir por una ventana del cuarto. Corriendo, llegué a la carretera y me perdí: no había màs que oscuridad regada por todas partes, era noche sin luna. Los peones me encontraron recostada a un árbol de mango al día siguiente. Papá me abofeteó delante del servicio y me aseguró que nunca dejaría los Valles del Tuy. ¿Sentencia o profecía? Aún me desvelo pensando. 

0.7/ He roto ya tres borradores. No, no caminan las palabras. Es duro convocar un poema cuando se lo necesita.De veinte líneas pomposas, apenas un residuo de seis: Sembrados en luz artificial. Jugábamos a la memoria desnuda el alma trepaba muslo arriba cazaba mariposas en el techo perdía su condición efímera. No está mal, se acerca bastante a lo que siento y pienso ahora. ¿La memoria será luz artificial, o como diría Aragon: vivre n`est plus qu`un stratagème? Nuevo sueño con Cristóbal. Idéntico a los ulteriores, salvo por el detalle de la servilleta en su mano, bordada, como las que usé en mi matrimonio con Gonzalo. Matrimonio de rebeldía. La obsesión era huir, huir. Como fuera, con quien fuera. Romper el designio familiar, enfrentando un marido a un padre. Ilusa yo, creyendo que los brazos de un hombre liberan; hay que ser bien pendeja, no joda.  

0.8/ Aunque lo de Pablo, mi primer marido, fue bello, si una considera bello el vivir en la màs humilde de las casas – prácticamente un rancho- cocinando de rodillas frente a un fogón. Yo, que jamás lavé una taza, que tuve una cargadora portuguesa (María das Dores Figueiredo, que en paz descanse) colando café con los dedos manchados de hollín, mientras Pablo trabajaba en sus esculturas. Aquél patio sembrado de trastos, muchos indefinibles; metáforas del óxido y el desgaste como quiso Kurt Schwiters. Pablo jamás oyó hablar de él. No le interesaba realmente. Yo, hacía traducciones libres de Renè Char para leérselos de noche cuando regresaba de la fábrica. Preparaba platillos que resultaban un desastre. Hablábamos de Revolución. Indefectiblemente, terminaba “vapuleada” por ser hija de Oligarcas. Pablo se creía un revolucionario total. En realidad, su fervor “izquierdoso” venía de sus tiempos de liceísta lector de manualitos engorrosos y panfletos altisonantes, mal escritos, que son por lo general la quintaesencia ideológica de la gente de izquierda en Venezuela. Revolucionarios de liceo, y que me perdonen. 

0.9/ Hundida, descentrada, hundida. Tengo tanta desazón en el cuerpo que rompo a temblar. Quiero dormir, volver a mis ocho años en Lima cuando papá hacía el curso de Estado Mayor, e íbamos de vacaciones a Paracas. Coleccionar piedras de playa. Quiero todo eso ahora, aunque sea imposible. Y quemar estas malditas páginas. 

10./ Harta, coño. 

11./ “Todos somos Julius”. La única frase decente que he leído de ese muchachito Andrés Caicedo. De seguro le quedó la misma sensación  que a mí con la novela de Bryce Echenique. Sí, todos somos Julius. Caicedo, mijo: no eras malo. Soy injusta contigo, es que ese Cali de pesadilla no me va, yo necesito luz… mi Ocumare quiere ser calor y sol escandaloso. 

12./ Alberto llegaba. Me pedía trancar la reja del porche, encerrábamos  a los gatos y una vez sentado al mesón, lo trabajaba con la lengua hasta que se corría en mis mejillas. Su expresión de arrobo era encantadora. En una ocasión casi coinciden él y Gonzalo que regresaba temprano del hospital. Éste jamás sospechó nada. Ocupado como siempre con los problemas mecánicos de su camioneta, el dominó y sus amigos de sobrenombre animalezco, ni cuenta se dio de aquéllas visitas vespertinas. Si decidí cortar con todo eso, fue por los muchachos. Nunca me lo hubieran perdonado de saberlo. 

13./ Los amigos me piden hablar de lo que ya no importa. No importa el General Gómez: el país ni se pacificó, ni se acabó con el caudillismo. No importa la tan cacareada “transición democrática”. Siguieron los andinos en el poder un tiempo màs. 

14./ Mi familia provenía, por el lado materno, de terratenientes tachirenses. Caciques locales que hacían, en nombre del Benemérito, lo que les viniera en gana. 

15./ López Contreras cedió, en el Rosario de Cúcuta, miles de kilómetros de territorio venezolano. Pero a mí qué. Eso no me importa. No me importa Delgado Chalbaud. No me importa Isaías Medina Angarita, ni la Ley de Hidrocarburos, ni la Ley Agraria. No me importan las marramucias de Acción Democrática o Copei, alebrestando guarniciones en Valencia y La Victoria. Ni medio doy por la Revolución de Octubre. Sé bien que papá y el General Pérez Jiménez estuvieron detenidos, para después terminar derrocando a Medina Angarita. Pero no pienso acumular màs notas. Esa bendita novela, de mí, no la tendrán jamás. 

16./ 20 de Marzo de 1992. Haciendo la compra en la Calle Bolívar, un señor agitaba furioso una página de periódico, mientras decía a un amigo: “¿chico, será que todos los Hugo conocidos, en el fondo son unos huevones?” Reí de buena gana. 

17./ Una terracita madrileña, abierta al sol de verano… un vaso de ron con naranjada. Mi mayor ambición a esta hora.  

18./ Ocumare debería tener terrazas donde sentarse a ver pasar la tarde. Y muchos Cristóbal que rompan la dura costra de los sueños, para conversar horas y horas sobre lo que verdaderamente vale la pena: las fluctuaciones del corazón. Sin remilgos ni cortapisas.Cristóbal, amigo, debimos prohibirte morir. Almas como la tuya son irrecuperables. ¿Qué hago yo ahora con tanto estropicio?  

19./ Contarte que sigo siendo la niña irremediable que paseaba a tu lado por Castellana, compartiendo cigarrillos y confidencias. Dieciocho años mayor que yo. Mamà te creyó mi novio y desconfiaba. Pero cuando aquél diciembre alabaste sus hallacas, hasta de hijo te trató. No había mejor manera de ganarse  a mamà, sino prodigando sus hallacas. ¡Ah, dominicano zalamero!  Mi mesón. Mis cinco gatos. Les hablo de ti, Cristóbal, y como que entienden porque los veo olfatear el aire; cada palabra ha de llevarles un olor distinto. Eso, me conmueve hasta las lágrimas.  

20./ Ocumare, despliega en mi vida su oficio lento de caracol idiota que se arrastra de lado; no hacia el pasado, tampoco al futuro. El presente es la peor tortura. No te deja escapar. Solo hay residuos. Todos somos Julius. 

21./ Ayer, en la parte màs esplendente del día, encontré a mis padres fumando en el porche. No me miraron. Grité entonces a Gonzalo que hasta aquí todo. Que clausuraba el cuaderno. 

        

Sobra decir que Thaìs no dejó màs notas. Su pretendido ejercicio escritural quedó trunco, y maravillosas anécdotas y memorias de familiares se han perdido irremediablemente. Cumplió con la promesa de no dejarnos el maravilloso libro que sabíamos era capaz de escribir. La alucinación con los padres muertos la silenció. Tal vez la desconcertaba hasta el miedo lo inexorable de la profecía familiar: cuando un Velasco iba a fallecer, algún antepasado ya ido se encargaba de advertirle en sueños, o bien apareciéndose directamente. No doy demasiado crédito a tales fenómenos y prefiero pensar que una larga depresión –Thaìs se había enganchado al Lexotanil- alteraba significativamente sus percepciones.  A los tres meses estaba yo en su casa, llenando mis manos con esencia de frailejón, masajeando su espalda pequeña y salpicada de lunares. Una pedregosa disnea la dejaba hablar apenas. A mi lado, Elsa ponía a punto el nebulizador, contando minuciosamente las goticas de solución salina y de otros medicamentos que ya no recuerdo. Llevarla al Hospital General de los Valles del Tuy habría sido fatal; aparte de estar desabastecido, se hablaba de una falta de asepsia tal, que era un riesgo cualquier hospitalización.  Sobran los malditos comentarios a este respecto. Elsa, desempleada y con una hipoteca encima pendiendo como guadaña, no resultaba de gran ayuda. Yo, recién separado de Astrid que había vuelto a Brasil, hundido y sin blanca. Fermín realizaba milagros desde Maracaibo; consiguió en tiempo récord la bombona de oxígeno, eso que no estaba precisamente boyante. El patético cuadro se completaba con las interminables peroratas de Gonzalo. Habiendo sido un inútil toda la vida, no existía razón para que cambiara de actitud en una situación tan delicada; antes bien, trataba de justificar con las excusas màs imbèciles el como dejaba morir de mengua a Thaìs. Ni Elsa ni yo le hacíamos caso. La disnea volvía cada media hora. Intensa, feroz. Elsa improvisaba abanicos con la cubierta de libretas usadas. Yo, buscaba el frasquito con esencia de frailejón para reintentar con el masaje. Thaìs boqueaba en busca de un aire que se le iba, que se negaba a entrar en esos pulmones atormentados. Esputaba, y era una cosa blancuzca, infecta, lo que se iba por el lavamanos. Larga y dura fue aquella noche con Thaìs negándose a dormir por la asfixia, orinando sobre periódicos puestos en el suelo. Al final,  ya no quería ni moverse. Thaìs, ocasionalmente, gritaba. Gemía, confesando que era su fin. Incluso se vio fumando como antes, como yo la conocí al visitar su casa por primera vez en compañía de Laura. Para todos, el retrato era éste: el ancho mesón lleno de papeles, un libro abierto, la infaltable taza de café – que jamás supo preparar- y Thaìs fuma que fuma cajetilla tras otra, conversando siempre. Desde su Madrid de juventud con colegio de monjas francesas; su visita a Italia donde miró hasta cansarse a los “policías màs bellos del mundo”; su querida Nanterre, de donde la sacó una familia inculta, opulenta, dormida en un oxidado abolengo, y aún con eso dueños de historias fabulosas que solo ella conocía al dedo. Sí, Thaìs se vio fumando como antes. 

Cinco o seis calles feas y angostas, parecen tener la rara propiedad de moldear vidas a su antojo. Seres como Thaìs trataron en lo posible de “desligarse”: monotonía, encierro, horizontes limitados, sordidez; también cultura literaria, alcohol… el repertorio, aunque restringido, permite, digamos, huir. En lo aparente, se entiende. No sabemos qué cosa es Ocumare en el fondo. Una mujer cuya familia tuvo poder económico y posición social, debió contar por lo menos con mayores recursos para sobrellevar sus últimos años decentemente. No fue así. Algo de este lugar, moldea y condiciona. ¿Cuando se lo permitimos? Quizá. No doy respuestas absolutas; a estas alturas se me hacen, si no sospechosas, poco certeras.  Thaìs se ha ido. En el balance, creo que también el pueblo sale perdiendo. Ocumare deviene ficticio, la vieja esencia es sustituida y queda para el papel o la memoria. Somos suburbio, bala caliente. Odio líquido. Confío en que el sol hablará por nosotros al final.