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Revista Literaria AZUL@RTE

PERÚ

Los Mentaos

Los Mentaos

Los Mentaos 

http://www.mentaos.cl/  

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CON LA CARA DESCUBIERTA
(Jorge Quezada Morales)
 
Los estudiantes en paro
reciben la represión,
con la cara descubierta
enfrentan a la nación.
 
      1
      Por sus reivindicaciones
      los estudiantes pelean,
      un gran movimiento crean
      con sus deliberaciones.
      También en otras regiones
      dan su petitorio claro,
      no buscan sólo el reparo
      sino un cambio sustantivo,
      y expusieron sus motivos
      los estudiantes en paro.
 
      2
      La máxima autoridad
      no los puede recibir,
      quiere hacerlos sucumbir
      no escucha su realidad.
      Mas, con gran celeridad
      ofrece “la solución”:
      Esta movilización
      la terminan al momento
      y si no quieren, lo siento
      reciben la represión.
 
 
 
      Despedida
 
      También los apoderados
      apoyan el movimiento,
      es muy grande el sentimiento
      ya hay muchos movilizados.
      Porque no son escuchados
      las cosas siguen muy mal,
      termina el plazo fatal
      la cosa se pone fea,
      y seguirán la pelea
      con un paro nacional.
 
      Volver
     3
      Pero los cabros son “duros”
      y no están hablando en broma,
      con las pacíficas tomas
      pelean por su futuro.
      Marcha el joven muy seguro
      con la conciencia despierta,
      no está buscando reyerta
      a nadie le mete susto,
      pelea por lo que es justo
      con la cara descubierta.
 
      4
      Aunque algunos exaltados
      (unos pocos, menos mal)
      asolan cual vendaval
      con el rostro enmascarado.
      ¿Podrían ser infiltrados
      que aprovechan la ocasión?
      ¿esperan con esta acción
      enlodar el movimiento
      de quienes con sentimiento
      enfrentan a la nación
   

Fernando IWASAKI/Pedro ESCRIBANO

Fernando IWASAKI/Pedro ESCRIBANO

Iwasaki: “Lo nuevo está en la ficcionalización de la violencia”

Entrevista al escritor Fernando Iwasaki autor del Libro del mal amor.

Por Pedro Escribano.

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Toma un sorbo de café. Fernando Iwasaki rumia sus respuestas sobre su novela Libro de mal amor (Ed. Alfaguara) en el café ‘El Carbone’ en el centro de Lima (no es el que aparece en la foto). Llegó de la Feria de Libro de Santiago, Chile, enrumbará hacia Ecuador y después a Miami. Pero no solo habla de su novela de amores desdichados, sino también sobre la narrativa peruana actual.

Iwasaki saltó de los predios de la historia –es historiador de profesión– hacia los campos de la ficción. Pero saltó con todo, con la disciplina de investigador y con el prurito por la historia a tal punto de hacer de ella en muchos casos materia prima de sus fabulaciones.

Libro de mal amor sin embargo está en otro margen, en el plano de la mirada íntima. Escrito con prosa rápida, la historia, salpicada de humor, narra las cuitas de un adolescente enamorado, pero la narración, paradójico, no traduce una pizca de aflicción.

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–¿El protagonista casi no cosecha frutos del amor?

–No cosecha nada. Yo creo que es lo más normal. Yo creo que en la historia sentimental de todos nosotros hay más fracasos que éxitos. Es más, si un hombre presume de haber tenido mucho éxito con las mujeres, seguro que ese es su punto de vista y que había que preguntarle a las mujeres que él menciona si lo recuerdan como un éxito en sus vidas también. A lo mejor te dicen que no, y ni quieren que les hables de él. Los fracasos, en cambio, son más normales, pero la gente no quiere hablar de ellos.

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–Has querido reírte de ti. ¿Tiene mucho de autobiografía?

–Mucho. Quizá yo he contribuido a que alguno de esos momentos sea todavía más divertido a pesar de ese mal amor.

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–Pero ese mal amor se convierte en buen humor.

Sí, porque mira, ninguno que tenga un mínimo de madurez puede vivir amargado por el perro que le tiraron cuando tenía 14 años. Hoy en día te puedes reír de eso. De cualquier cosa te puedes reír. Los problemas graves en la vida son dos o tres, el resto todo es superable y debería ser superable.

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–La historia recuerda al cuento "Las notas que duermen en las cuerdas" de Alfredo Bryce.

–Sí, además además te voy a citar otro cuento de Bryce, "Baby Schiaffino". Cuando lo leí dije rápidamente, "lo que pasa a ese cuento de Bryce me ha pasado a mí", solo que al personaje de Bryce le ocurre con una sola mujer y en mi historia con diez mujeres. Ese cuento es extraordinario y está leído por mí en la página web que el Instituto Cervantes le ha hecho a Alfredo.

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–Recurres a paradojas y juegos de palabras.

–Muchos de estos juegos de palabras no son simples aliteraciones, son verdaderos juegos de pensamientos, yo busco jugar con los significados. Eso lo he aprendido leyendo, conversando y queriendo a Guillermo Cabrera Infante, que fue un gran amigo, un escritor que también ha influido en todo lo que yo hago y me parece que es un mundo de posibilidades infinitas el de los juegos de pensamientos a través de las palabras.

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–Tu novela tiene diez capítulos que parecen cuentos. ¿Es un libro de frontera entre géneros?

–Como tú bien sabes existe la novela decimonónica. A mí me gusta jugar con los géneros y estará siempre en mi escritura. Así es el Ulises, Habana para un Infante difunto. Yo no he inventado nada.

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–¿Tu narrativa se nutre de la historia y de la dimensión íntima?

–Así es. Por ejemplo el próximo proyecto de novela en el que trabajo va a ser una mezcla de los dos. Va a ser una mezcla de los dos porque el protagonista va a ser una especie de historiador o una especie de persona que construye las investigaciones de un historiador muerto, que investigaba el s. XIX peruano. Va a ser una especie de reconstrucción irónica de nuestro siglo XIX, esa etapa de caudillaje militar.

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–Tú que estás fuera, ¿cómo se ve la narrativa peruana de hoy?

–Se está viendo con mucho interés porque creo que tenemos dos nombres: Mario Vargas Llosa y Alfredo Bryce, son las mejores cartas de presentación. Tras ellos vienen otros nombres que durante años han sido poco conocidos. Si no fuera por el Herralde, Alonso Cueto no habría dado el salto que yo creo que es bueno que lo haya dado. Edgardo Rivera Martínez es un extraordinario escritor, pero su conocimiento y reconocimiento internacional no es todavía el que debiera ser.

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–Las generaciones se suceden...

–De la edad de Cueto está Ampuero, que también se le está conociendo cada vez más, pero también está Abelardo Sánchez León, que para mí es espléndido. También está Guillermo Niño de Guzmán y Lucho Nieto Degregori, que no son tan conocidos como merecen serlo. Si pasamos a la generación del 60 como podría ser mi caso, yo creo que el más conocido es Jaime Bayly y luego a distancia venimos todos los demás, Jorge Eduardo Benavides. 

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PODEMOS MEJORAR

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–¿Y Santiago Roncagliolo?

–Santiago es más chico, es nacido en los setenta. Yo me lo guardo para ese momento. Pero volvamos, todavía no son conocidos o reconocidos Enrique Prochazka, Peter Elmore, Ricardo Sumalavia, Enrique Planas o Sandro Bossio, pues a mí me gustaría que se les conozca. Fíjate que en el Perú no tenemos grandes nombres que están internacionalmente circulando, tenemos que bajar hasta los nacidos en los 70 donde Santiago Roncagliolo ha alcanzado una notoriedad que yo creo que vuelve a poner a la literatura peruana en el primer plano. Los nacidos en los años 60 y 50 pues no hemos alcanzado el reconocimiento y el prestigio que otros escritores latinoamericanos coetáneos sí tienen. Entonces ahí se mira como peor no podemos estar, pero se puede mejorar.

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–¿Qué de nuevo ofrece la narrativa peruana de hoy?

–Yo creo que hay dos cosas que llaman la atención como nuevas, porque corrupción hay en todos lados. En la narrativa peruana la ficcionalización de la violencia, del narcotráfico, de los años de Sendero, podría aportar algo nuevo. Yo creo que además es lo que se está haciendo en Colombia desde hace unos años. Las novelas de Vallejo, o las novelas de Jorge Franco han ficcionalizado esa violencia que sobrecoge Colombia. Entonces yo creo que con las novelas de Roncagliolo, Cueto y Miguel Gutiérrez que yo creo que debería conocérsele más, hay esa importancia de la violencia. Lo otro que llama la atención de la narrativa peruana podría ser la literalización del desarraigo, que es otra cosa que los argentinos, los chilenos y los colombinos vienen haciendo hace tiempo, porque han tenido dictaduras que han obligado a exiliarse a gente que ha escrito desde afuera, que hay como una especie de asimilación del desarraigo y del exilio. Ahí podríamos hacer algo. 

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ALGO PARA CASA

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–A propósito de los premios internacionales de la narrativa peruana, Mirko Lauer ha comentado que los libros "no están mal, pero no dejan nada para llevarse a casa".

–A mí, para hablar de un libro, La hora azul, de Cueto, me ha gustado mucho. Es su mejor novela. Además de la violencia, Cueto habla de una cosa que en la literatura peruana se habla muy poco porque está muy mal visto: el tema de la ternura. Pienso que sí hay cosas para llevarse a casa de la misma manera que creo también que muchos libros de Mirko están para llevarse a casa.

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Perfil

NACIMIENTO. En Lima, 1961.

TRAYECTORIA. Estudió Historia en la PUCP, se doctoró en la U. de Sevilla. Vive en Sevilla desde 1989, dirige la revista Renacimiento y dirige la Fundación Cristina Heeren de Arte Flamenco. Ganó el Cope de Cuentos 1985. Ha publicado, entre otros libros, Nación peruana: Entelequia o utopía (Hist), Inquisiciones, Un milagro informal, Ajuar funerario, Neguijón y Libro de mal amor.

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Articulo: La Republica

http://www.larepublica.com.pe/content/view/131796/28/

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Ilustración: FOLON

http://www.folon-art.com/fre/oeuvres.asp?type=1

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MÉTAFORA/ Nicolás HIDROGO

MÉTAFORA/ Nicolás HIDROGO

Métafora

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revista literaria, arte & critica literaria

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ENTREVISTA A UNO DE LOS ÚLTIMOS GRANDES POETAS SOBREVIENTES DE LA POESÍA LAMBAYECANA 

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Carlos RAMÍREZ SOTO (1943-?) 

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Sabíamos que estaba delicado de salud, pero no nos imaginábamos jamás que en Chiclayo alguien esté viviendo emulando a Baudelaire y Rimbaud (Poetas simbolistas malditos franceses). Siempre habíamos visto las poses de los generacionales de los 80 y 90, pero este poeta no era pose, su rostro, su gesto, su hablar era la poesía reencarnada en él, en autencidad y congruencia y consecuencia total: escribir, pensar, hablar, opinar y morir como poeta, no era una simple actitud fingida, sino una salvaje y silvestre forma de ser así mismo. Su rostro cetrino, con arrugas y delineaciones perfectas, cano pelo, amarrillo, labios temblorosos y su patético gato gris como acompañante solitario en una sala fustigada de carencias y comidas sobrantes, adentro en un cuarto alguien gemía, era un hermano suyo que moribundeaba por la epilepsia: era un patético cuadro humano, la enfermedad había caído como un rayo allí y desgastaba el ambiente. Nos dio su mano, sus ojitos vislumbraron una esperanza de amistad, era Carlos Ramírez Soto. Sus poemas pegados en la pared, fotos de extranjeras, postales, libros regados en su cuarto, nos muestra otro cuarto vacío donde estuvo alojado Gustavo Viñas –famoso cantautor argentino-. No hay radio, nos hay televisor, hay una desconexión con el mundo y la modernidad, se siente una paz sosegada, un maullido silencioso de su gato acompañante rebota en las paredes y la poesía y la nostalgia del émulo nos electriza, nos acongoja: era la poesía metamorfoseada que se había posesionado allí y el tiempo queda suspendido cuando intentamos comprender su debilidad y tembloreos para hablar, acepta y cree que va a decir algo importante, va a la tienda de la esquina misteriosamente, regresa cargado de una fuerza telúrica, y con un suspiro entra a la película y a la vorágine de la entrevista. 

Lic. Nicolás Hidrogo Navarro

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 Nicolás HIDROGO: Hoy 22 de octubre estamos en la casa de un poeta ,Carlos Ramírez Soto, se encuentra en un proceso de recuperación Estamos en su casa de Pacasmayo 190.Carlos, tú eres uno de los abanderados de la década del 60 cuéntanos ¿como fue el contexto social y literario que te tocó vivir en el quehacer  literario de la época?

Carlos RAMÍREZ SOTO: Nosotros nos reuníamos más o menos en la Asociación de Lambayecanos de Bellas Artes: ALBA.  Nos reuníamos, unas 30 personas, bajo la égida de Delgado Bravo, y más atrás estaba el grupo Río que se reunía con un poeta mayor Winstor Orrillo. Ellos eran como 35,  pero en ese entonces no había broncas todo era amistad y Delgado Bravo nos decía por ejemplo que cada uno tenia que llevar tres poemas semanales y eso se analizaba ahí, los viernes que nos reuníamos, pero todo era armonía.  

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N.H.: ¿Que autores ustedes en la época admiraban, a quienes leían?

C.R.S.: Leíamos todo lo peruano, y además casi todas las poesías chinas, todo lo que venia de afuera, los poetas colombianos, uruguayos, leíamos también a los poetas ecuatorianos.  

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N.H. :¿Que medios periodísticos existían en la época: radios, prensa escrita, apoyaban o no apoyaban a la literatura?

C.R.S.: Todas las radios apoyaban la literatura, más bien nos daban una  hora en Radio Tumán. Te daban una hora para que tu hicieras lo que quisieras sin cobrarte por hablar y habían radios que nos apoyaban por 10 minutos 5 minutos, más bien nos felicitaban, nos reclamaban.  

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N.H.: ¿Y aquí en Chiclayo, que radios apoyaban? 

C.R.S.: Aquí apoyaba Radio Heroica, Star, Radio Santa Victoria.  

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N.H.: ¿Dónde eran  los puntos de reunión de ALBA?

C.R.S.: En el Instituto de Cultura, donde está la Secretaria, ahí había una mesa grande que ahora la han pasado adentro, ahí nos reuníamos nosotros y El Río se reunían en el fondo, auditorio.  

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N.H.: ¿Por quiénes esta conformado el Grupo Río y en que se diferenciaba con el Grupo ALBA?.

C.R.S.: El Grupo Río era un grupo socialista, bueno eran unos socialista de la fe. Estaba Néstor Tenorio por ahí, Jorge Fernández Sánchez, de ves en cuando Guillermo Ortiz que saltaban de ALBA para El Río. Habían mujeres también, una chica Luna y  Winston Orillo los lideraba.  

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N.H.: ¿Bajo que formas ustedes publicaban, qué hacían como era la asistencia del publico a sus eventos?

C.R.S.: El público asistía más a nuestros eventos, nosotros sacábamos plaquetas y revistas. 

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N.H.: ¿Qué revistas había en la época?

C.R.S.: Había la revista El Río y la revista ALBA, esas la conserva Mario Camino Negrón y Lucho Arce.  

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N.H.: ¿Todo era poesía, había narrativa, critica literaria?

C.R.S.: Había como un tercer grupo que más o menos se asomaba con Segundo Delgado, Andrés Díaz Núñez se acercaba muy poco, pero casi no había narrativa un intento nada más, la mayoría era poesía.   

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N.H.: ¿Quien estaba en ese tiempo de director de INC?

C.R.S.: El director del INC era el padre Casado, que se puede decir que es el mejor que hemos tenido por esa época en el 65. Trajo a los mejores poetas peruanos, César Calvo, Corchera, y muchos poetas peruanos.  

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N.H.: ¿Qué apoyo de alguna entidad, mecenas, recibieron ustedes o era solamente un aporte suyo?

C.R.S.: No, nosotros íbamos hacer un recital y metíamos un oficio a Cuglievan, y antes de que lo leyera, el gerente ya nos estaba dando, por ejemplo, una caja de vino y así había mucha  gente.  

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N.H.: ¿Qué anécdotas literarias recuerdas  de la época, con respecto tanto al Grupo Río como del Grupo ALBA?

C.R.S.: Había unidad, no había que yo soy mejor que el otro.: Nosotros podíamos sesionar, inclusive donde estaba  Río y el Río podía venirse donde estaba ALBA. No había problemas, teníamos algunas chicas en ALBA  como Moreno, Carmen Lescano, Marina Plaza, Corina Tello.  

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N.H.: ¿Qué se podría rescatar de la época, literariamente?

C.R.S.: Se hizo pronunciamientos, pero esto lo hizo El Río,  estaba más encargado de eso, eran más de izquierda que todos.  

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N.H.: Dentro de la generación, de los poetas, ¿quiénes destacaban más?

C.R.S.: En nuestro grupo no había quién destacara más, se le veía un Carlos Bancayán, por ejemplo, estaba Jorge Fernández, era una persona bien singular,  se quitaba el calzoncillo e iba por la calle en bibidí, iba recitando sus poemas, me acuerdo de un poema: Extranjera mía.  

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N.H.: Tú haz seguido activando, tú has seguido viviendo la literatura entre los 70 y 80 ¿qué nuevos valores surgieron y como se relacionaba con ustedes?

C.R.S.: No hubo relación entre el 70 y 80, en el 70 apareció la agrupación ALBA, después la generación del 80 no se acercó  para nada.  

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N.H.: ¿Recuerdas nombres de la generación del 70 u 80?

C.R.S.: Recuerdo a Mario Camino, Moisés Espinoza, al gordo Nicolás Guerrero, Carlos Bancayán, Vilchez, entre otros.  

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N.H.: Cuando ustedes ven surgir a la generación de los 90 ¿que es lo que les incomoda?  porque de alguna manera, en el caso tuyo sigues publicando ¿que critica harías tú a la generación de los 90?

C.R.S.: Yo no tengo ninguna crítica, simplemente ellos tiene que unirse, conformarse con lo que están haciendo, revisar en ellos la poesía que están haciendo, no le veo yo ningún inconveniente a eso, tienen que revisar sus poesías. Para mi unos de los mejores poetas de  Chiclayo es Antonio Noblecilla, después no me gusta mucho la poesía de Carlos Becerra Popuche y el otro el flaco Zumarán. Bueno por allí si tienes una plata para publicar tienes que publicar y no chupártelo pues, eso no es un poeta. 

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N.H.: Narradores que tu hayas conocido como Rubén Mesías, Juan Montenegro, Dandy Berrú, ¿haz leído algo sobre de ellos, qué opinión te mereces?

C.R.S.: Yo solo he leído un pedacito de Dandy Berrú, después  de Mesías no le he leído nada. 

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N.H.: De todas las gestiones de los que tu haz vivido de los directores del INC, ¿qué opiniones tienes de las gestiones,  hasta hoy, de  Luis Rocca, por ejemplo.

C.R.S.: Lucho Rocca es un zambo que tira más para la zambería, él solamente su cajones, puro negro, el mejor director que ha tenido el INC fue el padre Casado,  no habido otro.Alfredo Narváez prácticamente es un huaquero, es un arqueólogo, y Oscar Vilchez era otra fuente, ellos seguían al men, al barbón  Walter ALBA. 

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N.H.: ¿como puedes caracterizar el periodismo lambayecano de tu època?

C.R.S.: Nos daba mucho apoyo don Glicerio García Campos, Pepe Arana, Larcery Díaz Suárez,  teníamos apoyo periodístico. Digamos que el apoyo periodístico estaba más en la prensa escrita, casi en la radio poco.Radio Star, Radio Tumán, radio Santa Victoria, eran las excepciones. Radio Star, era la más sintonizada.  

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N.H.¿Que autores recuerdas que hayan llegada acá  causado gran impacto dentro de la comunidad intelectual lambayecana?

C.R.S.: Javier Heraud, Antonio Cisneros, Washington Delgado,  eso fue gestión del Padre Casado.  

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N.H.: ¿Qué autores  inspiraron e influyeron en ti?

C.R.S.: Yo siempre he leído, Baudelaire, tengo como libro de cabecera, Las flores el mal,  después he leído muchas poesías chinas.  

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N.H.: ¿Cuantos poemarios recuerdas  que hayas publicado?  y si te dijeran quédate con uno sólo nada más y ese es Carlos Ramírez Soto, ¿cuál de ellos elegirías?

C.R.S.: Es bien difícil porque mi poesía es variada, yo tengo poesía social porque ejemplo sin fin tengo En carne viva, tengo poesía amorosa tengo poesía romántica, tengo mucha poesía variada.  

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N.H.: ¿Tienes la influencia de Baudelaire, el alguno de tus poemas?

C.R.S.: Es de marinero que con la pipa le queman el pico, esto es influencia al poema albatros. Es indirectamente mi defensa que hago para los delfines en el Callao. Tengo influencia de la Biblia en algunos casos. Este es lección primera, decirles a los humanos que se porten bien, que coman lo que deben de comer porque algún día de repente bajen extraterrestres y nos ven a nosotros como pavo y nos comen a nosotros.Estoy pensando publicar, tengo un poemario dedicado a Bruno Portugués, se llama, A veces los hombres Tengo como 4 poemarios por publicar pero toda esta enfermedad, me ha debilitado.  

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Nos invita a pasar a su biblioteca particular y no enseña: leemos Vuelo libre, de Morayma León, La Piedra Rebelde de Alfredo José Delgado Bravo, Estrella de la poesía soviética., Así es la ciudad de Zaña de Hildebrando Briones, Tierras solas, Los titanes de poesía universal, Poemas de otoño, Ojos de venado, Poesía de Garrido Malaver, Ojos de vicuña, José Luis Ayala, El exilio y los comunes de Luis Eduardo García, Biografías andinas, Así es mi voz.  

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N.H.: ¿Y dime alguna vez se te ocurra donar tu biblioteca a quien quisieras dejar esta biblioteca?

C.R.S.: A Lucho Arce.  

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N.H.: Lucho Arce, es tu decisión.

C.R.S.: Si. Heredaría mi biblioteca, porque lo aprecio Lucho Arce. Por que veo que es un buen tipo literario, le tengo mucha estimación.  

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N.H.: ¿Qué invocación,  llamado harías a tus amigos de las nuevas generaciones?

C.R.S.: Que sigan escribiendo, si son poetas. El poeta tiene que escribir en contra y a favor de la sociedad. Prácticamente le están huyen al pleito, ahora.   

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N.H.: ¿Qué significa para ti la literatura?

C.R.S.: Literatura es amplia e inclusive literatura es el periódico, la revista, literatura es todo lo que ves aquí eso de ahí, (señala unos papeles rotos, viejos y decolorados) todo es literatura.   

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N.H.: ¿A ti te dio algo la literatura o tú le diste todo?

C.R.S.: Yo le di parte de mi vida a la literatura.  

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N.H.: Un mensaje a los jóvenes comunicadores de las universidades: Pedro Ruiz Gallo, Sipán, Vallejo. ¿Que invocarías a los nuevos comunicadores sociales?

C.R.S.: Cada uno que se meta a alguna chambita tiene que seguir para adelante. O sea que si tú eres periodista, tienes que hacer periodismo. Y a mi me gustaría que salgan ya esos periodistas que compran el programa en un radio. Que el periodismo salga de las universidades y no les alquilen las radios.  

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N.H.: ¿O sea tu consideras que el periodismo radial, de alguna manera en un periodismo que hace daño a  las personas?

C.R.S.: Por supuesto si, hace mucho daño, en cambio necesitamos más profesionales que salgan de las universidades, con más ética.  

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Salimos de la casa y el gato nos mira con una añoranza y nostalgia como si hubiéramos estado allí toda una vida, la manita de Carlos Ramírez se agita temblorosamente y nos dice adiós, cierra la puerta y vienen sus fantasmas de la poesía.  

Créditos:Asistente periodístico: Julia Saavedra Anacleto 

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Ricardo GONZÁLEZ VIGIL

Ricardo GONZÁLEZ VIGIL

  

El camino taoísta 

Por Ricardo González Vigil 

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En el 2004 nos obsequiaron una valiosa traducción (directa del original chino) de dos textos fundamentales del confucianismo:  «Enseñanzas para la vida y el gobierno» (Colección Orientalia Universidad Católica del Perú).  

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Continuando con su fructífera labor conjunta, ahora Fernán Alayza Alves-Oliveira y Maria Angélica Matarazzo de Benavides han dado cima a una auténtica proeza: trasladar al español uno de los textos mas complejos, de una ambigüedad insondable, que conozca la humanidad, cumbre entre las cumbres del pensamiento oriental (a la vez, mística y de la poesía sapiencial), el “Dao De Jing” (Tao Te Ching). 

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Resaltemos el interés peruano en esta obra maestra: en 1972 el recordado orientalista (italiano de nacimiento, peruano de adopción) Onorio Ferrero publicó su informada traducción. Contamos ahora con la esmerada traducción de Alayza/Benavides, en una pulcra edición del rectorado de la Universidad Católica. 

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Lao Zi, Lao Tzu o Lao Tse: grafías diversas del legendario autor del libro central del taoísmo. Explican Alayza y Benavides que ese nombre puede significar “el maestro Lao” o “el viejo maestro” (“lao” significa “viejo”); como el chino no distingue número, podría traducirse también como “los viejos maestros”. No se sabe a ciencia cierta si existió realmente en tiempo de Confucio (siglos VI-V a.C.). Lo que sí resulta cada vez más aceptado es que el libro que se le atribuye (sobre el “Dao” o Camino y el “De” o Virtud) supuso una prolongada elaboración a cargo de diversos maestros de la escuela taoísta, cuya redacción definitiva se fijo hacia la primera mitad del siglo IV a.C. Fue recién en la época Tang (618-907 de la era cristiana) que se le añadió el apelativo de Jing (o Ching), reservado hasta entonces a los cincos textos (o urdimbres, conforme metáforas textiles) canónicos de los confucios, “creando así un canon taoísta que se presentaba paralelamente y como alternativa al canon confuciano preexistente” (p.8). 

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Precisamente, el taoísmo y el confucianismo son las escuelas más famosas entre las Cien Escuelas del pensamiento anterior al siglo II a.C. El Tao (Dao) no tiene nombre ni forma; mas bien, es la raíz de todas las cosas con nombre y con desear y el no-conocer, el no-desear y el no-actuar conduce a la contemplación del Tao. Se desdeña lo que el orden social venera en la económico, político y cultural. Revela el carácter dual (yin y yang) del universo y halla la unidad en el Tao. 

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Al considerar limitada la razón humana, se aparta de todo racionalismo expositivo (se complace en violentar las pautas racionales) y adquiere una intensidad  poética de primer orden, así como un vuelo místico inolvidable. 

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Argumento: 

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Edición bilingüe (el original chino caligrafiado por Fernán Alayza, acompañado por su transliteración el sistema alfabético oficial de la Republica Popular de China) de uno de los grandes clásicos chinos, el texto principal del taoísmo: conocido en China como “Libro de Lao Zi”, en Occidente ha sido difundido como “Dao De Jing” (Tao Te Ching), denominación abreviada de “Dao De Zhen Jing”, traducible como “Verdadera urdimbre del camino y su virtud”. Traducción efectuada por Fernán Alayza Alves-Oliveira y Maria Angélica Matarazzo de Benavides, autores también del esclarecedor prologo. Optan por el ordenamiento tradicional (el de Wang Bi, siglo III) y no el de la antigua versión encontrada en 1973.  

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Articulo en el diario: «El Comercio de Lima», Carinhos, Perú. 16/11/2006 

A consultar en nuestra Revista:

http://revistazularte.blogia.com/2006/110709-fernan-alayza-alves-oliveira-maria-angelica-matarazzo-de-benavides.php#comentarios 

http://revistazularte.blogia.com/2006/110708-fernan-alayza-alves-oliveira-maria-angelica-matarazzo-de-benavides.php#comentarios 

http://revistazularte.blogia.com/2006/110707-fernan-alayza-alves-oliveira-maria-angelica-matarazzo-de-benavides.php#comentarios 

http://revistazularte.blogia.com/2006/110706-fernan-alayza-alves-oliveira-maria-angelica-matarazzo-de-benavides.php#comentarios 

http://revistazularte.blogia.com/2006/110705-fernan-alayza-alves-oliveira-maria-angelica-matarazzo-de-benavides.php#comentarios 

http://revistazularte.blogia.com/2006/110704-fernan-alayza-alves-oliveira-maria-angelica-matarazzo-de-benavides.php#comentarios

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MÉTAFORA/ Nicolás HIDROGO

MÉTAFORA/ Nicolás HIDROGO

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revista literaria, arte & critica literaria

LA ILUSTRE Y COMBATIVA GENERACIÓN LITERARIA DEL 60 EN LAMBAYEQUE

Por Nicolás Hidrogo Navarro

ENTREVISTA AL POETA JORGE FERNÁNDEZ ESPINO (1943-?) 

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Le pido una entrevista a Jorge Fernández Espino, no duda en hacerlo de buen talante, pero lo llaman, está muy solicitado, coordina, conversa con unas españolas que están aprendiendo a tocar cajón y bailar afro-negroide con Catalino, el negrito cajonero que está de moda en el INC, Jorge sigue siendo asediado, las chapetonas lo quieren y él me dice, “Mira Nicolás, hagamos la entrevista ya, tengo quince minutos”; en realidad fue media hora, las españolas esperan tomando un café en la otra mesa y empieza Jorge a mirar al cielo abetunado y suelta un suspiro como queriendo cuadrar la cinta de sus recuerdos, es ir cuarenta años atrás, viene la nostalgia,  -la siento en su frente aceitosa y amplia- con su voz pausada por el tiempo, pero brilloso por hablar de literatura, una de sus pasiones, me mira y siente que escupo la primera pregunta.

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Es indudable que los 60 representan una época equidistante: entre la poesía revolucionaria, política y de compromiso de un bando generacional (Grupo Río) y la poesía confesional, romántica, soñadora, vivencial y terrígena del otro (Grupo ALBA). Sin rencilla, ni odios, sin manipulaciones, sólo importaba el liderazgo del que mejor argumentan y sustentaba sus ideas, dos grupos se reunían en un mismo espacio y, pese a no compartir la misma visión política, confluían en que la poesía y la literatura en general, era el puente común, la carretera que juntos debían hacer, cuidar y ensanchar, para recorrerla. La consecuencia, la congruencia de ideales, la moda poética, el sentirse creador para trascender han dejado huella imperecedera en sus miembros, quienes ahora miran con nostalgia, pero sin claudicalismo, el cambio inminente generacional: desempolvan sus recuerdos y aún siguen en las esquinas entre Balta y Elías Aguirre, Colón y Francisco Cabrera una poesía invisible borrada por el tiempo y la modernidad, Carlos Ramírez Soto, Carlos Bancayàn Llontop, Winston Orrillo, Luis Arce Torres, Moisés Espinoza Gálvez, José Díaz Salazar, Nelly Lozano ALBA, Orfelina Coronel, Carmen Lescano Aranda, Beatriz Moreno Quiroz, Grover Ampuero, Nicolás Guerrero Zapata -ya fallecido-,Carlos Rodríguez Díaz, tomaron por asalto con su poesía testimonial y consecuente. Una década del añorado teatro, ballet, tuna, cine –escondido alguien entre la complicidad de la oscuridad, oteando una película sólo para mayores de 21 años-,  y el paseo por el parque principal, perfumadito, orondo, coquetón, con un cigarro en ristre, una flor marchita, un piropo a flor de labios, en busca de una musa que inspirara y llenara la noche de conversa y emoción. Quedan allí en esta generación, los ecos lejanos de un concierto de grillos, unos focos anémicos rasgando la noche, el arpegio de una guitarra, un mirar al cielo chiclayano, como buscando en alguna constelación de estrellas., el verso exacto que trascendiera  e impacta en propios y venideros. 

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Chiclayo, octubre 14 de 2004 (Interior Café-Arte INC-Lambayeque)   

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NICOLAS HIDROGO: ¿Cuál fue el contexto social, político, y cultural dentro del quehacer literario en los 60?  

JORGE FERNÁNDEZ: Habría que conversar un poco el momento en el que yo empiezo el trabajo cultural en Chiclayo. Entonces aparte de los trabajos diversos que se hicieron hasta el año 65 me dediqué en el año 66 a trabajar activamente  con un grupo,  el grupo que conformamos alrededor de 15 poetas. Este grupo se llamó agrupación ALBA porque era una sigla de bellas artes, Agrupación Literaria Bellas Artes ALBA. En eso estuvimos en principio Carlos Bancayán Llontop, Lucho Arce Torres, Moisés Espinoza Gálvez, José Díaz Salazar -ahora en Holanda- y Carlos Ramírez Soto, gran poeta, estaba otro poeta que trabaja en la Municipalidad de Lambayeque en la Secretaria de Cultura, un gordo alto simpaticón. Estaban  de las mujeres: Nelly Lozano ALBA, Orfelina Coronel, Carmen Lescano Aranda, Beatriz Moreno Quiroz (actual presidenta de todas las Artes en Lima), Quiroz un capitán de la FAP poeta, Grover Ampuero, Nicolás Guerrero Zapata -ya fallecido-, el mismo Blas que iba y venia de Lima a Chiclayo integraba a la agrupación literaria Bellas Artes, el ingeniero Carlos Rodríguez Díaz y su esposa.  

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N.R.: ¿Dónde eran los eran los puntos de reunión o tertulia? 

J.F.: En aquel entonces nos reuníamos en la sala de sesiones del Instituto Nacional de Cultura o en alguna sala disponible. Nuestras reuniones eran de 5 a 9 de la noche, duraba 4 horas  y se trataba de leer poesía, un poema por persona de reunión. Nos reuníamos los jueves o a veces los martes. Decidimos formar parte de una emisora local, nos dieron una hora en radio Délcar de 7 a 8 y nos dieron otra hora otro día de la semana -creo que eran los sábado en radio Chiclayo-. Nos dieron media hora, de tal manera que con la introducción del poeta y campesino de Mozart como cortina musical, empezamos una nota editorial, leíamos poemas, cuentos, informábamos sobre la actividad cultural en Chiclayo, sobre los eventos literarios en Lima; comentábamos libros por radio. Todo se hacia entre 3 o 4 personas que dirigíamos el programa. Yo hacía de locutor, Bancayán era el Presidente de la agrupación literaria de Bellas Artes y la voz femenina era  Beatriz Moreno; cuando no era la voz de Felipe Rivas Mendo, su esposa Teresa Belloso era la locutora del programa. Leíamos acá, discutíamos la poesía, era el tiempo de la poesía comprometida, era mucho más fuerte que ahora el año 65 – 67. La revolución cubana que movió todo el planeta entonces, este era la época de Ernesto Guevara, todos nos manteníamos en toda una vigencia, estaba la poesía de Javier Heraud, los premios nacionales de poesía entre el 68 – 71.Lo que pasaba en Cuba, lo sabíamos acá por los periódicos,  la gente leía Casa de las Américas, conversábamos de política, en  el Perú era por entonces el año 68 y ya estaba don Velasco Alvarado, el golpe militar a Fernando Belaúnde Terry, hubo mayor propagación, mayor fuerza cultural, se encontraba cantidades de libros en las librerías, habían mas libros cubanos. La entrada de revista Life, pues pagabas un sol por esa revista en ese entonces y de esa manera empezamos a activar un poco de poesía de protesta, poesía revolucionaria, siguiendo la línea de Pablo Guevara, Scorza, Romualdo, quienes eran los poetas épicos, los fuertes de la poesía de la época. Sí se puede testimoniar entonces nuestra poesía, iba en torno a esto  muchas veces decidíamos cualquier pared de la ciudad que la veíamos que estaban construyendo un nuevo edificio, la pared de adobe que ponían, la empapelábamos con poesía mural. Me olvidé de contarte,  otro día pegamos un pliego completo de cartulina con plumón grande con adornos y flores, dibujábamos cuando era de las mujeres románticas y todo, cuando era de los hombres poníamos cosas un poco alambradas o palomas muertas para dar una idea de la opresión. Y así jugando un poco a simbolizar con dibujo y con la metáfora en la poesía, empapelábamos. La policía  nos metían adentro uno tres días después nos botaban con la amenaza que si lo volvíamos a hacerlo nos iban a meter un mes y así, pero le dábamos le dábamos fuerte en esa época.Yo dirigía teatro acá en el Instituto Nacional de Cultura, al mismo tiempo formé un grupito de teatro. Hacíamos teatro de protesta, de las obras de Enrique Buenaventura –colombiano-, obras chilenas, también las obras de Sebastián Salazar Bondy, otras obras de  autores trujillanos, obras norteamericanas con fuerza política, sociales, problemas de reflexión sobre EE.UU., las huelgas de los estudiantes, poemas de César Calvo. Entonces hacíamos un teatro social, testimonial, de protesta no tan directa porque la cosa no era de tirarse contra la pared, pero sí se trabajó, se hizo cosas, se movió todo un mundo intelectual universitario del entonces al comienzo de la Universidad de Lambayeque, cuando pedagogía quedaba en la avenida Balta, entonces venían poetas de fuera gente que movía el escenario cultural.  

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N.R.: ¿Qué poetas de la época recuerdas, Jorge, que hayan activado? 

J.F.: Poetas en aquella época por ejemplo Manuel Ibáñez Rosaza (fallecido), el otro poeta que está por Estados Unidos, -catedrático-, acaba de publicar un par de  novelas por allá. También venían los hermanos Antonio y Arturo Corcuera, De Lima venia Winston Orrillo, que estuvo trabajando como profesor de literatura en la Universidad de Lambayeque. Otro poeta, escritor fuerte de ensayo, el señor Rivera Ayón. Los asesores de esa época eran Alfredo José Delgado Bravo; poetas grandes Elio Otiniano, Estuardo Deza Saldaña, y otros poetas de los alrededores de Chiclayo. Poeta por cierto que está un poco delicado el doctor José Ruiz Agüero, que está un poco delicado.  

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N.R.: ¿Cuál era la situación de la narrativa,  todo era  poesía?  

J.F.: En la narrativa habían pocos narradores como Alfredo José Delgado Bravo quien ha escrito teatro y cuento. Por otro lado no había mucha gente que escribiera narrativa, bueno se sabia de Puga Imaña, pero no se le vio por acá nunca.Narradores no. La mayor parte hacía poesía en prosa, pero no directamente entraban a cuento y muchos menos en ensayo y novelas, salvo Alfredo Delgado Bravo, quien ya venía trabajando ensayo. Ricardo Rivas Martiut como profesor  trata de hacer recopilaciones por la época. También se fue José Barragán Carvallo que escribió páginas de oro de la poesía lambayecana, el mismo Ricardo Rivas Martiut  también, pero siempre en el terreno de poesía.   

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N.R.: Jorge todo este recuentro histórico, esta memoria que tú haces, ¿ entre qué años se dio? 

J.F.: Esto ocurre entre los 67 y el 71 que es cuando yo me voy a Colombia y me voy a Chile y ya me quedo a trabajar en Chile y ya no vengo hasta el 74 donde se volvió a activar. Nos reuníamos más en los portales, en los cafés, fuera de los cafés del centro de la plaza, y en la Casa de la Cultura sólo para dar recitales. Yo mismo  hacía recitales de mimo de dos horas de duración, otros leían cuentos, otros poesías, hablábamos de los hechos políticos del país y de fuera del país. Esto ocurrió hasta el 74 y 75 yo me voy al Cusco y después me desaparezco casi 20 años en Europa.  

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N.R.: ¿Qué instituciones o personas apoyaban la cultura en esa época? 

J.F.: En principio, en estas épocas estaba de director Manuel Pita Díaz, abogado, escritor que defendía mucho, como era una idea muy cubana siempre estaba presente la rusa en él. Cuando llegaba el ballet ruso (que llegó un par de veces) yo era el que le ayudaba a decorar todos los escenarios, las bailarinas y todo eso con dibujos de la Plaza Roja. Luego había un Instituto Cultural Norteamericano que nos apoyaban con un buen escenario que quedaba en la calle an José frente a donde está la biblioteca de la Universidad “Pedro Ruiz Gallo”; este Instituto Norteamericano nos apoyaba con películas de poetas, con películas sobre Estados Unidos, sobre el trabajo de los negros, la música, la vida de los grandes artistas, etc.; y nos prestaba el auditorio para hacer recitales de poesía y de mimo, nos daba cartulina, nos apoyaba con los plumones, nos daban las cintas, las témperas para que lo trabajen. Nos ayudó el Norteamericano. No había contacto con la universidad para los trabajos en el exterior salvo los trabajos de universidad que eran poco culturales.  

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N.R.: ¿Qué imprenta y qué publicaciones se hacían en la época, qué imprentas existían? 

J.F.: Por la época, algunas personas tenían el bendito mimeógrafo, entonces había que comprar nuestros esténciles y tipear (tipear era escribir a maquina con la vieja Underwood o la Remigton), entonces tenías que copiar tu poemario y llevarlo a donde un pata que pagaba por la tinta  y que podía comprar el esténcil y lo picaba. Una vez bien picado se tiraba y salía el papel bulki o papel periódico -papel terrible-, porque cuando no picaban bien no se leía nada en el poema, tenía que escribirlo a mano y fácil le cambiaba la metáfora, porque no te había gustado anteriormente. Esto fue en mayor parte y había una Imprenta Guerrero y la Imprenta Castillo, que es una de las más antiguas. De estas dos imprentas solamente se podía y tenias que recurrir a fotocopiar, y a tipear, era cuestión de precio, le costaba como la edición de un libro ahorita en cualquiera de las imprentas pero en esa época era muy caro y difícilmente que algunos sacaban a manuscrito y vendían sus poemas en 3 o 4 centavos pero sólo habían dos imprentas grandes y el resto era por ahí dos colegios que tenían mimeógrafos y los prestaban   y ahí había que trabajar la poesía.  

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N.R.: ¿Qué revistas se editaban? 

J.F.: Bueno aquí salió unos Cuadernos Chiclayanos que editó Fernando. En la época  estaba el padre Meroño que fueron los primeros directores del Instituto. Del 63 ó 64 en el  65 se hizo un Primer Encuentro de Escritores a nivel nacional. En el 70 apareció Cuadernos Chiclayanos apareció nuestra revista ALBA que se tipiaba y con mimeógrafo.La revista fuerte que se consideraba, barato por dos soles, era Casa de las Ameritas, la revista de Literatura Soviética  los suplementos eran los de El Comercio de Lima, siempre y La Prensa que ya no está, luego suplementos dominicales de los periódicos, algunos fascículos que salían entre periódicos lima luego se leía por acá la revista Caretas, Life, que era buscada por que traía la guía de escritores, lectores, y músicos. Life se leía bastante, no había más que periódicos.  

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N.R.: Cuando tú regresas de Alemania, ¿cómo encuentras, la escena literaria en Lambayeque? 

J.F.: Claro, ahí es el vuelco cuando encuentro el principio que esto había crecido enormemente a nivel ciudad, la ciudad había cambiado bueno no estaban las musas, estaba todo esto descampado pero ya habían pasado casi 20 años que yo no venía entonces encontré la urbanización Santa Victoria crecida, nueva, José Leonardo Ortiz, supergrande que lo elevaron a la categoría distrito pero los balnearios por ejemplo, que yo había dejado 4 a 5 casa de médico por un lado del malecón Seoane de Pimentel. De repente cuando vengo encontré todo eso que era urbanización gigantesca el mismo mar cambio donde yo había nacido cuando jugaba de niño, donde construían los bracos ya no construyen barcos y ahí más bien habían  construido los baños públicos y el Casino de Pimentel donde pues se realizaban exposiciones  ya estaba la Alianza Francesa el Instituto Norteamericano, y el Círculo Departamental de Empleados, claro que los dejé al lado del cine Tropical y ya había pasado a Balta.  

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N.R.: ¿En qué fecha regresas de Alemania? 

J.F.: En abril del 1989 yo me fui de acá en julio del 69 al 70 me fui a Guayaquil, y Quito y después fui a Manizales a participar en el primer festival norte americano del teatro y la inauguración del teatro, el teatro de Manizales (Colombia), invitado por Ariel Bentancourt, que me dejó trabajar en el teatro varias veces y con lo que gané pude seguir y allí me conocí con un amigo en la plaza san martín  casi 2 años todas las tardes lo conocí con un mexicano que trabajaba para la revista Mañana y me invita irme hasta Chile y me voy a Chile en el año 70 desde Cali estoy en Chile en el año 70, 71, 72 y salgo repatriado por Pinochet en el 73, el 02 de octubre, el día de mi cumpleaños.  

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N.R.: ¿Qué autores de la época de ustedes eran los leídos, los favoritos, sobre que autores se inspiraron o seguían prácticamente sus postulados, la tendencia literaria? 

J.F.: Claro, eso sí fue interesante por que había una variación justamente allí las conversaciones se enriquecían, había una variación de autores no había la cantidad tal como la de hoy día, hoy día hay muchísimas en el Perú que circulan.Lo súper simpático es que en aquella época la gente leía mucho la poesía inglesa, la poesía alemana éramos los lectores de Bertolt Brecht, en la parte revolucionaria.Leíamos la poesía italiana de Guisepe Ungareti, por ejemplo:, César Paveses. De los alemanes leíamos Alberto Brekht, muy poco llegaba por acá Hansel Enselberti, en la literatura alemana de leían las historias, las novelas, era el tono de Hermann Hesse, leíamos de Eliot, de Pound, de toda la poesía digna la poesía inglesa, poesía cubana con fuerza le llamo Fernando Retamar, Nicolás Guillén por supuesto.  

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N.R.: ¿Qué le librerías existían en  Chiclayo, en esa época? 

J.F.: Yo le diría que existía la librería de un tío Nicolás Mendoza, que es la viuda del tío que fundo una librería Mendoza la dos librerías llevan su apellido luego también en esa época puso una librería pequeñita en Elías Aguirre antes de llegar para el lado, entre la plazuela Elías Aguirre y Luis Gonzáles donde ahora venden muebles. Ahí había un callejón bien delgadito igual en esa época que hay en Lima en el jirón Colón una época bien delgadita, la Quesquén que era ya mas de textos escolares y que otra librería es la de Gamarra que era donde comprábamos el papel, esas eran las librerías principales que habían en Chiclayo.  

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N.R.: ¿Qué anécdotas literarias recuerdas? 

J.F.: De las anécdotas literarias, la cantidad de veces que nos prohibió la policía. Ah, bueno una simpatiquísima que un día estábamos pegando  la poesía mural en el Banco Regional (hoy, Banco Financiero) que estaban construyendo sus bases y había una pared de adobe y lo habían pintado de blanco entonces nosotros fuimos con plumones y empezamos a escribir poesía y a pegar las cartulinas de siempre y llego la policía y nos coge, y subimos 4 en el carro dos adelante en el patrullero y dos atrás más el policía, pero cuando sube el policía nos dice córranse mas allá le dice a Pepe Díaz, que ahora esta en Holanda yo me corro mas allá pero en definitiva abro la otra puerta y me corro y no me alcanzaron nunca esas son las anécdotas de la poesía de la época. Después como estar leyendo poesías y habían apagones y teníamos que ir a comprar velas, a leer con vela.  

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N.R.: ¿Hacían recitales, cómo era la movida? 

J.F.: Ah, mucho más que ahora. Fíjate increíble, mucho más que ahora, porque la gente no tenia televisor y leía más, me refiero que no circulaba tanto papel con poesía en la calle no, la gente no veía telenovelas, entonces venían a recitar los poetas, iban a los teatros a escuchar música no, a los conciertos de piano de  guitarra, mandolinas, etc. no habían tunas universitarias, la gente estaba más entusiasmada en preparar los villancicos, las navidades, los nacimientos, en ir al cine, pasaban cosas mucho mas buenas ahora también pasan cosas buenas películas pero no había cine pornográfico por ejemplo no, la iglesia estaba ahí, ahí con las películas, había una censura con las películas que ya mostraban un poquito el desnudo como algunas mexicanas una película de Isabel Sarli, ya era un provocación para el obispado. Ya no venían buenas películas. En un festival que se dio en el cine Tropical, se pudo ver el Ulises,  Hamlet, un poco de películas de protesta mexicana, de esas prohibidas, algunas argentinas prohibidas, muy buenas películas norte americanas como corte poético como La sociedad de los poetas muertos, ese tipo de películas, Herman, Vi torio de Sicca, se dieron películas buenas.  

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N.R.: ¿Crees que la gente leía mas en la época por que no había otro entretenimiento?¿Se podía vivir de la literatura? 

J.F.: No se vivía de la literatura en absoluto, además  nadie vendía libros, los libros estaban en la librería, nadie se atrevía vender un folleto salvo si había un recital por allá y el tipo sacaba una presentación de un  libro que salía a las quinientas una plaquetita 50 centavos o la regalaba pero no había, nadir vivía de la literatura salvo los periodistas que le pagaban su columna.  

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N.R.: ¿Qué periódicos recuerdas de la época?      

J.F.: Yo trabajé desde el año 56, fui casi el primer canillita de La Industria, apareció por allá en un suplemento una nota: “Se necesita niño repartidor”  y fui yo a los 13 años a repartir los periódicos. Repartí dos años en el periódico La Industria; vendí el periódico en las noches, vendí la Ultima Hora que salía en la noche, me paraba afuera de los cines vendí el Zeppelín, por el plazo de 6 meses, me botaron por que me encontraron que me estaba robando los periódicos del “Zeppelín”. Después trabajé como corresponsal de La Prensa me dieron la pagina de accidentes, me iba buscando accidentes por todo sitio para ganar que comer. Eso fue una recontra joda, pero después había La Prensa, El Comercio, todos los periódicos capitalinos que pasaban revista de la capital, y no había nada mas había gente que hacia curso de repostería, yo mismo fui profesor de comunicaciones, en el Instituto de Relaciones Familiares, en donde ahora queda ubicado un local de la UNPRG,  en Elías Aguirre. Trabajé un año y era la época fuerte la época del venir por acá, los famosos.  En Chiclayo una época muy conocida por cierto pero ahí estábamos.   

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N.R.: Interesante el testimonio de Jorge Fernández, destacado y memorioso poeta  ¿En que generación te ubicas, Jorge? 

J.F.: En la época del 60, la generación del 60, siempre me ponen en el 70 por que yo empiezo a escribir a los a los 20 años yo tenía  poesía, en el 63 y estoy ubicado en la época del 60 y 70.

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Chiclayo, octubre 14 de 2004 (Interior Café-Arte INC-Lambayeque)

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LAPSUS

LAPSUS

L A P S U S • collage editorial

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m e m o r i a · i n f i e l
PoquitaFe
por Giancarlo Huapaya Cárdenas

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Desde Salida al Mar en Buenos Aires, trazando la línea horizontal por las pampas templadas para llegar al Poquita Fe en Santiago, viajando por la orilla costera al lado —o encima— de la cordillera para el Novísima Verba en Lima y otro gran trazo cruzando el Océano Pacífico hasta el Estoy Afuera en el DF. Los festivales latinoamericanos de poesía joven se encuentran. Los poetas viajan con sus propuestas, experiencias, proyectos y búsquedas. Se produce la comunión ciudad-individuo y se inician historias.

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Hace unas semanas se realizó el desborde de fe del Poquita Fe. Santiago albergó y escuchó atentamente por seis días las líricas de jóvenes poetas provenientes de varias partes del continente. El Festival fue un intercambio, una interiorización, una intermitencia, un internuncio, una interpelación, una interposición, una interpretación y un intervalo de tiempo para deslucir los internados de la región.
 

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U n · t i e m p o · p a r a · P o q u i t a

Nunca le pregunté a ninguno de los organizadores el por qué del nombre Poquita Fe. No quise sus explicaciones porque decidí buscar mi propio concepto a partir de lo vivido; "Poquita Fe es irónico. No es una cuestión divina o de creencia ciega en algo que nadie entiende y que está por encima de nosotros. Poquita Fe es racional y está sostenida en el quehacer trajinado de las voces de quienes lo organizan y a quienes se les invita - además de los escuchas-. No es una oración para que se construya o se sane o no le pase nada y salga todo bien. Es una incertidumbre hecha a tinta y papel o dedos y computadora. Es una certidumbre hecha caminando por cada esquina. Poquita Fe significa muchísima fe en un poema y en una amistad. Es un proceso que comienza por su ironía y acaba en su contradicción".

Bien por eso.
 

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M e m o r i a · i n f i e l · y · t r a s · b a s t i d o r e s · p a r a · l a · F e 

Santiago de Chile, domingo 8, 19 horas.

Gregorio Alayón (Chile) fue el primer poeta que abracé, me recogió en la estación del Metro. Unas calles mas adelante Héctor Hernández Montesinos (Chile) alcoholizado me daba un calurosa recepción en una esquina. Unos pasos más, en la casa de Galo, una mesa de muchos libros y muchas voces esperaban. Un trago de mi primera cerveza chilena. El cansancio tenía que esperar desde ese día, siete días más. Luego de unas horas, íbamos rumbo, guiados por Pablo Paredes (Chile), al Espantagruélico, bar poético permanente para la trasnoche. Esa noche de primeros sobresaltos la pasión rondaba a los jóvenes poetas. Esa noche Nicolás Alberte (Uruguay) vulneró el noveno mandamiento y se enamoró perdidamente por unos días. Esa noche Ernesto Carrión (Ecuador) vulneró los límites del sueño, y perdió su billetera.  

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Santiago de Chile, lunes 9, 15 horas.

En el almuerzo las experiencias de Pablo Paredes - tengo una foto con Menen y estuve viajando con las mujeres menenistas. Conocí a un diputado chileno en una tormenta y fue a mi lectura en Méjico, entre otras no reproducibles por su extravagancia y megalomanía.- y un mini debate acerca de las nacionalidades que nos convirtió a Nicolás y a mí, en uruguayo y peruano de mierdas, nos ayudaron a la digestión. A las 17 era la lectura inaugural en la Sociedad de Escritores de Chile (SECH), compartiría tribuna con Cuaderno de Agua de Jorge Solís (Méjico), Las cosas a descansar de Laura Lobov (Argentina) y Vacío en partes iguales del uruguayo de mierda. Mi pánico escénico dejaba de ser intuitivo.  

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Santiago de Chile, La Chascona, martes 10, 12: 30 horas.

Chascona significa despeinada. Leía nuevamente, esta vez del inédito Polisexual. Una especie de balcón atravesado por una rama era el escenario. Esa tarde nos atravesaban los inquietantes instantes de Litane de Alejandro Tarrab (Méjico), Violeta Kesselman (Argentina) silabeaba la forma visual de sus poemas, Víctor Hugo Díaz (Chile) sacudía la urbe, Alexander Ríos (Colombia) nos hablaba de las monedas falsas y nos repetía el valor del tiempo, Pablo Paredes (Chile) dedicaba un poema al responsable de la Fe, el único uruguayo hasta la fecha nos daba un vademécum y Raúl Zurita, maestro a quien ese instante di el último ejemplar de mi trascendencia, metía la mano en el sombrero de la historia para perennizar esa imagen. Esa tarde, luego de la chorrillana (papas, carne, huevos, cebollas) y las escudos respectivas (malta de cebada, lúpulo, agua, alcohol), el patio de la facultad de Derecho de la Universidad de Chile era escenario del segundo concierto poquitafeniano de la tarde. Entre la calle y la facultad nos contemplaba el fresco aire santiaguino. Otras escudos en lata, un brindis por el buen clima y la poesía visual de mi amigo Germán Gana (Chile) y comenzaron las baterías de Rodrigo Flores (Méjico).Era noche de performances. La espontaneidad hacía lo efímero imperecedero. El Espantagruélico era el fin de la maratón de ese día. El ruido se confundió con la poesía, se cansaron los oídos, las lunas se empañaron, el carrete (1) se apoderó del mundo, la neblina garantizó pocos recuerdos. Me desperté, aún de noche, con una copa de vino brindando con mi anfitrión Héctor Gonzáles. La casa de Héctor y Scott Meier me albergaba. Ellos (pareja profesional y creativa de la productora Giriaca(2)) comenzaban a tramar lo que sería el punto de permanencia más exacto del festival. Un audiovisual.

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Santiago de Chile, Casa de Héctor y Scott, miércoles 11, por la mañana.

Me desperté sin recuerdos y sin resaca, vi a mi alrededor mi voz ronca y deshidratada. Me desperté sin sueño, oí a la calle entrar tirando la puerta. Me desperté para curarme de la nocturnidad con un poco de miel y limón. Felizmente que no leía hasta el jueves, tenía tiempo del antídoto. Esa mañana los videastas/anfitriones me grabaron desnudo en una bañera - según Alberte llena de champagne y leche de cabra- leyendo el poema de la axila al ano para su film del festival. 14 horas. Me recosté en el pasto de la Universidad de Santiago y percibí la fotosíntesis de Ramón Peralta (Méjico), volví a imaginar el revolcón con la rabbit de María Eugenia López (Argentina). Carrión me invitó un vaso descartable de vino, se sentó a ver el complejo panorama de las "Poéticas Actuales en Latinoamérica" y volvió a vulnerar los límites del sueño.  

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Santiago de Chile, SECH, miércoles 20 horas.

Un feliz encuentro con Abyecta (Chile), entre los ritmos violentos de Rodrigo Gómez (Chile) y la cadena limenticia de Ana Mazzoni (Argentina), renovó los bríos. Nada más necesité un asado con papas fritas y la noche continuó salvaje. Eran las 23:30 en el bar para la poesía y la trasnoche, mi voz seguía decayendo, otro era el espacio para los ritos. El segundo piso se había convertido en el lugar oscuro y viejo para las voces nuevas. Rodrigo Olavarría (Chile) capturó mi desidia por el conocimiento mientras apostaba un poema con Dora Moro (Méjico). Un extraño presentimiento me condujo a la zona de fumadores. Los humos apasionados calmaron mis pulsaciones. El baño alusivo a lo raro y bizarro con imágenes de Saudek quedaron en mi memoria.  

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Santiago de Chile, casa de Víctor Hugo Díaz, jueves 12, 15: 30 horas.

Una reunión de frijolitos con carne, una de las delicias del viaje. Mucho vino y poca poesía - felizmente-, mi voz susurraba en medio de los maravillosos recuerdos de Víctor Hugo acerca de las correrías nocturnas que tuvo en la última visita de Roger Santiváñez, el clima daba sus primeros golpes. Tras el almuerzo, mi disfonía tenía que terminar, me propuse acabarla a la mala. Para mi suerte me encontré al dueto ecuatoriano Luis Carlos Mussó (recién llegado para auxiliar a su corredor bucal) y Carrión en el camino al SECH. Les propuse un ron (palabras mayores en Chile). Mala idea, no lo acabé y me invadió el cansancio prestado de anoche. Me fui a echar una pequeña siesta, leía a las 23 horas en el Espantagruélico.

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Mi habitación, viernes media noche.

¿Qué hora serán? Habré dormido mucho.¡ Carajo 12 a.m! Corrí con la cama aún encima y sin voz. La siesta aguijoneó mi garganta. Llegué al bar y el nuevo ambiente preparado para las lecturas era desolador. Todo había concluido. Me sentí enfermo por primera vez, miré a mi alrededor la gente bebiendo y riendo y me fui a casa.  

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Mi habitación, viernes 9 horas.

Te visitan. El dueto ecuatoriano organizaba un recital en mi habitación.

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Viernes 9: 30 horas.

Se unió Lucía Bianco (argentina y compañera de piso de donde vivía) con su Diario de exploración, por el lapso de tres poemas.

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10 horas. Se unió María Eugenia y nos fuimos a desayunar vino. La lluvia de la intemperie mojó nuestros pasos y no paró hasta empapar las medias. Al regreso, una cola para el casting del film "Poquita Sed" pasaba los decibeles soporíferos. La productora Giriaca hacía sonar cada verbo en cada lugar verbalizado. Cada estación en la frecuencia de cada origen. Cada uno esperaba el registro digital del ojo de Héctor Gonzáles. Mañana era el estreno… 

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Continuación: http://www.lapsusweb.net/pages/p06/poquita.htm 

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Centro Cultural PUCP

Centro Cultural PUCP
actividades ccpucp - centro cultural pucp
av. camino real 1075 - san isidro
central 6161616
prensacc@pucp.edu.pe

  http://www.cultural.pucp.edu.pe

 
 

BOTERO "El dolor de Colombia" 

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La Pontificia Universidad Católica del Perú a través de su Centro Cultural, la Embajada de Colombia en el Perú, El Instituto Nacional de Cultura, la Municipalidad de San Isidro y el Banco Interamericano de Finanzas presentan:

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FERNANDO BOTERO: El dolor de Colombia,

que se inaugurará

el miércoles 15 de noviembre a las 7:30 p.m.  

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La exposición pertenece a la colección del Museo Nacional de Colombia y consta de cincuenta obras, veintitrés óleos y veintisiete dibujos, en su mayoría inéditas, que tienen como protagonistas los muertos, desplazados y huérfanos producto de la violencia que sufre Colombia. La comisaria de la muestra es Luz Edilma Ruiz, coordinadora de las exposiciones itinerantes del Museo Nacional de Colombia.“La idea de esta colección es que en el futuro la gente recuerde el momento trágico que ha vivido el país, para no repetirlo. Como en medio de la gente buena y de un paraíso, hay cabida al dolor y a la tragedia”, afirmó Botero acerca de la muestra. 

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SOBRE BOTERO

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Fernando Botero (Medellín, 1932) inicia su actividad artística en 1948 como ilustrador del periódico El Colombiano. A partir de 1952, viaja a España, París e Italia donde estudia a los grandes maestros. Se familiariza con el arte del renacimiento italiano y se apropia de la plasticidad total que le transmiten Piero della Francesca, Tiziano e Ingres. Es estudiando a estos artistas que adquiere mayor claridad sobre el espacio y el volumen, acentuando el deseo por lo enorme, lo fuerte y lo monumental. En Washington, la Unión Panamericana auspicia su primera exposición individual en Estados Unidos (1957). A los 26 años es nombrado profesor de pintura en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Bogotá. En 1973, se instala definitivamente en París.
Desde fines de los setenta expone sus pinturas y esculturas en varios países tanto en Europa, Asia como Estados Unidos. En 1984, dona al Museo de Antioquía una sala de esculturas y 18 cuadros a la Biblioteca Nacional de Bogotá. Su afición por los toros le lleva en la década de 1980 a dedicarse casi en exclusiva a este tema.La misma voluptuosidad e ingenuidad que caracteriza su pintura, se encuentra en la escultura cuya producción se inicia en París en 1973, se trata en su mayor parte de figuras y animales de tamaños grandiosos y desproporcionados de gran singularidad. En octubre de 1992, se exhiben sus esculturas monumentales en París, llevadas luego a Nueva York y Madrid. En un reconocimiento sin precedentes, Botero es invitado a exponer su obra en la Plaza de la Señoría, en Florencia, distinción que, hasta ahora, solo se le ha otorgado a él (1999). En el año 2000, decide entregar a su ciudad natal una importante colección de obras de su autoría y de artistas internacionales. Su generosidad con la cultura de su tierra suscita la respuesta de la administración municipal, que se compromete con hacer un gran museo para albergar la obra del maestro. En el mismo año entrega a Bogotá, 136 de sus obras y 52 de artistas famosos, parte de su colección privada. En el 2004, Botero hace una nueva donación al Museo de Antioquia, el cual contiene la colección más grande de la obra pictórica y escultura del Maestro.

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SOBRE LA EXPOSICIÓN “EL DOLOR DE COLOMBIA”

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A pesar de que se pueda hacer una conexión directa entre las escenas de esta exposición y hechos ocurridos en Colombia durante las últimas décadas, las obras de Botero hacen una alusión general a la violencia que se ha intensificado desde los años ochenta. Período en el que el negocio ilícito del tráfico de drogas disparó los índices de criminalidad. La violencia política aumentó después de 1997, no sólo con las muertes en combate sino con los constantes homicidios, secuestros, extorsiones y atentados en contra de la población civil.

A partir de 1999 el artista tuvo la voluntad de recrear en pinturas la dramática situación del país. Pintó cuadros con vestigios de un momento histórico, en los que recogió el “folclor oscuro” por medio de la representación de la muerte de Pablo Escobar. El tema de esta exposición se aleja del concepto del arte como productor de placer, representando personajes que viven sucesos trágicos y recientes, en la que Botero plasma esa situación, sin querer hacer juicios, pero rechazando la violencia.

Botero nunca pintó inspirado de manera directa en hechos históricos o en eventos de la realidad inmediata, pero con el transcurso del tiempo la situación de violencia experimentada en Colombia empezó a verse reflejada en su obra, ante el deseo de producir un testimonio artístico del momento, primero de manera alusiva y posteriormente mediante referencias concretas. La reconstrucción artística del conflicto que se propuso, se reduce finalmente a unas cuantas imágenes o símbolos, como una necesidad que uno siente de no vivir de espaldas a esta situación dolorosa.Las obras donadas al Museo Nacional fueron expuestas en México, Estocolmo, Copenhague, Holanda y Francia, entre los años 2001 y 2003. En ellas no se encuentra una crónica periodística o una reflexión política, sino el deseo de registrar mediante la pintura, situaciones o personajes de la historia colombiana reciente. Ante la magnitud de la tragedia el pintor sintió «la obligación moral de dejar un testimonio sobre un momento irracional de nuestra historia».

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FERNANDO BOTERO: EL DOLOR DE COLOMBIA será inaugurada el 15 de noviembre y permanecerá hasta el 30 de Enero del 2007. El ingreso tendrá un costo de S/.2 a beneficio de la Asociación de Emergencia Ayacucho, organización sin fines de lucro que tiene como misión el sostenimiento de los Hogares “Juan Pablo II” de Huanta, Huancapi y Vilcashuamán donde acogen a 100 niños, además de brindar ayuda a los jóvenes egresados de los hogares y trabajar en la asistencia social y psicológica de niños y jóvenes en Huamanga y Lima, víctimas o descendientes de víctimas del terrorismo. El horario de la Galería del CCPUCP es de lunes a domingo de 10 AM a 10 PM.  

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Por consultar las actividades de la PUCP,

consultar su sitio:

http://www.cultural.pucp.edu.pe/  

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Sandra TEXEIRA

Sandra TEXEIRA

E-mail: sandra.texeira@gmail.com 

Blog personal: http://en-una-jaula-de-cristal.blogspot.com     

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Pain killers 

¿Qué cosa es lo verdaderamente importante en la vida: la familia, la pareja, el éxito, el dinero?

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O todas las anteriores. Yo pensaba que mi vida iba muy bien porque había viajado a muchos sitios lindos y había conseguido un relativo éxito a mi edad. Pensaba que tener un buen trabajo, un buen sueldo y un novio lindo era lo mejor del mundo. Pensaba en ese poema, en el cual a la mujer sincera se le respeta (¡Tenemos que admirarte, badulaque!... ). En realidad no sé cual de estas cosas será más importante. No sé si haber conseguido una de esas cosas o todas te hagan feliz. El éxito es un concepto tan relativo…   

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Después de haber recibido varios comentarios de mis amigos mencionados y no mencionados en el post anterior solo he podido sentirme más triste, más nostálgica porque es verdad que el mundo nos ha ganado un poco el terreno. Me he puesto a leer sus blogs y he visto que ellos viven existencias hermosas y felices y me apena ver que yo ya no estoy allí en las fotos de sus fiestas de cumpleaños, en sus post, en sus entradas y salidas. A veces quisiera encerrarme en esta jaulita de cristal y dejar todo estático y detener el tiempo en los momentos bellos y fáciles, en el tiempo en que había cero responsabilidades y no tenía que preocuparme por querer casarme, por mi deseo de tener hijos rápido, por conseguir dinero para comprar un departamento, por estar bien con mi novio, por sustentar la tesis de la maestría.   

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A veces quisiera ser la Sandra de hace varios años, libre y despreocupada, la que pensaba que se podía vivir del amor, a la que no le importaba el dinero, la que creía que todos las personas eran católicas y todas las parejas casadas. Antes todo era tan fácil; tan fácil decirle a un chico que lo amaba, tan fácil decidir terminar con alguien, tan fácil darle una llamada por teléfono a algún amigo e irnos a comer como cerdos sin preocuparnos por las calorías. Ahora todo encierra un miedo secreto, un revolotear de mariposas en el estómago.   

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Cada vez todo se pone más color de hormiga. No le digo a mi novio que lo amo hace tiempo porque el no me dice nada y a pesar de que estamos bastante grandecitos para hacernos los duros, andamos jugando a no sé que cosa. A veces es mejor no decir nada y siempre es mejor no ser la primera persona que diga las cosas. Mi novio es tan precioso pero tan poco romántico, tan poco detallista, tan corchito, a veces. Yo quisiera ser la primera Sandra; esa de hace 3 años, la que le escribía cartas (que él no contestaba), la que era un poco más esperanzada. Porque ahora él me ha quitado mi romance, él me ha hecho preocuparme por cosas más reales y verdaderas como el precio de los colegios primarios, las infecciones respiratorias más proclives en los niños, los beneficios de la educación laica. Y yo me pregunto, qué carajo hice yo con todo mi romance, con todo mi amor bienaventurado y bueno, con todas mis ganas de amar, así a lo grande y de poder gritarlo sin miedo. Qué hice yo cuando en nuestro primer aniversario él no me llevó a comer o cuando en mi último cumpleaños no me dio un regalo, porque para él esas son tonterías: él me ama o por lo menos así me lo insinúa (porque es demasiado macho para decirme que me ama de frente). Él no necesita ser un “dulce de miel a cada minuto para demostrármelo porque yo soy una persona inteligente y perceptiva”.   

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Vaya que hoy día mi homesick peruana del Perú me tiene meditabunda, pero el problema es que a fuerza de tanto dar vueltas he perdido un poco mi casa. Qué es mi casa ahora: mi hermana, mis viejos, mi trabajo, mis clases, mi novio, mi tesis… ¿Qué es mi casa ahora? Mi casa es esta jaula de cristal con todas sus negras y blancas y ustedes son mis inquilinos, habitantes de estas palabras de colores diversos.  

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Mi casa soy yo y todas mis circunstancias y también todos los ausentes, presentes y prófugos. Mi amor es un amor irracional.

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Ilustración: David Bromley

http://www.artequity.com.au/Artists.aspx

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