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Revista Literaria AZUL@RTE

ESPAÑA

Premio Literario Collado Mediano “José Alberto Santiago”

Premio Literario Collado Mediano “José Alberto Santiago”

Sociedad i Comunicación sic@terra.com.pe  

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Premio Literario Collado Mediano “José Alberto Santiago”

04 de diciembre de 2006 

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1 - Podrán concurrir a este premio todos los autores que lo deseen, siempre que sus obras estén escritas en castellano.

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2 - Los trabajos deberán ser inéditos, no haber sido publicados en ningún formato y no haber obtenido ningún premio previamente fallado.

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3 - Se establecen dos modalidades: POESÍA y RELATO. Los trabajos presentados a la modalidad de Poesía tendrán un máximo de 100 versos, mientras que los trabajos en la modalidad Relato no podrán superar las 10 páginas.

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4 - Los trabajos se presentarán por triplicado y en ejemplares separados, en tamaño folio, mecanografiados por una sola cara a doble espacio, con tamaño de letra de 12 puntos, debidamente grapados, cosidos o encuadernados y un disquete en Word del citado trabajo. Las obras se presentarán bajo un título e irán acompañados de plica cerrada, en cuyo exterior figurará el título de la obra y en el interior, nombre y apellidos del autor, domicilio y teléfono, así como fotocopia del DNI o de cualquier otro documento que acredite su identidad.

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5 - Se establece un único premio por cada modalidad: POESÍA: Premio de 600 Euros. RELATO: Premio de 600 Euros A estas cantidades se les retendrá un 15% de I.R.P.F.).

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6 - El plazo de admisión de los trabajos quedará definitivamente cerrado el día 4 de diciembre de 2006.

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7 - Los trabajos deberán ser enviados, por correo certificado, indicando en el sobre:

Premio Literario Collado Mediano “José Alberto Santiago”
Ayuntamiento de Collado Mediano
Plaza Mayor, 1
28450 Collado Mediano (Madrid, España).

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También podrán presentarse en las oficinas del Ayuntamiento, entregando el sobre en el registro de entradas.  

8 - El Jurado estará compuesto por tres miembros, todos ellos vinculados al mundo literario y de la cultura, y un Secretario con voz pero sin voto. Dicho Jurado podrá declarar desierto el premio. El fallo del Jurado será inapelable.

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9 - El fallo del Jurado se hará público a partir del día 15 de enero de 2007. La entrega de premios se realizará en un acto cultural, comunicándose con anterioridad a los premiados a fin de que puedan estar presentes.

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10 - El Ayuntamiento de Collado Mediano se reserva el derecho de publicar las obras presentadas a concurso, hayan sido o no premiadas. Los autores de las obras publicadas, que dan su conformidad por el mero hecho de presentarse al certamen, recibirán un ejemplar del libro.

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11 - Los autores de los trabajos premiados no perderán la propiedad de los mismos pero, en caso de publicación, deberán hacer constar (en caracteres relevantes) el premio obtenido.

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12 - Las obras que no cumplan los requisitos expuestos en estas bases quedarán automáticamente fuera de Certamen.

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13 - El hecho de participar en este Certamen implica la total aceptación y conformidad con estas bases.

Mayor información: carmenmartin@CULTURACMEDIANO.e.telefonica.net.

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Fernando SAVATER

Fernando SAVATER

  

La tormenta de las ideas 

Por Fernando Savater  

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Reconozcamos que cuando leyó la noticia de su muerte en el famoso ensayo de Francis Fukuyama, la historia podría haberle contestado a este funcionario lo mismo que Mark Twain al periódico en que apareció anticipadamente su necrológica: "Estoy en posición de asegurarle que se trata de una exageración". Porque en las casi dos décadas transcurridas después de la caída del muro de Berlín y la convulsión mundial de aquellos días, ni ha dejado de haber acontecimientos que siguen siendo tan históricos como siempre han solido ni el vaivén ideológico se ha detenido un solo instante. Este último, en particular, prosigue a un ritmo impresionante, pues no en vano estamos en una sociedad de consumo sin tregua que devora a través de la mediología global invenciones e imágenes con mayor avidez todavía que ningún otro producto del mercado. Y como ruido de fondo, las lamentaciones ahora sin muro de quienes tratan de convencernos de que ya no se piensa, ni se escribe, ni se innova, ni se pinta, ni se filma, ni... etcétera. Todo fluye: de la modernidad liquidada a la modernidad líquida.

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Esta tormenta ideológica tiene características paradójicas y encontradas. Cuando cayó el paredón que separaba desde tanto tiempo atrás a los adversarios de la guerra fría, se derrumbaron supuestamente también los perfiles más rocosos de las Ideas mayúsculas opuestas. Lyotard explicó a los niños que los Grandes Relatos con que nuestras mayores nos acunaban por las noches para que tuviésemos pesadillas se habían extinguido. Comenzaba la posmodernidad, irónica y aliviada de rigideces maniqueas, un territorio desgravado como las tiendas tax-free de los aeropuertos en el que la Verdad había sido destronada como reina absoluta -"¡que le corten la cabeza!"- y sustituida por la presidencia democrática y al alcance de todos los presupuestos de la Interpretación. El pensamiento se debilitaba y aprendía a coexistir, porque más vale maña que fuerza: purificadas de sus inquisiciones, las creencias religiosas se hicieron hermeneúticamente compatibles con unas líneas de pensamiento científico igualmente pragmáticas y tampoco avasalladoras. Gorbachov y después el espirituoso Yeltsin sucedieron a Breznev, Reagan regresó al rancho y llegó Clinton, los comisarios marxistas y los rígidos positivistas desaparecieron en el paisaje para dar paso a Richard Rorty y Gianni Vattimo... 

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Pero la tregua de truculencias

ha durado poco. Antes de que nos diera tiempo a acostumbrarnos a la suavidad posmoderna, comprendimos que el pensamiento débil debería hacer gimnasia si quería subsistir. Desde Oriente regresó al galope la Religión, con una fuerza exterminadora y terrible -derribando las más altas torres- que nos remonta a odios teológicos de siglos pasados. El país más poderoso del mundo alienta también fundamentalismos que amenazan convertirle en una hipertrofiada teocracia de perfiles puritanos y belicosos: las campañas presidenciales que han llevado a la Casa Blanca a un personaje inequívocamente pre-posmoderno como George Bush Jr. se basan en temas tan rancios como las llamadas tres "G": God, gays and guns, o sea la parroquia, las buenas costumbres y la mano dura. Incluso Europa, de la que se nos dijo que por la vía del cristianismo había ido saliendo poco a poco de la religión, regresa a un discurso según el cual reivindicar nuestras raíces y nuestros valores vuelve a consistir en recuperar el dogma y aborrecer de la insípida laicidad. Según aseguran los expertos y tememos los incrédulos, Dios se está tomando su revancha. 

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Acosados por chamanes de tan  

diversas mitologías, los partidarios de la ciencia la convierten de nuevo en un arma ideológica y filosófica de destrucción masiva... aunque por fortuna a diferencia de otras, sólo aplicada a las creencias y no a los creyentes. Se recupera a Darwin y se desmonta por medio de la evolución el providencialismo teleológico del que parten todos los clérigos: no hay más que ver cómo se debaten contra El origen de las especies los telepredicadores yanquis y algunos de sus imitadores europeos, oponiéndole un creacionismo con estudios primarios al que llaman Diseño Inteligente. Pero la psicología evolutiva y su escuadrón científico va más allá, recuperando otra idea fuerte, descartada a mediados del siglo pasado por historicistas y antropólogos: nada menos que la Naturaleza Humana, cuyos condicionamientos genéticos la distinguen netamente de la tábula rasa de antaño (en la cual podía escribirse sin condiciones cualquier bendición o blasfemia) y sirven para marcar límites inquietantes a las posibilidades educativas e incluso a la igualdad de hecho -la de derecho la seguimos suponiendo inalienable- entre los seres humanos.

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Rodeada de clamores de aborrecimiento y de alguna que otra sobria declaración de forzoso amor, la idea más jaleada en las últimas décadas es la de Globalización. Aunque ahora se vincula principalmente a la maximización especulativa de beneficios y a la deslocalización de empresas, su origen se remonta muy atrás, tanto al menos como el término "católico" y la idea entre kantiana e imperial de universalismo. Hoy, la globalización no es ni más ni menos que la consecuencia general de la hipertrofia de los medios de comunicación y los medios de transporte. Casi todos sus infinitos adversarios deploran que en su defensa se alza el llamado Pensamiento Único, lo cual no deja de ser paradójico porque no hace falta ser suscriptor de Le Monde Diplomatique para advertir que si algo resulta unánime es el antagonismo contra ella. Este coro hostil recibe el nombre bobalicón de "antiglobalización" o el más ajustado de "altermundismo": los críticos de esta última escuela no se oponen a la globalización en sí -probablemente tan inevitable y asentada en el desarrollo científico como la electricidad- sino a la deriva que sigue actualmente en manos de los jerifaltes capitalistas, porque uno puede ser partidario de la electricidad... sin considerar beneficiosa o tan siquiera necesaria la silla eléctrica.El mundo funciona globalmente, pero cada vez alienta más fantasmas particularistas: otra de las ideas que no cesa de crecer, como el invasor extraterrestre en la nave de Alien, es la Identidad. Tener identidad, como bien ha dicho Amartya Sen, es tener la ilusión de un destino: simplifica nuestras opciones y encamina moralmente lo que podemos hacer, lo que debemos prohibir y las compañías que nos favorecen o perjudican. Cuando la identidad es benévola, se multiplica y sobre todo se somete a nuestra elección, no a la imposición forzosa de una comunidad que nos explica... incluso ante nosotros mismos. Pero las identidades se vuelven asesinas cuando quieren ser exclusivas (sólo nuestras), excluyentes (sólo una cuenta, generalmente la religiosa) y reduccionistas (contestan a todas nuestras preguntas: éticas, estéticas, políticas, etcétera). Los creyentes en estos peligrosos espectros identitarios -a los que dan el nombre fervoroso e indocumentado de "civilizaciones"- son de dos clases: alarmistas, que arengan contra el "choque de Civilizaciones", y beatos, que preconizan su "alianza". En semejante oleaje, los mestizos étnicos e ideológicos de toda laya -es decir, la sal y única esperanza de nuestro atribulado planeta- combaten contra las comunidades obligatorias y si se les arrincona confiesan valientemente: "yo no soy de los nuestros". 

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No, el vaivén de las Ideas no ce  

sa ni se amortigua. Al contrario, la web y sus blogs innumerables lo han acelerado hasta lo vertiginoso. Como cualquiera puede colgar sus criterios o dicterios en la red, hay una generación que supone que todos valen por igual. La necesidad de argumentar las opiniones es vista como una especie de culpable elitismo: tengo tanto derecho como cualquiera a decir lo que pienso... pero nadie puede exigirme que lo fundamente, eso queda para los empollones o los que quieren comernos el coco. Cada día pueden nacer cien fórmulas distintas para designar una broma sociológica o un capricho estético, interesantes sólo momentáneamente por razones comerciales en el gran Mercado electrónico. Y apenas es imaginable guardar un instante para escuchar a Marco Aurelio, que nunca tuvo mail, cuando dice: "Quien ha visto desde el alba a la noche un día del hombre, los ha visto todos". 

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Babelia -  Nov.2006 

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ARCHIPIÉLAGO

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EDITORIAL ARCHIPIÉLAGO
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Perfil de la revista Archipiélago

Las páginas de Archipiélago. Cuadernos de crítica de la cultura, revista que nació en 1988, abren un espacio de reflexión, de crítica y de dispersión frente a la moderna barbarie civilizada. De crítica de lo obvio, de esas variantes laicas del destino que se ocultan bajo las evidencias tecnoburocráticas. De dispersión de razones y de enfoques, opiniones encontradas, reflexiones desde la filosofía, la literatura, la economía/ecología, la antropología, la lingüística, lo político... y todo desde la independencia del Archipiélago que, como reza nuestro lema, es un "conjunto de islas unidas por aquello que las separa". Su propósito, dar que pensar.

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Cada número de Archipiélago se articula en torno a un asunto que, con carácter semimonográfico, le presta el título. De ahí números sobre la Democracia, el Tiempo, la Razón técnica (Heidegger), el Caos, la Naturaleza, el Extranjero, la Cultura como espectáculo, los medios de transporte, la Ciencia, el Cine, la Medicina, las Drogas, el Neoliberalismo, sobre Música, Religión, Poesía, o sobre filósofos como Friedrich Nietzsche, Gilles Deleuze o Simone Weil. Sin embargo, la revista no se reduce al dossier monográfico. En realidad, la llamada "Carpeta" suele venir acompañada de un minidossier que reúne varios artículos dedicados a figuras o temas concretos y actuales. A modo de ejemplo van los dossiers sobre Félix de Azúa, Leopoldo María Panero, Ernst Jünger, José Jiménez Lozano, Hannah Arendt, Elías Canetti, Guy Debord o Félix Duque. Las secciones "OP. CIT.", "Biblioteca Archipiélago" y "Anaquel" son, además, otra cita fija y ofrecen a los lectores la oportunidad de ponerse al día con oportunas reseñas sobre las últimas novedades del panorama bibliográfico español [ver índice (1988-2002)].

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Archipiélago es miembro de la Asociación de Revistas Culturales de España (ARCE) y de la Federación Iberoamericana de Revistas Culturales (FIRC). 

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Gilles Deleuze: Pensar, crear, resistir (Carpeta n.17) 

Con este número, Archipiélago se convierte en la primera revista que asume el proyecto de presentar el pensamiento de Deleuze en nuestro país. Un proyecto arriesgado, sin duda, pero tanto más necesario cuanto que, si bien es cierto que su obra ha sido casi toda ella traducida al castellano, su importancia real contrasta sorprendentemente con su desconocimiento, no sólo ya en los ámbitos más genéricos de la Cultura, sino incluso en el más restringido de nuestros medios así llamados universitarios.

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No es, sin embargo, nuestra intención incurrir en las burdas retóricas de los géneros hiperbólico y profético. Nos hemos reído con Foucault (al ver cómo otros refunfuñaban) cuando declaraba, en un texto célebre, que "algún día el siglo sería deleuziano". Dejemos a los expertos en pesos y medidas, a los determinadores de escuelas y corrientes en el pensamiento (esa odiosa policía intelectual), la responsabilidad de las declaraciones grandilocuentes y el fatuo reparto de los galardones. Bien sabemos que no hay "reconocimiento" más que bajo un "sentido común" y alrededor de los valores establecidos: la tarea del filósofo como médico (diagnosticar los devenires en cada presente que pasa) no podría tener otro carácter que intempestivo. Nos limitamos a constatar la importancia que el pensamiento de Deleuze tiene para nosotros. Sin ese poco de amor o de admiración no tiene sentido escribir sobre nada.

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Pero si, efectivamente, una cosa es el mercado cultural y otra bien distinta, el pensamiento, tampoco podemos aceptar que la filosofía quede restringida al ámbito estéril de la ruinosa competencia académica, mientras los mas media se encargan de ocupar el territorio abandonado con su empresa reaccionaria de cretinización e imposición del estereotipado reino de la opinión vigente. ¿Por qué pués Deleuze, pensador clandestino, entre nosotros? Michel Serres, en sus entrevistas con Bruno Latour, daba dos razones por las que consideraba a Gilles Deleuze un pensador ejemplar, doblemente ejemplar. En primer lugar, por su capacidad para huir de las autopistas del saber (la historia tradicional de la filosofía, las ciencias humanas, la epistemología), Deleuze le parecía un "ejemplo excelente del movimiento dinámico de un pensamiento libre e inventivo". Pero además, en segundo lugar, le volvía a parecer ejemplar en la medida en que, dice, el pensamiento filosófico lo ha vuelto "verdaderamente feliz, profundamente sereno", "el mayor elogio". Creación conceptual y alegría práctica: ambos aspectos, en realidad, son uno solo, la vida del pensamiento, la imagen del hombre libre. Otra manera de pensar, otra manera de vivir.

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Una ecuación bipartita recorre toda la obra de Deleuze: "pensar es crear" y "crear es resistir". El pensamiento es creación, y ello en un doble sentido: por un lado, según sus modalidades (arte, filosofía, ciencia) y los medios específicos de cada una, crea, respectivamente, sensaciones, conceptos y funciones; por otro, más profundamente, esa creación es, en un mismo movimiento, creación de nuevas posibilidades de vida. Este pensamiento de la creatividad no deja de ser "nuevo" en filosofía (lo nuevo sigue siendo siempre nuevo: las fuerzas que solicita en el pensamiento no son las del reconocimiento)... Si toda filosofía genuina era ya, en su actividad, creativa, un cambio radical de orientación marca su auténtica revolución copernicana, ese "filum" que atraviesa las denominaciones de escuela y caracteriza la imagen moderna del pensamiento: no se trata ya de pensar lo Eterno (la Verdad, las esencias, los universales), sino las condiciones que permiten una producción subjetiva de novedad, es decir, la creación (lo interesante, lo nuevo, el acontecimiento).

Pensar es crear, crear es resistir. Pues toda creación de vida es ya en sí misma resistencia: frente a la abyección y la imbecilidad del fascismo reinante que reduce toda vida a su macabra y zafia parodia, los libros de filosofía tanto como las obras de arte tienen eso en común, la resistencia "a la muerte, a la servidumbre, a lo intolerable, a la vergüenza, al presente".

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El pensamiento es ya directamente política: no sólo en tanto encuentra su motivación en la vergüenza de ser hombre (ante Auschwitz o Hiroshima, la Guerra del Golfo, etc., pero también ante la miseribilización de las consciencias y los modos de vida que nuestras sociedades han entronizado), sino además porque su creación rompe con el mundo de las significaciones dominantes y los valores en curso, se enfrenta a los poderes vigentes, e invoca al mismo tiempo un pueblo (virtual) que "todavía falta".

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La mayor parte de los textos que presentamos a continuación se han querido "con" o "a partir de", si no "entre", o incluso "para", en lugar de "sobre" Deleuze. Todos escritos especialmente para la ocasión (aparte, claro está, de las traducciones de los breves, pero fulgurantes textos de Foucault y Deleuze). En el mezquino universo cultural que nos rodea, tanto entusiasmo y tanta generosidad no tienen otra explicación: la generosidad que la propia generosidad de Deleuze suscita.

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Deleuze es un devenir-filósofo de "todo el mundo". De eso nos habla precisamente el conocido novelista
JESÚS FERRERO, quien abre la Carpeta con un grácil dibujo del pensamiento rizomático y fecundo de Deleuze, un pensamiento-acontecimiento que lleva la fecha de uno de sus Cursos en la desaparecida Universidad de Vincennes (El año del doble siete).

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Más que en el hilo tendido entre un sujeto y un objeto, el pensar, dice Deleuze-Guattari, se da en la relación del territorio y de la tierra.
SANTIAGO AUSERÓN nos entrega un pequeño anticipo de su trabajo en curso de geofilosofía sobre la relación del concepto con el medio hispánico, a partir de la noción de cristal (Deleuze a través del cristal).

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Una entrevista, según la expresión deleuziana, ha de abrir, multiplicar sus lados, hacerse función: "x explica y firmado z".

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TONI NEGRI responde a algunas preguntas formuladas por Santiago López Petit acerca de la naturaleza intrínsecamente política del pensamiento deleuziano (Deleuze y la política).

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De
LEOPOLDO MARÍA PANERO, excepcional poeta, todos recordábamos con especial afecto el prólogo a su antología de Lewis Carroll: llegaba con la frescura juvenil de nuestros primeros "Deleuze" y nos contagió su risa irreverente. Ahora, veinte años después y con las dificultades añadidas de su actual residencia en el Psiquiátrico de Mondragón, ha tenido la gentileza de sumarse a nuestra celebración (Sobrevolando Deleuze).
Quizá estemos más lejos de poder entender hoy, en nuestro país, la obra de Godard que la del propio Deleuze. La cretinización creciente de los circuitos comerciales de distribución (y de la mismísima autodenominada "crítica") ha hecho que su producción última permanezca en un estado de absoluta clandestinidad. Sabido es que Deleuze ha escrito dos libros de magnitud incomparable sobre el pensamiento del cine, pero
JEAN-LOUIS LEUTRAT, profesor del Departamento de "Cine y Audiovisual" de la Sorbonne Nouvelle, nos descubre (Deleuze-Godard: ida y vuelta de los hijos pródigos) una interfecundidad a otro nivel: el vaivén de las resonancias e interferencias entre dos obras y dos dominios, imágenes y conceptos, que se afirman mutuamente sin anular sus distancias.

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Del cine a la televisión. Una misma tarea, un mismo combate atraviesa todas las artes: desprender una Imagen de todos los tópicos, y erigirla contra ellos.
MIGUEL MOREY, reciente Premio Anagrama de Ensayo, dispone un pequeño montaje poético con textos de El agotado, uno de los escasos libros de Deleuze (sobre las obras para televisión de Beckett) todavía no traducidos al castellano, y lo titula con la bella fórmula blanchotiana, emblema de nictálopes: El sueño traiciona la noche.

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Podemos congratularnos también de contar aquí con la presencia inestimable, tan testimonial como afectiva, y cargada de un humor sutil, de dos grandes amigos de Deleuze, y filósofos reputados: René Schérer y Jean-Pierre Faye. Que el valor de una filosofía es su uso, la tensión que propulsa la flecha creadora para que otro arco la recoja y la relance más lejos, es lo que nos muestra
RENÉ SCHÉRER sirviéndose de las categorías enunciadas por Deleuze-Guattari en ¿Qué es la filosofía? para exponer su propio concepto de "hospitalidad": garante del funcionamiento de toda relación con el otro y consigo mismo, es, nos dice, el propio proceso de subjetivación individual y colectivo (Deleuze educador).

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JEAN-PIERRE FAYE nos descubre, por su parte, bajo su seriedad aparente, un humor propiamente deleuziano, que convierte la ontología en un extraño campo de batalla político donde se inscribe la revolución filosófica que destituye las esencias (el predicado-atributo) para substituirlas por los predicados-acontecimientos, que muda el ser-en por el ser-para (el mundo), y que recusa, en fin, toda tentativa de repristinación del sentido (pariente de las peores infamias) en favor de su incesante producción maquínica (La génesis ontológica deleuziana).

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De dónde proceden las canciones, dónde se origina el sentido y ese mínimo de orden que necesitamos para protegernos del caos, es la pregunta que
JOSÉ LUIS PARDO, veterano relevista del testigo deleuziano en nuestra lengua, desarrolla a través de una hermosa meditación sobre el ritmo y la música como Afuera del lenguaje, reversión pitagórica del estribillo filosófico que proclama "dejaos de músicas: el lenguaje es la casa del Ser" (Y cantan en llano).

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El Profesor de la Universidad libre de Bruselas,
PIERRE VERSTRAETEN (años de estudio y docencia de la obra de Deleuze le avalan), cuestiona desde posiciones hegeliano-sartrianas la concepción deleuziana de una "genitalidad" del pensamiento que se engendra a sí mismo sobre el fondo oscuro de la estupidez y las ruinas de un Cogito fisurado por la línea del tiempo (Yo es otro): sólo la asunción de la experiencia por una conciencia responsable de su acaecer, dice, puede conferir inteligibilidad a la creación.

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JORDI TERRÉ, nombre sin atributos ni referencias, desarrolla una serie de tientos o variaciones sobre unas cuantas fórmulas deleuzianas a propósito de la "vivencia trascendental" del pensamiento en su experimentación del Caos, germen de toda creación (Ojos rojos. Tientos sobre algunas fórmulas deleuzianas).

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Por último, hemos creído de sumo interés incluir en este número la publicación de cuatro textos que, si bien no son inéditos, permanecían lejos del alcance del lector español. En primer lugar, dos textos de Foucault. Una recensión de Diferencia y Repetición, el gran libro del 68: Ariadna se ha colgado (con su propio hilo, el hilo de la moralidad); y el ya célebre prólogo que escribiera para la edición norteamericana de El Antiedipo: Introducción a la vida no-fascista. Al reunir hoy la reseña y el prólogo (seis años median entre una y otro), podemos constatar una curiosa concurrencia: de ambos libros extrae Foucault un arma, un programa de vida y pensamiento, un modo de "subjetivación", una manera propiamente "deleuziana" de vivir... "manuales" que, si bien no han perdido nunca su "actualidad", se vuelven tanto más indispensables hoy para afrontar los "tiempos de fuerte reacción" y "neo"-fascismos proclamados que nos asedian.

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No acostumbra Deleuze a volver la mirada sobre el camino andado, tanto más cuanto no ignora que lo importante, lo único importante, está siempre por hacer. Por eso la traducción aquí del prólogo que realizó con Guattari para presentar la edición italiana de Mil Mesetas (quizá su trabajo más arriesgado y querido) tiene un valor singular, pues nos ofrece, a la luz del tiempo transcurrido, un raro testimonio de espectativas, propósitos y decepciones, a la vez que un resumen vertiginoso de los conceptos fundamentales que alimentaron los dos volúmenes de Capitalismo y esquizofrenia (Prefacio a la edición italiana de Mille Plateaux). Finalmente, traducimos otro texto del propio Deleuze, igualmente vertiginoso por su densidad intelectual y su contenida emotividad: se trata de la pequeña nota que escribió como homenaje póstumo para Félix Guattari, en el número 18 de la revista Chimères, la revista que ellos mismos fundaron y dirigieron hasta ese número. Esa sucinta presentación del trabajo de Guattari, cuya obra en solitario permanece totalmente desconocida en España (donde con frecuencia se olvida el carácter plural de esa firma que llamamos "Deleuze"), no servirá tal vez para llenar ningún vacío, pero puede de una vez ponernos en camino (Para Félix).
  

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Ultimo número: n.72
«Nueva derecha: Ideas y Medios para la Contrarrevolución»
  

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Daniel SAAVEDRA AGUIRRE

Daniel SAAVEDRA AGUIRRE

Daniel Saavedra Aguirre: daniel@escueladeescritores.com

Escuela de Escritores: www.escueladeescritores.com 

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El Museo Guggenheim Bilbao organiza junto a la Escuela de Escritores el concurso de relatos África cuenta

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Fomentar la vocación literaria por medio de los contenidos de la exposición 100% África, es el objetivo de este certamen

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El Museo Guggeheim Bilbao y el centro literario Escuela de Escritores de Madrid organizan el concurso de relatos breves África cuenta. Este certamen pretende potenciar en el público una forma de observar el arte más allá de la literalidad y descubrir significados inéditos e impulsos de creación artística. Para ello, los participantes deberán presentar un relato inspirado en una de las cinco obras de la exposición 100% África — inaugurada en Bilbao el pasado 12 de octubre—, seleccionadas conjuntamente por el Museo y el comisario de la exposición para este certamen. El jurado, formado por destacadas personalidades del arte y la literatura,  valorará  la capacidad de los autores para lograr relatos en los que el texto y la obra que sirve de inspiración “se enriquezcan mutuamente”. Los ganadores en las dos categorías en las que se convoca el concurso —castellano y euskera— recibirán un ejemplar de la edición de la escultura Esquinas (2003), realizada por el artista valenciano Miquel Navarro.

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“La cuestión que nos planteamos con esta iniciativa es “¿Podemos ver más allá de lo que un cuadro muestra? ¿Despierta el arte impulsos de creación artística? Creemos que el resultado de este concurso puede contribuir a dar respuesta a esa pregunta”, explicó Javier Sagarna, director de Escuela de Escritores de Madrid. El Museo Guggenheim Bilbao ha aceptado el reto de motivar al visitante del Museo, invitándole a explorar desde el arte el mundo de la literatura. Para ello propone cinco obras de la exposición 100% África como fuente de inspiración para la creación de un relato desde el que se potencien los significados y valores de la creación artística.

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El plazo para presentar los textos originales en ambas categorías —castellano y euskera— finalizará la medianoche del domingo 17 de diciembre. Hasta ese día, los autores podrán enviar sus relatos a través del formulario que encontrarán, junto con las bases, en el portal www.escueladeescritores.com. El 31 de enero, días antes de la clausura de la muestra 100% África, el jurado dará a conocer el nombre de los ganadores en un acto que se celebrará en el Museo Guggenheim Bilbao.

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La idea de los organizadores es que cualquier autor pueda tener la oportunidad de participar en el certamen, por lo que las imágenes de las obras propuestas como motivo de inspiración podrán ser vistas desde la home del Museo Guggenheim Bilbao en una página especial creada a tal efecto (www.guggenheim-bilbao.es). No obstante, la experiencia de contemplar la obra en el particular montaje expositivo que presenta el Museo Guggenheim Bilbao es una vivencia insustituible, por lo que animamos a todos los autores a que aprovechen la ocasión para realizar una visita a esta fantástica muestra. 

“Una obra de arte impresiona, sugiere, remueve, abre nuevos caminos y plantea un enigma; en este caso, el escritor es quien debe resolver ese enigma”, explicó Javier Sagarna, lo que coincide con la filosofía del Museo Guggenheim Bilbao que asegura que las sensaciones se amplifican si uno alcanza a disfrutarlas cara a cara, ante la obra de arte, en su contexto, en la sala de un museo.

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El certamen África cuenta se enmarca dentro de las actividades que el Museo Guggenheim Bilbao programará entre el 12 de octubre de 2006 y el 18 de febrero de 2007 como complemento a la exposición 100% África. Esta muestra presenta en Bilbao una selección de obras de la Contemporary African Art Collection (C.A.A.C.), una colección privada reunida desde 1989 por el empresario suizo Jean Pigozzi, consagrada a artistas africanos que viven y trabajan en el África subsahariana. 

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Para más información:

german@escueladeescritores.com

Tnos: 91 522 65 20 / 606 731 696

Museo Guggenheim Bilbao - Área de Comunicación

Tel.: +34 944359006 - Fax: +34 944359059

media@guggenheim-bilbao.es 

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CONCURSO DE RELATOS: ÁFRICA CUENTA 

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Con motivo de la exposición 100% África,
la Escuela de Escritores y el Museo Guggenheim Bilbao presentan el Concurso África cuenta, que pretende potenciar en el público la interrelación entre los distintos lenguajes del arte.

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¿Podemos ver más allá de lo que un cuadro muestra? ¿Despierta el arte impulsos de creación artística? Otra tradición, otra forma de expresión, otras ideas y, sin embargo, las obras que componen la exposición 100% África, en el marco de su singular instalación, impresionan, remueven, sugieren, abren caminos al pensamiento y nos sumergen en el enigma del arte. Si acudimos a ellas con la mente y el corazón abiertos de par en par, si nos damos permiso para explorar nuestras emociones y sentimientos y nos permitimos contemplar, y reflexionar, desde la sinceridad de la intimidad, desde ahí, desde muy adentro, nos llega la respuesta, el impulso. O tal vez no, tal vez sólo encontremos nuevos enigmas, nuevas dudas. Da igual. Ya sólo es cuestión de permitir que las palabras se unan en frases, y las frases en párrafos, y los párrafos, al fin, acaben contando una historia. Un relato nacido del arte.

BASES

1.ª Los relatos han de presentarse antes de las 24.00 h (hora española) del domingo 17 de diciembre de 2006.

2.ª Se admitirán un máximo de dos relatos por participante.

3ª. Los relatos podrán concursar en una de estas dos categorías:
. Mejor relato escrito en castellano.
. Mejor relato escrito en euskera.

4.ª Los cuentos deberán tener una extensión mínima de 3 páginas y máxima de 10 páginas, formato DIN A4 (210 x 297 mm.), en letra Arial, tamaño 12 ó semejante, a un espacio y medio y por una sola cara.

5.ª Cada uno de los relatos que se envíen ha de estar inspirado en una (y sólo en una) de las cinco obras de la exposición 100% África seleccionadas por el Museo Guggenheim Bilbao y el comisario de la muestra. Puede identificar las obras visitando la página creada a tal efecto desde la home del web del Museo: www.guggenheim-bilbao.es

6.ª Podrán participar todas aquellas personas que tengan acceso a Internet desde cualquier lugar del mundo, siempre que los relatos estén escritos en castellano o en euskera.

7ª. Los relatos se enviarán antes de la fecha límite, a través del formulario disponible en la dirección web: www.escueladeescritores.com. Para participar, será obligatorio cumplimentar los siguientes datos: nombre, apellidos, dirección postal, teléfono, correo electrónico, categoría en la que participa, título de la obra en la que está inspirado el relato, pseudónimo con el que se ha firmado el mismo y título del relato.

8ª. Los miembros del jurado recibirán únicamente los relatos firmados con pseudónimo y el título de la obra en la que está inspirado. Tras el fallo, solo se hará pública la identidad del ganador de cada categoría, cuyos relatos se publicarán en las páginas web de Escuela de Escritores (www.escueladeescritores.com)

9.ª El fallo del jurado se hará público el día 31 de enero de 2007, en un acto que se celebrará en el Museo Guggenheim Bilbao. En dicho acto se revelarán los nombres de los autores de los tres relatos finalistas y el del texto ganador de cada categoría, se leerán a continuación los relatos ganadores, y se hará entrega de los premios. Si el autor del texto ganador no se encuentra en el acto, se le avisará en los dos días siguientes por correo electrónico y se le hará llegar el premio por correo certificado o mensajería.

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TEMA

Los relatos han de estar inspirados en una de las cinco obras seleccionadas de la exposición 100% África que se celebra en el Museo Guggenheim Bilbao del 12 de octubre de 2006 al 18 de febrero de 2007. Estas obras han sido seleccionadas conjuntamente por el propio Museo y el comisario de la muestra, André Magnin. A modo de referencia, la reproducción de las obras puede ser vista en la página creada a tal efecto en el web del Museo www.guggenheim-bilbao.es 
 Se valorará el hecho de que la pieza y el relato se enriquezcan mutuamente.

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DOTACIÓN

Los autores de los relatos ganadores en cada categoría, “Mejor relato en castellano” y “Mejor relato en euskera”, recibirán una escultura de Miquel Navarro. Miquel Navarro (Mislata, 1945) goza de una destacada trayectoria y proyección artística internacional y es reconocido como una de las voces más personales dentro de la escultura contemporánea. El artista produjo una edición titulada Esquinas, 2003, —escultura realizada en DM, ed. 11-12/50, 51,5 x 31,5 x 30 cm— en exclusiva para el Museo Guggenheim Bilbao. En caso de que los ganadores no puedan asistir a la entrega de los premios, se les harán llegar éstos por correo certificado a expensas de la organización del certamen.
Los dos relatos ganadores, así como los tres finalistas de cada categoría se publicarán en las páginas Web de Escuela de Escritores junto con las imágenes de las obras que los inspiraron.

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JURADO

1. El jurado estará formado por relevantes personalidades del mundo del arte y la literatura, e incluirá a representantes del Museo Guggenheim Bilbao y al comisario de la exposición 100% África. La preselección de los textos será realizada por profesores de la Escuela de Escritores. Los miembros del jurado y los profesores de la Escuela de Escritores no podrán participar en este concurso.

2. El fallo del jurado será inapelable, quedando facultado también para resolver cualquier otra incidencia que pudiera producirse y que no esté contemplada en las bases.

3. El concurso no podrá ser declarado desierto.

4. La participación en este concurso implica la aceptación de las presentes bases 

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Ilustración: FOLON

http://www.folon-art.com/fre/oeuvres.asp?type=1

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Jonathan LITTELL/Samuel BLUMENFELD

Jonathan LITTELL/Samuel BLUMENFELD

ENTREVISTA: Jonathan Littell Escritor

"Se necesita tiempo y distancia para explicar el éxito"

El autor neoyorquino Jonathan Littell (1967), afincado en Barcelona y que escribe en francés, ha concedido su primera entrevista tras el éxito de su novela Les bienveillantes. Los cientos de miles de ejemplares del libro vendidos en Francia lo han catapultado a la fama internacional desde finales de verano, antes de ser traducido (en España lo publicará RBA en 2008). Su celebridad ha sido confirmada con la obtención de los premios Goncourt y de la Academia Francesa. 

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Por Samuel BLUMENFELD

Hace sólo tres meses, Jonathan Littell no existía. Por lo menos, para el público. El éxito fulgurante de su novela Les bienveillantes ha convertido a ese desconocido en un personaje público. A ese Jonathan Littell, objeto de la curiosidad de los medios de comunicación, al que se puede atribuir el mérito de no haber hecho nada por organizar su mediatización, incluso el de haberle dado la espalda, le han prestado varias vidas y varias identidades. Sobre él han circulado los rumores más infundados: supuestamente, Richard Millet, su editor en Gallimard, habría escrito Les bienveillantes, a no ser que fuera el novelista Robert Littell, padre del autor... En Barcelona, donde reside, Jonathan Littell ha hablado sobre su novela con Le Monde des Livres. 

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Pregunta. Con la distancia, ¿qué carrera esperaba para Les bienveillantes?

Respuesta. Se ha desarrollado por etapas. Cuando mi agente, Andrew Nurnberg, me dijo que le gustaba mi novela y que tenía esperanzas de venderla, me puse muy contento. Y más aún cuando Gallimard la aceptó. Toda mi cultura literaria procede de sus fondos. Aparte de eso, no me esperaba gran cosa. He invertido cinco años de trabajo en este libro, a costa mía. Nunca pensé conseguir una suma de dinero equivalente al tiempo pasado con esta novela. Pensaba vender entre 3.000 y 5.000 ejemplares. Gallimard esperaba algo más, con gran escepticismo por mi parte. Después, todo estalló de forma inesperada. 

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P. ¿Cómo explica este éxito?

R. Discutí sobre ello con Pierre Nora, a finales de septiembre, cuando el libro había superado la barrera de los 150.000 ejemplares. Él pronunció esta interesante frase: "A este nivel, ni el editor ni el escritor pueden entenderlo, sólo un historiador". Hemos discutido mucho sobre las razones del éxito, sin encontrar una respuesta. Destacan dos grandes hipótesis. La primera tiene que ver con el nazismo y la relación que tienen los franceses con este periodo de la historia. La segunda se refiere más a la literatura. Gallimard había observado, desde hace varios años, una demanda de grandes libros, más novelescos, muy elaborados. En todo caso, se necesitará tiempo y distancia para explicar este éxito. Ver, por ejemplo, cómo se recibe el libro en Israel, Estados Unidos y Alemania nos permitirá comprender lo que ha ocurrido en Francia. 

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P. ¿Se ha reconocido en los distintos retratos suyos que han aparecido en la prensa?

R. ¡En absoluto! Han contado de todo. Estoy asombrado por la capacidad de invención de los periodistas franceses. He descubierto un montón de cosas sobre mí: supuestamente, sobreviví a la masacre de Chechenia. Asombroso. Sin embargo, bastaba teclear mi nombre en Google y leer los artículos de The New York Times para saber el accidente -que no tiene nada que ver con una masacre- que sufrí en Chechenia. ¡Visto por la prensa francesa, daba la impresión de que me había encontrado bajo un montón de cadáveres ensangrentados antes de salir arrastrándome de la fosa! Me parece que el fact checking [comprobación de hechos]el verificar las informaciones básicas está poco extendido en Francia. Me refiero a cosas sencillas. Supuestamente, trabajaba en China, estaba casado, mi madre es francesa, vivo en Bélgica y hablo alemán. Todo ello es inexacto. No he querido prestarme al juego del retrato porque no me gusta. Me gusta especialmente una frase de Margaret Atwood: "Interesarnos por un escritor porque nos gusta su libro es como interesarnos por los patos porque nos gusta el foie-gras". 

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P. Usted escribió un primer libro, Bad voltage, una novela de ciencia-ficción inédita en Francia, que se desarrolla en las catacumbas. ¿Qué relación establece entre este primer texto y Les bienveillantes?

R. En realidad, Les bienveillantes no es propiamente una segunda novela. Entre medias, ha habido otros textos míos que han terminado en el cajón, como debe ser. Lamento que se publicara Bad voltage, pero era prisionero de un contrato y no tenía dinero para romperlo. Tenía 21 años, una edad tonta. Nunca he querido esconder esa novela, pero tampoco la reivindico. Llevo pensando en Les bienveillantes desde los 20 años. Richard Millet, mi editor en Gallimard, quería poner "primera novela" en Les bienveillantes, pero yo dije que no. Finalmente, elegimos la fórmula "primera obra literaria" para la contraportada. 

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P. Usted está representado por un agente, una práctica que todavía no está muy extendida entre los escritores franceses. ¿Por qué esta elección?

R. Mi padre es escritor profesional desde hace 35 años. En el mundo literario anglosajón, si se quiere publicar un libro, se busca primero un agente. Por tanto, nunca lo he dudado. Esta tradición francesa de enviar primero el manuscrito a una casa editorial me resulta extraña. Comprendo que perturbe a algunos en Francia, donde un delicado equilibrio hace que se publiquen libros que no se publicarían en otros lugares. Este sistema tiene un precio. En Francia, prácticamente ningún autor puede ganarse la vida: toda la cadena del libro vive del libro, excepto el escritor. 

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P. Desde su aparición, Les bienveillantes se ha visto cubierto de superlativos y comparaciones elogiosas. ¿Se siente halagado o aterrado?

R. Ni lo uno ni lo otro. Tomemos la comparación de mi novela con Guerra y paz. La gente que afirma esto me ha leído mal, y además, ha leído mal a Tolstoi. No es en absoluto el mismo tipo de literatura. En Guerra y paz, para empezar, hay paz. En mi novela, sólo hay guerra. En la novela de Tolstoi existe otro nivel de complejidad. Un ir i venir infinitamente superior entre la vida normal y la guerra. El objeto de Les bienveillantes es mucho más limitado. Es el genocidio durante cuatro años, con algunas escapadas aquí y allá. Lo que se ambiciona no es lo mismo.hablando en un plano más profundo, nos encontramos con esa noción de espacio literario elaborada por Maurice Blanchot. Cuando se está dentro, nunca se sabe si realmente se está. Se puede estar convencido de estar haciendo literatura y permanecer de hecho fuera, del mismo modo que se puede estar atormentado por las dudas, cuando la literatura está ahí desde hace mucho tiempo. El texto de un enfermo mental puede resultar literatura y el de un gran escritor no serlo por razones ambiguas y difícilmente explicables. De todas formas, siempre se está en la duda. No se sabe. Yo creo que Tolstoi o Vassili Grossman tenían dudas. En el caso de Grossman, es evidente. Su ambición declarada era hacerlo tan bien como Tolstoi, pero seguro que tuvo que decirse al acabar su libro que no le llegaba a Tolstoi a la suela de los zapatos. La noción de espacio literario elimina la noción de calidad. Un texto muy mal escrito puede resultar ser gran literatura, mientras que otro muy bien escrito puede no ser gran literatura. Hay que juzgar cada libro en función de sus objetivos y sus propias exigencias, y no en relación con otros libros. Ésta es la razón por la que no me gustan los premios literarios. Tienden naturalmente a enfrentar unos libros con otros. Yo le he enviado una carta a Gallimard en la que le explico que no estoy contra los demás autores. Mi libro está contra él mismo, trabaja contra su propia exigencia, que, desde luego, no alcanzará nunca. 

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P. ¿Cómo definiría esta exigencia?

R. Un libro es una experiencia. Un escritor plantea cuestiones mientras intenta avanzar en la oscuridad. No hacia la luz, sino adentrándose más en la oscuridad, para llegar a una oscuridad aún más oscura que la oscuridad de la que partió. No se trata de crear un objeto concebido previamente. Por eso sólo puedo escribir de golpe. La escritura es como lanzar los dados. Nunca se sabe qué va a pasar. Se intenta colocar las piezas lo mejor posible y después se pasa a la acción. Cuando se escribe se piensa con las palabras, no con la cabeza. Llega de otro espacio. Se avanza a través de la escritura y se llega a un lugar donde uno jamás habría pensado encontrarse. Por eso estoy absolutamente dispuesto a aceptar las críticas que digan que me he equivocado con esta novela, que he hecho cosas mal, inaceptables. Efectivamente, no sabía lo que hacía. Antes pensaba que lo sabía, pero el resultado final no tiene nada que ver con eso. 

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P. ¿Qué piensa del resultado final? ¿Le gusta Les bienveillantes?

R. No hay por qué plantear así la pregunta. Para avanzar es mejor interrogarse sobre el concepto inicial. Puedo responder con una cita de Georges Bataille: "Los verdugos no tienen voz, y si hablan es con la voz del Estado". Los verdugos sí hablan, e incluso los hay que hablan demasiado. Hasta cuentan cosas exactas en términos fácticos. Por ejemplo, de la manera en que estaba organizado el campo de Treblinka. Eichmann no miente durante su juicio. Cuenta la verdad. Cuando hablo de discursos reales, pienso en discursos capaces de revelar sus propios abismos, como consiguió hacer Claude Lanzmann con las víctimas en Shoah. Descubrí la frase de Bataille después de acabar mi libro. Me iluminó retrospectivamente. Al principio pensaba que en los textos de los verdugos encontraría cosas a las que engancharme. Entre eso y todos los verdugos que he conocido a lo largo de mi carrera -en Bosnia cuando trabajaba en el bando serbio, en Chechenia con los militares rusos, en Afganistán con los talibanes y en África con ruandeses o congoleños- pensaba que tendría material con el que trabajar. Pero cuanto más avanzaba en la lectura de los textos de los verdugos, más me daba cuenta de que no había nada en ellos. Jamás avanzaría si me quedaba el registro de la recreación ficticia clásica con un autor omnisciente, a lo Tolstoi, que arbitra entre el bien y el mal. La única manera de hacerlo era metiéndome en la piel del verdugo. Y tenía la experiencia de los verdugos. Me había codeado con ellos. Partí, pues, de lo que conocía, es decir, de mí, de mi manera de ser y de ver el mundo, diciéndome que iba a meterme en la piel de un nazi. 

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P. Pero se trata de un nazi fuera de lo habitual, poco realista y no necesariamente creíble.

R. Estoy de acuerdo. Pero un nazi sociológicamente creíble jamás habría podido expresarse como mi narrador. No habría podido aportar esas explicaciones sobre los hombres que le rodean. Los que existieron, como Eichmann o Himmler, y los que me he inventado. Max Aue es un rayo X que va barriendo, un escáner. Efectivamente, no es un personaje verosímil. No buscaba la verosimilitud, sino la verdad. Resulta imposible escribir una novela si uno se limita únicamente al registro de lo verosímil. La verdad novelesca es distinta de la verdad histórica o sociológica. La cuestión del verdugo es la gran cuestión que sacan a la luz los historiadores de la Shoah desde hace 15 años. La única cuestión que queda es la de la motivación de los verdugos. Me da la impresión, tras leer los trabajos de grandes investigadores, de que se han chocado contra un muro. Resulta muy visible en Christopher Browning. Llega a una lista de posibles motivaciones sin poder arbitrar entre ellas. Algunos le dan más importancia al antisemitismo, otros a la ideología. Pero en el fondo no lo sabemos. Y es muy sencillo. El historiador trabaja con documentos y, por tanto, con discursos de verdugos que son una aporía. ¿Cómo se puede construir un discurso basándose en eso? 

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P. ¿Qué críticas de historiadores le han marcado más, y por tanto le han estimulado más?

R. Algunos han planteado cuestiones interesantes sobre errores de interpretación. Un historiador mencionó que había interpretado mal la relación entre el SD (el servicio de seguridad de las SS) y la Gestapo al presentar a los hombres de la SD como más idealistas que los brutales policías de la Gestapo. En este caso, como en otros, es posible que me haya colado. Es una novela. Cuando Vassili Grossman presenta a Eichmann en un pasaje de Vie et Destin, su descripción es completamente falsa. Lo cual no le quita mérito a Vie et Destin. Grossman veía a Eichmann como un superhombre desmesurado, que lo domina todo. Esta visión resulta de los materiales a los que tenía acceso por aquel entonces. Es inexacto, ¿y qué? Cuando Claude Lanzmann estima que mi verdugo no resulta creíble, que es malsano, lleva razón. Salvo que jamás habría existido el libro si hubiese elegido a un narrador a lo Eichmann. Lanzmann tiene miedo de que la gente sólo conozca la Shoah a través de mi libro. Es evidente que se da el caso contrario. De hecho, las ventas de las obras de Raoul Hilberg y de Claude Lanzmann han aumentado desde que salió mi libro. Lanzmann y yo llegamos, partiendo de una misma cuestión, a dos conclusiones que son irreductibles entre sí. Las dos son verdaderas. Nuestra discusión no ha acabado. 

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P. ¿Habrá una adaptación cinematográfica de Les bienveillantes?

R. No. Los derechos no están a la venta. No creo que sea posible adaptar este libro al cine. 

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P. La cuestión del idioma ha sido una fuente de debate en torno a su novela, a la que se le reprochan algunos anglicismos. ¿No cree que tras estos reproches se esconde una concepción reaccionaria de la lengua francesa, a la que le gustaría quedarse como está, cuando por naturaleza se encuentra en estado de movimiento perpetuo?

R. Hay anglicismos en mi novela, ¡claro que los hay! Hablo en dos idiomas, y resulta inevitable que los dos se contaminen entre sí. Hay una magnífica obra de Albert Thibaudet que demuestra, en Flaubert, la influencia de los provincialismos normandos en el lenguaje literario del autor de Madame Bovary. Al principio se veía como una falta, pero a partir de ello Flaubert creó maravillas. Cada uno tiene sus particularidades lingüísticas. Alain Mabanckou ha logrado descubrimientos bellísimos que proceden del modo en que los africanos hablan francés. Sus fórmulas pueden parecer extrañas, anticuadas, pero son magníficas. Resulta interesante que este año se hayan otorgado varios premios literarios a autores no francófonos. Nancy Huston es anglófona. Como en mi caso, el francés no es el lenguaje materno de Mabanckou. En el Reino Unido, hace años que los mejores escritores son indios, paquistaníes y japoneses. Y gracias a ellos, el idioma se enriquece.

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© Le Monde. Publicado en El País.

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Gabriel ZAID

Gabriel ZAID

El primer concepto de cultura

por Gabriel Zaid 

A partir de su raíz etimológica, Gabriel Zaid repasa en este ensayo los significados de la palabra “cultura”, que empezó refiriéndose al trabajo de la tierra, a sacar provecho del campo, y hoy sigue conservando felizmente en su seno el sentido de sembrar, cuidar y multiplicar.  

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Algo tienen algunas personas (haber leído mucho, por ejemplo) y todas (hablar su lengua materna). Que igual se aplica a las adivinanzas (cultura popular), la poesía de Góngora (culterana), el levantamiento de pesas (fisiculturismo), los buenos hábitos (cultura del ahorro) y las computadoras (cibercultura). Sin hablar del letrero en un museo arqueológico (“Los españoles nos trajeron su cultura, no la cultura”), la subcultura de la pobreza (Oscar Lewis), la cultura animal estudiada por los etólogos, el multiculturalismo o los llamados estudios culturales. Cuentan que André Malraux, siendo ministro de Cultura, respondió alguna vez: ¿Ustedes saben qué es la cultura? Yo no.

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La confusión empezó dando a esto y aquello el espaldarazo cultural. Era un paternalismo que decía: Yo, que soy culto, te legitimo como igual. En México, tuvo rasgos de humor en un lema festivo: “La rumba es cultura”. Suena a carnavalesco, pero no lo era. La afirmación no venía de abajo, de una insurrección niveladora, sino de arriba, de una concesión gratuita. A las rumberas les tenía sin cuidado.

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El mundo moderno acepta las jerarquías medibles del Guiness Book of Records, pero no sabe qué hacer con las otras. ¿Cómo afirmar que una obra es objetivamente mediocre, si la calidad no se puede medir? ¿Cómo declarar inferiores ciertos usos y costumbres? ¿Cómo reconciliar igualdad y excelencia? Esta dificultad parece resolverse en una confusión sentimental: el deseo de no parecer arrogante, de que nada sea visto como inferior. Pero qué le vamos a hacer: hay grandes obras, y no todas lo son.

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El rechazo de la arrogancia puede tomar otro camino: la retórica milenaria que acepta el desnivel, pero lo invierte. Eurípides (Electra) dice que un campesino puede ser más noble que los nobles (afirmación que, inteligentemente, pone en boca de un noble, no del campesino). Jesús (Lucas 18) declara que el publicano compungido está más cerca de Dios que el fariseo satisfecho. Baudelaire y Agustín Lara exaltan la pureza de Las flores del mal.

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Para situar la confusión, conviene distinguir entre palabras, conceptos y realidades. La cultura griega floreció sin tener el concepto de cultura, ni una palabra para eso (Werner Jaeger, Paideia: los ideales de la cultura griega). La palabra cultura (en latín) es anterior a los conceptos de cultura. El primer concepto de cultura apareció entre los romanos, sin recibir un nombre especial. La palabra culturas (en plural) es tardía.

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La raíz indoeuropea kwel- tiene dos campos semánticos. El que agrupa los significados de ‘lejos’, de donde vienen las raíces griegas tele (lejos en el espacio, como en telescopio) y paleo (lejos en el tiempo, como en paleografía). Y otro, más rico en derivaciones, que agrupa los significados de ‘girar’, ‘hacer girar’, ‘revolver’, ‘dar la vuelta’, ‘andar por ahí’, ‘estar o establecerse ahí’, de donde vienen las raíces griegas de bucólico, calesa, ciclo, ciclón, collar, degollar, palíndromo, palinodia, polea, polo, talismán (Roberts y Pastor, Diccionario etimológico indoeuropeo de la lengua española). De kwel- vienen, además, las raíces latinas de agrícola, colono, cultivar, culto (a los dioses), inquilino y quizá domicilio. A este subgrupo (que no tiene antecedentes griegos) pertenece cultura, que deriva de colo.

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En latín, colo empezó por decir ‘andar habitualmente en el campo’, y de ahí pasó a los significados de ‘habitar’ y ‘cultivar’. Como los dioses del lugar también lo habitan y protegen, colo se extendió al significado de ‘cuidar’ y, recíprocamente, ‘venerar’ (a los dioses protectores). Finalmente, se extendió a ‘cultivar las virtudes, las artes’ (Ernout y Meillet, Dictionnaire étymologique de la langue latine).

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En español, según Corominas (Diccionario crítico etimológico), la palabra cultura está documentada desde 1515 (es de suponerse que significaba ‘cultivo del campo’, pero no lo dice). En 1729, el primer diccionario de la Real Academia Española da tres acepciones de cultura: “La labor del campo o el ejercicio en que se emplea el labrador o el jardinero.” “Metafóricamente es el cuidado y aplicación para que alguna cosa se perfeccione, como la enseñanza en un joven, para que pueda lucir su entendimiento.” “Vale también lo mismo que culto, en el sentido de reverencia o adoración.” En la edición de 1780, marca esta última acepción como anticuada, añade otra y simplifica la redacción: “Las labores y beneficios que se dan a la tierra para que fructifique.” “El estudio, meditación y enseñanza con que se perfeccionan los talentos del hombre.” “La hermosura o elegancia del estilo, lenguaje, etc.” “ant. Culto, adoración.” En la de 1884, suprime la nueva acepción. En la de 1984, añade otras dos: “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época o grupo social, etc.” y [Cultura] “popular: Conjunto de manifestaciones en que se expresa la vida tradicional de un pueblo.”

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Dado el prestigio de la cultura griega, sorprende que los griegos no tuvieran interés en aprender otras lenguas, a diferencia de los romanos. Arnoldo Momigliano (Ensayos de historiografía antigua y moderna) los acusa de poca curiosidad, ya no se diga admiración, por otras lenguas y culturas. Heródoto fue el precursor de la etnografía, pero “estuvo a punto de declarar bárbaras unas costumbres que eran muy superiores a las helénicas”. Los griegos llamaron bárbaros a todos los que no hablaban griego, y el calificativo imitaba despectivamente el habla inexpresiva, farfullante, tartamuda, de los que no saben hablar. Bárbaro se remonta al indoeuropeo baba, de donde vienen baba, babieca, baboso, balbuciente, bárbaro, bobo y, en otras lenguas, baby, bambino, bebé.

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Walter Burkert (Babylon, Memphis, Persepolis: Eastern contexts of Greek culture) señala cómo “el milagro griego” nos deslumbra hasta el punto de verlo como una culminación desconectada de las culturas del cercano Oriente. Pero esta desmemoria empezó con los griegos, que no le daban mucho reconocimiento a todo lo que debían a los fenicios, semitas, acadios, sumerios, iranios, egipcios. En cambio, los romanos veneraban a los clásicos griegos. Horacio (Arte poética, 268) recomendaba estudiarlos día y noche, como ejemplos. El emperador Marco Aurelio no escribió sus Meditaciones en latín, sino en griego. Según Hannah Arendt (La crise de la culture), los romanos fueron los primeros en tener esta actitud hacia “los monumentos del pasado”, los primeros en “tomar la cultura en serio”. Se sentían herederos y continuadores de lo mejor del pasado, lo tomaban como ejemplo. Según Ernst Robert Curtius (Literatura europea y Edad Media latina), la palabra classicus aparece entre los romanos (Aulio Gelio, Noches áticas, XIX, VIII, 15) para un concepto que ya existía: el escritor antiguo cuyas obras eran un modelo. Este concepto (tener presente lo mejor del pasado, consagrarlo, aunque no fuese romano, interrogarlo, conversar con los clásicos, medirse con los clásicos, continuarlos) fue el primer concepto de cultura.

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Quizá porque es difícil aceptar que los griegos no tenían el concepto de cultura, algunos atribuyen este significado a paideia. La equivalencia aparece en varios diccionarios, aunque debe entenderse como una salida para el traductor, en algunos contextos. Jaeger usó la palabra en griego como título de su libro, porque le pareció intraducible. Barbara Cassin la incluye en su diccionario de intraducibles (Vocabulaire européen des philosophies: Dictionnaire des intraduisibles). Arendt, apoyándose en Jaeger (pero no en su Paideia, donde la afirmación no viene), dice que Cicerón acuñó la expresión cultura animi para traducir paideia.

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Se refiere a las Disputas tusculanas (II, 13), donde Cicerón afirma que el espíritu, como la tierra, necesita cultivo; y que la filosofía es eso: cultura autem animi philosophia est, la filosofía es el cultivo del espíritu. La frase, muy citada, influyó en los pensadores cristianos, y quizá en el hecho de llamar filósofos a los primeros monjes. Según García M. Colombás (El monacato primitivo), “el término filosofía [en griego] fue aplicado primeramente a la vida cristiana en general, más tarde fue reservándose para designar la conducta que observaban los ascetas y, finalmente, se convirtió en un sinónimo de vida monástica.” El vocabulario de Cassin confirma esto último.

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Algunos han tomado la frase de Cicerón como una temprana definición de la cultura. Sin embargo, define otra cosa: la filosofía como cultura animi. Las meditaciones de Cicerón en su finca de Túsculo y de los monjes en su monasterio pueden ser vistas como cultivo del espíritu; pero filosofía, cultura y paideia son tres cosas distintas. La paideia era, ante todo, la formación de los niños en la forma ideal de ser griegos. La paideia monástica era para los adultos que buscaban una forma ideal de ser cristianos perfectos. La cultura (en latín) era el cultivo de la naturaleza, su transformación en algo humanamente habitable, bajo la protección de los dioses; y también el culto de los dioses y el desarrollo de las facultades humanas. Cicerón no era un niño aculturable para su plenitud en la polis, ni una naturaleza cultivable hasta volverse cultura, ni un monje estoico, precursor de los “filósofos” cristianos. Era un hombre libre, amigo de los clásicos, que se volvía más libre conversando con Platón.

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Este primer concepto de cultura continúa vigente. La cultura como libertad que crece, gracias a las grandes obras literarias, musicales, visuales, no es la cultura de los etólogos, ni de los antropólogos. Es la cultura que se hace personalmente, tanto en el momento de creación de los clásicos, como en el momento de recrearlos y recrearse leyéndolos (escuchándolos, viéndolos). Tampoco es el saber de los especialistas, ni la mundanidad de los mundanos. Es la cultura de lectores y autores que se hacen y rehacen en las obras, y que leyendo crecen como personas. Una cultura libre, independiente de la edad, las aulas y los créditos curriculares, independiente de la posición social y de la disciplina monástica. Una cultura afortunada, que depende de la buena suerte: de encontrar un texto que es una revelación, y de encontrar con quienes compartir la animación por ese encuentro feliz. Si la cultura fuese medible, se mediría por la animación que despierta una obra en la conversación. La cultura no depende de la cantidad de libros leídos, sino del nivel de la conversación que comparte la felicidad de leer, escuchar, contemplar.

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Articulo: http://www.letraslibres.com/index.php

  Ilustración: Gorbuz DOGANhttp://www.irancartoon.com/

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John Ronald REUEL TOLKIEN

John Ronald REUEL TOLKIEN

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El 'big bang' de Tolkien

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Hace 80 años que el escritor británico publicó El Hobbit, el libro que daría origen a El señor de los anillos. Una larga historia de aventuras y magias que nació del interés de Tolkien por narrar entretenidas historias a sus hijos. Éste es uno de los títulos con el que Austral, de Espasa, adelanta la celebración de los 70 años de su colección de bolsillo.

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El big bang del universo de J. R. R. Tolkien se llama El Hobbit. Esa fantástica tierra literaria prometida donde surgieron los personajes, historias, tramas y criaturas excepcionales que harían famoso al escritor inglés (1892-1973) mundialmente conocido por la trilogía de El señor de los anillos, que surgió como una continuación a El Hobbit. Es la génesis del universo tolkiano. La historia donde el hobbit Bilbo Bolsón, junto a unos enanos, debe ir en busca del botín que el dragón Smaug ha robado.

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A partir de ahí se desata una serie de aventuras, complicidades, peligros, cantos, elfos, sabios, proezas, compañerismo y magia en un despliegue literario creado por un hombre graduado con honores en lengua y literatura inglesas y amante de la invención de palabras, lenguajes y territorios. Dios de un mundo verdaderamente propio, genuino, El Hobbit es producto del más puro espíritu del cuento, del narrar: del interés de un padre por contar a sus hijos una historia maravillosa, ejemplar y llena de aventuras y prodigios. El de compartir historias inventadas o recreadas. De aquel primer libro-nido tolkiano hace ya 80 años. Es decir, los mismos de las frondosas y onduladas tierras medievales de La Comarca.

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Con una vuelta a ese mundo, la colección Austral, de Espasa, ha empezado la celebración de sus 70 años en 2007. Que es lo mismo que decir la edad de los libros de bolsillo en España. Junto a esta obra de Tolkien, títulos emblemáticos como Luces de bohemia, de Valle-Inclán; El príncipe, de Maquiavelo, o La casa de Bernarda Alba, de García Lorca. 

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A consultar:http://es.wikipedia.org/wiki/John_Ronald_Reuel_Tolkien 

Centenario de Hannah ARENDT

Centenario de Hannah ARENDT

 

Un siglo en pensamientos 

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Defensora de la vida activa frente a la vida contemplativa y de la esfera pública frente a la esfera social, Hannah Arendt fue una ferviente partidaria del republicanismo. Su filosofía política, además, se pregunta por qué caímos en la barbarie del totalitarismo a la vez que busca las condiciones necesarias para una vida en libertad. 

FERNANDO VALLESPÍN  

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Cien años hubiera cumplido hoy Hannah Arendt. Hará ya un siglo desde que viniera al mundo en el seno de una familia judía casi plenamente integrada en la sociedad alemana del momento. Estos dos datos bastan para que cualquiera mínimamente familiarizado con la historia europea del momento pueda proyectar sobre ella todos los dramas del convulso siglo XX. Con la diferencia de que no se limitaría a ser una sufridora pasiva de todos los trágicos acontecimientos que cayeran sobre las personas de su raza y condición. Su inmensa virtud estriba más bien en que siempre tuvo la capacidad de filtrarlos a través del recurso a una extraordinaria capacidad reflexiva; supo extraerlos de su mero carácter de "historia vivida" para desmenuzarlos con el único instrumento del que goza el hombre para obtener el sentido -o el sinsentido- de las cosas: la razón y el juicio. Pocos pensadores nos han ofrecido una reflexión más atenta y original de lo que significó el siglo XX, que en ella aparece sin duda "atrapado en pensamientos". También del poder de la razón y de la filosofía para sobreponerse al destino del mundo y abrirlo a una acción política emancipadora. Su actividad intelectual oscila así entre la necesidad de entender por qué fuimos capaces de caer en la barbarie del totalitarismo y la búsqueda de las condiciones necesarias para una vida en libertad. Como supo decir en una frase lúcida, "el mal puede destruir el mundo, pero profundo y radical sólo puede ser el bien".

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No es de extrañar, por tanto, que ella siempre se considerara más teórica política que filósofa, a pesar de su agitada formación con Heidegger y sus posteriores estudios con Jaspers. Su preferencia existencial por la "vida activa" frente a la "vida contemplativa", que tan gráficamente expresara en La condición humana, dan fe de su pasión por la dimensión ciudadana en el ser humano. Y es la pérdida de esta dimensión también la que para ella explica la caída en la barbarie totalitaria, profusa y minuciosamente explicados en Los orígenes del totalitarismo. Frente a un mundo privatizado en el que la entronización de lo "social" acaba por convertirse en el principio regulador de todas las esferas de la vida, ella eleva la "vida pública" como el único verdadero espacio de la libertad. La identidad del sujeto humano sólo es posible en una contigüidad humana entre iguales y participando discursiva y comunicativamente de las cosas del mundo común. Los valores de la libertad, la pluralidad y la comunicación intersubjetiva se convierte así en los principios reguladores de la auténtica política, una política republicana. A ella le debemos, en efecto, una de las más originales teorías políticas republicanas precursoras de lo que hoy entendemos como republicanismo político, que se condensa en esta extraordinaria declaración de principios: "Nadie puede ser feliz sin participar en la felicidad pública, nadie puede ser libre sin la experiencia de la libertad pública, y nadie, finalmente, puede ser feliz o libre sin implicarse y formar parte del poder político".

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La imagen de Arendt ha ido creciendo progresivamente desde su muerte en 1975. Cada nueva generación de estudiosos ha ido encontrado en ella alguna pista para orientarse en un mundo en pleno proceso de cambio y cada vez más impenetrable a la reflexión. Puede que ello se deba a la maravillosa ausencia de sistematicidad de su obra. En un gesto poco adecuado a su tiempo, Arendt mostró siempre una enorme desconfianza hacia los sistemas de pensamiento, que para ella se sustentaban sobre una inaceptable simplificación de la realidad. A partir del momento en que una "verdad" se arroga la capacidad de guiar nuestra acción, violentamos las condiciones elementales del espacio político. La supuesta sintonía entre pensamiento y realidad no hace sino erigirse en el sustituto de lo que en última instancia sólo cabe decidir comunicativamente a los ciudadanos. A ciudadanos con plena capacidad de juicio político. O, lo que es lo mismo, con capacidad de trascender nuestra visión de meros espectadores incorporando de forma anticipada la posición de los otros. Su mensaje último es que sólo podemos acceder a la libertad recuperando los presupuestos de una auténtica democracia deliberativa. No es mal mensaje para estos nuevos tiempos difíciles. 

Artículo: http://www.elpais.es/cultura.html 

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Documento de Hannah ARENDT   

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¿Qué es la libertad?

Por Hannah ARENDT

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Las fuertes tendencias antipolíticas de la temprana cristiandad son tan familiares que la idea de que un pensador cristiano haya sido el primero en formular las implicaciones políticas de la antigua noción política de la libertad, nos parece casi paradójica.

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La única explicación que viene a la mente, es que Agustín era romano tanto como cristiano, y que en esta parte de su trabajo formuló la experiencia política central de la Antigüedad romana, que era que, la libertad como comienzo deviene manifiesta en el acto de fundación. Pero estoy convencida de que esta impresión se modificaría considerablemente si lo dicho por Jesús de Nazareth fuera tomado más seriamente en sus implicaciones filosóficas. Encontramos en estas partes del Nuevo Testamento una extraordinaria comprensión de la libertad, y particularmente del poder inherente a la libertad humana; pero la capacidad humana que corresponde a este poder, que —en palabras del Evangelio— es capaz de remover montañas, no es la voluntad sino la fe. El ejercicio de la fe, en realidad su producto, es lo que el Evangelio llama "milagros", una palabra con diversos significados en el Nuevo Testamento, y por lo tanto difícil de comprender. Podemos soslayar aquí las dificultades y referimos únicamente a aquellos pasajes donde los milagros son claramente, no eventos sobrenaturales, sino sólo lo que todos los milagros, aquellos protagonizados ya sea por hombres o por agentes divinos, deben ser siempre interrupciones de alguna serie natural de eventos, o de algún proceso automático, en cuyo contexto se constituyen como lo totalmente inesperado.

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No hay duda de que la vida humana, situada en la Tierra, está rodeada de procesos automáticos —por los procesos naturales de la Tierra, que a su vez, están rodeados de procesos cósmicos, y hasta nosotros mismos somos conducidos por fuerzas similares en tanto somos también parte de la naturaleza orgánica. Más aún, nuestra vida política, a pesar de ser el reino de la acción, también se ubica en el seno de procesos que llamamos históricos y que tienden a convertirse en procesos tan automáticos o naturales como los procesos cósmicos, a pesar de haber sido iniciados por los hombres.

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La verdad es que el automatismo es inherente a todos los procesos, más allá de su origen; ésta es la razón por la cual ningún acto singular, ningún evento singular, puede en algún momento y de una vez para siempre, liberar y salvar al hombre, o a una nación, o a la humanidad. Está en la naturaleza de los procesos automáticos a los que está sujeto el hombre, pero en y contra los cuales puede afirmarse a través de la acción, el que estos procesos sólo pueden significar la ruina para la vida humana. Una vez que los procesos producidos por el hombre, los procesos históricos, se han tornado automáticos, se vuelven no menos fatales que el proceso de la vida natural que conduce a nuestro organismo y que, en sus propios términos, esto es, biológicamente, va del ser al no- ser, desde el nacimiento a la muerte. Las ciencias históricas conocen muy bien esos casos de civilizaciones petrificadas y desesperanzadamente en declinación, donde la perdición parece predestinada como una necesidad biológica; y puesto que tales procesos históricos de estancamiento pueden perdurar y arrastrarse por siglos, éstos llegan incluso a ocupar lejos el espacio más amplio en la historia documentada; los períodos de libertad han sido siempre relativamente cortos en la historia de la humanidad.

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Lo que usualmente permanece intacto en las épocas de petrificación y ruina predestinada es la facultad de la libertad en sí misma, la pura capacidad de comenzar, que anima a inspira todas las actividades humanas y constituye la fuente oculta de la producción de todas las cosas grandes y bellas.

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Pero mientras este origen, permanece oculto, la libertad no es una realidad terrenalmente tangible, esto es, no es política. Es porque el origen de la libertad permanece presente aun cuando la vida política se ha petrificado y la acción política se ha hecho impotente para interrumpir estos procesos automáticos, que la libertad puede ser tan fácilmente confundida con un fenómeno esencialmente no político; en dichas circunstancias, la libertad no es experimentada como un modo de ser con su propia virtud y virtuosidad, sino como un don supremo que sólo el hombre, entre todas las criaturas de la Tierra, parece haber recibido, del cual podemos encontrar rastros y señales en casi todas sus actividades, pero que, sin embargo, se desarrolla plenamente sólo cuando la acción ha creado su propio espacio mundano, donde puede por así decir, salir de su escondite y hacer su aparición.

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Cada acto, visto no desde la perspectiva del agente sino del proceso en cuyo entramado ocurre y cuyo automatismo interrumpe, es un "milagro", esto es, algo inesperado. Si es verdad que la acción y el comenzar son esencialmente lo mismo, se sigue que una capacidad para realizar milagros debe estar asimismo dentro del rango de las facultades humanas. Esto suena más extraño de lo que en realidad es. Está en la naturaleza de cada nuevo comienzo el irrumpir en el mundo como una "infinita improbabilidad", pero es precisamente esto "infinitamente improbable" lo que en realidad constituye el tejido de todo lo que llamamos real. Después de todo, nuestra existencia descansa, por así decir, en una cadena de milagros, el llegar a existir de la Tierra, el desarrollo de la vida orgánica en ella, la evolución de la humanidad a partir de las especies animales.

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Desde el punto de vista de los procesos en el Universo y en la Naturaleza, y sus probabilidades estadísticamente abrumadoras, la aparición de la existencia de la Tierra a partir de los procesos cósmicos, la formación de la vida orgánica a partir de los procesos inorgánicos, la evolución del hombre, finalmente, a partir de los procesos de la vida orgánica, son todas "infinitas improbabilidades", son "milagros" en el lenguaje cotidiano. Es debido a este componente milagroso presente en la realidad que los eventos, sin importar cuan anticipados estén en el miedo o la esperanza, nos impactan con un shock de sorpresa una vez que han sucedido.

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El impacto de un acontecimiento no es nunca completamente explicable, su facultad trasciende en principio toda anticipación. La experiencia que nos dice que los acontecimientos son milagros no es ni arbitraria ni sofisticada es, por el contrario, de lo más natural, en realidad, en la vida cotidiana, es casi un lugar común. Sin esta experiencia corriente, la parte asignada por la religión a los milagros sobrenaturales sería poco menos que incomprensible.

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He elegido el ejemplo de los procesos naturales que son interrumpidos por el advenimiento de una "infinita improbabilidad" con el propósito de ilustrar que lo que llamamos real en la experiencia ordinaria ha en general adquirido su existencia a través de coincidencias más extrañas que la ficción. Por supuesto que este ejemplo tiene sus limitaciones y no puede ser aplicado sin más al dominio de los asuntos humanos. Sería pura superstición esperar milagros, "infinitas improbabilidades", en el contexto de procesos automáticos ya sean históricos o políticos, aunque tampoco esto puede ser nunca completamente excluido. La historia, en oposición a la naturaleza, está llena de acontecimientos; aquí el milagro del accidente y de la "infinita improbabilidad" ocurre tan frecuentemente que incluso parece completamente extraño el hecho de hablar de milagros. Pero la razón de esta frecuencia es meramente que los procesos históricos son creados y constantemente interrumpidos por la iniciativa humana, por el initium que el hombre es, en tanto es un ser que actúa. De aquí que no sea en lo más mínimo supersticioso, es más bien un precepto del realismo buscar lo imprevisible y lo impredecible, el estar preparado para el esperar "milagros" en la esfera política. Y cuanto más esté desequilibrada la balanza en favor del desastre, tanto más milagroso aparecerá el acto realizado en libertad; porque es el desastre y no su salvación, lo que siempre ocurre automáticamente y que por lo tanto siempre debe aparecer como irresistible.

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Objetivamente, esto es, visto desde afuera y sin tener en cuenta que el hombre es un inicio y un iniciador, la posibilidad de que el futuro sea igual al pasado es siempre abrumadora. No tan abrumadora, por cierto, pero casi, como lo era la posibilidad de que ninguna tierra surgiera nunca de los sucesos cósmicos, de que ninguna vida se desarrollara a partir de los procesos inorgánicos y de que ningún hombre emergiera a partir de la evolución de la vida animal. La diferencia decisiva entre las "infinitas improbabilidades", sobre la cual descansa la realidad de nuestra vida en la Tierra, y el carácter milagroso inherente a esos eventos que establece la realidad histórica es que, en el dominio de los asuntos humanos, conocemos al autor de los "milagros". Son los hombres quienes los protagonizan, los hombres quienes por haber recibido el doble don de la libertad y la acción pueden establecer una realidad propia. 

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Articulo:

http://www.creatividadfeminista.org/

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Caricatura de Hannah ARENDT  

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La filósofa enamorada 

Por Luis Fernando MORENO CLAROS 

Hoy se cumplen cien años del nacimiento de Hannah Arendt. Judía y alemana, fue alumna y amante de Heidegger. Pasó por un campo de internamiento en Francia cuando huía de la persecución nazi camino de Estados Unidos. Allí escribiría títulos clásicos de la ciencia política como Los orígenes del totalitarismo o La condición humana. Después de asisitir en Jerusalén al jucio del jerarca de la SS Adolf Eichmann, acuñó un concepto que hoy sigue siendo polémico: la banalidad del mal.  

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Hannah Arendt fue una niña despierta. Hija de una acomodada familia de judíos asimilados, nació en Hannover en 1906, aunque su infancia y adolescencia transcurrieron en Königsberg. Libre de presiones religiosas, descubrió pronto que era "diferente" al ser judía. Su madre, Martha, admiradora de Rosa Luxemburgo e interesada en el feminismo, nunca dejó que se amedrentase por el antisemitismo y le ordenó que si la despreciaban se defendiera. Así lo hizo y logró crecer sin complejos raciales.Pronto amó la literatura, la poesía y el pensamiento. Goethe, Kant y hasta el aprendizaje del griego clásico para leer a Platón constituyeron un primer bagaje intelectual para "comprender el mundo". Decidió estudiar filosofía ("una carrera para morirse de hambre") con absoluta vocación. Eligió la Universidad de Marburgo. Cursó teología con Bultmann y filosofía con Heidegger.

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Hannah Arendt quedó fascinada por este profesor apodado "el mago secreto del pensamiento" merced a su nueva manera de filosofar, renovando la metafísica al interpretar bajo nueva luz los viejos conceptos. Heidegger era extravagante y nada convencional; adusto y esquinado; vestía traje de esquí y bronceado por el sol de las montañas a las que se retiraba para pensar. Hannah era una chica elegante y ebria de saber. Heidegger, casado y con dos niños, tenía fama de seductor; Hans Jonas, estudiante también entonces, cuenta en sus Memorias que la propia H. A. le confesó que el mago "había caído de rodillas ante ella" en su despacho. Iniciaron una relación clandestina que es ya célebre en la historia de la filosofía, y aconteció durante uno de los periodos más creativos de Heidegger, que trabajaba en su libro más señero: Ser y tiempo (1925). El Don Juan filosófico florecía exultante con su musa judía.

Pero Arendt aborrecía aquella clandestinidad y se alejó cuando comprendió que él no renunciaría ni a su familia ni a su carrera. En efecto, Heidegger, dominado en parte por su esposa, Elfriede, llegó a rector de la Universidad de Friburgo el año en que los nazis accedieron al poder y se afilió al Partido, con la ilusión de que los nuevos amos devolverían el orgullo perdido al pueblo alemán y a la filosofía.

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Hannah Arendt abandonó Marburgo para estudiar en Friburgo, con Husserl, y más tarde con Karl Jaspers, en Heidelberg. Con este último, cuya filosofía era distinta de la de Heidegger (centrado más en "el mundo" en vez de en la abstracción de las honduras metafísicas), se doctoró en 1928 con la tesis El concepto del amor en San Agustín. La joven se tomó en serio el análisis del término, el amor al mundo y a la vida, el "nacimiento" y no la muerte (Heidegger) como el principio de todo filosofar.Con escasa convicción se casó con Günther Stern, ex alumno de Heidegger. Hasta 1933 la pareja malvivió de becas, consagrada a sus trabajos intelectuales.

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H. A. investigaba la vida de una intelectual judía de la época de Goethe: Rahel Varnhagen, para escribir su biografía. Se sentía identificada con ella al adquirir conciencia de su propia singularidad como intelectual y judía en un ambiente cultural en el que se sabía desplazada por el clima político. La llegada de los nazis no la sorprendió: "Nuestros enemigos sabíamos de sobra quiénes eran, lo que nos sorprendió fue la reacción de nuestros amigos". El desprecio a los judíos fue general en la sociedad entera y en la universidad. Alemania se transformó en una loba feroz para disidentes y "diferentes", para cuantos se resistieron a la "uniformización", la nivelación absoluta de todos los ciudadanos bajo ese poder estatal que la propia H. A. definiría años más tarde como "totalitario". Hasta entonces "apolítica", escondió en su casa a sionistas y comunistas, hasta que su vida corrió peligro y abandonó la patria hacia el exilio. París la acogió. Allí ayudó a los refugiados, entre ellos a intelectuales como Walter Benjamin, que le confió algunos manuscritos de sus obras antes de suicidarse. El matrimonio con Stern fracasó; al poco tiempo H. A. conoció a Heinrich Blücher, un comunista autodidacta, el segundo "amor de su vida", con quien se casó en 1941. Cuando Francia fue ocupada, se establecieron en Nueva York. Blücher sería durante treinta años el camarada ideal de la pensadora; con él, que pensaba y discutía sus ideas, creó una pequeña "comunidad de pensamiento" que se extendería a círculos más amplios de amigos como Hermann Broch, Auden o Mary McCarthy.

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Los problemas políticos tras la II Guerra Mundial inclinaron a H. A. más que a ser una "filósofa" a convertirse en "pensadora política". Había que cambiar la metafísica por la comprensión del mundo "de aquí". En 1943 se sintió "horrorizada" con las primeras noticias sobre el exterminio judío. Que unos seres humanos puedan liquidar a otros como a ganado, y que estos otros se dejen exterminar debía de tener una explicación. Arendt consagraría el resto de su vida a tratar de explicárselo; también, a plantearse cómo tendrá que actuar un ser moral en un mundo en el que la vida humana es prescindible. ¿Cómo recuperar la confianza en la sociedad civil? De la estupefacción de H. A. ante los crímenes del nazismo, que ella definió por primera vez como "crímenes contra la humanidad", surgió el libro Los orígenes del totalitarismo (1951) y, más tarde, de sus reportajes para The New Yorker sobre el proceso al criminal nazi Adolf Eichmann, el polémico Eichmann en Jerusalén (1963). Por primera vez una pensadora unía nazismo y estalinismo bajo un mismo concepto: "Totalitarismo", que significa la supresión radical por parte del poder de "la política" (la actividad de los ciudadanos libres para interactuar en el mundo) y, con ello, la instauración como derecho de Estado del desprecio absoluto hacia los individuos, poco menos que objetos prescindibles.

Pero H. A. observó también que la maquinaria totalitaria necesita de asesinos semejantes a Eichmann, de seres incapaces de pensar, no malvados en sí, sino "banales", grises y mediocres para funcionar a pleno rendimiento. Estos "funcionarios del mal" son eficaces en la tramitación del exterminio dada su fidelidad al Estado. Los crímenes son horrendos y los criminales, banales, tipos incapaces de pensar, ya que "pensar" implica tener imaginación para ponerse en el lugar del otro. En definitiva, el pensamiento es también cáritas, amor mundi, y entraña un compromiso "moral". Ahora bien, quien piensa debe rebelarse frente a la opresión. Las "víctimas", en la medida en que puedan, tienen que ofrecer resistencia.

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H. A. fue malinterpretada en este sentido por su beligerancia.Periodista e intelectual reconocida en todo el mundo -impartió clases en Berkeley, Princeton y Harvard y fue galardonada con múltiples premios internacionales-, fue conferenciante en Europa. En 1950 perdonó a Heidegger su pasado nacionalsocialista, pues los verdaderos nazis (los asesinos) se habían mofado de su nacionalismo trasnochado. Él no leyó los libros de la alumna, mientras que ésta editó los suyos en Norteamérica. Arendt lo respetó y lo quiso a pesar de todo. Pero ya no hubo entendimiento: optimista, frente al pesimismo heideggeriano, ella creía que los hombres podrían construir desde el diálogo la verdadera polis democrática y con ella un mundo en el que no cupiera más el desprecio al ser humano.

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Antes de su propio final, en diciembre de 1975, H. A. sufrió por la muerte reciente de dos de sus seres más queridos: Jaspers y su marido. Se consolaba pensando que la muerte es el precio que hay que pagar por haber vivido. A ella la alcanzó frente a su máquina de escribir, trabajando en La vida del espíritu. De su vivir y laborar nos dejaba libros tan imprescindibles como Hombres en tiempos de oscuridad, Sobre la revolución o Entre el pasado y el futuro. 

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Artículo: http://www.elpais.es/cultura.html 

A leer:http://www.spaceape.de/hannaharendt/index.php?value=bilder

http://es.wikipedia.org/wiki/Hannah_Arendt

http://www.institutoarendt.com.ar/ 

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