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Revista Literaria AZUL@RTE

ARGENTINA

Abel POSSE

Abel POSSE

Viaje al misterio de Agartha y la corona de los desiertos

por Abel Posse
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Entre las ruinas de nuestra decadencia permanecen el arte, la literatura, como los más resistentes bastiones. Los personajes viven tanto o más que las personas, ¡como el Quijote que sale a cabalgar al cumplir su cuarto siglo! A veces el personaje irónicamente se le presenta al autor.

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Había viajado a China, invitado por el Foro de Pekín. Era mi segundo viaje al Celeste Imperio. Sabine, mi mujer, y Daniel Dimeco me acompañaron.

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En una tarde de tedio y de smog en la todopoderosa Pekín de hoy, se me presentó Walter Werner, mi personaje de El viajero de Agartha. En 1943, en plena caída del sueño nazi, lo habían enviado en busca de esa Ciudad de los Poderes, Agartha, hermana siamesa de Sambalah, donde René Guenon y otros ocultistas sitúan el conocimiento preservado, exiliado, ante la decadencia. Algunos nazis pretendían conseguir la fuerza del Angel Exterminador, el Vril. Del mismo modo que trabajaban denodadamente para convertir el poder nuclear en poder de exterminio militar.

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Werner habita mi novela. Cruza el Tibet disfrazado de agente inglés y pasa los desiertos del Asia Central. Alcanza el Turfán y las lamaserías donde hace diez siglos se escondió, se exilió, el conocimiento primordial.

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Werner, el imaginado, irónicamente se vengaba o llamaba a su imaginador. Con Sabine y Dimeco viajamos por avión seis mil kilómetros y en una Combi destartalada entramos en las ciudades abandonadas, con sus templos abolidos, y en los reductos de contemplación, en las grutas de los Mil Budas, cariadas por el viento y siglos de soledad.

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Gaochang. Jiaohe al atardecer. Rostros de Buda descoloridos, ahora como ángeles de adobe, después del saqueo de los arqueólogos occidentales. La cercanía de Agartha se intuía, se respiraba, tanto como en Machu Picchu, en Delfos o en Luxor se respira la agobiante ausencia de los dioses. En Dunhuang, von Stein encontró en 1907 una roca excavada, disimulada en una gruta pintada con más de cinco mil manuscritos escondidos. Literatura búdica en varios idiomas, textos taoístas, maniqueos, del nestorianismo cristiano primitivo, textos en hebreo. ¿Pretendieron esconder en el desierto más inaccesible el conocimiento que no merecían los hombres del tiempo de destrucción, del Kali Yuga?
En este nuevo siglo que se abrió con las bárbaras matanzas en Irak y la respuesta de terrorismo mundializado, comprendemos qué quiere decir decadencia y comprendemos a esos monjes budistas que hace diez siglos excavaron la roca para esconder la palabra, el logos, como la semilla bajo la nieve.

Sentado al atardecer en una piedra de Jiaohe, comprendo que mi personaje, el que yo hice viajar desde Berlín y el Tibet, ahora nos había traído desde Pekín, a seis mil kilómetros de desierto. Viaje real, hacia lo real mistérico.

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Mi personaje me había escrito ese viaje con Sabine y Daniel Dimeco. No se burlaba. Respiré el viento del atardecer apacible y pensé en nuestra decadencia llena de ruidos y cosas, de Sound and fury, y comprendí la permanencia del mito o del misterio de Agartha.

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¿Walter Werner había muerto en su búsqueda de Agartha? ¿Estaba yo vivo buscando a mi personaje en el desierto central? ¿Estábamos los dos vivos en aquel atardecer en las ruinas de Jiaohe, abandonada hace diez siglos?
  

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A consultar:

http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/posse/index.htm 

http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2162

http://www.ucm.es/info/especulo/numero10/a_posse.html

http://mirandoalsur.blogia.com/temas/abel-posse.php

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Ilustración: Siegfried Woldhek

http://www.woldhek.nl/ 

Mariela MIONI/Oscar PORTELA

Mariela MIONI/Oscar PORTELA

  

POESIA :
Oscar Portela: Un año de muchos proyectos cumplidos

Por Mariela Mioni, periodist & escritora


RECONOCIMIENTO EXTERIOR.  

La obra poética y ensayística de Oscar Portela es, hoy por hoy, más reconocida y tenida en cuenta permanentemente en el exterior que en Argentina y en su provincia.

El poeta correntino Oscar Portela está de parabienes, su presencia en el mundo de las letras, de la poesía es permanente, inclusive mucho más en el exterior que en Argentina o en Corrientes. Recientemente ediciones Dans Eira, dirigida por el catedrático José Blanco Alborés, de la Universidad de Santiago de Compostela (España) editó una Antología Poética con la obra de este poeta. Pero también la poesía de Portela formará parte de una antología de poesía latinoamericana en Venezuela, mientras está pendiente que una editorial madrileña seleccione una serie de ensayos y de sus poemas; como así también un ensayo suyo, "Jardines y alquimia", integrará una colección que se editarán en Lisboa.

Sin duda para Oscar Portela éste ha sido uno de los años más difíciles pero también uno de los más productivos en lo que a creatividad se refiere y de mayor difusión de su trabajo, sobre todo en el exterior. En diálogo con EL LIBERTADOR confirmó su participación como panelista en las VIII Jornadas de Educación, Literatura y Comunicación de la UNNE, y adelantó que no se descarta presentar en Buenos Aires su libro "Claroscuro", y como un gran admirador de internet que es -por la posibilidad que le brinda de tomar contacto con todo el mundo- reconoce que en lo últimos tiempos se ha dedicado con mucho más ahínco que antes a participar de foros de debate virtuales en torno a la temática que más ha analizado en sus últimos trabajos, que es la supresión del Estado Nación y de los partidos políticos.



El hombre y la técnica

Por Oscar Portela

No me refiero aquí al famoso texto de Spengler que hoy pocos conocen ni a las atrevidas y superfluas afirmaciones de Ortega de que un hombre  sin técnica no es un hombre:  no contesta ésta afirmación el interrogante quien? o que es un hombre,  sino a partir de las clásicas definiciones aristotélicas en torno al mortal como homínido: cualquier biólogo sabe que los "virus" traen consigo un equipo de auto conservación que los preserva de cualquier intento de destrucción por parte del anti-virus: un organismo sofisticado es ya una medusa.

Las definiciones de Deleuze con respecto a la técnica son más pertinentes a éste respeto: pues desde que la garra se convierte en mano, esta expuesto a lo que Heidegger llamará "la oculta esencia de la técnica".....El lenguaje oculta en si como libre donación esa misma esencia.

Pero la técnica como organización técnica de lo real permite que el hombre olvide ya que es el único animal que se sabe a si mismo mortal. Es decir que el hombre olvida su condición  enraizada en la temporalidad y la finitud.

Una sociedad hipertecnificada permite más y mejor la concentración del poder político y económico manejado no ya como se dice con ligereza por sátrapas de las políticas de los Estados Naciones.
Hablar desde una perspectiva reducionista de la política hoy, o remitirnos a Hobbes o Maquiavelo no soluciona las aporías de la razón creadora del Estado Jurídico.

Decir que las políticas neoliberales han llevado al fracaso y el genocidio de millones de desnutridos y enfermos en el mundo, el volver a simplificar un discurso que merece ser decontruido como lo hizo con efectividad Jacques Derrida.

Una forma de maniqueismo "Light" de aspecto ideológico. En éste sentido cabe recordar el "default" de la Rusia post-soviética y sus demandas al Fondo Monetario Internacional o los mercados cada día más abiertos de la China creada por Mao.

Nos quedan los modelos a copiar de la Cuba castrista o el folklore de la Venezuela actual con el oxigeno de fondo proporcionado por Irán, abastecida de armas por la mafia rusa, mientras los pobres son cada días más pobres: hermoso spectáculo el de Castro enviando "maestros" a la Venezuela de Chávez.

El crecimiento sustentable: otra frasecita armada que esquilmó la técnica como señora de la egoidad absoluta y el solipsismo en el cual vive el hombre de nuestros días: ejemplar tan mimético como un chimpancé actuando en forma teledirigida por los centros de inteligencia artificial lanzadas por el hombre al espacio orbital.

Mejor hablar de los paradigmas de las culturas oficiales de los neo-populismo coincidentes en esto con las políticas de la "concentración económica" en los países hiper-desarrollados en donde Harry Potter a conseguido desplazar a la figura de Bart Simpson.

¿Que un universitario de la Argentina de hoy - afectado al derecho- ignore quien es la señora Nilda Garré  constituye acaso una consecuencia del modelo "liberal" de Educación implantado en la Argentina?¿La Argentina de Diderot y de Sarmiento?

Estoy absolutamente convencido de que debemos  comenzar a hablar en serio para los medios de difusión y solo esto podría obrar milagros de incalculables consecuencias. Y entonces  sí, hablar de "desarrollo" - ético y moral primero- de lo presuntamente humano en el mortal y solo luego de crecimiento económico u desarrollos "sustentables"....porque en la esencia de la técnica habita el peor peligro para el mortal. 

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Ilustración: Giacomo Cardelli http://www.irancartoon.com/  

Edgardo Cozarinsky

Edgardo Cozarinsky

Borges, de Adolfo Bioy Casares: dos amigos implacables

Por Edgardo Cozarinsky

 

Es el acontecimiento literario del año. En las próximas semanas, aparecerá Borges, de Adolfo Bioy Casares (Destino), el diario de 1600 páginas donde éste registró las conversaciones que mantuvo con su colega “Georgie”

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Una mañana de domingo de 1952 Borges llama por teléfono a Bioy para preguntarle si quedó "maltrecho después del impacto". Se trata de la lectura de unos pensamientos inéditos de Güiraldes publicados ese día en el suplemento literario de LA NACIÓN. Después de transcribir algunos fragmentos poco felices del autor de Don Segundo Sombra , Bioy anota: "[Borges] me asegura que es indispensable destruir todos los papeles porque el día menos pensado uno desaparece y los amigos le publican esas grietas y esos estigmas" (26-10-52).

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Con una mezcla de curiosidad y temor, el lector "maltrecho" de Descanso de caminantes se dispone, ante las imponentes 1650 páginas de este Borges de Bioy, a abordar una nueva exhumación póstuma de grietas y estigmas. Nada más diferente, sin embargo. Reconocerá, sí, coincidencias de elenco y algunas, muy ocasionales, de anécdota, pero no lo abrumarán aquí sueños sólo interesantes, a lo sumo, para quien los soñó, ni rimas pueriles que se quieren graciosas. En este diario donde anotó todas las noches, durante los casi 40 años en que Borges cenó en su casa, a menudo varias veces por semana, las conversaciones de sobremesa, es el mejor Bioy quien preside la ceremonia, eligiendo el discreto papel de Boswell ante el Johnson actuado por Borges. En 1990 anunció que reuniría estas notas en un libro donde Borges aparecería "riéndose de las cosas que él mismo respetaba, hablando como un amigo íntimo". Daniel Martino, albacea de Bioy, trabajó con el autor durante 1997 y 1998 en la organización del texto, cuya versión final revisaron "
no menos de dos veces antes del adverso milagro de 1999" (Martino, "Prefacio").

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Los años de amistad literaria y complicidad en la maledicencia que este volumen registra son los de la madurez creadora de ambos escritores. Tanto Borges como Bioy han relatado a menudo la historia de una influencia mutua: la conversación de Borges y la lectura de los autores por él frecuentados permitió a Bioy renegar de sus libros juveniles, impregnados de una fantasía anárquica y una escritura caprichosa, para elegir lo que llamaría "imaginación razonada" y una sencillez cada vez más despojada; Borges, a su vez, ha repetido que el ejemplo de Bioy lo llevó hacia una forma de clasicismo. Cuando crearon en colaboración a Bustos Domecq, autor intoxicado de retórica y extraviado entre metáforas impenetrables, la parodia no sólo tenía por blanco cierta tendencia porteña a la pomposidad en el habla; exorcizaban, ambos, los demonios de su juventud. (En la prosa del Borges de los años 20 hay más de un eco de la oratoria de Hipólito Yrigoyen.) Las páginas liminares ("1931-1946") y las finales ("1987", "1989"), redactadas por Bioy en el ocaso de su vida de escritor, poseen la límpida precisión de quien lega a quienes vendrán un testimonio que no pretende objetividad ni generosidad, menos aún erigir una estatua intachable para la imprevisible posteridad.

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El placer tan común como no admitido del chisme, cuyo gozo se multiplica en la trasmisión, de dejar en suspenso todo lazo de amistad por el mero gusto de lanzar una frase ingeniosa, aunque se la sepa hiriente; la parcialidad, aun la ceguera ante cualidades literarias o intelectuales que no corresponden a la práctica de ambos escritores: nada de ello ha sido disimulado. Al contrario, es la espléndida candidez con que estas páginas ignoran todo criterio de lo que hoy ha dado en llamarse políticamente correcto lo que las hace más valiosas: la misoginia más agresiva, el racismo (limitado a la raza negra), el más vetusto sentimiento de superioridad argentina sobre los demás países del continente aparecen aquí con una franqueza propia de otros siglos, antes que la mala conciencia contemporánea aprendiese a encubrirlos.

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Gustos impiadosos

"¿No te parece que es el mayor bluff de la literatura?" BORGES sobre el Fausto de Goethe (5-10-71)

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La literatura es el territorio compartido, el único terreno que alimenta la amistad de Borges y Bioy, su medida de todos los demás valores. Lectura y escritura se entremezclan, a menudo borronean sus límites. Cuando traducen textos orientales o no literarios pero que en su forma fragmentaria o abreviada se prestan a la composición de Cuentos breves y extraordinarios, Borges y Bioy reescriben sin timidez, mutilan, modifican, atribuyen a autores inexistentes sus apócrifos, sólo guiados por el efecto literario buscado, por el placer de lograrlo. Ante una leyenda de la India que Borges recuerda, sin poder hallar el libro donde la leyó, Bioy sugiere "
Contemos nosotros el episodio y lo atribuimos a un autor cualquiera" (28-4-53); así lo hicieron: la fuente inventada es Cuarenta años en el lecho del Ganges "de un jesuita portugués".

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Ante la realidad no impresa, Borges reacciona como ante un relato compuesto: al escuchar una noticia de policía comentada por Bioy padre, observa "
lo que no hubiera ayudado al argumento es que el autor insistiera en..." (6-4-53), como si se tratase, ya, de un cuento publicado, o del argumento para uno que están componiendo. Con asombrosa memoria, Borges cita versos no sólo de sus poetas preferidos; ha retenido muchos casos de torpeza y cursilería que le parecen ejemplares. Puesto a censurar, a señalar desaciertos que podrían corregirse, nadie se salva; acaso Hilario Ascasubi.

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De su ambigua relación con Lugones (a quien dedicaría, en colaboración con Betina Edelberg, un menudo estudio donde prima la relación emotiva con un poeta mayor que reconoce, con fingida modestia, importante para su obra) en este diario dan testimonio elogios y reproches alternados con frecuencia. Pero no es necesario limitarse al autor de una novela tan justamente vapuleada como La guerra gaucha. El gusto de Borges por navegar contra la corriente lo lleva a rescatar poetas huérfanos de lectores contemporáneos, como Arturo Capdevila: "
Lo peor de Capdevila es peor que lo peor de Mastronardi, pero lo mejor es mejor y esto es lo que importa" (27-10-69). También reivindica, reiteradamente, la poesía de Menéndez y Pelayo.

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De Shakespeare, Bioy recoge la opinión de Borges, para quien "
en literatura fue un amateur, the divine amateur , lo compara con Dante, verdadero literato. Recuerda que las piezas de teatro no se consideraban literatura: las escribían de cualquier modo, con argumentos ajenos y hasta confusísimos" (30-8-53). Cita como ejemplo de debilidad o anticlímax la exclamación " O my prophetic soul! My uncle! " ( Hamlet, 1, 5), donde la palabra "tío" derriba la elevación poética de la primera parte como no lo hubiera hecho "hermano", cuya carga metafórica es superior al mero, preciso lazo de parentesco de "tío". "Shakespeare siempre usa el mot injuste " (Borges, 15-12-49).

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Pedro Henríquez Ureña vio muy temprano (en una carta a José Rodríguez Feo del 19-5-45, citada en nota al pie de la página 1293) los límites del gusto, lo arbitrario de las devociones literarias de Borges; como buen profesor, acaso no advirtiera que en esos límites residía la fuerza de Borges, como la de todo hombre de letras: no aspirar a la ecuanimidad, elegir lo que sirve para la obra propia, desechar lo que estorba. "
Borges tiene aberraciones terribles; detesta a Francia y a España; todo lo inglés le parece bien [...]. De Inglaterra, sólo detesta lo que se parece a lo latino: Keats y Shelley. [...]. Como idioma, sí, te diré, es estupendo; no se equivoca nunca." Sin embargo, el Quijote y las novelas de Eça de Queiroz entusiasman a Borges tanto como Stevenson. La lectura comentada de la "Epístola moral a Fabio" (7-6-63) es un gran momento de este libro, en que la atención del lector, llevada por Borges y Bioy a determinadas palabras que van aislando en el poema, comparte el placer de la poesía que sienten los autores.

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Es la literatura francesa el terreno donde tanto Borges como Bioy no transigen con la ecclesia visibilis (Bioy: "
Benjamin Constant. Lo estuve releyendo en Pardo. Creo que es el mejor escritor francés. Borges: Yo creo que sí", 16-10-71). Borges explicó más de una vez que las letras inglesas estaban hechas por individuos, las francesas por seres históricos que sabían que pertenecían a una época, a un movimiento, a una escuela.

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Las palabras "agrado" y "amable" reaparecen con asiduidad para delatar el rechazo de ambos autores por todo lo que huela a vanguardia o experimentación: "
Leemos absurdas cacografías de la Pizarnik" (23-11-68) es la nota que registra al pasar el nombre de la poeta. Esa desconfianza los inmuniza, por ejemplo, contra el surrealismo, del que Borges opina que, contrariamente a otras ideologías invasoras de lo literario, catolicismo y comunismo, prescinde del propósito de lograr obras legibles... La desafección por Joyce, en cambio, no les impide reconocer (a Bioy) que "es más complejo que todos los otros que juegan a ser modernos y raros" y (a Borges) que "tiene vueltas, es bastante endiablado". De Ezra Pound observa: "Yeats, Joyce, Eliot lo juzgan el mejor poeta, il miglior fabbro , pero nadie lo lee. Lo ponderan porque no condesciende a temas que interesan al lector [...]. Qué diferencia con Stevenson, que decía que ´el encanto no es muy importante, pero sin él ninguna otra virtud vale. A Pound le atribuyen todas las otras virtudes" (06-09-65).

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Los autores no vacilan en reconocer errores pasados. Borges relee sus primeros libros de poesía, Fervor de Buenos Aires y Luna de enfrente, para la traducción al inglés: "
No son corregibles esos poemas. Sólo puedo moderar fealdades extremas" (21-8-69). Llegan a sospechar que sus convicciones presentes no son definitivas, que acaso lleguen a parecerles igualmente equivocadas. Las circunstancias de estas revisiones pueden ser imprevistas. La visión del film de Manuel Antín Don Segundo Sombra (que califica de "obra de arte") provoca en Bioy una revisión del menosprecio, compartido con Borges, que siempre había manifestado por la novela de Güiraldes: "Si Borges, en su incredulidad, me pregunta cómo esa historia tan poco accidentada, entreverada con frases que ensamblan de cualquier modo la inseguridad idiomática del autor con los dicharachos camperos y las metáforas ultraístas, me conmovió, le diré que tal vez he llegado a la edad en que nos volvemos tradicionalistas" (10-10-69).

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Bioy anota que varias veces Borges demuestra "su puritana antipatía por el tema del amor" (1-11-68) y queda "un poco exasperado por su puritanismo" cuando llama " a tart" a Egle Martin, para Bioy "una bataclana bastante evolucionada" (23-6-71). Bioy registra reiteradamente la incomodidad de Borges ante todo tratamiento literario, aun alusivo, de lo sexual: escudado tras la noción de que el tema erótico le parece inferior a lo épico, estalla en epítetos de inusitada violencia para todo texto que incursione en el tema, vedado para él. Estas reservas de sensibilidad alcanzan hasta a una amiga cercana, cuya obra no suele incursionar en ese terreno, para Borges, minado: el cuento "Hortus conclusus", lo mejor que Alicia Jurado haya escrito, le parece "algo tonto y erróneo". Bioy añade: "
No creo que tenga razón" (30-10-58).

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Bioy Casares 

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Toda reputación perecerá

"Yo creo que Thomas Mann era un idiota. A Estela Canto le gustaba mucho..." (BORGES, 26-7-67)

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Más allá del placer de la maledicencia, los amigos ejercen con entusiasmo el ajuste de cuentas con el pasado y el presente. Según Bioy, Borges recordaba que en tiempos de Proa y Martín Fierro había dos bandos: los partidarios de que el peor poeta era Bernárdez y los partidatios de que el peor era Oliverio Girondo. "
Ahora se inclina a considerar a Oliverio peor que Bernárdez y que Marechal" (21-5-67). Borges también se luce en el arte de derribar más de un pájaro con un solo tiro: "Azorín [...] con ese estilo de pan rallado, como decía Carriego de Más y Pí; Carriego era mucho mejor hablando que por escrito..." (26-4-67). Otro disparo de eficacia múltiple de Borges: "Yo creo que Manuel Gálvez es pésimo, pero muy superior a Quiroga. No creo que nadie sea tan malo como Quiroga. Güiraldes ha de ser mejor que los dos. ¿O será mucho peor?" (19-6-68).

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La rápida consagración de Don Segundo Sombra como clásico argentino del siglo XX intriga más que irrita a los amigos. Según Borges "de pronto apareció un libro gauchesco en un estilo que podía aprobar un lector de Apollinaire. La gente comprendió que quedaba bien admirando el libro. Y Güiraldes murió en seguida: para su gloria fue una muerte oportuna" (2-11-58).

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La fama póstuma, la perdurabilidad de la obra propia no parecen inquietar la elegante impasibilidad, la escrupulosa modestia con que Borges y Bioy se refieren a su propia obra. Sin embargo, aviesas pitonisas, no escatiman predicciones sobre los colegas. Según Bioy, "
Mallea, insistiendo con sus novelas ilegibles, se mantiene en el recuerdo. Mientras viva, Mallea será un escritor de algún nombre; después se hundirá en el olvido, como si fuera de plomo. ¿Quién se atreverá a reeditar sus novelas? Nadie. Sabato también desaparecerá, sin dejar rastro, después de la muerte. Es curioso el caso de Sabato: ha escrito poco, pero ese poco es tan vulgar que nos abruma como una obra copiosa" (10-8-56, es decir, antes de la publicación de Sobre héroes y tumbas).

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En 1958 (27-4) Borges se extraña de que nadie recuerde a Gómez de la Serna ("hasta Guillermo [de Torre] tiene más realidad que él"), uno "de los escritores españoles contemporáneos que han dejado mejores paginas". Cuando Bioy cita otra "fama curiosa", la de Gide, Borges observa: "
Tuvo tanta suerte o fue tan hábil que hasta la pederastia le sirvió para obtener un efecto patético". Con los años, los autores no se aburren de este ejercicio. En 1970, Bioy suscita "una mueca de disgusto" en Borges al informarle que Silvina Bullrich "es hoy más importante que Mallea". Ante la incredulidad del interlocutor, explica: "Aunque te parezca increíble, Silvina Bullrich alcanzó la dignidad de una Old Lady de nuestras letras. A Mallea ya casi nadie lo lee, ni siquiera para despreciarlo (muchos leen a Silvina Bullrich para despreciarla). Mallea está en esos cincuenta años de oscuridad, inmediatos a la muerte; sólo que vivo." (13-1-70)

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Sobre la vida literaria

"Todas estas polémicas literarias son como efusiones de sangre en el teatro: después nadie muere." (BORGES, 14-6-55)

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El doctor Johnson reaparece frecuentemente, invocado a lo largo de los años como el paradigma de la mejor prosa del siglo XVIII, y es un punto de vista muy propio del grand siècle, aunque lejano de Versailles y de Saint-Simon, el que anima esta vasta enciclopedia de opiniones literarias, observaciones de costumbres, crónica de guerras intestinas de un mundo cultural que muchos recordarán y, al reencontrarlo en estas páginas, reconocerán como irremediablemente clausurado. (Los equivalentes contemporáneos, acaso por cercanos, parecen demasiado banales, tanto en la intriga como en el ridículo.) El placer de la maledicencia se explaya sin censura a todo lo largo de esta voluminosa crónica de una amistad; aun más, parecería que mantiene viva esa complicidad: la nutren chismes compartidos, intercambiados, repetidos. Una routine , como de avezados comediantes, va haciéndose evidente: Bioy prefiere la perfidia de la mesura, Borges el golpe breve y certero, pero a veces los amigos intercambian tácticas; aunque rara vez apelan a la artillería pesada, esto no les impide ser, en toda ocasión, letales.

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Como una versión inteligente de Bouvard y Pécuchet, compilan el sotissier de la vida literaria y mundana que atraviesan; como los miembros del legendario dúo Buono-Striano, uno le da el pie al otro para fortalecer la eficacia del efecto cómico.

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Aunque el 20 de junio de 1954 Bioy registra la hoy trifulca entre Viñas y Girondo en el restaurant Edelweiss, la violencia no abunda en estas páginas. Los amigos se preguntan quién será olvidado primero, Mallea o Sabato.
"¿ La penúltima puerta ? Qué buen título. Mallea tiene una notable capacidad para elegir buenos títulos. Es una lástima que se obstine en añadirles libros" (Borges, 28-12-69). Mientras que en Mallea es la obra, no la persona, lo que alimenta generosamente la sorna, en Sabato el desprecio se ejerce menos sobre la obra, despachada sumariamente, que ante el personaje público, con su avidez de protagonismo y figuración sustentada sobre una base de pedestre oportunismo: "groseramente elocuente, con indiferencia a la escasa calidad de lo que dice" (Bioy, 10-7-49).

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La amistad no ciega a los autores. "
Qué raro que la mejor obra de Gerchunoff sean unas cuantas bromas de su conversación. Bueno: la obra escrita no vale nada. Todos sus libros son hack work ; su verdadera obra estaba en su conversación" opina Borges (17-7-69). Recuerda una frase de Gerchunoff, de 1946: "El país cayó en poder de un bailarín de quilombo".

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Borges
no oculta sus propias bêtes noires : en primer lugar su cuñado, el profesor y crítico español Guillermo de Torre, quien habría opinado que Conrad era un autor de relatos de aventuras, como Salgari, y sólo empezó a tomarlo en serio cuando supo que Gide lo había traducido al francés (17-1-54). Lo siguen el profesor Anderson Imbert y los poetas Eduardo González Lanuza y, sobre todo, Ricardo E. Molinari ("chambón imitativo", 18-6-56), a quien vuelve infatigablemente a lo largo de los años con nuevas ocasiones de menosprecio. Borges visita a Ricardo Rojas, que festeja el medio siglo de la publicación de su primer libro, en esa casa que "parece un museo, un museo dedicado a él mismo [...]. Le di la mano y comprendí que había cometido una gaffe. Había que abrazarlo. ¿Te das cuenta? Abrazarlo porque hace cincuenta años que publicó un libro del que debería avergonzarse" (1-11-53). La nota del 23 de septiembre de 1971 revela que el modelo de Gervasio Montenegro, sesudo académico, cultor de vocablos de diccionario, apócrifo autor de prólogos para obras de Bustos Domecq, ese "Biorges" de pura invención paródica, tuvo por modelos al profesor Giménez Pastor "cruzado acaso con Larreta".

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¿Necesitan de ese espectáculo para ejercer su lucidez, para medir la distancia que los separa de una vida literaria despreciada? Esta sospecha de pequeñez se va borrando a medida que el texto avanza y asciende: la maledicencia se ejerce sobre la pretensión, la vanidad, el prejuicio; rara vez sobre víctimas inermes. El 27 de octubre de 1971 se abren los sobres correspondientes a los trabajos presentados al premio de LA NACION; uno de los premiados es Alberto Manguel. El escribano pronuncia su apellido Manguél. Bioy observa que Carmen [Gándara] se esperanza: "A lo mejor es catalán..."Algunas felicidades puramente verbales de Bioy:
"[Virgilio] Piñera es delgado, con cabeza de perro flaco de empuñadura de paraguas" (18-6-56); Gloria Alcorta ha "amaestrado" a actores franceses que leerán sus poemas en una fiesta de la poesía en la SADE (12-11-50).

 

Jorge Luis Borges con José García Nieto

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El sainete mundano

"No hay mayor error que llamar intelectuales a los escritores" (BORGES, 4-10-69)

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Cuando se publicó póstumamente Descanso de caminantes , quienes habían tratado superficialmente a Bioy Casares quedaron confundidos por la misantropía agresiva de alguien a quien habían conocido como el más amable y afable de los caballeros, por la misoginia de un legendario Don Juan. Entre la persona pública y la privada, Bioy había erigido un dique sólido: había perfeccionado la primera como un caparazón de inexpugnable cortesía para preservar de todo desgaste la segunda. El filo no mellado de su observación de conductas y caracteres ahora reaparece, compartido si no superado por Borges, apenas mitigado por la hilaridad ante un comercio mundano que no rehúyen.

Borges no tiene piedad con las mujeres que en algún momento lo habían interesado sentimentalmente. De Haydée Lange afirma: "
Vive idiotizada por el acohol" (1-9-71). De Estela Canto, que hizo su mejor libro, en todo caso el único vivo, sobre su relación con Borges, dice: "Ahora mucha gente aspira a atraer a los peronistas. Estela fue al Rosario, atacó al gobierno, a la Marina y a Aramburu. Le pregunté por qué lo hacía ahora y no en tiempos de Perón. Este pilar de la rectitud contestó que porque ahora hay garantía de que a uno no le va a pasar nada" (30-5-56).

Un antiperonismo visceral no le impide a Borges citar a Arturo Jauretche, sólo para registrar una injuria dirigida a Silvina Bullrich: "su criterio estrecho de gorda raviolera del barrio de Flores". Borges comenta: "Hay que reconocer que [la frase] tiene todo lo que puede molestar a Silvina Bullrich y que en ese sentido es perfecta: [ella] prevé ataques por ser una señora que escribe, no una raviolera. Flores está bien elegido: después de la vulgaridad, la cursilería. ´De Las Latas o ´de la Boca no agregaría nada... Y lo de gorda no alegra a ninguna mujer" (5-8-63).

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Quienes se interesen en la fascinación que la inteligencia puede sentir ante la tontería hallarán en este volumen una nómina generosa de figurantes que deleitaban a los amigos son sus despropósitos, su vanidad o su ceguera. No cualquier tontería los divertía. Así como prestaban una atención profesional a las imprecisiones, a las innovaciones involuntarias del vocabulario popular (se consignan, por ejemplo, cosas oídas por Borges en el subterráneo, 15-8-53 y 25-1-54), no perdonaban la sonsera, la tilinguería, la pretensión encarnadas en damas de lo que hasta no hace mucho se llamaba "buena sociedad", mujeres de apellido variablemente distinguido y fortuna invariablemente considerable que frecuentaban el dislate con ahínco.

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Las palabras más duras van para Susana Soca, la mecenas uruguaya que financió la revista bilingüe La Licorne en París y más tarde las Entregas de La Licorne en Montevideo. En palabras de Bioy: "
Una especie de fantasma abúlico, con manía expositiva, evidente debilidad de juicio, dificultad casi penosa para hablar y extraña pronunciación ( ¡carasho! ). Cuando se iban, en un aparte demasiado cercano, Borges me confió: ´Es una opa (22-7-49)". Pero las autóctonas Susana Bombal, Carmen Gándara, las hermanas Grondona, Wally Zenner, Marta Mosquera, Esther Zemboráin de Torres, "Pipina" Diehl aportan regularmente a estas páginas el colorido de un escenario entre cultural y mundano hoy extinguido, rico en rivalidades y envidias, susceptibilidades y mínimas conspiraciones. En cambio, una lealtad tenaz lleva a Borges a visitar en el día de su cumpleaños a Elvira de Alvear, demente y empobrecida, y a fingir un diálogo con su desvarío.

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Acaso el "personaje inolvidable" del libro sea una señora Bibiloni de Bullrich que, si no apareciese identificada en el índice onomástico, se hubiese podido creer inventada por Bustos Domecq. Audaz en el neologismo, intrépida en la confidencia, imprevisible en toda circunstancia, sus intervenciones son un deleite infalible para el lector. Desde la primera (a Borges: "
Así como a usted le interesa conocer poetas y escritores, a mí me interesa conocer gente rica", 6-12-49) su ímpetu no decae: al salir de un recital de danza por Cecilia Ingenieros, comenta "Está muy bien, pero yo prefiero los otros bailes, con orquesta y con personas conocidas que la sacan a una a bailar" (7-3-52); en medio de una comida: "Soy tan inteligente, tan genial que a veces no me pueden comprender" (14-3-52); "A mí no me gustan pero soy tan inteligente que he descubierto que conviene estar bien con los peronistas" (3-7-52). Más tarde, rehúsa la mudanza a un departamento que "era un sueño" porque tiene unos pocos metros cuadrados menos que el actual: "Mudarse hubiera sido reducirnos. Una mujer como yo no puede aceptar eso. No sólo por el respeto que me inspiro yo misma, sino por mis hijos, por lo que debo a mi clase [...] y, usted comprende, en estos momentos hay que tener mucho cuidado" (20-6-53); el marido indignado, tras abandonarla una semana, vuelve y le agradece "que le haya dado una lección".

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Llega el momento en que Borges decide casarse, a los 68 años, con una novia de juventud que ha reaparecido en su vida. Doña Leonor confía a Bioy sus impresiones de Elsa, la futura esposa: "
No se parece a las que él nos tiene acostumbrados. Yo me quedo tranquila: creo que lo va a cuidar. Ya no es joven. Fue linda: ahora, ya la verás... Pero él no ve. Para él sigue siendo la de antes." (26-4-67). Bioy, el mismo día, al conocer al personaje, anota: "Vieja, de piel grisácea; en actitud de sierva enamorada, postrada de admiración ante el ídolo potencialmente díscolo [...]; resuelta a rodear al hombre de cuidados domésticos y a persuadirlo de los encantos hogareños; proclive a tomar ofensa y a ofuscarse por celos; desconfiada; querendona, cariñosa y optimista; expresiva y dada al mohín. La madre (que sufre en su amor propio y en su snobismo) se aviene, sobre todo porque la novia no es una chica. A la mejor chica del mundo no le perdonaría la juventud. Cuando la novia soltó lo de fetitas de jamón, para la madre fue un momento amargo." Los amigos de Borges hacen un esfuerzo por tratar a Elsa. Esta advierte que en realidad no la admiten en el círculo de esa vieja amistad y ventila su despecho ante el marido. "Elsa asegura que sin que Borges lo sepa le está rompiendo recuerdos, cartas, fotografías" (12-5-68). Vendrán luego los celos por los homenajes al escritor donde ella se siente relegada, las invitaciones a universidades que aprovecha para renovar su guardarropa con los honorarios del marido, mientras a éste le compra ropa y zapatos de segunda mano, el distanciamiento de sus amistades que intenta imponerle cuando siente que éstas no la festejan. El 6 de enero de 1970, Vlady Kociancich y Bioy ya ven en María Kodama la posibilidad de "salvar a Borges de Elsa".

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No sólo las mujeres hallaron en Borges un sujeto maleable a sus designios. Un traductor como Norman Thomas di Giovanni conoció al lado de Borges su hora de gloria. Gracias a un sentido empresarial muy norteamericano, Di Giovanni obtuvo para Borges honorarios que éste, con su desidia alimentada por la vetusta noción de que un caballero no se ocupa de dinero, nunca hubiese alcanzado. Que el traductor guardase para sí el cincuenta por ciento de esas sumas es casi un detalle, si se tiene en cuenta que la exploración de ese mercado y la tenacidad del traductor obligaron a Borges a dictar el ensayo autobiográfico para el New Yorker y a volver a escribir cuentos, los de El informe de Brodie. Este aspecto positivo de la relación es indiscutible; no careció, sin embargo, de su lado de sombra. Que, una vez solos, Borges y Bioy coincidieran en que si no le explicaban el sentido del texto, Di Giovanni no entendía lo que estaba traduciendo es casi insignificante ante la gradual invasión de la vida privada por este amistoso, servicial y ocurrente personaje: pronto empezó a atender el teléfono cuando sonaba en casa de Borges y un día lo esperó tendido en la cama del escritor, sin zapatos. Más tarde su mujer iba a llegar a Buenos Aires y Di Giovanni se encargó de canjear los dos pasajes de primera clase de una invitación para Borges y acompañante por tres de clase turista para incluirla en el viaje. Como todo individuo débil, Borges necesitó sentirse humillado por la imagen de pusilánime que ofrecía para poder reaccionar. El 10 de julio de 1971, en medio de la comida, deja la mesa y, antes de tener tiempo de meditar su impulso, llama a Di Giovanni para decirle que ha decidido interrumpir las traducciones. Más tarde resume: "
Con Norman al lado de nada me servía haberme librado de Elsa".

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El abismo de la política

"Buena parte de la Historia argentina ocurrió entre gangsters " (BORGES, 30-9-69)

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En un volumen donde sólo cuenta la literatura, las ocasionales intromisiones del comentario político se destacan con un relieve particular. Durante el gobierno peronista, la actualidad local está ausente de estas páginas, sin que se advierta si los amigos la ignoran por indiferencia o con tenacidad. La Revolución Libertadora, previsiblemente, motiva su entusiasmo. Para quienes sólo tienen del período las versiones variadamente partidarias y unívocamente negativas del conformismo actual, será novedad, más allá de los comentarios de los amigos, la observación menuda de cómo el más rancio nacionalismo va ganando posiciones durante la gestión de Lonardi, cómo su desplazamiento por Aramburu y Rojas pudo ser interpretado como el avance de una tendencia "liberal" (en el sentido del siglo XIX y principios del XX, no en el que pervirtió la política económica de los años 90 del siglo pasado). De ese período particularmente miope de la historia argentina, en que una sección ilustrada de la sociedad creyó posible borrar los doce años que separaron el golpe militar fascista de 1943 del derrocamiento del general-presidente Perón, tras los tan ecuánimes incendios de iglesias, de la Casa del Pueblo y del Jockey Club, las conversaciones registradas en este libro dejan huellas riquísimas. Sin duda suscitarán la animadversión de muchos lectores; sin duda también, rescatan una percepción cotidiana, parcial de los hechos, esa experiencia vivida que la historia suele (¿debe?) desechar para constituirse.

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Años más tarde, en momentos en que el peronismo conoce un lifting de izquierda, Borges cuenta que ha estado con "
el autor de La Marcha de la Libertad , un tal Rodríguez Ocampo, una persona muy antipática [...]. Es anti-peronista for the wrong reasons , porque es un señor de horca y cuchillo; porque está en contra del lado ´populachero y guarango del peronismo . Dijo que él, ante todo, es monárquico y carlista [...]. Le dije que la clase media era lo mejor del país y que tal vez Sarmiento fuera el más gran hombre que este país haya producido" (16-9-69). La literatura, evidentemente, no puede estar ausente del relato; Borges ultima al personaje, versificador ocasional, observando que "en un poema sobre el campo emplea la palabra merienda ".

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Un episodio olvidado que estas páginas exhuman en toda su comicidad es el del duelo al que Francisco Romero, profesor de filosofía, para algunos filósofo, y oficial del ejército, retó a Leónidas Barletta, fundador del Teatro del Pueblo, militante comunista y redactor responsable de Propósitos, periódico que mencionó a Romero entre otros intelectuales que se habrían "vendido" al gobierno de facto. La incongruencia entre ambos personajes, el duelo como confrontación ya entonces anacrónica, impracticable, las escaramuzas de Barletta para evitarlo y las de Romero por vindicar su honor componen un sainete desopilante.


Razones equivocadas o razones justas, el sentimiento antiperonista de Borges es inamovible. El 23 de febrero de 1958 confía a Bioy que "
Frondizi está frito. Le pasó lo peor que podría pasarle: ganó. Porque ganó, van a echarlo". En la persistencia del peronismo, en su ilusa utilización electoral por Frondizi, en sus reciclajes futuros por jóvenes que nunca vivieron su editio princeps , Borges ve, a través del lente de Sarmiento, la persistencia tenaz de la barbarie que resiste a la civilización. "Hernández en un discurso preguntó hasta cuándo el país estaría sometido a la amenaza del puñal de los unitarios. ¿No habrá oído hablar de la Mazorca? Como todo conduce a la literatura, Borges y Bioy leen en el Martín Fierro el anuncio del peronismo, sienten que Hernández hubiese sido peronista, que el hecho de que su poema sea el texto representativo de la nación la ha signado para un destino adverso. "El día que el país eligió Martín Fierro en lugar del Facundo para libro nacional, eligió la barbarie" (28-6-69).

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El respeto de Borges por sus antepasados militares, su idealización de los combates donde pelearon y murieron en el siglo XIX, toda una mitología familiar cultivada por su madre y sin relación con las performances del ejército argentino en el siglo XX, iba a arrastrarlo a varios desatinos posteriores. Esto no le nubló la vista cuando, de visita en Coronel Suárez, le presentan al general Osiris Villegas, figura de fugaz notoriedad en tiempos del régimen de Onganía:
"...Destila estupidez. No es necesario que hable, basta mirarlo" (5-8-68). Para asombro de Borges, Villegas no reconoce los nombres de Clausewitz ni de Liddle Hart; tampoco parece informado sobre las guerras de la Independencia y civiles, apenas sobre la batalla de Junín (16-8-68). Y, siempre, es la literatura quien tiene la última palabra: "Tenemos que incluir en la antología a Benarós. Estoy peleado con él porque se hizo peronista, pero es buen poeta. Además, como peronista, no llegó a ser muy importante" (Borges, 27-6-56).

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Silvina Ocampo 

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Silvina

"En un tiempo te gustaron las cursilerías. Por fidelidad a esa época mantenés la admiración por Ibsen. (SILVINA OCAMPO A BORGES, 4-10-69)

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El 20 de junio de 1958, Bioy había evocado con Silvina Ocampo una larga lista de mujeres que interesaron a Borges, literatas o aspirantes a literatas todas. " Really, he has seen the horrors.... ", comenta Silvina y cuando Bioy rescata de la lista dos "excepciones", su esposa se obstina en el silencio. Ese silencio elocuente es el aporte frecuente de Silvina a las conversaciones de Borges y Bioy. Presencia constante, sólo ocasionalmente registrada por Bioy en su diario, personaje casi invisible, casi tácito, Silvina es capaz de iluminar con una mirada disidente la conversación de los amigos.

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Es conocida la incomodidad de Borges, admirador de su poesía, ante los cuentos, cada vez más libres, desobedientes de las preferencias literarias del amigo y del marido, que Silvina empezó a publicar a partir de La furia (1959). La crueldad, la sensualidad, el grotesco, la indeterminación sexual de algunos personajes y relaciones eran, previsiblemente, elementos disonantes para la sensibilidad de Borges. Con firmeza, sin estridencia, en sus escasas intervenciones registradas en este diario, Silvina sostiene opiniones y gustos propios. Defiende en varias ocasiones a Baudelaire, cuya poesía deja insensibles, cuando no disgusta a Borges y a Bioy. El 18 de julio de 1953, abandona a ambos comiendo en su casa para asistir a la lectura de una pieza de teatro de Estela y Patricio Canto donde Borges y Bioy están presentados "
sin duda no benévolamente". (El 27 de septiembre del mismo año, Borges cuenta, riéndose, que Estela le refirió una frase ridícula que le hacen decir en la obra.) Cuando Borges cuenta que "al final de su vida a Coleridge sólo le importaba hablar. No le importaba el interlocutor, ni nada", Bioy registra: "Silvina ( mirando a Borges ): "Hay mucha gente así..."

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Sócrates antes que Cristo

Dos observaciones sobre la edición de estos diarios. Es admirable la riqueza y erudición de las notas a pie de página que iluminan el origen de citas oscuras, de alusiones a textos de difícil acceso. El índice onomástico identifica al numeroso elenco de esta comédie humaine , aunque -único reproche, pero capital- omite el número de la página donde aparecen, algo que en un volumen de estas dimensiones resultaba indispensable.

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También es probable que un escrúpulo de prudencia editorial haya limado la mordacidad de este texto tan poco prudente, en lo que concierne a alguna persona que ha sobrevivido a los autores. Aunque sin llegar al extremo de los volúmenes severamente censurados de la autobiografía de Victoria Ocampo, publicados póstumamente, quienes recuerdan los sentimientos de Bioy Casares por Kodama se sorprenderán ante la mesura con que aparece mencionada en las páginas finales. Se me ocurre que esa mesura, sin embargo, es un postrero gesto de elegancia, donde prima el afecto no empañado, a la memoria de quien eligió morir en compañía de una mujer que el amigo no admira.

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Es un gesto que Bioy no concede, en cambio, a otras dos figuras presentes ante el lecho de muerte de Borges: un profesor, ex diplomático que Borges "conocía superficialmente, de verlo en mi casa" y el escritor franco-argentino Bianciotti, que "
fue siempre para Borges un personaje ridículo, vanidoso, afectado, afantochado".

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Borges recuerda que Macedonio Fernández se refería a Lord Byron como "el patotero universal", él mismo piensa que Julio César "debió ser un compadrito inmundo". Acaso intente medirse con ellos en la provocación cuando le dice a Bioy: "
Cristo no era un caballero, como Sócrates. Tenía algún talento literario, shakespiriano [...]. Si comparás la muerte de Sócrates y la de Cristo no hay duda de que Sócrates era el más grande de los dos. Sócrates era un caballero y Cristo un político, que buscaba la compasión [...], con su efecto teatral, falsamente grandioso, de ´Perdónalos, no saben lo que hacen [...], o maldiciendo una ciudad donde no le llevaron el apunte, no parece un individuo muy admirable. Los Padres de la Iglesia eran otra porquería" (10-6-71). A este tipo de irrepetibles ocasiones verbales, que se hubiesen perdido como toda conversación, debe este voluminoso archivo sus mejores momentos, su razón de ser.

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LA NACION-BUENOS AIRES, 2006

Link corto: http://www.lanacion.com.ar/842807

SILSH

SILSH

 

Silsh, porteña enamorada de Buenos Aires y del Río de la Plata, que desde los cuatro años juega a armar palabras. Incansable "laburante" que quiere seguir resistiendo en su complicado país y que alimenta su costado sensible a través de la escritura para poder vivir y darle sonido a su voz interior. Adicta al "pucho" y al "mate" además de ser una apasionada por la lectura y la música que, de curiosa, se recibió de Lic. en Publicidad dejando inconcluso su antiguo amor por la bioquímica.Ha publicado su libro de poemas "Descalza y con sombrero" (Letramundi-Argentina) en el 2004. 

E-mail : silsh@arnet.com.ar 

Sitio Web : http://silsh.webcindario.com/       

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HE REGRESADO A CASA        

Extraviada de vos, he regresado a casa.

El jardín, insiste en su nobleza de pincelar con verdes el rellano y las flores anuncian bienvenidas.

Me acurruco en la puerta bajo el dintel añoso.

El picaporte gime con pertinaz nostalgia.

La madera del piso me mira con candor.

Camino sin rozarla, buscando mis rincones e invierto al mediodía que empuja su destino de primavera blanca.

En actitud de abrazo, el nogal de la mesa me brinda con robusta estatura.

Me adueño de mis cosas: de este paso que elige, de mi escozor, mi cauce, mi gesto familiar.

Y las manos responden.

Acarician los nudos que brotaron del árbol donde juega un hornero con maternal instinto, desde un ojal de barro.

Se columpia un retoño del jazmín que diluye el peltre de otras lluvias.

El sol filtra los muros, desnuda cada sombra, mientras abro cajones que conversan en clave, crónicas de humedad (¿alguien conoce acaso, mi fecha de partida?)

Con las dudas gastadas, con los ojos más limpios, reúno mis porciones de pastel carcomido en una fiesta vieja (afuera; los residuos, descartable lo rancio) y en el centro de todo, un candil encendido me ríe la tardanza. 

Descubre a mi juglar, que no cesa, que canta su verbo más sonoro.

Con este pulso escribo sobre papel de arroz.He regresado a casa después de tantas hojas, de recortes, de inviernos, de andar sin un paraguas, de quebrar los zapatos en mitades ausentes.

Sólo sabe - mi casa - del pan recién horneado y esta sonrisa nueva. 

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Ilustración: Randy Wiens

http://www.webstergalleries.com/wiens.htm

Graciela MATURO/Oscar PORTELA

Graciela MATURO/Oscar PORTELA

Nueva Antología de Oscar Portela en Red Editada en Galicia

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Un nuevo opúsculo en Lisboa y la edición paralela en gráfica y para descargas en red se puso hoy a disposición de los lectores por parte de Ediciones Daeira dirigida por José Blanco Alborez en Galicia: se trata de una breve Antología poética del escritor Argentino Oscar Portela que engrosa su ya vasta obra poética y ensayistica.

http://www.edicionsdaeira.esp.st/
  

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La tentación del abismo en la obra de Oscar Portela
ensayo de Graciela Maturo

Oscar Portela pertenece también en su talante vital y en su obra toda, a esa legión que no solo es americana sino que reclama el derecho a serlo plenamente. Esto no lo priva, sino que por el contrario lo obliga a un diálogo permanente con el mundo de las ideas, a una elaboración profunda, desde su acá, de toda incitación filosófica y de todo estímulo creador. Su confrontación con el deconstructivismo de Jaques Derridá, será pues una confrontación creativa, poética, capaz de extraer de su ejercicio dialéctico abierto a últimos confines de la razón su cuota instauradora de sentido, su nueva "imago mundi".

Oscar Portela, con el talento y la creatividad profunda que viene desplegando en su obra, recobra órficamente el valor genesíaco de la tiniebla, no para gozarse en un universo sígnico despojado de realidad, sino para incorporar plenamente a su visión, el polo negativo. 

He dicho de él - y lo han afirmado otros -, como de Ramponi, Castilla, Solá González, que son poetas nacionales por venir de su región, sin que esto se entienda como un mero apuntar a lo descriptivo o lo folklórico. Hay un pensamiento en la poesía de Portela como la hay en la de Novalis, Goethe, Huidobro, Neruda, Molinari. Un pensar hecho de intuiciones, percepciones, afectividad, pulsión, intelección. No es la suya la vía de un tanteo onírico o de una vaguedad sensorial, sino la riqueza de un intelecto amoroso que no renuncia en ningún momento a la tarea de comprender. Ejercicio activo de la memoria-desmemoria, del saber- que acrecienta el no saber, del juego de la presencia y de la ausencia.

Lo diurno y lo nocturno alternan vivamente en la poesía de Portela; digamos que en sus últimos poemas, se inscribe decididamente en la vertiente nocturnal. Y no es la primera vez que asoma lo nocturno en su poesía. La noche, la oscuridad, la ausencia, la concavidad del no ser, es un latido permanente en los ritmos con que este lenguaje se manifiesta.

En esa entrega total al conocer y al ser, no puede eludirse el paso por los infiernos, la morada en el desierto de donde se vuelve con la aridez de la pérdida o con la riqueza del encuentro. Es la salida a lo abierto, el momento de riesgo que significa entrar en lo vedado.

El caso de Portela nos autoriza a pensar que no es América el ámbito donde los signos se fecundan en el antí-logos de las superficies textuales que se entrecruzan como diría Kristeva, sino el lugar auroral donde las escrituras se consumen y se consuman, es decir, se realizan.

Discípulo de Nietszche, Heidegger, Derridá, Deleuze, Blanchot, Klossowsky y Bataille, Portela da aliento a una deconstrucción arrasadora, acepta el desafío de las cifras, se hunde en la babélica superposición de los discursos, pulveriza los signos de infinitos lenguajes.

Espera finalmente el "golpe de gracia" de la imagen final, el poder de los nombres y enfrenta audazmente lo demoníaco, en un trance de desnudamiento absoluto. Se desnuda de velos y redes, del recuerdo y la voz, de los colores y de los ritos. Pretende dejar de lado cuanto a existido, su palabra y vivencia, para albergar en si la no-vida de las escrituras, la concavidad de la muerte, el Eros sombrío de las nupcias con la nada.

Una apetencia de absolutez lo lleva a la frecuentación de abismos, transposiciones, migraciones, autodestrucciones, de las que sale vivo, renovado, ave fénix. Oscar Portela percibe claramente como el poema mismo es vida y muerte, construye su propio sarcófago formal que es necesario cerrar y abrir continuamente porque esos nombres a de borrarlos el "adviento".

Un estudio de la expresión poética de Portela mostraría la naturaleza ritual y religiosa de su lenguaje, donde se manifiesta permanentemente la búsqueda del Uno, la realización de una minuciosa liturgia, la intensidad de la plegaria, que asume también la forma de blasfemia.

El suyo es un verbo incandescente que expresa el dolor de la noche de la razón. La voluntad del Angel Exterminador que tiene sed de absoluto y despojamiento. Se propone buscar algo más que el "acuerdo de los sonidos y las natalidades", avanzar más allá, en la negación de la negación misma y se ofrece como víctima, canta a las bodas con la muerte purificadora: "muerte que nos proteges contra el exilio del cielo", como un ángel maldito entregándose a un destino inexorable. Su pasión, como toda pasión intensamente vivida, es salvadora. La intensidad amorosa de la entrega lleva en sí misma su escala de reencuentro. Se siente despeñarse al ritmo musical del versículo, se percibe el jadeo de ida y vuelta en el trabajo poético, se descubren tesoros que la marejada viene a depositar en la playa.

La lucidez del poeta es el primer ejemplo del vigía que atiende a cada dádiva del mar: " nada abolirá el movimiento del azar". Aunque Oscar Portela haya tomado sus impulsos más íntimos de los filósofos citados, su impulso más profundo le viene de su propio lenguaje, de una cultura que es muerte y resurrección de una tradición cuyo padre es Orféo; en este punto el canto mismo se hace escala salvífica.

Las palabras, las imágenes, son el hilo de Ariadna que han permitido al poeta héroe sobrepasar las orillas de la desmesura, para ofrecernos una obra que es al fin sólo el cuerpo, el sema, las huellas de la aventura poética.


La palabra de éste gran poeta Argentino, es siempre una palabra plena, es decir el signo de una vida interior incesantemente fecundada por la pasión y la inteligencia. Se da en ella un doble movimiento de fuga y pertenencia que nos hace pensar en aquella metáfora marechaliana del pez en el anzuelo.
Fuga hacia lo abismal y abierto, hacia la nada que atrae con la fuerza de un sol oscuro, y es también una de las formas de lo sagrado. Pertenencia al mundo encarnado, a la tierra, a la corporeidad destinada a sentir sus dones. Protagoniza así ese retorno al Origen que Heidegger llama Khere y que no puede ser comprendido simplemente como vuelta, ni tampoco como regresión, sino como transformación espiritual y apasionado reclamo del sentido de la vida. Se trata de la conversión del poeta a su ser más profundo, del despertar del yo trascendente, cuya búsqueda era, según Novalis, la más profunda tarea del artista.

Así las imágenes, desgranadas en escala semántica y musical, se ofrecen como escalera de realización, siempre en camino de ida y vuelta, entre el tiempo y la eternidad, entre el ser y la nada, entre el goce del mundo y el sordo llamado de la muerte. El poema es remanso de felicidad en que se revela la plenitud del instante, y es a la vez el hueso en que la sed vuelve a despeñarse inagotable. La obra espléndida de Oscar Portela pertenece a la poesía americana con sus mejores fueros. Tiene el carácter ritual de una ofrenda en que el oficiante va desvelando el misterio cósmico y la secreta ambigüedad de su propio rostro. Un duelo interminable dicta estas elegías que se desempeñan como una cascada lacerante de gemidos y plegarias, doradas por los resplandores del ser que se oculta entre detritus arrastrados por el tiempo. El poeta correntino entrega a la música las notas amargas de su interrogación por la aventura del vivir, del conocer, amar, y morir, en una petición de absoluto que expresa la sed viceral del viajero sobre la tierra. Su poesía adquiere el valor de balance vital, testamento, pregunta que cala hasta lo profundo del ser, despedida del mundo y de sus dones. Es también un reclamo por la dignidad del hombre.

Oscar Portela sé autoconfigura como el existente que ha llegado a una meseta de desolación, perdido el bagaje de los deseos y esperanzas que dan sentido a la vida. Su memoria, que arrastra briznas del Paraíso de la infancia, agitado por el viento de los palmerales y el amor de la madre, se siente ahora mutilada y golpeada por huracanes de cenizas.

Sólo soy un pasajero del hambre” –dice- “Y aquello que alabé, aquello innominado que ilumino mi verbo y acaricio mi alma con las dulces promesas de los frutos más dulces, escarnio fue y castigo, y condena y exilio de mí mismo y del tiempo que hice temblor y canto”. .... Su mirada solo advierte ahora “sal en los sembrados donde vertí mi sangre, pobres temblores y aleluyas, pobres hosannas caídos en la indigente estéril tierra de mi patria!” Apocalíptica conciencia de destrucción del mundo, intensa noción de la finitud, reclamo ante el Dios oculto y silencioso.

Las elegías que componen sus últimos libros desgranan con lúgubre pasión el sucesivo vaciamiento del amor, el deseo, la esperanza, la voluntad de vivir. Vedme, espectral en sueños, despedirme del canto con que aromé mis horas... sentencia Oscar Portela en ambigua afirmación sobre la poesía.
Las palabras, negadas e imprecadas, que siguen siendo el nexo del poeta con el origen y el sentido. Rodeado de sinrazón, penetrado por el sentimiento de vacío y ausencia, la palabra es todavía el humus sagrado en que el rapsoda mora, se expresa, muestra sus llagas, reposa. Látigo u consuelo, el canto sigue siendo una tierra más real que la tierra que se destruye ante sus ojos. No nos extrañe pues que las palabras sean el centro de la meditación de Oscar Portela, oscilante entre la búsqueda del lenguaje y el retorno a una realidad preverbal.

Afrontar la destrucción de la palabra, el desgajamiento del nombrar adherido a su corazón.” Ay de vosotras, garzas voladas por el agua del deseo, a qué llamar por mí, en mi nombre de muerto, pues quien respondería y en nombre de qué imágenes a las visitaciones que ahora me reclaman desde un presente sin presente? “.Las palabras se revelan inconsistentes, lejanas a la presencia que las funda, lejanas a toda certidumbre. Sudario, naufragio, ausencias virtuales del blanco y del azul que recuerdan a Mallarmé, imágenes de lo no imaginable, pueblan el mundo de Portela, tenso entre los polos del Paraíso perdido y la destrucción del Fin de los tiempos.

Desde el sentimiento de la absoluta soledad rememora los días felices, los goces, los paisajes liberados a su fragilidad efímera, los seres amados. Pero la poesía, desde antiguo, halla en sí misma su propia respuesta y recompensa. El puro acto de confiar a la palabra la desolación y él vació, comienza colmarlo con la furia descendente del verbo. Misterio de la creación, diálogo con lo absoluto emprendido por el poeta – demiurgo que alcanza el nivel de su propia develación. Surge en su propia voz la visión abarcadora del cosmos que desborda su propia e incomprensible belleza. Y el desgarro existencial llega a engarzarse en visiones deslumbrantes de epifanía.

Oscar Potela nos entrega, con el gesto de un dios exiliado y rebajado del reino, y con implícita alusión a la larga dinastía órfica de los poetas que en Occidente han compartido la herencia mítica y la lucidez critica dentro del poema. Su espléndido lenguaje surge denso de originalidad, riqueza semántica, fluidez coloquial y profusión imaginística. Portela utiliza expresiones como desta o questa, dignas de Garcilaso; incluyen vocablos poco usados como por ejemplo zureo o peto, sin caer en alambicamiento; varía infinitamente el método de la metáfora en actividad creadora que no osaríamos reducir a un conjunto de “recursos poéticos”. La poesía que alcanza es lanzada en el alto nivel de la oda o la elegía y participa de una energía musical que pone en marcha conjuntamente a la inteligencia, la sensibilidad y la imaginación.

El poeta asume constantemente la primera persona, en afirmación lírica del yo, y al mismo tiempo se configura como sujeto omnipresente: Es sombra, espectro pasajero, temeroso y osado coreuta de los dioses, desalojando de mí desterrado, conterrado, pantera, tigre. Se identifica con Orfeo buceando en el misterio del tiempo, descendiendo al Hades, descubriendo en la música de su flauta el sentido de su propia vida y muerte.

Víctor Hugo escribió con sabiduría: A quoi tient l’abîme? Attendons: Oscar Portela se entrega a la angustia existencial, crea su verso desde la pasión y el desgarro, renace desde las cenizas de su muerte como el fénix mitológico, a través del canto.Hoy asistimos a los signos manifiestos de su madurez vital en el dolor y la oscuridad de una experiencia límite, que con los poemas de “Claroscuro”, alcanza a poner a prueba sus propios límites.

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http://www.universoportela.com.ar/claroscuro.htm  

Richard John BENET

Richard John BENET

  

Seudónimo: Richard John Benet, nacio el 28/11/1956 en Buenos Aires, Argentina  

PREMIOS: Segundo puesto, Vº Concurso de Cuento y Poesía de la Asociación de Arte y Cultura de Merlo (Argentina) por el cuento: “Noche de bruma y silencio”Grupo El Fausto (España)  Primera Mención de Honor,  Concurso de Cuento y Poesía, por el cuento: “El hombre de marrón del fondo de mi casa” 

PUBLICACIONES: Antología del Vº Concurso de Cuento y Poesía de la Asociación de Arte y Cultura de Merlo (Argentina) Segundo puesto: “Noche de bruma y silencio”Antología compilada por el escritor y poeta César Melis “La trama y las sombras” (Editorial Dunken) Concurso del año 2005. Cuento: “Insensatez” 

E-mail: ricardoacade@hotmail.com, ricardoacade@yahoo.com.ar 

SITIOS:

www.agonia.net

www.sanesociety.org

www.lacasadeasterion.net 

www.arihua.net 

LIBROS:ALMIAR Margen Cero (España) Cuento: “Mente asesina”Resonancias Org. (Franco-argentina) Cuentos: “Mente asesina” y“La leyenda del vagabundo de Viena”Proyecto Scherezade (Universidad de Manitoba, Winnipeg, Canadá) Cuento: “Instrucciones para el sepelio de una mula” Portada Marzo 2006 

BLOGS: Tomás Hotel (Francia), Alma de Luciérnaga (Israel), Los discípulos (Argentina), El Fausto (España)  

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Instrucciones para el sepelio de una mula 

Jeremías respetaba cada una de sus rutinas. El creía en lo que decía El principito: “los rituales son importantes”. Recién levantado se tomaba una de sus interminables duchas. Su higiene personal la completaba con afeites y lociones. Luego se vestía con su riguroso traje oscuro, zapatos negros, corbata al tono y su maletín de cuero parecido al de los médicos. Luego compraría el infaltable periódico en el kiosco de la esquina. Antes de salir, dejaba un vaso de agua con las medicinas al alcance de su mujer. Único gesto de ternura que se permitía por las mañanas.

Jeremías sabía de memoria el horario de los diferentes colectivos. Si por algún motivo sufría alguna demora entraba en estado de angustia. Esa mañana marchaba todo de acuerdo a lo esperado. Tenía tiempo para saborear su cortado mitad leche, mitad café y hablar con Ricardo, el mozo, de fútbol o política. Por último leía las noticias y comenzaba el crucigrama. Unos minutos antes de su horario de entrada, ingresaba a su trabajo.

-¡Buenos días Jeremías!... ¿Tomás una taza?-Le dijo Gabriel, con la cara del que ha pasado la noche como vendedor de guardia.

-No gracias… vengo del bar… me voy arriba a acomodar las cosas.

-Bien… todavía falta para que lleguen los demás… ¡Ah!... hay dos nuevos arriba.

-O.K., luego nos vemos-Se despidió Jeremías.

Rápidamente se puso la bata blanca y el barbijo. Entró en la sala fría recubierta con azulejos blancos. El piso era de mosaicos grises y todo el lugar daba sensación de asepsia. Ahí en el medio de la habitación estaban los dos nuevos. La primera era una muchacha de unos veinticinco años. El tono bilioso de la piel y el color morado de los dedos mostraban un poco prometedor caso de muerte natural. Tal vez una afección cardiaca. Comenzó a trabajar en el cadáver, en unos instantes le había lavado y hecho una cosmética especial. Luego trajo un ataúd y la acomodó. El cuerpo era un poco largo, pero no había necesidad de quebrarle ningún hueso, para que entrara en el cajón estándar que pagaba la obra social. Le puso la mortaja y la llevó contra un rincón, la tapa la dejó apenas apoyada.

El otro tipo era enorme. Unos 120 o 125 kilos, a lo menos unos 2 metros de alto. Calzaba el 45 y las manos eran proporcionales. Iba a necesitar ayuda para moverlo. Retiró la sábana que lo cubría y casi dio un grito de asombro. El tipo tenía una profunda herida a la altura del hígado. ¿Qué hacía un cadáver como ese en la funeraria? ¿Ya habrían cumplido con los requisitos que exigen las leyes? Luego le preguntaría a Armando.Tomó el maletín y extrajo una caja plateada con instrumental quirúrgico. Y el libro con el que estudiaba patología.

Su mujer le tenía por un don nadie. Un burócrata de la muerte. Un tipo que lo único que había hecho en los últimos veinte años era embalar cadáveres. ¡Pero el le iba a demostrar cuándo se recibiera de médico forense!

Jeremías se tomaba ciertas libertades en su trabajo. Por ejemplo cuándo higienizaba los cadáveres… el realizaba prácticas. Cortes, suturas y extracciones de tejido. El hombrote daba para el estudio.

El tajo era un trabajo de profesional, hecho con un cuchillo de supervivencia como el que usan los comandos. El filo había quedado hacia arriba y el corte fue ascendente. Esto se veía en la forma de la herida. El corte superior era limpio y profundo, en la parte inferior del tajo había desgarros producidos por la forma aserrada que tienen esos cuchillos en la parte superior.

Tomó el bisturí y unas pinzas, y con sus manos enguantadas puso el cadáver de costado en el lavatorio. Luego realizó una incisión casi sobre el estómago. Miró la hora. Tenía tiempo. Las tripas estaban anegadas de sangre. El tipo pese a ser colorado y rubicundo tenía una extrema palidez. No solo había perdido sangre, sino que las hemorragias internas habían terminado con él. Hundió las manos cerca de la glándula biliar y luego palpo lo que le quedaba de hígado. La cuchillada le había interesado el hígado y parte de los intestinos. Seguía Jeremías revisando, cuándo sintió algo duro en el estómago. Trató de atraparlo pero se hundió en la gelatinosa cavidad. Jeremías volvió a palpar la bolsa estomacal… y ahí estaba.  Con cuidado la seccionó. En su mano apareció un paquete como de celofán. Lo puso bajo la canilla y lo limpió, dentro se veía un polvo blanco, como maicena. No era ningún comestible. El sabía lo que era.

-Cocaína-Pensó escéptico.

Se levantó del asiento y volvió a hundir las manos en el estómago. Empezó a extraer más cápsulas. Eran casi dos docenas, calculó que serían un kilo trescientos o un kilo y medio. ¿Qué iba a hacer ahora?

-¡Jeremías!-La voz de Gabriel en la escalera-¿está lista la muchacha?

Corrió y tomó la sábana que había cubierto a la chica. Hizo un bollo y lo introdujo en el tajo del cadáver del tipo. Luego tomo al otra sábana y lo cubrió.

-¡Si!... ¡ya está!-Respondió jadeante.

-¡Epa!.. Que trabajo hiciste con la muchacha-Dijo admirado Gabriel.

Tomaron la tapa y la aseguraron con sus herrajes. Luego lo llevaron a la cinta transportadora que la llevaría al subsuelo. De allí al furgón que lo depositaría en el velatorio.

-¡Ah!... ¿Cuánto te falta para el holandés?

-¿El holandés?

-Ese tipo-Dijo Gabriel señalando el cuerpo en la camilla.

-Más o menos… este… una hora-Dudo Jeremías.

-¿Seguro?

-¡Seguro!... ya mismo pongo manos a la obra.

Jeremías tenía las ideas agolpadas en su cerebro.

-¡Los paquetes!-Pensó con desesperación-¿Los habrá visto Gabriel?

Ahora ya no tenía importancia. Se sentó y miró sonriente la caja refrigeradora que estaba frente suyo. Ya tenía la solución para ocultar el botín y despachar al holandés.Lo primero era hacer su trabajo. Y por mucho que pesara el muerto, el haría aquello sin ayuda.

Jeremías no lo sabía, pero las decisiones y las acciones que estaba por emprender, cambiarían en menos de veinticuatro horas su vida rutinaria.Él era uno de los pocos que conocían una técnica relativamente nueva en el país. La tanatopráxia. El se encargaba de acondicionar los cadáveres para viajes de traslado. Sin necesidad de refrigerarlos. Simplemente les quitaba las secreciones y humores internos, y luego trataba el cuerpo y las vísceras con espermicidas y germicidas. Por último realizaba un arreglo cosmético y lo acomodaba en el ataúd; ya listo para el traslado.

Aunque no tenía ganas de almorzar cruzó al bar. Se sentó en la mesa usual.

-¿Doctor le traigo el cortado mitad y mitad?

-Preguntó Ricardo diligente.

-No… traeme una grapa…

El mozo se lo quedo mirando intrigado. Ese era el primer cambio imperceptible en la conducta de Jeremías. Hacía años que no tomaba alcohol.

-¡Ricardo!... la grapa…

-Si… doctor.Hacia años que  había desistido de la idea de explicarle a Ricardo que el no era ningún doctor… todavía. Cuándo volviera el mozo tenía otro favor que pedirle. Una vez habían hablado de unos chicos drogadictos. Uno trabajaba en el bar de lavacopas. Estaba limpio… pero seguía en ese barrio pesado de amistades peligrosas.

-Doctor… la grapa-Lo miró asombrado mientras tomaba un trago.

-Ricardo… necesito un par de favores.

-Si… doctor… lo que guste.

-Primero necesito que me guardes esto un par de días-Sacó la caja de metal con el instrumental quirúrgico. Retiró un bisturí que se guardo en el saco, y luego se la entrego.

-Lo voy a llevar al cofre dónde guardo mi ropa de calle… en el vestuario-Dijo Ricardo, mientras se iba.

No tardó demasiado en volver. Jeremías le pagó la grapa y le dejó el vuelto.

-Ricardo… traeme otra grapa… ¡Ah!... quiero hablar con el chico… ¿Cómo se llama?

-No se lo dije doctor-Ricardo lo miró con severidad -¿Para que quiere hablar con ese?

-Tengo… tengo que-Que se me puede ocurrir, pensó-que hacer unos… unos arreglos-¡Eso!-y necesito unos albañiles… baratos… entonces yo pensé…

-Doctor… a estos no les gusta el trabajo… usted no tendría que…

Jeremías se sorprendió de su propio tono de voz al interrumpirlo:

-¡Ricardo!... quiero hablar yo con el chico… ¡No tus consejos!... ¿Entendido?

-¡Si doctor!-Retrucó servil- ya voy…

-¿Cómo se llama?-Chelo… le decimos Chelo.

El muchacho se acercó a la mesa mirando desconfiado.

-Hola… ¿vos sos el  Chelo?... vení sentate aquí.

El chico se sentó y miró alrededor. No estaba nada cómodo.

-Mirá Chelo… si yo tuviera un kilo y medio de coca… ¿encontrarías un comprador?

-¡Yo señor no se nada!... ¡Estoy limpio!... hace mucho que no tomo-Se desesperó el muchachito.

-¡No seas estúpido!... tranquilizate-Otra vez empleo un tono de voz autoritario que jamás había utilizado- yo tengo aproximadamente un kilo y medio de coca. Parece de la buena… si me conseguís comprador una parte es tuya. ¿Cuánto se puede obtener?

-Unos… cuatro mil…

-¿Cuatro mil pesos?

-Cuatro mil dólares.Una pequeña fortuna para Jeremías.

El chico estaba asimilando la información. Lo miró a los ojos y le dijo:

-Tengo que hacer unos llamados.

-Anda… yo te voy a esperar acá.

Ricardo miraba con gesto de desagrado.

-Doctor… a estos no les gusta el trabajo… son vagos.

Jeremías se cruzó los labios con un dedo y el otro se calló.

Chelo estaba de vuelta.

-Mañana al mediodía… nos lleva al lugar dónde está…

-¡No!... tiene que ser un lugar neutral… que me llamen acá y nos ponemos de acuerdo el lugar de la entrega-Le dijo al Chelo.

Ricardo se aproximó y se quedó mirando. Jeremías para disimular, saco una tarjeta y se la dio al Chelo:

-Esta es la dirección… mañana al mediodía… ¿Esta bien?

El muchacho tomo la tarjeta y dijo:

-Si está bien… doctor.

-¡Me parece que se amontonan las copas!… ¡Chelo!-

-La culpa es mía… para la grapa… y deja el vuelto.

El gesto del mozo se dulcifico.

Jeremías cruzó a la funeraria. El cadáver del holandés ya había sido despachado. Al Aeropuerto Internacional de Ezeiza y de allí a Ámsterdam.

Terminó algunas cosas pendientes, y al cumplirse el horario salió rumbo a su hogar. De pasada entró en el supermercado coreano de la cuadra y compró una botella de vino selección y un pedazo de queso gruyere.

Su esposa estaba mirando la telenovela. Cuándo entró dio vuelta la cabeza y dijo sin mayor interés.

-Hola… ¿Cómo estás?

-Bien… voy a la cocina… no te molesto.

-¿Qué… ahora tomas?

-Pregunto con gesto agrio.

Los cambios en Jeremías seguían:

-¡Si!... ¿Y que?

Tal vez haya sido por el tono de la voz. O por su gesto. Ella estaba belicosa como de costumbre. Pero cayó y siguió mirando su programa.

Una vez en la cocina Jeremías busco una copa y algo con lo que destapar la botella. La copa no le dio demasiado trabajo. Y para destapador utilizó una navaja que siempre llevaba consigo. Tenía múltiples usos. Cortó el queso en pedazos y agregó algunas rodajas de pan viejo. Bebió el vino despacio, mientras picaba el queso. Hacía años que Jeremías no estaba satisfecho consigo mismo. En aquel momento sentía algo muy parecido a la alegría. Se sentía dueño de la situación y de su propia vida.

A la mañana siguiente se despertó aún en la cocina. Se había quedado dormido en la silla. Miró la hora… iba con atraso. No se podría duchar, se refrescó un poco el rostro en el lavabo y se echó un poco de perfume. Se acomodó un poco el traje y salió.

No le sobraba el tiempo, pero su parada en el bar era sagrada.

-Doctor… buenos días… ¿Vio el noticiero?-Preguntó el mozo.

-No… no tuve…

-Espere… escuche doctor.

Una placa roja con letras blancas:

CASO DE NECROFILIA CAMINO A EZEIZA.

Y la voz vibrante del locutor anunciando:

“Como adelantamos fue encontrado un cadáver dentro de un furgón funerario camino al Aeropuerto Internacional de Ezeiza… el furgón estaba abandonado con su macabra carga mortuoria. Al cuerpo le extrajeron íntegro el estómago… las autoridades se encuentran desconcertadas… hay más informaciones…”

Jeremías estaba pálido y preocupado. Tanto que no terminó el cortado y cruzó a la funeraria.

Armando estaba conversando con dos hombres de traje y aspecto severo.

-¡Jeremías!... los señores son de la policía… quieren hablar contigo.

-¡Si, por supuesto!-Jeremías fingió una jovialidad que no sentía-¿Puedo hablar un segundo con vos?

-Si… ya vuelvo señores.

-Armando… estamos en problemas-Estaba tratando de hablar en forma calma-el cadáver ese no era un caso normal. Al tipo lo habían matado…

-Para… tranquilo… esto lo arreglo yo…

-¡Mejor que lo arregles!... cuándo hagan la autopsia se van a dar cuenta que el tajo sobre el hígado no era post morten, que la causa de la muerte fue una cuchillada y porque se desangró. Lo asesinaron y nosotros…

Armando lo tomo del brazo y le dijo:

-Jeremías… quedate tranquilo… vos nada más decile que hiciste con el cuerpo. Del resto me encargo yo… ¡No va a pasar nada!

Jeremías estuvo un buen rato con los policías. En realidad todo era muy rutinario, todavía los tipos no estaban lo suficientemente suspicaces. Tal vez en la próxima visita fueran más agresivos.

-Bien… amigo, puede que lo necesitemos de nuevo… usted sabe

-¡Acá voy a estar!... para lo que necesiten.

Los acompañó hasta la puerta y luego que se fueron fue a ver a Armando.

-Armando… me siento un poco mal… te quería pedir…

-¿Permiso para irte?... ¡Claro hombre!... anda nomás…y lo que te dije, quedate tranquilo que nadie va a averiguar nada, yo ya lo arreglé…

De todas maneras estaba intranquilo. Pasó por el bar para ver que pasaba con el Chelo.

-Ricardo… ¿Lo llamas al Chelo?

-Hoy no vino a trabajar… ¡Le dije doctor son vagos!

Ricardo se dio vuelta para atender el teléfono que sonaba en al barra.

-Doctor… es para usted-

Jeremías tomó el auricular algo confundido.

-Si…-Hola… papá… somos los albañiles… estamos en tu casa-La voz sonaba curiosamente molesta-Vení para acá con la mercadería… ¿Sabés?

-Si… entiendo-Jeremías puteo su suerte. Puteo al tipo del otro lado de la línea. Y puteo la puta idea que había tenido de darle la tarjeta a ese tipo.

-Papá… no nos vas a cagar… ¡Por que hacemos un desastre!

-¡Y te quedas sin nada!-Otra vez Jeremías estaba irreconocible-Le tocas un pelo y tiro todo al inodoro… ¡Idiota!

-¡Para gil!...

-Quiero hablar con mi esposa.

-Ya te paso… ¡Señora!-Gritó

-¡Pero me hubieras avisado!-Era ella sin dudas-¡Está todo desarreglado y…!

-¡Callate y escuchame!-La hizo callar-Quedate tranquila… ya voy para allá.

-Todo bien…jefe.

-Todo bien… voy con eso.

No tenía mucho tiempo que perder, tomó un taxi.

Al llegar uno de los tipos le abrió la puerta. Eran tres bastante mal entrazados.

-Nosotros cumplimos… ¿Y vos?

-Jeremías… los muchachos desde que llegaron no han hecho nada… ¿les explicaste el trabajo que tienen que hacer?-La mujer irrumpió entre ellos.

La tomó del brazo y con una furia inusual le dijo:

-¡Anda y encerrate en la cocina!... cuándo yo me vaya con los muchachos salí… ¿entendido?

Sumisa y sin preguntar se fue sin decir palabra.

-¿Y papá?... la merca…

-¡Mirá pedazo de mierda yo no soy tu papá!... y no la traje.

-¡Pero…gil! Te vamos a hacer boleta a vos y a la vieja…

-Escucha bien-El gesto fiero y las palabras de Jeremías detuvieron al tipo que parecía el líder-Ahora nos vamos de acá y los llevo a dónde está la coca. Lo que te dije… la tocan y no ven un gramo.

-Está bien…vamos.

Los cuatro salieron y cruzaron la calle hasta un Ford Falcón desvencijado. El jefe se sentó al volante y Jeremías atrás con un mono de cada lado.

Un tubo negro y grueso de metal entró por la ventanilla del conductor y se depositó sobre la sien del tipo. Otros dos silenciadores entraron por las ventanillas traseras.

-Bien muchachos… gracias… ahora nos hacemos cargo nosotros… ¡Vos bajá!

Jeremías pasó por encima del tipo de la izquierda, una vez fuera del auto una mano vigorosa lo tomó del cuello y lo llevó a otro vehículo.

Mientras se alejaba escuchó las explosiones apagadas de las armas. Una especie de ¡Plop!, seguidas de otros ¡Plops! Y un último y definitivo ¡Plop!

Los cuerpos se retorcieron por los impactos y el líquido rojizo manchó los paneles y salpicó los vidrios.

Jeremías estaba de nuevo igual que antes, sentado atrás con un tipo de cada lado. El que se sentó adelante se dio la vuelta y le habló:

-Nosotros somos los dueños del paquete… ¿Entendés?

-Entiendo.

-Queremos el paquete… y nadie va salir lastimado… incluso su esposa y usted podrán morir de viejos y pensar en esto como una anécdota… ¿la tenés?

-La tengo.

-¿Dónde?

-Vamos a la funeraria.

-¡Me estás jodiendo!-Dijo el tipo fuera de si.

-No jodo con algo tan delicado… a la funeraria.

Llegaron ya pasada la hora de cierre.

-Voy a pegar un vistazo… hasta pueden estar los medios… o la policía.

Jeremías era personal de confianza y tenía antigüedad en la firma. Tenía un juego de llaves. Abrieron y no prendieron las luces, solo se manejaban con una linterna.

-¿Adónde?

-A la sala mortuoria.Jeremías había cambiado decididamente. No estaba cohibido ni asustado. Estaba esperando su oportunidad. Hasta había acariciado el mango del bisturí en un par de ocasiones dentro de su saco. Y esa parecía una buena oportunidad. Los tipos duros… los asesinos que venían a buscar la mercadería sin importarles nada… parecían tenerles miedo a unos fríos cadáveres. O le había parecido, o creyó verles titubear antes de entrar en la sala oscura dónde reposaban un par de cuerpos cubiertos por sábanas. Pateó un cubo de basura de metal que cayó con estrépito, el haz de luz de la linterna le abandonó unos instantes. Entonces asesto el golpe. Un tajo limpio al cuello de uno de los tipos. Se oyó el porrazo pesado del cuerpo contra el suelo. Y luego como un sonido burbujeante y agónico, del tipo que se ahoga en su propia sangre. Arrojó un golpe y la linterna voló por los aires. Entonces un par de fogonazos anaranjados hirieron la oscuridad. Jeremías había tratado de huir rápido, no lo consiguió. Como dos hierros candentes se le hundieron en sus músculos, un dolor insoportable que lo desmayó.

Cuándo Jeremías volvió en si lo primero de lo que tuvo conciencia fue de la oscuridad y el frío atroz. El hombro le dolía horrores. Trató de incorporarse pero su cabeza golpeo con algo muy duro. Entonces se movió a un lado. Esta vez tampoco pudo zafar del lugar en el que estaba. En el otro lado también había una pared. Parecía estar dentro de una bañera. Rebuscó en el bolsillo y sacó un encendedor. ¡Estaba dentro del cajón refrigerador! El asesino le había dado por muerto y lo había guardado ahí.

Jeremías sabía que si mantenía la calma podría salir. Sacó la navaja y iluminándose con el encendedor empezó a trabajar en la traba del cajón. Hizo un poco de fuerza y libró la pestaña. Luego empujó y el cajón se deslizó sobre los rieles. Dos centímetros. A lo sumo tres. Volvió a probar. Nada. No se movía. ¡La maldita camilla!... seguro que la camilla estaba apoyada contra el cajón. Entró en pánico y con frenesí comenzó a patear y forcejear. En plena lucha lo sorprendió el cansancio. Sus movimientos se hicieron más lentos. Sus párpados comenzaron a cerrarse. Y sin darse cuenta quedó dormido en su tumba de hielo. A unos pocos pasos, en otro cajón, el cadáver de un muchacho con el cuerpo lleno de cocaína, sería cremado aquella misma mañana.

*

Richard John BENET

Richard  John  BENET

Ricardo Juan Benítez, seudónimo: Richard John Benet, nacio el 28/11/1956 en Buenos Aires, Argentina  

PREMIOS: Segundo puesto, Vº Concurso de Cuento y Poesía de la Asociación de Arte y Cultura de Merlo (Argentina) por el cuento: “Noche de bruma y silencio”. Grupo El Fausto (España)  Primera Mención de Honor,  Concurso de Cuento y Poesía, por el cuento: “El hombre de marrón del fondo de mi casa” 

PUBLICACIONES: Antología del Vº Concurso de Cuento y Poesía de la Asociación de Arte y Cultura de Merlo (Argentina) Segundo puesto: “Noche de bruma y silencio”. Antología compilada por el escritor y poeta César Melis “La trama y las sombras” (Editorial Dunken) Concurso del año 2005. Cuento: “Insensatez” 

E-mail: ricardoacade@hotmail.com

ricardoacade@yahoo.com.ar 

SITIOS: www.agonia.net

www.sanesociety.org 

www.lacasadeasterion.net

www.arihua.net 

LIBROS:ALMIAR Margen Cero (España) Cuento: “Mente asesina” Resonancias Org. (Franco-argentina) Cuentos: “Mente asesina” y“ La leyenda del vagabundo de Viena” Proyecto Scherezade (Universidad de Manitoba, Winnipeg, Canadá) Cuento: “Instrucciones para el sepelio de una mula” Portada Marzo 2006 

BLOGS: Tomás Hotel (Francia), Alma de Luciérnaga (Israel), Los discípulos (Argentina), El Fausto (España)   

*

Mente asesina 

*

El hombre estaba al final del callejón sin salida, en más de un sentido. Estaba alerta, al acecho. Esperaba su presa. Como un animal olfateaba el miedo y la debilidad de su potencial víctima. Sabía también que él a su vez se había convertido en un blanco móvil. Que hacía tiempo que él lo perseguía y que aquella noche finalizaría todo, de un modo o de otro. El tipo pensaba:


-“Tal vez fuera mejor que alguien me detenga. Ya no puedo seguir haciendo esto. Pero solo quiero una muerte más antes de morir. Matar es una droga. Me causa placer. Siento los gritos, me maldicen… me suplican ¡Piden que los mate de una buena vez! Pero me tomo mi tiempo; no tengo apuro. Luego en un éxtasis final, cubierto de su sangre, grito y bailo ¡todo concluyó!


Ahí viene el arrepentimiento los gritos en mis pesadillas. Ya no puedo arreglarlo ¡Lo que hice está hecho! Entonces juro que va ser la última vez, que no lo voy a hacer más, que voy a ser un chico bueno.


Recuerdo la vez que fui a pedir ayuda a aquel cura. ¡Pobre! Lo desollé sobre el altar. Tal vez si me apresara la policía, podría argumentar que me había poseído el demonio. O cuándo mate a la madre del estúpido que me persigue, pensó que me podía ayudar.  Me ayudo ¡Claro que me ayudo! Todavía escucho sus aullidos:


- ¡No! ¡No, hijo, no!-Mi cuchillo pedía sangre-¡Hijo!... ¡NO! El muy débil pensaba que podía conmigo; hacia años me perseguía. Yo tenía la sensación que si no me había atrapado es por que no quería. Estaba eludiendo el encuentro final. Por lo menos hasta aquella noche.


Mejor reviso mi arma.

-“El asesino tomó la automática con su mano derecha. Con la izquierda retiró el cargador. Tiró de la corredera, en la recámara no había ningún proyectil. Puso el seguro y examinó el cargador. Estaba completo. Aunque una sola bala le alcanzaría. Colocó el cargador y tiró nuevamente de la corredera. Quitó el seguro. Luego con la punta de los dedos acarició el cabo de asta del cuchillo de monte que llevaba entre sus ropas.


En el mismo callejón, casi en el mismo lugar estaba el perseguidor. Había terminado de comprobar el estado de su arma. Al tipo lo consumía el ardor de la venganza. Su propia madre había muerto a manos de aquel sádico hijo de puta. Y él tuvo la sensación de haber nacido aquella noche; en que su mamá le suplicaba a aquel tipo llamándolo hijo. ¡Hijo! De todas maneras el sujeto le había dado un sentido a su vida. Durante años se preparó para aquel momento. Ahora no se podría escapar… estaba en un "cul de sac". 

Y le daba la impresión que el turro en realidad deseaba terminar con aquello. Le repugno la idea de estar haciéndole de alguna manera un favor. Pero hoy lo tenía que matar. Y mientras pensaba:


-“Este guacho mató a mi vieja. ¡Nada de capturarlo con vida! Es más… estoy seguro que si no lo ejecuto hoy todo comenzaría de nuevo. Tengo que matarlo por el curita, por mi mamá y por tantos otros a los que él no les tuvo compasión. Tengo que matarlo para evitar más muertes, más víctimas… más dolor.


No me tiene que importar que tuviera una infancia difícil. Yo también tuve lo mío. Un padre alcohólico y luego ausente. Mi madre… bueno, ya se sabía. Luego la calle, las compañías pesadas. Mi vida había sido y era ardua. Calculaba que el otro tampoco la tendría fácil. Tenía que lidiar con sus propios demonios. Yo sabía que era un enfermo. Pero, ¡No!... esta vez no. Ya se me había escurrido demasiadas veces de entre mis manos. ¿Tal vez lo hubiera dejado escapar a propósito? ¿Le tenía temor? ¿No lo quería enfrentar?


Como fuera esta noche no tenía opciones. Los dos estábamos en el mismo lugar, todo tenía que concluir.

-“El vengador tocó la tranquilizadora superficie del arma. El frío del metal. El poder que emanaba de tan solo sentir en la mano su peso.


El asesino tenía el arma en su mano. Cavilaba:


-“El imbécil cree que puede conmigo. ¡Está loco! Si me llegara a matar es tan solo porque yo lo dejara. Porque quiero terminar con los llantos y los gritos en mis sueños. Con la culpa. Pero… si pudiera atraparlo. Reducirlo y tenerlo a mi merced. Podría estrenar mi cuchillo con él. La hoja me llevó semanas para templarla. Lo podía ir mutilando de a poco, mientras le contaba lo que le había hecho a su vieja. Le explicaba lo de los chillidos y los ruegos. Los mismos que daría él. ¡Tipo duro! El infeliz no sabía lo que era una vida pestilente. Representaba todo lo que yo odiaba de la sociedad esos estúpidos que no me comprendían. ¡Que me rechazaban! ¡Me odiaban! Tanto como yo los odio a ellos. ¡Si pudiera mutilarlos y matarlos a todos, malditos orgullosos!


Pero vamos por partes, ahora tengo que terminar este asunto. 

-“Empuñó con decisión el arma. El cañón apuntando al lugar correcto. El dedo sobre el percutor.


En ese preciso instante el otro tomó la misma disposición. La pistola preparada. Apretando el gatillo.
Ambos escucharon el estampido. Ambos murieron con esa misma sola bala.
  

*

Ilustración: Steve ADAMS

http://adamsillustration.com/

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Richard John BENET

Richard  John  BENET

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E-mail: ricardoacade@hotmail.com

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El hombre de marrón del fondo de mi casa 

“A Gila”  

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Jamás había tenido un golpe de suerte en mi vida. Cuándo me dijeron que había heredado una casa pensé que me estarían haciendo algún tipo de broma pesada. Pero no fue así. El caserón quedaba en el barrio de Caballito. Todavía sobrevivían algunas calles adoquinadas y la mayoría de las construcciones eran bajas. De esas casas que llaman “tipo chorizo”. La entrada era por un zaguán, con puerta y contrapuerta. Eran de marco de madera y vidrios repartidos. Los herrajes y la aldaba eran de hierro fundido. Luego de un hall de recepción, se entraba a un patio enorme y embaldosado. Lo cubría una parra de hojas tupidas. Hacia la derecha había una escalera de mármol  cuyo primer descanso daba una pieza. Al final se entraba a la terraza. 

Todas las piezas, una detrás de la otra, daban sobre el patio. En este había unas cuántas macetas con flores y plantas; y un jaulón, que en sus mejores épocas, seguro, estaría lleno de canarios y cardenales. Al final del patio (lo que parecía el final) había una cocina. Detrás de ella, proseguía el patio, y había un par de piezas más y los baños. 

Mentalmente hice la lista de elementos. Pintura al aceite y al látex, pinceles, aguarrás, clavos, machimbre, algunas chapas para reparar el techo de la galería. Después tenía que revisar los desaguaderos y la instalación eléctrica. De hecho, tuve que comprar una llave térmica, porque la que había era con tapones y estaba destruida. 

Después de dos semanas de arduo trabajo casi había finalizado. Entonces ocurrió aquello. 

-¿Te enteraste que hay un tipo de marrón en el fondo de casa?- Estaba chupando la bombilla tratando de tragar el mate casi hirviendo que me cebaba Susana. No solo escupí por la boca, sino que un poco se fue por la nariz. Total, que me queme la garganta y las fosas nasales. Y tosí como un condenado. 

-¿Qué dijiste?-

-Un tipo de marrón. Lo vi esta mañana.-

-¿Y?-la miré incrédulo- ¿Qué hiciste?-

-Nada… te lo digo a vos-entornó los ojos con aire conspirador-sos el hombre de la casa.  Tenés que ir a hablar con él.-

-¿Si? ¿Y que le digo?-el esófago me ardía, y no era de acidez- Buenas, señor ¿Cómo está? ¿Le incomoda que viva en mi propia casa?- 

-Nuestra… nuestra casa…-

-Claro, nuestra casa-de nuevo la miré esperando que me dijera que era una broma-¿Por qué no empezaste a los gritos?-

-¿Porqué? Si el pobre viejo ni se escuchó en todo este tiempo.-

-Bien, ¿Y porque no lo invitas a cenar?-

-¡Ay! ¡Haceme el favor!-ahora ya estaba alterada- anda a hablarle, para saber quién es. O si no mejor… hablá con la inmobiliaria, a ver que te dicen.- En la inmobiliaria, me dijeron que tenía que hablar con la escribanía. Y en la escribanía que tenía que hablar con mis tíos, a ver si sabían algo. No sabían nada.-Mirá nene-para mi tía siempre era el nene- creo que la abuela Jacinta me habló de un señor. Creo que era carpintero, y que le subalquilaban una piecita. ¡Pero hace tanto! No se más nada.- Mi tío, como siempre, no sabía nada de nada. Excepto armar su pipa para ir a fumar a la vereda.

-¿Qué vas a hacer?-Susana me miraba casi con lástima.

-¿Y si voy a la comisaría?-

-¡No lo puedo creer! Me casé con un hombre sin huevos. ¿Qué te van a decir en la comisaría? ¿Sabés cuántas casas tomadas hay en el capital?-

-Una casa tomada… significa varias personas, acá estamos hablando de un viejo.-

-Ese es el tema-me dijo socarrona-un viejo. Mañana sacalo de las solapas a la calle, tonto.- Al día siguiente llegué hasta la piecita. Estaba al fondo, al lado del baño más pequeño. Había un tema, y que no era menor. Yo jamás lo había visto cuándo hacia las reparaciones. Tampoco cuándo, necesariamente, el tipo tuviera que hacer sus compras. ¿Habría alguna entrada secreta que yo no conocía?-Dejá, viejo-la voz de Susana a mis espaldas- ¿Qué mal puede hacer? Los chicos lo quieren, están horas con él.-

-¿Los chicos? ¿Esteban y Paula? ¿Nuestros hijos?-

-Si, lo adoran.-

-Pero… ¿Si el tipo es un pervertido? Pensá, si les hace algo.-

-Boludo, ¿Cómo podés…?-

-Esas cosas ocurren, no es ninguna novedad…- El asunto, es que me convenció. Pero en la semana ocurrió algo, que me decidió a enfrentarlo.-¿Qué es eso que tenés ahí, Paula?-

-Un crucifijo, me lo hizo el señor de marrón…-

-Ni siquiera le conocés el nombre…-

-No, le decimos abuelo.-

-¿Me lo dejás ver?-lo tomé en mis manos. Yo nunca había sido demasiado creyente, pero el contacto con aquel crucifijo me sensibilizo. Era como si la madera irradiará tibieza, y calma.

-Papito… ¿Estás llorando?- Tenía un nudo en la garganta, y las lágrimas caían por mis mejillas a raudales. No podía dejar de acariciar la imagen del Jesús crucificado y sufriente.Paula había ido a buscar a su madre, y volvió con ella y con su hermano. Los tres me miraban sin entender demasiado. Creo que jamás me habían visto llorar; ni yo entendía que pasaba. Me acerqué a Susana y le di el crucifijo, y dejé de llorar instantáneamente. 

Susana lo miraba con los ojos vidriosos, pero en ningún momento rompió en llanto.

-¿Qué vas a hacer?-

-Primero quiero el crucifijo envuelto en alguna tela. Después, mañana a la mañana voy a hablar con este hombre.- Temprano me levanté, y salí a caminar por el barrio. Puse mi mente en blanco y disfruté de los primeros rayos del sol. Algunos chicos con sus guardapolvos blancos iban al colegio entre risas y gritos. Una señora paseaba su diminuto perro, y el carnicero estaba abriendo su negocio. Trate, sin mucho éxito, de no pensar en el extraño incidente de la noche anterior. Después de caminar unas cuántas cuadras, decidí volver bordeando las vías del tren. Pasó uno con su acostumbrado chillido a hierro sobre hierro. 

Ya estaba decidido. Era el momento de hablar. Pero al doblar la esquina me encontré con que algo andaba mal. Un patrullero estaba frente a mi casa y una comisión policial esperaba en la entrada. También había una ambulancia, y estaba llegando otro patrullero.

-Perdón… ¿Usted es el dueño de casa?-

-Si…-

-¿Me podría acompañar?- Entré, y en el hall estaban Susana y mis hijos. Me miraron en silencio y conmovidos.

-Por acá, señor.- El oficial me indicó la cocina. Pero seguimos, hasta el fondo. La pieza del hombre de marrón.-Buenas… disculpe ¿Usted sabía de esto?-

-Bueno… mi señora me había comentado algo, y yo…-

-¿Por qué no nos llamó de inmediato?-

-Pensé que yo podía manejar la situación-Los policías se miraron perplejos-No los quería molestar por una pavada… después de todo venía a hablar con él…- Ahora si, los tipos me dedicaron una mirada que mezclaba el asombro con la reprobación.-¿Y se puede saber como iba hacer eso?-La voz del oficial sonó burlona.-A eso venía, cuándo…-

-Espere-levanto la mano-sígame… así me explica mejor.- 

Al entrar en la habitación, varias sensaciones me invadieron. El sentido olfativo fue castigado por un hedor a encierro. Humedad, como a hongos putrefactos. Un calor propio de las piezas que han estado mucho tiempo cerradas. Varias personas, algunas con guardapolvos y guantes de látex, rodeaban la cama.-El cadáver está momificado, por eso no despedía olor-unos de los de guardapolvo estaba hablando-Tendremos que hacer algunos estudios, pero la muerte data de unos cuántos años. El policía me miraba burlonamente. Yo miraba el crucifijo de madera que pendía sobre la cabecera de la cama.-Bien… ¿Me puede explicar?-

-Perdón, oficial ¿Usted habló con mi señora? ¿Con los chicos?-

-Si… pero están algo alterados, preferí esperar a que se tranquilizaran.- Salí de la habitación seguido por los dos policías, y me dirigí al comedor.-Susana ¿Dónde está el crucifijo?-

-Ahí… está envuelto en la franela…- Me acerqué al trapo amarillo sobre la mesa, y lo abrí. No contenía nada. Solo atiné a alzar la mirada, y mirar a los míos que tenían la congoja mezclada con el desconcierto.  

Ilustración: Robert Dickerson

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