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Revista Literaria AZUL@RTE

Juan José SOTO BACIGALUPO

Juan José SOTO BACIGALUPO

 

Juan José SOTO BACIGALUPO (1965)  nació el 3 de agosto de 1965 en el distrito de Barranco, Lima (Perú). Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad San Martín de Porres obteniendo el grado de Licenciado en Ciencias de la Comunicación y el título profesional en la especialidad. Asimismo, egresó de la Escuela de Postgrado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la USMP cursando la Maestría en Periodismo. El autor ha publicado los poemarios: “Cárcel de mi ojo” (1994), “Morada Diosa” (1997) y “Palabra sobre los abismos” (2005).Además, parte de su obra poética figura en revistas, libros, muestras y antologías.   

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“PALABRA SOBRE LOS ABISMOS” 

Por Juan José Soto Bacigalupo 

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El alma del poeta es rebelde en su esencia y no otorga concesiones ni da marcha atrás; conoce la ruta consabida del hombre y sus limitaciones; su confusión con el agitado mar del sentimiento; el difícil equilibrio en el asfalto rugoso e implacable de la materia y el proficuo manantial de los sueños; empero, éstos mismos sueños son propicios a los seres de sensibilidades intactas; pero, lo son a la vez al sello perverso de egos aviesos ensimismados en el horror: torvos buscadores sin treguas de la destrucción del hombre, de miradas sísmicas, lacerantes. 

Aquende, enclavada en la piel y sangre del poeta, la intuición fragorosa desafía el silencio imperfecto de los hombres y atrae tras de sí la magnanimidad del gesto, el misterio de los signos y desafía la noche ritual de las iras, las voces agazapadas con su velo de embuste: don superior de las almas en su resplandor lucífugo que ilumina el tránsito de los sinos, de la existencia, de la vida. 

Palabras sobre los abismos” significa el eslabón de una tríada poética que cierra un ciclo iniciado con “Cárcel de mi ojo” y “Morada Diosa”: ciclo signado por profetas exiliados, bohemios insomnes, ojos desorbitados, gigantescos poetas, ardientes miradas, soñadores tenaces, amigos de calladas noches, quijotes citadinos en torno a una década de podredumbre y vómito en los que el temple de la lira, la sensibilidad del hombre, la desgarrada mirada, la indignación curtida en la piel y la voz ensangrentada cuajaban en los miembros de nuestra generación, pasmada por el terror, la muerte y las sombras; pero vivísima, comprometida y ardiente a pesar de todo. 

30 de octubre del 2004  

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Por Víctor Coral

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«He abierto la pesada puerta del silencio/ y atravesado la noche/ en la que sigilosos moran los más arcanos secretos. Estos versos memorables definen en gran parte la poética esencial de Soto, quien despliega en este libro asombro divino mientras da cara y alma al misterio de la poesía. El silencio creador tanto como la capacidad verbal transmundana del hombre ocupan un espacio privilegiado en estos textos cuya intensidad tiene el raro pathos de conmover con abstracciones, de develar con explosiones las profundidades del ser. Soto llega así a una madurez poética que anuncia, sin ambages, la aprehensión futura de mayores esencias.» 

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PALABRA SOBRE LOS ABISMOS 

Miguel Ildefonso, Apolo, noviembre del 2004  

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¿Qué nos impulsa a buscar más palabras de las que tranquilamente usamos? ¿Por qué sentimos esa necesidad de hurgar en lo inefable? ¿Por la seducción del abismo? ¿Por la sensación del vértigo que nos hace levitar? La poesía -se suele decir-   nos da más preguntas que respuestas. ¿Será porque toda respuesta es estática, mientras que una pregunta es errancia, impulso, exploración? El poeta lo que quiere es motivar, inquietar, conducir hacia algo que él ha vislumbrado, pero del que no existen palabras para nombrarlo o definirlo. Busco palabras / Que sean más que palabras / Que hablen más que de sí mismas / provocadoras como largos silencios / proferidos en la oscura mañana de los deseos nos dice Juan Soto en los primeros versos de este visionario libro de poemas. Aquello que hace el poeta va dirigido a un objetivo: a la redención. Es lo que hizo Jesucristo del género humano, por medio de su pasión y muerte. Jesucristo en la cruz, tres clavos impidiendo su caída al abismo, dando sus últimas palabras. Aquella imagen es una de las posibles interpretaciones. Redimir es rescatar o sacar de la esclavitud al cautivo. El poeta nos rescata de la esclavitud de las palabras, de las convenciones y categorías de las que estamos hechos. La poesía nos libera: Redención de la sentencia interminable / y la sombra ensimismada / absorta / de quien ha extraviado el dolor / en los silentes pasadizos del espíritu. 

Pero, aunque suene paradójico, la poesía no deja de ser palabra, y la palabra es memoria. Por la palabra somos lo que somos, y mediante la palabra nos renovamos: La memoria persiste / más allá de la memoria / aun sin ella misma / en el registro innominado / inmemorial / a buen recaudo / de las aviesas e inveteradas debilidades / de la especie humana. Es por ello que Góngora es un poeta actual, porque su poesía se renueva conforme renueva a la especie humana. Las interpretaciones actuales de “Soledades” no serán las mismas de antes; lo que se leyó entonces no será lo mismo de lo que leemos hoy en Góngora, puede que sea así, pero la memoria persiste más allá de la memoria. Nunca la poesía dejará de aspirar a que el hombre se convierta en un ser humano. El caudal que hay en la palabra es inagotable, y es como un archipiélago de espejos en el que cada época se ve reflejada. Ello es el cristal de lo divino, de la poesía trascendente. Y sobre este tema, de lo relativo o fugaz, ante lo eternal o intemporal, es de lo que trata esta metapoética desgarrada, encarnizada en la palabra de Juan Soto. Por otra parte, esta conciencia mítica e histórica de la palabra y la metáfora, como en Borges y Paz, es lo que lo hace destacable, por el riesgo de poetizar sobre la poesía misma.  

Para terminar este breve comentario, solamente señalar que aquella encarnación del verbo sólo es posible mediante el acto de amor dantesco. La caída al infierno de Dante es el inicio de una oscura travesía llena de revelaciones. En palabras de Juan Soto: Es desde la hondura / donde emerge la palabra / su sentido abisal / la mirada en carne viva / Indescifrable caos el de nuestras voces / y los crustáceos kamikaces / estrellándose contra las rocas / Irrefrenable eco. El poeta emerge desde ese caos original para rev (b) elarse en la palabra, ante el mundo. Escribir un poema es la “comedia”, es recorrer infierno, purgatorio y paraíso, es amar. Se es Dante en cada poema. Se da amor en la escritura y en la lectura de un poema. Y el amor lo vuelve a ordenar todo: Hay en tus labios / un sabor a cristales rotos / a grieta honda / que abisma los amores sobre rocas tenaces. Juan Soto, poeta que ha bebido de la metafísica de Martín Adán, nos entrega un libro que nos motiva a hurgar en nuestro propio paraíso. Lo más impresionante no es la motivación que nos imprime, sino el contagiarnos su esperanza en que aquel paraíso existe.    

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NICOLÁS HIDROGO NAVARRO (Perú -1968) narrador peruano, licenciado en la especialidad de Lengua y Literatura por la Universidad Nacional “Pedro Ruiz Gallo”.Actualmente ejerce la docencia universitaria y es coordinador general del grupo literario “Conglomerado Cultural”. Sus trabajos narrativos tienen como inspiración la ciudad de Bagua Grande, su lugar de origen. 

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ARTE POÉTICA METALINGUÍSTICA DE JUAN SOTO

Nicolás Hidrogo Navarro, Lambayeque, Perú, agosto 14 de 2006 

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Juan Soto con “Palabra sobre los abismos” logra hacer metapoesía y generar su propia arte poética metalingüística. Al inicio fue el verbo, el signo, el silencio enmudecido de una palabra no dicha, pero luego saltó entre la laringe y la materia gris el rayo fugaz de los fonemas cargados de significancia, de onomatopeyas, interjecciones hasta convertirse en palabra que simbolizaba los grandes actantes del significado simbólico de las cosas.

Su poemario y su actitud contemplativa y reflexiva de la vida, las cosas y el propio descanso y silencio de las palabras, está marcada por dieciséis poemas que transitan por el ejercicio mismo de descubrir en la palabra “su abisal sentido connotativo y plurisemántico”. De verso corto, suave y musical, de intensidades y fugas retóricas, de intenso e implosivo acumular de sustantivos, le rinde tributo al verbo, como la creación suprema después del hombre. Todos sus poemas tienen un gran viga transversal el signo lingüístico en sus diversas acepciones y trasmutaciones: palabra, verbo, silencio, voces, sonido, susurro, canto, por que en él hasta el silencio comunica algo, denota un estado catatónico de las cosas, de la distancia entre la boca y el oído. Juan Soto es un poeta que al haberse quedado dormido a la sombra de las palabras ha terminado siendo prisionera de ellas y no hace sino abrirnos las puertas de su poética poblada de signos, signos, constructores de una realidad, inventores de un espacio, elucubradores de su propia pasión y admiración por el abismo mismo de la interjección.      

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FERNANDO ODIAGA GONZÁLES (Perú,1971) Poeta e intelectual chiclayano, miembro de la agrupación “Conglomerado Cultural –Lambayeque”  

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JUAN JOSÉ SOTO Y LOS ABISMOS DE LA PALABRA

Fernando Odiaga Gonzáles, Chiclayo, 11 de agosto del 2006  

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Texto escrito por el poeta Fernando Odiaga y leído en la presentación del poemario “Palabra sobre los abismos” de Juan José Soto llevado a cabo el 11 de agosto del 2006 en el auditorio del Instituto Nacional de Cultura – Lambayeque.   

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Palabra y silencio opuestos y mediados por el deseo son el principio de la búsqueda poética, una búsqueda dialéctica que se estructura desde “la oscura mañana de los silencios” y desde el dolor “extraviado… en los silentes pasadizos del espíritu”.El poeta y los poetas aparecen “apostados bajo un silente pórtico”. Las palabras aparecen cual la tormenta y la guerra y el poeta se resuelve a enunciar su elección sagrada de verbos, sustantivos y adjetivos. Esta elección se involucra con la investigación sobre la palabra misma, sobre su “cuerpo exhumado”, dice el poeta, sobre los “dispersos nombres que moran en ella” y encuentra en primer lugar una materia hecha de Historia, Eternidad y también de olvido. 

La ontogenia es el tema hallado cuando “!tropiezan gigantes, enormes los deseos!”. El misterio primordial de la palabra tiene algo de demencia y felicidad que corresponden al emerger del hombre a la razón. Silencio y secreto pueblan los arcanos de este misterio que se resuelve en las “proféticas voces” de los poetas que “devoran infatigables el tiempo” como preludio del “fiat lux” del origen, de la ontogenia. Y el preludio de este “fiat lux” se enseñorea del abismo. 

La Biblia dice que en el principio eran las tinieblas y solo el espíritu de Dios se movía sobre las aguas. Para los gnósticos estas aguas tenían sobre si el silencio y se profundizaban en el abismo. En alemán abismo se dice “abgrund” que significa literalmente sin – fundamentos o sin – bases. La vida y la palabra son un vértigo ascendente desde la inmensidad profunda. Y entonces es cuando comienza a construirse la memoria y se destaca la figura del poeta, su antigua sed y su antiguo oficio, dice Juan José Soto. Así pues, nos dice también que “es desde la hondura donde emerge la palabra” teniendo como finalidad revelar al hombre su destino, que no es otro que descubrir al amor. 

Y el amor se descubre como lo hacen los poetas: “desafiando el ignoto atajo de la memoria” según la frase de Soto. En el amor se descubren besos con “sabor a cristales rotos” y los amantes ofrendan “sus vidas a la inclemencia firme de una espada”. La tensión reaparece aquí entre el amor y la mención velada del odio y la guerra. Mientras la espada se aloja en la frente de la noche, la tensión entre el amor y el odio se resuelve nuevamente en el olvido que testimonia el ser y la ausencia del sublime sentimiento. 

Juan José Soto nos ha prodigado una poética extrañamente filosófica que hemos tratado de discernir desde el intrincamiento de sus núcleos semánticos: palabra, silencio, abismo y amor son los motivos que han llevado a Soto al abstraccionismo de las definiciones más puras, a la metáfora como método de indagación de la verdad. 

Desde aquí creo que “Palabra sobre los abismos” es una de las entregas más plausibles de nuestra poesía actual que se inserta en el horizonte de los significados primordiales del existencialismo afirmando entre nosotros la pureza metafísica de la palabra.  

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