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Revista Literaria AZUL@RTE

MÉTAFORA/ Nicolás HIDROGO

MÉTAFORA/ Nicolás HIDROGO

Métafora

revista literaria, arte & critica literaria

LA ILUSTRE Y COMBATIVA GENERACIÓN LITERARIA DEL 60 EN LAMBAYEQUE

Por Nicolás Hidrogo Navarro

ENTREVISTA AL POETA JORGE FERNÁNDEZ ESPINO (1943-?) 

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Le pido una entrevista a Jorge Fernández Espino, no duda en hacerlo de buen talante, pero lo llaman, está muy solicitado, coordina, conversa con unas españolas que están aprendiendo a tocar cajón y bailar afro-negroide con Catalino, el negrito cajonero que está de moda en el INC, Jorge sigue siendo asediado, las chapetonas lo quieren y él me dice, “Mira Nicolás, hagamos la entrevista ya, tengo quince minutos”; en realidad fue media hora, las españolas esperan tomando un café en la otra mesa y empieza Jorge a mirar al cielo abetunado y suelta un suspiro como queriendo cuadrar la cinta de sus recuerdos, es ir cuarenta años atrás, viene la nostalgia,  -la siento en su frente aceitosa y amplia- con su voz pausada por el tiempo, pero brilloso por hablar de literatura, una de sus pasiones, me mira y siente que escupo la primera pregunta.

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Es indudable que los 60 representan una época equidistante: entre la poesía revolucionaria, política y de compromiso de un bando generacional (Grupo Río) y la poesía confesional, romántica, soñadora, vivencial y terrígena del otro (Grupo ALBA). Sin rencilla, ni odios, sin manipulaciones, sólo importaba el liderazgo del que mejor argumentan y sustentaba sus ideas, dos grupos se reunían en un mismo espacio y, pese a no compartir la misma visión política, confluían en que la poesía y la literatura en general, era el puente común, la carretera que juntos debían hacer, cuidar y ensanchar, para recorrerla. La consecuencia, la congruencia de ideales, la moda poética, el sentirse creador para trascender han dejado huella imperecedera en sus miembros, quienes ahora miran con nostalgia, pero sin claudicalismo, el cambio inminente generacional: desempolvan sus recuerdos y aún siguen en las esquinas entre Balta y Elías Aguirre, Colón y Francisco Cabrera una poesía invisible borrada por el tiempo y la modernidad, Carlos Ramírez Soto, Carlos Bancayàn Llontop, Winston Orrillo, Luis Arce Torres, Moisés Espinoza Gálvez, José Díaz Salazar, Nelly Lozano ALBA, Orfelina Coronel, Carmen Lescano Aranda, Beatriz Moreno Quiroz, Grover Ampuero, Nicolás Guerrero Zapata -ya fallecido-,Carlos Rodríguez Díaz, tomaron por asalto con su poesía testimonial y consecuente. Una década del añorado teatro, ballet, tuna, cine –escondido alguien entre la complicidad de la oscuridad, oteando una película sólo para mayores de 21 años-,  y el paseo por el parque principal, perfumadito, orondo, coquetón, con un cigarro en ristre, una flor marchita, un piropo a flor de labios, en busca de una musa que inspirara y llenara la noche de conversa y emoción. Quedan allí en esta generación, los ecos lejanos de un concierto de grillos, unos focos anémicos rasgando la noche, el arpegio de una guitarra, un mirar al cielo chiclayano, como buscando en alguna constelación de estrellas., el verso exacto que trascendiera  e impacta en propios y venideros. 

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Chiclayo, octubre 14 de 2004 (Interior Café-Arte INC-Lambayeque)   

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NICOLAS HIDROGO: ¿Cuál fue el contexto social, político, y cultural dentro del quehacer literario en los 60?  

JORGE FERNÁNDEZ: Habría que conversar un poco el momento en el que yo empiezo el trabajo cultural en Chiclayo. Entonces aparte de los trabajos diversos que se hicieron hasta el año 65 me dediqué en el año 66 a trabajar activamente  con un grupo,  el grupo que conformamos alrededor de 15 poetas. Este grupo se llamó agrupación ALBA porque era una sigla de bellas artes, Agrupación Literaria Bellas Artes ALBA. En eso estuvimos en principio Carlos Bancayán Llontop, Lucho Arce Torres, Moisés Espinoza Gálvez, José Díaz Salazar -ahora en Holanda- y Carlos Ramírez Soto, gran poeta, estaba otro poeta que trabaja en la Municipalidad de Lambayeque en la Secretaria de Cultura, un gordo alto simpaticón. Estaban  de las mujeres: Nelly Lozano ALBA, Orfelina Coronel, Carmen Lescano Aranda, Beatriz Moreno Quiroz (actual presidenta de todas las Artes en Lima), Quiroz un capitán de la FAP poeta, Grover Ampuero, Nicolás Guerrero Zapata -ya fallecido-, el mismo Blas que iba y venia de Lima a Chiclayo integraba a la agrupación literaria Bellas Artes, el ingeniero Carlos Rodríguez Díaz y su esposa.  

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N.R.: ¿Dónde eran los eran los puntos de reunión o tertulia? 

J.F.: En aquel entonces nos reuníamos en la sala de sesiones del Instituto Nacional de Cultura o en alguna sala disponible. Nuestras reuniones eran de 5 a 9 de la noche, duraba 4 horas  y se trataba de leer poesía, un poema por persona de reunión. Nos reuníamos los jueves o a veces los martes. Decidimos formar parte de una emisora local, nos dieron una hora en radio Délcar de 7 a 8 y nos dieron otra hora otro día de la semana -creo que eran los sábado en radio Chiclayo-. Nos dieron media hora, de tal manera que con la introducción del poeta y campesino de Mozart como cortina musical, empezamos una nota editorial, leíamos poemas, cuentos, informábamos sobre la actividad cultural en Chiclayo, sobre los eventos literarios en Lima; comentábamos libros por radio. Todo se hacia entre 3 o 4 personas que dirigíamos el programa. Yo hacía de locutor, Bancayán era el Presidente de la agrupación literaria de Bellas Artes y la voz femenina era  Beatriz Moreno; cuando no era la voz de Felipe Rivas Mendo, su esposa Teresa Belloso era la locutora del programa. Leíamos acá, discutíamos la poesía, era el tiempo de la poesía comprometida, era mucho más fuerte que ahora el año 65 – 67. La revolución cubana que movió todo el planeta entonces, este era la época de Ernesto Guevara, todos nos manteníamos en toda una vigencia, estaba la poesía de Javier Heraud, los premios nacionales de poesía entre el 68 – 71.Lo que pasaba en Cuba, lo sabíamos acá por los periódicos,  la gente leía Casa de las Américas, conversábamos de política, en  el Perú era por entonces el año 68 y ya estaba don Velasco Alvarado, el golpe militar a Fernando Belaúnde Terry, hubo mayor propagación, mayor fuerza cultural, se encontraba cantidades de libros en las librerías, habían mas libros cubanos. La entrada de revista Life, pues pagabas un sol por esa revista en ese entonces y de esa manera empezamos a activar un poco de poesía de protesta, poesía revolucionaria, siguiendo la línea de Pablo Guevara, Scorza, Romualdo, quienes eran los poetas épicos, los fuertes de la poesía de la época. Sí se puede testimoniar entonces nuestra poesía, iba en torno a esto  muchas veces decidíamos cualquier pared de la ciudad que la veíamos que estaban construyendo un nuevo edificio, la pared de adobe que ponían, la empapelábamos con poesía mural. Me olvidé de contarte,  otro día pegamos un pliego completo de cartulina con plumón grande con adornos y flores, dibujábamos cuando era de las mujeres románticas y todo, cuando era de los hombres poníamos cosas un poco alambradas o palomas muertas para dar una idea de la opresión. Y así jugando un poco a simbolizar con dibujo y con la metáfora en la poesía, empapelábamos. La policía  nos metían adentro uno tres días después nos botaban con la amenaza que si lo volvíamos a hacerlo nos iban a meter un mes y así, pero le dábamos le dábamos fuerte en esa época.Yo dirigía teatro acá en el Instituto Nacional de Cultura, al mismo tiempo formé un grupito de teatro. Hacíamos teatro de protesta, de las obras de Enrique Buenaventura –colombiano-, obras chilenas, también las obras de Sebastián Salazar Bondy, otras obras de  autores trujillanos, obras norteamericanas con fuerza política, sociales, problemas de reflexión sobre EE.UU., las huelgas de los estudiantes, poemas de César Calvo. Entonces hacíamos un teatro social, testimonial, de protesta no tan directa porque la cosa no era de tirarse contra la pared, pero sí se trabajó, se hizo cosas, se movió todo un mundo intelectual universitario del entonces al comienzo de la Universidad de Lambayeque, cuando pedagogía quedaba en la avenida Balta, entonces venían poetas de fuera gente que movía el escenario cultural.  

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N.R.: ¿Qué poetas de la época recuerdas, Jorge, que hayan activado? 

J.F.: Poetas en aquella época por ejemplo Manuel Ibáñez Rosaza (fallecido), el otro poeta que está por Estados Unidos, -catedrático-, acaba de publicar un par de  novelas por allá. También venían los hermanos Antonio y Arturo Corcuera, De Lima venia Winston Orrillo, que estuvo trabajando como profesor de literatura en la Universidad de Lambayeque. Otro poeta, escritor fuerte de ensayo, el señor Rivera Ayón. Los asesores de esa época eran Alfredo José Delgado Bravo; poetas grandes Elio Otiniano, Estuardo Deza Saldaña, y otros poetas de los alrededores de Chiclayo. Poeta por cierto que está un poco delicado el doctor José Ruiz Agüero, que está un poco delicado.  

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N.R.: ¿Cuál era la situación de la narrativa,  todo era  poesía?  

J.F.: En la narrativa habían pocos narradores como Alfredo José Delgado Bravo quien ha escrito teatro y cuento. Por otro lado no había mucha gente que escribiera narrativa, bueno se sabia de Puga Imaña, pero no se le vio por acá nunca.Narradores no. La mayor parte hacía poesía en prosa, pero no directamente entraban a cuento y muchos menos en ensayo y novelas, salvo Alfredo Delgado Bravo, quien ya venía trabajando ensayo. Ricardo Rivas Martiut como profesor  trata de hacer recopilaciones por la época. También se fue José Barragán Carvallo que escribió páginas de oro de la poesía lambayecana, el mismo Ricardo Rivas Martiut  también, pero siempre en el terreno de poesía.   

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N.R.: Jorge todo este recuentro histórico, esta memoria que tú haces, ¿ entre qué años se dio? 

J.F.: Esto ocurre entre los 67 y el 71 que es cuando yo me voy a Colombia y me voy a Chile y ya me quedo a trabajar en Chile y ya no vengo hasta el 74 donde se volvió a activar. Nos reuníamos más en los portales, en los cafés, fuera de los cafés del centro de la plaza, y en la Casa de la Cultura sólo para dar recitales. Yo mismo  hacía recitales de mimo de dos horas de duración, otros leían cuentos, otros poesías, hablábamos de los hechos políticos del país y de fuera del país. Esto ocurrió hasta el 74 y 75 yo me voy al Cusco y después me desaparezco casi 20 años en Europa.  

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N.R.: ¿Qué instituciones o personas apoyaban la cultura en esa época? 

J.F.: En principio, en estas épocas estaba de director Manuel Pita Díaz, abogado, escritor que defendía mucho, como era una idea muy cubana siempre estaba presente la rusa en él. Cuando llegaba el ballet ruso (que llegó un par de veces) yo era el que le ayudaba a decorar todos los escenarios, las bailarinas y todo eso con dibujos de la Plaza Roja. Luego había un Instituto Cultural Norteamericano que nos apoyaban con un buen escenario que quedaba en la calle an José frente a donde está la biblioteca de la Universidad “Pedro Ruiz Gallo”; este Instituto Norteamericano nos apoyaba con películas de poetas, con películas sobre Estados Unidos, sobre el trabajo de los negros, la música, la vida de los grandes artistas, etc.; y nos prestaba el auditorio para hacer recitales de poesía y de mimo, nos daba cartulina, nos apoyaba con los plumones, nos daban las cintas, las témperas para que lo trabajen. Nos ayudó el Norteamericano. No había contacto con la universidad para los trabajos en el exterior salvo los trabajos de universidad que eran poco culturales.  

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N.R.: ¿Qué imprenta y qué publicaciones se hacían en la época, qué imprentas existían? 

J.F.: Por la época, algunas personas tenían el bendito mimeógrafo, entonces había que comprar nuestros esténciles y tipear (tipear era escribir a maquina con la vieja Underwood o la Remigton), entonces tenías que copiar tu poemario y llevarlo a donde un pata que pagaba por la tinta  y que podía comprar el esténcil y lo picaba. Una vez bien picado se tiraba y salía el papel bulki o papel periódico -papel terrible-, porque cuando no picaban bien no se leía nada en el poema, tenía que escribirlo a mano y fácil le cambiaba la metáfora, porque no te había gustado anteriormente. Esto fue en mayor parte y había una Imprenta Guerrero y la Imprenta Castillo, que es una de las más antiguas. De estas dos imprentas solamente se podía y tenias que recurrir a fotocopiar, y a tipear, era cuestión de precio, le costaba como la edición de un libro ahorita en cualquiera de las imprentas pero en esa época era muy caro y difícilmente que algunos sacaban a manuscrito y vendían sus poemas en 3 o 4 centavos pero sólo habían dos imprentas grandes y el resto era por ahí dos colegios que tenían mimeógrafos y los prestaban   y ahí había que trabajar la poesía.  

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N.R.: ¿Qué revistas se editaban? 

J.F.: Bueno aquí salió unos Cuadernos Chiclayanos que editó Fernando. En la época  estaba el padre Meroño que fueron los primeros directores del Instituto. Del 63 ó 64 en el  65 se hizo un Primer Encuentro de Escritores a nivel nacional. En el 70 apareció Cuadernos Chiclayanos apareció nuestra revista ALBA que se tipiaba y con mimeógrafo.La revista fuerte que se consideraba, barato por dos soles, era Casa de las Ameritas, la revista de Literatura Soviética  los suplementos eran los de El Comercio de Lima, siempre y La Prensa que ya no está, luego suplementos dominicales de los periódicos, algunos fascículos que salían entre periódicos lima luego se leía por acá la revista Caretas, Life, que era buscada por que traía la guía de escritores, lectores, y músicos. Life se leía bastante, no había más que periódicos.  

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N.R.: Cuando tú regresas de Alemania, ¿cómo encuentras, la escena literaria en Lambayeque? 

J.F.: Claro, ahí es el vuelco cuando encuentro el principio que esto había crecido enormemente a nivel ciudad, la ciudad había cambiado bueno no estaban las musas, estaba todo esto descampado pero ya habían pasado casi 20 años que yo no venía entonces encontré la urbanización Santa Victoria crecida, nueva, José Leonardo Ortiz, supergrande que lo elevaron a la categoría distrito pero los balnearios por ejemplo, que yo había dejado 4 a 5 casa de médico por un lado del malecón Seoane de Pimentel. De repente cuando vengo encontré todo eso que era urbanización gigantesca el mismo mar cambio donde yo había nacido cuando jugaba de niño, donde construían los bracos ya no construyen barcos y ahí más bien habían  construido los baños públicos y el Casino de Pimentel donde pues se realizaban exposiciones  ya estaba la Alianza Francesa el Instituto Norteamericano, y el Círculo Departamental de Empleados, claro que los dejé al lado del cine Tropical y ya había pasado a Balta.  

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N.R.: ¿En qué fecha regresas de Alemania? 

J.F.: En abril del 1989 yo me fui de acá en julio del 69 al 70 me fui a Guayaquil, y Quito y después fui a Manizales a participar en el primer festival norte americano del teatro y la inauguración del teatro, el teatro de Manizales (Colombia), invitado por Ariel Bentancourt, que me dejó trabajar en el teatro varias veces y con lo que gané pude seguir y allí me conocí con un amigo en la plaza san martín  casi 2 años todas las tardes lo conocí con un mexicano que trabajaba para la revista Mañana y me invita irme hasta Chile y me voy a Chile en el año 70 desde Cali estoy en Chile en el año 70, 71, 72 y salgo repatriado por Pinochet en el 73, el 02 de octubre, el día de mi cumpleaños.  

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N.R.: ¿Qué autores de la época de ustedes eran los leídos, los favoritos, sobre que autores se inspiraron o seguían prácticamente sus postulados, la tendencia literaria? 

J.F.: Claro, eso sí fue interesante por que había una variación justamente allí las conversaciones se enriquecían, había una variación de autores no había la cantidad tal como la de hoy día, hoy día hay muchísimas en el Perú que circulan.Lo súper simpático es que en aquella época la gente leía mucho la poesía inglesa, la poesía alemana éramos los lectores de Bertolt Brecht, en la parte revolucionaria.Leíamos la poesía italiana de Guisepe Ungareti, por ejemplo:, César Paveses. De los alemanes leíamos Alberto Brekht, muy poco llegaba por acá Hansel Enselberti, en la literatura alemana de leían las historias, las novelas, era el tono de Hermann Hesse, leíamos de Eliot, de Pound, de toda la poesía digna la poesía inglesa, poesía cubana con fuerza le llamo Fernando Retamar, Nicolás Guillén por supuesto.  

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N.R.: ¿Qué le librerías existían en  Chiclayo, en esa época? 

J.F.: Yo le diría que existía la librería de un tío Nicolás Mendoza, que es la viuda del tío que fundo una librería Mendoza la dos librerías llevan su apellido luego también en esa época puso una librería pequeñita en Elías Aguirre antes de llegar para el lado, entre la plazuela Elías Aguirre y Luis Gonzáles donde ahora venden muebles. Ahí había un callejón bien delgadito igual en esa época que hay en Lima en el jirón Colón una época bien delgadita, la Quesquén que era ya mas de textos escolares y que otra librería es la de Gamarra que era donde comprábamos el papel, esas eran las librerías principales que habían en Chiclayo.  

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N.R.: ¿Qué anécdotas literarias recuerdas? 

J.F.: De las anécdotas literarias, la cantidad de veces que nos prohibió la policía. Ah, bueno una simpatiquísima que un día estábamos pegando  la poesía mural en el Banco Regional (hoy, Banco Financiero) que estaban construyendo sus bases y había una pared de adobe y lo habían pintado de blanco entonces nosotros fuimos con plumones y empezamos a escribir poesía y a pegar las cartulinas de siempre y llego la policía y nos coge, y subimos 4 en el carro dos adelante en el patrullero y dos atrás más el policía, pero cuando sube el policía nos dice córranse mas allá le dice a Pepe Díaz, que ahora esta en Holanda yo me corro mas allá pero en definitiva abro la otra puerta y me corro y no me alcanzaron nunca esas son las anécdotas de la poesía de la época. Después como estar leyendo poesías y habían apagones y teníamos que ir a comprar velas, a leer con vela.  

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N.R.: ¿Hacían recitales, cómo era la movida? 

J.F.: Ah, mucho más que ahora. Fíjate increíble, mucho más que ahora, porque la gente no tenia televisor y leía más, me refiero que no circulaba tanto papel con poesía en la calle no, la gente no veía telenovelas, entonces venían a recitar los poetas, iban a los teatros a escuchar música no, a los conciertos de piano de  guitarra, mandolinas, etc. no habían tunas universitarias, la gente estaba más entusiasmada en preparar los villancicos, las navidades, los nacimientos, en ir al cine, pasaban cosas mucho mas buenas ahora también pasan cosas buenas películas pero no había cine pornográfico por ejemplo no, la iglesia estaba ahí, ahí con las películas, había una censura con las películas que ya mostraban un poquito el desnudo como algunas mexicanas una película de Isabel Sarli, ya era un provocación para el obispado. Ya no venían buenas películas. En un festival que se dio en el cine Tropical, se pudo ver el Ulises,  Hamlet, un poco de películas de protesta mexicana, de esas prohibidas, algunas argentinas prohibidas, muy buenas películas norte americanas como corte poético como La sociedad de los poetas muertos, ese tipo de películas, Herman, Vi torio de Sicca, se dieron películas buenas.  

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N.R.: ¿Crees que la gente leía mas en la época por que no había otro entretenimiento?¿Se podía vivir de la literatura? 

J.F.: No se vivía de la literatura en absoluto, además  nadie vendía libros, los libros estaban en la librería, nadie se atrevía vender un folleto salvo si había un recital por allá y el tipo sacaba una presentación de un  libro que salía a las quinientas una plaquetita 50 centavos o la regalaba pero no había, nadir vivía de la literatura salvo los periodistas que le pagaban su columna.  

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N.R.: ¿Qué periódicos recuerdas de la época?      

J.F.: Yo trabajé desde el año 56, fui casi el primer canillita de La Industria, apareció por allá en un suplemento una nota: “Se necesita niño repartidor”  y fui yo a los 13 años a repartir los periódicos. Repartí dos años en el periódico La Industria; vendí el periódico en las noches, vendí la Ultima Hora que salía en la noche, me paraba afuera de los cines vendí el Zeppelín, por el plazo de 6 meses, me botaron por que me encontraron que me estaba robando los periódicos del “Zeppelín”. Después trabajé como corresponsal de La Prensa me dieron la pagina de accidentes, me iba buscando accidentes por todo sitio para ganar que comer. Eso fue una recontra joda, pero después había La Prensa, El Comercio, todos los periódicos capitalinos que pasaban revista de la capital, y no había nada mas había gente que hacia curso de repostería, yo mismo fui profesor de comunicaciones, en el Instituto de Relaciones Familiares, en donde ahora queda ubicado un local de la UNPRG,  en Elías Aguirre. Trabajé un año y era la época fuerte la época del venir por acá, los famosos.  En Chiclayo una época muy conocida por cierto pero ahí estábamos.   

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N.R.: Interesante el testimonio de Jorge Fernández, destacado y memorioso poeta  ¿En que generación te ubicas, Jorge? 

J.F.: En la época del 60, la generación del 60, siempre me ponen en el 70 por que yo empiezo a escribir a los a los 20 años yo tenía  poesía, en el 63 y estoy ubicado en la época del 60 y 70.

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Chiclayo, octubre 14 de 2004 (Interior Café-Arte INC-Lambayeque)

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2 comentarios

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