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Revista Literaria AZUL@RTE

Poesía de José Ángel VALENTE

Poesía de José Ángel VALENTE

 

XIV - BIOGRAFÍA

Ahora cuando escribo sin certeza
mi bionotabibliográfica
a petición de alguien que desea excluirme
de favor y por nada
en consabida antología
de la sempiternamente joven senescente
poesía española de posguerra
(de qué guerra me habla esta mañana,
delicado Giocondo, entre tenues olvidos,
de la guerra de quién con quién
y cuándo)
cuando escribo
mi bioesquelonotabibliográfica
compruebo minucioso la fecha de mi muerte
y escasa es, digo con gentil tristeza,
la ya marchita gloria del difunto. 
 

*

ODA A LA SOLEDAD

Ah soledad,
Mi vieja y sola compañera,
Salud.
Escúchame tú ahora
Cuando el amor
Como por negra magia de la mano izquierda
Cayó desde su cielo,
Cada vez más radiante, igual que lluvia
De pájaros quemados, apaleado hasta el quebranto, y quebrantaron
Al fin todos sus huesos,
Por una diosa adversa y amarilla
Y tú, oh alma,
Considera o medita cuántas veces
Hemos pecado en vano contra nadie
Y una vez más aquí fuimos juzgados,
Una vez más, oh dios, en el banquillo
De la infidelidad y las irreverencias.
Así pues, considera,
Considérate, oh alma,
Para que un día seas perdonada,
Mientras ahora escuchas impasible
O desasida al cabo
De tu mortal miseria
La caída infinita
De la sonata opus
Ciento veintiséis
De Mozart
Que apaga en tan insólita
Suspensión de los tiempos
La sucesiva imagen de tu culpa
Ah soledad,
Mi soledad amiga, lávame,
como a quien nace, en tus aguas australes
y pueda yo encontrarte,
descender de tu mano,
bajar en esta noche,
en esta noche séptuple del llanto,
los mismos siete círculos que guardan
en el centro del aire
tu recinto sellado. 
 

*

SOLO EL AMOR

Cuando el amor es gesto del amor y queda
vacío un signo solo.
Cuando está el leño en el hogar,
mas no la llama viva.
Cuando es el rito más que el hombre.
Cuando acaso empezamos
a repetir palabras que no pueden
conjurar lo perdido.
Cuando tú y yo estamos frente a frente
y una extensión desierta nos separa.
Cuando la noche cae.
Cuando nos damos
desesperadamente a la esperanza
de que solo el amor
abra tus labios a la luz del día. 
 

*

POETA EN TIEMPO DE MISERIA

Hablaba de prisa.
Hablaba sin oír ni ver ni hablar.
Hablaba como el que huye,
emboscado de pronto entre falsos follajes
de simpatía e irrealidad.
Hablaba sin puntuación y sin silencios,
intercalando en cada pausa gestos de ensayada
alegría para evitar acaso la furtiva pregunta,
la solidaridad con su pasado,
su desnuda verdad.
Hablaba como queriendo borrar su vida ante un
testigo incómodo,
para lo cual se rodeaba de secundarios seres
que de sus desprecios alimentaban
una grosera vanidad.
Compraba así el silencio a duro precio,
la posición estable a duro precio,
el derecho a la vida a duro precio,
a duro precio el pan.
Metal noble tal vez que el martillo batiera
para causa más pura.
Poeta en tiempo de miseria, en tiempo de mentira
y de infidelidad. 
 

*

Días de octubre de 1996

El amarillo, el verde, el encendido
rojo sólo para morir
bajo el tendido velo del otoño.
 
La luz no está en la luz, está en las cosas
que arden de luz tenaz bajo la lluvia.
 
Nada tiene más fuego en sus entrañas
que la melancolía ardiente de esta hora.
 
Nada tiene más fuego que la ausencia.
 
¿Llorar?
            Lloradme nunca.
                             Me he perdido
con el aire en las bóvedas tan bajas
de un cielo que, piadoso, me disuelve.



Figura

Esta acidez me es grata al corazón
si no estuviera a punto de expirar.
 
Abre aún la ventana en la que el aire
agolpa pájaros desde el bosque amarillo
donde aún empieza a clarear la luz.
 
Llama a mi puerta.
                      Dime
quién eres tú que ahora llegas
cuando todo parece terminar.
 
Cabellera del tiempo arrastra noches
como ríos sin término
hacia el adiós.
 
Amiga, vuelve
a la vida, tú que puedes aún.
 
En la otra orilla tu figura blanca,
erguida, guarda el solo testimonio
cierto de mí.

*

Tiempo

Este tiempo vacío, blanco, extenso, su lenta progresión hacia la sombra.
No se oye la voz.
                    No canta.
Ni engendra una figura otra figura.
Ni vuela un pájaro.
                       Se esconde
en los oscuros pliegues de la noche.
No viene a mí la luz como solía.
No me despierta a más ventura el aire
para solo seguir su largo vuelo.
No hay antes ni después.
                             Andamos para nunca llegar,
oh nunca, adónde.
Me detengo.
                  Efímera
construyo mi morada.
Trazo un gran círculo en la arena
de este desierto o tiempo donde espero
y todo se detiene y yo soy sólo
el punto o centro no visible o tenue
que un leve viento arrastraría.
                                                              
 

*

Leer más de José Ángel Valente: http://amediavoz.com/valente.htm

http://www.palabravirtual.com/index.php?ir=crit.php&wid=230&show=poemas&p=Jos%E9+%C1ngel+Valente

Ilustración: fundación telefónica

http://www.fundacion.telefonica.com/at/valente/

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