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Revista Literaria AZUL@RTE

John Ronald REUEL TOLKIEN/ALCAUDÓN

John Ronald REUEL TOLKIEN/ALCAUDÓN

Alcaudón: http://elarboldelalcaudon.blogspot.com/ 

Cinco razones para leer Tolkien y Orwell, los mitos y el sentido de la historia 

(Palabras leídas en el auditorio de posgrado de la Universidad Anáhuac Norte el 24 de octubre)

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El doctor José Antonio Forzán me ha invitado a compartir con ustedes algunas palabras en la presentación del libro Tolkien y Orwell, los mitos y el sentido de la historia que preparó junto con el doctor Rafael García Pavón.

Debo confesar que siento que la tarea me abruma pues conozco el libro desde que estaba en búsqueda de editor y sé del cariño, entrega y pasión con que fue creado, así que con emoción y agradecimiento, me pongo mi traje gris y vengo con ustedes a compartir algunas reflexiones acerca de la obra de los doctores Forzán y García Pavón, ambos pertenecientes a esta Universidad Anáhuac, y en el que participan otros escritores e investigadores.

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El libro que estamos presentando trata sobre dos escritores que se insertan en la fantasía, la ciencia ficción, la especulación, géneros que una sociedad cada vez más enfocada en el logro de la satisfacción, de los resultados inmediatos, se pregunta sobre la utilidad de estos géneros. Y ésa es, efectivamente, la palabra que emplean: utilidad. ¿Para qué sirve la fantasía? ¿De qué nos sirve la literatura repetidamente calificada de escapista del autor de El señor de los anillos? ¿Para qué sirve Orwell y sus multicitadas y poco leídas obras?La respuesta podría ser simple y contundente: para nada. La literatura, la lingüística, la semiótica, todas esas disciplinas vistas con sospecha, cuando no con absoluto rechazo, por especialistas en calidad total y satisfacción, no sirven para nada si la pregunta se plantea desde una perspectiva meramente utilitarista.

Peor aún, si los autores originales no sirven de nada, entonces, ¿qué utilidad tienen escribir y, sobre todo, leer, algo que otras personas escriben sobre ellos y sus obras?

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Para responder seriamente estos cuestionamientos es necesario que abandonemos, aunque sea momentáneamente, la perspectiva utilitarista, lineal, de la que hemos hablado pera intentar un acercamiento integral del asunto.

El trabajo que realizan Forzán, García Pavón y los escritores que los acompañan en Tolkien y Orwell, los mitos y el sentido de la historia puede, sin lugar a dudas, inscribirse en el ideal que llevó a Gilbert K. Chesterton a escribir sobre San Francisco de Asís y que él mismo explica así en las primeras páginas de la biografía del santo: 

Me dirijo al hombre moderno en su tipo corriente: simpatizante, pero escéptico, y puedo esperar, aunque sea vagamente que, acercándome a la historia del gran santo a través de lo que hay en ella de pintoresco y popular, podré comunicar al lector una mayor comprensión de la coherencia de aquel carácter en su conjunto. 

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Más que explicar, que pontificar, en Tolkien y Orwell, los mitos y el sentido de la historia se hace un acercamiento lúcido y sencillo a la vida, pero sobre todo, a la mente de dos escritores muy distintos entre sí tanto en visión del mundo como en estilo literario, pero unidos ambos por un indudable interés en lo humano en el desarrollo de lo social.

Más aún, Tolkien y Orwell revaloran la figura de dos autores que cada vez se desdibuja más, cuando el primero se convierte en algo así como el creador de un cuento de hadas para el cine y el segundo sufre la ignominia (que por otra parte él mismo pudo haber previsto) de quedar degradado a un programa televisivo de una calidad que asombra por su pobreza en un entorno donde ésta es la norma, no la excepción.

Hace algún tiempo, en un ensayo que publiqué en la revista Algarabía, hablé sobre la importancia de Tolkien para quien, como todos nosotros, nos desenvolvemos en ambientes universitarios.  

JRR (siglas de sus nombres de pila John Ronald Reuel) Tolkien no sólo escribió una trilogía de medio millón de palabras, sino que dedicó toda su vida, toda su energía a trabajar con ellas, a mimarlas, a conocerlas, a hacerlas brillar.Aunque la indudable calidad de su obra de ficción le brinda merecidamente el título de escritor, Tolkien siempre se vio a sí mismo como lingüista y catedrático. Creó idiomas, dominó lenguas casi perdidas, formó generaciones de estudiantes, contribuyó a la mejor comprensión de las palabras y creó mundos donde la fantasía es el medio para dar a conocer una filosofía de vida, una elección, como se ve en la descripción que hace de los hobbits, creaturas a las que siempre se sintió ligado.Hasta su muerte, Tolkien se sintió extrañado por la popularidad de su obra de fantasía y por muchas de las interpretaciones que se hicieron de ella, tales como “una gran alegoría cristiana”, “la última obra maestra de la Edad Media” o “un juego filológico”.

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“A mí no me gustan las alegorías —aseguraba Tolkien—. Nunca me gustó Hans Christian Andersen porque yo sabía que siempre me estaba sermoneando” y recordaba que la trilogía de El señor de los anillos la había escrito para ilustrar una conferencia sobre cuentos de hadas que dio en la Universidad de Glasgow en 1938. 

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¿Y qué decir sobre Orwell? Precisamente en 1984, el catedrático italiano Umberto Eco escribió en la Enciclopedia Einaudi, a propósito de la relación entre la semiótica y la filosofía del lenguaje: 

Cada vez estoy más convencido de que, para comprender mejor muchos de los problemas que aún nos preocupan, es necesario volver a analizar los contextos en que determinadas categorías surgieron por primera vez. 

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Aquí reside gran parte del valor de Tolkien y Orwell, los mitos y el sentido de la historia cuando se aborda el tema del autor de Rebelión en la granja y 1984. El entorno que llevó a la creación de estas obras es diferente, claro, del actual, pero perviven de manera lacerante algunas de las condiciones que llevaron al mundo a una época de fascismos que en términos nuevamente de Eco, pueden inscribirse en la izquierda o en la derecha, no importa el signo, pues los caracterizan la intolerancia, la persecución y el miedo.

En el caso de Orwell tenemos un autor que bien pudiera haber sido personaje. Perteneciente a la clase social formada por los funcionarios del gobierno imperial británico en la cumbre de su poder, forma parte de la policía imperial y sirve en Birmania durante cinco años en circunstancias tales que lo llevarían a asegurar que “cuando el hombre blanco se convierte en tirano, destruye su propia libertad”.

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Renuncia a la policía imperial, a su nombre --Eric Arthur Blair-- y a su clase social, y durante años vive en los límites de la indigencia para dedicarse al conocimiento del hombre y a la literatura.

Asimismo, fue testigo del nacimiento y corrupción de utopías que lo llevaron a un desencanto y temor crecientes que fueron cristalizando en una producción literaria en la que Orwell cifra sus esperanzas de detener el mal que en múltiples apariencias prevaleció durante el siglo pasado... y que sigue presenta ahora.

La quema de brujas macartista, nazi o estalinista nos espera --y no me queda más que usar la frase hecha, pero aún precisa-- a la vuelta de la esquina metafórica y literalmente hablando. La verdad se estira, la historia se retuerce, el bien se desdeña.

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Y precisamente a partir de este punto, y citando nuevamente a Eco que en una fuerte crítica a El código DaVinci asegura que la solución a problemas tales como el relativismo y la mentira consiste en “ahogar el mal en abundancia de bien”, reside, tal vez, la más importante de las razones que hacen que Tolkien y Orwell, los mitos y el sentido de la historia sea un libro de lectura obligada.

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La obra aborda en una serie de ensayos de divulgación, pero indudablemente rigurosos, los elementos, la sustancia, que rodea y da fuerza al mensaje que subyace en los libros de George Orwell y JRR Tolkien, dos escritores obligados en la biblioteca mental de cualquier persona que desee suponerse culta en nuestra época y, siguiendo la lógica expresada por Chesterton y Eco, ¿qué mejor antídoto para la mediocridad y la mentira que el conocimiento y disfrute de obras que nos hagan reflexionar sobre el deber, la búsqueda de la verdad, la importancia de la responsabilidad?

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Otra de las razones que tenemos para hacer de Tolkien y Orwell, los mitos y el sentido de la historia una lectura obligada, es que la obra de los escritores que aborda el libro nos abre ventanas a otras realidades, a universos alternos donde podemos ver cómo pudiéramos haber sido, cómo nos gustaría ser, en qué tememos convertirnos. Este ejercicio no es, de ninguna manera, un acto de escapismo intelectual o una evasión; por el contrario, se trata de un serio y muy consciente proceso que nos permitirá experimentar en nuestra imaginación las posibilidades de enfrentarnos a los más grandes retos que cualquier ser humano podría enfrentar.

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Las literaturas fantástica y especulativa nos brindan la oportunidad de vivir miles de vidas, de ejercitar nuestra razón, de ver la importancia e implicaciones que toman nuestras decisiones; nos alejan de la perspectiva lineal, edulcorada, simplona, de los libros de autoayuda y nos encaran con situaciones que no se resuelven con la aplicación de recetas fáciles.

También es importante, desde mi punto de vista, el hecho de que toda obra publicada se somete al juicio público. Lo que escribimos --y publicamos-- ya no es más de nuestra entera propiedad, sino que se convierte en patrimonio público y es éste quien se encargará de juzgarlo, de criticarlo, de adoptarlo. En cualquiera de los casos --la crítica o la adopción-- el autor que publica está aceptando una responsabilidad que trasciende su propia persona.Así como la obra publicada queda sometida al juicio de los demás, también es una obra de generosidad pues nos brinda la oportunidad de asomarnos a la mente, a los pensamientos del otro; es una de las pocas formas --junto con la conversación-- de practicar la telepatía en el mundo real, razón por la cual es necesario que leamos, disfrutemos y comentemos Tolkien y Orwell, los mitos y el sentido de la historia.

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Ante la queja constante de que “en México no hay oportunidades” y los “no se puede”, los doctores Forzán y García Pavón nos muestran que la voluntad y la perseverancia logran recompensas.

Es mucho más fácil rendirse ante el “México que no lee”, ante el “México que no publica” que escribir, coordinar, visitar editores y emplear el propio dinero para editar un libro, pero ni Forzán ni García Pavón cayeron en el desánimo y la publicación de Tolkien y Orwell, los mitos y el sentido de la historia es una muestra de su carácter y dedicación.

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Muchas veces, los alumnos de todas las universidades claman por mejores calificaciones con el argumento “fue muy difícil”. Pues, créanme, la publicación de Tolkien y Orwell, los mitos y el sentido de la historia no fue tarea fácil. Algunos de sus primeros intentos de edición se frustraron ante viajes a Sudamérica, los costos siempre fueron mayores que lo presupuestado, la promesa de entrega siempre encontraba razones para posponerse días o semanas. Pero lo importante es que los autores no desistieron y ahora tenemos el libro en nuestras manos, listo para su lectura.

Y, como respondemos ante esos alumnos, no importa tanto el trabajo como los resultados. Pues bien, en este caso, Tolkien y Orwell, los mitos y el sentido de la historia es una muestra de dificultad, sí, pero sobre todo de resultados, razón por la que debe leerse.Ahora, para terminar mi participación en esta ceremonia, quisiera cerrar con unas palabras de Chesterton que ilustran el espíritu de la creación de Tolkien y Orwell, los mitos y el sentido de la historia. 

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«Si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa.»  

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