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Recordando a CARLOS PEZOA VELIZ

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por Raúl Cañete Juárez

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Un gran poeta. El canta-autor Mauricio Redolés no lo rescató del olvido, sólo musicalizó el poema “Nada”. Lo que ha permitido evocarlo con más cariño. Pezoa tiene su estrella y con su propio brillo. Por lo tanto, creo, no hay tal nuevo mito, solo una mitomanía momentánea, ya que como lo dijera Hernan Diaz Arrieta “ALONE” Sus breves poemas “Nada”, y “Tarde en el hospital”, son dignas de las mejores antologías.

Algunos lo han catalogado de maldito en el bien entendido de aquel que se aparta del modo de vida burgués. Pero, el siempre fue solo un hombre sencillo mas cercano a la mágica realidad y nada más. Es eso lo que se refleja en sus poemas. Su verdadero nombre Carlos Enrique Moyano Jaña. Su padre al parecer fue un inmigrante español, su madre, costurera.

Antonio de Undurraga, poeta y estudioso de la vida de este lírico, asevera que talvez su condición de hijo natural, lo hizo de un carácter díscolo, rebelde y arisco. Lo cierto, que ninguno de sus amigos o cronistas aclaran dicha situación filial, pero, en su poesía y prosa se refleja una profunda disconformidad, si se puede decir, edificante, dado su gran corazón y coraje.

Nace en Santiago en 1879, conoció la estrechez desde su infancia. La pubertad la vivió pareja a los acontecimientos de la guerra contra la confederación Perú Boliviana. Estudió en el Liceo San Agustín y en el Instituto Superior de Comercio, en un periodo en que la guerra civil del 91 con la caída de Balmaceda, destruye la convivencia ciudadana. Los años posteriores son de graves conmociones políticas y sociales, en la cual los protagonista, son conservadores y liberales.

Ejerció primeramente como aprendiz de zapatero, y también como calador de sandías en el mercado. El 98 debe abandonar sus estudios para enrolarse en la guardia nacional, convocada ante las amenazas de guerra que entonces pendían sobre el país, por conflictos limítrofes con Argentina. Luego obtiene un modesto empleo en el ejercito, pero en 1902 estaba ya alejado de él, dejando este testimonio.

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 LA PENA DE AZOTES

Formando el batallón, rígido humilla
Al pobre desertor aprehendido
Que sobre el patio del cuartel tendido
Siente el roce brutal de la varilla

Sobre sus carnes ulceradas brilla
Rojiza mancha.
Escúchase aullidos
Cada brazo en el aire da un chasquido
Que las entrañas del soldado trilla.

El sol que sale en el nevado quicio
Irónico sonríe ante el suplicio
Y mientras que vertiendo vibraciones
La banda el patio de sollozos llena,
Una estatua cubierta de galones
Mira impasible la salvaje escena.

Armando Donoso, señala. En este lírico se cumplió el destino de muchos escritores, románticos: morir joven y tener en su vida el comienzo de una leyenda, nacida al margen de su existencia bohemia, crucificada antes de los treinta años, por el infortunio que sólo logró mitigar la muerte.

Si bien, no estoy muy de acuerdo con eso, lo cierto es que Pezoa Véliz fue un amigo de la noche. Al cual también rindió su homenaje.

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EL BRINDIS DEL BOHEMIO

No escupáis a los beodos que perecen
Aturdiendo en el vino sus dolores
Si odiáis a la embriaguez odiad las flores
Que ebrias de sol en la mañana crecen.

Los ojos de las vírgenes ofrecen
La sublime embriaguez de los amores
Y los beso báquicos licores
Que al caer en los labios... ¡Estremecen!

Embriagada de luz, Ofelia vaga
En las sombras de un campo desolado

El sacerdote en el altar se embriaga
Con la sangre de Dios crucificado
Y el poeta mirando de hito en hito
La gran pupila azul del infinito.

 

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El vate navega en su primera etapa con sus versos y por la prosa romántica, donde se destaca su lenguaje pasional, influido principalmente por Gustavo Adolfo Bécquer Gutiérrez de Nájera, Rubén Dario, Pedro Gonzalez y Baudelaire más una cierta tendencia modernista. Luego se embarca en una vertiente social, que proviene de Zola y Gorki, y finalmente la costumbrista.

El, cala profundo en el alma popular, sabe aprovechar la condición anímica del pueblo. Su temática es el campesino, y la provincia triste de invierno y miseria. Santiago y los marginales, los relegados y caídos. A partir de esto, nace la leyenda alucinante y social de este poeta.

Sus contemporáneos como Rubén Darío, Pedro González, Baudelaire, sonaban también con sus propios timbales. Pero, él, tiene su adecuado escenario, su trabajo sus primeros aplausos sus publicaciones y su espacio.

Fue nombrado secretario de la alcaldía de la municipalidad de Viña del mar por Pedro Montt, pensó entonces que la suerte le había cambiado, allí residía, y también colaboraba el la Voz del pueblo, diario que lo envía a la región del salitre en 1905. Fue ahí donde denuncia y retrata las dramáticas condiciones de vida de los trabajadores calicheros. Dos años después vendría la matanza en la escuela Santa María de Iquique.

Una novia de dudosa moralidad, lo cargará con el desprecio e indiferencia de los otros poetas más pudientes. Claro, que malos poetas. Este deambulará en medio de envidias risas y sonrisas. No sorprende entonces que nuestro primer poeta cronológico en el compromiso con su pueblo, escribiera versos tan intensos y doloridos.

El 16 de agosto de 1906 un terremoto que destruyó Valparaíso, hirió gravemente al poeta, de ahí vagó por muchos hospitales con sus muletas a cuesta, muriendo finalmente de tuberculosis el 21 de abril de 1908, dejando un legado como son sus publicaciones en periódicos de la época y que fueron compiladas en volúmenes como Alma chilena (1912) y Campanas de oro (1921), después de su muerte.

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TARDE EN EL HOPITAL

Sobre el campo el agua mustia
Cae fina, grácil, leve
Con el agua cae angustia
Llueve...

Y pues solo en amplia pieza
Yazgo en cama, yazgo enfermo
Para espantar la tristeza
Duermo

Pero el agua ha lloriqueado
Junto a mí, cansada, leve;
Despierto sobresaltado
Llueve...

Entonces muero de angustia
Ante el panorama inmenso
Mientras cae el agua mustia,
Pienso.


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En este poema llama la atención la adjetivación impropia mustia, que se aplica a los seres como las plantas. Aquí el agua es marchita.

Fuera de las rimas que va construyendo entre el primero y el tercer verso y el segundo y el cuarto, usa también tres palabras bisílabas, fina, grácil y leve que son vocablos graves en su pronunciación y preciosos en su sonido.

En el modo de ver caer la lluvia, reflejada en esta metáfora o figura retórica, expresa como ésta hace más miserable la pobreza. El hablante comunica su dolor y la forma de espantarlo, sugiere también que el sufrimiento final, solo lo espanta la muerte.

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http://www.escritores.cl/base.php?f1=articulos/texto/recordandoapezoa.htm

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